Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 25/26

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 

 

 

 

MATÍAS MONTES HUIDOBRO: UNA VIDA

DEDICADA AL TEATRO Y A LAS LETRAS

por

 Maricel Mayor Marsán

 

Matías Montes Huidobro nació en Sagua la Grande, Las Villas, Cuba en 1931. Es dramaturgo, narrador, poeta y ensayista. Ha sido finalista de los premios Alfaguara, Planeta, Ateneo de Santander y Cáceres de España, así como del Premio “Jorge Isaac” de Colombia, entre otros. Fue ganador del Premio del Fondo de Cultura Económica de México por su novela Desterrados al fuego en 1974 y del Premio Café Gijón de España en 1997 por su novela Esa fuente de dolor.

 

Siendo muy joven, de 1959 a 1961 ejerció la crítica teatral y el periodismo en el periódico Revolución, estando al mismo tiempo al frente de la sección teatral en un programa cultural semanal de la CMBF, Televisión Revolución. En el periódico Lunes de Revolución publicó trabajos extensos sobre teatro y un estudio suyo sobre la obra de Virgilio Piñera salió publicado en Casa de las Américas en 1961. Es autor de numerosas obras dramáticas, entre las que se destacan: Las cuatro brujas (Mención Honorífica del Concurso Prometeo/Cuba, 1950), Sobre las mismas rocas (Primer premio del Concurso Prometeo/Cuba, 1951), Las caretas, La puerta perdida, Sucederá mañana, El verano está cerca, Los acosados (estrenada en la Sala Arlequín de La Habana, representada por toda la República de Cuba con gran éxito y posteriormente llevada a la televisión nacional en 1960), La botija, Las vacas (Premio “José Antonio Ramos”/La Habana, 1960) que fue estrenada en 1961 en el Palacios de Bellas Artes de La Habana, El tiro por la culata (premiada en el Festival del Teatro Obrero Campesino en 1961, llevada a escena y televisión, así como publicada por Teatro Estudio en ese mismo año), Gas en los poros (ha sido incluida en la Antología de teatro cubano en un acto/Ediciones R, La Habana, 1963, fue llevada a la escena y a la televisión, al igual que fue publicada en Lunes de Revolución, La sal de los muertos (incluida en la Antología del Teatro Latinoamericano, Espelicer/España, 1971), La madre y la guillotina, Funeral en Teruel, La navaja de Olofé y Exilio (representada en diversas ocasiones en los EE.UU.), entre muchas otras.

 

Sus obras dramáticas han sido incluidas en numerosas antologías y traducidas al inglés, al portugués y al alemán. Sus logros han sido ampliamente reconocidos por la crítica, que ha insistido en compararlo con Beckett, Kafka, Camus, Sartre, Suskind, Gogol y Dostoyevski. Ha publicado los libros: Persona, vida y máscara en el teatro cubano, donde se analizó por primera vez, en el exilio, la obra de Virgilio Piñera, así como la de muchos otros importantes dramaturgos cubanos y El teatro cubano en el vórtice del compromiso (1959-1961), Ediciones Universal (2002). En breve saldrá su libro El teatro cubano durante la República (1902-1958), conformando así una trilogía de libros esenciales para el estudio del teatro cubano, tanto dentro como fuera de Cuba.

 

Ha publicado el libro de cuentos: La anunciación y otros cuentos cubanos. Ha publicado el poemario: La vaca de los ojos largos. Ha publicado en el género de novela: Segar a los muertos, Concierto para sordos y Parto en el cosmos, entre otras. Tiene varias novelas inéditas, entre las que se encuentran: El muro de Dios, No tiene nombre y Lamentación en tres estancias. Ha sido incluido en varias antologías poéticas y sus poemas han sido publicados en diversas publicaciones en Cuba, España y los Estados Unidos. Su obra ensayística es vasta e incluye estudios fundamentales acerca del teatro cubano y de los clásicos españoles. También, ha colaborado en la creación de libros de textos para la enseñanza del español  en los EE.UU., entre los que se encuentran: Continuing Spanish y A Drillbook of Spanish Pronunciation.

 

Durante el II Encuentro con Cuba en la Distancia: Exilio y Creación, que tuvo lugar el pasado mes de mayo de 2003 en la Universidad de Cádiz, España, se le rindió un merecido homenaje al escritor cubano Matías Montes Huidobro, en donde, aparte de las ceremonias de rigor y los honores recibidos, su obra fue objeto de estudio en varios paneles muy interesantes, compuestos por académicos y estudiosos de la literatura cubana. Allí coincidimos y conversamos sobre su labor como dramaturgo y otros temas. Posteriormente, el periódico El Nuevo Herald le dedicó varios artículos en donde se señalaban diferentes aspectos relacionados al conjunto de toda su obra. En esencia, su trayectoria como escritor es reconocida cada vez más y se consolida al paso del tiempo, pese a las dificultades de escribir en el exilio.



“Montes Huidobro ha aportado una encuesta penetrante y enjundiosa

 en la historia del teatro cubano en sus numerosos artículos y libros.”

 

Olga Connor

El Nuevo Herald

Miami, Florida, EE.UU.

 

 

“...un escritor que, como muchas otras figuras de la cultura

 cubana extramuros, cuenta con una obra hecha, aunque felizmente

 no concluida, que le ha ganado un sitio en nuestra literatura

y nuestro teatro que muy pocos se atreverían a impugnar.”

 

Carlos Espinosa Domínguez

Encuentro en la Red

(www.cubaencuentro.com)

Madrid, España

 

 

“...versátil escritor cubano que se ha explayado con singular apitud en

casi todos los géneros literarios durante la segunda mitad de siglo.”

 

Carmelo Gariano

Diario Las Américas

Miami, Florida, EE.UU.


M.M.M.  ¿Podría hablarme sobre sus primeros encuentros con la literatura?

 

M.M.H.  No puedo decir que lo recuerde exactamente, salvo que mi vocación por la escritura existió en mí creo que desde siempre. Quizás mis primeros contacto con la literatura me llegaron a través del cine, ya que yo nací en Sagua la Grande y mi forma de evadirme de la realidad circundante era mediante el cine, al que iba prácticamente todas las noches y por donde me llegaba el contacto con Unamuno a través de Amelia Bence en Nada menos que todo un hombre, o  con Zola gracias a Mecha Ortiz en Naná, ambas del cine argentino, y así por el estilo. Después nos fuimos para La Habana y en la escuela secundaria, a través de periódicos estudiantiles cuando estaba en el cuarto y quinto año de bachillerato en el Instituto No. 1 de La Habana, siguió mi interés por la literatura. Especialmente el quinto año fue muy importante. Sería en el año 1947, aproximadamente. En este curso participamos algunas personas que después íbamos a interesarnos en la literatura y el teatro. Entre ellas, Guillermo Cabrera Infante y Rine Leal. En esa época y después siempre estaba el cine, que era una obsesión, en un constante deambular por las “tertulias” de todos los cines habaneros, después enfocado más sofisticadamente hacia la Cinemateca de Cuba, a donde llegó después Néstor Almendros, y el grupo de esa “nueva ola” un poco desquiciada se iba a reunir en la habitación donde vivía Cabrera Infante, presidido por la figura matriarcal de Zoila Infante. También en este período de formación jugó un importante papel la biblioteca circulante del Lyceum Lawn Tennis Club, cuya contribución a la cultura cubana fue muy grande, y nos permitía a los que no teníamos donde caernos muerto sacar los libros, de una forma absolutamente autodidacta, y llevárnoslos para la casa.

 

M.M.M.  ¿Cómo fueron sus comienzos en Cuba en el teatro?

 

M.M.H.  Mis comienzos en el teatro se inician a través de Prometeo, cuando gracias a gestiones de Carlos Franqui este grupo tiene una temporada en el Parque Central, donde se ponían obras dramáticas en situaciones muy precarias. En el año 1950, a los diecinueve años, escribí Las cuatro brujas, la mandé a concurso que organizó Prometeo y se llevó mención honorífica. Al siguiente mandé Sobre las mismas rocas, que se llevó el Primer Premio y estrenó Francisco Morín. Ese mismo año publiqué un ensayo sobre cine, en la revista Nueva Generación, que fundó Carlos Franqui, de la que también fui fundador, y di a conocer mi primer poema, “La vaca de los ojos largos”, que me publicó Franqui en el periódico Pueblo, y “El hijo noveno”, un cuento que salió en Bohemia gracias a Cabrera Infante. Como verás, en 1951, para no quedarme corto, empecé a cultivar todos los géneros literarios pues parece que no me decidía por ninguno, aunque sin duda el teatro iba a la cabeza de la lista.

 

M.M.M. Ud. cuenta con una extensa obra que abarca varios géneros literarios, por lo que me gustaría saber si su predilección es por el género teatral o si disfruta de todos por igual.

 

M.M.H. En realidad la respuesta se desprende del final de la pregunta anterior, pero en síntesis disfruto de todos por igual. Hay períodos en que me siento más impelido a una cosa que la otra, y últimamente he estado trabajando más en la narrativa que en el teatro, aunque no hay razones específicas. Una de las cosas que le hago a mis personajes dramáticos es una técnica de desdoblamientos, de representación, de teatro dentro del teatro. En realidad me gusta desdoblarme, particularmente entre la creación y la crítica, así que asumo el papel que me ofrece el género que cultivo en ese momento. El género que siento que no he tratado en lo que se merece es la poesía, pero como la poesía es muy selectiva en cuanto al texto y necesita menos horas en el teclado, pienso dedicarme más a ella cuando sea viejo. Para esa fecha ya se me habrá olvidado la sintaxis, pero la poesía no la necesita y me pondré a escribir hikus.

 

M.M.M. ¿De qué manera le afectó haber salido de Cuba al exilio en el desarrollo de su carrera literaria?

 

M.M.H. Me cuento entre los escritores que se fueron de Cuba al principio del castrismo, porque después de “las palabras a los intelectuales” Castro determinó las directrices de la literatura cubana y el que no lo entendió así quizás no quiso entenderlo y sus razones tendría, porque yo no soy juez de la conducta de nadie.  Como además de irme he mantenido siempre la misma posición, he tenido que pagar las consecuencias. Además, me fui de Cuba antes de recibir un reconocimiento internacional por algún texto, lo cual no resultó pragmático, pero el pragmatismo nunca me ha caracterizado. Por otra parte, circunscribiéndome al teatro, fíjate el resultado de algunos dramaturgos de mi generación o de la precedente. Triana tuvo que irse, aunque lo hiciera con el reconocimiento internacional de La noche de los asesinos, que no podían escatimarle. Carlos Felipe no produjo nada realmente de valor, porque Réquiem por Yarini venía gestándose desde antes. Rolando Ferrer frustró toda su carrera dramática y, como recompensa, han tratado de resucitarlo para convertirlo en un “clásico”, que es lo menos que pueden hacer. Antón Arrufat, como dramaturgo, que yo sepa, se quedó en Los siete contra Tebas. Gloria Parrado no hizo más que dar palos de ciego. Reguera Saumell acabó yéndose. Virgilio Piñera pasó las de Caín, aunque siguió escribiendo. Entre  innumerables obras malas y mediocres que se escriben en los años sesenta y setenta, sólo Abelardo Estorino puede hacer un trabajo sólido. Pero, ¿a qué precio? Bueno, teniendo que decir que sí a todos los dictámenes del castrismo, incluyendo la complicidad reciente con la persecución a la disidencia. Sí, me ha afectado en sentido práctico, pero, realmente, quedarse era imposible. Yo soy una persona con una voluntad férrea y he seguido produciendo seguramente mucho más de lo que hubiera podido producir en Cuba y sin tener que rendirle cuentas a nadie, salvo a mi conciencia.

  

 

 

M.M.M.  ¿Por qué decidió irse a vivir a Hawai y no permaneció en Nueva York o Paris como otros dramaturgos cubanos exiliados?

 

M.M.H.  A fines de 1961 no había muchos dramaturgos cubanos exiliados, y los que había (creo que José Cid Pérez, Leopoldo Hernández, Raúl de Cárdenas) estaban buscando trabajo por alguna parte. Cuando llegué a Miami me hicieron una denuncia, me tuvieron  bajo investigación por un mes y después me soltaron. Supongo que alguien diría que era comunista. Yo nunca lo fui, aunque razones no me hubieran faltado, porque era de familia pobre. Durante años viví en Malecón 13, una casa de vecindad con vista al mar, al lado del Union Club, hoy Palacio de la Cariátides. No fui al colegio de Belén, como Fidel, ni a los Maristas, y en mi familia los apellidos ilustres empiezan conmigo. Cuando llegamos a Miami, Yara, con nuestra hija, era “una joven de sociedad casada con un comunista”, así que Miami no era opción, y me alegro, porque nunca hubiera podido escribir tanto como he hecho si nos hubiéramos quedado. Como tenía que mantener una familia, pues nuestro otro hijo nació un año después, Nueva York y París eran lujos que no podíamos darnos. Estuvimos un par de años en Meadville, Pennsylvania, enseñando en secundaria, donde pasé el año más feliz de mi vida después del infierno castrista. Dos años después conseguí una oferta de trabajo en la Universidad de Hawai, donde Yara empezó a enseñar después, y ahí nos quedamos.

 

M.M.M.  ¿Cómo le ayudó su labor académica en el devenir de la labor creadora?

 

M.M.H.  Para mi creación literaria y crítica académica forman una unidad. Una cosa sirve de sostén a la otra. Yo creo que fue un aprendizaje extraordinario que me sirvió para una depuración de mi escritura. El contacto con la prosa peninsular me ayudó a madurar mi estilo, o, sencillamente, a escribir mejor, porque la tradición española en la narrativa y la lírica es de primera línea, inclusive la del siglo XIX y principios del XX, que muchos ignorantes desprecian porque, sencillamente, son ignorantes. En Rayuela, Cortázar se burla de Galdós, pero ya quisiera Rayuela acercarse a Lo prohibido, que es precisamente la novela de la cual se mofa.

 

M.M.M.  ¿Podría hablarnos un poco sobre el surgimiento y existencia de Editorial Persona?

 

M.M.H.  Aunque Hawai representaba un distanciamiento físico, en ningún momento lo era desde el punto de vista intelectual y de “lo cubano” en su aspecto cultural. Esto nos llevó a una serie de actividades que nos sacaban de Hawai hacia una interacción profesional donde Cuba jugaba un papel importante. De ahí empezó nuestra trashumancia (la de Yara y la mía) en congresos universitarios, organizando seminarios y conferencias, muchas de ellas sobre literatura de Cuba y del Caribe. De esos congresos surgían otros proyectos. Primero fue una revista, Caribe, de la que se publicaron cuatro números y que actualmente ha pasado a manos de los profesores Armando González-Pérez y Jorge Febles, en una nueva etapa, que siguieron con la idea. Después vino Editorial Persona, enfocada en el teatro, que confieso cumplía un doble fin: el de publicar textos de dramaturgos cubanos fuera de Cuba y el de mis propios textos dentro de un contexto que tuviera algún sentido. No diré que fue un éxito editorial, pero si uno tiene en cuenta, por ejemplo, el número de obras dramáticas que se han perdido para siempre, la simple publicación de obras de José Corrales, Leopoldo Hernández, Raúl de Cárdenas, Rolando Morelli, las mías e inclusive una de Triana, que se encuentran en múltiples bibliotecas universitarias para futuras consultas por investigadores, me parece que esto ya de por sí le da significado. Finalmente pasamos a crear la Yara y Matías Montes Foundation, donde publicamos tres números dedicados, cada uno de ellos, a la dramaturgia, la poesía y la narrativa cubana, con énfasis en el exilio. Realmente estos proyectos editoriales requieren un esfuerzo descomunal y, la verdad es, que no puedo hacerlo todo, inclusive con la ayuda de Yara. Por eso, labores como las que ustedes realizan con Baquiana, son altamente meritorias. Son esfuerzos titánicos donde no faltarán minutos de flaqueza por tanto tiempo y trabajo que tienen que darle, con un valor que sólo puede medirse debidamente a largo plazo.

   

Montes Huidobro participando en una conferencia auspiciada por la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, Colombia (1975)