Nació en Masaya, Nicaragua (1945). Poeta y periodista. Autora
del poemario, Las ceremonias del silencio (1975). Pertenece
a la generación de poetas de los años 60. Su obra es breve pero
intensa.
LOS
SIGNOS DEL ZODÍACO
Febrero con su signo
es tan sólo Piscis en el seco
Zodíaco. Día de
sequía para la boda en vísperas. Para
Vallejo y sus novios
ponientes de la tierra oh los fuggite
amanti y la Maja
inviolata violada bajo el signo de
Febrero. Las
palabras se quiebran. No nacen nuevos hijos
y es mala seña eso
de que los novios se hayan retirado
a mil años so
pretexto de que el óvulo terso y que la
hendida cáscara. El
día se termina. Vase a dormir el
niño que fluye cojo
a la vergüenza de los años. El novio
advierte el aire de
traición con que le sacan puntas a su
tuerca; la novia
boba por la otra realidad, cuelga su
pobrecillo vestido
hecho una lástima. Más allá. Tras
de la noche óyese el
ruido del martillo, la mortaja y el ronroneo
claro de la muerte
caída sobre Piscis. Pero el pasado
es un cubo de
cenizas y hay que coger la pala para que
siga multiplicándose
la especia.
ENCUENTRO
Esta tarde me he
encontrado con la muerte
caminando como si
nada.
Nos cruzamos miradas
puntiagudas,
que llegaban al
alma.
Ella altanera, yo
humildosa
le mostré mis
rodillas canceradas
mi sombra coja
mi vestido de novia
ya vestido.
Ella sonrió y me
dijo
que ése era el
aguinaldo de mi tuerce
que el de ella ya
vendría.
CARTA
Recuerda amado
cuando nos conocimos
bajo la gran sombra
del Palazzo Corvais, frente
al gris remolino de
la vida del Corso; recuérdalo.
Recuerda cuando
música, pantera, amante, dueña del amor,
yo clavaba mi ojo en
el tuyo
y no había pie entre
nosotros de distancia.
Recuerda las idas y
las venidas, las vueltas y revueltas,
y el amor subiendo y
bajando. Y nada más
(cuando yo era para
ti,
como aquella lejana
dulce muchacha de Brest).
Recuerda de todo
esto. De todo eso que se quedó
aquella mañana en la
cruel terminal de Reggio,
la dulce marejada
que nos llevaba,
la que nos traía,
el agua
mansa,
el Líbrame Dios.
CALLE DE VERANO
La tarde seca
arañando los tejados.
Dos niños que
brincan en medio del remolino de polvo anaranjado.
Una sombra como de
anciana que pasa
dejando un viento de
tristeza.
El tiempo
transcurre.
El alma que se pone
del color de la tierra.
La tarde que se
encorva como un arco
por donde pasan los
niños
tomados de las manos
de sus madres.
La lluvia que nos
cae.
Sólo la cal del aire
que blanquea las sienes.
Sólo el fuego que
penetra en la sangre y que tiñe
de amarillo los
ojos.
Sólo la vida como un
animal muerto
tendido bajo el
cielo.
Y el sol secando al
aire las médulas cárdenas del tiempo.
Y el viento lúgubre,
estepario.
Y los pasos pesados.
Y los niños ya
viejos regresando bajo
el arco
de la tarde.
Y la piedras.
EL
OTRO DÍA ESTÁ AQUÍ
Nadie diría que
hemos envejecido.
(Nadie sabe cuánto
tiempo ha pasado).
Él, todavía tiene
cabellos oscuros
en las sienes,
aquellos cabellos largos café negro
que como cortinas le
caían en la frente.
Es joven. No parece
un hombre de 50 años,
ni yo una mujer de
45. Ayer
por la calle alguien
me preguntó
por nuestros hijos.
No los tenemos.
Sólo tuvimos un
precioso jardín con la estatua
del Dalai-Lama en el
centro
y una fuente en la
que él y yo nos
asomábamos, con el
agua clara formando pequeños
remolinos que
giraban
hasta hacernos
perder la cabeza. Por allí
pasaban el verano y
el invierno. El polvo que
venía del norte
diciendo cosas tristes
y luego los charcos
que se secaban, recordándome
sus años y los míos.
Hoy, quizá un trofeo
de caza vale más para él
que un beso mío. Yo
me he retirado de aquel
dulce paisaje de la
vida. He olvidado la
suave cortina de sus
cabellos cayéndole en la frente,
y por al antiguo
jardín miro pasar las densas
polvaredas –es el
oro-, me digo.
Y luego los charcos
que se secan –es la edad-.
¡Ah! pero yo fui una
chica de 20 años que
plácidamente soportaba el amor y el tiempo.
Nació en Boaco, Nicaragua (1972). Poeta y periodista. Ha
publicado el libro de poemas: Huérfana Embravecida (1999).
Fundadora de la revista literaria “400 Elefantes”, la cual edita y
dirige. Actualmente es coordinadora del suplemento cultural La
Prensa Literaria, del diario La Prensa.
RECUERDOS DE MADRUGADA Y MADRE
En mi cama está la
madrugada,
el café amargo de
anoche,
las peleas de mis
hermanos,
risas y aplausos de
mis enemigos.
Está mi madre junto
a la ventana abierta
sintiendo el
vientecito,
mirando cómo ordeño
la vaca
y su cola golpea mi
cara
gritando que las
gallinas se recojan temprano
y los perros vigilen
la casa floreada.
Recostada con su
mano en la barbilla
recuerda mi
fragilidad del primer día
mis dolores de oídos
no curados hasta los veinte años.
La madrugada sentada
en mi cama
acompaña a mi madre
en su ventana,
la miro y beso como
a una hija.
DE
LOS DÍAS QUE ROMPEN OTRAS MUERTES
Aquel hombre de
veintiocho años
fue a la guerra,
no tiene corbata
roja
ni marca tarjeta con
la intención de adular
en la mesa que
comparte.
Muchas veces la
montaña
miró sus pies
podridos,
el cuerpo húmedo y
lodoso,
la mochila
desgastada,
bayoneta en la mano
herida
y en la desolación
la fiel lata sin
etiqueta de carne estofada.
Junto a él
la muerte caminaba
paciente,
por los alambrados,
en las riberas de los ríos,
bajo los árboles.
Alguna bala maldita
rompió en la sangre
de su brazo izquierdo.
Allí la solidaridad
era opaca y de piel fría,
la palabra compañero
era efímera para los
revolucionarios.
En la montaña se
desvanecía su juventud
y aquel hombre que
en 1986 aún no conocía.
HOMBRE DE LEJOS
No te mueras con los
ojos llenos de lágrimas,
la manera ridícula y
juguetona de llamarme niña,
cuando pases la mano
por mi cabeza, no sobes
con aliento de padre
que se muere, sólo dime:
vergüenza ven a
buscarme en abril tedioso,
en diciembre de
árboles navideños polvosos.
El desamor de aquel
hombre que muere,
que llama hijos,
madre y no encuentra plato, vaso,
sólo cama revuelta
de mierda y orines.
En el cuarto oscuro
extiende la mano y grita
golpeando el biombo
cubierto de papel. No jures
que a las 12:00
vendrás a buscarme con la cara pringada
de lluvia y las
botas sucias de lodo.
MARIPOSA QUE DUERME EN LA CIUDAD SIN SUEÑO
Después de trece
años encontré la mariposa
el regalo de mayo,
aplastada por el
peso de las páginas
que guardan el olor
a libros viejos,
sus alas desprendían
un polvillo negruzco azulado,
mezcla de tipografía
y papel amarillento,
sus ojos fijos
tenían la ausencia del amante
y de aquellas tardes
en jardines y basureros
donde repentino el
amor se hacía grito.
Vive en los abismos
de hombres
empañados como
espejos el desvelo de los poetas,
la rabia y el miedo
que los ataca como alacranes de selvas,
se desvela y sueña
con la generación que no conoce,
mariposa negra que
reposas eterna en la ‘ciudad sin sueño’
escrita en el puente
de Brooklyn de New York,
mariposa que ciñes
tu ojo
cuando el anochecer
enciende sus pequeñas luces
y deambulamos
perdidos en la ciudad
donde nadie duerme.
1985: DIEZ AÑOS DESPUÉS
El corazón está en
mis manos
dice: lentitud de
vida corre por la sangre,
los restos de esta
tarde se irán conmigo,
mi mañana la
guardarás entre tus ojos
como dos lágrimas
puras de invierno,
las venas se
enfriarán como vigas de cemento
opacas de
naturaleza.
Y recogerás ese
corazón que una vez dijo:
hija, madre, niño,
taxi, avión, caballo,
rosas negras y
blancas en un jardín
que nunca
recordarás.
Y como días en tu
bolso lleno de alfileres
se guardarán la
risa, las manos, tu silencio.
Y aquella barba que
afeitabas muy bien los días
de mis cumpleaños.
Nació en Granada, Nicaragua (1958). Poeta, socióloga, diplomática
y traductora. Es graduada en la Universidad de Nueva Orleáns,
Estado de Louisiana, EE.UU. Residió en Uruguay por algún tiempo.
Ha publicado los libros: Silencio de alas (1999) y
Florece el naranjo (2002).
DE
LA DERROTA
A carcajadas
esculpía
su amor en los
sueños
hasta extinguirse
como el fuego en el
agua
su imagen.
BARRERA Y ATABAL EN 1º DE AGOSTO
Basta una palabra
para estallar la pólvora
entre repiques de
campanas
Multitudes
apretadas en oración y alcohol
danzan al
santo en el sol
Son de la tarde suena largo
cuando sale el toro montado
en
otro bravo
risa en rojo tiñe el
asfalto
entre sirenas
cunde el pánico del
rayo sin trueno
entre grietas la
alegría duerme y no despierta
en espirales sube el
humo de los cohetes
a lo lejos nadie
mira
y
se olvidan.
Sierritas de Santo
Domingo
Managua, 1998
PAS
DE DEUX
Al doblar la esquina
en el inmenso mural, corría
la niña vestida de
ballerina en las Sierras del Jicarón
huyendo del mono
horrorizada del animal que chillaba
tras ella herido,
rábico; segura muerte en el lodo pintado.
Ascendente, mantenía
intacta su estrella; la gracia
elevada en su mano y
la curvatura de sus pies
presentadas a la luz
de la luna. Las mañanas frescas,
soleadas convidaban
a la figuración de personalidades
disfrazadas que
jugaban entre el verde. Bajar del árbol
sin rasguños fue
siempre un reto. Subirlo, la aventuraba
a buscar huellas de
nidos entre sus ramas; leyendas
evolutivas en los
anillos de su tronco.
Asombrada desde la
colina divisaba el guindo
y sus alrededores
prolíferos de fauna reptil bajo guirnaldas
de abundantes
florecitas vecinas de caimitos, moras,
pijivalles y
tronadores frutos que saboreaba al silbido
del viento mientras
llegaba la hora de satisfacer
el balance adulto de
las cosas entre la jocosidad y el
temor a la
reprimenda de no tragar la ensalada
en vinagreta del
almuerzo en casa.
Por las tardes,
levantaba el polvo en briosos
caballos provocando
ladridos de perros flacos
por caminos que aún
ocultan enanitos descalzos en el cielo.
A la tenue luz del
candil arreciaba la lluvia, el frío,
el silencio.
FLORECE EL NARANJO
Es hora de prolongar
el ritmo donde reposas silencio
crear vértigos
tal vez
el horror
afilar la ironía
morirme
de risa de mí misma
acariciar los bordes
del mutismo a pura palabra.
Al sol
lo oculta su luz cada amanecer
en el tiempo mi
espacio se agranda o disminuye
y mi amor enloquece
Las palmeras se
agitan altas tras su fondo verde
las hormigas en fila
disponen bajitas
faenas largas en
corta vida
mas ni alta ni larga
es mi espera.
Al labrar la tierra
perfilan un sabor agridulce ciertos frutos. Sí.
Así las horas
pálidas de espanto me enternecen
hasta explayar mis
ansias sobre las avenidas
donde posa la
tristeza.
Allí todo es mío y
nada tengo
florece el naranjo
cuando el polvo
barre la tarde.
RÍOS
(I)
Un brillo tenue
perfilan los acantilados
corre agitado el río
ríen blancas
pasajeras en el azul
un
venadito mutilado sobre la roca
rondan
los buitres
un croar anfibio
brinca de piedra en piedra.
Rema el pescador
rema contracorriente
donde habitó
quedaron granos desperdigados sin aves al partir
el canto
del gorrión muy dentro.
(II)
Una silla al pie de
la ventana
redobles de tambor
¡Federico no vuelvas
la vista!
reposa el llanto
franco… Lorca
te van a
fusilar…
Ciega Jorge Luis la
luz
¡bárbara! Borges
Chaplin sonríes mudo conmigo en la pared
Carlos Martínez
Rivas ¡pon! ¡pon! ¡pon!
la corriente ¡la
puerta va a derrumbar!
A ras del cielo el
espinazo Vallejo
¡crucificado!
¡anchos pasos
adentro Joaquín!
parecías mi tío
entre el gentío
y las cosas al río
íban…
Alta la marea
Saint-John Perse
“la espuma todavía
en los labios del poema”.
Marcada piel tras
hondas leguas de la isla al continente
ardía el agua Aimé
Césaire.
Cósmico Cardenal
físico cuántico Ernesto dialéctico
¡Cantamos!
Resplandecías el
mediodía Ernesto Mejía Sánchez
lírico intrínseco
Fernando relatas Silva lingüístico diálogo
irreductible poeta
¡tu río!
Drástica súplica
trágico cómico tríptico vivido miserere Pessoa el navío
¡Ay!
Vicente
Altazor el río Huidobro
Bástame
la rosa de Gertrude Stein en tierras baldías Eliot
el instante
¡salamandra! Octavio
la
palabra sola como nosotros ¡Paz!
en el paraíso
perdido Milton
idílica mirada ocre
barro epifanía ¡Pablo Antonio Cuadra!
Lánguida Alfonsina
agitado el mar estaba…
¡Magistral! Gabriela
liana entre los Nobel
Juana Inés ¡tu
Amantísimo!
Teresa ¡santa señal:
el amor!
Mi sombrero de alas
una playa desierta
tomados de la mano
una gota
de lluvia…
Rubén tenor soprano
barítono del blues
Darío ¡Triunfal!
Caudalosos ríos al mar…
¿Por qué te fuiste
José? Mi padrino de Bodas
íbamos a sentarnos
¡Coronel! a mirar correr el río con la María…
¿Recuerdas la tarde
cuando la tienda de malaquita
brillantita
brillantita se enllavó?
Los comensales
esperaban
llovía cuando la
fiesta con listones de colores siguió
miraron hacia afuera
y hacia allaaáa adentro
cada quien puso su
letra donde quiso
Así reímos
lloramos
ríos
sedimentos
Nació en Managua, Nicaragua (1954). Poeta bilingüe, arquitecto y
administrador de empresas. Ha publicado los libros de poesía:
Antología de la tarde (1991), Génesis y Otras Fantasías
(1993) y God, Woman and Country (2000). Como antólogo
publicó Eleven Nicaraguan Poets in the USA (1996). Reside
en Miami, Florida, EE.UU. desde 1985.
OLOR DE LIRIOS
Cuando muera,
entiérrame con mis objetos más queridos:
los poemas que
escribí cuando tenía trece años
las ideas para
cuentos que un día contaré
los resúmenes de
novelas que un día escribiré
el ombligo de Reima
Aleksandra y su etiqueta de hospital
la diapositiva de
Abuelita reinando desde su mecedora
el libro portugués
sobre estrategia que nunca pude leer
el fósil de alga
marina que Gabriel encontró en el patio
el libro Rosacruz de
los Orígenes para nunca olvidar la Verdad
la foto donde tienes
25, un rifle en tu mano, una rosa en tu cabello
el primer par de
lentes de Kristel, rotos y pandeados
la copia de los Diez
Mandamientos que mamita me envió con las cartas de papito
el único arete de
Danibel, sus dibujos, su dulzura.
Cuando todo esté
listo para encerrarme
lanza la Cruz de
Palma que teníamos en el dormitorio
y el beso remoto que
me diste en el aeropuerto
la primera vez que
me marché.
EL
BESO
Sus ojos negros te
hipnotizan.
En un parpadeo
eterno ves como:
las
moléculas de A.D.N. se aglutinan
en el caldo para formar la
vida física inicial.
En el
plano intemporal la
Mente de Dios sonríe.
Noé
suelta la paloma avizora
que más tarde vuelve con la
Rama de olivo en el pico.
El buen ladrón teme y
un
terremoto anuncia la muerte del Mártir.
Un
sinnúmero de flechas
susurran sobre el yelmo
de Rodrigo Díaz de Vivar y
Cristóbal pone un pie en América.
En una
isla ajena
un ex-conquistador francés
languidece envenenado y
otro,
alemán, morirá carbonizado.
Un niño
grita silencioso en
los hornos de Auschwitz
y un
proyectil se clava en
el kibutz reciente.
En las
montañas de Dipilto
un indio cae herido
y un
astronauta solitario
ve surgir ángeles tras la Luna.
En ese mismo
instante
la Realidad cesa y
empieza la fantasía
de
soltar
sus labios.
MUSA
RAELIANA
Cada pareja
encuentra su camino hacia ojos y labios.
Tratemos un tercer
lenguaje,
un susurro, una
caricia.
Pequeños pasos nos
muestran la ruta:
Cinco haciadelante,
uno haciatrás,
un salto, un león
que espera, cazando.
Alimentas tu cuerpo.
Rotondas
desparramadas en tres círculos.
Abierta sobre la
cama
compras un aceite
erótico.
(el perro del
pintor
sentado a la
piscina,
las compañeras de
la sobrina corren
por la acera, su
amiga:
una torre en la
mesa vecina,
la clienta de al
lado me toca de lejos
con sus pestañas)
Ahora sos vos quien
llena estas tardes,
un cubo de hielo se
derrite en mi ombligo,
una sensación de
levedad curvea el aire.
Acción es cuando el
cuerpo abandona
a la mente y tus
brazos caen sobre mí
como algas en el mar
de mi piel.
Acción es cuando mis
labios re-descubren
tus hombros, cuando
un abrazo
completa ese rito,
cuando sonríes
esperando en el
dintel
y me abres las
puertas a otra dimensión.
TERRA INCOGNITA
Nací en otra ciudad
que no es Miami
donde había un
barrio con calles de tierra y perros que vagaban en pandilla;
vacas grises y
carretones tirados por mugrientos chavalos
Había mendigos
ciegos y cojos
y merodeadores de
sirvientas en los patios traseros;
un cauce lleno de
agua
e inmundicias y
casitas de tabla al borde del descalabro
Había un vendedor de
periódicos
con chelines en la
bolsa de cuero
y muchachas
descalzas con
panas de tortillas
en la cabeza;
un afilador de
cuchillos
y un panadero gordo,
que circulaban en bicicleta
Había un vecino con
una hija retardada y otra casada;
cerdos que se
revolcaban en el lodazal
y un poeta que
soñaba con Víctor Hugo
Había pulpe