OSCURO SOLILOQUIO
por
Antonio
Redondo Andújar

En la pared central del escenario se proyecta
un amanecer esplendoroso. El escenario está vacío, a excepción
de una pequeña tarima. De pronto, completa oscuridad en la
sala para que el personaje se sitúe sobre el citado objeto,
frente a los espectadores. La pared central vuelve a
iluminarse y el personaje, asimismo, aparece perfectamente
iluminado. Tiene, aproximadamente, cincuenta años y va vestido,
íntegramente, de negro. Siguiendo las indicaciones señaladas
en el texto, dirá lo que sigue:
(Soñador)
¡Qué vanas que resultan las palabras que nadie
ha de escuchar! (casi increpatorio) ¿Me oís? No es
cierto. (soñador) Que nadie ha de
escuchar... ¡Qué melodía! ¡Qué melodía tienen
las palabras que nadie ha de escuchar!
(enunciativo)
No me consuela. En el fondo no estoy
desconsolado. Nada queda en el fondo. Sólo nosotros. Yo. En
la superficie. Vosotros. Sí. (casi increpatorio) ¿Me
oís? (enunciativo) También vosotros. En esta
superficie. Sí, nosotros. Vosotros. También yo. (casi
increpatorio) ¿Me oís? (soñador) ¡Oh, qué silencio!
(enunciativo) Por mi parte os diré que las palabras no
siempre me acompañan. Es más, voy a deciros que a veces me
resulta sorprendente que se enlacen de forma que
transmitan lo que pienso con pelos y señales.
(soñador)
Con pelos y señales... (severo)
Perdonadme. (enunciativo) Nací, sin duda, un día...
Dos problemas. He aquí dos problemas. El primero será
mi nacimiento. El segundo, mi tiempo. No mi tiempo, mejor esa
palabra, sólo tiempo. Mi nacimiento no es ningún
problema, al menos para mí, no me es problema. En cuanto al
otro, el tiempo, sí es problema. El tiempo es una
línea inacabable de puntos sucesivos... (ofendido)
¡Oh, patrañas! (enunciativo) Vamos a ver... Amor...
Otra palabra. Todos somos iguales. Igual de esclavos... ¿De
qué o de quién lo somos? Sí... Esclavos... de qué o de quién...
Tendré que respondeos. Permitidme que antes lo piense un poco...
(pensativo)
Nuestro tiempo... Nuestro tiempo perfecto...
Nuestro perfecto tiempo... (enunciativo) Los hombres
más perfectos. Lo mejor. Esclavos de unos dueños bondadosos
que nos tienden la mano... Estrechémosla. Así
somos esclavos. Estrechándola...
(enunciativo)
Pero eso es otro tema. Ser esclavos de aquéllos
no es lo grave. Lo grave es engañarnos. No saberlo. Creer que
somos libres. (ofendido) ¡Y lo somos! ¡Es verdad que lo
somos! (enunciativo) Somos libres de no querer ser
libres. (soñador) ¡Oh, palabras! (enunciativo)
A veces las palabras dicen mucho. Otras veces tan sólo nos
ofenden. ¿Os he ofendido yo? (pensativo) Tal vez. (tajante)
No hay duda. (severo) Perdonadme.
(enunciativo)
Decidme: ¿sois iguales? Desde aquí no distingo
vuestros rostros. Me parecéis iguales. Sí. ¿Lo sois? Igualdad
de derechos para todos, no para cada uno, para todos.
(soñador) ¡Oh, palabras! ¡Qué bonitas palabras! Para
todos.
(irónico)
¿Formáis parte vosotros de ese todos?
(pensativo) Sí, nuestro tiempo. El vuestro, el mío,
el vuestro... Nuestro tiempo. (enunciativo) Volvamos a
centrarnos. Sí, pensemos. A veces las palabras dicen mucho,
hacen que lo ocultado aflore en ellas, se transforman
en cosas, dicen mucho. (casi increpatorio) ¿Me oís?
¿Me oís todos igual si sois iguales? ¿O algunos escucháis algo
distinto de lo que balbuceo? (soñador) ¡Oh,
palabras! ¡Qué bonitas palabras! (enunciativo)
Balbuceo... La primera persona, singular, verbo "balbucear",
"yo balbuceo"... (soñador) Palabras... ¡Oh,
palabras! (enunciativo) No sois libres. Como sois
libres digo: "No sois libres". Porque podríais serlo no
sois libres... (pensativo) ¡Oh, sí, sois tan iguales...!
Qué silencio...
(enunciativo)
Decidme: ¿sois iguales? Os ofende... Os ofende
pues os creéis distintos. Distintos pero iguales en el fondo.
Igualdad de derechos. (ofendido) ¡Qué patraña! (enunciativo)
Os habéis levantado. Habéis desayunado y almorzado.
Habéis hablado, sí. Unos más y otros menos, desde luego...
(soñador) Sí... (coloquial) ¿Qué os
estaba diciendo? ¡Ah, sí, recuerdo! Los recuerdos que
amargan... (soñador) ¡Ah, recuerdos! ¡Parecéis
tan felices con recuerdos! ¡Parecéis tan felices recordando
tan sólo esos recuerdos! (enunciativo) Yo también soy
feliz cuando recuerdo que habré de descifrar esos recuerdos...
(ofendido) ¡Oh, patrañas! (enunciativo) Las
palabras, a veces, nada dicen. Son bonitas tal vez, juego
tan sólo. Juego vacío, sin ningún sentido, nada válido en él,
palabras vanas. Otras veces, sin duda, desconciertan. Ni una
duda. No tenéis ni una duda. Sabéis quién sois, qué amáis,
quién os desea. ¿Sabéis vivir, tal vez? (exaltado)
¡Oh, qué otra vida! ¡Qué otra vida buscar sino esta vida por
fin hecha presente! (severo) Perdonadme. (enunciativo)
Vosotros que creéis en otra vida ya no creéis en ella, estáis
desnudos sin saber que lo estáis, esto es lo triste. Todo
muerto, decís, pero vivimos. Si fuera así de
cierto, este discurso no tendría sentido. (casi
increpatorio) ¿No lo tiene? ¿Me oís? ¡Oh, qué silencio!
(enunciativo) Estamos tan desnudos que no vemos de qué
forma lo estamos. (pensativo) Tan desnudos... (enunciativo)
Tan desnudos que parecemos libres, mas no queremos serlo.
¿O sí queremos? Sí, decís, lo queremos. De tal forma
queremos que lo somos. (tajante) ¡Qué patraña! (enunciativo)
Lo somos. No lo somos. No lo somos porque podemos serlo.
(severo) Perdonadme.
(enunciativo)
A veces las palabras dicen mucho. No saben
enlazarse, pero dicen. No saben descifrar, pero iluminan.
(soñador) ¡Palabras! ¡Oh, palabras! (severo)
Perdonadme. (enunciativo) Al fin y al cabo, no tenéis
la culpa. ¿O la tenéis, tal vez? (severo) Sí. La tenéis.
Sin duda, la tenéis. Sé que podríais, en el fondo, evitarlo.
(enunciativo) Todos somos culpables de todos nuestros
actos, sobre todo de aquello que damos por fijado, que
olvidamos. (desesperanzado) ¡Tiempo, tiempo, otra vez
nuestro tiempo...! (enunciativo) Siempre las mismas
frases, siempre, repetidas... Todo lo proyectado, lo
inconsciente, habrá de ser el tema. Así por siempre... (alegre)
Quizás por siempre no. ¿Veis? ¡Amanece! Detrás de mí. ¿Lo veis?
(enunciativo) Quiero ser libre,
me dije sin saber que ya lo era. (soñador) ¡Palabras!
¡Oh, palabras con sentido mas dichas sin sentido! (enunciativo)
Si me fuera posible transmitir un sentido hallaría reposo mi
ser enajenado. (pensativo) Sí. Sin duda. Mi ser
enajenado. Como el vuestro... También, sí, como el vuestro...
(enunciativo) Es tan sólo el saber que estoy enajenado
lo que me da la fuerza para seguir hablando, hablando sin
saber si lo que digo ha de ser escuchado... (pensativo)
Sí. Sin duda. Sin duda alguien me escucha... (tajante)
Retornemos.
(enunciativo)
Amanece. ¿Lo veis? Sí que lo veis. (pensativo)
Preguntas... La última pregunta... (inquisidor)
¿Estaréis preparados...? ¿Lo estaréis de
verdad...?
(cansado) Palabras... ¡Oh palabras...!
¡Qué vanas que resultan las palabras que nadie
ha de escuchar! (casi increpatorio) ¿Me oís? (susurrante)
No es cierto.
(Oscuridad)
Antonio Redondo Andújar
nació en
Almonacid de la Sierra (Zaragoza, España) en 1966. Desde 1988
reside en Barcelona. Es licenciado en Filosofía. Ha publicado las
obras: Fantasmagorías entre poemas de amor que no deben ser
cantados (Premio “Isabel de Portugal” de poesía en su VI
convocatoria. Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1991); Tríptico
doloroso y otros relatos
(Institución Fernando
el Católico. Zaragoza,
1993). “Nicodemo
–tragedia–” (Las palabras del
pararrayos. Barcelona, 1996; manuscritos.com, 2001);
Memoria de la soledad arrebatada (Puente de la Aurora. Málaga,
1997);
Fragmentos de una oda (P.O.E.M.A.S. Valladolid, 1998; El fantasma de la glorieta, 2002);
Sin historia (Vinalia bolsillo.
León, 1999); "Canción del peregrino". (En el libro “Poemas 1999”.
Ayuntamiento de Zaragoza, 1999); "Paráfrasis de «La idea» –una
lectura de Frans Masereel–” (Iralka. Irún, 1999); “Telegramas” (En
el libro “Poemas 2000”. Ayuntamiento de Zaragoza, 2000) y
“Fábulas humanas” (Manuscritos.com,
2001).
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