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En el mundo cervantino la mujer ocupa un lugar notable, y el
Quijote no es la excepción. En esta obra la mujer desempeña una
posición primordial
−desde el punto de vista estético y artístico−
que
contribuye al desarrollo de los diferentes niveles discursivos y
retóricos. En Don Quijote de la Mancha, el autor le concede a la
mujer barroca el lugar que amerita como pionera y como copartícipe de
la historia y del concepto nacional, en un período socio-político en
el cual se anulaba su presencia y se le encasillaba dentro del ámbito
doméstico. Propongo un recorrido por las páginas del Quijote con la
finalidad de reevaluar la presencia de una gran diversidad de
personajes femeninos y su participación directa en la trama de los
episodios, otorgándoles el autor en algunos casos un papel protagónico,
y quien sin saberlo, construía a su paso lo que sería la novela moderna.
1. Estudios
previos sobre los personajes femeninos del Quijote
Entre los
estudios dedicados a los personajes femeninos en Don Quijote de la
Mancha, contamos con el de Héctor Pedro Márquez quien ha abordado
la caracterización de los personajes femeninos según el contexto
social en el que se le ubica en su libro La Representación de los
personajes femeninos en el Quijote:
Sin embargo, además del estudio de los
personajes femeninos en sí, la manera en que Cervantes logra
introducir a dichos individuos y caracterizarlos dentro del medio que
les corresponde es una técnica novelística suya que no se ha estudiado
a fondo. En virtud de lo antecedente, este estudio señala cómo
Cervantes determina y subraya los atributos peculiares de cada persona
de modo que claramente se distinga de las demás. (1)
Lo importante aquí es ratificar el hecho de que Cervantes ha incluido
un conjunto de personajes femeninos que abarcan distintas esferas
sociales y culturales. Su conocimiento de la naturaleza humana lo dota
con la capacidad de perfilar figuras femeninas verosímiles --dentro de
la ficción-- que sobrepasan los ideales caballerescos, ejemplos poco
fiables de la caracterización de la mujer, evitando con esto caer en
la parcialidad, y brindándole al lector la facultad de formular sus
propias conclusiones.
Existe un gran número de trabajos críticos dedicados a personajes
femeninos en el Quijote. Para empezar, Ramón Menéndez Pidal, en
“Un aspecto en la elaboración del Quijote”, considera la
relación existente entre Don Quijote y Dulcinea como la base en que se
construye la locura de Don Quijote, la cual, a su vez, resulta
necesaria para alcanzar la justicia. Robert Piluso, en Amor,
matrimonio y honra en Cervantes, estudia muy de cerca las
relaciones existentes entre los miembros de una misma familia en la
sociedad barroca. Por su lado, Francisco Márquez Villanueva, en
Personajes y temas del Quijote, enfatiza la situación de los
moriscos como grupo social de margen. Se vale para ello del episodio
de Ricote y su hija donde analiza y cuestiona el amor filial en la
obra cervantina (229-35). Melveena McKendrick, en Woman and
Society in the Spanish drama of the Golden Age: A Study of the <<mujer
varonil>>, explica el complejo sistema de valores que regía la
condición de la mujer en la España del Siglo de Oro.
Resulta
imperativo mencionar los trabajos de Yvonne Jehenson, quien ha
estudiado detenidamente el personaje de Marcela a través de la novela
pastoril. Thomas Lathrop, por su parte, se ha dedicado a explicar la
complejidad del episodio de Marcela y Grisóstomo analizando su función
dentro del texto. Sobre las ausencias, Judith Whitenack comparte el
punto de vista de Ruth El Saffar en cuanto al discurso femenino se
refiere. Whitenack cuestiona la ausencia de la maga en Don
Quijote, personaje presente en los libros de caballerías y a
quien, en muchos casos, se le confiere una serie de atributos
masculinos que la sitúan dentro de un discurso varonil, no femenino.[1]
En
cuanto a estudios lingüísticos contamos con las contribuciones de
Carmen Bernis Madrazo quien escudriña el léxico y el uso de refranes
populares en “El traje de la Duquesa cazadora tal como lo vio Don
Quijote”. Aquí se explica claramente el
importante
papel que desempeña el autor al seleccionar expresiones populares y
muy propias de la época y de la región en cuestión.
Aunque podríamos citar otros estudios sobre los personajes femeninos
del Quijote, estos resultan ser parte de una minoría si se toma
en consideración que el texto contiene alrededor de doscientos
personajes femeninos con voz y discurso vigente dentro de la
narrativa. Pasemos entonces a examinar algunos de ellos, o debería
decir, algunas de ellas.
2.
Personajes femeninos protagónicos
El episodio de Marcela y Grisóstomo en los capítulos XI al XIV
de la primera parte de Don Quijote provee un buen terreno para
el análisis del tema jurídico, el tribunal. Las múltiples voces que
conforman este episodio funcionan como manifestantes de un sistema
legal que--junto con el hecho de que los personajes pastoriles son en
realidad personajes cultos, al estilo cortesano--nos conduce a
presenciar un tribunal quijotesco regido por un discurso jurídico que
antecede al código penal utilizado en la ley española.[2]
Dentro de este tribunal cervantino, sobresale por su autonomía y
fortaleza el personaje de Marcela quien brinda al final del episodio
un discurso--o manifiesto--que la perfila con voz propia y en total
control de su destino poético.
Al pasar al
personaje de Dorotea, quien protagoniza el episodio intercalado en la
cuarta y última parte del Quijote de 1605, observamos tres
meta-personajes: Dorotea como personaje original, Dorotea vestida de
hombre, es decir, la presencia del travestismo, el cual capta
la atención del lector por caer en lo que se llamaría un tercer
elemento, un espacio neutral, libre de un género; y finalmente,
Dorotea como la princesa Micomicona. Tres Doroteas que en momentos
específicos funcionan como una metáfora de la España del siglo XVII,
obligada a disfrazarse de varios matices debido a las imposiciones de
la censura, el acequio de la inquisición y el consecuente aislamiento
de España del resto de Europa como producto de la contrarreforma.
Con el personaje de
Zoraida en el cuento del Cautivo, novela interpolada en Don
Quijote, se nos brinda una ilustración de lo que se considera el
tema de la otredad. Zoraida no es “el otro” en el texto;
al contrario, se le rescata de las posibles
contrariedades de un discurso
fraccionario para colocarla en un terreno común. Al hacerlo, ese
otro se transforma en parte de lo que se considera un sujeto
y se le salva de un valor nominal que pudiera someterla a la ínfima
calidad de objeto.[3]
Con el personaje de la duquesa se nos presenta a uno de los
pocos personajes femeninos a quien el creador le otorga, a
través de la teatralidad, la dirección de escena. Cervantes, como
autor, le concede un terreno discursivo más amplio que a la mayoría de
las voces femeninas del texto. Tanto la duquesa como Dorotea son
fervientes lectoras de los libros de su época y están muy
familiarizadas con las novelas de caballerías y el género pastoril.
Incluso, a la duquesa se le otorga un papel escénico, esto es, el tema
del metateatro. La mujer se convierte así en el eje del
discurso que moldea la ficción con lo que, a su vez, contribuye a
crear el cuerpo de la obra, la narrativa, la novela como género.
En
cuanto a heroínas se refiere, sobresale por su tenacidad y audacia
Camila. En la historia interpolada de “El curioso impertinente” en la
primera parte, aparece este personaje femenino quien poco a poco va
adquiriendo mayor fuerza en la narrativa. Se le le hace objeto
de una trama por parte de su esposo, Anselmo, y el amigo de éste
Lotario. El supuesto amigo debe seducir a Camila para que de esta
forma se compruebe su verdadero amor por su esposo. La inseguridad del
marido coloca a la protagonista de este relato en una posición
delicada. Sin embargo, Camila se convierte en el transcurso de la
historia en el sujeto que dirige la acción. Su historia no
tiene un final feliz: se recluye en el monasterio donde finalmente
muere y se le tacha de culpable e incauta. De mujer pura, abnegada y
honrada, se le transforma en adúltera y desalmada.
Cervantes, como
autor y creador, en esta historia en particular censura el adulterio
al no otorgarles a los personajes involucrados un final feliz, tanto
para el hombre como para la mujer, sin diferencia de género.
3. Aldonza Lorenzo y Dulcinea del
Toboso
Resulta necesario mencionar a Dulcinea, pero es imperativo diferenciar
entre Aldonza Lorenzo y Dulcinea del Toboso. Ésta última no existe;
por lo tanto su ausencia se presta para multitud de interpretaciones.
Don Quijote la fabrica, Sancho la pule, el cura y el barbero la usan
para justificar sus acciones, constituye la ficción dentro de la
ficción, no
así Aldonza quien existe en el texto
y a quien se le rechaza. El lector tiene entonces que enfrentarse a la
disyuntiva: Dulcinea, la ficción dentro de la ficción, o la realidad
que representa Aldonza, una realidad campestre, sórdida y hasta
grotesca. Se presenta a Aldonza en el primer capítulo y desde ahí se
le acredita un carisma señorial que la irá perfilando desde lo
rupestre hasta lo sublime, convirtiéndola en la Dulcinea encantada:
[…] en un
lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de
quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella
jamás lo supo ni se dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a
ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos
[…]. (27)
Notemos aquí que existe una conciencia por parte de los personajes de
quién es Aldonza. Son mayormente los personajes masculinos quienes
retratan a Dulcinea, la mencionan, la construyen. El discurso
masculino llena ese vacío a través de una idealización fortuita que le
permite a los personajes, y por extensión al lector, a contribuir en
la caracterización de esa mujer ideal, de esa dama inalcanzable
que constituye la meta, el objetivo, el objeto del deseo. La
presencia de Dulcinea es tan necesaria como la ausencia de ésta.
Sin ella no habría encantamiento, no habría un propósito, un motivo
sublime, un sueño por el que luchar. Se correría el peligro de caer en
el nihilismo. De igual forma, su ausencia es vital puesto que con esto
se da lugar al discurso oral y escrito, se llena el vacío existente
con la creación de algo novedoso, la novela.
4. Los
personajes femeninos no protagónicos
En el capítulo VI aparecen otras dos mujeres, el ama y la sobrina
(38), y son las encargadas de cuidar a Alfonso Quijano, a su Don
Quijote. Están dispuestas a seguirle la corriente a su amo y tío,
respectivamente, como a atenderlo, alimentarlo y protegerlo de su
propia demencia. Concha Espina en su libro Mujeres del Quijote
se refiere a ellas con estas palabras “Han pasado por él sin agitarle,
mansas lo mismo que palomas, imprimiéndole una cándida huella de
dulzura y bondad” (37). Por supuesto, ésta es la visión abnegada que
se les proporciona en esta obra de Espina a principios del siglo XX.
Eso no quiere decir que no fueran mujeres de carácter o que carecieran
de fortaleza. Al contrario. Como sabemos, más de una vez les tocó la
difícil tarea de cuidar de Alonso
Quijano quien
se encontraba en condiciones bastante degradantes debido a sus
aventuras como Don Quijote.
Otra
representante de la realidad cotidiana la encontramos en Sanchica. Se
la describe dentro del ámbito doméstico, en los quehaceres de su casa,
en la vida rural, en las relaciones familiares. Su padre, Sancho desea
casarla con un hidalgo. Su madre, Teresa, lo reprende por esta idea.
Ambas mujeres conocen su posición en un contexto donde la movilidad
social era casi nula. Tanto Sanchica como Teresa pertenecen a un grupo
de mujeres cotizadas exclusivamente por sus méritos domésticos. Se les
exalta por madres, hijas y esposas. Se miden sus méritos en el ámbito
casero y cualquier intento de abandonar ese parámetro, les resulta
incomprensible.
Maritornes,
como otro de los personajes femeninos, ayuda al lector a contrarrestar
la idealización de la mujer. Aparece en el capítulo XV, desaparece en
el capítulo XVII y reaparece en el XXVII. Se le caracteriza como poco
cuidadosa de su apariencia e higiene. Cervantes se cerciora de que el
lector sepa que es oriunda de Asturias y de que su apariencia física
no es precisamente muy llamativa:
Servía en la
venta asimesmo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de
nariz roma, de un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la
gallardía del cuerpo suplía las demás faltas: no tenía siete palmos de
los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la
hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera. (115)
A pesar de esta descripción poco ventajosa de la caracterización
femenina, Cervantes compensa estas carencias físicas con atributos
morales: bondadosa y compasiva. En ciertas ocasiones se le presenta
incluso como torpe: Maritornes entra al aposento de Don Quijote cuando
éste no podía dormir y la situación desemboca en un verdadero caos.
Aunque Maritornes resulta ser un personaje femenino poco atractivo en
cuanto a la apariencia física se refiere, en el sentido retórico
ofrece muchas posibilidades. Es un personaje que perdura en la mente
del lector por su carácter jovial y lúdico. Funciona como una
desmitificación del ideal caballeresco. Constituye una antítesis de
Dulcinea, pero no de Aldonza. Representa la realidad pueblerina,
simple e ingenua, en contraste con la ficción esbozada a través de una
figura invisible, Dulcinea.
En cuanto a doña Rodríguez y sus dueñas en el palacio de los duques en
el capítulo XXXI, debemos resaltar las siguientes características. Se
dibuja a Doña Rodríguez como una mujer que confunde a los demás con su
discurso, saturado en varias ocasiones de humor. Por un lado pareciera
ser una dama muy asentada, y por el otro, se presta para chismes y
murmuraciones como cuando se refiere a su hija con las siguientes
palabras “Quiero que sepa vuesa merced, señor mío, que no es todo oro
lo que reluce, porque esta Altisidorilla tiene más de presunción que
de hermosura” (737). Su hija ha perdido la honra y busca a don Quijote
para vengarse del agravio. Más adelante en el aposento de don Quijote,
doña Rodríguez le contará su vida al caballero andante con
todos los detalles del caso cayendo en la murmuración, no sólo
revelando detalles íntimos de la vida de Altisidora, sino que también
de la misma duquesa. Esta falta de discreción[4]
no queda impune. Tanto la duquesa como varias mujeres del palacio han
escuchado el discurso de doña Rodríguez y deciden vengarse: en la
oscuridad se castiga a la dueña con golpes y pellizcos por su falta de
juicio y a don Quijote por prestar atención a dicho discurso. Es la
mujer la que al final imparte y administra la justicia, tanto a
Doña Rodríguez como a Don Quijote.
5. Consideraciones finales
Al reevaluar
cada uno de estos personajes femeninos que hemos mencionado, se pone
de manifiesto su función dentro de la narrativa como piezas
imprescindibles en el engranaje retórico que el autor plasma a través
de los distintos discursos, sean estos femeninos, masculinos o libres
de género como es el caso de Dorotea con el uso del travestismo. La
caracterización de los personajes femeninos por parte del autor y sus
distintos niveles de ficción dentro del texto influyen de gran manera
en la creación de la narrativa, y por ende, en el surgimiento de la
novela moderna.
De acuerdo a esta
relectura del Quijote, el conjunto de mujeres en el texto nos
brinda un ámbito de selección amplio: la sobrina, el ama, Aldonza
Lorenzo, Maritornes, la princesa Micomicona, Camila en El curioso
impertinente, Teresa Panza, Altisidora, doña Rodríguez y sus
dueñas, Sanchica, y tantas otras que funcionan como un tributo a la
mujer barroca. Sin
proponérselo, Cervantes ha erigido un baluarte--a través de esta
novela--a la mujer de todos los tiempos.
Obras citadas y consultadas
Bernis Madrazo, Carmen. “El traje de la
Duquesa cazadora tal como lo vio Don Quijote.”
Revista de Dialectología y
Tradiciones Populares 43 (1988): 59-66.
Cervantes, Miguel de. El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha. Ed. Luis Andrés Murillo. 2 vols.
Madrid: Clásicos Castalia, 1978.
El Saffar, Ruth.
Beyond Fiction, The Recovery of the Feminine in the Novels of
Cervantes. Berkeley: U of California P, 1984.
---. “In Praise of
What Is Left Unsaid: Thoughts on Women and Lack in Don Quijote”.
MLN 103.2 (1988): 205-22.
Espina, Concha. Mujeres del Quijote.
Madrid: 1944.
Jehenson, Yvonne. “The Marcela and
Dorotea Episodes in Don Quijote: A Rereading”. Romance
Languages Annual 2 (1990): 462-64.
Lathrop, Thomas A. “La función del
episodio de Marcela y Grisóstomo.” Actas del VIII Congreso de la
Asociación Internacional de Hispanistas, II. Madrid: Istmo,
(1986): 22-27.
Márquez, Héctor Pedro. La
Representación de los Personajes Femeninos en el Quijote. Madrid:
Porrúa Turanzas, 1990.
Márquez Villanueva, Francisco.
Personajes y temas del Quijote. Madrid: Taurus,
1975.
McKendrick, Melveena.
Woman and Society in the Spanish Drama of the Golden Age: A Study
of the mujer varonil. London: Cambridge UP, 1974.
Menénedez Pidal, Ramón. De Cervantes
y Lope de Vega. Madrid: Espasa-Calpe, 1964.
Piluso, Robert V. Amor, matrimonio y
honra en Cervantes. New York: Las Américas, 1967.
Whitenack, Judith A.
“Don Quijote y la maga: Otra mujer que ‘no parece’.” Actas Irvine
92, Asociación Internacional de Hispanistas 2 (1994): 82-96.
Notas
[1]
Ya Melveena McKendrick había estudiado este punto en el drama del
Siglo de Oro español en su artículo Woman and Society in the
Spanish Drama of the Golden Age: A Study of the <<mujer varonil>>.
[2] He
investigado y estudiado este tema en detalle en mi artículo “El caso
de Marcela: Un tribunal cervantino”. Anuario de Estudios Cervantinos:
Cervantes y el IV Centenario del Quijote. Publicaciones Académicas en
colaboración con Cátedra Cervantes de la Universidad de Castilla-La
Mancha, vol., 1 (fall 2004): 165-74.
[3]
Al respecto he hecho también un trabajo previo publicado
recientemente “Zoraida en el Cuento del Cautivo: Un caso de otredad”.
Anuario de Estudios Cervantinos. Publicaciones Académicas en
colaboración con Cátedra Cervantes de la Universidad de Castilla-La
Mancha, vol., 2 (fall 2005): 77-87.
[4]
Era propio de esa época definir la discreción en la mujer como
un sinónimo de inteligencia y prudencia y la falta de discreción
implicaba la carencia de estas dos últimas.
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