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ODETTE ALONSO YODÚ
Nació en Santiago de Cuba (1964). Poeta y narradora. Licenciada en
Letras por la Universidad de Oriente. Ha publicado: Criterios al
pie de la obra (Premio Nacional, 1988), Enigma de la sed
(1989), Historias para el desayuno (Premio de poesía
“Adelaida del Mármol”; 1989), Palabra del que vuelve (1996),
Linternas (Nueva York, 1997), Onírica, última función
(1999),
Visiones,
Insomnios en la noche del espejo (Premio Internacional de
Poesía “Nicolás Guillén” 1999) y Antología cósmica de Odette
Alonso (2000).
Textos suyos han sido incluidos en varias antologías, revistas y
publicaciones culturales de Cuba, México, Estados Unidos y Canadá.
También ha sido premiada por la Universidad Nacional Autónoma de
México con el premio de poesía Punto de Partida (1993) y
recibió una mención en el concurso internacional de la revista
mexicana Plural (poesía, 1993).
Reside
en México desde 1992.
CODA
Estoy
oyendo voces
y
estalla la mañana
resplandor que silencia los brotes en la arena
un torpe
descansar sin más zumbidos.
La
distancia es una perra jíbara
la
distancia es un pozo
una
estruendosa soledad por dentro.
Después
vendrán las voces clamándome al oído
descontinuado amor que sucumbe en su hoguera.
Estoy
oyendo voces
y cierro
mis compuertas.
Que
nadie trate de evitar la llamarada.
FÁBULA DE DOMINGO
El
domingo no existe.
Todos
saben por qué
pero no
lo evitaron
y el
domingo recogió sus pertenencias
toda su
ropa limpia de cada tendedero
el
brillo en los vitrales de cada mediopunto.
No llora
su muchacha porque no tiene llanto
porque
ya se ha secado
de tanto
acariciarlo y que no exista.
Él
que siempre fue un marido regresando
para
sembrar un poco de calma sobre el pecho
él
que fue siempre
al fin
de la semana
el
respiro profundo para empezar de nuevo.
Ahora se
fue el domingo
se ha
perdido no existe
el
planeta es una cruz que se desploma
y se ha
quedado viuda su muchacha sin llanto.
AGENDA PARA OLVIDOS
VOLUNTARIOS
A Noel
Pérez, su historia.
Laura ha
olvidado todo.
Borró
las direcciones de su agenda
los
nombres las señales la terminal aérea
y se
lanzó a vagar a buscar nada.
No hay
pasado posible
sus ojos
han perdido la costumbre de hurgar
y dice
que deambula hacia la muerte
ese
remanso fuga iconoclasta.
Un
pasillo de hotel confunde su despojo
la
puerta que al final es un relámpago
donde
seguir los pasos al viajero
su
bandera salvaje.
Oh
muerte espacio fiel para la duda
cualquiera es transeúnte para siempre
y
asesina su espectro.
Ella
encontró la puerta
nadie
aparece detrás de su memoria.
Laura
tampoco existe es un fantasma.
TANGO
DEL SOLITARIO
Los solitarios
danzan su eterna soledad
se hacen sombra
en las calles
noviembre ese
traidor
los ha olvidado
y Dios se vuelve
torpe.
La casa es un
disparo
una sombrilla
azul.
No existe al otro
lado el espejismo
cada quien es su
espacio vital
su pobre
puntería.
La casa
empequeñece
se entrega como
un manto
es un trofeo
un escondite una escafandra
es una gota pura
en la pupila de las madres.
Los solitarios
danzan
es el minuto
exacto para que abran la puerta
y se quede una
mano a la intemperie.
Los solitarios
danzan
y Dios se vuelve
torpe.
Noviembre es un
pedazo de amor que se derrumba.
LLANTO POR LA CIUDAD
CUANDO ME ALEJO
…qué sola te
quedaste,
mi madre, con tus
huesos.
ELISEO DIEGO
A Santiago de Cuba.
Qué
culpa tiene madre
con
tanto orgullo y tanto título en la frente
de que
sus hijos huyan para hacerse crecer.
Qué
culpa tiene la pobre de los muros
del que
se eleva sobre su cadáver
y le
vacía el alma.
Oh
ciudad
cuánto
amor se me cae
qué
triste te me vuelves entre tanta montaña.
Qué sola
estás.
A qué
manos entregaste tu vejez
con qué
artificios te cubren el semblante.
Cómo es
posible ciudad
cómo es
posible
este
patriótico olvido en que te dejan.
CASA EN LA CIMA DEL ODIO
Tu casa
está en la cima de las sombras
donde
pocos se arriesgan a despertar al tigre
y
cierran las ventanas a la luna.
Tu casa
está en la cima aunque oculten sus ramas
y
desborden las piedras en medio del camino.
La
espuma es un banquete y una trampa
que
acaba con tu suerte de tenues cicatrices.
No
pongas en sus manos la tijera
no
claves en tu espalda las espinas
mantén
el equilibrio sobre la telaraña.
Qué
difícil entonces encontrar el camino
viendo
el fuego prenderse al borde de tu casa.
Los
puentes han dejado colgando su esperanza
ya no
puedes saltar sobre los puentes
y buscar
los diamantes que dejaron caer.
Tu casa
está sitiada
pero no
tengas miedo.
El
parque se hará nuevo si despiertas al tigre.
También
en tu carcaj vas guardando el amor
la casa
está más cerca
no temas
alcanzarla.
JESÚS I. CALLEJAS
Nació
en La Habana, Cuba (1956). Poeta y narrador. Ha publicado los libros
de cuentos: Diario de un Sibarita y Los dos mil
ríos de la cerveza y otras historias.
Sus poemas, cuentos y artículos han aparecido en diferentes revistas
y publicaciones locales. Es un asiduo colaborador de la Revista
"La Casa del Hada" que se publica en el sur de la Florida.
Reside en la ciudad de Miami, Florida,
EE.UU.
Obsequio
Cuando llegó la
guerra
visitando a las
ardillas
se dispuso
la ceremonia del
té nuclear.
Llegó la guerra
sobre una
alfombra
con pie mojado
sangrante
aunque portando
la impecable tos
del maquillaje.
Cumplimentado su
inobjetable
periplo social
la guerra visitó
después
a todo género de
artículo:
dedal, rosa,
zapato (uno solo y
con fragmento de
carne adentro)
hombre (entero
género), calle
manjar, parque
vacío
y demás bazofia
conocida.
Sin esperar su
arribo
escapé hacia la
mañana
donde escupí un
resguardo
y vertí la inútil
sangre del poema.
Satisfecho le
dejé
sólo a la guerra
la letra fláccida
que ya no mía
todos conocemos.
Después cayó otra
bomba
y olvidé mi
cometido.
La
ventana
Los puntos del
sofisma
son el punto de
la duda
asumida al beber
una copa
de cianuro
distanciado
y cuajada de
tinta
más que de
interrogantes.
La tinta de un
antílope
canaliza mis
latidos
de esclerótico
durazno
a través de un
papel
de simple
taumaturgia.
Cuando el
martirio universal
no se debata ya
contra sus
propias rodillas
permaneceré
sentado
no silencioso y
con otro vaso
saciando a todas
la bocas
que me han
abandonado
y deciden
desde ya
llamarse dedos.
Ya no bebo
cianuro
soy ahora con un
vaso de licor sagrado
disipando las
hormonas monstruosas
y preguntando a
las hormigas
que arrimadas a
mi mesa
también sufren
arrastrando
el ajeno
propósito de simular vivir.
Reflejo
Sin tan sólo
poesía fuese
proponer el
diario enigma
de tu nombre a
las arena semanales
o discurrir la
creación de lo creado
en el abovedado
alféizar
de la botella
nebulosa
o pulimentar mi
absurdo diálogo
entre pasos de
evasivo doblez
y no señal de
cruel país
o un diluir
implementos
sobre la
sustancia y su corona
o desarticular la
sonora sombra del vacío.
Si tan sólo
poesía fuese
descifrar tu gesto inmóvil
y su liturgia de
impaciente apostasía
sin depurar la
joya alquimia
de los dioses
refractarios
si poesía fuesen
tres
yo, yo y yo sin
yo y sus trinidades
reflejando la
vivencia de cada agua inmemorial
en la lectura de
los mismos años
sería así el
comienzo del poema.
Las
piedras
Las piedras
¿están vivas o
son muertas?
Olvidan los pasos
que las miran
transpiran
ignorando
el rígido
concierto de su poros.
Las piedras
alternan
a Mozart con los
cantos gregorianos
y decantan la
quietud
del arduo
movimiento.
Las piedras
de insomnio
padeciendo
escapan a la
plácida lisonja
de la vigilia
universal.
¿Viven o se
mueren?
Las impolutas
piedras
sólo juegan a
morir de vivo amor.
Tú
Todo está en su
sitio:
tus ojos de
expectante diadema
tus hebras de
reposo oceánico
tus manos de
néctar voraz
tus piernas cual
desértico potro
tu boca como
puerta de hierro
como puerta de
vidrios
-llámense signos-
como puerta de
lluvia
como puerta de mí
-llamada frases-.
Tus pechos
con tinte de
imperecedera fruta
tu hondo latido
entre dos cobras
desvariando.
Todo está en su
sitio.
Todo está en su
sitio
menos tú.
Arcadia
Tu ombligo me
condujo
a la plegaria
ebúrnea
a la palabra sin
sonido
al mensaje de la
herida
al reinado de los
ojos
al dogma supino
en el diamante erótico
al becerro de los
crucificados clavos
al pagano suspiro
de la mano.
Tu ombligo me
escoltó
hasta la obertura
en el sinfónico
poder de la mirada.
Tu ombligo me
obsequió
el boceto de la
risa
la estructura del
mordido lirio
el verde afán de
la besada boca.
Tu ombligo me
llevó al tapiz
asesinado por
rubíes
y de allí
a la puerta sola
sostenida en mi cabeza.
Tu ombligo
después
me expulsó del
paraíso.
LUIS
MARIO
Nació
en Quivicán, Habana, Cuba (1935). Poeta, periodista,
editor y profesor de Periodismo del Koubek
Memorial Center de la Universidad de Miami. Trabaja desde 1973
para Diario Las Américas de Miami, Florida, donde fue Jefe de
Redacción de 1987 al 2000. Académico de la Academia
Norteamericana de la Lengua Española. Vicepresidente del capítulo de
Miami del Círculo de Cultura Panamericano. Corresponsal de la
Asociación Prometeo de Poesía, Madrid, España. Miembro de
Honor del Movimiento Mundial Dariano de Nicaragua. Miembro
fundador del PEN Club del Exilio Cubano. Ha publicado los siguientes
libros: Un poeta cubano (1971); Desde mis domingos
(1973); Y nació un poema... (1975); Prófugo de la sal
(1978); Esta mujer... (1983); Poesía y poetas (1984);
70 poetas (Antología crítica), (1986); ...la
misma (1989); Ciencia y arte del
verso castellano (1991 y 1992); Cuba en mis versos
(1993); Colón cantado (1999) y Antología sin tierra
(2001). Reside en Miami desde 1967.
ÉXTASIS
Sentirse amado como yo me siento
es descubrir vendimias de flores en el viento.
Es saber que la gloria nos asedia
con el sino de un príncipe azul de la Edad Media.
Es transformar la turbulencia en trino
y notar que son plumas las piedras del camino.
Sentirse amado como yo me siento
es lograr que un suspiro se transforme en sustento.
Es dibujar un río en la pared
y que sirva el dibujo para apagar la sed.
Es colocar un sueño en el volante
y saber que no hay mapa vedado ni distante.
Sentirse amado como yo me siento
es llenar un espacio vital del firmamento.
Es acuñar en oro la sonrisa
y como una medalla prenderla a la camisa.
Y es saberse un experto catador
que disfruta su ciencia con un solo licor.
EL CASADO
FIEL
Nuestros amores, también,
comenzaron en un río.
Tú fuiste limpia de besos
y yo fui sin apellido.
Ni me quité la corbata
ni te quitaste el vestido,
y la luna emblanquecía
de azahar tus sueños íntimos.
La corriente iba cantando
su horizonte sin ladridos
-noble trinchera de agua
para unos besos furtivos-.
Debajo de los faroles
enmudecieron los grillos.
Más que noche de Santiago
fueron noches de Cupido.
Por eso, siempre que evoco
los versos de Federico,
hay símiles a la inversa
de unos amores distintos.
Yo no te di un costurero:
me abrí como un crucifijo
y te di mi corazón
con mi firma y un anillo.
ALEGATO
Fueron días de fiebre y noches de abstinencia
con un lucro de sueños sin ganar ni perder;
melancólicas ráfagas soplaban tenazmente
la bujía pigmea del templo de mi fe.
Fue tornándose en rictus la sonrisa indulgente;
y, en un trágico encuentro entre el río y el mar,
la corriente de azúcar derrochó su silueta
en una paulatina vorágine de sal.
Fue un declive ascendente al ritual de la angustia;
de la celda dorada muchas veces salí...
Hubo grises perjurios, pero el signo de Eva
era un casi morboso desagravio del gris.
Buscador de tesoros con un mapa embrujado
asumí la defensa de mi propio fiscal;
y arranqué las raíces para salvar mis frutos,
y provoqué una guerra por amor a la paz.
Uniforme museo de antifaces de cera
fue pudriéndose el eco rajado de mi voz;
desanduve caminos buscando el horizonte,
y cerré mis ventanas para que entrara el sol.
Con las flores al dorso y la muerte por dentro
fui la réplica exacta de un exacto ataúd;
pero un día -arquetipo de todas mis quimeras-
a mi vida sin vida te aproximaste tú.
Fue una tarde lluviosa: (ya la lluvia no es triste);
fue un encuentro esperado y fortuito a la vez.
Fue... no importa el detalle, ni quién hizo el libreto:
todo estaba propicio para el amor... Y fue.
12 DE
OCTUBRE DE 1992
Gracias, Colón, por el Descubrimiento.
Y gracias, porque gracias a tu viaje,
América mantiene en su equipaje
a Cristo, que es amor izado al viento.
Gracias porque tu mar trajo el aroma
de un Cid, que es nuestra espada en la pelea;
gracias, porque mi plasma deletrea
la frutecida carne de este idioma.
Gracias por tu intuición terca y marina,
por escoger a España de madrina
y regalarle todas tus audacias.
Por los quinientos años, alta historia,
y por la hispanidad, licor de gloria,
este ex indio, Colón, te da las gracias.
REMEMBRANZAS
Evoco de mi pueblo
un verde litográfico de árboles,
y su figura de hongo
hacia el sur de los mapas escolares.
Recuerdo los pregones
que sudaban centavos en el parque;
y en época de risas,
la risa ingenua de sus bocacalles.
Evoco de mi pueblo
al sinsonte -barítono del aire-,
y a las primeras niñas que dejaron
una brújula erótica en mi nave.
Pero hay algo más hondo en mi memoria
-lágrima seca, grito, tierra unánime-:
En el rincón más triste de mi pueblo,
la tumba de mi padre.
MIS DOS NOVIAS
Hay quien no tiene ninguna,
pero yo tengo dos novias:
Una es de tierra -mi patria-;
otra es de carne -mi esposa-.
La historia tuvo un comienzo
simple, como toda historia.
Me fui a nadar en el río
de las ilusiones locas,
y unas manos en la orilla
me escamotearon las ropas.
Mi sueño de escuela y libros
se fue poblando de sombras,
y hubo lunares de fuego
en mi juventud de esponja:
Lo que lograba en minutos
me lo exprimían las horas.
Y un día de esos que nacen
sin el beso de la aurora,
en mi islita de cristal
repiquetearon las tropas.
Mi tierra -juguete frágil-
muy pronto se quedó rota.
Me fui con la siembra al hombro
tras la ruta generosa
hacia el Norte de esperanzas,
pero sin mi tierra-novia.
Crucé por campos nocturnos,
se me afiebraron las rosas,
y me curé torpemente
con algodones de roca.
Entonces, cuando el vacío
se adueñaba de mis rondas;
cuando eran garfios las ramas
de mi futuro sin hojas,
por la esquina del amor
llegó mi segunda novia.
Y fue la flor de mi tierra
-devolución milagrosa-
para que el piso del tiempo
se me ablandara de alfombras.
Así voy, con mis dos niñas,
una distante y, la otra
tan cerca de mí, que a veces
se confunde con mi sombra.
Y si la novia lejana
se me reseca en la alforja,
la otra novia me la riega
con su sonrisa piadosa.
Que hay quien no tiene ninguna,
pero yo tengo dos novias:
Una es de tierra -mi patria-;
otra es de carne -mi esposa-.
ORLANDO ROSSARDI
(Orlando Rodríguez Sardiñas) nació
en La Habana, Cuba (1938). En Cuba, antes de 1960 en que sale para
España, colabora en revistas literarias y funda con René Ariza el
cuaderno poético Cántico. A partir de entonces su obra
poética y ensayística ha aparecido en multitud de revistas
literarias en Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos de América.
Estudia en las universidades de La Habana y Madrid y se doctora en
la Universidad de Texas (EE.UU.) Ha sido profesor en varias
universidades norteamericanas y en la actualidad se dedica a la
radio y la televisión. Ha brindado conferencias sobre teatro y
literatura hispanoamericana y española en varias partes del mundo y
es un activo promotor de la literatura cubana en el exilio. Ha
publicado ensayo, teatro, cuento y poesía. Entre algunos de sus
libros se destacan los tres tomos de Teatro Selecto Hispanoamericano
Contemporáneo (Madrid, 1971), La última poesía cubana (Madrid,
1973), León de Greiff: Una poética de vanguardia (Madrid, 1974) y
los seis tomos de Historia de la Literatura Hispanoamericana
Contemporánea (Madrid, 1976) para la Universidad Nacional a
Distancia. Muestra del teatro publicado del autor puede encontrarse
en su pieza La Visita (Virginia, 1997). Su obra poética se recoge en
los libros El diámetro y lo estero (Madrid, 1964), Que voy de vuelo
(Madrid, 1970), Los espacios llenos (Madrid, 1991) y Memoria de mí
(Madrid, 1996).
SEIS
CANTOS DE AMAR FIERO
Para Jesabel
1
Si me saltas encima,
palpable, como agua,
deja que me empape
de tus húmedas encías,
de tus ojos
lagrimeando
y del mar de tu
saliva.
Si te encimas, arriba,
sentidora como viento,
deja que me llene
de tu aliento sordo,
del aire de tu sonrisa
y de tus manos
batiéndole a la viva.
Si me miras de lo alto
--como un retrato—
no tiembles en el ver,
no digas en la
palabra,
déjate ser, déjate
echar,
paciente como lo
eterno,
gota a gota por los
labios.
2
Todo viaja hacia el
oteo.
Hinchada, con el
viento,
surca su paisaje la
mirada:
la suave esfera, las
colinas,
los abrojos, los
enebros,
las cúpulas en que
bullen
lácteos ríos, los
abismos
en que tramitan perlas
dientes como
cuchillos;
y una a una las pomas,
las torres a las que
asoman
curvas, pozos,
fraguas,
fruto dándose en
racimo.
¡El ojo no para de
cantar!
La vista abre ventanas
a las que vuelan
dioses
que desbordan los
sentidos.
Todo es ruta hacia el
deseo,
vida con su muerte
recostada,
agua con su fuego
adentro.
3
Como magia de aire
mis dedos flotan
por tu nieve, bailan
por tus grietas,
se acomodan a beber
por tus alturas
y descienden a tus
valles.
Como espiga, mis dedos
bajan con su aliento
por cuevas y matojos,
se prodigan en
cadencias
y en sonidos sordos;
cruzan los caminos
y se cuelan por
cavernas,
vericuetos y rendijas.
Como labios besan mis
dedos
tus espacios y
confines,
tus asombros y tus
penas.
Que nada, ni la
sombra,
salga ya de estas
alburas.
4
La lengua suicidando
el aire va de tiento
a tiento, lamedora
en su total desgarre,
dejando palpar el
sueño
que dice de otro golpe
los misterios de
decir.
La lengua confundida
que hablaron de una
vez
y fue lengua pura
luego;
que dijeron razas
y lamieron los deseos
de otras lenguas
decidoras.
La más lengua renovada
en su hechura nueva
de sentir, de ser
por el sabor del
cuerpo
la que suena en alto
y penetra los futuros
de las cosas llenas.
5
Por la empinada roca
corre sorda,
impaciente
el agua a su guarida.
Por sus aristas surca
en estupor la sangre.
La sangre es comezón
de abejas y de
hormigas.
Se aferra un tiempo
de oro y luna por las
ramas,
y rompe de un golpe
en su volcán la fecha
de empezar a serlo
todo,
de nuevo,
nuevamente...
el hálito de un dios
que de un sorbo
se ha bebido las
edades.
En su altar se planta
–y vela—una flor
de mucho más color
y de mejor perfume.
6
Y la palabra es un
rugido
en que agonizan, uno a
uno,
los sentidos. La
palabra,
sin embargo, es poca,
y saltan los indicios
como haciendo de ella,
entre la fronda, un
nido.
La palabra se la
entiende
con la cosa misma
dicha,
con aquello que la
nombra
y por nombrar la
encierra.
Y la palabra es un
latido
que más que hablar
se entrega y se
dilata.
Al fondo del principio
un respiro enamorado
que en su sombra
muerde,
letra a letra los te
quieros,
filo a filo, en la
mordida,
por su escape los
deseos.
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