Miami
Estados Unidos
Año VIII

 Nº 47/48

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


NICARAGUA

 

SILVIO AMBROGI


Nació en Jinotepe, Carazo, Nicaragua (1956). Poeta y novelista. Graduado en Derecho por la Universidad Nacional de Nicaragua. Es autor de varios libros de poesía, entre los que cabe destacar: Oscilaciones, Thanatos Halucinada, El Laberinto de la Raíz y El Arquero Invisible. Es editor de la revista literaria Los Conjurados. Reside en la actualidad en Miami, Florida, EE.UU.


 

 

COMPLICIDAD

 

Existe entre nosotros algo mayor que un amor,

                                                Una complicidad.

                                        Marguerite Yourcenar

         

No morderá la dura frialdad de la distancia

El visitado rumor de tu imagen

Dulce tenacidad en la memoria

Que ha guardado tu sonrisa

De muda oquedad entre nosotros

Como implícito secreto entre el tejido de miradas

Que fabricamos en la tela invisible

De nuestra complicidad.

Se abrió tu dormido pecho

Con el canto inmaculado de la alondra

Y penetró mi vaga sombra

Aprisionando la escondida  verdad

Que en tu alma de tímido Gitano

Simulaba otra ajena prisión que descubrí al instante.

Las itineradas noches que en tu búsqueda

Fui deshojando entonces…

Corrió entre silencios mutuos, ecos de parola sobre orejas

Dulce canción que detenía tu ruiseñor en mí…

Logrando taladrar viejas angustias

Enterrados padeceres

Navegado deseo perpetrado en ese juego inacabado

Del destino que nos advierte puertas.

Atravesados pechos de dardos sutiles

Etéreos lamentos de los astros lejanos

Cruzando ese misterio desangrado:

De abierto costado

Por negra, certera, fugaz e intermitente herida

Que complica algún posible viaje entre tus manos

Y la abierta oposición de poseer

Tu voz, o algo más

Que nos cambie y se eternice entre nosotros

Como frío mármol de epitafios.

 

 

ARMÁNDOTE

 

                       A Arso

                      Hay que amar mucho a una persona para

 Arriesgarse a padecer, tengo que amarte mucho

                                         Para ser capaz de padecerte”. 

                                                   Marguerite Yourcenar

 

¡Hay! … si en tu silencio de amapola

Cortara tu secreto de carne próxima

Distancia cotidiana que se estira

Agitando mi Corazón constantemente.

¿Cómo puedo construir un mundo

Con tu aliento de ángel

Tu caricia de velo

Tu beso tibio

Y tu hirsuto pecho?

¿Por qué en tu sangre

Corren los misterios de un jardín sereno

Y crecen en mi angustia: tu piel,

Tus manos,

Tu cuello,

Tu cabeza de ágil pensamiento?

¿Cómo tenerte al fin si la presencia de tu cuerpo?

¿Cómo crecer en tu sueño?

¿Cómo no padecer de nostalgia

Con el agitado paso del viento?

En la luna amarré esta pena de tenerte lejos

Y en el desorden ordenado del mar

Las borrascas del deseo.

Como Puerto iluminado de luz próxima,

Pues el sol levanta banderas

De futuros reencuentros.

Deja que en tu joven perfume me disperse lejos

Deja que mi sangre teñida de alegría

Levante este inflamado  pecho

Traspasado  con el dardo de Eros…

Los ribeteados panoramas de esta vida

Que se nos vuelve sueños.

¿En qué sexsoledades de profunda memoria

Se empinan los senderos de dulces recuerdos?

Construiré un dorado ruiseñor

Con los dedos de Apolo

Y tejan las abejas,

La perenne miel de tu dulzura

Que cambió de una vez y para siempre

La alegría de poseerte

Con la furia natural y tenaz,

De un remolino de mar, o de viento

Que sin vos, me deja,

No solamente solo sino: 

Vacío

Y

Muerto…

 

 

CUESTIONARIO DEL TIEMPO

 

    “Tiempo donde estamos tú y yo

                   Yo que vivo en ti y tú que no existes.”

                                                         Alfonso Cortés

 

El tiempo con sus inflamantes aguas

Fluyendo desde  que todo es….

Implacable torbellino invisible

Cuyos tentáculos invaden el todo

Arrastrándose desde la propia eternidad

No nace no muere, sencillamente es…

El tiempo que levanta muros de olvido

Enterrando pasados,  esfumándolos

Hasta borrar sus huellas…

Y el presente con su erupción de instantes

Convirtiéndose las horas  en preciosas gemas

¡En diamantes de fulgor supremo!

Abriendo su voraz garganta sigilosa

Al incierto futuro sorprendente

Que abre la pandórica caja de  cambios

Que la expectativa agota

Este tiempo que nos convierte en sus cómplices fatales

En un escenario de ingenuidad infantil

De siempre jamás….

O será ese sueño su límite feroz donde

Descansa abierto y sin límites el antitiempo

El salto atrás, la memoria ese codificado misterio

Que nos remacha la conciencia, y nos culpa o nos dispensa.

¿Hacia que aguas navegamos?

¿Hacia que disco volátil  se dirige esta espiral

Torbellinica de espíritus, que unidos a la tormenta eternal

Nos licua y nos disuelve

A las causas de todos los orígenes?

El tiempo tiene lágrimas de fuego que nos marchitan la piel

Y calcinan nuestros huesos

Su hambre de vacíos arrastra los sistemas, las civilizaciones,

Las galaxias, los universos y los súper universos

Que gravitan las mansiones de la deidad…

Esa cósmica realidad  que nos construye y nos destruye

En una dialéctica constante, donde crece seres imprecisos

Innombrables, inimaginables, intangibles

Donde todo es quietud dicha suprema,  donde

El tiempo, ese paisano cósmico y eterno no existe.

 

 

GIRASOLES MIS OJOS

 

Amielados y vivos girasoles mis ojos

Liban abejas el deseo

Gravitando torbellinos de imagines

En la vida los colores

Pliegues de piel, el ceño cejijunto

Curvan las cejas, al cansado acertijo.

Devela el espejo su agua quieta

Que preludia un rastro pensativo

Huella sobre el abierto laberinto

La luz penetradora de los bruñidos contornos

Oscila su misterio mecido:

En fuente fatua, feliz la llama…

Que de azul se precipita al oro-anaranjado de lo puro

Lágrima de fija transparencia

En el pétalo−mejilla se resbala

Es el rocío desgranado de los dioses

Que humedecen el alma sensitiva

La abierta imaginación que se desliza suave

Cinta infinita en la magia de las formas

Y el grato conciliar del punto roto

Con la eficacia tenaz  de la verdad desnuda

Y la ausencia mortal que muerde el oscuro caos

De no mirar con los huecos vacíos

El zigzagueo ilusazo de ausente imagen

A plena luz se niega visión cortada

Sino cegado al álgido sentido para mirar adentro

Con plenitud total…

La sonámbula sorda  El alma va flotando…

Despojando las nieblas detenidas

Brillando el yo en los contornos del espíritu…

 

                                              

IMÁGENES GREGARIAS

 

                                        En casa de ARSO

 

Un grito en la tarde es vuelo de nube

El tigre diluido en el verano ardiente

Somos solamente sombras de un pasado inmóvil

¿Cómo he podido pensar en la posibilidad del amor

Cuando solo somos un destino imperfecto…?

¿Qué vieja esperanza nos convida: al espejo

Las llaves, la copa vacía, el cerrojo ciego, la guitarra sorda

Y un fuerte aguacero?

No puedo sostener el balance de la luna

En un eclipse abierto y total.

Existe la posibilidad de la fuga: En el mirar,

En un suspiro, en el ojo inquieto, en el gesto

En la tristeza de la piel, en el sabor de un ayer

En la evaporada caricia, en los pasos de un camino recorrido

En el llanto, en la búsqueda de una nueva estrella…

Yo creí que todo camina hacia la ruta de la felicidad

Tal vez me haya equivocado, una vez más.

La Gloria es de los triunfadores tecnócratas,

Los planificadores del trabajo ajeno,

El desbordado dinero de los plutócratas,

Los perfectos calculadores  del mundo material.

Afectados en la vivencia de una rutina automáticamente sórdida

¿Cómo haber tejido silencios, maneras de hacer posible algo

Que no he podido entender?

Álgido el tiempo enaltece la melancolía de un delirio…

Aceptamos lo banal en el viento,

El vuelo intermitente de un gorrión

El limón ácido y limpio

Los fosos angustiados del alma

La incertidumbre de un pétalo buscando el misterio marchito

Cuando lo arrastra el viento en agujero abierto

Una mañana de invierno, en laberinto húmedo

Un susurro de lamentos tempranos

El vuelo de una cortina en la ventana abierta

El quejido de un sueño en el sigilo de un sótano

Cómo no desbocarnos en la indefinida duda

El invisible arquero que acepta los venablos

Del Eros vendado y cruel…

Este ejercicio no levanta soles en la sombra de un girasol

Cundo construye puentes entre el alma y la razón

Abre un espacio que solo será posible sosteniendo la misma Mirada,

                                                   [en el momento preciso.

Sin la sequedad de las formas y la angustia de un espejo

La definida comisura labial de un rictus

En el obtuso laberinto de la imagen

En el ángulo preconcebido de la esfera

Sin perder la posibilidad de un cambio en el vuelo del espíritu

Y la entrega perfecta de un sentimiento.

 

 

MEMORIAS: AQUILEOS MITEMAS

 

¿Hasta donde el escondido Eros nos arrincona

Contra espadas invisibles que amenazan

La calma del viajero?

¿Por qué la daga del desdén

Provoca tempestades de instantes?

Reojo de los dioses jugando los destinos

El arquero de transparente posibilidad

Dispara el certero dardo, penetrando

El abierto pecho enaltecido.

Corazón destapado, divisando

La cerrada puerta del deseo

Detrás del velo blanco que se adelanta

Para guardar el rito…

La sonrisa es la posibilidad del labio

Mudo, entreabierto pacto.

No palabras, no muecas, no beso, no suspiro

No quejido, no voz, no lágrima, no risa.

Hay una niebla gris que envuelve el perseguido objeto

Evaporando la voluptuosidad itinerante

Que se pierde deslizándose a lo lejos…

Guardado pájaro, ave de carnes hondas

Desplumados asombros brotan de las copas ebrias

Siguen poblando esos desiertos de abierta angustia

Descansa árbol de vida, vertical savia semen...

Hechas de vitales corrientes

Más que la dividida fuente, me llama

La clepsidra sinuosidad del agua

Que nos recuerda vivos

Adheridos a tus sordos oídos: la natural

Musicalidad de las cosas

Beban de las costumbres de los pueblos

El enhiesto gamo y la deshecha águila

Brillan en sus mieles de eterno sabor áureo

Esa mirada suplicante: ¡Este rapto absurdo!

Que se vuelve sueño navegable de vacío

Héroes carcomidos en la nada

Peregrina historia de trovadores ciegos

Sombra alada de no saberse despedida

Sino densas gaviotas de ligeros adioses

Barco encallado en silentes marejadas

Voraz intensidad de rotos momentos

Que estallaron sin brillos en los espejos negros

Del día aquél, del ilustre Equus

Ecos de cuerno roto, chillido ronco del cuerno

Amordazada la ilusa ilusión se imada

Sexolada, invernada, asolada la amurada ciudad

Sin rostro victorioso, llama y ceniza en el sueño

De Casandra, gemido de Hecuba, pena de Príamo

Vulnerable sandalia de Aquiles el mestizo

Dioses y hombres se apagan bajo lacerada

Lanza de Paris tembloroso que ha traspasado

Ocultos talones del que goza la Gloria de morirse

Alcanzando la ola invisible del barquero nocturno

Cuya moneda surca infiernos helados

Y glorias en llamas: semidivinidades,

Semiderruidas, semiciudades, semireinos

Que se apagan en la memoria

Sin Briseidas ni Patroclos, pavo real encueste

Guardado escudo, prestado casco

Sandalias que los aíslan,  y los deshojan

¡Evaporándolos!

 

 

FÉNIX

 

Alzó aliabierta ave en llamas

Que retornaba de la ceniza

En cuyo nido dorado

Cascareaban nuevas plumiformas

De eterno enigma

Mitos de edades idas, desdoblándose

Desmayado dulce horror

Decires  despistas

Déspota  instante

Taladrando:  Piel

Pecho

Pierna

Pie

Piélago plumado…

Pretil

Pilastra

Piedra…

Hasta llameante  flama

Rasgando el Corazón del mitema

Donde siempre  y sin secretas memorias

¡Renaces!

             

 

PRESENCIA DE AUSENCIA

 

                               A la ausencia de mi Madre

 

Caudales de ausencia azul sus ojos

Ingrávidos

Dulcemente sencillos

Aguas naufragas en su quietud dormida.

Deshojadas alamedas en doradas rutas

Donde crecen los cipreses,

Susurran un lamento obstinado.

Enero viento me consagra:

Un alto dolor vertical y seco.

Laberinto marmóreo de lazos rotos

Hondos de Corazón sangran los pechos.

Abierto río umbilical se quiebra

Nueve lunas acunaron en tu vientre

Para bordar mi aullante grito

Al abismo de la vida

¡Y fue el milagro!

Y en tu mar Madre tejiste:

Mis huesos, mi piel, mi iluminado cerebro,

Mis ojos abundantes de lluvia,

Pues junio se desangra en aguaceros tempranos

Y así me echaste a andar

Hasta construir mi puente de esperanzas

Con prudencia de albas y dulzura de ocasos

El misterio de la vida en espiral de oro

Desgarra al arco iris.

Una bandera blanca con círculos azules

Y concéntricos  en triple emanación

Atraviesan constelaciones y galaxias.

Una cadena de perfumes del invisible jardín

Abre su ruta  de luminosas clepsidras

Una cítara dormida y un naranjo

Un higo tembloroso en la bandeja

El profundo olor de la canela

Y el agridulce sabor de la toronja.

Hilo que corta la parca lila

Lívida hilandera  del destino humano

Rígida brisa

Azucena recostada en el cojín de Thánatos

Cruzan nuestros ojos las heridas aguas

Que cortan una a una

Mi corriente interna, hueca, casi vacía.

La cara desmedida del tiempo

Que se doble en los rígidos momentos de Ella,

Evaporando relojes, fechas memorables

Simpleza de adioses

Congelando las uñas y los labios

Blancas rosas de invierno

Tejen su velo amortajado

En alamedas de olvidos  crecen los sueños

Al cruzar ese río del Leteo

Tiñe la mañana  el canto del jilguero

Suave y misterioso en el íngrimo pino violinado

Una oración  de luz del ángel que se posa

En su silente espera  donde te aguarda

El rechinar de la cuerda sorda en el foso seco

Las coronas, y los dormidos ramos…

Que la luna donó a tu sueño

Una ruta de misterios en tu vía de infinitos

La mágica vertiente eternal en los silencios

Te acompañan en presencia del Altísimo

Y lo eterno de su luz.

 

 

 

RUBI ARANA


Nació en Masaya, Nicaragua (1941). Poeta y promotora cultural. Fue por varios años colaboradora del suplemento literario nicaragüense Novedades Culturales. Su obra poética ha sido publicada en revistas de los Estados Unidos, México y América Central. Ha publicado los libros de poesía: Emmanuel (1987),  In Nomine Filli (1991) y Príncipe Rosacruz (Antología Poética, 2007). Vivió por muchos años en México y reside en Miami, Florida, EE.UU. desde 1974, donde dirige la peña poética mensual Proyecto Dos en la librería Books & Books de Coral Gables y coordina el programa de autores nicaragüenses en el marco de la Feria Internacional del Libro de Miami desde el año 1992.


 

 

PUERTA

Lágrimas en madera manchas
sobre la puerta.
Cinco largas corridas de color
del ocre otoño.
Garras de un tigre que antaño pasó
y marcó
uñas soberbias, amortiguadas yemas.

Sin hablar del espacio
del rey de la madera.
El bellísimo entraba en mi sangre.

Otoño es también puerta.
Y dijo: “Abre, como las manchas
del tigre a la luz lunar,
el grito”.

Nido de la primera esperanza
de vuelo.
Trinos loando la mañana ámbar.
Carne en natura, cabellera esmeralda.
Seres sedientos de sombra
me dejaron sus huellas como ofrendas.

Estalactitas de una luz miserable.
Aquí estoy,
despojada de la última hoja,
árbol soy.

 

 

LA LLUVIA ES HIJA DE DIOS

COMO TODAS LAS COSAS

Himnos a la sagrada Naturaleza, al vientre
de la tierra y al germen que entre las rocas y entre
las carnes de los árboles, y dentro humana forma,
es un mismo secreto y una misma norma.
Rubén Darío


Oro. Silencio. Crepúsculo. Penumbra y energía
universal.
Semilla y muerte: hijas de la tierra,
hermanas de la tierra,
madres en la tierra del lirio y el silencio,
hijos de la blanca tumba
madre de las flores sencillas,
los árboles llenos de paz,
y la resignación del verbo-vello terrestre.

El tacto de la tierra funde y confunde
el germen de la vida, en la muerte:
desde el minúsculo átomo
hasta la solemne putrefacción:
allí renace la vida, como la primavera.
¡Loor a la embriagante primavera hija del sol
y llena de tumbas floridas!

Rosa y silencio.
Fiebre infinita para morir cantando
a la vera de girasoles inmóviles
e invadidos de lágrimas del rocío:
pobre dolor del cielo.

Ternura de las enredaderas:
amo la fuga de mariposas
en tu cuerpo de pulpo verde e inofensivo,
donde emigra el gusano a las tejas de barro,
y lava la lluvia la noche,
y tu verde infinito de hojas y dulzuras de nido;
amo tu telaraña verde y brisa;
vigilante,
estival amante infinita del sol,
hija de la tierra como la muerte.

Reminiscencias de ángeles vegetales,
vastedad del corazón de la tierra,
del útero de la tierra.
¡Ah, refulgencia nocturnal llena de astros puros!
(ángeles con cabelleras de medusa y hojas,
labios en pétalo
y corazón que ya no pertenece,
sexo de flor en fuga bajo los astros
que son incandescentes sexos del cielo).

Árboles, bellos ángeles pavorosos y milenarios,
hijos del tiempo, como todas las cosas,
insistente creación del tiempo hijo del hombre,
porque Dios no hizo el tiempo
sino el hombre relojes y calendarios
para celebrar las arrugas y prevenir el pavor
de la muerte.
Pero el tiempo es hijo del miedo y su inmensidad
no existe:
es relativa,
sucesiva locura amarilla como epidermis de girasoles,
espectáculo de Dios,
vacilación integral.

 

(Agua y ternura lleve)

Amo la lluvia y mojo mi cuerpo y mis manos
como ángeles hijos de Dios y la muerte.
La lluvia debe ser a los hombres lo que es a
los árboles:
yo grito en felicidad desnuda y llena de sombra,
insatisfecha, doliente como la noche.
Sed infinita estruja mi corazón y humedece de lluvia.
La lluvia es hija de Dios como todas las cosas.
 

 

ESPERANDO QUE SE VAYA LA LLUVIA

                                     A Lester

La pobreza es exactamente una mueca de dolor.
La riqueza es exactamente otra mueca
de dolor.
Dando el 20%.
Recibiendo el 20%.
Que tanto en una esquina dando
o rechazando más del veinte
por ciento en paz, sangre de vendedores.

Octubre es la muerte.
Octubre la resurrección.
Toma o dame: es lo mismo mientras
exista la mierda del veinte por ciento.
Diezmo para el Señor,
verdad es
palabra hecha en rosas, profundo incienso.

(No tengo para el incienso
del altar ni rosas
en medio del llanto
del cielo lluvia bendita.)
Pidiendo para el mundo,
para él,
para los míos,
un pedacito de día del Señor.

Idéntica a un bello gesto,
en exacta suma de restas y restos
pasa la vida sobre ruedas,
en carros, autobuses, patines, etcétera,
siempre al tanto
por
ciento
marcándome
el paso.
 


ORACIÓN TANTRICA

 

Tú, lento padre del girasol, gira

en mi cuerpo lento vuelo de alma

desciéndete y asciéndame la luna

que en su miel saborea el paraíso.

 

Te doy mi luna secreta de diosa

-la luna mágica secreta y sola-

desprendida de mí y encontrada

en el cielo más manso de tus cielos.

 

Te amo en el agua de una luz espesa

con sílabas de azul que se destilan

porque todos los nombres diluyeron

 

en el agua de luz cifra de gloria

en esta niebla inmóvil que se mueve:

aves del paraíso son tus manos.

 

 

CUATRO MINUTOS

Un cuarto para las cuatro
de la madrugada; un cuarto
para la traición, otro para
el amor: vacío; a esta
hora: cuatro menos once
minutos exactamente es posible
que no se han producido
ambas cosas.

 

 

EN UN BÚCARO DE BRONCE FLORES OBSCENAS  

 

En un búcaro de bronce flores obscenas

Algo tímido el búcaro las ofrece.

Algo orgulloso, sin embargo, al mostrar

la exótica tremulés de las bellas hijas del Sol.

-Nosotras, impenetrado jardín-, parecen

decir en inmóvil gesto insinuante.

 

En tanto el búcaro ingenuo

al anochecer se hace sombra.

Increpa la estética dureza fálica del ofrendante.

Y se hace añicos la negra luz. 

 

 

FLOR AMARILLA EN CEMENTERIO    

 

La estupenda flor amarilla

al viento de la tarde erguida

Condensada a la última luz del mundo.

 

La muerte en sus más altos oros.

La húmeda yerba brillando ante mí.

 

Loca flor, cual la vida del hombre

casi a reto, al desgaire, a la intemperie.

Incuba la nueva semilla

el negro vientre del Solsticio.

 

La tierra, madre de todos los metal