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Jorge Ramos
nació en la
ciudad
de
México,
D.F.
en
1958.
Estudió
Comunicación
en
la
Universidad
Iberoamericana
(México, D.F.),
Periodismo y Televisión en la Universidad de California en
Los
Ángeles (UCLA) y una
Maestría en
Relaciones Internacionales
en la Universidad de Miami (Florida). Se inició en el mundo del
periodismo en 1978 en las estaciones radiofónicas XEW y XEX
de su ciudad natal.
Después,
trabajó por
un
corto
y difícil período
en
la
televisión
mexicana.
En
1983
se
trasladó
a
los
EE.UU.,
en
donde
ha
residido
desde
entonces.
Ha trabajado
como
reportero
en
el
Canal
34
de
Los
Ángeles,
en el noticiero Mundo Latino de Miami y posteriormente,
a
partir
de
1986,
en
el
Noticiero
Univisión, la quinta cadena más grande de televisión en los EE.UU. y
la primera en español en la actualidad.
Además, escribe una columna semanal para cerca de 40 diarios en los
EE.UU. y América Latina, colabora regularmente con la Cadena Latina
de Radio (LBC) y ha publicado los libros:
Detrás de la máscara (1998), Lo que
vi (1999), La otra cara de América (2000), A la caza
del león (2001) y Atravesando Fronteras (2002). Ha ganado
siete Emmys y el premio María Moors Cabot por excelencia en
periodismo otorgado por la Universidad de Columbia (Nueva York). En
el año 2000, la revista norteamericana Hispanic lo seleccionó
entre los diez latinos más influyentes en los EE. UU. |
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Jorge Ramos es “un
comunicador al que le debe tanto la información en lengua
castellana... has hecho una extraordinaria labor durante 17
años en Univisión y yo creo que todos los latinoamericanos
te lo apreciamos enormemente; por tu puntualidad, tu
objetividad y el carácter cultural que les das a tu
información.”
Carlos Fuentes
Febrero 17, 2001
“Este es un libro
maravilloso. Es el libro de un periodista valiente,
informado, que está en el mundo. Me recordó un poco a Oriana
Fallaci, pero sin la dureza y el prejuicio que ella tiene
muchas veces.”
Isabel Allende
Sobre el libro “Detrás de la
Máscara”
“Ramos, cuyo noticiero es
visto en Estados Unidos y otros 13 países latinoamericanos,
comienza el libro con una afirmación que sería anatema para
muchos conductores de televisión en América Latina: ‘Toda
buena entrevista genera conflicto…Si un periodista no hace
preguntas incómodas, difíciles, no está haciendo bien su
trabajo’.”
Andrés Oppennheimer
The Miami Herald
Sobre el libro “Detrás de la
Máscara”.
“Jorge Ramos se ha ganado a
pulso la credibilidad de millones de televidentes,
radioescuchas y lectores en Estados Unidos y América Latina
por su profesionalismo y, sobre todo, por su manera incisiva
e implacable de entrevistar a los gobernantes.”
Semanario Éxito (Chicago,
Illinois)
“Considerado un comunicador
duro por algunos de sus entrevistados y “non grato” por más
de un presidente latinoamericano".
Periódico Reforma (México,
D.F.)
“Cuando Jorge Ramos comenzó
su carrera de periodista, se encontró con que tenía dos
opciones: una era adaptarse al estilo de la mayoría de los
comunicadores mexicanos –que a cambio de dádivas del
gobierno protegían sus empleos y sus cabezas- y la otra,
dejar su país para venir a estudiar a Estados Unidos. Y optó
por lo segundo”.
Diario La Opinión de Los
Ángeles
Comentario sobre el libro “Lo
Que Vi”.
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El más famoso de
todos los presentadores de la televisión hispana en los Estados
Unidos nos abrió las puertas de su ocupado mundo para contestar
estas preguntas desde su oficina en el Noticiero Univisión. Más allá
de todo lo que las personas en sus casas podrían imaginarse, Jorge
Ramos es un hombre totalmente sencillo, extremadamente modesto,
definitivamente sensible y profundamente marcado por su experiencia
como inmigrante. A diferencia de muchas personas que la fama y la
fortuna les han hecho olvidar sus orígenes, nuestro entrevistado
tiene muy presente sus comienzos en este país y lo que tuvo que
luchar para abrirse paso en su carrera profesional. Por lo mismo, él
siente una necesidad peculiar y sincera, a manera de Leitmotiv,
de luchar por los derechos de los más desafortunados y, en especial,
por los inmigrantes hispanos en los EE.UU.
M.M.M.Todos sabemos que eres un periodista
básicamente dedicado a las noticias, tanto en los medios de prensa
escrita como en los medios radiales y de televisión. ¿Cómo y cuándo
surge en ti la idea de convertirte en un escritor de libros?
J.R.
La idea de escribir libros surge cuando me di cuenta que la
televisión era un medio muy incompleto para contar muchas de las
noticias que me había tocado cubrir. ¿Cómo explicar una guerra en
dos minutos? ¿Cómo analizar la caída del muro de Berlín en un solo
noticiero? Mi primer libro, Detrás de la Máscara, surge en
1998 cuando tenía literalmente atoradas en mi mente decenas de
entrevistas y viajes. Me daba cuenta que lo que había mostrado por
televisión era solo una parte muy pequeña de lo que realmente
ocurrió. Y por eso, por la frustración que crea la televisión,
empecé a escribir libros.
M.M.M.
Hasta ahora todos tus libros conservan un
perfil sociológico y profundamente testimonial. ¿Has pensado
dedicarte a la ficción en alguna oportunidad o incursionar en alguno
de los otros géneros literarios?
J.R.
La
realidad siempre me ha parecido más interesante que la ficción. Es,
quizás, una deformación profesional. Estoy muy acostumbrado a contar
lo que veo y lo que experimento. El periodismo me ha dado un lugar
privilegiado para ver la historia. Eso no lo hubiera logrado si me
dedicara a la ficción. Sin embargo, creo que la ficción me
permitiría contar cosas, más personales, que no me atrevo a decir en
mis libros y artículos periodísticos. Y, por supuesto, me daría
mucha más libertad para explorar temas más emocionales y
controversiales. Así que tengo pendientes una serie de cuentos que,
algún día, espero tener el valor de escribir y luego publicar.
M.M.M.
Muchos escritores latinoamericanos de gran
prestigio han dado lo mejor de su producción literaria a través del
periodismo. ¿Consideras que se debe clasificar al periodismo como
una forma de literatura?
J.R.
El buen periodismo, inevitablemente, entra en el ámbito de la
literatura. Pero yo no aspiro a hacer literatura. Mis trabajos son
más inmediatos, no tengo esa obsesión del buen literato -como me lo
dijo en una entrevista Vargas Llosa- de buscar por horas la
palabra precisa. Desafortunadamente no tengo tiempo. Vivo de prisa.
Creo que la distinción entre periodismo y literatura está bien
marcada y así debe quedarse. Son solo algunos -muy pocos- trabajos
periodísticos que dan el salto a la literatura.
M.M.M.
¿Cuáles fueron los escritores que más influyeron en tu etapa de
desarrollo intelectual y profesional?
J.R.
Mis
clases de literatura durante la preparatoria (High School) en México
fueron fundamentales. Fue ahí donde leí por primera vez a Kafka,
Herman Hesse, Vargas Llosa, Cortazar, Benedetti y
Hemingway. La sencillez y fuerza de Pedro Páramo me marcó
mucho. Ya en la universidad, me influyó mucho Proust y su
búsqueda por recuperar el tiempo perdido. A Carlos Fuentes lo
admiré más tarde por su doble labor de ensayista y escritor de
ficción. Por mucho tiempo fue la conciencia de México. La Noche
de Tlatelolco de Elena Poniatowska me orilló hacia el
periodismo; ella, con esa obra, mantuvo vivos los testimonios de la
matanza de estudiantes en 1968. La Entrevista con la Historia,
de Oriana Fallaci, influyó mucho en mi estilo para
entrevistar por televisión. Y sigo maravillado por El Otoño del
Patriarca aunque muy desilusionado de la triste posición
política de García Márquez respecto a Castro y la revolución
cubana.
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M.M.M.
En tu libro Atravesando Fronteras dices que “La
autodeterminación – ese derecho de cada individuo de escoger su
destino - es lo que hace especial a esta nación.” ¿Te sientes
vindicado con el tema de haber podido reinventar tu vida fuera de
México y en este país?
J.R.
En
Estados Unidos me pude reinventar. Estados Unidos -y lo he dicho
antes muchas veces- me dio las oportunidades que no pude tener en
México. Yo quería viajar, escribir, hacer reportajes, ver la
historia con mis ojos; todo eso lo he logrado en Estados Unidos. Y
claro que me siento reivindicado. Haber fracasado hubiera
significado regresar a México, sin un centavo, a buscar un mal
trabajo. Solo pensar en eso me hizo trabajar más duro aquí y salir
adelante.
M.M.M.
A
veces los inmigrantes se pasan la vida pensando en su país de origen,
pero después de un tiempo se dan cuenta que ya no tienen mucho en
común con los compatriotas que nunca han emigrado y permanecen en su
país. Por otra parte, tampoco tienen muchas cosas en común con el
ciudadano promedio que ha nacido y se ha criado en esta nación. En
tu caso, ¿podrías decirme si hay algún punto medio en donde te
sientas más a gusto?
J.R.
Hay
veces en que siento que no tengo hogar. Ese es el tema de mi
autobiografía Atravesando Fronteras. A veces siento que no
soy de Estados Unidos ni de México. Pero, otras, cuando reina el
optimismo, me siento de los dos países. Hace poco, en una entrevista,
Isabel Allende me comentó que ella no tiene que escoger entre
Chile y Estados Unidos. Y es cierto. No es preciso elegir. Uno puede
ser de los dos lados. Es decir, uno puede ser ciudadano del mundo
sin sentirse culpable. Somos, después de todo, producto de la
globalización cultural.
M.M.M.
Hay
un tema que divide a los académicos en los EE.UU. y es la mezcla del
inglés y el español de manera indiscriminada. ¿Qué piensas sobre el
futuro del espanglish en este país?
J.R.
Bueno, es un tema que puede dividir a los académicos pero no a los
hispanos en Estados Unidos. Los latinos aquí en Estados Unidos
hablamos muy mal el español. Y yo soy uno de ellos. Aquí se habla
mucho espanglish, un español muy poco puro y un inglés muy mezclado.
Y así está bien. Los académicos pueden perder el sueño con el tema
del espanglish. Pero la realidad, es que el lenguaje con que se
comunican los hispanos se decide en las calles, en las casas y en
las oficinas, no en las torres de cristal de los académicos. Además,
cuando ya existen más hispanos parlantes en Estados Unidos que en
cualquier otro país del mundo -con la excepción de México- nadie
puede tener el derecho moral de tratar de imponer desde fuera la
forma concreta de comunicarse. La Real Academia de la Lengua
Española no tiene ningún derecho en decirle a los hispanos cómo
hablar. Es más, son los hispanos parlantes en Estados Unidos quienes
a la larga influirán más en el futuro del español que los propios
españoles, argentinos o colombianos.
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Jorge Ramos y Maricel Mayor
Marsán en la sala de redacción del Noticiero Univisión en Miami
(Enero de 2004) |
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