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BILLETE
AL PARAÍSO
Editorial
Egales,S.L. 2006
Barcelona-Madrid, España
ISBN 84-88052-05-7. 244pp.

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“Testimonio de un
gay cubano, encarcelado, violado y jinetero, en busca
de la libertad”.
La ingeniosa frase “la
verdad de las mentiras” es el título de un libro de
Mario Vargas Llosa que vierte o convierte áreas
escamoteadas a la ficción para ponerlas de frente a la
realidad de todos los días en que se fundan las más
versátiles verdades. El libro de Daniel García Carrera,
Billete al paraíso, podría casi ser lo opuesto
y no mentiríamos cuando afirmamos que muchos,
muchísimos, son los que viven el infierno que pisa el
joven autor en las primeras 198 páginas de su corta
pero zarandeada autobiografía; sitio disfrazado de
comarca amable y seductora, abierta a los placeres y a
los requiebros de oleadas de turistas que visitan
hoteles y playas de esa zona caribeña repartiendo
dólares y euros “a troche y moche”. Si no hay peor
ciego que el que no quiere ver, la isla del abogado
Castro muestra, ante los ojos ávidos del visitante,
los más seductores ejemplares humanos y los más
encantadores parajes obra de una naturaleza que, desde
luego, ya estaba ahí desde mucho antes de que el
descubrimiento del astuto genovés lo hiciera
prorrumpir en sus papeles de viaje “esta es la tierra
más hermosa que ojos humanos vieran”; espacio que aún
queda y quedará a perpetuidad después de que tanto
mozos como caudillos hayan desaparecido del mapa.
Nuestro autor en su obra
se mueve dentro de ese paisaje sin que nos percatemos
de su entorno más abierto y hermoso. Solo queda, por
obra y gracia del tirano –nos daremos cuenta casi de
inmediato-- el espacio más cerrado y feo en que van y
vienen, salen y entran, los innumerables actores que
componen el relato. Y ¿de qué va ese todo que
conforman las 244 páginas apuntadas? Un iluminante y
certero prólogo del Teniente Coronel de las Fuerzas
Armadas españolas José María Sánchez Silva nos
presenta la circunstancia propicia que lleva al autor
a crear su documento: “El autor, para conquistar su
libertad tuvo que convertirse en disidente. Tres
disidencias son, a mi entender, el telón de fondo de
esta autobiografía: la disidencia política, la
disidencia sexual y la disidencia respecto del
discurso normativo que regula el uso del cuerpo y el
disfrute de los placeres”. Si bien el
relato-testimonio se escurre por esas grietas de la
disidencia también existe, más allá de la simple y
aparente superficialidad con que podamos abordar su
lectura, una coyuntural tristeza, una vivencia
terrible que nos mete de lleno en una zona prohibida y
casi desconocida para muchos lectores de Billete al
paraíso, que no cuentan con una (in)cansable
multiplicación de situaciones y un vocabulario
acompañante de una “vida loca”, intensa y extensa,
donde Daniel, el autor que nos habla de él mismo, sin
ocultamientos, sin regodeos, franqueando casi hasta el
deterioro los cánones de lo que algunos podrían llamar
“buen gusto”, nos enfrenta a su verdad y a la mala
nueva de un hombre que ha tenido que vérselas con la
fatalidad de haber nacido en Cuba en 1970 y la
desgracia de haberse criado bajo un gobierno que niega
a sus gobernados los más elementales derechos
ciudadanos.
El texto.
La autobiografía comienza
por la “tierna infancia” donde la ternura y la
inocencia se violan repetidamente. El hogar, los
parientes, los amigos, la escuela son escenarios donde
se deja constancia de los momentos que más marcan
nuestra vida, de un lado, los adoctrinamientos
escolares, y del otro, las violaciones sexuales. La
adolescencia despierta los apetitos en todos los
ángulos posibles y Daniel prueba las complacencias de
ambos sexos, mientras se resuelven los episodios con
la Unión de Jóvenes Comunistas, con el Comité de
Defensa de la Revolución (CDR) y con el servicio
militar. El Daniel ya adulto se traslada del pequeño
pueblo camagüeyano a la ciudad de La Habana y con su
primo enfrenta los golpes de la urbe, los despegos e
insultos de familiares y conocidos y, finalmente,
cuando se frustran sus escapadas en balsa del país, la
violencia de guarda fronteras y “once meses de
martirio”, primero confinado a “una pequeña celda de
tres metros” y luego el Combinado del Este y la
prisión de Ariza. En el capítulo quinto (de los once
que conforman la Primera Parte) el autor “por fin,
libre” se enfrenta a otro tipo de cárcel, la de la
carestía y la incomprensión; al final de éste, dirá
con tristeza:
“...sentía que se me escapaba la juventud poco a poco.
Nunca tenía dinero ni buenas ropas que lucir. Para
conseguir cierta estabilidad económica, tenía que
salir a putear con los extranjeros...” (pág. 112)
Siguen los encuentros y
desencuentros, el trabajo de enfermería en el hospital
Hermanos Ameijeiras, los cálidos y apasionados afectos
de Kiko, Fran, Óscar y Shérida; la cercanía del Sida;
el testimonio tremendista de la anciana enferma madre
de Silvio y la relación con Darío, el italiano amigo
de Óscar, que finalmente sería la vía de escape para
salir de Cuba. Un trece de mayo de 1998 –según lo
consigna el autor—Daniel salía para Alemania, con una
visa de visita, donde le iría a recoger Darío desde
Italia. Lo que sigue se resuelve entre el texto de un
pequeño Diario (páginas 199 a 215) y la
Segunda Parte del libro que conforman tres
capítulos bajo los titulillos de “En la puta calle”,
“Chapero de sauna” y “Vicio, drogas...”, que tienen
lugar en Madrid, ciudad en la que el autor de
Billete al paraíso vino a carenar y desde la cual
ha hecho público su testimonio.
El contexto.
Visto el sucinto relato de
los acontecimientos de la vida del autobiografiado,
debemos acudir a nuestra lectura de la autobiografía
en cuestión, que ciertamente nos ha impresionado como
un fiero testimonio de la situación imperante en la
isla de Cuba, situación que ha venido cocinándose a
través de cuarenta y siete larguísimos años de
machacar duramente sobre factores económicos,
políticos y sociales, y de modo muy especial, en
sucesivas generaciones de jóvenes que pugnan por
llegar a ser lo que otros jóvenes del mundo
sencillamente son, hombres y mujeres libres para
escoger y recoger el fruto de su libre albedrío.
Daniel García Carrera se confiesa a todos sus lectores
cuando dice:
“No me considero un mal
chico, aunque reconozco que alguna vez he hecho cosas
muy feas. Pero en un país tan difícil como el mío,
tenemos que subsistir a toda costa, aún más cuando las
víctimas somos nosotros mismos. Gran parte de culpa es
de la dictadura castrista, donde los jóvenes que no
somos comunistas tenemos tronchada toda oportunidad de
avanzar y desarrollarnos.” (pág. 180)
La obra de por sí queda
salvada en su texto y contexto testimonial y ocupa su
lugar entre los punzantes y genuinos alegatos contra
el dictador de la Isla cubana. Por el lado de la
valoración formal algunos, como el psicólogo Manuel
Ángel Soriano, en la presentación del libro en la
Editorial Egales cree ver elementos de la picaresca
española de los siglos XVI y XVII, en ese relato de
andanzas, venturas y desventuras que presenta además
de la insistente necesidad de supervivencia de
aquellos individuos que deben abrirse paso en un
“mundo hostil e inquisitorial” que quiere, y a ratos
logra, utilizar y excluir al ser humano que vive y
padece esas circunstancias. Lo que también logra el
autor de esta obra es, por un lado, exorcizar sus
espacios mentales, encarar sus miedos y fobias y
disipar sus fantasmas y, por otro, acusar en nombre de
tantísimos jóvenes cubanos, del daño llevado a cabo
por esa funesta tiranía que ha calado tan hondo y
fatalmente en el ser humano que puebla la Isla y
también el exilio y que ha deshumanizado, al menos
temporalmente, a cientos y cientos de inteligentes y
despiertos individuos que si logran escapar de su
territorio insular no logran huir de su espacio
anímico y mental forjado en la pesadilla de aquel
“hombre nuevo” que no encuentra explicación para un
mejor futuro. En cuanto al autor Daniel García Carrera,
su acusación bien le vale un serio reconocimiento,
aunque debamos echar a un lado otras consideraciones
literarias que no es tiempo para juzgar de inmediato;
y en cuanto a la persona humana que recorrió los
sórdidos callejones de Billete al paraíso y que,
al fin, encontró su libertad para escoger libremente,
debemos decir, como dice el poema de Antonio Gala “San
Lázaro. La Habana” de su libro El poema de
Tobías desangelado, “Porque resucitaste sabes lo
que es la vida,/ la agonía y la muerte...”
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Orlando Rossardi
(Orlando Rodríguez Sardiñas) nació
en La Habana, Cuba (1938). En Cuba, antes de 1960 en que sale para
España, colabora en revistas literarias y funda con René Ariza el
cuaderno poético Cántico. A partir de entonces su obra
poética y ensayística ha aparecido en multitud de revistas
literarias en Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos de América.
Estudia en las universidades de La Habana y Madrid y se doctora en
la Universidad de Texas (EE.UU.) Ha sido profesor en varias
universidades norteamericanas y en la actualidad se dedica a la
radio y la televisión. Ha brindado conferencias sobre teatro y
literatura hispanoamericana y española en varias partes del mundo y
es un activo promotor de la literatura cubana en el exilio. Ha
publicado ensayo, teatro, cuento y poesía. Entre algunos de sus
libros se destacan los tres tomos de Teatro Selecto Hispanoamericano
Contemporáneo (Madrid, 1971), La última poesía cubana (Madrid,
1973), León de Greiff: Una poética de vanguardia (Madrid, 1974) y
los seis tomos de Historia de la Literatura Hispanoamericana
Contemporánea (Madrid, 1976) para la Universidad Nacional a
Distancia. Muestra del teatro publicado del autor puede encontrarse
en su pieza La Visita (Virginia, 1997). Su obra poética se recoge en
los libros El diámetro y lo estero (Madrid, 1964), Que voy de vuelo
(Madrid, 1970), Los espacios llenos (Madrid, 1991) y Memoria de mí
(Madrid, 1996). |
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