Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº  33/34

Escríbanos   

 

Publicada por Ediciones Baquiana

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Directora de Redacción

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Boletín Informativo

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JAVIER ALVARADO, ERROL CABALLERO

 Y ELOY FISHER:

UNA POESÍA JOVEN Y SIN CIRCUNLOQUIOS

 por

Humberto López Cruz


     La poesía es un género literario donde mejor se exponen los sentimientos del poeta.  A través de la composición escrita quedan reflejados fragmentos de un yo al que a veces es difícil acceder durante la conversación cotidiana.  El individuo se torna inaccesible y tan sólo mediante el despliegue de unos versos bien intencionados es que logra que aflore una dimensión creativa que pone de manifiesto el sentir de sus respectivos autores.  Aquí vemos el caso de tres jóvenes escritores panameños que han encontrado en la poesía el vehículo más adecuado para una expresión espontánea de sus inquietudes más internas.

   

     Javier Alvarado (1982- ), Errol Caballero (1975- ) y Eloy Fisher (1981- ), los cito por orden alfabético de apellido, parten de una base significativa para estructurar su poesía.  Me refiero a la carencia de miedo al hablar.  En sendos poemarios, Poemas para caminar bajo un paraguas, Las ínsulas del odio y Diario en verso, respectivamente, se percibe un encuentro con el individuo que intenta plasmar en una hoja de papel el verdadero significado de sus sentimientos.  Las ansias, que pudieran calificarse de reprimidas en otros, aparecen tal y como son en un reto que se imponen ellos mismos; el resultado: la lectura que de cada uno de sus poemas lleve a cabo el lector de turno.

Este ha sido el factor determinante para que decidiera aunar estas publicaciones en un escrito.  No sugiero que los poetas tengan rasgos comunes al escribir; sin embargo, la espontaneidad de su verso es la que unifica su creatividad poética.  Dulce María Loynaz expresó que era libre en su verso y estos tres escritores definen la libertad de expresión a través de sus palabras.  Su poesía demuestra que no temen la crítica que pudieran encontrar; ésta es la fuerza de quien habla claro y sin circunloquios.  Los versos son libres en todas la acepciones de la palabra:  de la métrica al sentimiento corroboran su libertad de expresión.

 

     La poesía es el género más difícil de proponer al lector.  También es quizás el género más desarrollado.  Como consecuencia, lo que para algunos tal vez resulte fabuloso para otros sea insoportable; no obstante, me arriesgo a comentar el trabajo de estos jóvenes poetas.  No voy a exponer ningún poema en particular ya que me parece que es el lector quien debe irlos descubriendo en el encuentro con la poesía.  Lo que ofrezco son rasgos generales que pueden ayudar, y esta aseveración es muy subjetiva, a (des)hilvanar la madeja que encierran estas publicaciones.

 

     Alvarado, caminando bajo su metáforico paraguas, advierte el entorno que le rodea y que le invita a una continua meditación.  Es como si emprendiera una viaje imaginario y que en el preciso instante de concluir la lectura de uno de sus poemas fuera el lector el que regresara de tal inusual recorrido: “Sueño con todas las rutas posibles,/ sueño con todas las noches/ y sin embargo, no vivo, dejo de existir/ y sonrío a los arcángeles que nunca tuve,/ al silencio renaciendo a la tensión del humo” (40).  Poemas para caminar bajo un paraguas, (Panamá: Imprenta Alvarado, 2003. ISBN: 9962-02-413-7, 79 pp.), como texto y como poemario, garantiza una experiencia positiva para aquél que enfrente su lectura.

 

 

     Caballero, en Las ínsulas del odio, (Panamá: Círculo de Lectura de la USMA, 2002. ISBN: 9962-812-08-9, 52 pp.), proyecta un pesimismo errante que no encuentra sosiego en su deambular.  El poeta necesita buscar su verdad aunque difiera de la realidad ajena.  El mundo se le torna una estrecha avenida por la que le es difícil transitar; de ahí que el caminante parezca que por instantes de desorienta de su imaginario camino: “La mañana impune se derrama,/ avanza disecando arbustos, / desollando callejones enteros,/ dejando tan sólo una fúnebre/ costra de negro resentimiento,/ por la cual bajan hasta los basureros/ las escaleras de azufre” (11).  Sin embargo, se percibe que el destino ya está descifrado y que el poeta anda seguro tras el ideal que persigue.

 

 

     Fisher, por su parte, nos proporciona en Diario en verso, (Panamá: Círculo de Lectura de la USMA, 2003. ISBN: 9962-812-15-1, 42 pp.), una sucesión de experiencias de un individuo que, a pesar de perseguir interrogantes implícitos, posee una armazón de respuestas que parece no abandonarle.  Es un individuo que ve e intenta plasmar su visión asumiendo la responsabilidad de sus palabras; es un innato observador social:  “Tampoco se quejaron quienes critican/ El letargo de la espada, que a merced del dedo ajeno,/ Nos ha hecho dependientes a guerras instantáneas./ Se nos olvidó voltear los vinos y regar las flores/ Porque además de crimen, fue vorágine de héroes y rumores” (29).  Es una lectura que reta, pero que justifica su postura.

 

 

     Presiento que el lector tiene ante sí una obra joven, pero que puede trasmutarse en un legado imperecedero al continuar sus autores el difícil, y poco remunerado, oficio de poeta.  La literatura es una aventura dolorosa que, paradójicamente, satisface a todo el que intenta recorrer sus tortuosas veredas; inclusive, hay lectores que pueden incorporarse y experimentar esta sensación al transitarlas junto a sus autores.  Los tres poemarios aquí presentados no constituyen una excepción.

Estos jóvenes escritores deben continuar hurgando en su devenir creativo ya que el talento que demostraron en estas entregas no debe anquilosarse con el paso del tiempo.  Panamá continúa ofreciendo al mundo literario ejemplos de su creatividad poética.  Javier Alvarado, Errol Caballero y Eloy Fisher pueden situarse en compañía muy selecta dentro del complejo mundo de las letras; el tiempo se encargará de corroborar mis palabras.

                   


Humberto López Cruz nació en La Habana, Cuba (1959). Profesor, investigador y crítico literario.  Obtuvo su doctorado en la Universidad de Florida State, en Tallahassee.  En estos momentos imparte clases de literatura y civilización latinoamericanas en la Universidad de la Florida Central, en Orlando, ciudad donde vive.  Es coeditor de un libro de crítica sobre la narrativa de Reinaldo Arenas publicado en 1999 por la Universidad de Salamanca.  También es el editor de la segunda edición de El garrote en Cuba (2000), y de Encuentro con la literatura panameña (2003), conteniendo esta última una serie de artículos críticos sobre la literatura de Panamá.  Además es autor de Asedio a Panamá: su literatura (2002, crítica literaria) y del poemario Escorzo de un instante, presentado en Cádiz en 2001. Su último libro versa sobre la poeta Dulce María Loynaz, ganadora del premio Cervantes en 1992; Dulce María Loynaz: cien años después (Madrid, 2004). Ha publicado artículos en diversas revistas nacionales e internacionales sobre aspectos de la literatura del Caribe, Centroamérica y la producida por hispanos en los Estados Unidos.