Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 41/42

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

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Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad  de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 

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Boletín Informativo

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EXILIO: UN DRAMA PARA TODAS

LAS ÉPOCAS

 

por

 Armando González Pérez

________________________________________________

     Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche1

José Martí

 

 

     El crítico Mark Falcoff,  en su artículo “The Last Communist”, describe acertadamente la dictadura del Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo de la siguiente forma:

 

For three decades the dictator’s name is virtually synonymous with

that of his country, and although his jails are full, spies and informers

  are everywhere, he is often praised by foreign admirers and major world

    leaders.  Then, one day, his throne is shaken by new winds of democracy

and freedom blowing throughout his region and in the wider world.  Yet

 in spite of all predictions -dozens of assassination plots- he holds onto

    power, either because (as his apologists claim), in spite of everything, he

 enjoys enduring popularity among his people, or because (as his critics 

          point out) his opposition remains weak and divided, dead or in exile.

          Only human mortality seems to limit his survival. (6, 27)

 

Estas alusiones al dictador dominicano y al estado de terror en que tuvo sometido a su país, por más de treinta años, podría aplicarse al régimen cubano. El crítico Paul C. Sondrel afirma lo siguiente al respecto: “Fidel Castro is the totalitarian dictator of Communist Cuba. Overwhelming governmental power encroaches upon virtually every aspect of Cuban Life. No autonomous groups or non-regulated ‘counter-revolutionary’ forms of behavior exist independent of Castro” (606)

     La toma del poder en 1959 de un gobierno marxista en Cuba con el lema de “Patria o Muerte” ha afectado directa o indirectamente a todos los artistas cubanos tanto dentro como fuera de la isla. El controvertido discurso de Fidel Castro “Palabras a los intelectuales” en 1961 con la célebre frase “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada” expone claramente desde un principio el nuevo discurso revolucionario respecto a la libertad artística. 

     Matías Montes Huidobro, uno de los autores más importantes de la literatura cubana contemporánea, se enfrenta valientemente en su creación artística al triste acontecer histórico cubano del exilio. Su pieza dramática titulada Exilio, publicada en 1986, es representativa de esta temática y definidora de la dedicación de este autor a la experimentación dramática y lingüística de su dramaturgia: recurso del teatro dentro del teatro, el lenguaje metafórico, el suspenso psicológico, el uso del tiempo/espacio y la ironía. Pero Exilio enfoca la problemática cubana con una proyección universal; es decir, las circunstancias de los personajes rebasan los límites geográficos y culturales de su entorno. Montes Huidobro no escribe una obra de tesis sino que refleja el miedo y la vejación que sufren sus personajes en el contexto revolucionario. Miguel Ángel, uno de los personajes principales, expresa hipócritamente este sentimiento cuando trata de convencer a Román de que se quede en Cuba:

 

No, yo no puedo irme de aquí. Lo perdería todo. Hasta el nombre que estoy ganando. La Cantata ya empieza a recitarse por todo Latinoamérica. Y contigo pasará lo mismo Román.  Estrenarás por todas partes. En el Teatro Nacional. Te darán el Premio Casa de las Américas. Es fácil. No cuesta tanto trabajo.  Sólo tienes que ponerte para tu número. Pasar cosas por alto. Decir lo que no quieres decir. Decir lo que la gente quiere oír.  Pero ¿no es eso teatro?... Tú puedes hacer lo mismo. Te estrenarán en todas partes. En México, en Colombia, en Argentina, en Venezuela, en el Perú. Te traducirán al inglés, al ruso, al checo, al alemán, al francés. No importa lo que escribas porque sale de aquí, donde hay una revolución triunfante que mandará al carajo al imperialismo yanqui. Piénsalo, Román... Te olerán el culo, porque es un culo cubano, Román, revolucionario, cubano-marxista-leninista. Y no importa la mierda que escribas. Que cagues o dejes de cagar, porque será castrista-leninista y todos dirán que es una mierda documento, épica, colectiva, barroca y mágico-realista.2

 

     Miguel Ángel le advierte a Román de las consecuencias que tendrá como escritor si se va de Cuba. Le señala que exiliarse será su castración literaria porque fuera de Cuba escribirá en vano, sin testigo en las madrugadas solitarias, y sin público que lo reconozca: “Ahora, piénsalo bien, oye lo que te digo.  Que si te vas te jodes.  Eso sí será tener cojones en un torniquete.  No podrás poner la tinta en ningún papel.  Podrás cagar todas las palabras que quieras, pero no tendrás un texto donde dejas tus huellas.  Lo harás en vano, Román.  Escribirás en los terribles silencios de las madrugadas con los testigos de tu propia desolación.  Escribirás en el exilio, Román.(55)  

     Las palabras de este oportunista poeta, cuya filosofía se limita a “joder”o “estar jodido”,  destacan el clima artístico en la isla que precipitó el exilio de muchos intelectuales, entre ellos el mismo Montes Huidobro, quien explica así su partida:

 

Tras recibir en 1960 el Premio José Antonio Ramos por mi versión absurdista de Las vacas, escribo en 1961 La madre y la guillotina, y al hacer en ella una representación de la historia que no me es posible dar a conocer, entiendo a plenitud que no había nacido, como escritor, para oficialidades históricas, que dejaba para otros personajes. El destino era partir, representar la historia desde adentro y desde afuera, seguir la continuidad, establecer el nexo alienatorio de irse, mantener el cordón umbilical con aquellos que habían partido por los mismos caminos de la alienación:  Milanés, Casal, Luisa Pérez de Zambrana. En el reino de la indivinidad, como diría Virgilio Piñera, partir es la voz de Orestes, y la historia podía representarse también, con no menor autenticidad, en los remotos horizontes de lava, arena y mar, y en los atardeceres de la distancia. (Yara González Montes, “Entre nosotros: viñeta testimonial” en Matías Montes Huidobro: acercamientos a su obra literaria, 219)

 

     Exilio es el resultado de la experiencia sufrida por Montes Huidobro como cubano, escritor y dramaturgo, enfocada en un período que cubre los años antes del castrismo hasta el principio de los ochenta. Montes Huidobro asume en esta obra la total responsabilidad del escritor ante la sociedad y su propia creación literaria para plantear el delirante proceso revolucionario cubano ante la libertad artística.

     Los temas principales de Exilio son la libertad artística, la expatriación y la alienación de los personajes.  La obra narra en tres actos la vida de dos parejas, una actriz y un dramaturgo: Victoria y Román; un poeta y una activista revolucionaria: Miguel Ángel y Beba, y un amigo: Rubén, director teatral. El primer acto se desarrolla en Nueva York, a finales de la dictadura de Fulgencio Batista en 1958, donde los personajes viven un exilio voluntario; el segundo, tiene lugar en Cuba en 1963 durante el triunfalismo revolucionario con su secuela de persecuciones; el tercero acontece en Nueva York, en los años ochenta y significa el reencuentro, en un apartamento neoyorkino, de los cinco protagonistas: tres exiliados (Román, Victoria y Rubén) y dos oficialistas del gobierno (Miguel Ángel y Beba). El espacio teatral en los tres actos de la obra se relaciona estrechamente destacando singularmente los temas aducidos arriba.  El crítico Daniel Zalacaín observa lo siguiente al respecto:

 

 “Montes Huidobro dramatiza paralelamente espacios dramáticos múltiples que se entrelazan, intentando borrar así cualquier división entre realidad y ficción, texto e intertextualidad. Escribir y dramatizar el libreto son actos conjuntos que constituyen la acción misma. Los personajes, autores de su propia tragedia real, son los autores y actores a su vez de la tragedia que montan en escena, lo cual constituye un plano mimético del acontecer histórico del cubano exiliado.”(198)

 

     Montes Huidobro emplea admirablemente en esta obra la técnica del teatro dentro del teatro.  La dramatización de los destinos de los protagonistas de la obra, durante una etapa de caprichosa persecusión y violación de los derechos humanos en la isla, alude a componentes inmediatos creándose así una composición intertextual. Ya desde el primer acto los personajes deciden ensayar la Cantata de la Sierra Maestra, escrita por el poeta Miguel Ángel, pero confunden algunas cuartillas del texto con la obra La vida breve que está escribiendo el dramaturgo Román.  Según observa el crítico José Escarpanter, el título de esta obra está cargado de simbolismo: “...es como una crónica de los sucesos que vemos.  Es como una ‘comedia da fare’ en la que Román, su autor, va registrando lo que ocurre en escena, con lo cual Montes Huidobro incorpora a la forma dramática una técnica establecida en el género narrativo.”(Prólogo a Exilio, 6-7).

     El texto de Exilio se enriquece con referencias intertextuales y alusiones biográficas de Montes Huidobro que nos recuerdan sus piezas dramáticas La madre y la guillotina, escrita antes de su exilio en 1961, y su novela Desterrados al fuego (1975) así como  La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, donde se reinterpreta irónicamente el soliloquio de Segismundo con el propósito de subrayar el servilismo intelectual oficialista:

 

                                   ¡Válgame el cielo, qué veo!

                                   ¡Vágame el cielo, qué admiro!

                                   (Mirando al vestido)

                                   Con poco espanto lo miro,

                                   con mucha duda lo creo.

                                   Decir que sueño es engaño;

                                   bien sé que despierto estoy.

                                   ¿Yo Miguel Ángel no soy?

                                   (Dirigiéndose a Román)

                                   Decidme, ¿qué pudo ser

                                   esto que a mi fantasía

                                   sucedió mientras dormía

                                   y aquí me he llegado a ver?

                                   ¿quién me mete a discurrir?

                                   Dejadme, quiero servir,

                                   y venga lo que viniere.(46-47)

 

Miguel Ángel decide quedarse en Cuba y ser el “Poeta de la Revolución” sabiendo que lo que ha estado escribiendo ha sido una vil literatura panfletaria al servicio del régimen:

 

(Pausa. Pensando lo que acaba de decir.) ¿Se dan cuenta que Calderón era comunista?  Porque miren, píenselo bien. Si “La Revolución es como el melón, verde por fuera y roja por dentro’, el primer verso ‘pero sea lo que fuere’, le viene como anillo al dedo; y si es cierto que ‘con la Revolución todo y sin la Revolución nada’, ¿quién va a ‘meterse a discurrir’? Lo que es como decir que hay que meterse la lengua en el culo. ‘Dejadme, quiero servir...’ (Puntualizando): haciendo guardia, trabajo voluntario, metiéndome a miliciano... y ‘venga lo que viniere’ (Concluyendo animado.) ‘¡Patria o Muerte, Venceremos!” (46-47)

 

     El segundo acto de Exilio, el crítico Guillermo Schmidhuber lo considera “uno de los experimentos espaciales más atractivos del teatro hispanoamericano de hoy” (270), se caracteriza por el enfrentamiento violento entre los personajes y la represión sufrida por Rubén, por ser homosexual

 

Yo tengo todos los textos escritos sobre el cuerpo.  Letra por letra, sílaba por sílaba, palabra por palabra, consigna tras consigna. Aquí están, Beba. ¿Lo ves? (Beba lo rehuye. Rubén la sigue.) ¿Lo ves? ¿Puedes leerlo? Estos morados, estas magulladuras, estos golpes, estas heridas que ha escrito la Revolución: esta rehabilitación que ha iniciado ya pero que no dejaré llegar hasta la última palabra... A pesar de aquella bofetada brutal, inesperada, en medio del bar... Porque me sacaron a empellones, y yo preguntaba, ‘¿por qué?’ y ellos, ‘por maricón, cabrón, por maricón...’ (65)

 

     Este segundo acto es una verdadera toma del poder por Beba y Miguel Ángel, ejemplos del hombre nuevo de la revolución. La Gorda del pueblo no sabe nada de teatro, pero como miembro del Partido Comunista, ha reemplazado arbitrariamente a Rubén en la dirección del  Teatro Nacional porque así lo han querido figuras militantes: “BEBA.  Fidel me ha pedido que yo me encargue de la Dirección del Teatro Nacional.”(60) Al final del segundo acto, el doloroso monólogo de Rubén revela la enajenante situación de los disidentes. Eran perseguidos por su oposición ideológica como en el caso de Fermín Borges, sustituido como asesor del Teatro Nacional, o por sus preferencias sexuales como ocurrió con Virgilio Piñera.   Montes Huidobro afirma que estos casos “Ciertamente… me inspiran aspectos de Rubén como otros ‘caracteres’ de la realidad que dejan huellas en otros personajes.”(Escribir teatro en el exilio, introducción a la representación de Exilio en el Gran Teatro de Miami, 8 de octubre de 1999.) 

     El tercer acto es el reencuentro de los cinco personajes, veinte años después, en el apartamento neoyorquino de Román y Victoria.  Ahora ellos parecen vivir una vida cómoda al margen de la problemática cubana.  Rubén, sin embargo, sigue traumatizado por la violencia y la crueldad sufrida en los campos de rehabilitación de la U.M.A.P.3   Rubén convence a Román que invite a Miguel Ángel y a Beba  a su apartamento cuando vienen de visita a Nueva York en una misión diplomática y académica: “VICTORIA.  Pero fue idea de Rubén.  Desde que supo que Miguel Ángel venía a dar una conferencia en New York University y que Beba estaba presidiendo la delegación cubana en la Naciones Unidas, se le metió este asunto entre ceja y ceja(71) Este reencuentro, lleno de ironía y suspenso psicológico, tiene el efecto de una catarsis para los personajes.  Román, acostumbrado a vivir libre, ha dejado de escribir La vida breve; Rubén se ha librado de las pesadillas del pasado que lo atormentaban; Miguel Ángel se desquita de Beba y admite su frustración como escritor oficialista:

 

Porque éste ha sido un asesinato lírico.  Veinte años estrangulando la poesía, apretándole la garganta con estas manos, para no dejarla respirar, para que se asfixie, para que no quede ni rastro. Veinte años de comisario cultural. ¿Que más quieres? Estrangulando las palabras, Rubén. Encarcelándolas en las mazmorras de la ciudad, prisioneras a pan y agua, humillándolas, vejándolas. Metiéndolas en el torniquete. ¿Es que quieres más cargos? (96)

 

     Él y Rubén han planeado el asesinato de Beba: “MIGUEL.  ¿Pero todavía no te has dado cuenta, Gorda de mierda, que esto ha sido cuidadosamente preparado? (Empujándola, tirándola en el sofá.) Tú no vas a ninguna parte. Esta es una ceremonia ritual, Beba. ¡Estamos reunidos aquí para matarte! (97) El asesinato físico, desde luego, no se lleva a cabo porque la verdadera venganza de Rubén y Miguel Ángel ocurrirá cuando Beba regrese a Cuba donde será relevada  de sus cargos, eliminada  para siempre.: MIGUEL. De ahora en adelante no te creerán una sola palabra. Ahora soy yo el que censura las palabras. Ahora soy yo el que corta el bacalao. Podrás decir lo que quieras de lo que ha pasado aquí esta noche, pero no te lo van a creer. Antes de abrir la boca, más vale que hables conmigoTe jodiste, porque te voy a perdonar la vida, que va a ser la mejor forma de acabar contigo…(101) La obra concluye cuando Rubén, Román y Victoria ven en el cielo, desde la terraza de su apartamento, el cometa Halley. Las palabras de Román están llenas de simbolismo, especialmente para los exiliados:” ROMÁN.  Es como un sueño de Dios... Un sueño de luz que anda perdido por el universo... ¿Te imaginas cuántas cosas verá? Es como si se hubiera ido de aquí algunas vez... y estuviera... desterrado en el universo... en el tiempo... sin detenerse jamás... que vuelve siempre para decirnos adiós... sin irse nunca del todo...(102)

     Exilio es representativa del triste acontecer histórico cubano del exilio y síntesis de los componentes técnicos que caracterizan la producción dramática de Matías Montes Huidobro, uno de los autores más significativos de la escena artística contemporánea de ambas orillas.  En Exilio, Montes Huidobro asume la responsabilidad del autor ante su sociedad y su creación literaria, con proyección universal, sin caer en el sentimentalismo y la nostalgia que conlleva ser un escritor  desterrado. Exilio es un canto a la libertad artística tal y como lo dice Rubén al final del acto segundo: “!El teatro, Victoria, la única verdad posible! Escapábamos para siempre mientras Beba y Miguel Ángel quedaban encarcelados, apretando el torniquete de su propia pesadilla.”(68) Creemos que por su forma y contenido Exilio es una obra para todos los tiempos que ocupa un lugar privilegiado en el teatro cubano y como afirma el critico José Escarpanter “única en el teatro hispanoamericano de nuestros días...” (Prólogo a  Exilio, 8).   

 

 

NOTAS

 

1.  El verso del poema “Dos patrias”proviene de la siguiente edición: José Martí, Versos. Estudio preliminar, selección y notas de Eugenio Florit (New York: Las Américas Publishing Company, 1962).

2. Todas las citas referentes a la obra Exilio provienen de la siguiente edición: Matías Montes Huidobro.  Exilio: Editorial Persona, 1988.

3. El gobierno cubano creó entre 1963 y 1967 en la provincia de Camaguey el odiado Centro de Unidades Militares de Ayuda a la Producción, conocido como UMAP, para la detención y reeducación de miles de personas por oposición ideológica al régimen, creencias religiosas o preferencias sexuales.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.  Castro, Fidel.  Palabras a los intelectuales.  La Habana: Consejo Nacional de Cultura, 1961.

2.  González-Pérez, Armando y Jorge Febles. Matías Montes Huidobro: acercamientos a su obra literaria.  Lewiston, New York: The Edwin Melle Press, 1997.

3.  Falcoff, Mark, “The Last Communist”, Commentary, 1991, Vol. 91, 6, 27.

4.  Montes Huidobro, Matías.  Exilio.  Honolulu: Editorial Persona, 1988.

5.  Schmidhuber, Guillermo.  Reseña de Exilio aparecida en: Anales Literarios, 1995, vol. 1, # 1, 270-272.

6.  Sondrel, Paul C., “Totalitarian and Authoritarian Dictators: A Comparison of Fidel Castro and Alfredo Stroessner”, Journal of Latin American Studies, 1991, vol. 23, # 3, 606.-612.

7.  Zalacaín, Daniel, “El viaje a la otra orilla: exilio y reencuentro”, en De las dos orillas: teatro cubano editado por Heidrun Adler y Adrian Herr.  Frankfurt: Vervuert Verlag, 1999.

 


Armando González Pérez nació en Aguada de Pasajeros, Las Villas, Cuba (1941). Escritor, editor y profesor de Literatura Española e Hispanoamericana. Hace varios años ejerce como profesor de Marquette University en Milwaukee, Wisconsin, EE.UU., donde ha desempeñado cargos administrativos. Ha publicado numerosos artículos sobre literatura española e hispanoamericana, especialmente afro-hispana, así como los siguientes libros: Antología clave de la poesía afroamericana (1976), Acercamiento a la literatura afrocubana (1994), Matías Montes Huidobro: acercamientos a su obra literaria (1997) y Presencia negra: teatro cubano de la diáspora (1999). Es también co-editor de la revista literaria y cultural Caribe.