|
La mejor manera para conocer a un poeta es a través de
su registro poético. Y cuando digo poeta, me refiero
no solamente al artesano casual del verso, sino a la
persona que como un todo define su vida a través de la
poesía. Ese es el caso de Miguel Hernández. Por tanto,
cada vez que queremos conocer o investigar algo más
sobre este poeta de vida corta pero de obra abundante,
es preciso recurrir a la lectura o relectura de su
poesía. En cada uno de sus poemas encontramos una
pista del historial de su vida y en cada renglón o
verso una declaración de sus conceptos y valores más
fundamentales.
Miguel Hernández nació en 1910 y murió en 1942, a los
treinta y un años de edad.
Su
formación escolar fue limitada debido a que su padre
decidió sacarlo del colegio en donde estudiaba, antes
de que terminara sus estudios. Su padre necesitaba que
él lo ayudara en el cuidado de su ganado de cabras y
no pensaba que una educación sólida era importante en
su caso, pese a que los jesuitas le habían ofrecido
costearle los gastos de una carrera al joven Miguel
que por aquel entonces era un alumno destacado.
Este comportamiento, aunque
cruel y falta de visión, era frecuente en la España
pobre y rural de principios del pasado siglo. Más sin
embargo, los conocimientos adquiridos por Miguel
Hernández en la Escuela del Ave María y el Colegio de
Santo Domingo en Orihuela le bastaron para descubrir
la fuente inagotable de la cultura universal.
A pesar de haber sido despojado de la posibilidad de
continuar sus estudios, víctima de la injusticia del
padre y obligado a realizar una labor no deseada, el
joven Miguel Hernández buscó una manera alternativa de
continuar con su aprendizaje y se convirtió en un
autodidacta. Esto lo logró por medio de las lecturas a
escondidas de su progenitor, aprovechando la luz del
día y la soledad del campo mientras cuidaba las cabras
de su padre, al igual que la luz de la luna y las
interminables madrugadas robadas al sueño. En medio de
su pobreza y desolación encontró la ayuda del
religioso don Luis Almarcha, quien le prestó muchos
libros para conciliar su apetito de lector. Otros los
consiguió en la Biblioteca del Círculo de Bellas Artes
y de amigos, como Ramón Sijé, en Orihuela.
Por otra parte, la época que le tocó vivir a
principios del siglo XX, en la plenitud de su niñez y
juventud, estuvo saturada de grandes transformaciones
y sismos sociales que sacudieron al mundo y muy en
particular a su entorno, con dos nefastas guerras
mundiales de fondo y la sangrienta Guerra Civil
Española. Todos estos elementos de cambio e
incertidumbre que fracturaron su existencia, así como
todo lo que sufrió en carne propia, a consecuencias de
su padre tiránico y cruel, contribuyeron a la
formación de los conceptos de equidad y justicia
social en la mente del poeta y a su posterior rebeldía
personal ante todo lo establecido en aquel entonces.
Y como detalle importante, debemos puntualizar que la
relación entre Miguel Hernández y las mujeres que
coincidieron en su espacio de vida fueron decisivas en
la formación de sus puntos de vista y la posterior
madurez social que él adquirió al correr de los años.
Su madre, Concepción Gilabert Giner, sufrida y callada
ante la presencia de un esposo tiránico y de carácter
irascible, fue el primer ejemplo en su vida de lo que
constituía la realidad para muchas mujeres de
principios del siglo XX. Sus dos hermanas, Elvira y
Encarnación, víctimas de la intransigencia del padre
al igual que él, lo acercaron al sentir femenino de
manera solidaria. Su novia y luego esposa, Josefina
Manresa, trabajó como obrera en un taller de costura
en Orihuela, lo cual la situaba en un plano diferente
a la mayoría de las mujeres de su época que
permanecían dentro de la casa, antes y después del
matrimonio, para realizar única y exclusivamente las
labores domésticas. Su relación de amistad con mujeres
tan interesantes como la poeta cartagenera María
Cegarra, profesora y primera mujer perito químico de
España, la poeta, novelista y ensayista cartagenera
Carmen Conde, una de las fundadoras de la
Universidad Popular de Cartagena y la primera mujer en
acceder a un puesto en la Real Academia Española, y la
filósofa y pensadora malagueña María Zambrano, mentora
literaria del poeta durante su estancia en Madrid, le
proporcionaron ejemplos vivos del potencial de la
mujer como intelectuales y profesionales que ellas
eran. Y por último, sus amores con la pintora gallega
Maruja Mallo, mujer de vanguardia y total desenfado
para la época que le tocó vivir, le brindaron al poeta
la posibilidad de analizar y valorar muy de cerca a la
mujer desde otras dimensiones, tales como la igualdad
de género en todos los aspectos, incluyendo el plano
sexual. Aunque todas las mujeres mencionadas
anteriormente no fueron las únicas que tuvieron alguna
relación con Miguel Hernández en su quehacer diario,
si podemos afirmar que estas son las mujeres que
tuvieron una influencia más directa en su vida.
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente señalado, no
es de extrañar que el Miguel Hernández poeta y el
Miguel Hernández hombre se conjugaran en un todo para
simultanear los acertijos que iba descubriendo y
acertando en el camino de su vivir. Y entre estos,
desarrolló una visión de igualdad social para la mujer
que fue más allá de su tiempo real de vida. Analizando
sus versos, se puede constatar como su poesía siempre
realza el papel de la mujer desde varias perspectivas,
que van desde un plano sensorial, erótico y amoroso
hasta el amistoso, filial y social, sin dejar de ser
respetuoso. Hay dos poemas breves en su libro
Cancionero y Romancero de Ausencias
(1938-1941), en donde se refleja esta simultaneidad:
TÚ ERES fatal
ante la muerte.
Yo soy fatal ante la
vida
Yo siempre en pie
quisiera verte.
Tú quieres verte siempre
hundida. (Poema 32)
Aunque siempre se ha analizado y popularizado el poema
número 25 de este libro “Llego con tres heridas /
la del amor, / la de la muerte, / la de la vida.”,
por la importancia que tiene en la síntesis de este
poemario fundamental del autor, no son menos
importantes los restantes, en cuanto se refiere al
definir otros aspectos del testamento poético de
Miguel Hernández. En el poema número 32 el poeta sigue
remitiéndose a la vida miserable que le ha tocado
vivir con reconocimiento de hecho, pero ante eso le
habla a una voz femenina que se resiste a reconocer la
muerte como una realidad tangible y le insta a ponerse
de pie porque el personaje femenino, en este caso su
esposa, se resiste a fortalecerse como ser humano.
También se puede inferir que el poeta está alentando a
la que dirige estos versos a superar su tristeza y
melancolía, pero esto sería una lectura simple de sus
versos. Miguel Hernández va más allá de la brevedad de
un poema o de una metáfora aparentemente sencilla.
Aquí el poeta da por sentado su deseo de que la mujer
tenga que estar de pie, buscar su lugar en la sociedad
y crecer.
En el siguiente poema toma distancia de la relación
afectiva que tiene con el personaje femenino del poema
anterior y, generalizando, nos dice lo siguiente:
LA LUCIÉRNAGA en
celo
relumbra más.
La mujer sin el hombre
apagada va.
Apagado va el hombre
sin luz de mujer.
La luciérnaga en celo
se deja ver. (Poema
34)
En este poema número 34,
Miguel Hernández nos lanza un mensaje doble con
diversas lecturas implícitas. En primer lugar, se luce
en el plano erótico y amoroso, donde resalta la
importancia del sexo y el amor en la vida, nos habla
de lo que reluce y lo que se deja ver una luciérnaga
en celo, con ese lenguaje típico de una persona que ha
observado la vida como un ejercicio de contemplación
de la naturaleza en plenitud. En segundo lugar, nos
ofrece la importancia de la vinculación que, como
hombre, él siente ante la falta de la mujer, pero a la
vez reconoce los sentimientos de la mujer,
despojándose de todo egoísmo al hacerse eco de las
tristezas de ésta. En este aspecto, el poeta descubre
sus sentimientos de igualdad en relación a la mujer en
general. A diferencia de otros poetas que solamente le
cantan a la mujer por su hermosura, por los placeres
que ésta puede llegar a ofrecer o por los derivados de
alguna relación pasada, Miguel Hernández no deja
de preocuparse por el alma y la persona que alberga el
cuerpo de la mujer amiga, hermana, madre, amante o
esposa.
En otro de sus poemarios anteriores, tal y como es el
caso de su libro Viento del pueblo (1937), el
joven poeta ya había definido su ideario personal,
tanto en lo político, social como filosófico. Y
específicamente, su posición en cuanto a la mujer la
deja plasmada en dos poemas relacionados con este tema:
“Los Cobardes” y “Pasionaria”.
“Los Cobardes” es un largo poema en donde de manera
fuerte y directa, a veces agresivo e increpante, el
poeta se refiere a los hombres de proceder cobarde que
de hombres solamente tienen el nombre y sale en
defensa de la mujer española en los siguientes versos
que forman parte del mismo:
“¿No os avergüenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?”
Con esta manifestación,
sólida y breve, como solía hacerlo Miguel Hernández en
sus mejores momentos, más allá de increpar al hombre
cobarde que es el significado esencial de este poema,
en los cuatro versos anteriores el poeta da fe de la
fortaleza de la mujer española, la cual a pesar de una
vida sufrida sabe mantener la calma y la serenidad
ante toda vicisitud. De haber vivido hasta nuestros
días, no sería osado especular que el poeta ya se
habría alzado en alguna campaña en contra de la
violencia de género.
En el poema “Pasionaria”, el poeta no oculta su
admiración por la líder comunista española de aquel
momento, realzando todo lo que desde su punto de vista
ella representaba para los desfavorecidos sociales de
España, pero es en los siguientes versos que forman
parte del mencionado poema a los cuales me refiero, en
donde nuevamente sale a flote su percepción totalmente
favorable a la mujer en el aspecto social:
“Oscuro el mediodía,
la mujer redimida y
agrandada,
naufragadas y heridas
las gacelas
se reconocen al fulgor
que envía
tu voz incandescente,
manantial de candelas.”
Al utilizar los
adjetivos de redimida y agrandada, el poeta manifiesta
de manera rotunda su adhesión a los urgentes
planteamientos de su época, en donde comenzaban a
surgir voces que convocaban a la búsqueda de cambios
en relación al tema de la mujer como persona y parte
de una sociedad integral, al margen de las políticas
partidistas que pueda exudar el poema. En este aspecto,
Miguel Hernández superó los cánones de su época y su
inteligencia visionaria lo llevó muy por delante del
tiempo físico que le tocó vivir. He ahí la grandeza de
este poeta de los pobres, de los despojados, de los de
abajo y, porque no así decirlo, de la mujer que por
tanto tiempo fue relegada a planos inferiores.
Mucho se ha hablado y escrito sobre la vida y obra del
insigne poeta oriolano Miguel Hernández. No obstante,
es mucho lo que nos queda por descubrir y desentrañar
de sus versos que, con el paso del tiempo, lejos de
ponerse obsoletos y encasillarse en el espacio
particular de la época en que su autor los escribió,
éstos se vuelven cada vez más vigentes y gozan de una
contemporaneidad saludable.
|
 |
|
Maricel Mayor
Marsán
nació
en Santiago de Cuba (1952).
Poeta, narradora, dramaturga, crítica literaria, editora y
profesora. Reside en los
Estados Unidos desde 1972. Ha
publicado los libros de poesía:
Lágrimas de Papel (1975), 17 Poemas y un Saludo (1978),
Rostro
Cercano (1986), Un Corazón Dividido/A Split Heart (1998),
Errores y Horrores/Sinopsis histórica poética del siglo XX (2000)
y En el tiempo de los adioses (2003).
Ha publicado el libro de teatro breve:
Gravitaciones Teatrales (2002). Ha
co-editado el libro de testimonios y coincidencias artísticas:
Haz de incitaciones: poetas y
artistas cubanos hablan (2003) y el libro de crítica literaria: Perfiles y
Sombras (2005). Ha editado el libro: Español
o Espanglish ¿Cuál es el futuro de nuestra
lengua en los EE.UU.?
(2005). Sus poemas,
cuentos, obras de teatro y artículos han aparecido en publicaciones
y antologías en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, España, Estados
Unidos, Francia, Italia, Israel, México, Puerto Rico, República
Dominicana, Suecia y Uruguay. Sus obras han sido traducidas al
inglés y al italiano.
Actualmente se dedica a la docencia y es Directora de Redacción de
la Revista Literaria Baquiana (www.baquiana.com),
actividades que comparte con su labor de escritora. Ha participado en
múltiples encuentros de escritores y académicos, como conferencista
y como creadora, en las más destacadas universidades de los Estados
Unidos y en otros países, así como en Festivales Internacionales de
Poesía, la Feria Internacional del Libro de Miami y la Feria
Internacional del Libro del Palacio de Minería en
Ciudad México, D.F. Fue
distinguida con el Editor’s Choice Award en 1996 por la
Biblioteca Nacional de Poesía de los EE.UU.
La prestigiosa editorial Holt, Rinehart and Winston de los
Estados Unidos ha incluido su poesía en la colección de libros de
texto Exprésate que está siendo utilizada para el estudio del
español en las escuelas a nivel secundario de la nación
norteamericana. |
|
 |
|