Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº  25/26

Escríbanos   

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

[FrontPage Save Results Component]

Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias









 


 

 

 

POEMAS DESDE EL HORIZONTE

(LOS MUNDOS POÉTICOS DE

 MARIELA ABREU ORTET)

por

 Sandra Pérez Lozano

 


       

 


     Hace unos días, cubierta por la lluvia de verano en la isla del Holbox al norte de Cancún, entre el golfo de México y el Mar Caribe, después de perseguir durante semanas mi correspondencia,  pues en esta isla de Robinson Crusoe ningún paquete llega, apareció en mis manos, como una bendición, un libro azul y mariposas de alguien entrañable, amiga, hermana, mujer admirada y, para mi, un ser tan sensible e inteligente que merece la pena detenerse, acariciar su pensamiento, robarle al tiempo el espacio de comprometerse con sus palabras, sus sentimientos, amores, entrega a una historia que la forjó como un ser que busca la realización del alma para realzarse en la tierra.

 

     Mariela Abreu nunca quiso ser escuálida, ni mucho menos inculta. Desde que la conozco, hace veinte años, corre por las aceras de sus mundos poéticos sin importarle nada, ni nadie. La prisa hizo que su corazón latiera más rápido, se rebullera de los olores de su jardín, el sonido del mar, el canto de su madre al dormir a la única niña de la familia. La realidad siempre fue más que levantarse e irse a la cama. Para Mariela, vivir, era estar con el segundo intenso, hábil, sutil, acalorado, en consonancia con los sueños ingentes, casi imposibles, luminosos como si en sus ojos se prendieran estrellitas y cometas cada día.

 

     Recuerdo cuando éramos niñas. Ambas nacimos en la ciudad de Matanzas al este de La Habana. Ella era una chica de pelo negro y sonrisa perenne con algún hoyuelo en su rostro, criada con los métodos más amorosos y respetuosos con que se puede criar a un hijo. Su andar presuroso la hacía distinta al resto de las niñas y sobre todo, sus ojos inquietos, la abrían a una gran ciudad cubierta de ríos y mares y con una tradición poética en sus arterias. Yo era una chica huesuda, rubia y también con la cabeza en el cielo esperando, al igual que Mariela, que algún meteórico amor de cría nos llevara a pasear por la playa “Allende”, cercana a la casa. Invariablemente caminábamos por diferentes aceras, frente una a  la otra, saludándonos con una cortesía fría, recelosa. No podíamos creer que teníamos los mismos ideales, sensaciones, repercusiones interiores ante la existencia.

 

     Sólo unos años después, cuando las niñas con calificaciones más altas estudiábamos en un tipo de escuela llamadas “Vocacional”, tuvimos la oportunidad de crecernos como amigas y hacer un pacto silencioso: nunca más nos separaríamos, nunca dejaríamos de hacer nuestras confesiones, nunca renunciaríamos a hablar de poesía, nunca olvidaríamos qué necesita mi amiga para ser feliz, nunca apagaría el teléfono para ella, nunca robaría su paz, nunca descansaríamos hasta que juntas, profundas, pudiésemos forjar una verdadera historia afectiva.

 

     Nuestros primeros encuentros fueron en los concursos de literatura. No sé quién leyó primero a Sholojov, ni a Gabriel García Márquez. Tampoco supe si alguna vez expuso una defensa literaria a Miguel Barnet con “Biografía de un Cimarrón” como tantas veces lo hice; pero lo que si se es que, ahí, en la cofradía de la literatura, la buena música, las amigas comunes secundándonos o viceversa, surgió la poesía de ambas, se hincharon nuestros corazones de metáforas, creció el espacio vital del pensamiento para emprender el camino de la libertad: la libertad mental.

 

     Cuando reviso minuciosamente “Poemas desde el horizonte” siento que en este libro  hay una poeta que no teme romper sus venas y escribir lo que siente, sin condicionamientos, sin miedo al juicio, exponiéndose sentimentalmente a la palabra, a sus angustias, anhelos, movimientos internos. Definitivamente, la poeta, llevó una infancia y una adolescencia en constante conexión con lo bueno, que marcó su diapasón estructural de vivencia e impuso una visión de la alegría, el sufrimiento. De dicha, celestial infancia, soy testigo.

 

     Creo, que esas vivencias casi perfectas de la escritora, hicieron que, hasta cierto punto, el mundo hostil se convirtiera en un reto; en una versión de supervivencia; haciendo que el tránsito por las veredas de la vida perfore el sentimiento, aguce el dolor, reviente la conmoción; saliendo airosa de cada incidente. La poesía para la poeta es, en parte su talento, en parte su rebeldía, la manera redentora de salvarse del provocador entorno de la vida adulta donde las pasiones se ventilan con más madurez y crudeza que en los añorados tiempos de la gloria infantil.

En el poema “Aroma de Consuelo” queda explícitamente expuesto este sentimiento: “El olor de este tiempo es un olor distinto/ no es a café colado y a té de manzanilla/ como fuera en mi infancia/ Y tampoco a fogón prendido/ Y caldo de costilla como en aquellos/ días primeros de ultramar”.

 

     También en “Secretos de la infancia” se observa la obsesión por la niñez: “La puerta se me abrió, y jamás sobrevino/ un silencio tan cruel como aquél de mi infancia/ la infancia que se ha ido ya no vuelve de nuevo/ la puerta quedó abierta y extendida las alas”.

     Sin embargo, hay una expresión continúa en las inquietudes  de la autora y es que,  aún padeciendo, nunca pierde la esperanza: “Por suerte para todos,/ en esta ciudad del Fin del Mundo/ también, a veces, como un pecado/ sale el sol”.

 

     La poesía de Mariela Abreu es limpia y decorosa. No son versos extensos, ni vocablos ilegibles. Es una poesía que rima al gusto de la autora, que juega al azar, a la fuerza de la palabra, a  la expresión de decir lo que se quiere sin definir cómo métricamente decirlo pues, a través de todo el libro, impera el verso libre, pero por momentos, la autora, a su criterio, hace que sus finales de versos rimen, se impongan.

     Su corazón es quien dicta. Quien embarra el papel con la tinta. Si ama con furia sus versos son furibundos, airados, apasionados: “Mientras amores se mueren por segundos/ tus alas…sólo tus alas me amanecen” o “aunque no creas, mi alma de fuego/ y tu silueta de peregrino/ sucumbiría al calor del mismo/”. Si la tristeza la visita una mañana gris al levantarse, la autora grita: “Tristeza si me convidas/ e incitas en mí el encuentro/ tristeza nunca te olvides/ que por dolerte me he muerto” o “hay que templar el alma en cada vuelta y/ moldear el cimiente precioso de su esencia/ pero duele y es sórdido el dolor/ quizás porque he opuesto resistencia/ quizás porque es invierno/ y ya conoces mi incapacidad para la lluvia.”    

 

     La Cuba de Mariela es la de muchos cubanos, me atrevería a decir que  la de todos los cubanos: dolorosa, sangrante, sufrida, con un pueblo que sobrevive al pesar con alegría, a la brutalidad con la inteligencia, a la escasez con la inventiva. La isla alucina con su vivencia y quienes son sus protagonistas, en algún momento, han vivido dicha historia de manera surrealista con gran intensidad al amar la tierra. El exilio es una de las causas más prominentes de dolor en el orbe cubano: la lejanía, la pérdida de los olores, el batir de los árboles, la palabra de la madre. La poeta no sale de este rajar de amor por la isla, la palma, el café, el salto de la ola; ni, aún viviendo en un continente hoy por hoy, de ese sentimiento de aislamiento por haber nacido donde la frontera siempre es el mar, el mar… Escribe: “Me pregunto cuánto puedo amarte,/tierra mía, tierra que a donde voy fluye en mis venas/ tierra horizontal y resentida./Quisiera guardarte en mis entrañas/para sacarte de tus latitudes/pero que mustio el Mar Caribe/ sin tu angosta figura de domingo en reposo.”

 

     El amor a la madre se define como una constante en este libro. La madre juega el papel más primigenio y espiritual en la conciencia de los seres humanos, y por suerte, en la vida de Mariela, jugó el papel del cariño, la enseñanza amable, el constante observador de la felicidad: “Una mujer del cielo/ sentada tras su velo/ tejiendo una campana/ es una mujer tan pura/ como la manzanilla/ sin la luz amarilla/ que engendran las locuras”. También dejó tatuada la forma de encarar la maternidad sabiendo ser dueña de un reino familiar casi tan maravilloso como la evocada infancia. Su hijo, reina con un cuerpo pequeño un reino grande, cubierto por su madre como Hada, su padre como escudero, la poesía como fuente, la naturaleza como raíz: “Te legaré mis libros, mis canciones, mis sueños/ cuatro paredes ciertas que abarcaron mi alma/ Y una llave de puertas para que siempre escapes/ a quien quiera encerrarte en un reino de calma.”

 

     A medida que el libro avanza descubro que crece su valor. Los poemas están escritos por una mujer madura, capaz de desvestir la luna, sin miedo a la palabra, al pensamiento ahondado, a la sensación del soliloquio. Es maravilloso que la autora se haya esforzado en la poesía y, que esta expresión, no sólo quedara para los años mozos.

 

     Mariela Abreu tiene una gran responsabilidad con su vida, pues el talento debe ser educado, atesorado, desarrollado y su talento es intachable. Sé que escribir es soportar el sufrimiento en cada papel y hasta regodearse en él para que la metáfora exhale lo entrañable, lo esencial. Pero vale la pena cada lágrima, cada extremo de sensibilidad, cada resquebrajo, si al final, libros como este, emergen, alivian el corazón de los lectores y calientan la hoguera de admiración y cariño de la familia y los amigos.

 

     “Poemas desde el horizonte” tiene un camino que recorrer, un espejo donde verse cada vez que alguien lo haga suyo, aparezca en un estante, en una mesa, un alma.

 

     Mi único deseo es que otros libros como este, de la mano de la autora, alivien la cabecera de mi cama, cada noche.

 

 


Sandra Pérez Lozano nació en Matanzas, Cuba (1971). Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Ha ganado concursos de poesía y narración en Cuba, a nivel municipal y provincial, en la categoría juvenil.  Ha publicado poemas y crónicas en varios periódicos y revistas de Cuba, España y México. Ha publicado el libro Crónicas para un Sueño con el sello Editorial Alfaguara.