Miami
Estados Unidos
Año VIII

 Nº 45/46

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

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PEQUEÑO Y NO MUY EXHAUSTIVO ESBOZO

DE LA RECIENTE POESÍA VENEZOLANA

 

 por

 

Jorge Gustavo Portella

 

 

 


     Desde la poesía con aspiraciones universales, sus experimentos lingüísticos, hasta la voz crítica y auto crítica, hasta la plural esencialidad de lo cotidiano con definido perfil heterogéneo, la poesía venezolana de los últimos treinta años viene definida por la indefinición.

     Para la década en la cual yo nazco los grupos literarios –como Sardio o Tabla Redonda– se enfrentaban a una nación bajo el espejismo de las utopías, las crisis sociales y una incipiente guerrilla, y desplegaban su proyecto cultural universalista en diversas publicaciones culturales. Una visión que viene signada por la intromisión de una nueva temática, un nuevo espacio o tan siquiera un nuevo escenario: la ciudad. Y donde la naturaleza, parece ser únicamente aquella que es posible en los parques o plazas. Pero con el sentido de lenta observación de épocas anteriores:

 

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo

que creí que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido

que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más
burlado en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo
("Ud. es muy quedado, avíspese, despierte")

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada a cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras
cuya enumeración sería interminable;

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy

que a pesar de todo tengo un orgullo satánico

aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer
todo y crear de mi indolencia, mi flotación, mi extravío una frescura nueva,
y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
y de mí hasta el día del juicio final.

(Derrota, Rafael Cadenas)

      

     Y es que la ciudad es desde hace más de tres décadas el eje central de toda revolución o tradición venezolana. Lo que comenzó la década anterior como un proceso migratorio del campo a las ciudades, se vió reflejado en la creación literaria de la nación.

 

Padres o dinosaurios

 

     Alfredo Silva Estrada, Rafael Cadenas, Ramón Palomares, Francisco Pérez Perdomo, Juan Calzadilla, Guillermo Sucre, Ludovico Silva o Gustavo Pereira, y más adelante Eugenio Montejo, Luis Alberto Crespo, José Berroeta, William Osuna, entre otros, son las grandes voces que tendrán como destino erigirse como emblemas de lo mejor, lo poéticamente correcto y lo más substancial de nuestra lírica. 

 

Hablan poco los árboles, se sabe.
Pasan la vida entera meditando
y moviendo sus ramas.
Basta mirarlos en otoño
cuando se juntan en los parques:
sólo conversan los más viejos,
los que reparten las nubes y los pájaros,
pero su voz se pierde entre las hojas
y muy poco nos llega, casi nada.
Es difícil llenar un breve libro
con pensamientos de árboles.
Todo en ellos es vago, fragmentario.
Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito
de un tordo negro, ya en camino a casa,
grito final de quien no aguarda otro verano,
comprendí que en un su voz hablaba un árbol,
uno de tantos,
pero no sé qué hacer con ese grito,
no sé cómo anotarlo.

(Los árboles, Eugenio Montejo)

 

      El ritmo y el mundo particular, el tema político y social, la irreverencia y la polémica, el tono conversacional y cierto coloquialismo en el lenguaje, son las características esenciales de esta primera poesía “moderna”, con esto intento diferenciar “moderno” de “vanguardista”, poesía que había tenido sus mejores exponentes en la década del cuarenta.

     Este grupo de poetas que han sido llamados por la historia para erigirse como “Padres”, o inevitables referentes de los grupos posteriores, bajo el signo de la democracia alcanzada, donde becas, bolsas de trabajo y grandes editoriales –como es el caso de las todavía existentes MonteAvila y Fundarte– vienen a reforzar el empuje que publicaciones periódicas, premios y talleres literarios ofrecen.

     Padres de la brevedad, estos poetas revindican o casi vindican el valor comunicativo de la poesía –comunicativo que no expresivo– para afectar el trabajo de los grupos posteriores como Tráfico y Guaire, donde la presencia de la ciudad será aún mayor.

 

Los talleres literarios

 

     A finales de los setenta y a lo largo de los años ochenta el poeta buscará más en su interior, lo cual impulsará una posterior heterogeneidad, algo que las experiencias en los talleres literarios como Calicanto o el de instituciones como el Celarg o la Ucab, entre otras universidades, impulsó, reflejándose en el surgimiento de grupos como Tráfico, Guaire y con posterioridad Eclepsidra.

 

Como en el foro romano en estas reuniones

hay bostezos y diálogos con el vecino,

largas intervenciones sobre nudos domésticos.

 

Como en cualquier ejercicio de la democracia

en estas reuniones se requiere de paciencia:

pormenorizadas historias

sobre la conducta impropia del conserje,

alegatos a favor de un techo para los automóviles,

imposición de horarios al pianista del 4-A,

urgencias de rejas y alarmas en la planta baja,

indicaciones sobre la colocación de la basura

y otras razones de estado que llevan

varias horas de voces y votos para sancionarse.

 

Como en cualquier congreso, en estas reuniones

las señoras cuidan de sus uñas y buscan

junto a sus maridos al culpable:

es sabido que las comunidades

viven de sus víctimas.

(Junta de Condominio, Rafael Árraiz Lucca)

 

      Como ya dijimos, y como parte de la herencia de los grupos anteriores, estos años serán los de la conversacionalidad, la economía del lenguaje y cierta “claridad” expresiva. Bajo la guía de los talleres, donde la voz y la estética particular se vería impulsada con la seguridad que da la distancia de las peñas y la vida bohemía, que pueden desequilibrar el necesario contrapeso entre conceptos y emociones, y donde la necesaria indagación interior obliga a la necesaria auto-revisión.

     Pero a lo largo de su desarrollo y del justo proceso de independencia de la limitaciones de la creación en grupo, veremos la dilatada transición entre el verso corto y el largo, entre el poema breve casi aforístico y el poema de mayor extensión. Intertextualidad, interculturalidad, precisión, equilibrio, cotidianidad y emoción, son parte de una visión del mundo actual, fragmentario y acelerado.

 


Jorge Gustavo Portella nació en Lima, Perú (1973). Poeta y novelista. Licenciado en Ciencias Sociales, Especialidad en Relaciones Industriales, Mención Recursos Humanos por la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas (Venezuela), donde actualmente labora en el área de Diseño Institucional. Ha participado en los talleres: Voces de Fin de Siglo (2002) Fundarte; Taller de Poesía del Celarg Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (2001 - 2002); Talleres de Literatura (Poesía y Narrativa) de la Universidad Católica Andrés Bello (1997-1999 y 2001-2002). También participó en la décima y oncena edición del Festival Internacional de Poesía Ardentísima que se realiza en Murcia, España (2003,2004) y en el Primer Festival de Poesía Cosmopoética (Córdoba, 2004). Ha sido finalista en el Concurso de Novela Teresa de la Parra”, Alcaldía Mayor (2002), con la novela No repitas mi nombre; fue ganador en el Premio Nacional de Poesía “Centenario del Maestro Prieto” (2002) con el poemario Ciudad sur; fue finalista en la IV Bienal de Literatura “Pedro Buznego”, La Victoria, Mención Poesía (Febrero 2001) con el conjunto de poemas denominado: Ciudad; ganó el Premio Nacional de Poesía Tomás Alfaro Calatrava del Conac (1999) con el poemario: Cruel; recibió el Primer premio en el Segundo Concurso Inter-universitario de Poesía de “Vox Novula” (Julio, 1999) con el poemario: Cómplice, del cual había sido finalista en su primera edición (Julio, 1998) con el poemario: Íntimo. Ha publicado: Resquicios, Ucab. Caracas (Mayo, 2002); Ciudad sur, Alcaldía del Municipio Arismendi, Margarita, Caracas (Mayo, 2002);  Sin intensión de oficio, y la Plaquette La espada rota (2000). Ha participado en varias antologías y ha colaborado con distintas publicaciones como Verbigracia (Diario El Universal), Revista Renacimiento, Revista Literaria Baquiana, Revista La casa del poeta, Escena cultural y Cyberanalítica, entre otras.