Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 27/28

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

ENTREVISTA CON EL PERIODISTA Y ESCRITOR MEXICANO JORGE RAMOS

 (UN ULISES DE LOS TIEMPOS MODERNOS)

por

 Maricel Mayor Marsán

 

Jorge Ramos nació en la ciudad de México, D.F. en 1958. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana (México, D.F.), Periodismo y Televisión en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y una Maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Miami (Florida). Se inició en el mundo del periodismo en 1978 en las estaciones radiofónicas XEW y XEX de su ciudad natal. Después, trabajó por un corto y difícil  período en la televisión mexicana. En 1983 se trasladó a los EE.UU.,  en donde ha residido desde entonces. Ha trabajado como reportero en el Canal 34 de Los Ángeles, en el noticiero Mundo Latino de Miami y posteriormente, a partir de 1986,  en el Noticiero Univisión, la quinta cadena más grande de televisión en los EE.UU. y la primera en español en la actualidad. Además, escribe una columna semanal para cerca de 40 diarios en los EE.UU. y América Latina, colabora regularmente con la Cadena Latina de Radio (LBC) y ha publicado los libros: Detrás de la máscara (1998), Lo que vi (1999), La otra cara de América (2000), A la caza del león (2001) y Atravesando Fronteras (2002). Ha ganado siete Emmys y el premio María Moors Cabot por excelencia en periodismo otorgado por la Universidad de Columbia (Nueva York). En el año 2000, la revista norteamericana Hispanic lo seleccionó entre los diez latinos más influyentes en los EE. UU.


Jorge Ramos es “un comunicador al que le debe tanto la información en lengua castellana... has hecho una extraordinaria labor durante 17 años en Univisión y yo creo que todos los latinoamericanos te lo apreciamos enormemente; por tu puntualidad, tu objetividad y el carácter cultural que les das a tu información.”

Carlos Fuentes

 Febrero 17, 2001

 

“Este es un libro maravilloso. Es el libro de un periodista valiente, informado, que está en el mundo. Me recordó un poco a Oriana Fallaci, pero sin la dureza y el prejuicio que ella tiene muchas veces.”

Isabel Allende

Sobre el libro “Detrás de la Máscara”

 

“Ramos, cuyo noticiero es visto en Estados Unidos y otros 13 países latinoamericanos, comienza el libro con una afirmación que sería anatema para muchos conductores de televisión en América Latina: ‘Toda buena entrevista genera conflicto…Si un periodista no hace preguntas incómodas, difíciles, no está haciendo bien su trabajo’.”

Andrés Oppennheimer

The Miami Herald

Sobre el libro “Detrás de la Máscara”.

 

“Jorge Ramos se ha ganado a pulso la credibilidad de millones de televidentes, radioescuchas y lectores en Estados Unidos y América Latina por su profesionalismo y, sobre todo, por su manera incisiva e implacable de entrevistar a los gobernantes.”

Semanario Éxito (Chicago, Illinois)

 

“Considerado un comunicador duro por algunos de sus entrevistados y “non grato” por más de un presidente latinoamericano".

Periódico Reforma (México, D.F.)

 

“Cuando Jorge Ramos comenzó su carrera de periodista, se encontró con que tenía dos opciones: una era adaptarse al estilo de la mayoría de los comunicadores mexicanos –que a cambio de dádivas del gobierno protegían sus empleos y sus cabezas- y la otra, dejar su país para venir a estudiar a Estados Unidos. Y optó por lo segundo”.

Diario La Opinión de Los Ángeles

Comentario sobre el libro “Lo Que Vi”.

 


El más famoso de todos los presentadores de la televisión hispana en los Estados Unidos nos abrió las puertas de su ocupado mundo para contestar estas preguntas desde su oficina en el Noticiero Univisión. Más allá de todo lo que las personas en sus casas podrían imaginarse, Jorge Ramos es un hombre totalmente sencillo, extremadamente modesto, definitivamente sensible y profundamente marcado por su experiencia como inmigrante. A diferencia de muchas personas que la fama y la fortuna les han hecho olvidar sus orígenes, nuestro entrevistado tiene muy presente sus comienzos en este país y lo que tuvo que luchar para abrirse paso en su carrera profesional. Por lo mismo, él siente una necesidad peculiar y sincera, a manera de Leitmotiv,  de luchar por los derechos de los más desafortunados y, en especial,  por los inmigrantes hispanos en los EE.UU.

 

M.M.M.Todos sabemos que eres un periodista básicamente dedicado a las noticias, tanto en los medios de prensa escrita como en los medios radiales y de televisión. ¿Cómo y cuándo surge en ti la idea de convertirte en un escritor de libros?

 

J.R. La idea de escribir libros surge cuando me di cuenta que la televisión era un medio muy incompleto para contar muchas de las noticias que me había tocado cubrir. ¿Cómo explicar una guerra en dos minutos? ¿Cómo analizar la caída del muro de Berlín en un solo noticiero? Mi primer libro, Detrás de la Máscara, surge en 1998 cuando tenía literalmente atoradas en mi mente decenas de entrevistas y viajes. Me daba cuenta que lo que había mostrado por televisión era solo una parte muy pequeña de lo que realmente ocurrió. Y por eso, por la frustración que crea la televisión, empecé a escribir libros.

 

M.M.M. Hasta ahora todos tus libros conservan un perfil sociológico y profundamente testimonial. ¿Has pensado dedicarte a la ficción en alguna oportunidad o incursionar en alguno de los otros géneros literarios?

 

J.R. La realidad siempre me ha parecido más interesante que la ficción. Es, quizás, una deformación profesional. Estoy muy acostumbrado a contar lo que veo y lo que experimento. El periodismo me ha dado un lugar privilegiado para ver la historia. Eso no lo hubiera logrado si me dedicara a la ficción. Sin embargo, creo que la ficción me permitiría contar cosas, más personales, que no me atrevo a decir en mis libros y artículos periodísticos. Y, por supuesto, me daría mucha más libertad para explorar temas más emocionales y controversiales. Así que tengo pendientes una serie de cuentos que, algún día, espero tener el valor de escribir y luego publicar.

 

M.M.M. Muchos escritores latinoamericanos de gran prestigio han dado lo mejor de su producción literaria a través del periodismo. ¿Consideras que se debe clasificar al periodismo como una forma de literatura?

 

J.R. El buen periodismo, inevitablemente, entra en el ámbito de la literatura. Pero yo no aspiro a hacer literatura. Mis trabajos son más inmediatos, no tengo esa obsesión del buen literato -como me lo dijo en una entrevista Vargas Llosa- de buscar por horas la palabra precisa. Desafortunadamente no tengo tiempo. Vivo de prisa. Creo que la distinción entre periodismo y literatura está bien marcada y así debe quedarse. Son solo algunos -muy pocos- trabajos periodísticos que dan el salto a la literatura.

 

M.M.M. ¿Cuáles fueron los escritores que más influyeron en tu etapa de desarrollo intelectual y profesional?

 

J.R. Mis clases de literatura durante la preparatoria (High School) en México fueron fundamentales. Fue ahí donde leí por primera vez a Kafka, Herman Hesse, Vargas Llosa, Cortazar, Benedetti y Hemingway. La sencillez y fuerza de Pedro Páramo me marcó mucho. Ya en la universidad, me influyó mucho Proust y su búsqueda por recuperar el tiempo perdido. A Carlos Fuentes lo admiré más tarde por su doble labor de ensayista y escritor de ficción. Por mucho tiempo fue la conciencia de México. La Noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska me orilló hacia el periodismo; ella, con esa obra, mantuvo vivos los testimonios de la matanza de estudiantes en 1968. La Entrevista con la Historia, de Oriana Fallaci, influyó mucho en mi estilo para entrevistar por televisión. Y sigo maravillado por El Otoño del Patriarca aunque muy desilusionado de la triste posición política de García Márquez respecto a Castro y la revolución cubana.   

   

 

M.M.M. En tu libro Atravesando Fronteras dices que  “La autodeterminación – ese derecho de cada individuo de escoger su destino -  es lo que hace especial a esta nación.” ¿Te sientes vindicado con el tema de haber podido reinventar tu vida  fuera de México y en este país?

 

J.R. En Estados Unidos me pude reinventar. Estados Unidos -y lo he dicho antes muchas veces- me dio las oportunidades que no pude tener en México. Yo quería viajar, escribir, hacer reportajes, ver la historia con mis ojos; todo eso lo he logrado en Estados Unidos. Y claro que me siento reivindicado. Haber fracasado hubiera significado regresar a México, sin un centavo, a buscar un mal trabajo. Solo pensar en eso me hizo trabajar más duro aquí y salir adelante.

 

M.M.M. A veces los inmigrantes se pasan la vida pensando en su país de origen, pero después de un tiempo se dan cuenta que ya no tienen mucho en común con los compatriotas que nunca han emigrado y permanecen en su país. Por otra parte, tampoco tienen muchas cosas en común con el ciudadano promedio que ha nacido y se ha criado en esta nación.  En tu caso, ¿podrías decirme si hay algún punto medio en donde te sientas más a gusto?

 

J.R. Hay veces en que siento que no tengo hogar. Ese es el tema de mi autobiografía Atravesando Fronteras. A veces siento que no soy de Estados Unidos ni de México. Pero, otras, cuando reina el optimismo, me siento de los dos países. Hace poco, en una entrevista, Isabel Allende me comentó que ella no tiene que escoger entre Chile y Estados Unidos. Y es cierto. No es preciso elegir. Uno puede ser de los dos lados. Es decir, uno puede ser ciudadano del mundo sin sentirse culpable. Somos, después de todo, producto de la globalización cultural.

 

M.M.M. Hay un tema que divide a los académicos en los EE.UU. y es la mezcla del inglés y el español de manera indiscriminada. ¿Qué piensas sobre el futuro del espanglish en este país?

 

J.R. Bueno, es un tema que puede dividir a los académicos pero no a los hispanos en Estados Unidos. Los latinos aquí en Estados Unidos hablamos muy mal el español. Y yo soy uno de ellos. Aquí se habla mucho espanglish, un español muy poco puro y un inglés muy mezclado. Y así está bien. Los académicos pueden perder el sueño con el tema del espanglish. Pero la realidad, es que el lenguaje con que se comunican los hispanos se decide en las calles, en las casas y en las oficinas, no en las torres de cristal de los académicos. Además, cuando ya existen más hispanos parlantes en Estados Unidos que en cualquier otro país del mundo -con la excepción de México- nadie puede tener el derecho moral de tratar de imponer desde fuera la forma concreta de comunicarse. La Real Academia de la Lengua Española no tiene ningún derecho en decirle a los hispanos cómo hablar. Es más, son los hispanos parlantes en Estados Unidos quienes a la larga influirán más en el futuro del español que los propios españoles, argentinos o colombianos. 

   

Jorge Ramos y Maricel Mayor Marsán en la sala de redacción del Noticiero Univisión en Miami

 (Enero de 2004)