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SOLEDAD
PARA TRES Y UNA VACA
Ediciones
Baquiana, 2006
Miami, EE.UU.
ISBN 0-9752716-9-5. 90pp.

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La soledad es una
condición humana inherente a la vida, cuando en el
pensamiento habita la certeza de que no hay en el
mundo quien nos acompañe durante esa sensación de
vacío. La soledad va calando lentamente, pesa cual
carga que intentamos evadir y nos sepulta como una
roca cayendo sobre nuestro cansancio.
La escritora cubana Rina
Lastres (Cuba, 1946) en su libro de relatos Soledad
para tres y una vaca (Ediciones Baquiana, 2006),
ha intentado retener con sugestivas imágenes
literarias, ese estado de reposo donde nos acosan los
fantasmas, tomando cuerpo en los recuerdos de quienes
han partido con la muerte, o aquellos que en la
distancia son sólo una huella del pasado que nos marcó
para siempre.
El libro abre con La
cuentera, una buena ubicación en este preludio de
las historias. Una niña, tal vez la autora
descubriendo ese mágico vuelo de la imaginación,
cuestionará a los adultos como El Príncipito
de Saint-Exupéry, nos dirá entonces que “a
las personas mayores les resulta muy difícil aceptar
lo inexplicable. Se asustan y se apartan como si se
tratara de una enfermedad”. Se crea un mundo
interior como acicate para sostener el peso de la
existencia, donde la fantasía nos salva de esa crudeza
exterior que conduce a la soledad del espíritu.
El libro continúa con
Antequera, ese silencio que anuncia la muerte en
toda relación. Un despliegue extenso del anhelo de
vivir, esa búsqueda incesante que nos regresa a
nuestro propio interior. Descubrir que el momento
donde se hace imposible la convivencia, es el adecuado
para encontrarnos.
En
Soledad para tres y una vaca, nos dirán que
No hay como ver amarse a los demás, para entender
mejor los amores que no tuvimos o los que rechazamos”.
La otredad que nos transporta a esa dimensión ajena.
El lugar que habitamos comprendiendo el tedio de quien
desea esa compañía inexistente. Una fábula donde cobra
vida hasta el alma de un animal, también sumergido en
la nostalgia, en esa sensación amarga de la ausencia
llamada soledad.
Con La abuela y su
cometa nos encontramos con la incógnita de la
muerte, recurrente tema que es la mayor de las
nostalgias. Un arcano cercano a la angustia, nos
lleva a la más terrible de las soledades posibles. Con
una prosa de fácil lectura y no exenta de poesía, la
autora nos dirá que “La muerte sigue siendo eso, un
gran signo de interrogación, una habitación oscura de
la que sólo vemos el umbral, un lejano y extraño país
del cual ningún viajero regresa. Es también la
ambición del hombre por transformar el destino y la
realidad, es el sueño que prevalece más allá de la
vida.
En el cuento titulado
Vacío, una sensación metamorfosea en un cuerpo que
es la compañía más segura, tomando formas precisas
cuando se torna en hábito esa sensación. The
turning point, es la vida como un aprendizaje de
la constante pérdida, un camino que nos hace regresar
siempre al punto de partida donde una nueva soledad
nos aguarda. En Antonia y la vida, un personaje
descubre ese valor que crece, de las cosas, ante la
despedida, nos dirá que “me faltaba la muerte para
vivir la vida”. Es la certeza del límite del
tiempo que suele cambiar la percepción de la realidad.
Puro Teatro
es una catarsis de esa máscara a los sentimientos, que
nos hacen involucionar hacia donde fingir nos
deshumaniza, llevando a la cotidianidad esa pérdida de
valores. Con Demasiado Lejos, se asiste a ese
inesperado curso que toman las cosas por razones
inesperadas, de inapreciable valor, para llevarnos en
ocasiones, a un lugar de mayor trascendencia.
Una tristeza colindante
con la locura, un enigmático proceder del personaje en
Lejanías, para resumir como al inicio en esa
idea, en que cada minuto es importante, sin que
dependa de unas circunstancias más o menos
espectaculares o estrafalarias.
En Esperanza, la
muerte asoma nuevamente como un legendario símbolo de
la soledad. Un monologo interior que nos revela el
misterioso andamiaje de pasiones que conforman la
naturaleza femenina.
El libro concluye con
Reencuentro, tal vez por azar o acertada intención.
Es la antitesis de la soledad que corre por las
páginas del libro. Es reconocerse en el otro, ese
complemento que encontramos en el curso de la vida,
para alejar con un sentido extraordinario, la siempre
lacerante sensación de soledad.
Con estos doce cuentos,
Rina transita por la peligrosa senda, que es llevar a
la palabra escrita, los conflictos psicológicos del
individuo en las cotidianas situaciones extremas de la
vida. Con un primer libro de cuentos que la hacen
llegar airosa al final de este viaje.
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Rodolfo Martínez
Sotomayor
nació en la Ciudad de la Habana en 1966. Llegó a
los Estados Unidos en 1989. Cursó estudios de Economía en Cuba y de
periodismo en el Koubek Center de la Universidad de Miami. Atendió
la sección de literatura de la revista Carteles. Ha publicado un
libro de relatos “Contrastes” (La torre de papel, 1996), sus
artículos, cuentos y críticas literarias han aparecido en revistas y
periódicos de los Estados Unidos y España. Un cuento suyo fue
seleccionado e incluido en la antología Nuevos Narradores Cubanos
(Editorial Siruela, España, 2001) Traducido al francés y al alemán.
Otro cuento suyo fue incluido en la antología “Cuentos desde Miami”
(Poliedro, Barcelona, 2004) |
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