La poesía es un género literario donde mejor se
exponen los sentimientos del poeta. A través de la composición escrita
quedan reflejados fragmentos de un yo al que a veces es difícil
acceder durante la conversación cotidiana. El individuo se torna
inaccesible y tan sólo mediante el despliegue de unos versos bien
intencionados es que logra que aflore una dimensión creativa que pone de
manifiesto el sentir de sus respectivos autores. Aquí vemos el caso de
tres jóvenes escritores panameños que han encontrado en la poesía el
vehículo más adecuado para una expresión espontánea de sus inquietudes más
internas.
Javier Alvarado (1982- ),
Errol Caballero (1975- ) y Eloy Fisher (1981- ), los cito por orden
alfabético de apellido, parten de una base significativa para estructurar
su poesía. Me refiero a la carencia de miedo al hablar. En sendos
poemarios, Poemas para caminar bajo un paraguas, Las ínsulas del
odio y Diario en verso, respectivamente, se percibe un
encuentro con el individuo que intenta plasmar en una hoja de papel el
verdadero significado de sus sentimientos. Las ansias, que pudieran
calificarse de reprimidas en otros, aparecen tal y como son en un reto que
se imponen ellos mismos; el resultado: la lectura que de cada uno de sus
poemas lleve a cabo el lector de turno.
Este ha sido el factor
determinante para que decidiera aunar estas publicaciones en un escrito.
No sugiero que los poetas tengan rasgos comunes al escribir; sin embargo,
la espontaneidad de su verso es la que unifica su creatividad poética.
Dulce María Loynaz expresó que era libre en su verso y estos tres
escritores definen la libertad de expresión a través de sus palabras. Su
poesía demuestra que no temen la crítica que pudieran encontrar; ésta es
la fuerza de quien habla claro y sin circunloquios. Los versos son libres
en todas la acepciones de la palabra: de la métrica al sentimiento
corroboran su libertad de expresión.
La poesía es el género
más difícil de proponer al lector. También es quizás el género más
desarrollado. Como consecuencia, lo que para algunos tal vez resulte
fabuloso para otros sea insoportable; no obstante, me arriesgo a comentar
el trabajo de estos jóvenes poetas. No voy a exponer ningún poema en
particular ya que me parece que es el lector quien debe irlos descubriendo
en el encuentro con la poesía. Lo que ofrezco son rasgos generales que
pueden ayudar, y esta aseveración es muy subjetiva, a (des)hilvanar la
madeja que encierran estas publicaciones.
Alvarado, caminando bajo su metáforico paraguas, advierte el entorno que le rodea y
que le invita a una continua meditación. Es como si emprendiera una viaje
imaginario y que en el preciso instante de concluir la lectura de uno de
sus poemas fuera el lector el que regresara de tal inusual recorrido:
“Sueño con todas las rutas posibles,/ sueño con todas las noches/ y sin
embargo, no vivo, dejo de existir/ y sonrío a los arcángeles que nunca
tuve,/ al silencio renaciendo a la tensión del humo” (40). Poemas para
caminar bajo un paraguas, (Panamá: Imprenta Alvarado, 2003. ISBN:
9962-02-413-7, 79 pp.), como texto y como poemario, garantiza una
experiencia positiva para aquél que enfrente su lectura.
|
 |
| |
Caballero, en Las ínsulas del odio, (Panamá: Círculo de Lectura de la USMA,
2002. ISBN: 9962-812-08-9, 52 pp.), proyecta un pesimismo errante que no
encuentra sosiego en su deambular. El poeta necesita buscar su
verdad aunque difiera de la realidad ajena. El mundo se le torna una
estrecha avenida por la que le es difícil transitar; de ahí que el
caminante parezca que por instantes de desorienta de su imaginario camino:
“La mañana impune se derrama,/ avanza disecando arbustos, / desollando
callejones enteros,/ dejando tan sólo una fúnebre/ costra de negro
resentimiento,/ por la cual bajan hasta los basureros/ las escaleras de
azufre” (11). Sin embargo, se percibe que el destino ya está
descifrado y que el poeta anda seguro tras el ideal que persigue.
|
 |
| |
Fisher, por su parte, nos
proporciona en Diario en verso, (Panamá: Círculo de Lectura de la
USMA, 2003. ISBN: 9962-812-15-1, 42 pp.), una sucesión de experiencias de
un individuo que, a pesar de perseguir interrogantes implícitos, posee una
armazón de respuestas que parece no abandonarle. Es un individuo que
ve e intenta plasmar su visión asumiendo la responsabilidad de sus
palabras; es un innato observador social: “Tampoco se quejaron
quienes critican/ El letargo de la espada, que a merced del dedo ajeno,/
Nos ha hecho dependientes a guerras instantáneas./ Se nos olvidó voltear
los vinos y regar las flores/ Porque además de crimen, fue vorágine de
héroes y rumores” (29). Es una lectura que reta, pero que justifica
su postura.
|
 |
| |
Presiento que el lector
tiene ante sí una obra joven, pero que puede trasmutarse en un legado
imperecedero al continuar sus autores el difícil, y poco remunerado,
oficio de poeta. La literatura es una aventura dolorosa que,
paradójicamente, satisface a todo el que intenta recorrer sus tortuosas
veredas; inclusive, hay lectores que pueden incorporarse y experimentar
esta sensación al transitarlas junto a sus autores. Los tres
poemarios aquí presentados no constituyen una excepción.
Estos jóvenes escritores
deben continuar hurgando en su devenir creativo ya que el talento que
demostraron en estas entregas no debe anquilosarse con el paso del tiempo.
Panamá continúa ofreciendo al mundo literario ejemplos de su creatividad
poética. Javier Alvarado, Errol Caballero y Eloy Fisher pueden
situarse en compañía muy selecta dentro del complejo mundo de las letras;
el tiempo se encargará de corroborar mis palabras.