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JOSEFINA LEYVA
Nació en
La Habana, Cuba.
Poeta, novelista, traductora, periodista y
profesora universitaria. Trabajó como catedrática de literatura
y de francés en la Universidad de La Habana. Ha residido en
España y Venezuela donde trabajó como profesora y periodista. En
la actualidad reside en los Estados Unidos. Ha publicado las
novelas:
Los Balseros de la Libertad (1992), Operación Pedro Pan,
el Éxodo de los Niños Cubanos (1993), El
Tiempo Inagotado de Irene Marquina (1994), El Aullido de las
Muchedumbres, ganadora de la Distinción de Honor de "La Rosa Blanca"
en el patronato José Martí de Los
Ángeles, California (1994), Rut, la que huyó de la Biblia,
Premio de Novela Inédita, Círculo de Cultura Panamericano de
Nueva York (1999), La Dama de la Libertad (1999), Las Siete Estaciones de una Búsqueda (2000)
y Entre
los Rostros de Tailandia (2004). En el género de poesía ha
publicado el poemario:
Imágenes desde
Cuba (1995). Sus poemas han sido representados en diferentes
países por la actriz argentina Norma Alarcón, bajo la dirección
del director teatral Edelmiro Menchaca. Algunas de sus obras han
sido traducidas al inglés.
LA CIUDAD DEL PRIMER AMOR
A Mario Zizelman,
personaje de
EL AULLIDO DE LAS MUCHEDUMBRES.
Recuerda la ciudad donde tu paso
multiplicó tu nombre en cada esquina.
Allá donde tu risa era un relámpago
que alzaba sus campanas a la vida.
Recuerda la ciudad de mar nervioso
y llanto de silencio entre los trinos.
La ciudad de apacibles peregrinos
y barcos junto a muelles de retorno.
Esa ciudad nos pertenece a ambos:
a ti, por el misterio de tu sino,
a mí, porque enterré mi calendario.
Y después, dividimos el camino:
tú, hacia la llama que quemó tu encanto,
yo, hacia todas las cruces del exilio.
SONETILLO
Iba una aguja cosiendo
el mapa de un corazón.
Iba otra aguja tejiendo
la rosa de una pasión.
El corazón se hizo trizas
y la aguja se quebró.
La otra aguja tejió en falso,
la rosa se deshojó.
El corazón va latiendo.
La aguja clavada en él
dibuja un remordimiento.
Los pedazos de la rosa
se clavaron en el viento,
y el viento los hizo hiel.
EN RUTA
Llegaste, campanada en la distancia,
tus huellas, detenidas en la arena,
y el camino, un reguero de migajas
que la brisa sopló sobre la yerba.
Apareciste tú. Traías el mundo
sometido a un dibujo en tu sonrisa.
Y tus ojos, dos pájaros sin rumbo
esperaban la trampa de una cita.
Era el amor que llegaba de golpe
con su llama de vértigo y su prisa
empuñando el secreto de tu nombre.
Y te fuiste dejándome perdida,
como una rueda se detuvo, herida,
como un mendigo en una muchedumbre.
ADIÓS Y PROMESA DEL
REENCUENTRO
Otra vez volveremos a encontrarnos.
Quizá en una mañana de noviembre
en un rincón remoto de la vida
donde estaré esperándote hasta siempre.
Habrá escarcha. El paisaje será nuevo
y habrá aviones y luces y habrá calles
donde gentes ignotas se apresuren
a olvidar nuestro encuentro y nuestro viaje.
Y serás tú otra vez. Tú, detenido
entre cristal y abrazo y tu premura
sujetando el encuentro del destino.
Y seremos nosotros para siempre,
doblegando la arista de la duda,
enhebrando el aroma de noviembre.
DESENCUENTRO
Tu silencio, apresado entre cristales,
te estrujó una metáfora en la boca.
Fue una canción perdida entre arrabales,
y tu secreto avasalló a una rosa.
Alcancé en tu mirada aquella estrella,,
tu aliento, humedecido en yerba fina,
y tu gesto de amable indiferencia
me abandonó de prisa en la partida.
Tendí la mano para detenerte,
presta a decirte mi palabra triste
entre el gentío que ahuyentó mi suerte.
Mas, tu bioplasma se encogió de frío,
y fue imposible que incendiara el mío
si tu silencio se clavó en mi muerte.
LA LUNA DE SAN FELIPE
A Maricel Mayor Marsán y Patricio E. Palacios
Por sobre la cordillera
iba cruzando la luna,
tan señorial como un pájaro
desprendido de su ruta.
Desde la lumbre de un poncho
la vi cabalgar Los Andes.
¡Qué llama sobre la nieve
por los caminos distantes!
Detrás nuestro, los faroles
apagaron sus sonrisas
con un rumor de nostalgias
aferrándose a la brisa.
Y más atrás, los chispazos
de los leños estallaban
en aquel hogar amigo
entre rosas de palabras.
¡Ay, luna de San Felipe
con tu feliz llamarada!
¡Qué vértigo tu silueta
sobre Chile derramada!
YOEL MESA FALCÓN
Nació en Manzanillo, Cuba
(1945).
Poeta, ensayista
y profesor universitario.
Es licenciado en
Letras Hispánicas por la Universidad de Oriente (Santiago de
Cuba). En la Isla recibió el premio Poesía de Amor de Varadero y
el “Julián del Casal” —premio nacional de poesía en Cuba— de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1987 por su
primer poemario, El día pródigo, editado por
Ediciones Unión de La Habana en 1991. En Sinaloa, México, vio la
luz la plaquette de poemas En el cofre de música el
mar (1996). En 2000 fue publicado por la Editorial Tinta del
Alcatraz, de Toluca, México, el poemario Todo el afán.
Ediciones Unión de La Habana editó en 2003 el libro de poemas
Fabulaciones. Poemas, ensayos y artículos suyos han
aparecido en diversas publicaciones periódicas de Cuba, América
Latina y España. Como crítico se ocupa de literatura, plástica y
cine. En 1990 representó a Cuba en el festival mundial de poesía
de Struga, Macedonia. Ha participado en diversos eventos
literarios en Cuba y México, país donde reside desde 1992. En
julio de 2004 su primera novela fue finalista en el premio “La
ciudad y los perros”, convocado por el Instituto Cultural
Iberoamericano “Mario Vargas Llosa”.
¿QUÉ
QUIERES DE MÍ?,
del siervo apaleado
y sangrante
todo ignorancia
torturado por las horas
martirizado por los minutos
despedazado por los días.
¿Qué quieres de mí?, me canso de preguntar
y respondes con el silencio
de donde obtengo la música,
el único consuelo
para seguir.
LA
MULTITUD
y en medio yo
un atado de laberintos
multiplica
múltiples laberintos por incontables seres
y obtendrás
minotauros tantos
que te parecerá infinita
la vida…
SUBES
LAS ESCALERAS CORRIENDO
en lo alto te espera un ángel
atraviesas su coraza, su espada, sus vértebras hechas
de claves de sol
y se queda contigo su perfume
un presagio que no sabes de dónde viene
unas súbitas ganas de vivir
un instante dorado y campanero
y te alejas
te alejas…
DE
PIE BAJO EL SOL
sus palabras mueren muchos metros antes de llegar a mí
adornan el aire
la transparencia las guarda en sus cofres
para fabricar violines
sus pies hurgan en la tierra
el verdor los abruma, son
los reyes del instante
el azul los corona
el día es su dueño
y su siervo.
SERÍA
BUENO QUE SUPLICARAS
a más de implorar con los ojos:
palabras lastimeras
de largos días de hambre
para que en tu sombrero extendido caiga
un grano de oro, la compasión
y alguna que otra mirada
del azul de lo alto
que se duele
de su inutilidad
en ciertos casos
al menos…
LA
SONRISA PASA DE UNA BOCA A OTRA
dulce contagio
—virus nacido de arpas
ocultas en el pecho—
celebración de la mañana
rito del día
primavera de dos
un hilo azul tendido
de un ser al que va a su lado
y de éste a los cuatro
puntos cardinales.
ABEJA
DEVORADA POR HORMIGAS:
tanto dulzor
acabó contigo…
A
MI ESPALDA EL ÁRBOL PIENSA
sus pensamientos suben al azul
que no sabe descender
ni siquiera escribir un poema
para el ser fijo
que en solitario padece
el existir…
SIGUES
CAMINANDO, RELOJ
sigues existiendo
sigo existiendo
caminando.
LA
LLUVIA SE ENSAÑÓ EN TU ROSTRO
lo embelleció
otra clave en la sonrisa
luciérnagas distintas en los ojos
al fin
el cielo en ti…
GLADYS ZALDÍVAR
Nació en Cuba (1936). Poeta,
ensayista, crítica literaria y profesora
de Literatura Hispanoamericana.
Graduada de la Universidad de Maryland y Profesora Emérita de
Western Maryland College, ambas instituciones en el Estado de Maryland, EE.UU. Ha participado en varios volúmenes de crítica
literaria y es coeditora de otros como Epitafios de
Severo Sarduy (1994). Ha publicado los siguientes libros de
poesía: Severed Garden, escrito
originalmente en inglés (2002), La
soledad fulgurada (2001), Cantata de las ruinas
(1996), Viene el asedio (1987), Zéjeles para el clavel
(1981), La Baranda de Oro (1980), Fabulación de Eneas
(1979) y El Visitante (1971). Tiene un volumen de crítica
en proceso de publicación: La isla en el naufragio /
tradición de universalidad en la
literatura cubana. Está incluida en las bibliografías de la
colección Archivos de la UNESCO (1988) y la de Plaza y Janés
(1980). Fue crítica seleccionada por la American Library
Association (1985).
TROVAR
Rumor de esperanza riza en la noche
y triste manto la luz.
En el alféizar trazan signos
volcados hacia dentro, hacia el alma.
La sílaba gangosa tiene un aura de ron,
de amor cercado,
de salobre oscuro como un mirlo.
La voz danza en las cuerdas
casi quietamente,
como si no quisiera que la escuchen
como si no quisiera la sangre
de su herida.
MARÍA TERESA
VERA:
Que me importa
esta sombra
si ya la voz es espuma;
ha pasado con su flecha
desangrada en el olvido.
Mansión de gladiolos fui
en otro tiempo de plata
hoy represento la noche
y quiero dioses audibles.
Si todo este amor del pecho
pudiera alcanzar el grito
tal vez bordones de fuego
transformarán la ceniza.
Memoria de vuelos, tintas,
caricias hechas ya de humo,
es un adiós en cadenas
que arranca el alma y la rompe.
SINDO GARAY:
La luz que en tu pecho arde
abriéndose como un manto,
caen ángeles en tu voz
que sonríen a la tarde.
Porque el ensueño está en cruz
igual que un cristo sonoro,
y como de sangrarme tratan
blando aletear de palabras
desclavan toda mi muerte.
MANUEL CORONA:
En el lenguaje misterioso de la noche
frota los gajos un viento de vacía espera,
de cuerpos que abrazan el fulgor de la entrega
sobre un lecho de sendas y oscuros minerales,
Y es la cadencia de tu voz que abriga el mar
hecha de plata y de seda, náufraga rota
que las cuerdas llaman con la sangre toda
y el conmovido acento de una garza en la fuga.
Por esa sombra orlada de quimeras,
tu espuma de galaxia y tus jardines abismales,
por tu oído de nácar y triste cuerda,
tu mirada de cascada violenta, ardida,
te comparo con un agua sagrada.
Diosa secretísima y alta cual flor primaveral,
te ofrendo una guitarra de colibríes
con notas de mi alma a esa perfecta llama,
te ofrendo una canción de río en calma
con sangre de mi alma a tu dorada sombra.
MIGUEL MATAMOROS:
Aunque esgrimas el olvido
festejarán los cerrojos
porque el recuerdo encenderá
mis manos en tu cuerpo,
caricias de amapola
que cantará el fantasma
porque mana el costado
enhiesta lejanía.
Por doquiera que grites
responderá el negror
y si buscas el filo
hallarás sólo un túnel
porque todo el que borra
camina a un frío espacio
sin flor ya y sin cielo,
corazón de espinas.
MIGUEL COMPANIONI:
Recordando a mi padre
Si quieres conocer, mentida llama
los ardidos clavos del cierzo y el olvido,
escucha el corazón en las tinieblas
y aquí, en soledad, abre tus sellos.
Tal parece que exhalas tu dolor.
que los vientos reúnen esos golpes,
que son piedras dibujando un camino
de soledad, de miedo y de quimera.
JAIME PRATS:
Sólo tu sombra por los corredores
convoca el cierzo y todo lo perdido,
los pájaros emprenden el regreso
pero los cuerpos distantes navegan,
se alejan por un mar desconocido.
Las lámparas acallan su luz,
la ausencia es el hueco en el portón,
y muertos paisajes nos responden
en la queja despierta y silente
que exhuma tu corazón del fondo.
PARA CANTAR DESDE EL ABISMO
A los prisioneros
Nadie sospecha la verdad del hierro,
su perfil ausente y de tiniebla.
Nadie conoce su lágrima de hueso,
detenida en la hoguera, silenciosa.
Sílabas de carbón y azufre,
fugitivas del humo, alcanzan estas manos
que esculpen jazmines de la sangre.
Encadenadas sombras visten la noche
y rompen del tiempo la nuez,
visten el sueño de jacintos,
escriben el testamento de los clavos,
echan a andar el alma por los patios,
llenan calladamente los búcaros de Dios
y esperan la barca de un dorado río
que navegue hasta el fin, hasta el claror.
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