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OSCAR PORTELA
Nació en Corrientes, Argentina. Poeta y
periodista. Ha sido Asesor Cultural de varias agrupaciones
literarias, Director Fundador de la Revista Literaria “Signos”, del
Semanario “Acción Federal” y del Semanario “La Noticia”, de la
Revista “Tiempo”, de la Revista y el Semanario “Diagnóstico” y
Director del Suplemento Cultural del Diario “Época” en Corrientes,
Director del Departamento de Letras de la Subsecretaría de Cultura
de la Provincia y Presidente de (SADECO) Sociedad Argentina de
Escritores de Corrientes. En la actualidad continúa siendo Asesor de
Cultura de la Cámara de Diputados de la Provincia de Corrientes,
Coordinador de la Fundación Juan Torres, Miembro de la Asociación de
Periodistas de Corrientes y Delegado Zonal de la Sociedad Argentina
de Escritores Central para las provincias de Corrientes, Santa Fe y
el Chaco. Su labor como periodista, tanto en la prensa como en la
radio, a nivel nacional e internacional se extiende a lo largo de
cuatro décadas de intensa labor profesional. Ha colaborado con los
siguientes diarios y revistas: La Prensa (Buenos Aires); La Opinión
(Buenos Aires); El Cronista (Buenos Aires); Clarín (Buenos Aires);
Convicción (Buenos Aires); El Sol de México (México, D. F.);
Cuadernos Hispanoamericanos, (Madrid, España); y El Zumo (Bogotá,
Colombia), entre otros medios. Ha publicado los siguientes libros de
poesía: Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos,
Auto de Fe (Municipalidad de Corrientes), Había una vez,
Memorial de Corrientes (Editorial Tiempo, Corrientes),
Estuario (Publicado por la Comisión del Cuarto Centenario de
Corrientes y Primer Premio Nacional Carlos Gordiolla Niella),
Golpe de Gracia (Editorial Marymar, Bs. As.), Selección
Poética/Poetic Selection (Edición Bilingüe, Ediciones del Correo
Latino de Buenos Aires), Nietzsche, Sonámbulo del Día
(Editorial Tiempo), entre otros. Su obra se puede encontrar en la
mayoría de las antologías de poesía argentina contemporánea. Ha
recibido múltiples reconocimientos especiales por su aporte a la
cultura y a las letras de su provincia otorgadas por el Ateneo
Cultural Correntino, así como varios premios literarios, entre los
que se destacan: el Primer Premio de la Municipalidad de Corrientes
(1981) y el Primer Premio "Carlos Gordiolla Niella - Cuarto
Centenario Fundación de Corrientes" en el género lírica, por su
libro Estuario.
PALABRAS AL ABISMO
Vomitar palabras al abismo,
devolver gemas al vacío,
¿no eres tú mismo lava
expulsada de ti por el vacío?
Deja que los muertos
entierren a sus vivos,
como entierras deseos
en el profundo túnel del dolor.
Suelda grietas la lava
por donde entras ahora
a la noche del no saber.
Sepulta palabras en la noche,
devuelve gemas al vacío
donde naufragan las intensidades.
Dormir como se duerme
en la nieve
arder como se arde
en las blancas noches
sería más sencillo
que consagrar palabras al abismo.
Finalmente estás cansado.
Adentro es el afuera sin márgenes.
Antes de todo juicio
estamos condenados.
Arder aquí no significa
nada. Sucumbir tampoco
resulta suficiente.
En la Iluminación, borrarse
como se borran las imágenes
de un sueño sería plausible
y luego arrojarse desde el
lenguaje hacia el vacío
que funda todo lenguaje,
toda gema, toda palabra
todo extrañamiento
de la muerte
en el desierto extremo del amor.
¿OTRA VEZ TÚ?
Oscar
Szbarra Mitre
¿Otra vez tú mi viejo amigo, inesperadamente,
atravesando hendijas, inadvertidamente
como un niño burlando rejas y ventanas?
¿Otra vez tú, excitando tumultos,
estimulando linfas y latidos en sombrías arterias
y en éste estremecido corazón?
Hermoso sería yacer en una fría mañana
sobre una pesadilla de pétalos dormidos
en el aire o rendidos al fuego ser absorbidos
por las raíces que alimentan las ramas
verdecidas de agosto y lastiman los labios.
Así, más allá del dolor, reposar serenamente
sin olvidos para nacer de nuevo a tus
deseos. Renacer sería demasiado fácil,
ascender por tus dianas es todo lo
que mi corazón anhela.
FRUTOS
A Marily Morales Segovia
Ahora que da frutos la muerte
y yacen en olvido las memorias
bajo aparente calma, se cobijan sin despertar
las estaciones, las ansias y deseos sepultados,
y el tiempo trasparece
de ausencias, claras como la soledad,
vuelves a mí como vuelven los ecos al corazón
enamorado de nombre.
El gran túnel de la vida amanecido está
sobre la muerte y sólo el duelo permanece
abierto en el poema de los nombres
grabado por mis manos en tu nombre.
Así, mientras da frutos la muerte,
escribo estos poemas para exaltar las sombras
y los sueños que nos vieron pasar
solos y ausentes.
CUÁN PROFUNDAMENTE
A Marcelo Fernández y Florencio
Godoy Cruz
Cuán profundamente habré de enterrarte en mí,
y cuán profunda habrás de ser, mi alma,
para contenerte en el olvido de sí,
pues profundamente deberás enterrarte
a ti misma en el olvido, ámbito en la que
también los ecos de otras armonías
enterradas se exaltan afiebradas en la cuna del don
de la memoria. Suavemente vais a depositarme en el
féretro, cautelosamente me reposareis
en el ambiguo lecho del olvido donde conviven
las promesas y lo no sucedido. En el íntimo
sueño de las bocas, bebiendo
de la miel del olvido, vais a sahumar mi cuerpo
con delicados sándalos y a levitarme en andas
de un amoroso verbo como espectro de imagen
que acaricié paciente bajo la luz del día.
Que no levanten vuelo los augurios
y despierten en mis leves consuelos, temblores,
alas, quedos píos y palabras de madre.
Suavemente, cautelosamente evitad que los sueños
levanten vuelo y custodiad mi muerte,
veladme inmóvil y olvidado de mí,
borrado en las resurrecciones. Y olvidadme
Profundo es el abismo del alma, extranjero.
No abras tus ojos aquí, cuando las voces
miran hacia su propio vértigo. Te amé hasta
la consumación de los límites, ilimitado
es el olvido donde reposo, custodio
del dolor consagrado a los nombres, perfiles
donde cuna la vida la sigilosa sombra de la muerte.
ECCE HOMO
A Luis y Charito
No he triunfado en la vida como tú.
Demasiado simple mi corazón para los aires malsanos,
sólo cultivador de nupcias de lluvias y veranos
que vuelan siempre y sueñan para más adelante.
En un paisaje ardido de noviembre
quemé los acertijos y aquí estoy inviolado y
desnudo dando mi canto a escombros y
mortajas y muertes. Ni vanidad ni orgullo
podrían sostenerme,
salvo la luna sobre los altos pinos, sonámbula y sangral
como mi alma. Entregándome a nupcias,
tempestades y rayos,
a furias y cenizas de llanuras, a duendes y pillajes
renovados del alba, ahora sonámbulo,
por sombras y memorias
secuestrado. Una sola voz en el espacio puso
luz en mi vida, Oh, melodía de aguas con el
color de ojos
virginales, allí donde la incuria no tenía medidas.
Dormir, dormir así sin nombres ni grafías finalmente
entregada a las hoscas redomas del aire y de la tierra
donde se cumplen siempre los deseos del aire.
Ni lamentos ni lápidas bajo las nobles talas,
en el bello paisaje que empurpura mis ojos, allí
donde la gracia quiso rendir tributo a las potencias.
ÁNGULOS
A Alfredo Mariano García
Después de la faena agotadora,
la fatiga, el cansancio, la abrumadora soledad
sintiéndose a sí misma en la cruz,
-los ángulos iguales, el vacío que llena el centro de la
nada- y la imagen de un rostro
que no se ve. Atrás quedan las siestas.
Ardor insoportable de ser y saberse vencido
por la implacable sed. Lejos quedan imágenes
sostenidas en claves y misteriosos
vínculos de azul, y el azar,
la sal y las rapiñas de cuerpos devorándose
en la magnificencia de una noche absoluta.
¿También las hubo? Después de las jornadas
de dolor, el porqué y las alas que vuelven
o en círculos vigilan sobre un dolido corazón.
El que habla, el que escribe para callar,
muda para pensarse sosteniéndose
en el abismo de un enigma, florecido como una
boca pura en mi ingle, es sólo un muerto,
un virginal deseo que se durmió a tus pies.
Después de la fatiga, la soledad diciéndose a sí
misma, reenviándose dudas, actas de nacimiento,
diarios de viaje, atormentados pésames y
una paloma con el ala quebrada. Ceremonias de lo
que resta del día, desoladoras imágenes, risas
en el vacío y la muerte furtiva tras el medroso
olfato de la razón, inquiriendo las formas y los
perfumes de tu piel, soñándose, atormentándose
en sahumerios, que buscan un sepulcro donde durar
en sombras y en vacilantes ecos. Sólo un Dios
puede salvarnos ya. Ni en los celestes coros
ni en los ciegos abismos, alguien guarda respuestas
para ti. Después de lo que resta del día, de la espera
dolida, sería suficiente, piadosamente desaparecer
de las memorias, los espejos, los nombres y clamores
que abren y dan consuelo al tiempo. No un viaje más,
no una jornada, sino la ardiente víspera de adiós
hacia la noche austera donde tus bellos ojos
yacen velándose en el vacío del vacío.
FABRIZIO VOLPE PRIGNANO
Nació en Mar del Plata, Argentina (1972).
Poeta, escritor y periodista. Director de la revista de arte y
cultura Enfocarte.com
(www.enfocarte.com). Coordinador Editorial de API (Asociación de
Periodistas de Internet). Miembro de Periodistas Frente a
la Corrupción, organización internacional con más de 500
integrantes. Colabora habitualmente en medios especializados y
revistas culturales de España y Latinoamérica. Se especializa en
diseño y producción de contenidos para sitios web, labor que le
permitió obtener más de sesenta premios internacionales. Es miembro
de AIWH (Asociación Internacional de Webmasters Hispanos) y forma
parte del Comité de Votación de IAWMD (International Association of
Web Masters & Designers). En televisión se desempeñó como productor
periodístico y guionista del programa Construyendo el futuro,
tres veces ganador del premio “Santa Clara de Asís”, emitido por las
señales de Pramer, Multicanal, Telecentro y Telered, realizando
documentales turísticos y de investigación por todas las provincias
argentinas. Fue conductor, director periodístico y productor general
del programa de radio Algo personal de temática periodística
e investigativa en FMB Radio Burzaco, en la provincia de Buenos
Aires. Fue co-fundador, periodista y jefe de redacción de la revista
de interés general Q es Q, editada en la ciudad de Mar del
Plata. Fue miembro del equipo de redacción del Periódico
Latinoamericano de Internet Pantalla de noticias. Tiene un
libro de poesía titulado Crucifixión (cruz et fictio).
Actualmente se encuentra trabajando en un libro de ensayos sobre
cultura y globalización.
Una vez más he
quebrado el espejo, como tantas otras,
como siempre, como
nunca...
Ha estallado en
quinientas partes y cada ínfima partícula
es mi imagen,
y todas son mi
imagen,
y cada partícula es
un cristal naciente.
Ha estallado en
quinientas partes
y nada es mi
imagen,
alegoría
indiferente en ningún tiempo.
Dioses paganos
clavan sus espadas en los desérticos surcos
que han dejado mis
venas
(ya sedientos
sacerdotes caníbales beben mi sangre
contenida en
colosales ánforas)
Acaso me devoran
pero he perdido la cuenta.
He vuelto, una y
mil veces
y jamás,
en ningún tiempo
ha sido el mismo
espejo, el mismo reflejo
hombre-espejo, (una
vez más)
la cifra nos ha
omitido.
(Hombrespejo...)
Todos los
amaneceres son el mismo y ninguno se parece,
exigua ánima
escéptica - desalmada existencia -
bebiendo
de las ánforas
inmaculadas. Vuelvo,
invariablemente, y
me impregna el infinito
reflejo impasible:
hombrespejo...
He estallado en
incontables partes y cada ínfima partícula
es el espejo,
y nada es el espejo
y todo es un
cristal reciente.
La inalterable
displicencia inerte desde el alma del espejo
me zambulle en la
vigilia,
se zambulle en mí.
Inexistencia.
No soy uno, no soy
todos, hoy no soy aquel,
tampoco quien
recuerda.
Una vez más me ha
quebrado el espejo, como otras tantas,
como nunca y como
siempre.
DESTINO
Cae la lluvia
mutilando los
efímero instantes terrenales
establecidos por
el tiempo. Cada gota
es la muerte,
es la vida.
Cada partícula de
agua
es la ausencia y
el absoluto.
El tiempo y el
espacio ya nada pueden hacer.
EXCUSA
No puedo eludir
aquel sombrío laberinto
donde todas mis
ausencias
permanecen en la
incertidumbre.
No puedo
prescindir de los seres insaciables
que invaden mis
instintos
y los encadenan a
los confines de tiempo.
No puedo rehusar
estas cruces
y calvarios de
dos mil años.
Sencillamente,
no puedo huir de
este libro.
EL POETA
Iluso y severo
letargo quimérico
que me ha confinado
al juego eterno,
azaroso,
alterando todos los
significados.
Utópica
complacencia del destino
que me transforma
en letra y pluma,
me convierte en
mano,
pensamiento y
efecto,
sensación, huella y
poeta.
Creador del edén y
del tormento,
de mi cielo, de mi
infierno.
Aquel camino que me
esclavice
puede ser el mismo
que me libre.
CREPÚSCULO
Cae el sol,
ocaso último de la
crucifixión.
Abismos elementales
de criaturas
concebidas desde el
Averno.
Se han sucedido,
hastiados,
los tiempos de
vigilia.
Mortales amantes de
la inmortalidad
han de sumergirse
en el deleznable lodo del destino,
indagando en la
miseria vehemente
ahogada por
diluvios seculares,
sin siquiera
escuchar
el íntimo fragor de
los laberintos del alma.
Sin siquiera
sofocar
la pena de aquel
último suspiro.
Aquel crepúsculo
hipnotiza las sombras de la eternidad.
DESCENDENCIA
Siento mis
antepasados en el cuerpo ya exhausto,
generaciones de
fantasmas haciéndome un mismo mal.
Siglos de una
historia, años de una familia heroica,
vidas de un
antiguo nombre esperando mi final.
No puedo escapar
a mi oscuro destino de mártir.
No se luchar
desde aquí contra aquel desgarrador sistema.
Sólo piensan
formar parte de mí por siempre
y que nuestro
futuro continúe con un lema.
Intentan repetir
su sublime historia en el mundo
deambulando entre
tinieblas sin sentido.
Cada uno desea
subirse al escenario destruido
y a todos
nosotros, sus hijos, indicarnos el camino.
Desde mi lúgubre
lecho de muerte los desafío
a derivar el
agonizante rumbo de este amargo recorrido.
Trato ciegamente
de vivir para cambiar esta vida de héroes
y mártires que
mueren sin merecer ese castigo.
Veo a mis abuelos
comiéndome dulcemente el corazón.
Una muerte
triste, tierna, opresivamente casual.
Me veo preso,
devorando las entrañas de mis nietos
y comprendo que
todos llegaremos a ese mismo final.
MARIO SAMPAOLESI
Nació en Buenos Aires, Argentina (1955). Poeta,
editor y traductor. Ha colaborado en numerosas publicaciones del
país y del extranjero. Su libro Puntos de colapso ha sido traducido
al inglés por el poeta Ian Taylor. Una selección del mismo ha sido
publicada en el Reino Unido. Entre los años 1989 y 1991 residió en
París, Francia. Actualmente dirige la revista de poesía Barataria.
Ha editado los siguientes libros de poesía: Cielo Primitivo
(1981) Ediciones de la Sociedad Argentina de Escritores; La
Belleza de lo Lejano (1986) Ediciones Amaru; La Lluvia sin
Sombra (1992) Ediciones La Guillotina; El Honor es Mío
(1992) Editorial Vinciguerra; Puntos de Colapso (1999)
Ediciones del Dock. Ha traducido del francés el poema El
Cementerio Marino de Paul Valery (1998) Ediciones La luna, y
El monje loco está de regreso una selección de poemas de Ryokan,
(1993), Barataria. En junio del año 2002 participó en el 12 Festival
Internacional de Poesía en Medellín, Colombia. Entre las
distinciones más importantes con las cuales ha sido reconocida su
obra, figuran: Primer premio Nuevas Promociones Literarias, Sociedad
Argentina de Escritores (1981); Subsidio a la Creación Literaria,
Fundación Antorchas (1991); Segundo Premio Fundación Inca (1994);
Tercer Premio Nacional Regional (1997); Segundo Premio Fondo
Nacional de las Artes (1998); y la Beca a la creación literaria
Fondo Nacional de las Artes (2000).
PUNTOS DE COLAPSO
(1)
Fue será una
quietud apartada de todo, desprovista de todo: una postura recta que
se separa del concepto de lo otro: se sumerge en su identidad, en su
esencia sin lenguaje, sin trascendencia.
Sólo el sentido
último del vacío; el ritmo de ese vacío contiene al silencio y con
su potencia desflora, deshoja:
provoca el otoño,
modifica la aurora.
(2)
La formación, la
parte, el conjunto, la identidad, lo que indica y señala: provocan.
Aún con su
precario atractivo, la intemperie del vuelo advierte sobre la
posible potencia de esa carne, de esa densidad que se aloja alojaría
en alguna de las infinitas formas de lo creado:
idea de saciedad,
de despojo, de frecuencia.
Únicamente existe
la posibilidad de múltiples combinaciones, encuentros, puntos de
colapso, estallidos.
(3)
Viento: el
sonido estereofónico del viento.
El viento es
un aullido.
Sopla
continuamente en mi cabeza.
La traspasa
aquí en la montaña.
Marrón
blanco
amarillo
celeste.
Todos estos
colores están en mí.
Forman mi
cuerpo, lo componen y descomponen.
Se vuelven
banderas.
En la cima, en
lo más alto hay una bandera.
(4)
Hace dos días
que sigue la tormenta.
Por suerte
pude cazar un extraño y peludo animal.
Para limpiarlo
lo abro en canal.
Tomo
fotografías de sus vísceras.
Muchas
fotografías de sus vísceras.
No debería
olvidar jamás este momento.
Como un animal
mato para sobrevivir.
(5)
Dividí mi
presa en trozos pequeños y semejantes.
Armé una
jaulilla con ramas y restos de madera.
Puse allí la
carne y la colgué para que se oree.
Después me
senté frente al fuego y miré la tormenta.
Solamente me
senté frente al fuego y miré la tormenta.
Esto también
pasará, me dije.
(6)
Lo extraño de
este paisaje se alimenta de lo fatal; se sobrevive en una
secuencia repetida día tras día: su carga emociona y de tan
riesgosa forma parte de la desesperación.
Porque se ha
dejado atrás un precipicio y otro y otro y otro más.
El
desaprovechamiento de la vida se convierte entonces en la
culminación de una vejez: asusta, clama por su espacio de felicidad,
por su nevado refugio.
(7)
Pero en lo
recóndito de todo placer, existe una identidad. Se oculta y poco a
poco desaparece.
Se vive de
pérdidas, de acontecimientos (se suceden como fragmentos de una
música). Desarmonías, desplazamientos se imponen se impondrían a esa
idea de felicidad agazapada en la sangre:
si tan sólo
hubiesen sido promesas quebradas por el infierno, abortadas en su
posibilidad de paraíso por falta de profundidad, por extremos sin
límites, por carencia de amor.
(8)
Escucho el
ruido de la noche al romperse contra la montaña.
Imagino la
dureza del golpe, la salpicadura de sombras geométricas, de
partículas negras, filosas, cortantes.
Pienso en mi
vida anterior y me parece lejana y absurda.
Absurda y
lejana.
La noche, el
viento, se rompen contra la montaña.
(9)
La forma
reproduce el grito de fondo de precipicio. El fondo denuncia en la
forma su estructura no deseada, camuflada, oculta por la necesidad,
por el miedo.
El punto de
encuentro es colapso.
(10)
La vida vacía a
veces su contenido. El flujo se detiene y uno se percibe en el
infierno (el infierno está verdaderamente en la tierra, Rimbaud),
forma parte de ese ocaso que es la imagen de nuestra decadencia, la
floración de un pus abstracto: perfora, penetra, contamina.
Toda búsqueda
desemboca en desencuentro, toda pérdida concluye en crecimiento, en
amplitud, en generación de espacio.
Todo punto de
colapso evoluciona en estallido, y de estallido en expansión
(aumento de comprensión, de tolerancia, de paciencia).
Imágenes
borrosas, contornos, sinuosidades, fuego.
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