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Nació en La Habana, Cuba (1947). Es poeta,
narrador, dramaturgo y crítico literario. Se exilió en 1983. Vivió
unos años en Madrid y actualmente reside en Miami. Ha publicado
tres volúmenes de poesía: Orestes de noche (1985),
Cantos y elegías (1992) y El tiempo afuera (Premio
Internacional de Poesía Gastón Baquero 2000). Como dramaturgo ha
dado a conocer: Amar así (1988), Teatro, que reúne
cinco piezas (1998), y Rehenes (2003). Sus novelas
Siempre la lluvia (finalista del concurso Letras de Oro 1993)
y Sabanalamar (2002), forman parte de El olvido y la
calma, una pentalogía que incluye además Barrio Azul,
El instante y Dile adiós a la Virgen, de próxima
aparición. Los poemas a continuación pertenecen a una selección
del libro El tiempo afuera.
NO TENÍA LA MÚSICA
El problema
estaba en la música.
Si él tuviera
la música
todo le hubiese
resultado menos amargo.
Pero no la
tenía, nunca la tuvo, y ya era muy tarde.
Se sentía
muerto. Sus palabras no tenían la música.
Él la veía en
la tarde, estaba en el aire, en los colores
que se
derretían dolorosamente sobre el cuerpo extendido.
Un cuerpo
expuesto, abierto y extendido.
Entrañas de un
animal que se contorsionaba
en una agonía
repetitiva y lenta, muy lenta;
vergonzosamente
lenta, y triste.
También estaba
en la noche alta.
Él abría los
ojos hacia arriba y dejaba que aquello lo inundara,
mientras la
música brillaba profundo y giraba
hasta marearlo.
La noche
no era como la
muerte de su madre rota contra el asfalto.
La noche
estaba más allá
de él, fuera de él, y tenía la música.
El asfalto era
también oscuro,
la sangre
brillaba como noche o rabia en un charco irregular y
espeso.
Pasaban autos
rajando la avenida. Sintió que debía observar bien
esos autos.
Se sentó a dos
pasos del sitio donde cayó su madre
a contemplar
los autos. Pero no pudo.
No había furia
ni rabia en lo dulce que se secaba sobre
la sangre.
Estaba la música, gorda, cayendo,
desde arriba de
todo cayendo, iluminada y sin remedio.
Entonces limpió
la losa con las manos,
colocó las
flores en el vaso de plástico y se marchó.
No podía hacer
nada.
Él no tenía la
música y no estaba su madre.
CAMINO A CASA
Como en sueño,
las blancas olas de la muerte llegan
a lamer los
ojos de mi padre.
Como de sueño
emergen y toman posesión de nuestra casa.
El brillo se
apacigua y desgaja el miedo que antes resguardaba.
Los deseos se
fueron diluyendo -esto se acaba- y el cuerpo,
cada vez menos
cuerpo, va penetrando un ritmo
que en todo me
es ajeno.
La lengua aún
se esfuerza por mantener un diálogo imposible
y yo pienso que
las cosas dejaron de funcionar como se suponía.
Como sueño, el
cuerpo deja de luchar y se entrega
al otro sueño,
que ocupa nuestras horas, no ya las suyas,
mientras
órganos y costumbres se resienten.
No obstante, la
muerte siempre tiene la manía de sorprenderme,
como esas
flores, que no estaban la noche anterior en mi escalera.
DEL SILENCIO (1)
Las paredes
están manchadas de silencio.
Un silencio
espeso que gotea como si fuera semen.
Pende del techo,
se acurruca
en los marcos
de ventanas y puertas clausuradas.
Puedo tocarlo
al deambular por la casa.
A veces se
compacta en el aire y me asfixia.
Enciendo el
radio, conecto el televisor.
John Lennon
comienza a cantar Imagine.
Pero todo es en
vano,
no consigo
disiparlo.
Creo que faltan
las voces de mis niños.
DEL SILENCIO (2)
Qué extraño
color tiene el silencio de la tarde.
Ni una hoja se
queja.
Sólo el verde
tranquilo se reposa y opaca
en cierta
vitalidad que imagino a lo lejos.
Va cayendo,
acallando, muriendo tenso
en esta
habitación.
INVIERNO EN MIAMI
Ningún sonido
entra en este cuarto,
salvo, quizás,
algún avión
rajando la apariencia.
Cuando eso
ocurre, la noche herida se abre y se derrama.
El viento que
entra por las ventanas
recorre
presuroso toda la casa, la sacude
y casi la
aligera.
Mi piel recibe
extrañada la caricia.
Luego, en
retirada, vibra en las persianas de plástico.
Yo estoy
desnudo y me miro las manos;
después, un
rostro extraño en el cristal.
El puente de la
22 está levantado y la chatarra se impacienta.
Desde la
oscuridad es bonito el contraste:
hacia delante
hay una procesión en desbandada
que luego se
aglutina y retorna
transfigurada
por mi izquierda.
El rojo se
vuelve blanco y yo estoy ardiendo.
Son apenas las
10
pero es el
único signo de vida en esta ciudad.
Creo que hay un
perro del otro lado de la cerca.
Creo que el
pájaro que cantaba de noche emigró.
Creo que la
mata de maravilla que tengo en la escalera
es la misma que
había en el placer de enfrente de mi casa.
Yo prendo otro
cigarro mientras escucho
cómo juega el
viento
en los cables
de alta tensión recién restaurados.
)No
escucharé otra voz?
La noche semeja
la otra herida.
Yo, como
siempre, estoy esperando
a que llegues
pero no tengo frío.
El invierno en
Miami sólo cala por dentro.
ELLA LO SABE
Ella va
calando,
va abriendo su
surco, lo humedece
como ritmo de
olas o de ráfaga.
Ella se hincha
y el sudor
araña las
paredes.
Se desliza,
respira sobre la nuca
erizándola,
luego
retrocede.
Piel que
descorre terrores tibios
como lengua,
como fuego a
veces.
Así se rinde,
es cuerpo,
pero ella se
adentra,
gana espacio,
se posesiona.
Las manos
parecen semanas
o hojas
crispadas al calor de la tarde.
Algo cruje,
algo se expande como un niño.
Las otras
ruedan, tropiezan, se contraen, huelen.
)Qué
diría ella
de unos labios
abiertos en un grito
que no se escucha?
El dolor le
provoca espasmos con olor a tela almidonada.
El pecho se
dilata,
está vivo,
respira.
La hierba es
oscura y trae presagios.
Ella lo sabe y se
aproxima, toca fondo.
Llora profundo,
después se duerme,
late.
Nació en La
Habana, Cuba (1947). Poeta, ensayista, investigadora, crítica
literaria, traductora y profesora universitaria. Es graduada en
literatura francesa y en literatura latinoamericana y española por
universidades de Nueva York y París. Su primer poemario, Posesión
por pérdida (Sevilla: Barro, 1990; Santiago de Chile: Libra,
1990), obtuvo mención honorífica en el Premio Platero de Poesía,
1989 (Ginebra) y fue finalista del Premio Barro de Poesía, 1990
(Sevilla). Otros libros publicados son los poemarios Corazón
sobre la tierra / tierra en los Ojos (Matanzas, Cuba: Vigía,
1998; Alquímica memoria (Madrid: Betania, 2001) –de los que
proceden los poemas ganadores del premio La Porte des Poètes, 1996
(París)-- y Mitologuías (Madrid: Betania, 2001), así como la
recopilación de ensayos críticos sobre autores latinoamericanos y
españoles, Asedios al texto literario (Madrid: Betania,
1999). Su poesía, ensayos de crítica cultural y traducciones
literarias han aparecido en publicaciones de los Estados Unidos,
América Latina y Europa, como América (París), Caronte
(Nueva York), Crítica (Puebla, México), Encuentro de la
cultura cubana (Madrid), Extremos (Nueva York-Concepción,
Chile), Kolik (Viena), La Revista del Vigía (Matanzas,
Cuba), entre otras. Su obra poética está representada en antologías
como Barro, antología primera (Sevilla: Barro, 1993); El
agua buena eternamente canta: veinte poetisas cubanas (Madrid:
Col. de la Aurora, 2001), La isla poética (La Habana: Unión,
1998) y Voces viajeras (Madrid: Torremozas, 2002). Tiene en
preparación varias nuevas series poéticas y la traducción en verso
de Las flores del mal de Baudelaire. Tras períodos de
residencia en Buenos Aires, Nueva York, París, Londres, Haut‑de‑Cagnes,
Valparaíso, Viña del Mar y Santiago de Chile, vive en Viena,
Austria. Desde 1983 es traductora de las Naciones Unidas y
actualmente dirige la sección de traducción al español de las
Naciones Unidas en Viena.
QUIMERA
no se habló nunca más
de la ciudad
el padre la enterró
viva lustros antes de que desfallecieran
todas sus casas al
unísono
y un polvillo de cal y
de pigmentos acres entró por el ojo taladrado
haciendo estragos en
la imagen
añicos las palabras
alguna vez de pronto
resurgía trocando sus volúmenes
en la caricia pendular
de un barco o una senda entre dunas
por la que se buscaba
a alguien
a una abuela
extraviada por ejemplo
o en cuartos de
penumbra con persianas en ascuas
y puertas invisibles
(afuera la canícula
imitaba las granadas maduras)
y el nuevo hogar/hotel
de solitarios/un nido de pieles
de cebolla
transparencia de ópalo
que éramos
expuestos y encerrados
en el cáliz de sangre:
cada cual a beber el
zumo destilado del sueño
cada cual a sortear su
novatada en el foro
cada cual a estrenar
sus fieras nupcias con la noche
o bien la divisaba
agónica flotando a la deriva
zurcida por tenue hilo
de luz a otros fragmentos de isla
y en cierto ocaso me
fulminó de lejos cual circe envejecida
cuando aspiraba al
alba el aire tropical en lo alto
de una terraza de
aeropuerto
(desde entonces he
tenido y perdido muchas casas)
la he vuelto a ver de
cerca
la he mirado a los
ojos
pero al girar la
espalda hasta una nueva cita
indeleble su memoria
en mi cuerpo
no quedó ni una huella
de mí sobre su suelo
no se grabó mi nombre
nadie aguarda mi voz
CASAS DE AGUA
1.
[celimar]
la certeza del mar a
sus espaldas
diseñó su perfil
la niña solitaria
tiende un cerco obsesivo
a cada esquina
la acosa desde el
parque o la grama
olvida alada el miedo
y la hora
hasta que la despierta
el aire de la tarde
veloz como si la
espantara un hado
pedalea hacia el mar
2.
[güira de melena/cajío]
en una
el joven trémolo
lamentaba la suerte
de los reyes de
Francia
arrancaba mazurkas al
piano castigado
yo lo oía
en la otra
el joven con el torso
desnudo
aprestaba los botes y
las artes de pesca
reunía a los hombres
él se iba con ellos
luego al baño de mar
en ese caldo sucio
convocada por la tía o
la abuela
o las tías abuelas
¿y dónde estaba ella?
límpida agua de
lágrimas y fango
señoreaban por la piel
de la niña
3.
[la
víbora]
en esos climas los
baños de azulejos
son un témpano verde
una pesadilla gótica
la loca fantasía
tirita
entre el pudor
y el champú en los
ojos
por la ventana alta
la flor del flamboyán
seduce a los insectos
que vienen a morir
entre los dedos de mis
pies
bajo la ducha
y reaparecen por la
noche
en un grito
4.
[playa albina]
entre el jarabe negro
del canal
y el agüita turquesa
muy lejos de ese mar
te consumiste
orfebre de los sueños
una vez realizado
en esta orilla
tu amor a lo inasible
COLINAS DE LOS SUEÑOS
desde lo alto del aula
de cristal
hasta la otra colina
la de la escalinata
prometida
una vía láctea
una zona peatonal del
corazón
de donde arrancan
los primeros y todos
los posibles caminos
este era sin
saberlo uno de ellos
el extraño
el de la lejanía
plurívoco y
equívoco
tierra de nadie
diariamente bajo el
sol de las doce el Alma Mater
gira su semblante
hacia el sur
y su mirada forja un
puente en llamas
que orquesta la
fantasía del saber
yo no veo la testa
coronada de laureles
y caca de palomas
sólo yo en plena
gloria sobre esa escalinata
otros la pisaron
por mí
yo en claustros
ajenos
fui rebelde
aplicada o
seductora
yo tuve la Escalera
E
frente a la azotea
rosa de mi abuela
encaramada en la loma
de Chaple
el Morro y la bahía
componen el suave horizonte de la patria
un desahogo para la
ciudad
yo abro la boca y
riego el aire con mi aliento
buscando salobre
intimidad
ensayo de una noche de
bodas en el trópico
sin desenlace
una muesca en el
tiempo
albur escarmentado
por dioses iracundos
otra comparecencia
muda
ante la nada
ZOELIA FRÓMETA MACHADO
- Nació
en Bayamo, Cuba (1960). Poeta, bibliotecaria, profesora y
periodista. Trabaja en la Unidad de Servicios bibliotecarios de
Información, Universidad Veracruzana, como analista documental, en
el Departamento de Control Bibliográfico. Ha sido redactora de la
Colección “Espiral” de poesía y cuento en Bayamo, Cuba y compiladora
de la Antología de poesía De naciente fijeza publicada por la
Colección “Sed de Belleza”
en
la
ciudad de Santa Clara. Ha sido catedrática
en Talleres de Creación Literaria, impartidos en Cuba y Colombia. Ha
sido catedrática en la Universidad Veracruzana de Literatura
Hispanoamericana. Ha coordinado Coloquios Internacionales de
Literatura, Ferias de Libro y ha organizado recitales de poesía y
cuento y conferencias en su ciudad natal, mientras se desempeñaba
como coordinadora del Departamento de Literatura de la Casa de la
Cultura de la Ciudad de Bayamo por un periodo de alrededor de diez
años. Ha publicado los poemarios: Pasos de ciego (Cuba, 1995) Ave
de tránsito (Cuba, 1997) y Exilio (Ediciones Exilio, Colombia,
1997), entre otros. Ha sido incluida en la “Antología Cósmica de 8
poetas cubanas” (Frente de Afirmación Hispanista, México, 1998) y la
“Antología de la poesía cósmica cubana (Frente de Afirmación
Hispanista, México, 2002), entre otras antologías y revistas en
Chile, España, México, Brasil, Colombia, Argentina y Venezuela. Ha
sido ganadora del Premio de Poesía del Concurso Nacional “Santiago
de Literatura” (Santiago de Cuba, 1993), entre otros y recibió una
Mención en el Concurso Territorial de Poesía “Adelaida del Mármol”
(Holguín, Cuba,1989) y una Mención Honrosa del Concurso
Internacional de Poesía “Safo” de la revista homónima (Chile, 1996).
NO SOY LA QUE SE
CRUZA EL CHAL
A Martha María
Si yo fuera amiga la que se cruza el chal
y sonríe eterna al retratista
no esta mujer ojerosa de palabra innombrable
siempre obstinada que toma té en noches de insomnio.
Si yo fuera por un instante la que sonríe
y parece tan tersa en su reposo.
No esta terrible mujer que algunos dicen
perversa enemiga de las formas
que desdice y prefiere hacer el amor por las mañanas
cuando en alguna parte alguien apuesta mi cabeza
castra mi lengua y abril roza su crueldad sobre mi espalda.
Si yo fuera…
entonces otros
los gestos
los reclamos
las mentiras
pero hay viento y sal en mi corazón.
Mi corazón como un chal doblado sobre la aspereza del silencio.
Silencio de calles y fiebre
de castidad y cuaresma
de abrir la mano y dejar caer la moneda
mientras tu preguntas y yo digo: No soy la que se cruza el chal.
No soy la que sonríe al retratista. Soy la amante del inquisidor
miento para proteger mis herejías y lloro hasta cegar mis ojos.
Tengo miedo a las murallas que nos rodean
oscura y desolada se ha vuelto mi soledad
y mi habitar estas arenas.
Y tú que debías condenarme
¿Por qué me perdonas?
Voy hacia la muerte y duelen los clavos y los días.
No fui de los elegidos.
Ante mí hay un camino apartado y sinuoso
donde la letanía del tiempo me recuerda
la vieja canción del naufrago
y ya no puedo ser la misma
pero pienso que hubiera querido ser la del chal
que sonríe al retratista
no esta sombra extraviada de silencios.
RECIO TIEMPO DE LA LUZ
Bajo la recia noche descifro los conjuros de la
soledad.
Afuera resuenan los pasos del caminante
señalado por un incierto albedrío.
En la mesa del escanciador
la noche empuña sus fatuos ropajes y
los recuerdos son náufragos a la deriva
pesadilla del tigre y la muerte.
Madre la extraño esta noche
y lloro amargo como animal que desollaran.
Soy una apariencia en la tribuna de los conjurados
una mujer sola frente a sus verdugos.
Madre pertenezco a una casta de tristes designios
y que será de mí si tengo sólo por herencia
una pobre torpeza de vasallo,
la anunciación de una infancia huidiza
entre los pinos abotagados del invierno.
Temo mirar afuera
la ciudad es sitio triste
criatura alucinante con sus sucios afeites
y rostros ombligados.
La ciudad excomulga mis verdades
y neblina mi corazón.
Madre detrás de sus murallas
el sabio Tiresias recita su sermón.
Quiero escapar de la afasia y el claustro.
Quiero entrar a mi caracol de silencios
y ver la noche bajo la luz tácita de mi lámpara.
Rondan palabras de oscura sangre
y como ríos de umbría infinita
cruzan los párpados del sueño.
¿ Podrá salvarnos el amor y la sabiduría?.
Grité y nadie respondió
supe entonces que Dios me había abandonado
y a quién hablar de mi asma
del lunes y mi esterilidad enfermiza.
Quién limpiará de odios ahora mi lengua
y remendara mis mentiras de trapecista.
Madre la ausencia me hizo triste
y es que en mí ha crecido un árbol torcido
de nívea sombra.
¿Dios, sólo tú sabes cuanto cansa el insomnio de no ser feliz?
¿Acaso es el peor pecado de los hombres?
Cruce todos los puentes
y gasté mis lágrimas junto al perseguido
de rugosas palabras y aquí estoy ya sin recuerdos
castradas fueron todas mis verdades.
Dibújame Madre un trozo de agua
donde ahogar la afasia de mis ojos.
Soy un animal común
la soledad es mi casa y destino.
Sé que cada palabra juega en mi lengua
a ser signo y polisemia del tiempo.
El recio tiempo de la luz en que las sombras espinan
la corteza de las palabras
el recuerdo de una calle sin rostro
donde alguien me grita:
Never more
Never more.
Y OTRA
VEZ EL MAR…
Afuera un mar húmedo y cotidiano
se
desnuda coloquial frente a mis ojos.
Ese
mar que soñé, ahora se entrega de soplos
como eco que de golpe entra al corazón.
Puedo entonces ser la niña de ojos saltones y largos dedos de
adivina
que
jugaba a tejer secretos con la arena,
mientras la menuda voz de mi madre llegaba de súbito:
“Cuidado hija con las olas”.
Pero la niña un día cruzó los océanos
y
le nacieron relámpagos en la mirada, las palabras naufragaron
en
la roca de la vieja garganta y otra vez el mar se hizo costumbre,
un
montón de amaneceres y albatros que pasaron veloces como estampida
de silencios.
Llegaron los viernes lacios y escarcha,
el
ademán quedó atrapado en la ceniza del intento
como gota de rocío en el ojo seco del vigía.
Encallaron los pasos en la herrumbre de las horas,
el
horizonte fue otro escollo que hubo que sortear.
Pero ella siguió con su mundo bajo el brazo,
esa
mujer que ahora me mira desde la profundidad del espejo
y
sonríe con su boca de lagarto hambriento.
La
misma que esta noche dirá: Señor aquí está lengua,
mi
lengua de blasfemar y tejer albedríos ¿Podrías decirme que hacer
con ella,
ahora que los sagrados animales del alma no están,
y
los amigos mueren de ternura y soledad en las distancia?
¿Acaso,
Señor, se extraviaron mis pasos?
¿No
fue éste él camino que elegiste para mí?
Dime señor, antes que no pueda soportar esta vastedad de nostalgias
y
naufragios en el río de la sangre, que sé avertiginan como
pesadilla.
Qué
hacer cuando no está el paso fajado del mulo para consolar,
el
tránsito del durmiente por los oscuros corredores de las sombras
donde cantan los heraldos sus himnos y la espina
atraviesa el ojo placentero de la que se mira en el vidrio
mientras el corazón es un instante confuso,
el
mar esa letanía sin fondo que no alivia el rostro que se torna
máscara de llanto.
Una
bandada de pájaros no fue suficiente para anunciar la llegada del
ángel,
las
sombras asechaban amargas desde adentro,
con
sorda y exquisita tristeza merodeaban los corredores exhaustos de
la voz.
Señor olvidados quedaron en la playa como pájaros muertos
mis
asombros de niña, mis ojos saltones y dedos de adivina.
El
mar fue ese tiempo que creció como telaraña
en
el coto ahogado de la memoria.
OJOS DE TOPO
A
Gelasio muerto de rabias
Estoy pensando tu muerte, tan ayer
resbalando por los cristales cenizos de julio
y
no hay palabras y vuelvo a ser la salamandra
contra la cara del tiempo, intentando descifrar
conjuros que nombró la memoria.
Supimos de la prisa, el desierto y el llanto
en
la noche que Vilches, Omar y Carlos
jugaban a apostar libertades,
palabras al infinito, era Octubre
y
toda expectativa no cabía en un verso.
Hoy
habito la prisa de otras calles indiferentes
a
mis rabias de mujer y el dolor en el cuello de la lengua,
tal
vez nunca hicieron falta los molinos, ni el adiós
porque estabas al voltear de mi mano,
estabas a la diestra de mi verso,
estaba ahí, en la magia de mi gesto discursivo con que suelo golpear
el
viento de la noche en una ciudad extraña
que
me ve como animal intruso,
entonces te pienso tendido en tu morena sobriedad
de
componer palabras y recuerdos.
Siempre creíste en los girasoles
y
te inventabas historias para los tristes Domingo de provincia.
Sé
que mañana faltarás al abrazo del regreso
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