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MIENTRAS TODO SUCEDE
Universidad de Murcia, 2005, 56 Páginas. (Poemas)
Murcia, España.
ISBN 84-606-3821-9

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Tiene la poesía un aura de misterio que a la vez
oculta y desvela, que al tiempo que ensombrece
devuelve el fulgor robado por los días, y éso es lo
que encontramos en los poemas de Amada García Puentes,
donde la penumbra es reverso de una luz que acabará
salvando.
Asistimos, al leer
este libro, a la nostalgia de los días que se pierden
en la bruma del pasado y nos enseñan la realidad
dolida que la pluma intenta acallar cuando escarba en
esa niebla por encontrar los restos de una dicha.
Dudas y temores son el principal caudal de estos
versos que buscan el mar imposible de una razón que
aplaque el desconsuelo.
Es este poemario,
que tiene mucho de diario abierto, un lamento continuo
que comunica la soledad del hombre. Pero también un
canto a lo que es ido. Y en esa fusión entre lamento y
canción, el lector toma conciencia de la sola verdad
que nos asiste y articula el mundo personal de la
escritora que lamenta y celebra a la vez aquello que
es origen de nuestro destino.
Ya desde el primer
poema, un único pesar se instala en el verso y
atraviesa sus caminos, siempre amparado en la memoria.
Son palabras que traslucen la inquietud de quien no
abraza el olvido y se sabe extraviada en el ayer pero
no se rinde ante nada. …Y el tiempo, siempre el tiempo
que intenta despertar o despertarnos.
‘De nada sirve que
pregunte’ nos dice en un momento concreto la autora, y
el lector advierte la desolación ante la realidad que
el mundo nos presenta. Y cuánto dolor se intuye en el
verso ‘La luna tiene la sombra de las manos frías.’
‘Parezco un contenedor de basura’ nos dice en otro
poema para expresarnos que somos el recipiente donde
el mundo arroja todos sus desechos y penurias; y digo
‘somos’ porque, al leerlo, el que ahora escribe se
identifica en las ideas que dicen de los vaivenes de
la vida.
La esperanza ya
nace malograda, sin expectativas de ser cumplida
cuando leemos ‘El sueño es un llanto en el desierto.’
O ‘El náufrago viaja solo.’ O ‘Todo está desbordado.’
Porque éste es el sentimiento principal que Amada
García Puentes nos transmite: el tiempo se desborda
para inundarnos con su vieja mercancía de sombras y
tristezas. ‘Qué hago aquí / si no construyo nada.’Y al
leer estos dos versos el lector se afilia a este
pensamiento y se convierte en cómplice de quien lo
pronuncia. Y añade más desolación cuando dice: ‘Para
qué el empeño / en descubrir si mi alma está muerta.’
Pero el aliento se recupera cuando descubrimos: ‘Nada
es nada y vuelve.’ O ‘Nada puede ahora decir / que no
estamos, / que no somos.
Es ésta una
escritura transparente y arriesgada donde la ‘brusca’
sutileza se ofrece desnuda para mostrar su rebeldía y
decirnos de la hondura que la habita. Hay en estos
versos reflexión y desasosiego, presagios y
desencantos, y también victorias que surgen cuando se
asumen las derrotas.
Rezuman estos
poemas la naturalidad que los hace brotar ante la
necesidad de expresarse para dar sentido al caos y
huir del desengaño. Es entonces cuando razón y
sensibilidad se equilibran en un libro de fisonomía
muy personal, de clara belleza. Los sentimientos son
intuidos o, como mucho, son aludidos, nunca son
protagonistas, y es a través de estos esbozos que se
nos brinda el sentido.
La poesía es imprescindible porque el poeta se
alimenta de ella, y en realidad, nada puede negar el
hálito de esperanza que en ella germina, la luz que
brota de la sombra del verso y nos vuelve a través de
la memoria a lugares pasados. El vencido se salva a
través de la creación. Porque aunque leamos ‘Telón
abajo.’, y parezca que la función ha terminado, la
poesía la salva y nos salva.
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Ginés Aniorte
nació en
Murcia, España (1960). Poeta y profesor de Educación Secundaria
en la Comunidad Autónoma de Murcia. Es un activo participante en
conferencias, lecturas y festivales de poesía.
Co-dirige la Galería Virtual Tierra (www.galeriatierra.com),
dedicada a la promoción de pinturas, dibujos, grabados y
esculturas. Ha publicado los libros
de poesía: Poemas de amor (1980); Es tiempo de vivir
(1986); Fragmentos (1987); Mientras dure el
invierno (Los libros de la frontera, 1990); Veinticinco poemas (1997);
Adivinaciones (Huerga & Fierro, 2000); y Cuanto quise decir (Editorial
Renacimiento, 2004) |
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