Miami
Estados Unidos
Año IV

 Nº  23/24

Escríbanos   

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 


 

 

 

SOÑAR EN CUBANO O LAS ENCRUCIJADAS

DE LA SOLIDARIDAD

por

 Emilio Bejel

 


       

 


     Si es cierto que toda obra es básicamente una lucha incompleta entre cierta fragmentación  superficial de la vida y el anhelo de un sentido fundamental y estable de solidaridad, la novela Soñar en cubano, de Cristina García, nos invita a reflexionar sobre asuntos que van más allá de una condición cubano-americana y por tanto nos permite adentrarnos en una serie de encrucijadas ideológicas que se refieren a la época en que vivimos.

     Creo que Soñar en cubano ha causado tanta sensación porque su problemática a menudo trata de ansiedades típicas de una época cuyo sentido de desorientación sirve para reconfigurar la relación entre la diferencia y la identidad, el pasado y el presente, lo nacional y lo exílico. El tremendo deseo de encontrar un sentido de solidaridad hace que Pilar, la protagonista de la novela, se desplace constantemente en busca de algo que nunca queda claro en la narración: ¿está dominada Pilar por la nostalgia de la patria perdida, o su deseo es más bien de justicia social?,  ¿es su lucha una obsesión por liberarse de su madre, Lourdes, como expresión de rebeldía adolescente, o se trata de un desencanto con el mundo materialista y consumista que Lourdes representa?, ¿es acaso la rebeldía de Pilar un deseo vago y confuso de comunidad y solidaridad?, ¿busca ella unicamente un sentido de identidad personal o se trata de algo más?  Quizás se trate de todos estos objetivos y sentimientos amalgamados de manera contradictoria y simultánea.

     Para iniciar la reflexión podemos decir que la novela establece bastante clara e insistentemente que Pilar se mueve entre dos polos sentimentales e ideológicos: el de su madre Lourdes, que representa una cubanoamericana exilada de derecha, y el de su abuela Celia, que aparece como una cubana de izquierda y simpatizante del gobierno cubano.  El atractivo que Pilar siente por la imagen de su abuela Celia como encarnación de un proyecto comunitario más cercano a un mundo percibido por ella como más simple y estable, se encuentra obstaculizado por los valores materialistas de Lourdes.  A partir de esta situación, Pilar actúa a menudo  como si quisiera inaugurar una nueva visión social desde una óptica radicalmente individualista que, en cierto modo, es precisamente de lo que ella misma está huyendo.  Por un lado, tanto su rebeldía contra los valores materialistas y consumistas de su madre, como el deseo de reconsiderar su postura en relación con su idea utópica de Cuba socialista, sugieren una orientación hacia un mundo más comunitario que el de Brooklyn en los años setenta; pero, por otro lado, tanto sus pinturas como su deseo de hacer las cosas siempre a su manera implican un universo muy individualista y a veces hasta caótico.

     Pilar busca un reconocimiento no sólo en su visión utópica de Cuba sino en los límites de su marginalidad, en su rebelión contra su madre, contra el consumismo metropolitano del mundo en que se desenvuelve.  Sus sentimientos de atracción hacia Cuba, durante buena parte de la narración, se deben menos a Cuba misma que a la condición de Pilar como americana o cubano-americana. En ella se desvanece, unas pocas horas después de llegar a suelo cubano, la imagen del proyecto comunitario y solidario que hasta ese momento ella percibía como representado por su abuela Celia. Si su búsqueda de solidaridad la llevó a una visión utópica de “Cuba socialista,” al llegar a la isla su actitud cambia hacia la visión de una “Cuba oprimida.” Pero se debe aclarar que en Pilar también se desvanece rápidamente cualquier sentido profundo de nostalgia por la patria perdida, ya que en realidad Pilar salió de Cuba tan niña que su nostalgia por Cuba y sus constumbres se acerca más a una melancolía, es decir, a un deseo por algo que en realidad nunca tuvo.  A pesar de los momentáneos recuerdos borrrosos de su niñez en Cuba, Pilar no aspira a significar dependiendo de la persistencia de una tradición cubana.  Si sólo buscara la tradición cubana per se como hechos del pasado, su objetivo se convertiría en una historia calcificada del presente como las cartas nunca enviadas de Celia a su antiguo novio español.

     Lo que Pilar exige, en su lucha contra su madre, es el derecho a significar desde la periferia, y ella pretende lograr este objetivo a base de una relación fantasmagórica con su abuela.   La fuerza de su búsqueda reside más bien, creo, en la actividad negativa e interventora que despliega durante gran parte de la narración, es decir, su resistencia desde los márgenes de una cultura híbrida, desde su doble exilio (como exilada cubana y como exilada de los patrones dominantes de la cultura norteamericana, así como de la cubano-americana). Y es en esta encrucijada donde residen tanto su enorme interés humano como su dilema insoluble y tal vez su fracaso descomunal.

     Al regresar a Cuba Pilar cruza una frontera ideológica llevada por su impulso utópico, pero este objetivo fracasa con su rápida desilusión de Cuba socialista. Ahora bien, cuando Pilar de cierta manera se hace cómplice de la dramática salida de su primo Ivanito preparada por Lourdes, su actuación se convierte en un gesto que se acerca a una postura más típicamente cubano-americana.  Su acto inicial de resistencia termina cuando asume lo más rígido del sistema que al principio cuestionó tan tenazmente. La complicidad o casi complicidad de Pilar en la salida de Ivanito lleva a cabo una especie de transformación de la protagonista hacia la postura política de su madre, y de esta manera la narración del final de la novela de cierta forma restablece el orden del sistema dominante capitalista que había sido perturbado precisamente por la búsqueda inicial desplegada por Pilar desde los márgenes de lo definido y rígido.  Ese impulso utópico que sugería nuevas posibilidades y soluciones casi se desvanece al final de la narración.  ¿Es el acto de sacar de Cuba a Ivanito el horizonte de la esperanza o es más bien el cuerpo de la derrota de la búsqueda inicial de Pilar?  Creo que ese acto implica, por una parte, el rescate del niño como salida del sistema comunista; pero, por otra, tal salida representa el lanzamiento del cuerpo del niño a ese mundo de la fragmentación y la desorientación que Pilar, al principio, cuestionó con tanta fuerza.

     La energía revisionista e intranquila que lleva a Pilar a su búsqueda obsesiva por algo nuevo y más solidario parece detenerse casi al final de la narración en una especie de reafirmación del sistema que  había cuestionado hasta ese momento.  Su resistencia se ha expresado por varias vías  para luego desembocar en una réplica del sistema dominante que ahora parece más afianzado que nunca.  Vista de esta manera, la novela es la historia de un gesto de resistencia que termina en un acto de asimilación. Por eso tal vez la novela en vez de “soñar en cubano” debió llamarse “soñar en cubano-americano.”  “Soñar” en este caso no es la expresión del encuentro con la verdad absoluta y estable, sino la historia de una búsqueda fallida de un deseo de creer, de integrarse, de pertenecer a un sentido solidario del mundo que acaso se haya perdido para siempre o que jamás existiera.

     Insisto en que el interés crítico del personaje de Pilar reside en que durante casi toda la novela, antes del final, ella permanece en un estado de rebelión desde la marginalidad en relación con formas más fijas de comportamiento e identidad. Ella gerencia angustiosamente, desde los márgenes, diversos valores y avenidas ideológicas que giran alrededor de la hibridez cultural en que se mueve, ya que es una adolescente de Brooklyn, en los años setenta,  que pertenece a lo que podría calificarse de segunda generación cubano-americana.   Su postura, en toda esta parte de la narración, se sitúa en una ambivalencia entre los extremos del consumismo y del comunismo.  Su actuación indica que su condición de exilada se constituye en el sitio desde el que se invade lo historiográfico, tanto lo historiográfico cubano como cubano-americano.  Pilar, como adolescente rebelde, se mueve en los márgenes de dos culturas, se desplaza en la exterioridad de los límites de esas culturas.  Esa es su contribución, ese es su impulso liberador.  La fijeza de los contornos que la circundan política y personalmente, así como su indecisión y su pasión, hablan desde un lugar que se sitúa entre su subjetividad y sus actos.

     La búsqueda que Pilar despliega desde su condición de doble exilada también cuestiona los límites y divisiones entre el hogar y el mundo, lo privado y lo público, forzándonos a reconsiderar antiguas divisiones y binarismos.  Se trata, parece, de pasar de lo deshabitado y exílico a lo comunitario histórico dándole voz a lo que está entre los contornos de lo personal e íntimo, de lo que queda fuera de lo históriográfico. Es por tal motivo que en ese momento liberador se gerencia el poder de la diferencia cultural en una serie de lugares transhistóricos.   Por ejemplo, el lenguaje indescifrable de las apariciones del abuelo Jorge son síntomas que surgen al quererse articular lo no dicho de forma paranatural.  ¿Qué es lo que queda no dicho en la novela?, ¿cómo se pueden leer esas apariciones del abuelo muerto?  Acaso esas apariciones son síntomas de una clase que perdió su poder con la Revolución y ahora se aparece de forma fantasmagórica como una promesa de estabilidad, como expresión de una ideología que implica un mundo que se percibe desde el presente como más estable, con contornos y fronteras más definidos.  Si así fuera, la salida de Ivanito al final de la novela y la casi coincidencia entre las posturas ideológicas de Pilar y Lourdes vendrían a ser una especie de retorno o reafirmación de los valores de clase que aparecen como síntomas reprimidos en las apariciones del abuelo muerto.  Se trata de una especie de regreso de lo no articulado que habla desde los intersticios de lo real.  Ahora bien, otra posible lectura de las apariciones es verlas como manifestaciones paranaturales que exploran una realidad social interpersonal que le da cierta expresión a lo reprimido, ese elemento reprimido que reclama que se tome en cuenta aquello que aunque no forma parte de lo historiográfico quiere participar en lo histórico.  En otras palabras, las apariciones en esta novela pueden muy bien leerse como expresiones sintomáticas de la búsqueda fallida de Pilar, ya que su deseo por encontrar nuevas soluciones sociales y personales no parecen lograrse nunca. La búqueda de Pilar, su rebeldía, apunta a una reconfiguración del espacio doméstico como el sitio en el que se trata de normalizar las técnicas del poder.  He aquí donde lo personal es lo político, y el mundo se sitúa en lo personal, y lo personal en el mundo.  Y es de esta manera que se hace la historia de una cultura o de una nación desde sus márgenes, donde se desvirtúan ciertos valores de filiación que se basan en el reclamo de un trauma histórico nacional.  Es por eso que a partir de estas reflexiones, suscitadas por Soñar en cubano, podemos decir que la insularidad de Cuba es más que nada geográfica, porque sus orillas, los límites de sus contornos nacionales, están constantemente sometidos a un proceso de redefinición desde lo abyecto, desde lo que parecía haber quedado fuera de sus fronteras discursivas.   Allí donde antes se recalcaba la transmisión de historias nacionales, ahora parece que es en las historias de exilios y marginaciones, de minorías y abyecciones, donde el terreno se hace fértil para la creación de una posible literatura mundial.  Cuando se vive en un mundo deshabitado, representar en la ficción sus ambigüedades y ambivalencias equivale a afirmar un profundo deseo de solidaridad social.  A fin de cuentas, sin un pasado común apenas podremos aspirar a un presente compartido.

                                                                                   


Emilio Bejel nació en Manzanillo, Cuba (1944). Poeta, crítico literario y profesor universitario de literatura hispanoamericana. Ha vivido en los Estados Unidos desde 1962. Se doctoró en lengua y literatura hispánicas en 1970 en la Universidad del Estado de la Florida (Tallahassee). Ha sido profesor de la Universidad de Fairfield (Virginia) desde 1971 hasta 1982, de  la Universidad de la Florida (Gainesville) desde 1982 hasta 1991, y de la Universidad de Colorado (Boulder) desde 1991 hasta la actualidad. Ha dictado seminarios de literatura hispanoamericana y teoría literaria en las universidades de Yale, Union, Pedro Henríquez Ureña (República Dominicana) y Rosario (Argentina). Ha publicado numerosos artículos y poemas en revistas literarias de América Latina, Estados Unidos y Europa. Entre sus obras principales, ha publicado los siguientes libros: The write way home (biografía, Versal Editorial Group, Inc., 2003); Gay Cuban Nation  (crítica, The University of Chicago Press, 2001); El libro regalado (poesía, Madrid: Ediciones Libertarias, 1994); José Lezama Lima, Poeta de la Imagen (crítica, Madrid: Huerga & Fierro Editores, 1994); Escribir en Cuba (entrevistas con autores cubanos: 1979-1989) Editorial de la Universidad de Puerto Rico (1991); Casas deshabitadas (poesía, Santo Domingo: Editorial Corripio, 1989); La subversión de la semiótica (teoría y crítica,en colaboración con Ramiro Fernández, 1988); Literatura de Nuestra América (crítica, México: Universidad Veracruzana, 1983; Huellas/Footprints (poesía, Gaithersburg: Hispamérica, 1982); Ese viaje único (poesía, New York: Unida, 1977); Direcciones y paraísos (poesía, New York: Unida, 1977); y Del aire y la piedra (poesía, Madrid: Editorial Internacional Romo, 1974. Hace poco terminó un nuevo poemario inédito titulado Pisapapeles.