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XAVIER OQUENDO TRONCOSO
Nació en
Ambato, Ecuador (1972). Periodista y Doctor en Letras y
Literatura. Ha publicado once títulos, entre poesía, cuento,
literatura infantil y antologías de la lírica joven del Ecuador.
Su último libro Salvados del naufragio es una
recopilación de su poesía de quince años de trabajo. Ha ganado el
Premio Nacional de Cuento
"Pablo Palacio" y el Premio Nacional de
poesía. Integra antologías nacionales e internacionales. El
Municipio de su ciudad, en 1999, le concede la condecoración
"Juan León Mera" por toda su obra literaria y de difusión.
Tiempo de hijos
A los tres Jotas de mi vida
I
En el
fondo de los vientos
habitan
los ángeles
que
parecen otros vientos
que se
juntan con los vientos normales
y
entonces forman los colores de las brisas
que los
hijos ven,
y
nosotros creemos que es el viento.
Pero
son los ángeles caídos
que
quieren jugar a ser viento.
II
Mira
hijo,
allá
hay un fino ángel
que
quiere jugar con el fuego de tus ojos.
Y por
allá han aparecido otros seres nuevos
que no
son los juguetes de la casa
ni los
que encontramos en las ramas de los árboles.
No te
tardes mucho con ellos
que tú
no tienes alas
para
tapar el frío de tu asombro.
III
Es el
silencio ahora.
El
silencio está de noche ahora.
El hijo
duerme conmigo
y el
silencio se prende en las luces de la ciudad.
Entonces se ven las luces dentro del silencio
y el
niño se despierta y ve el silencio que le rodea
y
duerme
como la ciudad
y la noche.
IV
Es la
madre y el padre
y los
hijos que se van haciendo
en el
zaguán de los años.
Y esos
sofás y esos adornos y cristales
y esas
maderas y los libros, son la casa.
Y la
casa son los hijos que se leen nuestros libros
y los
libros que se van haciendo hijos de los hijos.
Y las
cobijas y los almohadones donde duermen
todos
los animalitos fabricados en cuentos
que han
leído los hijos
y que
se hacen realidad en esta casa
que es
el hijo de la casa y la casa del hijo.
LA
CATÓLICA
Cristóbal:
repite
conmigo la oración castellana
y que
en las grandes olas la oración se repita.
Que
puedas llegar hasta el fondo de este mundo sin fondo,
que no
tiene vértice y que parece un huevo sin retorno.
Espero
tus especias: las esencias prometidas
y esa
transparente complicidad
que
conspira entre nosotros.
Las
joyas se van contigo hasta donde el mar las haga flotar.
Son
finas piedras. Cuida de su recuerdo,
como he
cuidado yo de tu locura.
Ve
hasta las Indias y conquista esas matas de aromas.
Tráelas
hasta donde su majestad
pueda
olfatearlas.
Y
después, vuelve a repetir la oración castellana.
Yo te
estaré esperando toda esta vida de especias,
toda esta
muerte de esencias.
SED
A Rubén Astudillo y Astudillo,
a quien le gustaba este poema
No me
pases la sal, samaritana.
En el
pozo aún hay agua
sin
fermentar.
He
llegado sudando desde el monte
y
quisiera ver en ti la luz del mar.
La sal,
samaritana,
es el
lamento del mar
sin
naufragar.
El pozo
tiene espuma
y es de
dulce.
Samaritana,
quiero
en tus ojos
ver el
mar.
EXTRAÑO
SUCESO
levantarse temprano,
lavarse
con el viento las manos,
salir a
probar suerte con el clima
(descubrir
que tienes mala suerte).
Volver
con crisantemos en los ojos,
parir
un escalofrío que fríe,
visitar
la ostra de tus perlas
(descubrirle
a la perla la utopía).
Dormirse tarde,
despertar.
BRAMA
EL PONIENTE...
I
A Viviana Cordero
De
tanto hacer crepúsculo
en la
misma montaña,
se cayó
el telón
de todo
lo que es verde.
Se regó
el jarabe de la noche
como un
brebaje fabricado
por el
disgusto de las nubes.
Se cayó
mi faz y se hizo trizas,
se
rompió mi aire en una bohemia,
me
hechizó un conjuro
con una
vara mágica;
estoy
en pedazos, como el canto del gallo
en la
ciudad traficable.
De
tanto hablar en forma de crepúsculo,
me
siento más montaña que otros días.
II
A Sara Vanegas
La
tarde y yo usamos esquimal esta mañana.
Ella,
para evitar al sol, ¡y tan temprano!
Yo,
para evitar el chasco de la tarde.
Salimos
arropados de veranillo,
y un
poco de potaje del rocío
ardió
en el matorral de la mañana.
La
tarde usa poniente en las orejas
y
desaparece hecha montaña;
yo
pudro lo mojigato del paisaje
y pido
amor
tanto a
peras como a olmos.
III
A Jorge Dávila Vásquez
Riego
mi sudor
detrás
de las orejas del crepúsculo.
Cada
vez
tengo
en descontrol
mis
desventuras.
Tengo
un amor tan bruto en las mañanas,
y por
las tardes un sonámbulo asunto de viento,
que en
mis noches
es
cuando recién pido
que me
coma una boca
la
madrugada.
FRANKLIN ORDÓÑEZ
Nació en Loja, Ecuador (1973). Poeta y Licenciado en Lengua y Literatura;
en el 2002 hizo un curso de especialización en Filología
Española en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de
los libros Mapa de Sal (1991) y A la sombra del
Corsario (2004). Trabajos poéticos suyos han sido publicados
en revistas de España, Argentina y México.
A LA
SOMBRA DEL CORSARIO
“El único destino es seguir navegando
en paz y en calma hacia el siguiente naufragio”.
José Emilio Pacheco, Titanic
Se retuerce la noche, animal en celo. Perfora la
piel, los huesos donde escribo la historia. Sube el mar: espejo
y pájaro de agua; siembro tulipanes en el vientre de gaviotas.
Recorremos Goya, de las bocas del metro emergen relámpagos,
delfines, toros que navegan sobre espadas. Pero abres las alas,
desapareces. Enloquecido me lanzo a la ciudad, te busco. Azoto
mi cabeza contra el muro. La marea me arroja al país de barro y
espejismos, de gangrena y minerales. Torpes las montañas me
consuelan con historias de amores quemados. Te retengo en
pedazos de papel, en mi piel donde dibujaste ciudades muertas.
Te retengo en historias de hormigas, en la balanza, la sal que
bebí de tu espalda. Lanzo mis alaridos a la cordillera, al nudo
lleno de paja y fantasmas. Qué lejano el invierno, sus noches,
nuestro lecho de metal y marihuana. Qué cercana tu voz, tus
palabras con piedras
de sol… Tus manos que atraparon las mariposas de
mi garganta.
KEANU
REEVES
Sabes a
mares del sur
ceniza
de marihuana.
Llego a
tus nalgas.
Qué
importan los versos,
la
música, Manhattan.
Qué
importan las torres desplomadas,
el sur
comiendo cieno,
el
vacío de los desterrados.
Qué
importa el mundo
soy pez
de tu mar en llamas.
MANUEL
Vale la
pena haber nacido / sólo por oír pasar el viento, dice Pessoa;
yo
prefiero las cadenas de tus labios, tus manos como garras,
tu
esperma por mi sangre.
DAVID LEDESMA
Soy sauce, mis raíces trepan al aire.
Baja, te ofrezco mis frutos,
Deja tus pájaros en mi sangre.
*
Ven
Acércate
Escucha al delfín que navega en mi vientre.
AUTORRETRATO
Momificaré el pasado y lo enterraré
en
las catacumbas de mi corazón
Inventaré un alfabeto y en las paredes
contaré mi historia.
EL
ESCRIBA
Bendices la noche. Mis labios
donde grabas tu nombre.
Para M
LA
SERPIENTE
Me
extraeré la costilla izquierda.
La
untaré de légamo, almíbar, aguar-
diente.
La ofreceré al sol. Esperaré el
milagro.
AUGUSTO RODRÍGUEZ
Nació en
Guayaquil, Ecuador (1979). Poeta. Ha publicado los poemarios:
Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales
salvajes (2005), La bestia que me habita
(2005). Sus textos aparecen en varias antologías locales y del
extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David
Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de
Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el
Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es
miembro fundador del grupo cultural Buseta de papel.
ESCUPO SOBRE MIS BANALES CONTRADICCIONES
Lo
escribiré trescientas veces en mi piel:
es inútil respirar
cuando
tenemos la muerte
tan
cerca
es
inútil soñar
cuando
solo tenemos
un vaso de vino por delante
es
inútil cantar
cuando
no tenemos nada con que saciar
nuestros apetitos sexuales,
ni
nuestra vergüenza,
ni nuestras canalladas
es inútil creer en dios
cuando hemos vivido negando
las religiones
escupo
sobre mis banales contradicciones
y repito:
todo es inútil
lo escribiré miles de veces en mi piel
NO ME
PRIVES DE TU CARNE
Llámame
canalla, vende patrias,
mentiroso
o llámame Lucifer
pero no me prives de tu carne
yo soy un rey que perdió
hasta su corona
he
vuelto a ti para coronarte
como la
nueva reina
de mis tinieblas
es lo
único que puedo hacer por ti
llámame
vagabundo
o Satanás
pero no me prives de tu carne
EL AMOR
DE LAS PUTAS DEL BAR
Fíjate,
incluso las putas en el bar
piensan
en él
beben
demasiado
y casi
se olvidan del negocio
Charles Bukowski
¿Quién
dijo que las putas
no
tienen derecho a enamorarse?
es
verdad que algunas ni besan
a sus clientes
otras
sí
a otras
les gustan los tres platos, a otras dos,
a otras ni uno
pero
ellas
se
ponen como gallinas pisadas
cuando
el poeta
llega al bar
porque
mientras él las penetra
también
les lee al oído poemas de amor
que
jamás olvidarán.
MI
PADRE
Mi
padre murió en invierno
sólo sé
que al fin descansó en la estrecha
cama de
todos los días.
Ya no
hay ruido, ni ceremonias,
ni
pañuelos, ni rosas blancas.
Al fin,
dije yo, descansó de las deudas,
de los
vicios, de la burocracia.
Mi
padre murió en una pequeña alcoba
donde
sólo quedan remedios, jeringuillas,
alcohol, drogas,
sus
manos frías, abiertas
y
vacías que me tocan con ternura.
Unos
ojos blancos y amarillos
inyectados de muerte.
Un
cáncer que no silencia
su
victoria de sangre, de carne,
de
vejez inconclusa.
Todos
los relojes dan la misma hora
y
retroceden el tiempo,
cuando
mi padre no era mi padre
y
simplemente era un hombre
lleno
de energía
que se
abría paso ante esta vida.
Mi
padre murió en una alcoba de hielo
y su
cuerpo cada vez se adelgaza,
se
empequeñece, se evapora,
se
disuelve en el aire vacío de la nada,
la
lámpara de la alcoba
juega
con la materia de su piel.
Sus
dientes amarillos
llenos
de cáncer me sonríen
yo le
sonrío
sé que
está temblando de miedo
y
aunque de a poco
se
convierta en polvo fugaz
solo sé
que al fin descansó en la estrecha
cama de
todos los días.
MI
MADRE
Mi
madre llora
en un
rincón de la cocina
su
cuerpo se hace pequeño
muy
pequeño
casi
diminuto
sus
manos tiemblan
sobre
su mismo eje.
Su voz
suena envenenada
por las
palabras verdes de mi padre
yo
trato de consolarla
pero no
hay consuelo.
Mi
madre desea marcharse de casa
yo
trato de detenerla
pero no
tengo resultados.
Mi
madre es un río caudaloso
que no
tendrá |