Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 25/26

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 


 

REFLEXIONES

 

por 

 Marcos Rodríguez Leija

 


Un hombre desalmado

De niño fue el más terrible en la pandilla del barrio. En la familia, se ganó el título de "oveja negra" durante la adolescencia. Los estudios jamás le agradaron, mucho menos trabajar. Prefirió ganar el dinero fácil. Se hizo de amigos que le enseñaron a matar. Al cumplir los cuarenta años se había convertido en el hombre más desalmado y perseguido por las autoridades de investigación criminal. Se volvió pendenciero a tal grado que asesinó a sus cómplices de crímenes y asaltos. Ya ningún cabecilla de las bandas y pandillas del bajo mundo quisieron tener nexos con él. En su familia, hacía mucho tiempo que lo habían dejado de considerar parte de los de su sangre. Quedó tan sólo en el mundo, y absolutamente nadie lo quería que, una noche, al encontrarse oculto en su madriguera, sentado sobre la cama, vio de frente su sombra reflejada en la pared, y ésta, avergonzada, se levantó y se marchó por la ventana para siempre.

 

 

Personalidad

Se horrorizó al verse ante el espejo y cambió cada detalle de su cuerpo. Después de varias cirugías observó de nuevo aquel reflejo pero la impresión fue peor: su repugnancia era irremediable.

 

 

La separación

Se la llevaron lejos para que jamás volviera a verla.

La amaba tanto que él dijo quedarse sin alma, y cayó en una eterna y dolorosa agonía sobre la cama donde muchas veces le demostró su amor sincero.

Pero ella, aún no se explica porqué a la luz del día y de la luna, su figura proyecta dos sombras que se abrazan.

 

 

Adicto

Aquella noche salí rumbo a la Iglesia, dispuesto a dejar mi adicción. Quería cambiar, que mi vida tuviera sentido. Pero me di cuenta que no tenía otra manera de ser más que esa. Y sin pensarlo dos veces, hendí el cuchillo en el cuello de una dama noctámbula y bebí su sangre hasta el hartazgo.

 

 

 

El vuelo

Se tiró al vacío desde la montaña. Siempre soñó volar como las gaviotas pero jamás pudo elevarse. Su cuerpo se destrozó al golpear el suelo.

Después de morir, reencarnó en un ave.

 

 

Teletransportación

En el sueño, siempre rememoraba cuando era un niño que dormía la siesta bajo un nogal frondoso, donde soñaba que de grande sería el inventor de un aparato capaz de transportar a las personas a través del tiempo.

Por eso, al despertar volvía a cerrar los ojos para ver si aquella máquina en la que se encontraba, al igual que el niño que veía a lo lejos, dormido bajo un nogal frondoso, sólo eran parte de su sueño.

 

 

El sueño

Después de un largo desmayo, Misraím despertó exaltado sobre la cama del hospital en el que fue internado a consecuencia de un accidente automovilístico. Había tenido una pesadilla: La ciudad era una plancha enorme de asfalto y edificios derruidos, sin árboles ni extensiones de agua. Todos habían muerto durante una guerra devastadora, a excepción de él, quien se vio en el sueño correr con desesperación entre llamaradas, sobre cadáveres deshechos y cocidos por el fuego.

Misraím colocó una de sus manos en el pecho aún dolorido. Quiso bajar de la camilla pero le fue imposible, se lo impidieron decenas de mangeras metálicas conectadas a su espalda. La pesadilla real era peor. Resucitó después de cien años en coma. Su cuerpo ya no era como el de un humano. La mitad de sus extremidades estaban hechas a base de un metal extraño y desconocido para él, quien no tenía más alternativa que incorporarse a un batallón de androides para retomar la guerra, una guerra que años atrás un pueblo ajeno al suyo había perdido a miles de años luz del planeta Tierra.

 

 

 

Escalofriante

—Vendré por ti —le dijo el abuelo antes de morir.

Pasó un año y al agonizar mi abuela susurró: —Está aquí.

El viejo cumplió lo prometido. Yo fui quien le abrió la puerta.

 

 

El libro de las predicciones

Cuando exploraba aquella cueva llena de esqueletos, el arqueólogo encontró un libro antiguo donde al abrirlo leyó: “Morirás hoy”. Y el hombre cayó sobre un montón de huesos.

 

 

 

 

Cuestión de peso

Para El Tallarín, como le decían de guasa sus compas del barrio, jamás importó la estética.

—El físico es lo de menos —decía—. Lo más importante son los sentimientos, lo que uno lleve dentro.

Aquel adolescente flaco y encorvado, de un metro noventa de estatura, comía a deshoras y en ocasiones una vez al día.

—¡Te vas a morir de anemia! —le advertía su madre.

—El físico, es lo de menos, jefa. El físico es lo de menos.

Una tarde de tormenta, El Tallarín no llegó a su casa, el viento huracanado que azotó la ciudad, se lo llevó de encuentro en un remolino.

Jamás encontraron su lánguido cuerpo.

Sus amigos del barrio cuentan que por su escualidez, aun sigue flotando en el espacio.

 

La pregunta

Ya era un viejo sin fuerza para trabajar. De hecho, estaba cansado de tanto laborar por aquí y por allá haciéndole al mil usos. Sólo había trabajado y trabajado la mayor parte de su vida, para nada, pues no tenía ni un quinto. Todo el dinero que ganó lo había gastado en mujeres, vino, diversión, en amigos y cosas superfluas.

Apoyado en un bastón que soportaba su cuerpo enclenque, caminó hacia el baño y se paró frente al espejo.

—¿Quién soy? ¿Qué he sido? —se preguntó.

Y la figura demacrada frente a él, le dijo:

—Mi peor reflejo...

 

 

Viaje al futuro

Un día, el científico Poncio Larumbe logró desafiar al tiempo. Inventó una máquina capaz de viajar al futuro. Lo supo porque experimentó primero con su perro, el que regresó con un periódico del mes siguiente en el hocico.

Cuando se introdujo en aquella esfera metálica con antenas, cables y focos por doquier, decidió descubrir lo que había 100 años después de la época en la que le tocó vivir.

Ahora, el artefacto no es más que una pelota mohosa, con un esqueleto dentro, pues Poncio Larumbe jamás pensó que no podía viajar más allá de su capacidad de vida.

 


Marcos Rodríguez Leija nació en Nuevo Laredo, Tamaulipas, México (1973). Ejerce el periodismo desde hace 11 años. Fue editor de las secciones DF, Seguridad e Internacional del periódico México HOY en el Distrito Federal de 1998 al 2000. Actualmente es editor de la sección Policía del periódico El Mañana de Nuevo Laredo. Premio Nacional de Periodismo e Información 2000-2001 (otorgado por el Gobierno de la República Mexicana) / Segundo Lugar Nacional de Prosa y Poesía “Timón de Oro” (convocado por la Secretaría de Marina) / Premio Estatal de Literatura “Juan B. Tijerina” 2000 / Premio Estatal de Literatura Juan José Amador 1998. Libros publicados: Pandemónium (cuentos, 2001, ITCA); Exhumación de sueños lúgubres (cuentos, 1996, colección Terra Ignota); y Zona etérea (cuentos, 1997, colección Letras en el Borde); además de estar incluido en las antologías En las fronteras del cuento (1998, colección Tierra Adentro); 9.9.99 (1999, colección Terra Ignota); El cuento fantástico en Tamaulipas (2000, ITCA), entre otras.