Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 33/34

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

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ENTREVISTA CON EL POETA ESPAÑOL

FRANCISCO BRINES

 

(UN CREADOR DE PALABRAS EN SOMBRAS)

por

 Maricel Mayor Marsán

 

Nació en Oliva, Valencia, España (1932). Estudió Derecho en Deusto, Valencia y Salamanca y cursó estudios de Filosofía y Letras en Madrid. Es uno de los poetas actuales de más hondo acento elegíaco. Pertenece a la segunda generación de la posguerra. Junto a Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Alfonso Costafreda, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente y Claudio Rodríguez, entre otros, conformó el «Grupo de los años 50». Fue lector de Literatura Española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en la Universidad de Oxford. En el año de 2001 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, para reemplazar la silla vacante tras el fallecimiento del dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Se destacan entre sus obras: Las brasas en 1959, Palabras a la oscuridad en 1967, El otoño de las rosas en 1987, y La última costa en 1998. Entre los premios recibidos, aparecen: Adonais de poesía en 1959, Premio Nacional de la Crítica en 1967, Premio de las Letras Valencianas en 1967, Premio Nacional de Literatura en 1987, Premio Fastenrath 1998 y Premio Nacional de las Letras Españolas en 1999.


“Francisco Brines es uno de nuestros máximos poetas: un poeta que resume

en él la tradición y que la reconvierte y reactualiza en lo que la tradición siempre es: modernidad. Un poeta, reconocido y admirado por las generaciones anteriores a él, por la suya propia

 y por todas las siguientes.”

 

Jaime Siles

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte

Madrid, España

Marzo de 2002

 

“Brines se acoge solo a la vigilia de su corazón, que le advierte que no elija nada para amar o creer  más allá de lo que le ofrezca el instante, pues ello

 lo pondría en desventaja frente  a una  realidad fundamentalmente sin significado alguno. Lo único de verdad extraño en el mundo,

 concluye,  es la necesidad humana de creer en algo que lo

 rebase o sustente, que esté  más allá precisamente

 de ese mundo.”

 

Jorge Fernández Granados

Fractal / Revista Trimestral de Literatura

Número 24 / Enero-Marzo de 2002

México, D.F.

 

 “Brines se emociona con la presencia, hecho y memoria, del cuerpo del otro.

Como en Gil de Biedma, el erotismo es el fierro candente del sufrimiento

y el tema donde logrará sus mejores poemas.”

 

Harold Alvarado Tenorio

Revista Enfocarte

Número 19

Medellín, Colombia

 


Leer la poesía de Francisco Brines es comenzar a reflexionar sobre temas que en una u otra etapa de nuestras vidas nos hemos planteado, pero que por pereza, por miedo a enfrentar las respuestas que no deseamos descubrir o por un sentido de la auto protección inconsciente, los dejamos de lado por la gravedad que ellos envuelven. El poeta que habla en sus versos conoce la seriedad del asunto, pero él lo toma con calma y toda la conformidad que la vida le ha regalado. Hablar con Francisco Brines es una experiencia similar. En las varias ocasiones que he tenido la oportunidad de compartir con él, siempre denota la misma personalidad afable y sencilla, gozoso de compartir con los amigos, de establecer una buena conversación a cualquier hora del día o de la noche, de disfrutar la vida, ese regalo misterioso, como él le llama.

 

MMM ¿Cómo se origina el llamado Grupo de los años 50?

 

FB. Bueno, el grupo de los cincuenta se origina por relaciones personales de unos poetas de una misma edad y eso ocurre en lo grueso del grupo en Barcelona. Me estoy refiriendo a Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, lateralmente un poco Costafreda, también y luego hay ahí también un poeta importante catalán que se llama Gabriel Serraté, y después algunos otros poetas, que alguno murió y algún otro pues no continuó con la poesía y a este grupo inicial se fueron añadiendo por encuentros o por conocimiento personal de ellos otros poetas como Ángel González, Caballero Bonald, Valente y algún otro ha sido adscrito al grupo sin haber tenido una relación permanente con ellos como, por ejemplo, es el caso de Claudio Rodríguez o el mío.

 

Francisco Brines y Luis Antonio de Villena

 en Cosmopoética (Córdoba, España) 2004

 

MMM ¿Cuando se habla de los poetas del Grupo de los años 50, algunos críticos no dudan en definirlos como “Exiliados en casa propia”. ¿A qué atribuye Ud. esa valoración?

 

FB Bueno puedo pensar que esto obedece a que la mayoría de estos poetas, sobre todo el grupo nuclear, estaban en la oposición al régimen político español de aquel momento y en ese sentido no se sentían en el mundo cultural y en el mundo económico y laboral del momento aquel, eran disidentes y en ese sentido se puede considerar que exiliados por hablar de alguna manera, pero yo creo que en la poesía sí se ha dado siempre esa caracterización del poeta como rebelde ante la sociedad en su marcha normal. En ese sentido pienso que, además, como eran todos ellos en general pertenecientes a la clase burguesa, no comulgaban con los principios y las creencias de la burguesía y en ese sentido se marginaban de ella y eran críticos con ella. Es decir, de alguna manera el nombre de exiliados les podría corresponder si lo matizamos de esta manera.

 

MMM ¿Se puede hablar de amistad, de admiración por la poesía o de un sentimiento antifranquista común entre los miembros del Grupo?

 

FB No son incompatibles ambas cosas. Lo que los unía era la poesía y la necesidad que tenían de expresarse por mediación de ella. El conocimiento de la expresión vendría dado por la expresión poética y a su vez podían tener lazos de cercanía personal por el hecho de haber tomado una postura contraria a la del régimen oficial. 

 

MMM ¿Nos podría hablar de su relación en general con sus compañeros poetas del Grupo de los años 50 y en lo particular con Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral?

 

FB Sí, yo no pertenecí a ese grupo humanamente hablando, es decir, yo no tuve esa convivencia que tuvieron entre ellos, ni tampoco la tuvo Claudio Rodríguez. Mi grupo, por así decir, no propiamente literario, literario y humano era intergeneracional, en el estaban Vicente Aleixandre, un poeta de la Generación del 27, Carlos Bousoño y José Hierro, que eran poetas de la inmediata posguerra, anteriores al 50, y estaban también poetas de mi propia generación, entre ellos Claudio Rodríguez. Luego esa relación ha continuado, dándose en mi caso con los poetas que sucesivamente han venido después. En todas las generaciones he encontrado grandes amigos e interlocutores literarios. De entre todos ellos, a quien más traté de los nombrados es a Claudio Rodríguez, con el cual tuve una convivencia mayor por la razón que vivíamos en Madrid y que además estuvimos en Inglaterra, él como Lector en Cambridge y yo en Oxford. Iba a visitarles a su casa, le hablo en plural porque estoy también pensando en su mujer, en Clara, y pasaba allí algunos fines de semana. Y esa amistad nunca se rompió, siempre fue intensa, no tuvo altibajos, iba acompañada de una gran admiración. El trato con Gil de Biedma fue el más esporádico, pero también fue de una gran cordialidad y simpatía personal. Con el que menos tuve contacto fue con Carlos Barral y, además, tardíamente. Con José Ángel Valente tuve mi primera relación en Oxford donde él había acudido para trabajar en la Biblioteca Bodleyana, sobre un embajador de Felipe II en la Corte inglesa, el Conde de Gondoman, que luego no creo que haya publicado nada sobre ello, y a partir de ahí, también establecí una amistad cordial con Pepe Valente, estuve en su casa en Ginebra, él estuvo en la mía en Madrid y, siempre, aunque él se fue de España, siempre que tuvimos oportunidad de vernos cuando él volvió, fue un encuentro muy gozoso, porque todos estos poetas además por mi eran muy admirados.

 

MMM  En la vida de un poeta hay etapas que dejan un rastro indeleble en los libros que va publicando. ¿Podría ser ese el caso de sus libros: Las brasas, Palabras a la oscuridad, El otoño de las rosas y La última costa?

 

 

 

FB Pues sí, yo me he encontrado con sorpresas en este sentido, en cuanto que unos me hablaban de Las brasas, otros de Palabras a la oscuridad, otros de Aún no, otros de Insistencia en Luzbel y El otoño de la rosas. En esto percibí que obedecía muchas veces a que el encuentro con mi poesía por la edad de los lectores principalmente se había dado con un determinado libro, entonces me citaban donde habían conocido mi poesía por vez primera y claro, que era la sorpresa de encontrar el mundo expresivo de un poeta. Yo recuerdo que esto mismo me ocurrió con Vicente Aleixandre que ya por una amistad anudada me preguntó que libro suyo prefería, y yo le dije que Sombra en el paraíso, entonces él se quedó un poco extrañado, y dice “hombre, hubiera preferido que me hubieras dicho tal libro”, y era el último que había publicado y yo le dije bueno es que yo creo que el lector cuando llega como en el caso de él y, en el caso de Vicente, un gran poeta lo descubre con un libro determinado y ese libro ya se identifica con la voz del poeta y entonces ese es el libro que prefiere, no es que prefiera porque a lo mejor incluso puede pensar que hay otros libros que son más plenos, pero si el que tiene más cerca de sí mismo. Bueno, pero yo creo que en mi caso a partir de la escritura de El otoño de las rosas, de la publicación de El otoño de las rosas, si yo tuviera que regalar a alguien un libro mío que no fuera la obra completa, yo preferiría que fuera El otoño de las rosas. Yo creo que en mi obra hay dos momentos, en la juventud un libro Palabras a la oscuridad y en la madurez El otoño de las rosas, que son además los más amplios que he escrito y que centra un poco la visión  del poeta que soy yo desde una edad determinada y el poeta que soy yo también desde otra, la que está más cercana a mi etapa actual que es El otoño de las rosas.

 

MMM Hace treinta años, en el 1974, Ud. publicó su libro Ensayos de una despedida. ¿Podría explicarme sus motivaciones y vigencia del mismo en sus planes de vida?

 

FB Bueno, Ensayo de una despedida no es un libro nuevo, es una recopilación que yo hice por vez primera de toda mi obra. Es decir, el poeta escribe primeras ediciones normalmente, no tiene inmediata la publicación de una segunda edición aunque tenga éxito el libro. Ahora ya ocurre más, pero antes ocurría escasamente o muy poco y no ocurría como con la novela que un gran éxito hace que se reedite el libro sucesivamente. Entonces, cuando ya el poeta tiene un cierto nombre y los libros de poesía se han agotado porque las tiradas son cortas, entonces se hace una segunda edición recopiladora de todos esos libros y se produce la obra completa. Entonces yo pensé que había que darle un título, un título si yo le encontraba a mi poesía una visión del mundo unificadora, en todos los libros, esto es una enseñanza que a los poetas que han venido después de él les dio Cernuda.

Cernuda tuvo el genial hallazgo de encontrar un titulo para su primera recopilación de libros que tuvo lugar en el año 1936, dándole el nombre de La Realidad y el deseo y siendo libros muy diferentes porque hay allí libros de poesía pura, clasicistas, surrealistas, etc. La unificación de todos estos libros es el título que muestra la visión del mundo que tenía Cernuda en todos sus libros. Pues lo mismo me ocurrió a mi entonces, busqué un título que centrara la visión unitaria que había en mi obra, y encontré Ensayo de una despedida. Y esa

es la razón por la que el título ha continuado siendo el que preside toda mi obra que ha sido sucesivamente agrandada en el sentido de que ha ido incorporando los libros siguientes que he escrito, siempre aislados, pero que se recogen en una poesía completa con ese titulo Ensayo de una despedida.