Miami
Estados Unidos
Año VIII

 Nº 45/46

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

 

 

LA PRESENCIA FEMENINA EN

DON QUIJOTE DE LA MANCHA:

Un tributo a la mujer barroca

 

 por

 

Martha García

 

 

 


     En el mundo cervantino la mujer ocupa un lugar notable, y el Quijote no es la excepción. En esta obra la mujer desempeña una posición primordial desde el punto de vista estético y artístico que contribuye al desarrollo de los diferentes niveles discursivos y retóricos. En Don Quijote de la Mancha, el autor le concede a la mujer barroca el lugar que amerita como pionera y como copartícipe de la historia y del concepto nacional, en un período socio-político en el cual se anulaba su presencia y se le encasillaba dentro del ámbito doméstico. Propongo un recorrido por las páginas del Quijote con la finalidad de reevaluar la presencia de una gran  diversidad de personajes femeninos y su participación directa en la trama de los episodios, otorgándoles el autor en algunos casos un papel protagónico, y quien sin saberlo, construía a su paso lo que sería la novela moderna.

 

1. Estudios previos sobre los personajes femeninos del Quijote

 

     Entre los estudios dedicados a los personajes femeninos en Don Quijote de la Mancha, contamos con el de Héctor Pedro Márquez quien ha abordado la caracterización de los personajes femeninos según el contexto social en el que se le ubica en su libro La Representación de los personajes femeninos en el Quijote:

 

Sin embargo, además del estudio de los personajes femeninos en sí, la manera en que Cervantes logra introducir a dichos individuos y caracterizarlos dentro del medio que les corresponde es una técnica novelística suya que no se ha estudiado a fondo. En virtud de lo antecedente, este estudio señala cómo Cervantes determina y subraya los atributos peculiares de cada persona de modo que claramente se distinga de las demás. (1)

 

     Lo importante aquí es ratificar el hecho de que Cervantes ha incluido un conjunto de personajes femeninos que abarcan distintas esferas sociales y culturales. Su conocimiento de la naturaleza humana lo dota con la capacidad de perfilar figuras femeninas verosímiles --dentro de la ficción-- que sobrepasan los ideales caballerescos, ejemplos poco fiables de la caracterización de la mujer, evitando con esto caer en la parcialidad, y brindándole al lector la facultad de formular sus propias conclusiones.

     Existe un gran número de trabajos críticos dedicados a personajes femeninos en el Quijote. Para empezar, Ramón Menéndez Pidal, en “Un aspecto en la elaboración del Quijote”, considera la relación existente entre Don Quijote y Dulcinea como la base en que se construye la locura de Don Quijote, la cual, a su vez, resulta necesaria para alcanzar la justicia. Robert Piluso, en Amor, matrimonio y honra en Cervantes, estudia muy de cerca las relaciones existentes entre los miembros de una misma familia en la sociedad barroca. Por su lado, Francisco Márquez Villanueva, en Personajes y temas del Quijote, enfatiza la situación de los moriscos como grupo social de margen. Se vale para ello del episodio de Ricote y su hija donde analiza y cuestiona el amor filial en la obra cervantina (229-35).  Melveena McKendrick, en Woman and Society in the Spanish drama of the Golden Age: A Study of the <<mujer varonil>>, explica el complejo sistema de valores que regía la condición de la mujer en la España del Siglo de Oro.

     Resulta imperativo mencionar los trabajos de Yvonne Jehenson, quien ha estudiado detenidamente el personaje de Marcela a través de la novela pastoril. Thomas Lathrop, por su parte, se ha dedicado a explicar la complejidad del episodio de Marcela y Grisóstomo analizando su función dentro del texto. Sobre las ausencias, Judith Whitenack comparte el punto de vista de Ruth El Saffar en cuanto al discurso femenino se refiere. Whitenack cuestiona la ausencia de la maga en Don Quijote, personaje presente en los libros de caballerías y a quien, en muchos casos, se le confiere una serie de atributos masculinos que la sitúan dentro de un discurso varonil, no femenino.[1]

     En cuanto a estudios lingüísticos contamos con las contribuciones de Carmen Bernis Madrazo quien escudriña el léxico y el uso de refranes populares en “El traje de la Duquesa cazadora tal como lo vio Don Quijote”. Aquí se explica claramente el importante papel que desempeña el autor al seleccionar expresiones populares y muy propias de la época y de la región en cuestión.

     Aunque podríamos citar otros estudios sobre los personajes femeninos del Quijote, estos resultan ser parte de una minoría si se toma en consideración que el texto contiene alrededor de doscientos personajes femeninos con voz y discurso vigente dentro de la narrativa. Pasemos entonces a examinar algunos de ellos, o debería decir, algunas de ellas.

 

2. Personajes femeninos protagónicos

 

     El episodio de Marcela y Grisóstomo en los capítulos XI al XIV de la primera parte de Don Quijote provee un buen terreno para el análisis del tema jurídico, el tribunal. Las múltiples voces que conforman este episodio funcionan como manifestantes de un sistema legal que--junto con el hecho de que los personajes pastoriles son en realidad personajes cultos, al estilo cortesano--nos conduce a presenciar un tribunal quijotesco regido por un discurso jurídico que antecede al código penal utilizado en la ley española.[2] Dentro de este tribunal cervantino, sobresale por su autonomía y fortaleza el personaje de Marcela quien brinda al final del episodio un discurso--o manifiesto--que la perfila con voz propia y en total control de su destino poético.

     Al pasar al personaje de Dorotea, quien protagoniza el episodio intercalado en la cuarta y última parte del Quijote de 1605,  observamos tres meta-personajes: Dorotea como personaje original, Dorotea vestida de hombre, es decir, la presencia del travestismo, el cual capta la atención del lector por caer en lo que se llamaría un tercer elemento, un espacio neutral, libre de un género; y finalmente, Dorotea como la princesa Micomicona. Tres Doroteas que en momentos específicos funcionan como una metáfora de la España del siglo XVII, obligada a disfrazarse de varios matices debido a las imposiciones de la censura, el acequio de la inquisición y el consecuente aislamiento de España del resto de Europa como producto de la contrarreforma.

     Con el personaje de Zoraida en el cuento del Cautivo,  novela interpolada en Don Quijote, se nos brinda una ilustración de lo que se considera el tema de la otredad. Zoraida no es “el otro” en el texto; al contrario, se le rescata de las posibles contrariedades de un discurso fraccionario para colocarla en un terreno común. Al hacerlo, ese otro se transforma en parte de lo que se considera un sujeto y se le salva de un valor nominal que pudiera someterla a la ínfima calidad de objeto.[3]

     Con el personaje de la duquesa se nos presenta a uno de los pocos personajes femeninos a quien el creador le otorga, a través de la teatralidad, la dirección de escena. Cervantes, como autor, le concede un terreno discursivo más amplio que a la mayoría de las voces femeninas del texto. Tanto la duquesa como Dorotea son fervientes lectoras de los libros de su época y están muy familiarizadas con las novelas de caballerías y el género pastoril. Incluso, a la duquesa se le otorga un papel escénico, esto es, el tema del metateatro. La mujer se convierte así en el eje del discurso que moldea la ficción con lo que, a su vez, contribuye a crear el cuerpo de la obra, la narrativa, la novela como género.

     En cuanto a heroínas se refiere, sobresale por su tenacidad y audacia Camila. En la historia interpolada de “El curioso impertinente” en la primera parte, aparece este personaje femenino quien poco a poco va adquiriendo mayor fuerza en la narrativa. Se le le hace objeto de una trama por parte de su esposo, Anselmo, y el amigo de éste Lotario. El supuesto amigo debe seducir a Camila para que de esta forma se compruebe su verdadero amor por su esposo. La inseguridad del marido coloca a la protagonista de este relato en una posición delicada. Sin embargo, Camila se convierte en el transcurso de la historia en el sujeto que dirige la acción. Su historia no tiene un final feliz: se recluye en el monasterio donde finalmente muere y se le tacha de culpable e incauta. De mujer pura, abnegada y honrada, se le transforma en adúltera y desalmada. Cervantes, como autor y creador, en esta historia en particular censura el adulterio al no otorgarles a los personajes involucrados un final feliz, tanto para el hombre como para la mujer, sin diferencia de género.

 

3. Aldonza Lorenzo y Dulcinea del Toboso

 

Resulta necesario mencionar a Dulcinea, pero es imperativo diferenciar entre Aldonza Lorenzo y Dulcinea del Toboso. Ésta última no existe; por lo tanto su ausencia se presta para multitud de interpretaciones. Don Quijote la fabrica, Sancho la pule, el cura y el barbero la usan para justificar sus acciones, constituye la ficción dentro de la ficción, no así Aldonza quien existe en el texto y a quien se le rechaza. El lector tiene entonces que enfrentarse a la disyuntiva: Dulcinea, la ficción dentro de la ficción, o la realidad que representa Aldonza, una realidad campestre, sórdida y hasta grotesca. Se presenta a Aldonza en el primer capítulo y desde ahí se le acredita un carisma señorial que la irá perfilando desde lo rupestre hasta lo sublime, convirtiéndola en la Dulcinea encantada:

 

[…] en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni se dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos […]. (27)

 

     Notemos aquí que existe una conciencia por parte de los personajes de quién es Aldonza. Son mayormente los personajes masculinos quienes retratan a Dulcinea, la mencionan, la construyen.  El discurso masculino llena ese vacío a través de una idealización fortuita que le permite a los personajes, y por extensión al lector, a contribuir en la caracterización de esa mujer ideal, de esa dama inalcanzable que constituye la meta, el objetivo, el objeto del deseo. La presencia de Dulcinea es tan necesaria como la ausencia de ésta. Sin ella no habría encantamiento, no habría un propósito, un motivo sublime, un sueño por el que luchar. Se correría el peligro de caer en el nihilismo. De igual forma, su ausencia es vital puesto que con esto se da lugar al discurso oral y escrito, se llena el vacío existente con la creación de algo novedoso, la novela.

 

4. Los personajes femeninos no protagónicos

 

     En el capítulo VI aparecen otras dos mujeres, el ama y la sobrina (38), y son las encargadas de cuidar a Alfonso Quijano, a su Don Quijote. Están dispuestas a seguirle la corriente a su amo y tío, respectivamente, como a atenderlo, alimentarlo y protegerlo de su propia demencia. Concha Espina en su libro Mujeres del Quijote se refiere a ellas con estas palabras “Han pasado por él sin agitarle, mansas lo mismo que palomas, imprimiéndole una cándida huella de dulzura y bondad” (37). Por supuesto, ésta es la visión abnegada que se les proporciona en esta obra de Espina a principios del siglo XX. Eso no quiere decir que no fueran mujeres de carácter o que carecieran de fortaleza. Al contrario. Como sabemos, más de una vez les tocó la difícil tarea de cuidar de Alonso Quijano quien se encontraba en condiciones bastante degradantes debido a sus aventuras como Don Quijote.

     Otra representante de la realidad cotidiana la encontramos en Sanchica. Se la describe dentro del ámbito doméstico, en los quehaceres de su casa, en la vida rural, en las relaciones familiares. Su padre, Sancho desea casarla con un hidalgo. Su madre, Teresa, lo reprende por esta idea. Ambas mujeres conocen su posición en un contexto donde la movilidad social era casi nula. Tanto Sanchica como Teresa pertenecen a un grupo de mujeres cotizadas exclusivamente por sus méritos domésticos. Se les exalta por madres, hijas y esposas. Se miden sus méritos en el ámbito casero y cualquier intento de abandonar ese parámetro, les resulta incomprensible.

     Maritornes, como otro de los personajes femeninos, ayuda al lector a contrarrestar la idealización de la mujer. Aparece en el capítulo XV, desaparece en el capítulo XVII y reaparece en el XXVII. Se le caracteriza como poco cuidadosa de su apariencia e higiene. Cervantes se cerciora de que el lector sepa que es oriunda de Asturias y de que su apariencia física no es precisamente muy llamativa:

 

Servía en la venta asimesmo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, de un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las demás faltas: no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera. (115)

 

     A pesar de esta descripción poco ventajosa de la caracterización femenina, Cervantes compensa estas carencias físicas con atributos morales: bondadosa y compasiva. En ciertas ocasiones se le presenta incluso como torpe: Maritornes entra al aposento de Don Quijote cuando éste no podía dormir y la situación desemboca en un verdadero caos. Aunque Maritornes resulta ser un personaje femenino poco atractivo en cuanto a la apariencia física se refiere, en el sentido retórico ofrece muchas posibilidades. Es un personaje que perdura en la mente del lector por su carácter jovial y lúdico. Funciona como una desmitificación del ideal caballeresco. Constituye una antítesis de Dulcinea, pero no de Aldonza. Representa la realidad pueblerina, simple e ingenua, en contraste con la ficción esbozada a través de una figura invisible, Dulcinea.

     En cuanto a doña Rodríguez y sus dueñas en el palacio de los duques en el capítulo XXXI, debemos resaltar las siguientes características. Se dibuja a Doña Rodríguez como una mujer que confunde a los demás con su discurso, saturado en varias ocasiones de humor. Por un lado pareciera ser una dama muy asentada, y por el otro, se presta para chismes y murmuraciones como cuando se refiere a su hija con las siguientes palabras “Quiero que sepa vuesa merced, señor mío, que no es todo oro lo que reluce, porque esta Altisidorilla tiene más de presunción que de hermosura” (737). Su hija ha perdido la honra y busca a don Quijote para vengarse del agravio. Más adelante en el aposento de don Quijote, doña Rodríguez le contará su vida al caballero andante con todos los detalles del caso cayendo en la murmuración, no sólo revelando detalles íntimos de la vida de Altisidora, sino que también de la misma duquesa. Esta falta de discreción[4] no queda impune. Tanto la duquesa como varias mujeres del palacio han escuchado el discurso de doña Rodríguez y deciden vengarse: en la oscuridad se castiga a la dueña con golpes y pellizcos por su falta de juicio y a don Quijote por prestar atención a dicho discurso. Es la mujer la que al final imparte y administra la justicia, tanto a Doña Rodríguez como a Don Quijote.

 

5. Consideraciones finales

 

     Al reevaluar cada uno de estos personajes femeninos que hemos mencionado, se pone de manifiesto su función dentro de la narrativa como piezas imprescindibles en el engranaje retórico que el autor plasma a través de los distintos discursos, sean estos femeninos, masculinos o libres de género como es el caso de Dorotea con el uso del travestismo. La caracterización de los personajes femeninos por parte del autor y sus distintos niveles de ficción dentro del texto influyen de gran manera en la creación de la narrativa, y por ende, en el surgimiento de la novela moderna.

     De acuerdo a esta relectura del Quijote, el conjunto de mujeres en el texto nos brinda un ámbito de selección amplio: la sobrina, el ama, Aldonza Lorenzo, Maritornes, la princesa Micomicona, Camila en El curioso impertinente, Teresa Panza, Altisidora, doña Rodríguez y sus dueñas, Sanchica, y tantas otras que funcionan como un tributo a la mujer barroca. Sin proponérselo, Cervantes ha erigido un baluarte--a través de esta novela--a la mujer de todos los tiempos.

 

 

 

 

Obras citadas y consultadas

 

 

Bernis Madrazo, Carmen. “El traje de la Duquesa cazadora tal como lo vio Don Quijote.”

Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 43 (1988): 59-66.

Cervantes, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ed. Luis Andrés Murillo. 2 vols. Madrid: Clásicos Castalia, 1978.

El Saffar, Ruth. Beyond Fiction, The Recovery of the Feminine in the Novels of Cervantes. Berkeley: U of California P, 1984.

---. “In Praise of What Is Left Unsaid: Thoughts on Women and Lack in Don Quijote”. MLN 103.2 (1988): 205-22.

Espina, Concha. Mujeres del Quijote. Madrid: 1944.

Jehenson, Yvonne. “The Marcela and Dorotea Episodes in Don Quijote: A Rereading”. Romance Languages Annual 2 (1990): 462-64.

Lathrop, Thomas A. “La función del episodio de Marcela y Grisóstomo.” Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, II. Madrid: Istmo, (1986): 22-27.

Márquez, Héctor Pedro. La Representación de los Personajes Femeninos en el Quijote. Madrid: Porrúa Turanzas, 1990.

Márquez Villanueva, Francisco. Personajes y temas del Quijote. Madrid: Taurus, 1975.

McKendrick, Melveena. Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the mujer varonil. London: Cambridge UP, 1974.

Menénedez Pidal, Ramón. De Cervantes y Lope de Vega. Madrid: Espasa-Calpe, 1964.

Piluso, Robert V. Amor, matrimonio y honra en Cervantes. New York: Las Américas, 1967.

Whitenack, Judith A. “Don Quijote y la maga: Otra mujer que ‘no parece’.” Actas Irvine 92, Asociación Internacional de Hispanistas 2 (1994): 82-96.

 

 

Notas

 

 

[1] Ya Melveena McKendrick había estudiado este punto en el drama del Siglo de Oro español en su artículo Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the <<mujer varonil>>.

 

[2] He investigado y estudiado este tema en detalle en mi artículo   “El caso de Marcela: Un tribunal cervantino”. Anuario de Estudios Cervantinos: Cervantes y el IV Centenario del Quijote. Publicaciones Académicas en colaboración con Cátedra Cervantes de la Universidad de Castilla-La Mancha, vol., 1 (fall 2004): 165-74.

 

[3] Al respecto he hecho también un trabajo previo publicado recientemente  “Zoraida en el Cuento del Cautivo: Un caso de otredad”. Anuario de Estudios Cervantinos. Publicaciones Académicas en colaboración con Cátedra Cervantes de la Universidad de Castilla-La Mancha, vol., 2 (fall 2005): 77-87.

 

[4] Era propio de esa época definir la discreción en la mujer como un sinónimo de inteligencia y prudencia y la falta de discreción implicaba la carencia de estas dos últimas.

 


Martha García nació en La Habana, Cuba (1965). Ha residido desde temprana edad en España, Honduras y en los Estados Unidos desde 1989. Realizó estudios superiores en Ciencias y Letras.  Se graduó con una Licenciatura en Español en 1997 y obtuvo su Maestría en Literatura Española con especialidad en Literatura Medieval en la Universidad Central de la Florida en Orlando, EE.UU., donde además impartía cursos de español y fue Asistente de la Coordinadora del Programa de Graduados de dicha institución. Posteriormente, se doctoró en Literatura Hispánica Siglo de Oro en la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee, EE.UU. (2005). En la actualidad es profesora de la Universidad Central de la Florida en Orlando, Florida, EE.UU. Ha publicado reseñas y artículos en diferentes revistas  académicas, tales como: Círculo  de  Cultura Panamericano, Verona, New Jersey, South East Latin Americanist (SELA), Orlando, Florida, and Hispanic Outlook in Higher Education, Paramus, New Jersey. De igual forma, participa anualmente en una gran variedad de congresos en Estados Unidos y Centro América presentando sus ponencias y trabajos sobre Literatura Española, Latinoamericana y del Caribe. Su primer libro está basado en su tesis de Doctorado, el cual se publicará en España en el 2008.