La poeta cubana Odette Alonso Yodú (Santiago de Cuba, 1964) se dio a
conocer en distintos eventos y revistas de Cuba antes de que en 1992
decidiera radicarse en México. Pronto la crítica y los lectores se fijaron
en ella pues su presencia se reafirmaba con la publicación de Enigma de
la sed (Caserón, Santiago de Cuba, 1989) y en ese mismo año
Historia para el desayuno (Ediciones Holguín), que le valdría recibir
el Premio Adelaida del Mármol que se otorga en esa provincia cubana. A
estos poemarios le seguirían Palabras del que vuelve (Abril, La
Habana, 1996), Linternas (La Candelaria, New York, 1998). Ha recibido
además el Premio Punto de Partida de la UNAM en 1993 y el II Premio
Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” con Insomnios en la noche del
espejo, publicado por el Instituto para la Cultura y las Artes de
Quintana Roo en 2000.
En el prólogo de
Insomnios en la noche del espejo ha escrito el poeta y escritor cubano
Agustín Labrada, también residente en México, unas palabras que
suscribimos del todo, en donde señala “una herencia del mejor
coloquialismo, heredero de la corriente imaginista norteamericana y, más
atrás -en el profundo tiempo- de la lírica griega, donde el núcleo poético
no está en la excesiva tropología, tan frecuente en los autores
latinoamericanos del último siglo, sino en los efectos conceptuales y
dramáticos”.
A los títulos ya
publicados, Odette Alonso agrega ahora un nuevo volumen recién salido de
las imprentas de la Editorial Torremozas de Madrid: Cuando la lluvia
cesa. Aunque desde muy temprano estuvo centrada en lo que su mensaje
nos quería transmitir, en este poemario su voz cristaliza con seguridad
plena tanto en la forma como en el contenido. Aunque sigue siendo fiel a
su propuesta coloquial, los poemas en este libro tienen una fuerza que nos
muestran a un poeta en pleno dominio de sus facultades.
El poemario se divide
en dos secciones: "Cuando la lluvia cesa" y "Como anunciando el fuego". En
el poema "Balcón al mar" asume su condición de ser humano desde la
diferencia:
Porque no soy igual
a los demás es que te canto
cuando la muerte es
una rosa de los vientos
un golpe de suerte
una limpia palmada
sobre el hombro.
El amor en este
poemario se muestra sin disfraces y ella le canta desde la sinceridad más
desgarradora.
Un libro poblado de
seres reales y fantasmas. "El diablo en el cuerpo" es uno de sus poemas
más logrados:
Soy un
ángel bribón lámpara incandescente
enrojecido
duende con cara de suicida
comerciante
de almas en remojo.
El diablo
se ha robado mi cabeza
el correo
soy yo
soy un
ángel malvado que descubre su cuota
y no sabe
qué hacer.
Los que me
vieron reír no lo comprenden
no pueden
comprender mi casta de fantasma
de señuelo
del diablo.
Yo soy un
lobo más en la manada
un ángel
transformado que llega con su lámpara
y se lanza
al vacío
mientras el
diablo suelta su enorme carcajada.
Deslumbramiento, amor,
amistad cómplice y vacío se unen en estos versos de Odette Alonso para
transmitirnos una sinfonía de palabras que a sí mismas se defienden con
derecho propio. Grito y susurro, mascarada y confesión, fuerza y
fragilidad son algunas de los hilos con los que, como la Penélope de su
poema "Fidelidad clásica", va tejiendo los hilos de un tapiz con el previo
diseño de una coreografía como la Odille del ballet, pero que, en el caso
de Odette, sabe llevarnos a puertos imprevisibles.
En la sección "Como
anunciando el fuego" sigue mostrándose con seguridad absoluta.
Salto
detrás del ojo
con la
ceguera opuesta al desafío.
El escozor
apremia y aguantas mis tobillos
caigo donde
el espanto es un recién nacido
una fruta
silvestre.
Yo también
quiero crecer en la espesura
saltar
detrás del ojo
hacerlo ver
lo que se esconde
y lo que estalla.
A lo largo del poemario
continúa su verso en ese tono conversacionalista, de tono lírico y
confesional tan próximo también a dos de los poetas con los que ella se
formó en Santiago de Cuba y que con Odette forman el triunvirato más
interesante de la poesía de esa ciudad en la última década. Me refiero a
Teresa Melo y a León Estrada. Y la nostalgia por el lugar donde se formó
se hace corpus en "Llanto por la ciudad donde me alejo":
Qué culpa
tiene madre
con tanto
orgullo y tanto título en la frente
de que sus
hijos huyan para hacerse crecer.
Qué culpa
tiene la pobre de los muros
del que se
eleva sobre su cadáver
y le vacía
el alma.
Oh ciudad
cuánto amor
se me cae
qué triste
te me vuelves entre tanta montaña.
Qué sola
estás.
A qué manos
entregaste tu vejez
con qué
artificios te cubren el semblante.
Cómo es
posible ciudad
cómo es
posible
este
patriótico olvido en que te dejan.
"Cuando
la lluvia cesa" es un bello, un conmovedor poemario. Un testimonio de que
Odette Alonso es, sin duda, una de las poetas más interesantes y ya con
sitio propio dentro del concierto de los poetas de Cuba y de
Latinoamérica.