Miami
Estados Unidos
Año VIII

 Nº 47/48

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


ECUADOR

 

XAVIER OQUENDO TRONCOSO


Nació en Ambato, Ecuador (1972). Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado once títulos, entre poesía, cuento,  literatura infantil y antologías de la lírica joven del Ecuador. Su último libro Salvados del naufragio es una recopilación de su poesía de quince años de trabajo. Ha ganado el Premio Nacional de Cuento "Pablo Palacio" y el Premio Nacional de poesía. Integra antologías nacionales e internacionales. El Municipio de su ciudad, en 1999, le concede la condecoración "Juan León Mera" por toda su obra literaria y de difusión.


 

 

Tiempo de hijos

 

A los tres Jotas de mi vida

 

I

 

En el fondo de los vientos

habitan los ángeles

que parecen otros vientos

que se juntan con los vientos normales

y entonces forman los colores de las brisas

que los hijos ven,

y nosotros creemos que es el viento.

Pero son los ángeles caídos

que quieren jugar a ser viento.

 

 

II

 

Mira hijo,

allá hay un fino ángel

que quiere jugar con el fuego de tus ojos.

Y por allá han aparecido otros seres nuevos

que no son los juguetes de la casa

ni los que encontramos en las ramas de los árboles.

 

No te tardes mucho con ellos

que tú no tienes alas

para tapar el frío de tu asombro.

 

 

III

 

Es el silencio ahora.

El silencio está de noche ahora.

El hijo duerme conmigo

y el silencio se prende en las luces de la ciudad.

Entonces se ven las luces dentro del silencio

y el niño se despierta y ve el silencio que le rodea

y duerme

                        como la ciudad

                                               y la noche.

 

 

IV

 

Es la madre y el padre

y los hijos que se van haciendo

en el zaguán de los años.

Y esos sofás y esos adornos y cristales

y esas maderas y los libros, son la casa.

Y la casa son los hijos que se leen nuestros libros

y los libros que se van haciendo hijos de los hijos.

Y las cobijas y los almohadones donde duermen

todos los animalitos fabricados en cuentos

que han leído los hijos

y que se hacen realidad en esta casa

que es el hijo de la casa y la casa del hijo.

 

 

LA CATÓLICA

 

Cristóbal:

repite conmigo la oración castellana

y que en las grandes olas la oración se repita.

Que puedas llegar hasta el fondo de este mundo sin fondo,

que no tiene vértice y que parece un huevo sin retorno.

Espero tus especias: las esencias prometidas

y esa transparente complicidad

que conspira entre nosotros.

Las joyas se van contigo hasta donde el mar las haga flotar.

Son finas piedras. Cuida de su recuerdo,

como he cuidado yo de tu locura.

Ve hasta las Indias y conquista esas matas de aromas.

Tráelas hasta donde su majestad

pueda olfatearlas.

Y después, vuelve a repetir la oración castellana.

Yo te estaré esperando toda esta vida de especias,

                                toda esta muerte de esencias.

 

 

SED

 

A Rubén Astudillo y Astudillo,

a quien le gustaba este poema

 

No me pases la sal, samaritana.

En el pozo aún hay agua

sin fermentar.

 

He llegado sudando desde el monte

y quisiera ver en ti la luz del mar.

 

La sal, samaritana,

es el lamento del mar

sin naufragar.

 

El pozo tiene espuma

y es de dulce.

 

Samaritana,

quiero en tus ojos

ver el mar.

 

 

EXTRAÑO SUCESO

 

levantarse temprano,

lavarse con el viento las manos,

salir a probar suerte con el clima

(descubrir que tienes mala suerte).

Volver con crisantemos en los ojos,

parir un escalofrío que fríe,

visitar la ostra de tus perlas

(descubrirle a la perla la utopía).

Dormirse tarde,

despertar.

 

 

BRAMA EL PONIENTE...

 

I

A Viviana Cordero

 

De tanto hacer crepúsculo

en la misma montaña,

se cayó el telón

de todo lo que es verde.

Se regó el jarabe de la noche

como un brebaje fabricado

por el disgusto de las nubes.

Se cayó mi faz y se hizo trizas,

se rompió mi aire en una bohemia,

me hechizó un conjuro

con una vara mágica;

estoy en pedazos, como el canto del gallo

en la ciudad traficable.

 

De tanto hablar en forma de crepúsculo,

me siento más montaña que otros días.

 

 

II

A Sara Vanegas

 

La tarde y yo usamos esquimal esta mañana.

Ella, para evitar al sol, ¡y tan temprano!

Yo, para evitar el chasco de la tarde.

 

Salimos arropados de veranillo,

y un poco de potaje del rocío

ardió en el matorral de la mañana.

 

La tarde usa poniente en las orejas

y desaparece hecha montaña;

yo pudro lo mojigato del paisaje

y pido amor

tanto a peras como a olmos.

 

 

III

 

A Jorge Dávila Vásquez

 

Riego mi sudor

detrás de las orejas del crepúsculo.

 

Cada vez

tengo en descontrol

mis desventuras.

 

Tengo un amor tan bruto en las mañanas,

y por las tardes un sonámbulo asunto de viento,

que en mis noches

es cuando recién pido

que me coma una boca

la madrugada.

 

 

 

FRANKLIN ORDÓÑEZ


Nació en Loja, Ecuador (1973). Poeta y Licenciado en Lengua y Literatura; en el 2002 hizo un curso de especialización en Filología Española en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de los libros Mapa de Sal (1991) y A la sombra del Corsario (2004). Trabajos poéticos suyos han sido publicados en revistas de España, Argentina y México.


 

 

A LA SOMBRA DEL CORSARIO

 

“El único destino es seguir navegando

en paz y en calma hacia el siguiente naufragio”.

José Emilio Pacheco,  Titanic

 

Se retuerce la noche, animal en celo. Perfora la piel, los huesos donde escribo la historia. Sube el mar: espejo y pájaro de agua; siembro tulipanes en el vientre de gaviotas. Recorremos Goya, de las bocas del metro emergen relámpagos, delfines, toros que navegan sobre espadas. Pero abres las alas, desapareces. Enloquecido me lanzo a la ciudad, te busco. Azoto mi cabeza contra el muro. La marea me arroja al país de barro y espejismos, de gangrena y minerales. Torpes las montañas me consuelan con historias de amores quemados. Te retengo en pedazos de papel, en mi piel donde dibujaste ciudades muertas. Te retengo en historias de hormigas, en la balanza, la sal que bebí de tu espalda. Lanzo mis alaridos a la cordillera, al nudo lleno de paja y fantasmas. Qué lejano el invierno, sus noches, nuestro lecho de metal y marihuana. Qué cercana tu voz,  tus palabras con piedras de sol… Tus manos que atraparon las mariposas de mi garganta.

 

 

KEANU REEVES

 

Sabes a mares del sur

ceniza de marihuana.

Llego a tus nalgas.

Qué importan los versos,

la música, Manhattan.

Qué importan las torres desplomadas,

el sur comiendo cieno,

el vacío de los desterrados.

Qué importa el mundo

soy pez de tu mar en llamas.

 

 

MANUEL

 

Vale la pena haber nacido / sólo por oír pasar el viento, dice Pessoa;

yo prefiero las cadenas de tus labios, tus manos como garras,

tu esperma por mi sangre.

 

 

DAVID LEDESMA

 

Soy sauce,  mis raíces trepan al aire.

Baja, te ofrezco mis frutos,

Deja  tus pájaros en mi sangre.

 

*

Ven

Acércate

Escucha al delfín que navega en mi vientre.

 

 

AUTORRETRATO

 

Momificaré el pasado y lo enterraré

en las catacumbas de mi corazón

Inventaré un alfabeto y en las paredes

contaré mi historia.

 

 

EL ESCRIBA

 

Bendices la noche. Mis labios

donde grabas tu nombre.

 

Para M

 

 

LA SERPIENTE

 

Me extraeré la costilla izquierda.

La untaré de légamo, almíbar, aguar-

diente.

           La ofreceré al sol. Esperaré el

milagro.

 

 

 

AUGUSTO RODRÍGUEZ


Nació en Guayaquil, Ecuador (1979). Poeta. Ha publicado los poemarios: Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005), La bestia que me habita (2005). Sus textos aparecen en varias antologías locales y del extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es miembro fundador del grupo cultural Buseta de papel.


 

 

ESCUPO SOBRE MIS BANALES CONTRADICCIONES

 

Lo escribiré trescientas veces en mi piel:


                                      es inútil respirar

cuando tenemos la muerte

tan cerca

 

es inútil soñar

cuando solo tenemos

                       un vaso de vino por delante

 

es inútil cantar

cuando no tenemos nada con que saciar

 

nuestros apetitos sexuales,

ni nuestra vergüenza,

                                  ni nuestras canalladas

 

es inútil creer en dios

                  cuando hemos vivido negando

las religiones

 

escupo

          sobre mis banales contradicciones

 

y repito:

 

todo es inútil

 

lo escribiré miles de veces en mi piel

 

 

NO ME PRIVES DE TU CARNE

 

Llámame canalla, vende patrias,

mentiroso

               o llámame Lucifer

                                   pero no me prives de tu carne


yo soy un rey que perdió

                                  hasta su corona

 

he vuelto a ti para coronarte

como la nueva reina

                             de mis tinieblas

 

es lo único que puedo hacer por ti

llámame vagabundo

                              o Satanás

                                    pero no me prives de tu carne

 

 

EL AMOR DE LAS PUTAS DEL BAR 

 

Fíjate, incluso las putas en el bar

piensan en él

beben demasiado

y casi se olvidan del negocio

Charles Bukowski

 

¿Quién dijo que las putas

no tienen derecho a enamorarse?

es verdad que algunas ni besan

                                           a sus clientes

otras sí

a otras les gustan los tres platos, a otras dos,

                                            a otras ni uno

pero ellas

se ponen como gallinas pisadas

cuando el poeta

                         llega al bar

 

porque mientras él las penetra

también les lee al oído poemas de amor

que

       jamás olvidarán.

 

 

MI PADRE

 

Mi padre murió en invierno

sólo sé que al fin descansó en la estrecha

cama de todos los días.

Ya no hay ruido, ni ceremonias,

ni pañuelos, ni rosas blancas.

Al fin, dije yo, descansó de las deudas,

de los vicios, de la burocracia.

Mi padre murió en una pequeña alcoba

donde sólo quedan remedios, jeringuillas,

alcohol, drogas,

sus manos frías, abiertas

y vacías que me tocan con ternura.

Unos ojos blancos y amarillos

inyectados de muerte.

Un cáncer que no silencia

su victoria de sangre, de carne,

de vejez inconclusa.

Todos los relojes dan la misma hora

y retroceden el tiempo,

cuando mi padre no era mi padre

y simplemente era un hombre

lleno de energía

que se abría paso ante esta vida.

Mi padre murió en una alcoba de hielo

y su cuerpo cada vez se adelgaza,

se empequeñece, se evapora,

se disuelve en el aire vacío de la nada,

la lámpara de la alcoba

juega con la materia de su piel.

Sus dientes amarillos

llenos de cáncer me sonríen

yo le sonrío

sé que está temblando de miedo

y aunque de a poco

se convierta en polvo fugaz

solo sé que al fin descansó en la estrecha

cama de todos los días.

 

 

MI MADRE

 

Mi madre llora

en un rincón de la cocina

su cuerpo se hace pequeño

muy pequeño

casi diminuto

sus manos tiemblan

sobre su mismo eje.

Su voz suena envenenada

por las palabras verdes de mi padre

yo trato de consolarla

pero no hay consuelo.

Mi madre desea marcharse de casa

yo trato de detenerla

pero no tengo resultados.

Mi madre es un río caudaloso

que no tendrá