Miami
Estados Unidos
Año V 

Nº 27/28

Escríbanos    

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

EL HOMBRE DEL AGUA

(Pieza en un acto)

 

por

 

Matías Montes Huidobro

 

Crepúsculo rojizo. El escenario aparece como una gran mancha de sangre. Al fondo, cañaverales mustios, palmeras que han perdido sus penachos, una ceiba ancestral con ramas secas. A un lado del escenario está La Jinetera”; al lado opuesto, Caridad. “La Santiaguera” y un par de viejas en túnicas andrajosas, manchadas de fango y sangre, Malanga y Yuca, cavan una fosa. En un palo, una bandera manchada de sangre. Delante de la fosa, tendido sobre el tronco de un árbol, un hombre muerto cubierto de pies a cabeza con una sábana, igualmente sucia y manchada. Caridad, moviéndose recelosa alrededor del cadáver, se acerca a “La Santiaguera”. Siempre, muy distante, se escucha una partitura musical, acentos indefinidos y disonantes de claves, guitarras y tambores, que servirán de fondo a la “coreografía” erótica pero distorsionada, nunca demasiado explícita, de “La Jinetera”, que se acercará gradualmente hacia el cadáver.

 

SANTIAGUERA.- No sé cuándo acabaremos de enterrarlos a todos.

 

YUCA.- Tal vez entonces podremos descansar, que ya es hora.

 

CARIDAD- Habremos enterrado un centenar.

 

MALANGA.- Un millar diría yo.

 

SANTIAGUERA.- ¡Qué guerra tan inútil!

 

CARIDAD.- ¡Todas lo son!

 

SANTIAGUERA.- La de nunca acabar

 

MALANGA.- Bien pudo quedarse uno para cavar las fosas.

 

YUCA.- Nos estarían cavando una a una.

 

MALANGA.- Pero de otro modo.

 

YUCA.- Así jodían cuando estaban vivos.

 

MALANGA.- Jodían lo mismo, pero entre las piernas, que es otra manera de joder. Para eso no se cansaban nunca.

                                                                                       

SANTIAGUERA.- No deberían hablar así delante de Caridad, que no sabe nada de eso.

 

YUCA.-  Ya ella les ha visto lo que traen.

 

MALANGA.- (BURLONA). Querrás decir lo que traían.

 

MALANGA.- En todo caso, ahí tiene a "La Jinetera", que es una gran maestra y ya sabes la pata de que cojea. Pronto andará enseñando el culo.

 

YUCA.- Como si tuviera a quien enseñárselo.

 

MALANGA.- Se buscará una piedra, que no hay cosa más dura.

 

MALANGA.- Y se ablanda mucho menos.

 

CARIDAD.- No hablen así. No digan eso.

 

YUCA.- Para eso tenemos lengua.

 

MALANGA.-  Y culo también. Para cagar cuanto decimos.

 

YUCA.- Ahora hace de "La Jinetera en Oración", pero si le dan el dedo de un muerto se lo lleva al hoyo, aunque lo tenga hecho añicos.

 

MALANGA.- Y si al muerto le queda un cacho de rabo, le crecerá como a las lagartijas.

 

Malanga y Yuca, desternillándose de risa, van a sentarse en el madero

 

SANTIAGUERA.- Son unas puercas. Apestan más que los muertos. Ahora hablan así, pero antes también delataban.

 

CARIDAD.- (REFIRIÉNDOSE A "LA JINETERA"). ¿Pero qué les ha hecho esa mujer? Primero perdió a su padre y a todos sus hermanos. Muchos se fueron y la dejaron sola. A su marido le destaparon la tapa de los sesos, y después murieron sus hijos unos tras otros; unos por héroes, otros por traidores. ¿Qué podía hacer? ¿Es que eso no es sufrir lo suficiente?

 

SANTIAGUERA.- No escuches. No prestes atención. Olvida.

 

CARIDAD.- ¿Por qué la gente es tan mala? ¿Por qué los hombres se han matado de ese modo?

 

SANTIAGUERA.- Era la guerra. Era... la Revolución. Los hombres son así. Hombres. Cava. No preguntes más. Hay preguntas que no tienen respuestas. Algún día lo olvidaremos todo y nada tendremos que recordar.

 

MALANGA.-  (BURLONA, ALTO, PARA QUE LA OIGAN). Ahí las tienes, la ignorancia y el olvido. Con esa pareja no iremos a ninguna parte y por eso estamos así.  ¡Nos han destarrado!

       

YUCA.- (DE FORMA SIMILAR). ¡Son el hambre y la necesidad! ¡"La Virgen de la Ignorancia" y "Nuestra Señora de los Taparrabos"!

 

“La Santiaguera” tira la pala y se dirige violentamente hacia donde están Yuca y Malanga.

 

SANTIAGUERA.- ¡Ni las víboras son inmunes a la ponzoña de esas lenguas y el cascabel de las serpientes enmudece ante filo tan viperino! ¡Nunca se ha visto ponzoña tan mortal en escupitajo tan maligno!

 

MALANGA.- ¡Santo Dios, qué manera de desbarrar!

 

YUCA.- ¡Qué palabrotas! ¿En qué muelle las  aprendiste? ¿Qué estibador te enseñó ese lenguaje de la mala leche?

 

SANTIAGUERA.- ¿Por qué tanto encono? ¿Por qué esa maldad?

 

MALANGA.- ¿Y por qué no? ¿Qué razón vamos a tener para ser de otro modo? Esta tierra es una desgracia. No es más que un páramo desolado donde ya no germina la semilla. Nos asfixia y nos enloquece. ¡Y dicen que era la tierra más bella que ojos humanos vieron! ¿Cuándo coño fue eso?

 

YUCA.- Nuestra tierra es fértil, pero como si no lo fuera. Han acabado con ella. No da ni dice donde hay. Rodeada de tiburones, no tenemos salida.

 

SANTIAGUERA.-  Hemos cavado muchos muertos. Estamos solas. Debemos ayudarnos las unas a las otras.

 

MALANGA.- Somos mujeres.

 

SANTIAGUERA.- Precisamente.

 

YUCA.- Miren a "La Jinetera" y leerán en el culo las señales de los tiempos.

 

CARIDAD.- Ustedes no deberían hablar así. Ella sufre también.

 

MALANGA.- Y a ti, ¿quién te ha dado vela en este entierro?

 

CARIDAD.- (CON SENCILLEZ). Soy Caridad.

 

YUCA.- Como si fueras Juana.

 

MALANGA.- Razón de más para no meterte en camisa de once varas.

       

YUCA.- Todas sufrimos lo mismo, pero eso no quiere decir que haya que ser puta para hacerle un servicio al Mayoral.

 

MALANGA.- Ni ponerse a capitalizar con el trasero.

       

Yuca y Malanga se mueven alrededor de Caridad, separándola de “La Santiaguera” y atemorizándola.

 

YUCA.- Somos "Las Viejas Sabias del Escambray".

 

MALANGA.- La que todo lo sabemos.

 

YUCA.- Esto no tiene remedio.

 

MALANGA.- Ni pies ni cabeza.

 

YUCA.- Ni principio ni fin.

 

MALANGA.- Te comerán lo que tú llevas.

 

YUCA.- Nos han perdido antes y nos perdieron después, y lo harán por siempre, aunque tengan el chucho muerto.

 

MALANGA.- Te cerrarán los ojos, pero te abrirán las piernas.

 

YUCA.- Te comerán el culo con los dientes.

 

CARIDAD.- ¡Basta! ¡Basta¡ ¡Déjenme ya!

 

Entra “La Habanera”. Viste como las otras pero la túnica, también manchada, tiene un tinte ligeramente azul. Arrastra un pesado fardo lleno de despojos de guerra.  

 

HABANERA.- (AUTORITARIA, FIRME). ¡Basta! ¡Déjenla en paz!

 

“La Habanera” se sienta en el madero e irá sacando machetes, cuchillos, pistolas, metralletas, botas, cascos e insignias.         

 

HABANERA.- Al fin ha terminado todo.

 

SANTIAGUERA.- ¿Qué quieres decir?

 

HABANERA.- Que todos están muertos.

 

SANTIAGUERA.- ¿Todos?

 

HABANERA.- Todos. Y aquí traigo las armas, para enterrarlas donde nadie las pueda encontrar. Para que no se vuelvan a matar. Pero no habrá nadie para buscarlas ni para matarse otra vez. He recorrido la sabana de norte a sur, de este a oeste. Muertos y enterrados. Para siempre. He recorrido las ciudades y todo está destruido. En ruinas.  Sólo hay mujeres solas, abandonadas, que lloran a sus muertos y que los entierran. Muertos y enterrados. Para siempre. Por toda la eternidad. Podemos estar tranquilas.

 

SANTIAGUERA.- No lo creo. Habrán huido hasta la Sierra. Como han hecho antes. Como han hecho siempre. Y volverán, como manadas de lobos.

 

HABANERA.- Es posible, porque son traicioneros y cobardes. Pero están heridos y hambrientos, y además, se han arrastrado tanto, que no tienen nada que los sostenga. La muerte sabe hacer su trabajo.

 

YUCA.- Ya era hora que doblara el lomo, porque trabajo nos han dado.

       

MALANGA.- Pero siempre quedaba uno  vivo para matar un muerto. Caín y Abel, el bueno y el malo.

 

YUCA.- Al revés, querrás decir.

 

MALANGA.- Para el caso es lo mismo.

 

SANTIAGUERA.- Son nuestros hombres los que están muertos.

 

HABANERA.- ¿Hombres? Aquí nunca ha habido hombres.

 

YUCA Y MALANGA.- (GROTESCAS, BURLONAS). Chulos y maricones.

 

SANTIAGUERA.- Nuestros padres, nuestros hermanos y nuestros hijos. Sangre de nuestra sangre.

 

HABANERA.- Por siglos aquí no se ha hablado de otra cosa. Me engendraron con una gota de sangre, que fue la herida de hermano contra hermano, una lucha fratricida, el producto de la traición y la discordia. Viví con esa historia de odio, como si fuera una semilla, una gran tara familiar. Desde que nací, en mi casa no había otro tema de conversación. Mi padre y mis hermanos no hablaban de otra cosa, pero mi madre tenía que callar. Héroes y traidores, decían ellos; pero sólo eran asesinos. Yo misma no era más que un a gota de sangre que buscaba la justicia para que pagara el criminal. Era una lucha de padres contra hijos, de hermanos contra hermanos, y sólo se unían para el reproche, el ataque, el odio, la acusación. El paredón era la fuerza que los situaba unos junto a otros, para matar o para morir. Nunca he tenido descanso, porque en el crimen nací y en el crimen me educaron. En el crimen y en la mentira. Al fin han tenido su castigo y se han desangrado todos.

       

SANTIAGUERA.- Eres injusta. Nos rodeaban enemigos poderosos que nos atacaban y nos querían invadir. Teníamos que defendernos.

 

HABANERA.- No me hagas reír. Los hombres siempre han dicho lo mismo y cuando quieren matar hacen todos esos cuentos. Tú crees todo lo que les has oído decir, porque lo repetían día a día y nos lavaban el cerebro. Y hasta es posible que ellos hayan creído lo que estaban diciendo. Pero ya se acabaron los cuentos. La mujer nueva y el hombre nuevo. Acabamos ejerciendo la profesión más vieja de todos los tiempos. Y a ellos... Bueno, ni te cuento. Si esos eran mis padres y mis hermanos, ahora están muertos y bien muertos deben quedarse.

 

CARIDAD.- (TÍMIDAMENTE). Yo no estoy de acuerdo.

 

HABANERA.- Tú estás ciega, pero yo puedo ver.

 

SANTIAGUERA.- Pero, ¿cómo vamos a vivir?

 

HABANERA.- Viviremos nosotras. Cultivaremos la tierra y viviremos en paz.

 

SANTIAGUERA.- ¿Y los hijos?

 

HABANERA.- No serán necesarios.

 

SANTIAGUERA.- Somos mujeres.  ¿No te das cuenta para lo que estamos?

       

HABANERA.- Estamos aquí para vivir. No me irás a decir que estamos aquí para parir y engendrar el crimen.

 

CARIDAD.- (ALGO MAS ENFÁTICA). Yo no estoy de acuerdo contigo.

 

SANTIAGUERA.- (A "LA HABANERA"). No podrá ser porque no los conoces bien, pero yo los he tenido en mis entrañas enroscados como víboras. Para ti ha sido más fácil, quizás porque tu propio cerebro te ha defendido de ellos. Eres una mujer preparada, pero nosotras hemos tenido otra suerte. Nada podemos hacer contra ese fango que se resbala de las laderas de las sierras, se desliza hacia abajo, como un torrente, nos cubre a traición y nos acaba haciendo lo que somos. Nos acechan y nos pierden, como ha pasado siempre.

 

HABANERA.- No hables por mí. Yo soy yo, y no estoy hecha a la medida de ellos ni de su misma materia. Podrán ser la perdición de ustedes. La perdición tuya por débil, la de Caridad por inocente y la de "La Jinetera" por lo que es o por lo que sea, pero primero yo los perderé a ellos.

 

CARIDAD.-  Calla, porque ni tú lo sabes todo. Hay hombres buenos.

 

HABANERA.- Tú crees, pero yo no creo.

 

CARIDAD.- (UN FOCO DE LUZ CAE SOBRE ELLA, SEGURA DE LO QUE DICE). Acabarás creyendo. Había una vez un hombre en el mar perdido en un balsa, que no podía encontrar la orilla. Era el Hombre del Agua. Pasaron noches y días. Sepultado en el fondo del mar, hizo una catedral con los restos de su propia muerte. Era un pez y era un ave, hecho de cielo y de mar, que venía en una balsa envuelta de espuma porque había sobrevivido a todas las tempestades y nadie, nadie, lo había podido matar... El Hombre del Agua que, finalmente, regresaba.

 

El foco de luz se desplaza de Caridad a “La Habanera”, que queda vivamente impresionada. Mientras tanto "La Jinetera", encima del cadáver y cubriéndose con la sábana, arquea el cuerpo y la cabeza hacia atrás, produciendo un efecto de cópula y preñez. Se incrementa el efecto musical y tiene lugar un cambio de luces.

 

 YUCA.- (SEÑALANDO A LA JINETERA”). ¡Miren! ¡Miren lo que está haciendo! ¡Pasó lo que tenía que pasar! Hay mujeres que reviven muertos.

 

MALANGA.- ¡Bicho malo nunca muere!

 

YUCA.- ¡Y qué bicho, Virgen del Clarinete!

 

HABANERA.- Esto no puede ser.

 

MALANGA.- Pues es, porque a “La Jinetera” la están preñando.

 

YUCA.- La barriga que le han hecho no es cuento de camino.

 

MALANGA.- Una barriga “post mortum”, como dicen los especialistas. Hecha con el último buchito.

 

YUCA.- Está sacando el veneno por la Cueva de los Terremotos.

 

HABANERA.- ¡Primero, muerta! ¡Esa mujer tendrá que parir sobre mi cadáver! ¡A ese muerto estoy yo aquí para enterrarlo!

 

 “La Habanera” se lanza hacia la cabeza del hombre, cubierta con la sábana, y empieza a tirar. “La Jinetera” parece retenerlo entre las piernas, pero Malanga y Yuca caen sobre ella, tirando en dirección contraria. Hay una lucha violenta. “La Habanera” arrastra el cuerpo desnudo fuera de la sábana y lo tira en la fosa, sepultándolo con las armas. Malanga y Yuca retienen a “La Jinetera”, que forcejea y finalmente se suelta.

 

HABANERA.- Sobre mi cadáver tendrá que ser. Estos hombres no escaparán mientras yo esté viva. La muerte sólo con la muerte paga.

 

Todo al unísono, “La Jinetera” trata de escapar, pero aparecen Golfo y Torvo, armados, que le interceptan el paso. Hay un enfrentamiento entre amenazante y lujurioso. “El Viejo”, armado hasta los dientes, agarra a “La Habanera” por detrás, la rodea por el cuello como si fuera una tenaza, la inmoviliza y después la amordaza. Las otras mujeres retroceden asustadas. “La Jinetera”, acechada por los dos hombres, escapa. Todo muy rápido.

 

VIEJO.- ¡Eso te crees tú, hija de puta!

 

HABANERA.- (FORCEJEANDO). ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡Canalla! ¡Degenerado!

 

Oscuro total. Pausa larga. Al encenderse las luces, “El Viejo” está de pie al centro y de espaldas al público. Golfo y Torvo, sentados, limpian las armas.

       

VIEJO.- (VOLVIÉNDOSE AL PÚBLICO). Alguien está ahí para acabar conmigo... Lo siento, lo escucho, lo respiro... Alguien que busca mi lugar, que persigue mis huellas... Alguien que debe estar muerto, pero está vivo.

 

GOLFO.- ¿Quién es, Viejo?

 

TORVO.- Dime donde está, para enterrarle un puñal en la espalda y acabar con él.

 

VIEJO.-  ¡Coño!  ¡Carajo! Eso es lo que quiero saber. (PAUSA, PENSATIVO). Será lo que no he sido. (VOLVIÉNDOSE). Pero a lo mejor son ustedes, que se están afilando los dientes para ocupar mi lugar. Como estoy viejo se están afilando los dientes para cuando yo estire la pata. Pero eso no puede ser, porque ninguno de ustedes tiene pantalones para hacerlo.

 

GOLFO.- Eres injusto. Sólo queremos ayudarte. Hacerte entender.

 

TORVO.- ¡Déjanos vivir, Viejo!

 

VIEJO.- ¿Vivir? ¿A qué llaman vivir? ¿Preñar mujeres?

 

GOLFO.- Se hace lo que se puede y aquí no hay otra cosa que hacer. Si quieres guerra, hay que preñarlas, para hacer hombres que se maten.

 

VIEJO.- Acabarás preñando a ese par de viejas que andan por ahí. Son unos vagos y todo lo resuelven haciendo lo mismo, pero ni siquiera eso hacen bien. Hasta "La Jinetera" se les escapó de entre las manos, y estará acostándose por ahí con todos los muertos que tengan rabo.

 

TORVO.- Suéltanos ya, Viejo.

 

GOLFO.- Déjanos en paz.

 

VIEJO.- Son unos blandos, y por hombres como ustedes estamos como estamos. Poco más y acabaremos gobernados por mujeres. Pero hay que tener una mano de hierro. Garfios más bien, para que nadie se mueva sin que le demos permiso. Mi viejo decía que dos tetas podían más que dos carretas, pero nunca dejó que lo arrastraran a él. ¡Ese sí era un hombre y sí sabía gobernar una casa! Nunca dejó que mi madre levantara la cabeza. (PAUSA. PENSATIVO). Por eso no recuerdo como era su cara ni como eran sus ojos. (SOMBRIAMENTE). Serían como los de todas las mujeres. Y esa mujer...

 

TORVO.- ¿Qué mujer, Viejo?

 

VIEJO.- "La Habanera"... Hay un hombre, por alguna parte, carajo, que me mira, que me quiere joder. Y esa  mujer lo sabe, lo espera y no lo quiere decir, como si fuera a quebrarnos lo que nos queda entre las piernas.

 

GOLFO.- Te he dicho que la mates, que acabes con ella de una vez.

 

VIEJO.- Voy a cortarle la lengua, pero primero tendrá que decir todo lo que sabe.

 

TORVO.- Pero le has puesto una mordaza, y con una mordaza en la boca no se puede hablar. Déjale que grite y hará soga para su pescuezo.   GOLFO.- Préñala, Viejo. Para que sepa lo que es bueno.

 

VIEJO.- No quiero hijos suyos. Si tuviera hijos le saldrían de la cabeza. Tendré que matarla, porque nunca se mata lo suficiente. Vigilar, vigilar siempre, porque el día menos pensado nos cortan los testículos. ¡Coño, estoy rodeado de mierda! Me debería meter un tiro en la sien. Cuando miro a mi alrededor no veo otra cosa. No huelo otra cosa. Aléjense de mí, porque no son más que un puñado de escoria... ¡Hombres blandos que no sirven para nada! ¡El hombre nuevo!  Por eso se ha perdido todo, pensando en lo que tienen entre las piernas, haciendo lo que se hace en la cama como si no se pudiera hacer otra cosa. Pero siempre estará la guerra, que no puede terminar, porque la guerra soy yo y eso es lo que nos hace inmortales. Matar, matar siempre. (FUERA DE QUICIO). ¡Atención! ¡Apunten! ¡Fuego!  (AMENAZANDO CON LA METRALLETA). ¡Atención! ¡Apunten! ¡Fuego!

 

Sale. Empieza a disparar fuera de escena. Torvo y Golfo acrecentaran gradualmente el ritmo de la escena que sigue. 

 

GOLFO.- Ese hombre está loco. Ese hombre no me deja vivir.

 

TORVO. Ese hombre está loco. Ese hombre no me deja vivir.

 

GOLFO Y TORVO: ¡Ese hombre está loco! ¡Ese hombre no me deja vivir!

 

GOLFO.- Acabará matándonos.

 

TORVO.- Acabará dejándonos con la lengua afuera.

 

GOLFO.- Acabará pegándonos un tiro en la sien.

 

GOLFO Y TORVO: ¡Lo sabe todo!  ¡Lo oye todo! ¡Lo ve todo!

 

GOLFO.- (CON INTENCIÓN). Eso no le hace falta.

 

TORVO.- ¿Qué cosa?

 

GOLFO.- Menear el rabo.

 

TORVO.- Que no puede ser.

 

GOLFO.- Que primero la obligación...

 

TORVO.- Que si el Comité de Defensa...

 

GOLFO.- Que si el Acto de Repudio...

  

TORVO.- Que si el trabajo voluntario...

 

GOLFO.- Que si el desfile del 26 de julio...

 

TORVO Y GOLFO.- Que si esto y que si lo otro.

 

GOLFO.- (CON INTENCIÓN SEXUAL). ¿Y de esto qué, carajo?

 

TORVO.- De eso nada y de lo otro cero.

 

GOLFO.- Con la mano boba...

 

TORVO.- ¿Y "La Jinetera"?

 

GOLFO.- Para que se la tiemplen los turistas.

 

TORVO.- Para que te hagas el coco con ella.

 

GOLFO.- Que me devore... Que me goce... Que se mueva...

 

TORVO.- Que acabe conmigo... Que acabe yo con ella...

 

GOLFO.- ¡Coño, carajo, esto no es vida!

 

TORVO.- Pero "El Viejo"... Con el dedo en el gatillo... Acabará con lo que tengo... A esa mujer la tengo metida en la cabeza.

 

GOLFO Y TORVO.- ¡Canalla! ¡Asesino! ¡Degenerado!

 

TORVO.- La dejamos escapar, sin siquiera tenerla entre las piernas.

 

GOLFO.- Huye... Se escapa... Se deja coger...

 

TORVO.- Pero no la coge conmigo.

 

GOLFO.- Como si no fuéramos hombres para ella.

 

TORVO.- Nos ronda. Nos persigue. Pero no la podemos tocar.

 

GOLFO.- Estamos tarados, Torvo. Ese viejo nos ha jodido para siempre.

 

GOLFO.- Vigila. No nos deja vivir. Acabará con nosotros.

 

TORVO.- Tendremos que acabar con él.

 

Se escuchan descargas de la metralleta de “El Viejo”. Golfo y Torvo salen de escena gritando repetidamente:

 

GOLFO Y TORVO.- ¡Acabará con nosotros! ¡Tendremos que acabar con él!

 

Despavoridas, entran Yuca y Malanga, con grillos en los tobillos. Poco después, “La Santiaguera”, que enciende una fogata y prepara el café. Frecuentes descargas de armas de fuego. 

         

YUCA.- ¡Corre, Malanga, que ese Viejo nos tiene deparadas un tiro en el  directo! ¡Qué manera de meterle al gatillo!

 

MALANGA.- No te hagas ilusiones, Yuca, que lo que quiere es acribillarnos a balazos para convertirnos en un colador de sangre.

 

YUCA.- ¡Criatura de Dios!

 

MALANGA.- Por Dios, no blasfemes y no metas a Dios en el Infierno

 

YUCA.- ¿Pero dónde voy a meterlo? Con lo que nos ha hecho, es lo menos que se merece, porque encima de habernos mandado callos y juanetes, ahora nos ha puesto grillos. Dios es inclemente, mujer. En vez de grillos bien pudiera mandarnos una buena zafra, que buena falta nos hace.

 

MALANGA.- Te advierto que ese viejo quema cartuchos es un desgraciado. Hay que llamar las cosas por su nombre y ese Señor sólo ha sabido crear mierda. Esto pinta mal, porque es un pintor de brocha gorda. Con esos engendros que le ha dado al mundo, estará hecho una fiera. Además, se le acabaron todas las guerras y es una víctima del desempleo. La guerra era un negocio y ahora que mató a la clientela no tiene a quien venderle la mercancía. Traficaba con carne y se quedó sin carniceros. Cuando había guerra, estaba encantado y entretenido, porque mientras los hombres se mataban los unos a los otros, nadie se iba a molestarle en matarlo a él. Dormía a piernas suelta, pero ahora padece de insomnio y cuando duerme lo hace con un ojo abierto y el otro cerrado.

 

YUCA.- Pero eso no es vida, Malanga. Poco más y se me saltan las lágrimas.

 

MALANGA.- ¿Y el par de perlas? Están detrás del culo de "La Jinetera", pero no le meterán el diente. Con la piltrafa que deben tener, que esconden detrás de la metralleta, no le será suficiente.

 

YUCA.- ¡Qué esbirros! ¡Qué par de matarifes!

 

Ríen. La risa se les congela cuando entran Torvo y Golfo, amenazantes. Van donde “La Santiaguera” cuela café y lo toman. Las dos mujeres hablan en un aparte. Se oye una descarga de ametralladoras. Entra “El Viejo” completamente desquiciado.

 

                 

VIEJO.- Al Norte... Al Sur... Al Este... Al Oeste... He disparado en todas direcciones... De San Antonio a Maisí... Tiene que estar muerto.

 

TORVO.- Cálmate, Viejo. Tranquilízate.

 

VIEJO.- El hombre que me persigue...

 

GOLFO.- Piensa. Razona.

 

VIEJO.- El machete que quiere cortarme la cabeza...

 

TORVO.- Descansa. Duerme. Olvida. Eso es una pesadilla.

 

GOLFO.- Una jinetera, Viejo...

 

TORVO.-...para los tres ¡Coño! ¡Imagínate!

 

GOLFO.- Para que nos monte...

 

TORVO.- Para que la montemos...

 

GOLFO Y TORVO.- (DÁNDOSE CON LAS PALMAS DE LA MANO).

 

¡Cómo en los buenos tiempos!

 

VIEJO.- ¿Y la pistola? ¿Y el fusil? ¿Y el enemigo? ¿Y la guardia en alto? ¿Y el Ciego de la Bahía? ¿Y el mar? ¿Y los balseros? ¡Ustedes no sirven para nada! ¡He tenido que matar a todos los hombres habidos y por haber, pero puede que se me haya escapado alguno todavía!

 

GOLFO.- (MIRANDO A TORVO, CON INTENCIÓN). Sólo quedamos nosotros dos, Viejo.

 

TORVO.- (DE IGUAL FORMA, A GOLFO). Que somos los que te guardamos la espalda.

 

VIEJO.- Tiene que estar muerto.

 

GOLFO Y TORVO.- (DÁNDOSE DE NUEVO CON LAS PALMAS DE LA MANO, CON INTENCIÓN). De acuerdo, tiene que morir.

 

VIEJO.- "La Habanera" lo sabe bien. Tráiganme a esa mujer para arrancarle la verdad de la lengua y después pegarle un tiro.

 

Salen Torvo y Golfo.

 

VIEJO.- La leyenda de mi perdición.  El futuro de mi muerte. Todo lo veo, todo lo oigo y todo lo sé, pero algo se me escapa de la mano, como si no fuera posible abarcarlo todo. Y eso, eso no puede ser. Es como si esa mujer lo tuviera metido en el fondo de las pupilas y también dentro de su cabeza. Habrá que sacárselo como se hace una trepanación del cráneo. No, esta vez, no podrá escapar. Porque es allí, coño, donde lo tiene encerrado, como si me mirara desde el fondo de su mirada, para sacarme los ojos que no tengo, estos ojos para no ver que no han visto nada por haberlo visto todo.

 

Torvo y Golfo regresan con “La Habanera”, amarrada y amordazada. Se la tiran a “El Viejo”, que desenvaina un puñal, le quita la mordaza y la desata, pero no la suelta.

 

HABANERA.- Estás perdido. No podrás conmigo ni con él. Yo no lo entendía, pero ahora lo entiendo todo. El Hombre está escondido en las entrañas del agua y no podrá salir hasta cuando estés muerto. Allí está, más allá de ti, sumergido, donde tú mismo lo quisiste ahogar.  Le robaste el oxígeno que respiraba, pero con él hiciste esa catedral del agua. De nada te valdrán tus ritos a los dioses de la guerra, tus consignas y tus mentiras. Mírame bien y mátame si puedes, pero tu mano te temblará como la primera vez que quisiste hacerlo y viste en mis ojos la conciencia de tus crímenes. Ese es el que tú buscas y no podrás encontrar. El que existe más allá de tu muerte. No quieres oír y por eso me amordazaste, ¡para no oírte a ti mismo!  ¡Acaba, acaba si puedes! Aquí te entrego mi garganta, para que la abras y la conviertas en un volcán de voces. Ya no hay marcha atrás, sino adelante.  ¡Atrévete en mis ojos y verás a todas las madres y a todas las mujeres, y a todos los hijos que han muerto por ti! ¡A toda la miseria que has creado! Nosotros podemos más, porque tenemos la palabra. Mira en la bóveda de mis ojos el agua donde los tienes encerrados, las balsas que hundiste una vez, los muertos que cayeron en el mar, y verás, de una vez por toda, al enemigo, al Hombre del Agua!

 

TORVO Y GOLFO.- ¡Mátalo, Viejo, mátalo de una vez!  ¡Déjanos vivir, coño, mátalo de una vez!  (EL UNO AL OTRO). ¡Ese hombre está loco! ¡Hay que acabar con él!

 

Con el puñal en alto “El Viejo” está a punto de matar a “La Habanera”, pero se vuelve y ella logra separarse de él. Ve a Torvo y a Golfo, toma la metralleta y los ametralla.  Al unísono, ellos disparan contra “El Viejo”. Los tres hombres caen muertos. Por el fondo del escenario entran Caridad y “La Jinetera”, que traen al Hombre del Agua. Queda en el centro del escenario dentro de una red de pescadores. La posición ovillada del hombre en la red, como un recién nacido, cubre parcialmente su desnudez.  “La Jinetera” y Caridad se mueven hacia los lados del escenario. Al fondo, Yuca, Malanga y “La Santiaguera”. La música se vuelve armónica mientras “La Habanera” comienza a desanudar la red donde está El Hombre del Agua.        

 

 

FIN

 

 

NOTAS AL MARGEN:

La obra apareció en “Kubanische Theaterstücke”, edición de Heidrun Adler y Adrián Herr (Hrsg.), Vervuert, Frankfurt am Main, 1999, ps. 397-412. El título en alemán es "Der Mann aus dem Wasser". Traducido por Herbert Araúz.

 


Matías Montes Huidobro  nació en Sagua la Grande, Las Villas, Cuba (1931). Es dramaturgo, narrador, poeta y ensayista. Ha sido finalista de los premios Alfaguara, Planeta, Ateneo de Santander y Cáceres de España, así como del Premio “Jorge Isaac” de Colombia, entre otros. Fue ganador del Premio del Fondo de Cultura Económica de México por su novela Desterrados al fuego en 1974 y del Premio Café Gijón de España en 1997 por su novela Esa fuente de dolor. Siendo muy joven, de 1959 a 1961 ejerció la crítica teatral y el periodismo en el periódico Revolución, estando al mismo tiempo al frente de la sección teatral en un programa cultural semanal de la CMBF, Televisión Revolución. En el periódico Lunes de Revolución publicó trabajos extensos sobre teatro y un estudio suyo sobre la obra de Virgilio Piñera salió publicado en Casa de las Américas en 1961. Es autor de numerosas obras dramáticas, entre las que se destacan: Las cuatro brujas (Mención Honorífica del Concurso Prometeo/Cuba, 1950), Sobre las mismas rocas (Primer premio del Concurso Prometeo/Cuba, 1951), Las caretas, La puerta perdida, Sucederá mañana, El verano está cerca, Los acosados (estrenada en la Sala Arlequín de La Habana, representada por toda la República de Cuba con gran éxito y posteriormente llevada a la televisión nacional en 1960), La botija, Las vacas (Premio “José Antonio Ramos”/La Habana, 1960) que fue estrenada en 1961 en el Palacio de Bellas Artes de La Habana, El tiro por la culata (premiada en el Festival del Teatro Obrero Campesino en 1961, llevada a escena y televisión, así como publicada por Teatro Estudio en ese mismo año), Gas en los poros (ha sido incluida en la Antología de teatro cubano en un acto/Ediciones R, La Habana, 1963, fue llevada a la escena y a la televisión, al igual que fue publicada en Lunes de Revolución, La sal de los muertos (incluida en la Antología del Teatro Latinoamericano, Espelicer/España, 1971), La madre y la guillotina, Funeral en Teruel, La navaja de Olofé y Exilio (representada en diversas ocasiones en los EE.UU.), entre muchas otras. Sus obras dramáticas han sido incluidas en numerosas antologías y traducidas al inglés, al portugués y al alemán. Sus logros han sido ampliamente reconocidos por la crítica, que ha insistido en compararlo con Beckett, Kafka, Camus, Sartre, Suskind, Gogol y Dostoyevski. Ha publicado los libros: Persona, vida y máscara en el teatro cubano, donde se analizó por primera vez, en el exilio, la obra de Virgilio Piñera, así como la de muchos otros importantes dramaturgos cubanos y El teatro cubano en el vórtice del compromiso (1959-1961), Ediciones Universal (2002). En breve saldrá su libro El teatro cubano durante la República (1902-1958), conformando así una trilogía de libros esenciales para el estudio del teatro cubano, tanto dentro como fuera de Cuba. Ha publicado los libros de cuentos: La anunciación y otros cuentos cubanos, La vaca de los ojos largos y Lamentación en tres estancias, entre otros. Ha publicado en el género de novela: El muro de Dios, No tiene nombre, Segar a los muertos, Concierto para sordos y Parto en el cosmos, entre muchas otras. Ha sido incluido en varias antologías poéticas y sus poemas han sido publicados en diversas publicaciones en Cuba, España y los Estados Unidos. Su obra ensayística es vasta e incluye estudios fundamentales acerca del teatro cubano y de los clásicos españoles. También, ha colaborado en la creación de libros de textos para la enseñanza del español  en los EE.UU., entre los que se encuentran: Continuing Spanish y A Drillbook of Spanish Pronunciation.