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La prestigiosa
editorial PPC ha publicado un libro sumamente cuidado, bajo el título
“El espíritu de la letra. Acercamiento creyente a la literatura” , del
que es autor el profesor emérito de Historia y Crítica Literaria en la
Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y durante décadas redactor
literario de las revistas “Reseña” y “Razón y Fe”,
Antonio Blanch; persona, por otra parte, muy ligada a Andalucía.
Hasta el año 2001 ha sido director del Instituto Fe y Secularidad
y desde este año es miembro del centro de estudios Cristianisme i
Justicia (Barcelona).
Su especialidad en Literatura Comparada le ha permitido
conocer las mejores obras literarias desde los clásicos griegos hasta los
más señalados autores modernos. Entre sus publicaciones figuran “La
poesía pura española” (Gredos, 1976), “La trascendencia lírica”
(Narcea, 1981) y “El hombre imaginario. Una antropología literaria”
(PPC, 1995). De 1987 a 1991 ha sido presidente de la Asociación Española
de Críticos Literarios.
ALCANCE
HUMANIZADOR DE LA LITERATURA
Frecuentemente, las personas suelen acercarse a la
literatura como a un entretenimiento o a una ocupación para el ocio, algo
parecido a lo que ocurre con el cine o las exposiciones del arte. Por otra
parte, se dan también unas minorías de expertos que estudian las obras
literarias con especial dedicación mediante una serie de análisis
lingüísticos o estilísticos, con lo que la literatura adquiere rango de
disciplina científica. Según el autor, ninguna de estas dos actitudes, tan
distintas entre sí, acierta a comprender la obra literaria y a estimarla
en su auténtico valor humanista, en su sustancial función iluminadora de
la mente e incitadora de la sensibilidad. Esto es precisamente lo que el
libro ayuda a realizar, haciendo ver al menos dos aspectos de ese
particular alcance humanizador y personalizante que posee la literatura:
el de procurarnos un serio encuentro con nosotros mismos y con los demás y
el de abrirnos simbólicamente a niveles muy elevados de realidad,
verdaderamente estimulantes para el espíritu.
El
libro que comentamos, señala, pues, todo ese otro ámbito de
significaciones y sugerencias que se origina a partir del signo material
de la palabra escrita (littera); es decir, todo lo que nos lleva
más allá de la simple y directa intelección de los signos, al referirse
éstos a significados muy elusivos a veces, al sugerir realidades
imaginarias o al suscitar en el espíritu de los lectores vibraciones que
los conceptos claros y distintos nos suelen producir. Todo este conjunto
de referentes, a los que alude virtual o indirectamente el arte literario,
constituiría el horizonte de significados, no materialmente objetivados en
el mero signo, su potencial espiritual o de trascendencia, el alma del
texto, podría decirse, o, de forma equivalente “el espíritu de la
letra”.
A lo largo de los
siglos va dejando el hombre las huellas de su paso por el mundo, gracias
principalmente a la escritura, en esa serie tan variada de signos (letras
o ideogramas), cuya interpretación no debe nunca limitarse a su forma
física, por más caligráfica que resulte, sin llegar a alcanzar el alma,
le sentido profundamente humano, que tales huellas nos están
transmitiendo. Esto es también lo que intenta, con mayor o menor acierto,
todo buen intérprete literario, al querer explicar lo mejor posible las
obras por él elegidas, de las que no dejará nunca de atender, ciertamente
y en primer lugar, al cuerpo lingüístico (la textualidad), para pasar a
estudiar, con mayor interés sin cabe, el espíritu que a través del texto
se transparenta.
ALCANCE TRASCENDENTE DE
ALGUNAS OBRAS LITERARIAS
En
los estudios que se recogen en el libro comentado, se descubre el
horizonte más trascendente de algunas obras literarias, que le ha parecido
al autor especialmente interesantes, precisamente porque a veces desvelan
niveles de significación muy elevados; obras abiertas, en no pocos casos,
a zonas que pueden entenderse como sagradas y hasta religiosas. Su
objetivo interpretativo será, pues, averiguar cómo y en qué medida una
obra literaria dada está señalando, con sus múltiples virtualidades
estéticas e intencionales, hacia diversos niveles de trascendencia, que
para simplificar engloba en dos grandes categorías. Por una parte, lo que
podríamos llamar de superación del sujeto, en su propia condición personal
y en su crecimiento como ser libre y consciente, así como en su empeño de
mejor la condición humana de los demás. A esa primera trascendencia
literaria, por ser prevalentemente personalizadora, la llama humanista o
humanizadora. Y, por otra parte, sobre este primer nivel de trascendencia,
va precisando aquel otro nivel de significación, desvelador de los
misterios latentes en el fondo del espíritu humano, y en la raíz de todo
lo real, que es lo que aquí entiende por el ámbito de lo
sagrado.
Diremos, en cuanto a su desarrollo, que “El espíritu de
la letra” consta de una introducción sobre el alcance trascendente de
la obra literaria, y luego de dos partes confluentes y reflexivas: claves
para la lectura de algunos autores y fe e increencia en la literatura
moderna. El objetivo unitario de todo el libro ha sido indagar sobre la
naturaleza o el grado de trascendencia que en cada caso expresan, directa
o implícitamente, los autores estudiados.
FEDERICO GARCÍA LORCA:
UNA TEMPORADA EN EL
INFIERNO
Nos fijaremos en uno de los capítulos del libro por la
cercanía, la de Federico García Lorca, donde el autor profundiza en la
impresión que debió recibir el poeta durante su breve estancia en la
caótica ciudad de Nueva York. Impresiones las suyas que, por su analogía
de contenido exacerbado y de estilo surrealista con un conocido libro de
Rimbaud, bien hubieran podido agruparse bajo el título de “una temporada
en el infierno”, tal como rotula el capítulo el autor del libro.
El infierno de esta
“ciudad-mundo” se convertía así para García Lorca –como también lo
fueron Florencia y Roma para el Dante en su “infierno” – en una
gran imagen mítica, que le permitía denunciar el mal histórico que ya
entonces estaba amenazando nuestra civilización. Mal histórico que, para
nuestro poeta, se cifraba sobre todo en dos grandes poderes negativos: el
que destruye la Naturaleza y a los seres naturales, por la invasión de las
máquinas, y el que reprime la vida espontánea de la gente sencilla y
marginada, como resultado de la omnipotencia del capital monetario. En
consecuencia, la elaboración literaria de ese gran mito infernal, estará
dominada por un permanente proceso de antítesis catastróficas, que
acentúan, de manera casi siempre muy intensa y fantástica, la lucha
cósmica entre el Bien y el Mal, cuyo campo de batalla mítico ya no será el
cosmos donde luchas divinidades antagónicas, ni ángeles y demonios, sino
las amplias aglomeraciones materiales de la megápolis moderna.
En suma, “El
Espíritu de la letra”, es un libro para tenerlo muy cerca, y
reflexionar sobre su contenido. Sin duda, su lectura, que la recomendamos
vivamente, no nos va dejar indiferentes. Una buena obra de estudio.
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Víctor Corcoba Herrero
Nació
en Cuevas del Sil, León, España (1958). Escritor, crítico literario y poeta.
Diplomado en Magisterio por la Universidad de Oviedo, y licenciado en Derecho
por la Universidad de Granada. Reside en la actualidad en Granada.
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