|

Matías Montes Huidobro nació en Sagua la Grande, Las Villas, Cuba en
1931. Es dramaturgo, narrador, poeta y ensayista. Ha sido finalista
de los premios Alfaguara, Planeta, Ateneo de Santander y Cáceres de
España, así como del Premio “Jorge Isaac” de Colombia, entre otros.
Fue ganador del Premio del Fondo de Cultura Económica de México por
su novela Desterrados al fuego en 1974 y del Premio Café
Gijón de España en 1997 por su novela Esa fuente de dolor.
Siendo muy joven, de 1959 a 1961 ejerció la crítica teatral y el
periodismo en el periódico Revolución, estando al mismo
tiempo al frente de la sección teatral en un programa cultural
semanal de la CMBF, Televisión Revolución. En el periódico Lunes
de Revolución publicó trabajos extensos sobre teatro y un
estudio suyo sobre la obra de Virgilio Piñera salió publicado en
Casa de las Américas en 1961. Es autor de numerosas obras
dramáticas, entre las que se destacan: Las cuatro brujas
(Mención Honorífica del Concurso Prometeo/Cuba, 1950), Sobre las
mismas rocas (Primer premio del Concurso Prometeo/Cuba, 1951),
Las caretas, La puerta perdida, Sucederá mañana,
El verano está cerca, Los acosados (estrenada en la
Sala Arlequín de La Habana, representada por toda la República de
Cuba con gran éxito y posteriormente llevada a la televisión
nacional en 1960), La botija, Las vacas (Premio “José
Antonio Ramos”/La Habana, 1960) que fue estrenada en 1961 en el
Palacios de Bellas Artes de La Habana, El tiro por la culata
(premiada en el Festival del Teatro Obrero Campesino en 1961,
llevada a escena y televisión, así como publicada por Teatro Estudio
en ese mismo año), Gas en los poros (ha sido incluida en la
Antología de teatro cubano en un acto/Ediciones R, La Habana,
1963, fue llevada a la escena y a la televisión, al igual que fue
publicada en Lunes de Revolución, La sal de los muertos
(incluida en la Antología del Teatro Latinoamericano,
Espelicer/España, 1971), La madre y la
guillotina, Funeral en Teruel, La navaja de Olofé
y Exilio (representada en diversas ocasiones en los EE.UU.),
entre muchas otras.
Sus obras dramáticas han sido incluidas en numerosas antologías y
traducidas al inglés, al portugués y al alemán. Sus logros han sido
ampliamente reconocidos por la crítica, que ha insistido en
compararlo con Beckett, Kafka, Camus, Sartre, Suskind, Gogol y
Dostoyevski. Ha publicado los libros: Persona, vida y máscara en
el teatro cubano, donde se analizó por primera vez, en el
exilio, la obra de Virgilio Piñera, así como la de muchos otros
importantes dramaturgos cubanos y El teatro cubano en el vórtice
del compromiso (1959-1961), Ediciones Universal (2002). En breve
saldrá su libro El teatro cubano durante la República (1902-1958),
conformando así una trilogía de libros esenciales para el estudio
del teatro cubano, tanto dentro como fuera de Cuba.
Ha publicado el
libro de cuentos: La anunciación y otros cuentos cubanos.
Ha publicado el poemario:
La vaca de los ojos largos.
Ha publicado en el
género de novela:
Segar a los muertos, Concierto para sordos y Parto en
el cosmos, entre otras. Tiene varias novelas inéditas,
entre las que se encuentran: El muro de Dios, No tiene
nombre y
Lamentación en tres estancias.
Ha sido incluido en varias
antologías poéticas y sus poemas han sido publicados en diversas
publicaciones en Cuba, España y los Estados Unidos. Su obra
ensayística es vasta e incluye estudios fundamentales acerca del
teatro cubano y de los clásicos españoles. También, ha colaborado en
la creación de libros de textos para la enseñanza del español en
los EE.UU., entre los que se encuentran: Continuing Spanish y
A Drillbook of Spanish Pronunciation.
Durante el II Encuentro con Cuba
en la Distancia: Exilio y Creación, que tuvo lugar el pasado mes
de mayo de 2003 en la Universidad de Cádiz, España, se le rindió un
merecido homenaje al escritor cubano Matías Montes Huidobro, en
donde, aparte de las ceremonias de rigor y los honores recibidos, su
obra fue objeto de estudio en varios paneles muy interesantes,
compuestos por académicos y estudiosos de la literatura cubana. Allí
coincidimos y conversamos sobre su labor como dramaturgo y otros
temas. Posteriormente, el periódico El Nuevo Herald le dedicó
varios artículos en donde se señalaban diferentes aspectos
relacionados al conjunto de toda su obra. En esencia, su trayectoria
como escritor es reconocida cada vez más y se consolida al paso del
tiempo, pese a las dificultades de escribir en el exilio. |
|
|
“Montes Huidobro ha aportado una encuesta
penetrante y enjundiosa
en la historia del teatro cubano en sus
numerosos artículos y libros.”
Olga Connor
El Nuevo Herald
Miami, Florida, EE.UU.
“...un escritor que, como muchas otras
figuras de la cultura
cubana extramuros, cuenta con una obra
hecha, aunque felizmente
no concluida, que le ha ganado un sitio
en nuestra literatura
y nuestro teatro que muy pocos se
atreverían a impugnar.”
Carlos Espinosa Domínguez
Encuentro en la Red
(www.cubaencuentro.com)
Madrid, España
“...versátil escritor cubano que se ha
explayado con singular apitud en
casi todos los géneros literarios durante
la segunda mitad de siglo.”
Carmelo Gariano
Diario Las Américas
Miami, Florida, EE.UU. |
|
M.M.M.
¿Podría hablarme sobre sus primeros encuentros
con la literatura?
M.M.H.
No puedo decir que lo recuerde
exactamente, salvo que mi vocación por la escritura existió en mí
creo que desde siempre. Quizás mis primeros contacto con la
literatura me llegaron a través del cine, ya que yo nací en Sagua la
Grande y mi forma de evadirme de la realidad circundante era
mediante el cine, al que iba prácticamente todas las noches y por
donde me llegaba el contacto con Unamuno a través de Amelia Bence en
Nada menos que todo un hombre, o con Zola gracias a Mecha
Ortiz en Naná, ambas del cine argentino, y así por el estilo.
Después nos fuimos para La Habana y en la escuela secundaria, a
través de periódicos estudiantiles cuando estaba en el cuarto y
quinto año de bachillerato en el Instituto No. 1 de La Habana,
siguió mi interés por la literatura. Especialmente el quinto año fue
muy importante. Sería en el año 1947, aproximadamente. En este curso
participamos algunas personas que después íbamos a interesarnos en
la literatura y el teatro. Entre ellas, Guillermo Cabrera Infante y
Rine Leal. En esa época y después siempre estaba el cine, que era
una obsesión, en un constante deambular por las “tertulias” de todos
los cines habaneros, después enfocado más sofisticadamente hacia la
Cinemateca de Cuba, a donde llegó después Néstor Almendros, y
el grupo de esa “nueva ola” un poco desquiciada se iba a reunir en
la habitación donde vivía Cabrera Infante, presidido por la figura
matriarcal de Zoila Infante. También en este período de formación
jugó un importante papel la biblioteca circulante del Lyceum Lawn
Tennis Club, cuya contribución a la cultura cubana fue muy grande, y
nos permitía a los que no teníamos donde caernos muerto sacar los
libros, de una forma absolutamente autodidacta, y llevárnoslos para
la casa.
M.M.M.
¿Cómo fueron sus comienzos en Cuba en el teatro?
M.M.H.
Mis comienzos en el teatro se inician a
través de Prometeo, cuando gracias a gestiones de Carlos Franqui
este grupo tiene una temporada en el Parque Central, donde se ponían
obras dramáticas en situaciones muy precarias. En el año 1950, a los
diecinueve años, escribí Las cuatro brujas, la mandé a
concurso que organizó Prometeo y se llevó mención honorífica. Al
siguiente mandé Sobre las mismas rocas, que se llevó el
Primer Premio y estrenó Francisco Morín. Ese mismo año publiqué un
ensayo sobre cine, en la revista Nueva Generación, que fundó
Carlos Franqui, de la que también fui fundador, y di a conocer mi
primer poema, “La vaca de los ojos largos”, que me publicó Franqui
en el periódico Pueblo, y “El hijo noveno”, un cuento que salió en
Bohemia gracias a Cabrera Infante. Como verás, en 1951, para no
quedarme corto, empecé a cultivar todos los géneros literarios pues
parece que no me decidía por ninguno, aunque sin duda el teatro iba
a la cabeza de la lista.
M.M.M. Ud. cuenta con una extensa obra que abarca
varios géneros literarios, por lo que me gustaría saber si su
predilección es por el género teatral o si disfruta de todos por
igual.
M.M.H. En realidad la respuesta se desprende del
final de la pregunta anterior, pero en síntesis disfruto de todos
por igual. Hay períodos en que me siento más impelido a una cosa que
la otra, y últimamente he estado trabajando más en la narrativa que
en el teatro, aunque no hay razones específicas. Una de las cosas
que le hago a mis personajes dramáticos es una técnica de
desdoblamientos, de representación, de teatro dentro del teatro. En
realidad me gusta desdoblarme, particularmente entre la creación y
la crítica, así que asumo el papel que me ofrece el género que
cultivo en ese momento. El género que siento que no he tratado en lo
que se merece es la poesía, pero como la poesía es muy selectiva en
cuanto al texto y necesita menos horas en el teclado, pienso
dedicarme más a ella cuando sea viejo. Para esa fecha ya se me habrá
olvidado la sintaxis, pero la poesía no la necesita y me pondré a
escribir hikus.
M.M.M. ¿De qué manera le afectó haber salido de
Cuba al exilio en el desarrollo de su carrera literaria?
M.M.H. Me cuento entre los escritores que se
fueron de Cuba al principio del castrismo, porque después de “las
palabras a los intelectuales” Castro determinó las directrices de la
literatura cubana y el que no lo entendió así quizás no quiso
entenderlo y sus razones tendría, porque yo no soy juez de la
conducta de nadie. Como además de irme he mantenido siempre la
misma posición, he tenido que pagar las consecuencias. Además, me
fui de Cuba antes de recibir un reconocimiento internacional por
algún texto, lo cual no resultó pragmático, pero el pragmatismo
nunca me ha caracterizado. Por otra parte, circunscribiéndome al
teatro, fíjate el resultado de algunos dramaturgos de mi generación
o de la precedente. Triana tuvo que irse, aunque lo hiciera con el
reconocimiento internacional de La noche de los asesinos, que
no podían escatimarle. Carlos Felipe no produjo nada realmente de
valor, porque Réquiem por Yarini venía gestándose desde
antes. Rolando Ferrer frustró toda su carrera dramática y, como
recompensa, han tratado de resucitarlo para convertirlo en un
“clásico”, que es lo menos que pueden hacer. Antón Arrufat, como
dramaturgo, que yo sepa, se quedó en Los siete contra Tebas.
Gloria Parrado no hizo más que dar palos de ciego. Reguera Saumell
acabó yéndose. Virgilio Piñera pasó las de Caín, aunque siguió
escribiendo. Entre innumerables obras malas y mediocres que se
escriben en los años sesenta y setenta, sólo Abelardo Estorino puede
hacer un trabajo sólido. Pero, ¿a qué precio? Bueno, teniendo que
decir que sí a todos los dictámenes del castrismo, incluyendo la
complicidad reciente con la persecución a la disidencia. Sí, me ha
afectado en sentido práctico, pero, realmente, quedarse era
imposible. Yo soy una persona con una voluntad férrea y he seguido
produciendo seguramente mucho más de lo que hubiera podido producir
en Cuba y sin tener que rendirle cuentas a nadie, salvo a mi
conciencia.
|
 |
M.M.M.
¿Por qué decidió irse a vivir a Hawai y no
permaneció en Nueva York o Paris como otros dramaturgos cubanos
exiliados?
M.M.H.
A fines de 1961 no había muchos
dramaturgos cubanos exiliados, y los que había (creo que José Cid
Pérez, Leopoldo Hernández, Raúl de Cárdenas) estaban buscando
trabajo por alguna parte. Cuando llegué a Miami me hicieron una
denuncia, me tuvieron bajo investigación por un mes y después me
soltaron. Supongo que alguien diría que era comunista. Yo nunca lo
fui, aunque razones no me hubieran faltado, porque era de familia
pobre. Durante años viví en Malecón 13, una casa de vecindad con
vista al mar, al lado del Union Club, hoy Palacio de la Cariátides.
No fui al colegio de Belén, como Fidel, ni a los Maristas, y en mi
familia los apellidos ilustres empiezan conmigo. Cuando llegamos a
Miami, Yara, con nuestra hija, era “una joven de sociedad casada con
un comunista”, así que Miami no era opción, y me alegro, porque
nunca hubiera podido escribir tanto como he hecho si nos hubiéramos
quedado. Como tenía que mantener una familia, pues nuestro otro hijo
nació un año después, Nueva York y París eran lujos que no podíamos
darnos. Estuvimos un par de años en Meadville, Pennsylvania,
enseñando en secundaria, donde pasé el año más feliz de mi vida
después del infierno castrista. Dos años después conseguí una oferta
de trabajo en la Universidad de Hawai, donde Yara empezó a enseñar
después, y ahí nos quedamos.
M.M.M.
¿Cómo le ayudó su labor académica en el
devenir de la labor creadora?
M.M.H.
Para mi creación literaria y crítica
académica forman una unidad. Una cosa sirve de sostén a la otra. Yo
creo que fue un aprendizaje extraordinario que me sirvió para una
depuración de mi escritura. El contacto con la prosa peninsular me
ayudó a madurar mi estilo, o, sencillamente, a escribir mejor,
porque la tradición española en la narrativa y la lírica es de
primera línea, inclusive la del siglo XIX y principios del XX, que
muchos ignorantes desprecian porque, sencillamente, son ignorantes.
En Rayuela, Cortázar se burla de Galdós, pero ya quisiera
Rayuela acercarse a Lo prohibido, que es precisamente la
novela de la cual se mofa.
M.M.M.
¿Podría hablarnos un poco sobre el
surgimiento y existencia de Editorial Persona?
M.M.H.
Aunque Hawai representaba un
distanciamiento físico, en ningún momento lo era desde el punto de
vista intelectual y de “lo cubano” en su aspecto cultural. Esto nos
llevó a una serie de actividades que nos sacaban de Hawai hacia una
interacción profesional donde Cuba jugaba un papel importante. De
ahí empezó nuestra trashumancia (la de Yara y la mía) en congresos
universitarios, organizando seminarios y conferencias, muchas de
ellas sobre literatura de Cuba y del Caribe. De esos congresos
surgían otros proyectos. Primero fue una revista, Caribe, de
la que se publicaron cuatro números y que actualmente ha pasado a
manos de los profesores Armando González-Pérez y Jorge Febles, en
una nueva etapa, que siguieron con la idea. Después vino Editorial
Persona, enfocada en el teatro, que confieso cumplía un doble fin:
el de publicar textos de dramaturgos cubanos fuera de Cuba y el de
mis propios textos dentro de un contexto que tuviera algún sentido.
No diré que fue un éxito editorial, pero si uno tiene en cuenta, por
ejemplo, el número de obras dramáticas que se han perdido para
siempre, la simple publicación de obras de José Corrales, Leopoldo
Hernández, Raúl de Cárdenas, Rolando Morelli, las mías e inclusive
una de Triana, que se encuentran en múltiples bibliotecas
universitarias para futuras consultas por investigadores, me parece
que esto ya de por sí le da significado. Finalmente pasamos a crear
la Yara y Matías Montes Foundation, donde publicamos tres números
dedicados, cada uno de ellos, a la dramaturgia, la poesía y la
narrativa cubana, con énfasis en el exilio. Realmente estos
proyectos editoriales requieren un esfuerzo descomunal y, la verdad
es, que no puedo hacerlo todo, inclusive con la ayuda de Yara. Por
eso, labores como las que ustedes realizan con Baquiana, son
altamente meritorias. Son esfuerzos titánicos donde no faltarán
minutos de flaqueza por tanto tiempo y trabajo que tienen que darle,
con un valor que sólo puede medirse debidamente a largo plazo.
|
 |
|
Montes Huidobro
participando en una conferencia auspiciada por
la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá,
Colombia (1975) |
|