Miami
Estados Unidos
Año IV

 Nº 23/24

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos


Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 



 

POETAS CUBANOS

 

ODETTE ALONSO YODÚ


Nació en Santiago de Cuba (1964). Poeta y narradora. Licenciada en Letras por la Universidad de Oriente. Ha publicado: Criterios al pie de la obra (Premio Nacional, 1988), Enigma de la sed (1989), Historias para el desayuno (Premio de poesía “Adelaida del Mármol”; 1989), Palabra del que vuelve (1996), Linternas (Nueva York, 1997), Onírica, última función (1999), Visiones, Insomnios en la noche del espejo (Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” 1999) y Antología cósmica de Odette Alonso (2000). Textos suyos han sido incluidos en varias antologías, revistas y publicaciones culturales de Cuba, México, Estados Unidos y Canadá. También ha sido premiada por la Universidad Nacional Autónoma de México con el premio de poesía Punto de Partida (1993) y recibió una mención en el concurso internacional de la revista mexicana Plural (poesía, 1993). Reside en México desde 1992.


 

CODA

 

Estoy oyendo voces

y estalla la mañana

resplandor que silencia los brotes en la arena

un torpe descansar sin más zumbidos.

La distancia es una perra jíbara

la distancia es un pozo

una estruendosa soledad por dentro.

Después vendrán las voces clamándome al oído

descontinuado amor que sucumbe en su hoguera.

Estoy oyendo voces

y cierro mis compuertas.

Que nadie trate de evitar la llamarada.

 

 

FÁBULA DE DOMINGO

 

El domingo no existe.

Todos saben por qué

pero no lo evitaron

y el domingo recogió sus pertenencias

toda su ropa limpia de cada tendedero

el brillo en los vitrales de cada mediopunto.

No llora su muchacha porque no tiene llanto

porque ya se ha secado

de tanto acariciarlo     y que no exista.

Él     que siempre fue un marido regresando

para sembrar un poco de calma sobre el pecho

él     que fue siempre

al fin de la semana

el respiro profundo para empezar de nuevo.

Ahora se fue el domingo

se ha perdido     no existe

el planeta es una cruz que se desploma

y se ha quedado viuda su muchacha sin llanto.

 

 

AGENDA PARA OLVIDOS VOLUNTARIOS

 

A Noel Pérez, su historia.

 

Laura ha olvidado todo.

Borró las direcciones de su agenda

los nombres      las señales      la terminal aérea

y se lanzó a vagar      a buscar nada.

No hay pasado posible

sus ojos han perdido la costumbre de hurgar

y dice que deambula hacia la muerte

ese remanso     fuga     iconoclasta.

Un pasillo de hotel confunde su despojo

la puerta que al final es un relámpago

donde seguir los pasos al viajero

su bandera salvaje.

Oh muerte      espacio fiel para la duda

cualquiera es transeúnte para siempre

y asesina su espectro.

Ella encontró la puerta

nadie aparece detrás de su memoria.

Laura tampoco existe      es un fantasma.

 

 

TANGO DEL SOLITARIO

 

Los solitarios danzan su eterna soledad

se hacen sombra en las calles

noviembre     ese traidor

los ha olvidado

y Dios se vuelve torpe.

La casa es un disparo

una sombrilla azul.

No existe al otro lado el espejismo

cada quien es su espacio vital

su pobre puntería.

La casa empequeñece

se entrega como un manto

es un trofeo     un escondite     una escafandra

es una gota pura en la pupila de las madres.

Los solitarios danzan

es el minuto exacto para que abran la puerta

y se quede una mano a la intemperie.

Los solitarios danzan

y Dios se vuelve torpe.

Noviembre es un pedazo de amor que se derrumba.

 

 

LLANTO POR LA CIUDAD CUANDO ME ALEJO

 

qué sola te quedaste,

mi madre, con tus huesos.

ELISEO DIEGO

 

A Santiago de Cuba.

 

Qué culpa tiene madre

con tanto orgullo y tanto título en la frente

de que sus hijos huyan para hacerse crecer.

Qué culpa tiene la pobre de los muros

del que se eleva sobre su cadáver

y le vacía el alma.

Oh ciudad

cuánto amor se me cae

qué triste te me vuelves entre tanta montaña.

Qué sola estás.

A qué manos entregaste tu vejez

con qué artificios te cubren el semblante.

Cómo es posible      ciudad

cómo es posible

este patriótico olvido en que te dejan.

 

 

CASA EN LA CIMA DEL ODIO

 

Tu casa está en la cima de las sombras

donde pocos se arriesgan a despertar al tigre

y cierran las ventanas a la luna.

Tu casa está en la cima aunque oculten sus ramas

y desborden las piedras en medio del camino.

La espuma es un banquete y una trampa

que acaba con tu suerte de tenues cicatrices.

No pongas en sus manos la tijera

no claves en tu espalda las espinas

mantén el equilibrio sobre la telaraña.

Qué difícil entonces encontrar el camino

viendo el fuego prenderse al borde de tu casa.

Los puentes han dejado colgando su esperanza

ya no puedes saltar sobre los puentes

y buscar los diamantes que dejaron caer.

Tu casa está sitiada

pero no tengas miedo.

El parque se hará nuevo si despiertas al tigre.

También en tu carcaj vas guardando el amor

la casa está más cerca

no temas alcanzarla.

 

 

 

JESÚS I. CALLEJAS


Nació en La Habana, Cuba (1956). Poeta y narrador. Ha publicado los libros de cuentos: Diario de un Sibarita y Los dos mil ríos de la cerveza y otras historias. Sus poemas, cuentos y artículos han aparecido en diferentes revistas y publicaciones locales. Es un asiduo colaborador de la Revista "La Casa del Hada" que se publica en el sur de la Florida.  Reside en la ciudad de Miami, Florida, EE.UU. 


 

Obsequio

 

Cuando llegó la guerra

visitando a las ardillas

se dispuso

la ceremonia del té nuclear.

Llegó la guerra

sobre una alfombra

con pie mojado sangrante

aunque portando

la impecable tos del maquillaje.

Cumplimentado su inobjetable

periplo social

la guerra visitó después

a todo género de artículo:

dedal, rosa, zapato (uno solo y

con fragmento de carne adentro)

hombre (entero género), calle

manjar, parque vacío

y demás bazofia conocida.

Sin esperar su arribo

escapé hacia la mañana

donde escupí un resguardo

y vertí la inútil sangre del poema.

Satisfecho le dejé

sólo a la guerra

la letra fláccida

que ya no mía

todos conocemos.

Después cayó otra bomba

y olvidé mi cometido.

 

 

La ventana

 

Los puntos del sofisma

son el punto de la duda

asumida al beber una copa

de cianuro distanciado

y cuajada de tinta

más que de interrogantes.

La tinta de un antílope

canaliza mis latidos

de esclerótico durazno

a través de un papel

de simple taumaturgia.                                      

Cuando el martirio universal

no se debata ya

contra sus propias rodillas

permaneceré sentado

no silencioso y con otro vaso

saciando a todas la bocas

que me han abandonado

y deciden

desde ya

llamarse dedos.

Ya no bebo cianuro

soy ahora con un vaso de licor sagrado

disipando las hormonas monstruosas

y preguntando a las hormigas

que arrimadas a mi mesa

también sufren arrastrando

el ajeno propósito de simular vivir.

 

 

Reflejo

 

Sin tan sólo

poesía fuese

proponer el diario enigma

de tu nombre a las arena semanales

o discurrir la creación de lo creado

en el abovedado alféizar

de la botella nebulosa

o pulimentar mi absurdo diálogo

entre pasos de evasivo doblez

y no señal de cruel país

o un diluir implementos

sobre la sustancia y su corona

o desarticular la sonora sombra del vacío.

Si tan sólo

poesía fuese descifrar tu gesto inmóvil

y su liturgia de impaciente apostasía

sin depurar la joya alquimia

de los dioses refractarios

si poesía fuesen tres

yo, yo y yo sin yo y sus trinidades

reflejando la vivencia de cada agua inmemorial

en la lectura de los mismos años

sería así el comienzo del poema.

 

 

Las piedras

 

Las piedras

¿están vivas o son muertas?

Olvidan los pasos que las miran

transpiran ignorando

el rígido concierto de su poros.

Las piedras alternan

a Mozart con los cantos gregorianos

y decantan la quietud

del arduo movimiento.

Las piedras

de insomnio padeciendo

escapan a la plácida lisonja

de la vigilia universal.

¿Viven o se mueren?

Las impolutas piedras

sólo juegan a morir de vivo amor.

 

 

 

Todo está en su sitio:

tus ojos de expectante diadema

tus hebras de reposo oceánico

tus manos de néctar voraz

tus piernas cual desértico potro

tu boca como puerta de hierro

como puerta de vidrios

-llámense signos-

como puerta de lluvia

como puerta de mí

-llamada frases-.

Tus pechos

con tinte de imperecedera fruta

tu hondo latido

entre dos cobras desvariando.

Todo está en su sitio.

Todo está en su sitio

menos tú.

 

 

Arcadia

 

Tu ombligo me condujo

a la plegaria ebúrnea

a la palabra sin sonido

al mensaje de la herida

al reinado de los ojos

al dogma supino en el diamante erótico

al becerro de los crucificados clavos

al pagano suspiro de la mano.

Tu ombligo me escoltó

hasta la obertura

en el sinfónico poder de la mirada.

Tu ombligo me obsequió

el boceto de la risa

la estructura del mordido lirio

el verde afán de la besada boca.

Tu ombligo me llevó al tapiz

asesinado por rubíes

y de allí

a la puerta sola sostenida en mi cabeza.

Tu ombligo

después

me expulsó del paraíso.

 

 

 

LUIS MARIO


Nació en Quivicán, Habana, Cuba (1935).  Poeta, periodista, editor y profesor de Periodismo del Koubek Memorial Center de la Universidad de Miami.  Trabaja desde 1973 para Diario Las Américas de Miami, Florida, donde fue Jefe de Redacción de 1987 al 2000.  Académico de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Vicepresidente del capítulo de Miami del Círculo de Cultura Panamericano. Corresponsal de la Asociación Prometeo de Poesía, Madrid, España.  Miembro de Honor del Movimiento Mundial Dariano de Nicaragua.  Miembro fundador del PEN Club del Exilio Cubano. Ha publicado los siguientes libros: Un poeta cubano (1971);  Desde mis domingos (1973); Y nació un poema... (1975); Prófugo de la sal (1978); Esta mujer... (1983); Poesía y poetas (1984); 70 poetas (Antología crítica), (1986); ...la misma (1989); Ciencia y arte del verso castellano (1991 y 1992); Cuba en mis versos (1993); Colón cantado (1999) y Antología sin tierra (2001). Reside en Miami desde 1967.



ÉXTASIS


Sentirse amado como yo me siento
es descubrir vendimias de flores en el viento.

Es saber que la gloria nos asedia
con el sino de un príncipe azul de la Edad Media.

Es transformar la turbulencia en trino
y notar que son plumas las piedras del camino.

Sentirse amado como yo me siento
es lograr que un suspiro se transforme en sustento.

Es dibujar un río en la pared
y que sirva el dibujo para apagar la sed.

Es colocar un sueño en el volante
y saber que no hay mapa vedado ni distante.

Sentirse amado como yo me siento
es llenar un espacio vital del firmamento.

Es acuñar en oro la sonrisa
y como una medalla prenderla a la camisa.

Y es saberse un experto catador
que disfruta su ciencia con un solo licor.

 


EL CASADO FIEL

Nuestros amores, también,
comenzaron en un río.
Tú fuiste limpia de besos
y yo fui sin apellido.
Ni me quité la corbata
ni te quitaste el vestido,
y la luna emblanquecía
de azahar tus sueños íntimos.
La corriente iba cantando
su horizonte sin ladridos
-noble trinchera de agua
para unos besos furtivos-.
Debajo de los faroles
enmudecieron los grillos.
Más que noche de Santiago
fueron noches de Cupido.
Por eso, siempre que evoco
los versos de Federico,
hay símiles a la inversa
de unos amores distintos.
Yo no te di un costurero:
me abrí como un crucifijo
y te di mi corazón
con mi firma y un anillo.


ALEGATO

Fueron días de fiebre y noches de abstinencia
con un lucro de sueños sin ganar ni perder;
melancólicas ráfagas soplaban tenazmente
la bujía pigmea del templo de mi fe.

Fue tornándose en rictus la sonrisa indulgente;
y, en un trágico encuentro entre el río y el mar,
la corriente de azúcar derrochó su silueta
en una paulatina vorágine de sal.

Fue un declive ascendente al ritual de la angustia;
de la celda dorada muchas veces salí...
Hubo grises perjurios, pero el signo de Eva
era un casi morboso desagravio del gris.

Buscador de tesoros con un mapa embrujado
asumí la defensa de mi propio fiscal;
y arranqué las raíces para salvar mis frutos,
y provoqué una guerra por amor a la paz.

Uniforme museo de antifaces de cera
fue pudriéndose el eco rajado de mi voz;
desanduve caminos buscando el horizonte,
y cerré mis ventanas para que entrara el sol.

Con las flores al dorso y la muerte por dentro
fui la réplica exacta de un exacto ataúd;
pero un día -arquetipo de todas mis quimeras-
a mi vida sin vida te aproximaste tú.

Fue una tarde lluviosa: (ya la lluvia no es triste);
fue un encuentro esperado y fortuito a la vez.
Fue... no importa el detalle, ni quién hizo el libreto:
todo estaba propicio para el amor... Y fue.


12 DE OCTUBRE DE 1992

Gracias, Colón, por el Descubrimiento.
Y gracias, porque gracias a tu viaje,
América mantiene en su equipaje
a Cristo, que es amor izado al viento.

Gracias porque tu mar trajo el aroma
de un Cid, que es nuestra espada en la pelea;
gracias, porque mi plasma deletrea
la frutecida carne de este idioma.

Gracias por tu intuición terca y marina,
por escoger a España de madrina
y regalarle todas tus audacias.

Por los quinientos años, alta historia,
y por la hispanidad, licor de gloria,
este ex indio, Colón, te da las gracias.


REMEMBRANZAS

Evoco de mi pueblo
un verde litográfico de árboles,
y su figura de hongo
hacia el sur de los mapas escolares.

Recuerdo los pregones
que sudaban centavos en el parque;
y en época de risas,
la risa ingenua de sus bocacalles.

Evoco de mi pueblo
al sinsonte -barítono del aire-,
y a las primeras niñas que dejaron
una brújula erótica en mi nave.

Pero hay algo más hondo en mi memoria
-lágrima seca, grito, tierra unánime-:
En el rincón más triste de mi pueblo,
la tumba de mi padre.


MIS DOS NOVIAS

Hay quien no tiene ninguna,
pero yo tengo dos novias:
Una es de tierra -mi patria-;
otra es de carne -mi esposa-.

La historia tuvo un comienzo
simple, como toda historia.
Me fui a nadar en el río
de las ilusiones locas,
y unas manos en la orilla
me escamotearon las ropas.
Mi sueño de escuela y libros
se fue poblando de sombras,
y hubo lunares de fuego
en mi juventud de esponja:
Lo que lograba en minutos
me lo exprimían las horas.

Y un día de esos que nacen
sin el beso de la aurora,
en mi islita de cristal
repiquetearon las tropas.
Mi tierra -juguete frágil-
muy pronto se quedó rota.
Me fui con la siembra al hombro
tras la ruta generosa
hacia el Norte de esperanzas,
pero sin mi tierra-novia.

Crucé por campos nocturnos,
se me afiebraron las rosas,
y me curé torpemente
con algodones de roca.

Entonces, cuando el vacío
se adueñaba de mis rondas;
cuando eran garfios las ramas
de mi futuro sin hojas,
por la esquina del amor
llegó mi segunda novia.
Y fue la flor de mi tierra
-devolución milagrosa-
para que el piso del tiempo
se me ablandara de alfombras.

Así voy, con mis dos niñas,
una distante y, la otra
tan cerca de mí, que a veces
se confunde con mi sombra.
Y si la novia lejana
se me reseca en la alforja,
la otra novia me la riega
con su sonrisa piadosa.

Que hay quien no tiene ninguna,
pero yo tengo dos novias:
Una es de tierra -mi patria-;
otra es de carne -mi esposa-.

 
 

ORLANDO ROSSARDI


(Orlando Rodríguez Sardiñas) nació en La Habana, Cuba (1938). En Cuba, antes de 1960 en que sale para España, colabora en revistas literarias y funda con René Ariza el cuaderno poético Cántico. A partir de entonces su obra poética y ensayística ha aparecido en multitud de revistas literarias en Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos de América. Estudia en las universidades de La Habana y Madrid y se doctora en la Universidad de Texas (EE.UU.) Ha sido profesor en varias universidades norteamericanas y en la actualidad se dedica a la radio y la televisión. Ha brindado conferencias sobre teatro y literatura hispanoamericana y española en varias partes del mundo y es un activo promotor de la literatura cubana en el exilio. Ha publicado ensayo, teatro, cuento y poesía. Entre algunos de sus libros se destacan los tres tomos de Teatro Selecto Hispanoamericano Contemporáneo (Madrid, 1971), La última poesía cubana (Madrid, 1973), León de Greiff: Una poética de vanguardia (Madrid, 1974) y los seis tomos de Historia de la Literatura Hispanoamericana Contemporánea (Madrid, 1976) para la Universidad Nacional a Distancia. Muestra del teatro publicado del autor puede encontrarse en su pieza La Visita (Virginia, 1997). Su obra poética se recoge en los libros El diámetro y lo estero (Madrid, 1964), Que voy de vuelo (Madrid, 1970), Los espacios llenos (Madrid, 1991) y Memoria de mí (Madrid, 1996).


 

SEIS CANTOS DE AMAR FIERO

 

Para Jesabel

 

1

 

Si me saltas encima,

palpable, como agua,

deja que me empape

de tus húmedas encías,

de tus ojos lagrimeando

y del mar de tu saliva.

Si te encimas, arriba,

sentidora como viento,

deja que me llene

de tu aliento sordo,

del aire de tu sonrisa

y de tus manos

batiéndole a la viva.

Si me miras de lo alto

--como un retrato—

no tiembles en el ver,

no digas en la palabra,

déjate ser, déjate echar,

paciente como lo eterno,

gota a gota por los labios.

 

   2

 

Todo viaja hacia el oteo.

Hinchada, con el viento,

surca su paisaje la mirada:

la suave esfera, las colinas,

los abrojos, los enebros,

las cúpulas en que bullen

lácteos ríos, los abismos

en que tramitan perlas

dientes como cuchillos;

y una a una las pomas,

las torres a las que asoman

curvas, pozos, fraguas,

fruto dándose en racimo.

¡El ojo no para de cantar!

La vista abre ventanas

a las que vuelan dioses

que desbordan los sentidos.

Todo es ruta hacia el deseo,

vida con su muerte recostada,

agua con su fuego adentro.

 

 3

 

Como magia de aire

mis dedos flotan

por tu nieve, bailan

por tus grietas,

se acomodan a beber

por tus alturas

y descienden a tus valles.

Como espiga, mis dedos

bajan con su aliento

por cuevas y matojos,

se prodigan en cadencias

y en sonidos sordos;

cruzan los caminos

y se cuelan por cavernas,

vericuetos y rendijas.

Como labios besan mis dedos

tus espacios y confines,

tus asombros y tus penas.

Que nada, ni la sombra,

salga ya de estas alburas.

 

  4

 

La lengua suicidando

el aire va de tiento

a tiento, lamedora

en su total desgarre,

dejando palpar el sueño

que dice de otro golpe

los misterios de decir.

La lengua confundida

que hablaron de una vez

y fue lengua pura luego;

que dijeron razas

y lamieron los deseos

de otras lenguas decidoras.

La más lengua renovada

en su hechura nueva

de sentir, de ser

por el sabor del cuerpo

la que suena en alto

y penetra los futuros

de las cosas llenas.

 

 5

 

Por la empinada roca

corre sorda, impaciente

el agua a su guarida.

Por sus aristas surca

en estupor la sangre.

La sangre es comezón

de abejas y de hormigas.

Se aferra un tiempo

de oro y luna por las ramas,

y rompe de un golpe

en su volcán la fecha

de empezar a serlo todo,

de nuevo, nuevamente...

el hálito de un dios

que de un sorbo

se ha bebido las edades.

En su altar se planta

–y vela—una flor

de mucho más color

y de mejor perfume.

 

  6

 

Y la palabra es un rugido

en que agonizan, uno a uno,

los sentidos. La palabra,

sin embargo, es poca,

y saltan los indicios

como haciendo de ella,

entre la fronda, un nido.

La palabra se la entiende

con la cosa misma dicha,

con aquello que la nombra

y por nombrar la encierra.

Y la palabra es un latido

que más que hablar

se entrega y se dilata.

Al fondo del principio

un respiro enamorado

que en su sombra muerde,

letra a letra los te quieros,

filo a filo, en la mordida,

por su escape los deseos.