Miami
Estados Unidos
Año VIII

 Nº 45/46

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


CUBA

 

CARLOTA CAULFIELD


Nació en La Habana, Cuba. Ha vivido en La Habana, Dublín, Zürich, New York, New Orleans, San Francisco, Oakland, Barcelona y Londres. Comparte su residencia entre Berkeley, California y Londres.

     Es autora de Fanaim (El Gato Tuerto, 1984), Oscuridad divina (Betania, 1987), A veces me llamo infancia/Sometimes I call myself childhood (Solar, 1985), El tiempo es una mujer que espera (Torremozas, 1986), 34th Street & other poems (Eboli Poetry, 1987), Angel Dust/Polvo de Angel/Polvere D'Angelo (Betania, 1990), Libro de los XXXIX escalones/Book of the XXXIX Steps (Luz Bilingual, 1995), Estrofas de papel, barro y tinta (Cafè Central, 1995), A las puertas del papel con amoroso fuego (Torremozas, 1996) Quincunce (Cafè Central, 2001), At the Paper Gates with Burning Desire (Eboli Poetry Series, 2001), Autorretrato en ojo ajeno (Betania, 2001) Movimientos metálicos para juguetes abandonados (Consejería de Cultura de Canarias, 2003), El libro de Giulio Camillo (InteliBooks, 2003) y Quincunce / Quincunx (Puerto del Sol, 2004) y Ticket to Ride. Essays and Poems (InteliBooks, 2005). Otros libros: Visual Games for Words & Sounds. Hyperpoems for the Macintosh (InteliBooks, 1993), Book of XXXIX steps, a poetry game of discovery and imagination. Hyperpoems for the Macintosh –CDROM (InteliBooks, 1999). Ha editado From the Forbidden Garden. Letters from Alejandra Pizarnik to Antonio Beneyto (2003) y las antologías Voces viajeras. Poetisas cubanas de hoy (Torremozas, 2002) y en colaboración con Jaime D. Parra, The Other Poetry of Barcelona. Spanish and Spanish-American Women Poets (InteliBooks, 2004). Tiene en preparación una antología de poetas irlandesas contemporáneas.

     Sus poemas han sido publicados en numerosas revistas literarias, entre las que se encuentran Haight Ashbury Literary Journal, Michigan Quarterly Review, Poetry San Francisco, Visions, Beacons, Turia, The Texas Review, Barcarola, Nómada, Cuadernos del Matemático, Aleph, AErea, Tercer Milenio, Walrus, y CHASQUI. Su poesía ha sido incluida en las antologías Looking for Home. Women Writing about Exile (1990), These are Not Sweet Girls, Poetry by Latin American Women (1994), Poesía hispano-caribeña escrita en los Estados Unidos (1995), El gran libro de América judía (1998), Antología de la poesía cubana. Tomo IV. Siglo XX (2002), Poesía cubana del siglo XX (2002), Las poetas de la búsqueda (2002), So Luminous the Wildflowers. An Anthology of California Poets (2003) y Breviario de los sentidos. Poesía erótica escrita por mujeres (2003).

     Entre los premios recibidos se encuentran el Premio Internacional "Ultimo Novecento" (Italia, 1988), "Mención de Honor" en el "Premio Plural" (México, 1992), "Mención de Honor" en el Certamen Internacional "Federico García Lorca" (Estados Unidos-España, 1994), Premio Internacional "Riccardo Marchi-Torre di Calafuria" (Italia, 1995) , la Mención de Honor en del 1997 Latino Literature Prize del Instituto de Escritores Latinoamericanos de New York y el Primer Premio Hispanoamericano de Poesía “Dulce María Loynaz” (Islas Canarias, 2002). Su página de poesía en la red puede verse en http://www.intelinet.org/Caulfield


 

 

SIEMPRE LA LITERATURA

 

Viví al extremo de todos los límites

mientras leía Molloy, Malone Dies y The Unnamable.

Es cierto, no entendía nada, pero

bebí los libros con gracia y fe,

fue así en los albores de mi juventud,

esa edición tríptica me consagró como

una muchacha rara, sola en su secreta vanidad.

Creí haber encontrado una atención obsesiva

y así pronuncié cada palabra,

hasta el total agotamiento.

No necesité de diccionarios,

ni quise preguntar por traducciones,

ni escuchar el comentario de ese alguien

experto en las novelas.

 

Me dediqué a observar y entré,

llevada por una ráfaga de astucia,

a la rapidez de lo ilógico,

pero con precisión, eso sí,

para después deshilvanar

y desmemoriarme.

 

Nada me impide ahora releer los textos,

¿Nada?

Cierto miedo, me digo,

a entender, por fin,

las palabras.

 

 

MIENTRAS TRADUZCO POEMAS IRLANDESES

 

Para John Goodby

 

En medio del lento buscar de palabras,

tú dices, mi patria oscura, “Un mapa infantil de Dublín”,

“Après una imagen de Joan Miró”, esa isla,

tentativa de dejar atrás el borrador

hasta trazar nombres y adjetivos

con más precisión.

Mas hay cierta acidez en no encontrar

significados o el equivalente a tal o cual vocablo.

No me detengo. Tengo prisa

y me pierdo en pliegues de mi idioma,

paso las páginas del diccionario con

inquietud de novicia,

y todas las cosas van tomando forma,

hasta ese cansancio que fluye

dentro de mí, sangre doble

de cada día, vacío repentino.

Salí tras nombres de árboles y pájaros,

bajé, subí, caminé de un lado a otro,

y todo se puso en su lugar,

otro borrador del poema.

 

 

EL FUNERAL

 

Vi muchas caras,

la del hombre audaz, la del bueno,

la del amigo de sus amigos,

la del elegante y bon vivant,

la del inteligente, la del autoritario,

la del turbio,

la del cortés,

la del mezquino,

la del padre de familia,

la del orador.

Leí artículos a su favor, algunos moderados,

otros llenos de exageraciones,

lo volvían santo y ejemplo de la nación.

Otros lo llamaban miserable,

acaso el peor político de todos,

el más ladrón, el más astuto.

Páginas y páginas del Irish Independent,

The Irish Times, la mejor lección de

historia irlandesa que he tenido.

Después, los comentarios radiales,

las imágenes televisivas de las multitudes

en espera del féretro, los discursos de familiares

y amigos y políticos y la opinión del ciudadano aquel

y el otro y aquella, y hasta del turista que

nunca oyó su nombre y pregunta si era un

cantante de Rock.

Yo, callada, devota a las palabras,

pronunciando muy quedamente

Taoiseach, Fianna Fail,

oifig an phoist, correos

ticéad, ticket

gardaí, policía

bealach amach, salida

lamiendo mis heridas nunca cerradas,

por eso voy a detenerme aquí, en la memoria,

volver al año 1979,

al atrevimiento, a la espera,

y tanta juventud y esperanza entonces.

Para mi, Charles J. Haughey fue

un posible exilio irlandés,

 

y así, como quien no

quiere las cosas,

he dejado caer,

en el sobre,

una gota de perfume,

y he guardado en él,

una vez más,

su carta.

 

Hace tiempo ya, hace mucho tiempo.

 

 

SNAPSHOTS

 

I

 

La ciudad siempre sucia y gris. Vista con ojos atrevidos, el polvo es simple curiosidad después de la lluvia. Y así, voy de prisa. Dawson Street se convierte en esa fotografía del año 1957 guardada con celo. Una niña de cuatro años, con vestido de terciopelo rojo, guantes blancos y zapatos negros hace una mueca. Detrás de la cámara, mi padre. Al lado de mi padre, mi madre sonriente. Tiro las tarjetas postales a la basura. Hay una lugar perfecto en la memoria. Todo blanco y negro.

 

III

 

Las ciudades con puentes invitan al júbilo. Los puentes son umbrales del pasear o de la rapidez. Siempre hermosos. Algunos recuerdan cuerpos desnudos. Otros son puras trampas visuales. Otros, arterias entre pasajes urbanos hacia un no conozco el lugar.

Esos otros, camino diario entre lo familiar y el agotamiento. Y aquellos con nombres históricos, los más felices dentro de su fama.

He recorrido muchos puentes. Algunos me han invitado a morir. En otros me han acariciado con entrega. En algunos he sentido miedo, otros me han dado sed y la noche. Casi todos me han regalado olor a podrido, miradas impertinentes y todo lo que significa un viaje.

 

Recuerdo aquel puente y este otro, los tantos puentes.

Con dos comulgo:

el Ha’penny Bridge, mi piel dublinesa toda fragmentos,

y el Ponte dei Sospiri, mi otra osamenta, la veneciana.

 

Entre el ayer y el hoy destruyo todo puente.

 

 

V

 

Dicen que Lord Mount Gardiner era un excéntrico

y que construyó casas de huéspedes

con habitaciones de techos muy irregulares,

paredes angulosas y ventanas indiscretas.

 

Amo a los arquitectos atrevidos y

Aurora se sube al techo en un día soleado,

Céfiro sopla con cierta musicalidad

y el viento se multiplica,

y los dioses disponen

sus formas bronceadas,

disfrazados de liebres,

esas esculturas de Barry Flanagan,

se imponen al ojo del transeúnte

con sus cuerpos largos, extendiéndose

por la rareza de muchas calles.

 

Inexorable destino el de Lord Mount Gardiner

mientras trazaba planos,

y le pedía a Jove ser un dios menor.

 

Si haces ofrendas a los dioses, tus descendientes

recogerán frutos sanos y maduros, te llenarás en experiencias,

no tocarás tierra definitiva, podrás entrar y salir de laberintos

sin tener que engañar a nadie ni llorar lágrimas amargas,

disfrutarás de placeres sensuales cuya felicidad sólo conocen

los elegidos, y podrás restaurar, al final de tu vida,

tu ligereza de liebre, esas largas manos tuyas

en las que paisajes desconocidos se alzan.

 

“Te escucho decir hombres jóvenes, columnas obsesivas,

esas puertas y corredores hacia la casa rebozante de bienvenida”.

 

Madre diosa, reina bendita,

llévate la furia de mi casa

no me castigues por las acciones de otros,

déjame construir y aléjame del frenesí

de toda criatura demente.

 

Ofrezco la última lección, la de Ariadna.

 

 

VII

 

Escribe un poema

o ponte a cantar

me dijo

una de las viejas sabias

de nombre Atenea

no se confunda

con la diosa

ella cuidaba el fuego

no le hice caso

sin tinta ni papel

me puse a tejer

con hilo fino

para no enterrar a los vivos

y fantasear a los muertos

que si el patio

se llenaba

de lagartos rojizos

y yo tejiendo

que si la ciudad

iba a ser abatida por

epidemias

y yo tejiendo

que si otra guerra

volvería a dejar

a las mujeres solas

y yo tejiendo

para destejer

la falta de imaginación

y el detestable olor

de las masitas de puerco

tejo todos los caminos

de la ciudad

y los destejo

tejo los perfiles

de los pretendientes

y los destejo

tejo el perfil

de

Antínoo

único sobreviviente

y lo destejo

tejo el perfil

de

Ulises

y lo destejo

no logro tejer

todo el perfil

de

Telémaco

destejo

y sueño

con un desconocido

que traerá alegría

a esta casa

dará fé de amigos

espantará a enemigos

hay que

tener

mucho oído

y vuelvo

a sentarme

frente al telar

por pura

costumbre

 

(Séptimo fragmento del poema Penélope, mujer de Ulises, entre sábanas de hilo irlandés)

 

 

LEÓN ESTRADA


Nació en Santiago de Cuba, (1962) Poeta. Miembro de la UNEAC, es jefe de redacción de la revista Del Caribe y editor del Boletín Ideas. Miembro correspondiente de la Asociación Prometeo de Poesía, España. Poemas suyos han sido traducidos al italiano y al holandés. Ha realizado las antologías Epigramas (1994), La patria de la luz (2004), Y como somos aquí estamos [con Nadya Lozada, 1994], Hermanos [con Goulart Gomes y Cos Causse, Brasil, 1997] e Incesante rumor [con Teresa Melo y Javier Cabrera, Canarias, 2002], Silvio: te debo esta canción [con Teresa Melo y Reynaldo García Blanco, 2005], Ha colaborado en Santiago, Perfil de Santiago, Del Caribe, Claras Luces, El Caserón, Sic, Alma Mater, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Antenas, Credo, Cúpulas, Revista del Vigía, Diéresis. Y en Cuadernos de Poesía Nueva, La Pájara Pinta, El Indio del Jarama, El signo del gorrión, Palimpsestos, Arboleda, Ánfora Nova, Cruz de Piedra, Lofornis, El vendedor de pararrayos, Cuadernos del Ateneo de La Laguna, Angélica (España); La Nación, Espiral, Retos (Colombia), El Caracol Marino, Graffiti, Norte, Alforja (México), José Martí Journal (Holanda), Poesía de Rosario, La luna que se cortó con la botella (Argentina), La porte des poetes (Francia), Caracola (Venezuela), Jornaleco (Brasil), Los papeles de Rocamadour, Diario La Información (República Dominicana), Il Majakovskij (Italia). Ha obtenido Premio Jacques Roumain 1988; Premio José María Heredia 1988, 1992, 1994; Premio Regino Boti 1991, 1999; Premio Manuel Navarro Luna 1992; Premio de la Ciudad de Santiago de Cuba 1994, 1996; Premio Santiago 1995; Premio 20 de Octubre 1995; Premio II Juegos Florales de Santiago de Cuba 1997; Premio Luisa Pérez de Zambrana 1999; Premio Oriente de Poesía José Manuel Poveda 2001; Mención La Gaceta de Cuba 2000; Mención Pedro Correa Vásquez 2000. Ha sido condecorado con Placa José María Heredia, Distinción Majadahonda 1936 y Distinción Por la Cultura Nacional. Aparece en Ellos pisan el césped (1988), De transparencia en transparencia (1993), Poesía cubana hoy (España, 1995), Poetas cubanos actuales (Venezuela, 1995), Cancionero General de Prometeo (España, 1995 y 1996),), Nuevo diccionario cubano de seudónimos (España, 2000), Prometeo 2000. Autoantología de poetas de la Asociación (España, 2000), Santiago de Cuba. Arpa de troncos vivos (2000), Heridos por la luz (México, 2001), Incesante rumor (Canarias, 2002), Antología de la poesía cósmica cubana (México, 2002), Prometeo Siglo XXI. 94 poetas de Lengua Española (España, 2002), Antología del arquetipo cósmico amarillo (México, 2004), Tejedores de palabras (España, 2005), Silvio: te debo esta canción (2005). Bibliografía: El tiempo de los fieles. Matanzas, Ediciones Vigía, 1988. El signo del peligro. Ediciones Hoguera Roja, 1989. Circo de barro. Ediciones Caserón, 1989. El tiempo de los fieles. Editorial Oriente, 1990. Tiempo de verano. Ediciones Cúpula, 1992. En la soberbia de un nosotros lúcido. Alcalá de Henares, España, Copyright Comunicación, Colección Trifón, 1993. Fábula del ascensor y la nodriza. Editorial Oriente, 1994. Los ignorados duelos. Ayuntamiento de Palos de la Frontera, Huelva, España, 1996. En el umbral de la herejía. Ateneo Cultural Antonio Bravo Correoso, 1997. Seis variaciones en abril. Ediciones del Sur, 1997. Happening. Ediciones Catedral, 1997. Cuaderno del año de la ira. Ediciones Renacimiento, 1999. Sitio de paz. Ediciones del Sur, 1999. El sonido que muere. Ediciones del Sur, 2000. El gato rompe el trueno. Ediciones del Sur, 2001. Desnudo de memoria. Guantánamo, Editorial El Mar y la Montaña, 2001. Libro de la duda y el deseo. Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2002 y Diccionario de escritores santiagueros. Ediciones Santiago, 2005.


 

  

ANTES DEL NACIMIENTO

 

Díselo     Aitana     dile que fui demasiado profundo

y que herían     desconsolaban las palabras

marcadas por el soplo.

Yo te iba muy adentro. Tú estás en mí.

Rodeada y libre donde nada me salva.

Dile también que en el rondel

(que no era falso anillo)

nada molestó tanto como entrar y salir

mojándonos de ese verano de prodigio

cuando éramos retorno de búsqueda y confianza.

Ya no eres más esa humedad lejana de la fuerza.

La Poesía es esto que no huele y no tiene color.

Éramos nosotros tres y la trepanación del cráneo.

Claro que hubo antibióticos antes del nacimiento

porque lavó su ropa íntima en charcos de agua estéril.

Éramos tres y la cuna no cupo en el ojo del discursero

ni en el mascotín de primera

ni en las tapas rojas de mi libro de olvido.

Moscas     Aitana     de la existencia.

Dolorosas     sufridas     tan leves.

Y es la mano que mece la cuna la que espanta

a los que buscan el color y el olor de la Poesía.

Yo te sueño desde el sueño. Llegaba el mes de agosto.

Y es la mano     hija mía     y tú misma

lo único que salvaré de las palabras que vendrán.

 

 

NO SÉ SI VOLVERÉ

 

Para Sergio Pereda

 

Nada me salvará.

Ni siquiera la confusión

de los desesperados

que esperan en el huerto

su resurrección.

Cuento los mosaicos

y me descubren los soldados.

Todos se hacen llamar Alí.

Comienzo este trayecto

y aparezco hechizado

tradicional y confluente.

Ha llovido y es más arduo caminar.

Qué puedo hacer sino mostrarme

húmedo y errante

del tanto hechizo de la lluvia.

Sería inútil conmoverme.

Sería inútil combatir.

De sombra y lodo este

camino desacostumbrado.

No sé si podré volver.

Por eso canto.

 

 

NOVIEMBRE DE SANTIAGO

 

Sentado junto a la muerte

a su brocal                   late el corazón.

 

Da igual de gato o gente

el corazón no despalabra días.

 

Tampoco es creer que sentarse

a escribir estas palabras o el olvido

resuelvan rosa  luz           justicia o alimento.

 

Habría que hacer del sufrimiento que es vivir

algo grandioso  algo difícil de olvidar

como aquel novelón de G. Caín.

 

O abandonarlo todo.


 

LA INTERMINABLE NOCHE DE LA FE

 

No tienes por qué escapar               ni descender.

Tus pasos diligentes dejan un rastro de sangre

como si de flores de tratara.

Dios no te ve.

Bajo el sol de febrero hay sangre. Sangre luminosa.

Si despiertas significas olvido y desnudez.

 

La imagen de dios no se refleja en ti.

Derramada la cera de los cirios en la liturgia añosa.

Él no te observa ni se convence de tu pureza.

Tú y él la irrealidad. La noche interminable.

No te defiende             y te deja caer.

 

Para ti sólo existe el Deseo.

Dios no te escucha. Dios no te dice:

“Por tus palabras hablaré.

Tus manos serán mi instrumento.

Tu nombre el mío. Serás yo”.


 

NADA SALVA DE LO TRISTE.

Ni siquiera Cuba. La promesa.

Esa hebra de hilo que es la ausencia

se va enredando en olores de la noche que viene.

Entonces trato de hallar tierra en el recuerdo.

 

Hablan sobre un pasado que no tengo

y mi alma se niega. Duda. Se niega a recordar.

Alguien que no soy yo dirá palabras.

Las rutilantes del error.

Fui el hijo. El nuevo. El fin del aire. El drama.

 

La mano que guía me lleva ciego

hacia eso que llaman Patria. Labio frágil. Verdad.

 

Yo busco en el espejo

y encuentro los caminos

por los que vuelvo ciego.

 
 

LIBERTAD

 

La conocí cuando la muerte atravesaba

su penúltimo umbral y en sus oídos el silencio

era la paz del verbo.

 

Fue breve. Los aspavientos engañaron a la página.

Las apariencias dividieron los por qué.

Se ahorraba los aullidos “setentas”

y el resplandor heroico y las dudas.

 

También el brusco atardecer de las vidrieras.

El maquillaje de la ciudad.

La otra jaula       el exilio.

 

En sus palabras limpias o en su limo escogido.