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TANYA DE FONZ
Nació en Guadalajara, Estado de Jalisco, México (1976). Poeta y
actriz. Estudió en la Escuela Rusa de Actuación en México, en la
Escuela del Realismo Sicológico y en la Escuela de Escritores.
Ha publicado las siguientes plaquettes y libros de poesía:
Jocabed y la ranura abierta (Plaquette.
TAN-MAR Editores 2003, San Cristóbal de las Casas, Chiapas);
Pequeño Panfleto en Gran Formato y Otras Cuartillas
(Plaquette. TAN-MAR Editores 2003, San Cristóbal de las Casas,
Chiapas); Indagación de lo correcto
(Virtual. Crunch! Editores 2004, Baja California); De lo
roto (Virtual. Crunch! Editores
2004, Baja California); y Ronda de muertos
(Editorial Andrógino-Versodestierro 2005, Ciudad de México, D.F.).
Ha participado en las publicaciones colectivas: Voces
varias a veces líquidas. Muestra de poetas jaliscienses
(Ediciones Marbelina 2005, Casa del poeta Peruano. Lima, Perú) y
100 poetas del Mundo (Cultura,
Arte y Tradición, 2006. Zamora, Michoacán, México).
Actualmente es coeditora de la Editorial Andrógino y forma parte
de las Compañías de Teatro El ojo lleno de dientes y la Escena
Muda.
PRINCESA HECHIZO Y ESPADA
Para Eduardo Gutiérrez de la Cruz
Nace la
flor ladeada, hechizo y espada.
Lenta
como risa lastima ecos.
Pregona,
Cassandra,
pena que sobre hombros vendrá.
Princesa rota de los hechizos
andante
diurna de lo que sucede
mujer
destrozada por fulgores
cuerpo
tierra engendrado en azul
triste
niña paseante adivinatoria
brazos
culpándose cabeza
ojos
rictus enfermos de alegoría
Lisi de
los desvelos acunando almas
tiempo
venoso de árbol
desgracias anochecían sobre tu pueblo
manos
que contaron agua del transcurrir
Mariana
Pineda de las visiones
sonido
de piedras persecutorias
campo
alegre en flor desvelo
rojo
vestido de siglos perentorios
pirámides piedras pensamiento de lo venidero
adorno de plumas para tu
reino
niña
bien nacida cuna de brazos la Tierra
expande
tus silencios por ruinas
nómbrate paz para los sueños
canta
sin agonía al Sol
niña no
enfermes de visión.
Se
asustó la malvada lengua de los pueblos
los
reyes olvidaron a su hija.
Katunes
por llegar.
La niña
ya no es más flor sino miedo
quien
le ve corre para no caer por sus ojos
la niña
mala anuncia la ruina de su pueblo
a esa
mujer no le den cantos ni sacrificio
la
peste se encarnó en su alma
cuenta
malos presagios
reina
no será por nuestras manos
¡ay!
triste cabeza ensortijada de padecer
noche y
día entrelazados por formas
niña de
los vocablos
ojos de
medusa
tanto
horror no es posible
calma
tu fiebre con yerbas
Ofelia
de los sentidos
ibas a
ser reina, algún malo donó su mal
regresa
canto paseo y flor
no veas
cuanto se ha de ver
sacrificio en corazón cantará tu pena.
El
corazón no basta.
Cabeza
contra piedra y piedra.
Las
cuevas están llenas de su pensar.
Los
reyes anuncian su olvido haciendo entrega
Tienen
hija enquistada los dioses claman
¡ay! Freda por tanto
querer ver
carne
radiante bien plantada
muslos
para retozar en juegos príncipes
vuelta
languidez en letanía
elegía
tu rostro pechos blandos de retrato
cabello
con punta de muertos
arrostras siglos de inanición
cuánto
cuentan tus ojos sólo extravío
niña
regresa a tu sueño de nácar
viste
tu vestido rojo para festejarte regreso
no se
vaya tan lejos tu alma.
Llevaron la princesa a una cueva
vacíos
sacerdotes y guerreros
apuntalaron su cabeza en una piedra
contra
piedra su cabeza
roca y
piedra cuentan su visión
las
cuevas aún murmuran su aparecer.
TIEMPOS PARA HABLAR DE
CLEMENCIA CON CLEMENTE
A mi compatriota por todos los
espejos:
José Clemente Orozco
José:
Cuánta clemencia hay en tu rostro
como si
fueras el padre y Cristo
como si
escarbaras en la tierra yerma
hallaras un crucifijo.
Vuelas
sobre el hombre que se desclavó de la cruz.
Eres tú
con tu clemencia quien dibujó en trozos al hombre,
también
quien inclemente
desnudó
a la izquierda y a la derecha.
Quien
miró desvanecerse sus pinturas en la frontera.
Titán
al que no alcanza el hombre de fuego sobre la pared,
Se
lanza al cielo.
Clementemente trastorna mi mente
para
trastocar suelo y volverle mar de fuego
al
incendiar el alba en rostros repetidos
rebozos
caídos, cananas y mujeres liberadas.
buscar
el maíz para la boca
del
pueblo raído del que provenimos.
Sin
mirar la que conocemos: Europa
Sin
mirar a quien conocemos: Estados Unidos de Norte América
Sin
mirar nuestros muñones escarnecidos:
tú tu
brazo
yo mi
lengua.
Inconformes retratar lo que el ojo mira.
“Siempre decir no
cuando
alguien diga sí
y
siempre sí
cuando
alguien diga no
porque
la civilización peligra”
En tu Clemencia
Óyeme
Clemente.
RONDA DE MUERTOS
(Primera
parte)
Sobre
manos de muertos danzan vivos
de un
lado a otro les empujan
como
pelotas de juego.
Cantan
y barullan su porvenir
fincan
sus manos en las ajenas
—el
espacio es transitorio—
luego
cantan los otros
como
triunfadores de partidos
con
caras vestidas de colores.
La
danza sigue implacable,
revierte nombres, pensamientos, eco de sueños,
vestidos unos y otros sin diferenciar
enumeran sus ausencias.
Ven
cómo esquilma
Un
hombre a otro hombre.
(Segunda parte)
Ofician
los paseantes
por
ríos, parques o ventanas
traen
sus bolsos ceñidos
su saco
y pantalón muy cerrado
no
quieren que descubran
lo poco
que cargan sus intestinos.
Susurros, miradas
estiran
manos sobre silencio abierto
enredan
equipajes de otro tiempo
vestidos con y sin gusto
lanzan
vestigios.
Los
domingos se cargan de adviento.
provenientes de cloacas, rumbos y casas
pasean
sencillamente recargados en el aire
muestran vísceras sin recato.
Mujeres
y hombres con saco y pantalón
se
retiran al sueño para continuar recorriendo
oficinas y casas.
Ríos,
parques y ventanas
continúan pletóricos
de paseantes.
MARA ROMERO
Nació en Ciudad Obregón,
Estado de Sonora, México (1960). Poeta y Narradora. Estudió
Licenciatura en Turismo; tiene diplomados en Mercadotecnia,
Comunicación y Literatura Hispánica. Promotora Cultural y
Turística, miembro fundador de la Agrupación para las Bellas
Artes, APALBA, que en 1994 la incluye en la antología En el
camino. Ha trabajado como productora en diferentes programas
culturales y turísticos de Sonora. Es editora de la Guía
Turística de Ciudad Obregón y de la Guía de cuaresma y de la
danza del venado Yaqui. Ha publicado los libros de poemas:
Identidad de
vértigo (APALBA,
Colección Bakatete Ardiente, 2003), el cual fue presentado en el
Museo Mural “Diego Rivera”
de la Ciudad de
México por CONACULTA y Beethovenianos (Colección
Instantes, 2004),
el cual presentado en la Casa del Poeta Jaime Sabines en la
Ciudad de México. Ha sido antologada por CONACULTA, en su
editorial “Arlequín” del fondo nacional para la cultura y las
artes, en la compilación del Poeta Juan Carlos Vera, Eco de
Voces. Generación Poética de los 70 (2005);
y en las
antologías: Nueva poesía
hispanoamericana
(Edición No. 13, 2006) y
Antología de poesía mexicana (Editorial Lord Byron, 1ra
edición, 2006), ambas compiladas por el poeta peruano Leo Zelada.
Ha publicado en diversas revistas y secciones culturales y
turísticas de México. En la actualidad es directora de la
empresa Promociones Turísticas de Cajeme – PROTUR, forma parte
del taller literario de la Biblioteca Pública Municipal en su
ciudad, y coordina el Encuentro de Poetas Sonorense en su
región, así como el festival Cultural TETABIAKTE.
HACE
FALTA TU BOCA
− I
−
Hace falta tu boca para olvidarme,
para confundir las caras de mi
muerte,
señora, que espero y temo,
escarcha vida,
pardos presentimientos que galopan
en un rústico devenir conciencia,
relámpago duelo que burla a Dios,
vuelven escalofrío tus ansias,
y tatúan la memoria,
en gemido arrepentimiento…
Abro mis ojos,
despierto extraños abismos,
mis lágrimas son velos que cubren
vergüenzas, y miedos.
¿De dónde vienen tus gritos?
¿Qué quieres ahora?
Como respuesta tus lágrimas
siembran
flores en el cemento, acto de fe
en los ciegos
que no entienden el mensaje,
y tu indolente presagio desbarata
los presentes,
enseña realidad como algo desolado,
risa
escandalosa de alma triste
que se esconde
de ti,
como yo misma,
engañándome felicidad sembrada.
Mis ojos invocan metáforas,
y al azar de un encuentro
los demonios te delatan mi verdugo;
almaceno furia,
me sufro,
nada podrá lavar nunca mi
tristeza,
piedra laja eres,
relicario doliente,
trozos de lo que fuimos.
− II
−
Escribo pesadillas,
historias contigo,
rayas las palmas de mi mano,
diminutos laberintos
que recuerdan el mapa de tu niebla,
llevan a países donde los cuervos
son príncipes
cautivos del dolor,
con el pelo oscuro como yo,
y sus ojos ven las otras niñas
que platican con la muerte,
visitan entierros desconocidos,
se nutren de miseria
consagran sufrimiento…
Eterna veladora que desvela
el aire quieto,
donde tu nombre danza,
esparce mi silencio.
Invoco grito decadente,
la paz de mi memoria;
réquiem del cuento inacabado,
final de esta historia
que empieza a desmoronarme.
LA NIÑA SE SIENTA EN LA
ORILLA DE LA NOCHE
La niña se
sienta en la orilla de la noche,
no hay
fronteras claras
entre la
realidad y el sueño,
su piel muestra
marcas de fatiga,
enfebrecida le
pesa el tiempo
que retarda su
fuga de vida.
Triste llora
bajo una higuera desnuda,
y se acompaña
de voces
que parecen
salir de entre las ramas…
Ella sabe de
quien se trata…
siente el
abrazo sombrío de sus alas,
a oscuras hace
memoria
de sus largos
silencios,
lava sus sueños
empapados de luz,
y sus pies
mojados le estorban,
desesperada
cobija sus ansias
y con sus
pestañas,
rompe los
cristales de su calma.
La niña que
nunca se va,
se esconde en
cortina de dudas,
y queda desnuda
en un paisaje duro
lleno de
ocasos;
sus ojos
enrojecidos por falta de sueños
miran su ira
estacionada,
las piedras le
tapan el paso,
se aferra al
mástil de una estrella
fundida con su
dolor,
araña el cielo
para regalarlo
en pedacitos a
quien lo necesite
y en vasijas,
guarda sus secretos
para enjugarlos
con lágrimas de luna.
Confundida
esconde su corazón entre rejas
y se adorna el
pecho con poemas
para que nadie
avise su vacío
toma entre sus
manos la tierra,
y escupe sus
esperanzas sepultadas en polvo
como si buscara
la resurrección.
Así hurga en
los pasillos de la muerte,
camina muy
despacio
para no
despertar a los duendes
y teje con sus
labios
telarañas de
esperanzas
en un silencio
mal amaestrado,
tararea su
canción,
perfilando una
huida
que en otro
tiempo ya ensayó,
en eso, se
acerca la muerte,
pronuncia su
nombre
que pareciera
salir de un grito sucio,
y la lumbre
alimenta el espacio.
Ilusa ella
intenta el dialogo,
queriendo lavar
nostalgias
y en una
dolencia sin prisa le dice:
¿te trajo el
viento, muerte?
¿el arrollo de
luz?
¿mis angustias
imprecisas…?
−siempre te
sentí−
nunca lograste
engañarme
tu sombra
mancho mis días
cuando
escuchaba como arrullo,
tu palabra sin
sabor,
tu sangrar de
vida,
que me venció
en mis eclipses
y mis viajes
por tus huesos…
−aquí no hay
cobardía−
solo un fuego
que nunca se agota
lágrimas
aprisionadas,
y el latir de
un cuerpo
aislado de
criaturas
que nunca me
dejaron,
creerle…
…La muerte se
cansa,
le
toma su mano,
y se van por un
sendero
callado e
invisible…
TINO
VILLANUEVA
Nació En San Marcos, Texas, EE.UU. (1941). Poeta, pintor, editor
y profesor. Se crió en el seno de una familia de trabajadores
rurales migrantes, de ascendencia mexicana, conviviendo con dos
lenguas, el español y el inglés, y con la dura realidad
económica y social que afectaba a su comunidad en el suroeste de
Estados Unidos. Después de realizar diversos trabajos y ser
reclutado por el ejército para servir en el Canal de Panamá,
pudo asistir a la Universidad Estatal del Suroeste de Texas
(Southwest Texas State University), donde se graduó en Letras.
En 1981 obtuvo una maestría en la Universidad Estatal de Nueva
York (SUNY) en Buffalo y, años después, el doctorado en la
Universidad de Boston, donde actualmente imparte cátedra. En
1984 fundó Imagine: International Chicano Poetry Journal.
Su obra pictórica, iniciada a principios de los 70, ha sido
expuesta en galerías de arte de EE.UU. y Europa. La marginalidad
y exclusión que sufrían los descendientes de mexicanos, aún cien
años después de la guerra que terminó con la anexión de sus
tierras al territorio estadounidense, está presente, desde sus
inicios, en su poesía. Su obra ha influido en una generación
entera de escritores chicanos y latinos que, desde la década de
los 60 —en el contexto de las luchas por los derechos civiles—
reivindicó el término chicano (apócope de me-chicano) usado
antes despectivamente, para impulsar un movimiento político y
cultural que aspira a poner fin a la discriminación y afirmar su
identidad en pie de igualdad con el resto de la sociedad
norteamericana. Ha publicado varios libros de poemas: Hay
otra voz poems (Edición bilingüe, 1972), Shaking Off the
Dark (Edición bilingüe, 1984), Crónica de mis años peores
(Edición en español, 1987) y Scene from the Movie GIANT
(1ra edición en inglés, 1993), el cual ha tenido varias
reediciones y fue ganador del prestigioso premio literario
American Book Award en 1994. En el año 2005, el libro Escena
de la película GIGANTE fue publicado en edición bilingüe por
la Editorial Catriel en Madrid, España, con una traducción al
español del Profesor Rafael Cabañas Alamán.
LA
PESADERRUMBE DEL DESAGRADO
El ojo se rinde a la luz y algo
empieza
A desprenderse de ti, como si no
pudieras hacer nada más que dejarlo ir: a
Marchitarse en el suelo, para
nunca ser rescatado de la oscuridad.
Como fragmentos de pensamiento
destellante, el lento quemar de
cada imagen se alza a la
conciencia con el significado
De una fallida creencia. La
pesaderrumbe del desagrado aumenta
en ti y algo, llamémosle el alma,
queda ofendido en lo más profundo.
Te dan ganas de enloquecer o morir
pero, sin embargo, te ensombreces.
Te inclinas hacia atrás
firmemente contra tu sombra y deseas
poder disolverte en ella,
disolverte, fundirte en lo negro.
LA
CONSECUENCIA POSTERIOR:
UN TRÍPTICO
− I
−
Viaje a Casa
La película, de tres horas y
media,
había llegado a su fin;
los créditos, tantos,
ascendieron a la inmortalidad.
El furioso arte del cine
había hecho mi cabeza zumbar−:
me levanté en la penumbra,
desconcertado ante la verdad
desenrollada y ahora me hallaba
perdido en mis pasos,
con los ojos lidiando con abismos
irreales de luz.
Caminé a casa durante mucho tiempo
y en mi mente
contemplé
la gran pantalla que se me echaba
encima—
me iba alejando
de su estallido, aunque la medida
de su violencia,
como una acusación de Sarge,
no se desvanecía.
No había viento.
Ninguna estrella apareció
para acogerme y darme seguridad.
El mundo parecía inmenso a mi
alrededor
y según me movía en él
sentía que no podía viajar
más allá de mí mismo.
Pasaron unos minutos,
y después otro.
(Una vez vi, como en un sueño,
que nunca había llegado a casa.)
Crucé los raíles del ferrocarril,
pasé de largo
el almacén de madera, el puente de
cemento sobre Purgatory Creek,
y una vez más otros raíles—
una lógica agotadora me llevaba de
nuevo a donde empecé.
Creo, de tanta desesperación,
haber apretado los puños
con tanta fuerza como los años
a mi nombre,
y allí creció en mi boca
un gran grito que nunca salió.
Una y otra vez: un chico a esa
edad
no alcanza a ponerle palabras a lo
que es torpe miseria.
− II −
Observador y Observado
Nadie camina conmigo
(por la calle cubierta de polvo
donde camino a paso ligero),
chico hosco, joven delicado.
En la tranquilidad de la tarde
que ha brotado serenamente de algo
olvidable,
cada vecino
me traspasa con su mirada,
creyendo que la vida continúa como
antes
cuando yo paso.
Los árboles y las casas entre
ellos
miran fijamente que voy mudo;
desde donde están—casas, árboles,
vecinos—no pueden darse cuenta de
todo el repentino aliento hacia
adentro,
un suspiro que yo mismo no alcanzo
a comprender.
Algo ingrávido
se forma a mi alrededor, mientras
mi cuerpo, sin aplomo
sostiene el impulso hacia delante
en silencio y a tiempo lento.
Cuando la tarde vaciada de
significado
cobra una perceptible profundidad,
los suaves pasos huecos con que me
muevo
constituyen mi única causa.
− III −
Soñando en el crepúsculo
La vencindad, 1956—:
Llegué hasta sus límites
sintiendo que yo no era nada
más que mi nombre.
Parece que fue hace mucho tiempo
que puse los pies en el patio,
me detuve un momento
antes de entrar a cenar
y me apoyé, en cambio,
contra el delgado
tronco de un nogal.
Y de pie, desde mi posición,
sentí un gran vacío
que, ardiendo, traspasaba cada
pensamiento.
Para entonces el día se estaba
desvaneciendo en crepúsculo,
y yo empezaba
a no proyectar una sombra donde
siempre había estado,
cuando vi,
de repente, a un chico solo
que tenía que llorar para probar
que existía…
Algo de la pantalla se había
introducido en su vida, su pequeño
escudo de fe
ya no estaba con él.
El crepúsculo alboreaba sobre las
copas de los árboles
cuando me llamaron adentro
donde se dieron las gracias, estoy
seguro de ello,
pues siempre le agradecíamos al
cielo.
Recuerdo el reloj haciendo tictac
y mi respiración
cuando finalmente
mi boca de nuevo probó
sustento étnico en el consuelo.
El resto de mí empezó a soñar y mi
mente
se alzó al vuelo y llegué a ser,
por ese instante:
otro chico de otra tierra, de otro
tiempo,
otro tiempo, también hogar.
EL
LENTO PESAR DEL TIEMPO
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