Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 27/28

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos


Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 



 

POETAS CUBANOS

 

ROLANDO CAMPÍNS


Nació en Palma Soriano, Cuba (1940). En 1959 fija su residencia en Nueva York y allí funda y dirige la Revista Vanguardia. Cofunda y dirige la revista Nueva Sangre, también de poesía. Ha publicado los poemarios: Vecindario, Zarauz, España (1966), ganador del Premio CEPI de Nueva York; Sonsonero Mulato, Nueva York (1969), premio Ateneo de Bellas Artes de la ciudad de Nueva York; Habitanta de toda esperanza, Palencia, España (1969); y  Árbol sin paraíso (Las tribulaciones y los sueños), Madrid, España (1971), premio del Instituto Nacional del Libro, en Madrid. Desde 1974 reside en Las Palmas de Gran Canaria, donde ha publicado los fascículos: El iniciado (1977), Heredad de no olvidos (1982), Hundimiento del agua (1983),  Estudio (1984), Visita (1985),  Buscada (1986), Abuela Luisa (1987). Ha sido antologado por Ediciones Aguilar: Poesía Hispánica, Madrid, 1967, de Luis Jiménez Martos; Poesía en éxodo, Miami, 1970, de Ana Rosa Núñez; Ultima Poesía Cubana, Madrid, 1973, de Orlando Rodríguez Sardiñas; y en Poetas Cubanos en España, Madrid, 1988, de Felipe Lázaro.


  

 

UN FRÍO

 

Qué nieve negra que no hiere.

   Qué hielo vivo y blando

    y seco

 

Que frío de planeta frío.

   Frío,

bajo un sol de ciudad quemando pájaros;

   como de muerte viva que halla vida

en mis riñones. Frío

   ardiendo, sudando...

 

Ay, tragarme las manos

   y recorrer mis huesos uno a uno

por frotarme este frío.

 

Qué frío de ceniza,

   que frío aquí, que...

y que no es amargura ni tristeza;

   ni frío.

 

   
LOS VIEJOS
   
Los viejos se parecen en que olvidan.
   Tantos recuerdos tienen que olvidan.
 
Se parecen en hábitos y reumas, en temores,
   en ese aire de miradas viejas, lejanas,
en ese estar presente sin estar.
 
   Se han comenzado a despedir.
 
Dobladitos de haber sufrido lo suyo,

   por las mañanas tosen con cuidado,

    y en las noches, ni duermen ni sueñan,

     arrebujados en sus mantas dobles

      para que no se les enfríe

       la muerte.

 

 

EL AGUA

 

Tú la escuchas caer y luego la oyes

   subir por las habitaciones

    piso tras piso, tras,

 

   con su cloro sonando por los tubos

    antigua nube resabiosa

     el agua.

 

Vamos a ver qué pasa

   con estos alambres viejos de la lluvia,

    qué lengua se alambró de tan reseca

     en esta lluvia;

    qué lluvia pasa.

 

   El agua...

 

la hueles, la conoces, es el agua,

   es el río volando en mi cabeza,

    estos murciélagos -he visto luz-

     tantos colores vivos, tantos peces...

 

   El agua...

 

la sueltas bocarriba y salta;

   le abres el ombligo iluminado

y veo un chorro de alucinaciones.

 

Mira cómo da vuelta,

   cómo da lástima,

  cómo levanta al mar y lo sacude,

     y lo exprime

 

... como una gran camisa negra.

 

 

MEDIODÍA

 

   Al mediodía regresaba, aseándose;

y empijamado como cualquier honesto de familia

    comía. Se retiraba.

 

   Nadie se atrevía a ruidos si él dormía,

    aunque a veces le iban a dar quejas

     de mí, y me decía:

 

"No quiero saber lo que pasó

    pero siéntate ahí, sin lloriqueos!

 ...si interrumpes la siesta

     vas a oler el fuete!"

 

Pequeño, ante sus ojos azuleantes

   yo me achicaba, quietecito, brusco;

    y me sentaba "ahí", junto a su cama,

   y oía a los que pasan apurados

    a esa hora de sol alucinante.

 

Me contaba los dientes con la lengua;

   descubría figuras en el techo,

o perseguía el vuelo de una mosca

     que se coló en la habitación...

   entonces, a escondidas, lo espiaba,

     hasta que se dormía sin rencores, sin sudores,

y parecía un ángel derribado

     su cuerpo esplendoroso sobre el lecho.

 

 

ROSTROS

 

Hay rostros que no podemos olvidar,

   que están ahí por mucho tiempo

guardados con recelo del hiriente

    ojo diario,

 

   y hay días

en que esos rostros vienen a buscarnos

   sin hacer leve ruido, dobladitos

    de estar en lo más hondo,

     claros;

 

se nos suben despacio como un éter

   hasta posesionarnos,

    y abstraídos

  nos vamos por un rumbo

    desenterrando fechas, sitios,

     rostros,

 

   ...rostros queridos y empolvados.

 

CONVERSO CON MIS MUERTOS

 

Hace rato, abstraído,

en un mirar sin parpadeos

mientras la noche se hunde

en una tarde gris de diciembre,

converso con mis muertos.

 

Río. Gozo. Recordamos.

Lloro un rato con ellos.

 

 

 

NELSON JIMÉNEZ VIVERO


Nació en La Habana, Cuba (1970). Poeta, narrador periodista y profesor. Graduado de escritor de radio y televisión en el Centro Cubano de Estudios de Radio y Televisión. Columnista del suplemento cultural Hoy en periódicos regionales (Venezuela). Profesor en las Universidades Monseñor de Talavera y José María Vargas, impartiendo “Lenguaje y Comunicación”, entre otras materias, durante el período de 1995 a 1999. Ha escrito El Caracol (libro de cuentos), publicado por Libroline Editores S.L., 2000 (Alicante, España); y los poemarios: Rostros de mi isla, Formas transparentes, Palúa, El minuto del ermitaño y El Inestar. Uno de sus poemas fue seleccionado para la Antología Poética Contemporánea Las caras del amor, publicada por Editorial Versal Group, en los EE.UU. (1999) y otro fue seleccionado por el Centro Poético de Madrid para una antología poética. Es editor de la revista literaria digital Poetas 2000, que circula desde enero del 2000.


 

Neogénesis

 

Dos seres inventan ahora el universo,

uno impulsa al otro, lo arrastra a las alturas imposibles pero ciertas

donde las musas danzan incansables,

-ese soy yo-

y el otro, silencioso, con la oreja abierta en las pupilas,

sentado sobre el trono de la palabra dibujada,

- ese eres tú, lector mío, sólo por un rato.

Y no hay nadie más para escucharnos.

 

Hagamos la luz para crear las sombras,

el mar para tener la ingrata línea inalcanzable,

el poema para encontrar la verdad desnuda,

hagamos todo ahora que sabemos que nada más existe,

secretamente estamos inventando el universo

para olvidarlo luego

como tantos otros.

 

Estoy

 

Llevo mil siglos aquí,

desde que fui mono, extraterrestre o árbol,

y aún me desconoce el vecino,

me desprecia,

pero sobrevivo

a las mil calamidades,

sobrevivo en carne, hueso

y alma,

como una muestra de lo que no puede olvidar.

 

Ya estoy cansado de ser silencio

evidente

como toda ausencia,

cansado de usar un traje prestado,

cansado de tener que explicar las mentiras

que inventan para justificarme ante sus juicios.

No más respuestas esperadas

ha llegado el instante de la última gota

ha caído en la copa junto al mar de insultos

me desbordo aquí, con letras,

comienza el sonido

soy el sonido

que escuchas con asombro

soy lo que no aceptas de ti

y estoy aquí, en medio de tus propios temores

Para abrazarte.

  

Ni me detengo a pensar por qué

 

El agua corre hasta evaporarse

siempre se esfuma el agua

a pesar de la fuente inagotable.

 

El agua es eterna y siempre muere.

 

Hay un submundo como el agua

y quien vive allí muere todos los días

se evapora y sigue estando

corre y  vuelve

y se va

y se renueva.

 

El agua se estanca

nace un charco

orillas tiene más que centro.

 

El agua puede tener límites, puede estar presa y  secarse llena de fango

que molesta al hombre porque lo ensucia, lo mancha, lo ofende

en su moral de limpio.

 

El agua es sin dudas el sesenta porciento de un hombre

cualquier hombre está lleno de agua

todo hombre

evaporándose

lleno de agua que se va,

fango.

 

 

Como un relámpago sobre sus montañas

 

Cuando te veo, madre, estando así, sentada en esa silla,

no veo las ruedas

ni la mirada perdida en mí

buscándome.

 

Es un instante de tu vida este tiempo

yo te veo cercana a la razón que todos olvidamos

y me avergüenzo de no poder ser como tú

siendo de ti

 

Cuando te veo, tengo que tocarte para creer que es verdad

que estoy presente

ante ti

para siempre.

 

  

¿Qué somos?

 

Sin la libertad los huesos

rotos

se curan

después de permanecer quietos un tiempo largo

largo

en la contradicción de estar callados

sin un chasquido

un taconazo

un teléfono.

 

Pero la libertad no está en algún sitio alcanzable

no se conquista

no se palpa

no se comprende

no se tiene jamás

porque es la libertad la única condición imprescindible

para que un ser sepa

que está definitivamente

solo.

 

 

Para ver la tierra hay que romper la calle

 

La superficie fabricada

guarda muy bien algo grande

lo guarda como a un hijo

que sólo ella conoce.

 

Desde arriba la veo

pulida

limpia

parece un ángel que duerme

pero es un alma despierta

 

Bajo su lomo el amor descansa,

tierra virgen que no ha visto el sol,

¿y me preguntas tú, ser que se aproxima,

por qué tengo miedo de amarte?,

porque sólo hiriendo hondamente a ese ángel

la tierra se despierta.

 

 

Vuelve a  ser esperanza

 

Si se pudiera regresar a esos años

en los que la entrega era una necesidad satisfecha

un paso diario

una campanada en el reloj de la iglesia;

si se pudiera tomar una mano en el cine de la esquina

y besarla con los dedos

imitando labios

palpar la calidez de aquellos cuerpos tiernos

como el mío de entonces,

atarme a sentimientos

en un ir y retornar de poemas rimados

que cuentan del sol y la luna

de corazones y sueños.

 

Si se pudiera abrir las ventanas

con ese latido en el pecho

al ver que llega por la esquina

caminando

porque no hay nadie en casa

y podremos amarnos sobre una cama

con la ropa escondida en el baño

por si llegan correr a vestirnos

y sin lavarnos las manos tener que saludar al vecino

que llegó a llamar por mi teléfono

el único de la cuadra.

 

Si una guitarra volviera a ser mi amada

para ir a una base de campismo

y retomar el último beso hasta la próxima temporada,

aplacar el hambre con un té en aquella casa de la Habana Vieja

diseñada para sentarse a conversar

con un par de tasas entre cuatro pupilas.

 

Si se pudiera aprovechar la oscuridad de un parque apartado

y sin bancos

para un apretón de cuerpos

entre hierbas y algún arbusto,

esperar su día de guardia en la universidad

para encender el amor sobre su pupitre,

sentarse a que amanezca en el Malecón,

o regresar caminando en la madrugada desde el túnel de La Habana

hasta Marianao

y acompañarle a tomar la guagua a la Lisa

para felizmente cansado irme a dormir hasta el mediodía del domingo.

 

Si pudiera volver a sentir ese impulso irrefrenable

que no se detenía

reinventar un veinticinco de agosto y reconocerle

en medio de una fiestecilla de la universidad

llevarle a caminar por esa ciudad descascarada y hermosa,

Celestina nuestra.

Irnos nuevamente a la Isla de la Juventud

-llena de pinos -

a bañarnos en aquella ducha prestada

demorarnos porque el ombligo está sucio

o la espalda o la rodilla

por única oportunidad en toda una vida.

 

Pero no se puede

nos llevó el destino lejos

nos cayeron los años

se quedó el susto atrás

la inocencia se ha ido

y ambos recordamos a veces

como todos los no adolescentes,

hundidos en una melancolía momentánea

que poco a poco se consume

y va su humo al cielo

a la misma nube que otro adolescente

de este tiempo

adora.

 

 

Salvarse de tu furia

 

La Tierra está posada en el cosmos

llena de tierra y agua

sentada en la impaciencia de repetir

el mismo movimiento

La Tierra es una anciana llorando

de ausencias

-desperdicio de lágrimas de fuego-

La Tierra está esperando

sin tiempo

a que alguien la salve

del terricidio.

 

 

 

ELENA TAMARGO


Nació en La Habana, Cuba (1954).  Poeta y escritora. Recibió el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de La Habana en 1984 por su libro Lluvia de rocío, y el Premio Nacional de Poesía "Julián de Casal" de la Union de Escritores y Artistas de Cuba en 1987 por Sobre un papel mis trenos. Estudió Germanística y Filología en la Universidad de La Habana y realizó estudios de posgrado en la Universidad Lomonosov de Moscú y la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Su preocupación por la memoria, sobre todo en el drama exiliar, la ha llevado a investigar el tema en poetas como F. Hölderlin (del cual es traductora), Marina Tsvietáieva, Anna Ajmátova y Juan Gelman. Ha publicado el poemario Habana tú (México, 2000) y el libro de texto y crítica Juan Gelman: poesía de la sombra de la memoria (México, 2000).


 

 

HABANA TÚ

 

                      Y hoy está crecido el mar

                      no es que la marea suba por un hecho natural

                      es que llora Yemayá

                      Juan Formell

 

De niña, entre las grietas de la tierra

buscaba en ti mi aurora

a semejanza mía, a semejanza tuya

cuerpo oscuro y esbelto de mi sueño.

Puras ante la espera las imágenes

emisarias de la tarde que caía

pegada a su horizonte.

Tenías en secreto tu espigón de metales

inclinada en tu borde busco el ancla perdida

te busco en el regreso, estás llena de pájaros

vuelve a secar tus manos y cuéntamelo todo.

Era esto el abandono y lo sabías.

Óyeme estos lamentos que me salen ardiendo

yo sólo te deseo.

La sombra de aquel tiempo en ti misma entrevista

con inútil ternura

y tú me dabas fuerza

rendida y dócil como el mar sabe serlo.

 

 

SINCOPADA O FUERA DE TIEMPO

 

Todos los días se matan en La Habana

dos millones de gatos y quinientos caballos.

Quinientas yeguas solas sostienen el rencor de su dureza

se abrazan

en la pira arrogante del león babilónico.

Trasgos de sangre suspenden el azul y el animal del trópico

se agota.

Diez millones de vacas ya murieron

tres mil palomas agonizan

y el olor de los lirios se deslíe

en un prurito de ácidas hormigas.

Los ciudadanos temblando se repliegan

a construir el escenario de la nada

si no quedan caballos ni lenguas ni jazmines

si los trenes de leche detuvieron su paso

donde cantaba la belleza

y ahora se escuchan los terribles quejidos de las vacas

si los lirios, los gatos, las palomas

son animales muertos.

Pero yo no he venido a ver el cielo

cómo voy a ordenar pedazos de paisajes

ordenar los amores que son fotografías

y luego tambor tosco, bocanada de sangre.

Ay, voz lejana

ay, voz de la sordera

estás aquí bebiendo mi humor de niña muerta

quiero llorar mi talco, como lloran las niñas

porque yo no soy ni mujer ni poeta ni azucena

soy el agua y el vino y el aceite

una llaga tal vez que debe al fuego

y me andan buscando.

 

 

COMPÁS DE ESPERA

 

Mi pasado está invadido

y lloro lentamente.

Me ha llenado de miedo una noche en el Neva

me ha llenado de fe una tarde en Bakú.

Se quedó Samarcanda como alguna promesa

y la calle de Arbat para soñar a eszenin

siempre, siempre.

Erré como torcaz

aplastada en la calle por un caballo ciego.

me dan miedo mi pueblo y sus hombres

mientras Jesús del Monte se derrumba en silencio.

Una ciudad de espejos y banderas

y su empinada ronda de tenores.

Yo regreso a mis pájaros

al pequeño amarillo que no canta.

Ya no tengo balcón ni noches junto al mar

y otra campana traza mis compases de espera.

Estorbo como estorban los almendros

y en el farol se queman algunas mariposas.

Ciudad y almendro y yo

ay, qué desgracia.

 

 

ALGO DE MENOS

 

Esta tarde yo olía a una ciudad de invierno 

a vela derretida, a leños en la estufa.

Esta tarde

todos pasan a echar de menos algo

a consultar mis manos

y en mi reja dejar cosas ajenas.

Quién ha estado esta tarde en el umbral

que me ha puesto tan triste

sin mi golpe de luz

sin mi santa cruzada de polvo y desconcierto

de pan fresco y loción.

Que traspase el zaguán de mi extravío

y me cubra y me ampare

de tanta frialdad

aquel que se ha llevado de mi horno el alma.

 

 

HABANERA YO

 

Soy otra vez muchacha en el invierno

y nadie me regala una gardenia.

Pero al regreso de mis lunas

ahíjo taciturna del fondo de la calle

casi feliz, aletargada

bajo esta piedra roja.

Retozo como un campo de caña florecido

es la herencia adecuada de una mujer despierta

un sueño desprendido del cuerpo que lo ha usado.

Los lirios de Rosita

mis únicos testigos

esperan la lechuza

en el silencio mío del oeste.

Vuelvo en la medianoche de este invierno

acércate a escuchar mi tambor y mi oboe

acércate con riesgo de hechizarme.

Ciudad, ciudad

no mates mi manía de ser bella

de pasearme desnuda y cepillarme el pelo.

Ciudad con pajaritos y cisternas

el probable lugar donde acabó una historia.

Ay, mi ciudad

mi pasto

mi sitio recurrente

a la hora en que duermen las palomas.

Ciudad que has bendecido mis vigilias

arrástrame hacia el mar

sin farolas ni víctimas

con algas en mi pelo

y en tu pelo sal.

 

 

 

EMILIO SURÍ QUESADA


Nació en Camagüey, Cuba (1952). Poeta y periodista. Desde 1975 a 1992 trabajó en periódicos y revistas culturales cubanas (Juventud Rebelde, El Caimán Barbudo y Somos Jóvenes). Fue corresponsal de Guerra en Angola, Nicaragua, Sahara Occidental (Frente Polisario) con coberturas especiales en Yugoslavia, Rumania, Argelia, Francia, México, Chile, Argentina, Perú y Bolivia. Ha publicado los siguientes libros: En poesía: Historia por si vienen nietos (La Habana, 1974) y Canción del suicida (Madrid, 2003). En  novela: No vine a morir (La Habana, 1986). En biografía histórica: El mejor hombre de la guerrilla (La Habana, 1980). Y en libros de reportajes: Y nadie se cansa de pelear y Los cachorros andan sueltos (coediciones en Cuba y en Nicaragua, 1981 y 1985, respectivamente). Su poesía ha sido seleccionada en la Antología de Poesía Joven (La Habana, 1979) y en la Antología de Poesía Social Cubana (La Habana, 1980). En Cuba obtuvo el Premio de Poesía "13 de Marzo" (Universidad de La Habana, 1974) con Eliseo Diego de Presidente del Jurado y como periodista fue merecedor de siete premios nacionales , entre los que se encuentran tres otorgados por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) 1978, 1980 y 1982 respectivamente, un Premio Casa de las Américas en el género de testimonio (1988) y el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí (La Habana, 1988). Desde 1992 vive exiliado en España. En la actualidad colabora en la Revista Hispano Cubana, La Nueva Cuba, Cuba Nuestra (Suecia) y con el Centro de Información y Estudios de Cuba (CENINFEC).


 

 

LOS JUEGOS DEL SUICIDA

 

Donde menos la imagino

me hace guiños.

Al Acecho,

descubre mi último disfraz

y burlona, señala

las arrugas que no quiero palpar

mientras me afeito.

 

Con su velo me opaca el horizonte

y hace arrumacos y carantoñas

en esa inmensa soledad que siempre queda

en los posos del último café.

 

Ella es la encargada de vestirme de extranjero

cuando salgo en su busca por calles y lugares

en donde sueño que alguien me salude.

A las cartas que recibo

le borra el remitente.

A las fotos le amarilla la frescura

y le apaga a los rostros la sonrisa.

 

Hora tras hora

toca su preludio con guitarras marchitas

y se empeña en sumarme a la manada

que sábado tras sábado

apura su noche en un cubata.

 

La cama es mi último refugio

y aunque tengo sábanas

sedientas por volar,

el sueño aterriza.

-Te amo -me endulza

con tibios ronroneos

y quiere que sea suyo en tierra ajena.

 

Hay noches en las que aúllo

y voy hasta su encuentro.

me excita

y quisiera perforarla.

A veces,

galopamos hasta la puerta del alba

y cuando creo que los dos seremos uno

y uno, será nada,

ella,

invisible y taimada,

se esconde de nuevo en mi interior

y quedo,