Miami
Estados Unidos
Año VIII

 Nº 45/46

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


MÉXICO

 

TANYA DE FONZ


Nació en Guadalajara, Estado de Jalisco, México (1976). Poeta y actriz. Estudió en la Escuela Rusa de Actuación en México, en la Escuela del Realismo Sicológico y en la Escuela de Escritores. Ha publicado las siguientes plaquettes y libros de poesía: Jocabed y la ranura abierta (Plaquette. TAN-MAR Editores 2003, San Cristóbal de las Casas, Chiapas); Pequeño Panfleto en Gran Formato y Otras Cuartillas (Plaquette. TAN-MAR Editores 2003, San Cristóbal de las Casas, Chiapas); Indagación de lo correcto (Virtual. Crunch! Editores 2004, Baja California); De lo roto (Virtual. Crunch! Editores 2004, Baja California); y Ronda de muertos (Editorial Andrógino-Versodestierro 2005, Ciudad de México, D.F.). Ha participado en las publicaciones colectivas: Voces varias a veces líquidas. Muestra de poetas jaliscienses (Ediciones Marbelina 2005, Casa del poeta Peruano. Lima, Perú) y 100 poetas del Mundo (Cultura, Arte y Tradición, 2006. Zamora, Michoacán, México). Actualmente es coeditora de la Editorial Andrógino y forma parte de las Compañías de Teatro El ojo lleno de dientes y la Escena Muda.


 

 

PRINCESA HECHIZO Y ESPADA

 

                            Para Eduardo Gutiérrez de la Cruz

 

Nace la flor ladeada, hechizo y espada.

Lenta como risa lastima ecos.

Pregona, Cassandra, pena que sobre hombros vendrá.

 

Princesa rota de los hechizos

andante diurna de lo que sucede

mujer destrozada por fulgores

cuerpo tierra engendrado en azul

triste niña paseante adivinatoria

brazos culpándose cabeza

ojos rictus enfermos de alegoría

Lisi de los desvelos acunando almas

tiempo venoso de árbol

desgracias anochecían sobre tu pueblo

manos que contaron agua del transcurrir

Mariana Pineda de las visiones

sonido de piedras persecutorias

campo alegre en flor desvelo

rojo vestido de siglos perentorios

pirámides piedras pensamiento de lo venidero

adorno de plumas para tu reino

niña bien nacida cuna de brazos la Tierra

expande tus silencios por ruinas

nómbrate paz para los sueños

canta sin agonía al Sol

niña no enfermes de visión.

 

Se asustó la malvada lengua de los pueblos

los reyes olvidaron a su hija.

Katunes por llegar.

 

La niña ya no es más flor sino miedo

quien le ve corre para no caer por sus ojos

la niña mala anuncia la ruina de su pueblo

a esa mujer no le den cantos ni sacrificio

la peste se encarnó en su alma

cuenta malos presagios

reina no será por nuestras manos

¡ay! triste cabeza ensortijada de padecer

noche y día entrelazados por formas

niña de los vocablos

ojos de medusa

tanto horror no es posible

calma tu fiebre con yerbas

Ofelia de los sentidos

ibas a ser reina, algún malo donó su mal

regresa canto paseo y flor

no veas cuanto se ha de ver

sacrificio en corazón cantará tu pena.

 

El corazón no basta.

Cabeza contra piedra y piedra.

Las cuevas están llenas de su pensar.

 

Los reyes anuncian su olvido haciendo entrega

Tienen hija enquistada los dioses claman

¡ay! Freda por tanto querer ver

carne radiante bien plantada

muslos para retozar en juegos príncipes

vuelta languidez en letanía

elegía tu rostro pechos blandos de retrato

cabello con punta de muertos

arrostras siglos de inanición

cuánto cuentan tus ojos sólo extravío

niña regresa a tu sueño de nácar

viste tu vestido rojo para festejarte regreso

no se vaya tan lejos tu alma.

 

Llevaron la princesa a una cueva

vacíos sacerdotes y guerreros

apuntalaron su cabeza en una piedra

contra piedra su cabeza

roca y piedra cuentan su visión

las cuevas aún murmuran su aparecer.

 

 

TIEMPOS PARA HABLAR DE

CLEMENCIA CON CLEMENTE

 

                             A mi compatriota por todos los espejos:

                                                                 José Clemente Orozco

 

José: Cuánta clemencia hay en tu rostro

como si fueras el padre y Cristo

como si escarbaras en la tierra yerma

hallaras un crucifijo.

Vuelas sobre el hombre que se desclavó de la cruz.

Eres tú con tu clemencia quien dibujó en trozos al hombre,

también quien inclemente

desnudó a la izquierda y a la derecha.

Quien miró desvanecerse sus pinturas en la frontera.

Titán al que no alcanza el hombre de fuego sobre la pared,

Se lanza al cielo.

Clementemente trastorna mi mente

para trastocar suelo y volverle mar de fuego

al incendiar el alba en rostros repetidos

rebozos caídos, cananas y mujeres liberadas.

buscar el maíz para la boca

del pueblo raído del que provenimos.

Sin mirar la que conocemos: Europa

Sin mirar a quien conocemos: Estados Unidos de Norte América

Sin mirar nuestros muñones escarnecidos:

tú tu brazo

yo mi lengua.

Inconformes retratar lo que el ojo mira.

“Siempre decir no

cuando alguien diga sí

y siempre sí

cuando alguien diga no

porque la civilización peligra

 

En tu Clemencia

Óyeme Clemente.

 

 

RONDA DE MUERTOS

 

(Primera parte)

 

Sobre manos de muertos danzan vivos

de un lado a otro les empujan

como pelotas de juego.

Cantan y barullan su porvenir

fincan sus manos en las ajenas

—el espacio es transitorio—

luego cantan los otros

como triunfadores de partidos

con caras vestidas de colores.

La danza sigue implacable,

revierte nombres, pensamientos, eco de sueños,

vestidos unos y otros sin diferenciar

enumeran sus ausencias.

 

Ven cómo esquilma

Un hombre a otro hombre.

 

 

(Segunda parte)

 

Ofician los paseantes

por ríos, parques o ventanas

traen sus bolsos ceñidos

su saco y pantalón muy cerrado

no quieren que descubran

lo poco que cargan sus intestinos.

 

Susurros, miradas

estiran manos sobre silencio abierto

enredan equipajes de otro tiempo

vestidos con y sin gusto

lanzan vestigios.

 

Los domingos se cargan de adviento.

provenientes de cloacas, rumbos y casas

pasean sencillamente recargados en el aire

muestran vísceras sin recato.

 

Mujeres y hombres con saco y pantalón

se retiran al sueño para continuar recorriendo

oficinas y casas.

 

Ríos, parques y ventanas

continúan pletóricos de paseantes.

 

 

MARA ROMERO


Nació en Ciudad Obregón, Estado de Sonora, México (1960). Poeta y Narradora. Estudió Licenciatura en Turismo; tiene diplomados en Mercadotecnia, Comunicación y Literatura Hispánica. Promotora Cultural y Turística, miembro fundador de la Agrupación para las Bellas Artes, APALBA, que en 1994 la incluye en la antología En el camino. Ha trabajado como productora en diferentes programas culturales y turísticos de Sonora. Es editora de la Guía Turística de Ciudad Obregón y de la Guía de cuaresma y de la danza del venado Yaqui. Ha publicado los libros de poemas: Identidad de vértigo (APALBA, Colección Bakatete Ardiente, 2003), el cual fue presentado en el Museo Mural “Diego Riverade la Ciudad de México por CONACULTA y Beethovenianos (Colección Instantes, 2004), el cual  presentado en la Casa del Poeta Jaime Sabines en la Ciudad de México. Ha sido antologada por CONACULTA, en su editorial “Arlequín” del fondo nacional para la cultura y las artes, en la compilación del Poeta Juan Carlos Vera, Eco de Voces. Generación Poética de los 70 (2005); y en las antologías: Nueva poesía hispanoamericana (Edición No. 13, 2006) y Antología de poesía mexicana (Editorial Lord Byron, 1ra edición, 2006), ambas compiladas por el poeta peruano Leo Zelada. Ha publicado en diversas revistas y secciones culturales y turísticas de México. En la actualidad es directora de la empresa Promociones Turísticas de Cajeme – PROTUR, forma parte del taller literario de la Biblioteca Pública Municipal en su ciudad, y coordina el Encuentro de Poetas Sonorense en su región, así como el festival Cultural TETABIAKTE.


 

 

HACE FALTA TU BOCA

 

− I −

 

Hace falta tu boca para olvidarme,

para confundir las caras de mi muerte,

señora, que espero y temo,

escarcha vida, 

pardos presentimientos que galopan

en un rústico devenir conciencia, 

relámpago duelo que burla a Dios,

vuelven escalofrío tus ansias,

y tatúan la memoria,

en gemido arrepentimiento…

 

Abro mis ojos,

despierto extraños abismos,

mis lágrimas son velos que cubren

vergüenzas, y miedos.

¿De dónde vienen tus gritos?

¿Qué quieres ahora?

 

Como respuesta tus lágrimas siembran

flores en el cemento, acto de fe en los ciegos 

que no entienden el mensaje,

y tu indolente presagio desbarata los presentes,

enseña realidad como algo desolado,

risa escandalosa de alma triste

que se esconde de ti,

como yo misma,

engañándome felicidad sembrada.

 

 

Mis ojos invocan  metáforas,

y al azar de un encuentro

los demonios te delatan mi verdugo;

almaceno furia,

me sufro,

nada podrá lavar nunca mi tristeza,

piedra laja eres,

relicario doliente,

trozos de lo que fuimos.

 

 

− II −

 

Escribo pesadillas,

historias contigo,

rayas las palmas de mi mano,

diminutos laberintos

que recuerdan el mapa de tu niebla,    

llevan a países donde los cuervos son príncipes

cautivos del dolor,

con el pelo oscuro como yo,

y sus ojos ven las otras niñas

que  platican con la muerte,

visitan entierros desconocidos,

se nutren de miseria                         

consagran sufrimiento…

 

Eterna veladora que desvela

el aire quieto,

donde tu nombre danza,

esparce mi silencio.

Invoco grito decadente,

la paz de mi memoria;

réquiem del cuento inacabado,

final de esta historia

que empieza a desmoronarme.      

 

  

LA NIÑA SE SIENTA EN LA ORILLA DE LA NOCHE

 

La niña se sienta en la orilla de la noche,

no hay fronteras claras

entre la realidad y el sueño,

su piel muestra marcas de fatiga,

enfebrecida le pesa el tiempo

que retarda su fuga de vida.

Triste llora bajo una higuera desnuda,

y se acompaña de voces

que parecen salir de entre las ramas…

 

Ella sabe de quien se trata…

siente el abrazo sombrío de sus alas,

a oscuras hace memoria

de sus largos silencios,

lava sus sueños empapados de luz,

y sus pies mojados le estorban,

desesperada cobija sus ansias

y con sus pestañas,

rompe los cristales de su calma.

 

La niña que nunca se va,

se esconde en cortina de dudas,

y queda desnuda en un paisaje duro

lleno de ocasos;

sus ojos enrojecidos por falta de sueños

miran su ira estacionada,

las piedras le tapan el paso,

se aferra al mástil de una estrella

fundida con su dolor,

araña el cielo para regalarlo

en pedacitos a quien lo necesite

y en vasijas, guarda sus secretos

para enjugarlos con lágrimas de luna. 

Confundida esconde su corazón entre rejas

y se adorna el pecho con poemas

para que nadie avise su vacío

toma entre sus manos la tierra,

y escupe sus esperanzas sepultadas en polvo

como si buscara la resurrección.

 

Así hurga en los pasillos de la muerte,

camina muy despacio

para no despertar a los duendes

y teje con sus labios

telarañas de esperanzas

en un silencio mal amaestrado,

tararea su canción,

perfilando una huida

que en otro tiempo ya ensayó,

en eso, se acerca la muerte,

pronuncia su nombre

que  pareciera salir de un grito sucio,

y la lumbre alimenta el espacio.

Ilusa ella intenta el dialogo,

queriendo lavar nostalgias

y en una dolencia sin prisa le dice:

 

¿te trajo el viento, muerte?

¿el arrollo de luz? 

¿mis angustias imprecisas…?

−siempre te sentí−

nunca lograste engañarme

tu sombra mancho mis días

cuando escuchaba como arrullo,

tu palabra sin sabor,

tu sangrar de vida,

que me venció en mis eclipses

y mis viajes por tus huesos…

 

−aquí no hay cobardía−

solo un fuego que nunca se agota

lágrimas aprisionadas,

y el latir de un cuerpo

aislado  de criaturas

que nunca me dejaron,

creerle…

 

…La muerte se cansa,

          le toma su mano,

y se van por un sendero

callado e invisible…  

 

 

 

TINO VILLANUEVA


Nació En San Marcos, Texas, EE.UU. (1941). Poeta, pintor, editor y profesor. Se crió en el seno de una familia de trabajadores rurales migrantes, de ascendencia mexicana,  conviviendo con dos lenguas, el español y el inglés, y con la dura realidad económica y social que afectaba a su comunidad en el suroeste de Estados Unidos. Después de realizar diversos trabajos y ser reclutado por el ejército para servir en el Canal de Panamá, pudo asistir a la Universidad Estatal del Suroeste de Texas (Southwest Texas State University), donde se graduó en Letras. En 1981 obtuvo una maestría en la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Buffalo y, años después, el doctorado en la Universidad de Boston, donde actualmente imparte cátedra. En 1984 fundó Imagine: International Chicano Poetry Journal. Su obra pictórica, iniciada a principios de los 70, ha sido expuesta en galerías de arte de EE.UU. y Europa. La marginalidad y exclusión que sufrían los descendientes de mexicanos, aún cien años después de la guerra que terminó con la anexión de sus tierras al territorio estadounidense, está presente, desde sus inicios, en su poesía. Su obra ha influido en una generación entera de escritores chicanos y latinos que, desde la década de los 60 —en el contexto de las luchas por los derechos civiles— reivindicó el término chicano (apócope de me-chicano) usado antes despectivamente, para impulsar un movimiento político y cultural que aspira a poner fin a la discriminación y afirmar su identidad en pie de igualdad con el resto de la sociedad norteamericana. Ha publicado varios libros de poemas: Hay otra voz poems (Edición bilingüe, 1972), Shaking Off the Dark (Edición bilingüe, 1984), Crónica de mis años peores (Edición en español, 1987) y Scene from the Movie GIANT (1ra edición en inglés, 1993), el cual ha tenido varias reediciones y fue ganador del prestigioso premio literario American Book Award en 1994. En el año 2005, el libro Escena de la película GIGANTE fue publicado en edición bilingüe por la Editorial Catriel en Madrid, España, con una traducción al español del Profesor Rafael Cabañas Alamán.


 

 

LA PESADERRUMBE DEL DESAGRADO

 

El ojo se rinde a la luz y algo empieza

A desprenderse de ti, como si no pudieras hacer nada más que dejarlo ir: a

 

Marchitarse en el suelo, para nunca ser rescatado de la oscuridad.

Como fragmentos de pensamiento destellante, el lento quemar de

cada imagen se alza a la conciencia con el significado

 

De una fallida creencia. La pesaderrumbe del desagrado aumenta

en ti y algo, llamémosle el alma, queda ofendido en lo más profundo.

Te dan ganas de enloquecer o morir pero, sin embargo, te ensombreces.

 

Te inclinas hacia atrás firmemente contra tu sombra y deseas

poder disolverte en ella, disolverte, fundirte en lo negro.

 

 

LA CONSECUENCIA POSTERIOR: UN TRÍPTICO

 

      − I

Viaje a Casa

 

La película, de tres horas y media,

había llegado a su fin;

los créditos, tantos,

ascendieron a la inmortalidad.

 

El furioso arte del cine

había hecho mi cabeza zumbar−:

me levanté en la penumbra, desconcertado ante la verdad

desenrollada y ahora me hallaba perdido en mis pasos,

con los ojos lidiando con abismos irreales de luz.

Caminé a casa durante mucho tiempo

y en mi mente                       contemplé

la gran pantalla que se me echaba encima—

me iba alejando

de su estallido, aunque la medida de su violencia,

como una acusación de Sarge,

no se desvanecía.

 

No había viento.

Ninguna estrella apareció

para acogerme y darme seguridad.

El mundo parecía inmenso a mi alrededor

y según me movía en él

sentía que no podía viajar

más allá de mí mismo.

Pasaron unos minutos,

y después otro.

(Una vez vi, como en un sueño,

que nunca había llegado a casa.)

Crucé los raíles del ferrocarril, pasé de largo

el almacén de madera, el puente de cemento sobre Purgatory Creek,

y una vez más otros raíles—

una lógica agotadora me llevaba de nuevo a donde empecé.

Creo, de tanta desesperación,

haber apretado los puños

con tanta fuerza como los años

a mi nombre,

y allí creció en mi boca

un gran grito que nunca salió.

 

Una y otra vez: un chico a esa edad

no alcanza a ponerle palabras a lo que es torpe miseria.

 

 

                 − II −

Observador y Observado

 

Nadie camina conmigo

(por la calle cubierta de polvo

donde camino a paso ligero),

chico hosco, joven delicado.

En la tranquilidad de la tarde

que ha brotado serenamente de algo olvidable,

cada vecino

me traspasa con su mirada,

creyendo que la vida continúa como antes

cuando yo paso.

Los árboles y las casas entre ellos

miran fijamente que voy mudo;

desde donde están—casas, árboles,

vecinos—no pueden darse cuenta de

todo el repentino aliento hacia adentro,

un suspiro que yo mismo no alcanzo a comprender.

 

Algo ingrávido

se forma a mi alrededor, mientras mi cuerpo, sin aplomo

sostiene el impulso hacia delante

en silencio y a tiempo lento.

 

Cuando la tarde        vaciada de significado

 

cobra una perceptible profundidad,

 

los suaves pasos huecos con que me muevo

constituyen mi única causa.

 

 

                 − III −

Soñando en el crepúsculo

 

La vencindad, 1956—:

Llegué hasta sus límites

sintiendo que yo no era nada

más que mi nombre.

Parece que fue hace mucho tiempo

que puse los pies en el patio,

me detuve un momento

antes de entrar a cenar

y me apoyé, en cambio,

contra el delgado

tronco de un nogal.

Y de pie, desde mi posición,

sentí un gran vacío

que, ardiendo, traspasaba cada pensamiento.

 

Para entonces el día se estaba desvaneciendo en crepúsculo,

y yo empezaba

a no proyectar una sombra donde siempre había estado,

cuando vi,

de repente, a un chico solo

que tenía que llorar para probar que existía…

Algo de la pantalla se había

introducido en su vida, su pequeño escudo de fe

ya no estaba con él.

 

El crepúsculo alboreaba sobre las copas de los árboles

cuando me llamaron adentro

donde se dieron las gracias, estoy seguro de ello,

pues siempre le agradecíamos al cielo.

Recuerdo el reloj haciendo tictac

 

y mi respiración

cuando finalmente

 

mi boca de nuevo probó

sustento étnico en el consuelo.

El resto de mí empezó a soñar y mi mente

se alzó al vuelo y llegué a ser, por ese instante:

 

otro chico de otra tierra, de otro tiempo,

otro tiempo, también hogar.

 

 

EL LENTO PESAR DEL TIEMPO