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ENRIQUE AGRAMONTE ROBLES
Nació en Camagüey, Cuba (1948). Poeta,
pintor y humorista. Reside en Puerto Rico desde 1983. Fue
miembro de la UNEAC en la Habana. Ha trabajado en diversos
medios de comunicaciones. Publicó en 1992 el libro sobre teoría
de la caricatura llamado Solución y Caricaturas de Agramonte
y en 1999 el libro de cuento La Ciudad Sorpresa y la
Antología de la revista The Big Times en 2003. Sus poemas,
cuentos, pinturas y caricaturas han aparecido publicados de los
Estados Unidos, Europa y América Latina.
BOSTON Y LAS MIL REINAS
Un coche con
ocho caballos de fuego
debió
llevarme a Boston
y no este
avión enorme
que marca el
infinito
como
cualquier transeúnte estelar.
Será
necesario
traer los
recuerdos,
mil reinas
sin que haya
entre ellas
una estéril,
el tiempo
como surtidor de adivinanzas,
la sabia
animada de todos los sentidos,
un campo
con robles,
el tren
a Lawrence,
regocijos,
palabras,
así como un
despertar alrededor de mí
en otro
idioma.
Porque es
aquí donde abro mi mano
me sirvo la
risa
y como
hospedado en
la alegría familiar.
ERES ÁNIMO
No tienes el corazón inmóvil
tu alma es un arpa
para perderse en la sombras
Te encuentras en ese pan
que da a los amores la vida
Cuando navegas
enamorado en tus melodías
el océano gira
se hacen ecuánimes olas
amanecen muy azules
como una voz
que transita
hacia el infinito
Eso que nace
del árbol
y es incorporal
se llama ánimo
como tú.
LADY GODIVA
Abandonas el
castillo
para quedarte
sola
en la noche
cuando la
brisa
es levemente
azul
Cabalgas
desnuda
antes de que
salga el sol
por el campo
libre
distinto
Ante ti
todo brilla
la obscuridad
desminuye a
tus pies
Afortunado
tu corcel
cuando se ve
sobre
la montaña de
flores
como cambia
el paisaje
El riachuelo
corre limpio
al verte
pasar
Nadie te toca
eres la mujer
que trae el
Sol
y eso es lo
único
que los
hombres
respetan.
VOLÁTIL
A la mujer
desnuda
de una foto
antigua
le puse alas
de mariposa
la monté en
una bicicleta
y comenzó a
volar.
Vuela en mí
aparece y
desaparece
se siente su
polen
que pasa
entre
una rueda
grande
y otra
diminuta.
Pedalea
mueve las
alas
me mira
saca la
lengua
sonríe
sube
baja
y se esfuma
de mi mente.
COSAS SOBRE UN
TREN
Mi tren
corre sobre
el eco.
Es dorado.
Le gusta
el arco
iris...
Y se mueve
por dentro
al verte
pasar.
POEMA A
ESCONDIDAS
Esconde este
poema
es de amor
y palpita.
Se discreta,
pero deja
que te robe
el alma.
Sentirás
por ese cauce
la ternura
de ser amada.
DAMARIS CALDERÓN CAMPOS
Nació en La Habana, Cuba (1967). Es
Poeta, narradora y filóloga, licenciada por
la Universidad de La Habana. Egresada de magíster en lenguas y
Culturas clásicas por la Universidad Metropolitana de Ciencias
de la Educación, (UMCE), Santiago de Chile, Chile. Ha publicado
los poemarios: Con el terror del equilibrista, (Cuba,
1987); Duras aguas del trópico,( Cuba, 1992),
Guijarros (1ra. Edición: La Habana, 1994, 2d. Edición:
Santiago de Chile, 1997); Babosas: dejando mi propio rastro,
ediciones Las Dos Fridas, Santiago de Chile, 1998,Duro de
roer, (Santiago de Chile, 1999 2da edición, Ediciones Unión,
La Habana, Cuba, 2005); Se adivina un país, (La Habana,
Cuba, 1999); Sílabas. Ecce Homo,
(Santiago de Chile, 2000, 2da. Edición,
Letras Cubanas, Cuba, 2001) y Parloteo de Sombra,
Ediciones Vigía, Matanzas, Cuba, 2004). Autora de la antología
de poesía cubana, “Cercados por las aguas”, Aérea, Santiago de
Chile. Aparece incluida en antologías de poesía cubana
contemporánea publicadas en países como Cuba, Puerto Rico,
España, Chile, Santo Domingo, Colombia, México, Venezuela,
Argentina y Estados Unidos, entre otros. Ha obtenido, entre
otros, los premios: “El Joven Poeta”, Cuba, 1987 (compartido),
UNEAC (de escritores y artistas de Cuba) (1998), Revolución y
Cultura, (Cuba, 1994); en Chile obtiene con su libro Sílabas.
Ecce Homo el premio de la Revista de Libros de El Mercurio,
en 1999. Obtuvo en el 2000 en Chile una beca del Fondo del Libro
y la Lectura por su proyecto: “El mito clásico: la fuente viva:
su presencia en poetas chilenos contemporáneos”. En 2003,
participa en la Bienal Internacional
de poesía de Mal de Varne, París, Francia.
Lee en Centro Internacional del Libro, Montpellier,
en Marsella y en la Casa de América Latina en París. En 2005
obtiene una beca de creación del fondo y la lectura en Santiago
de Chile. Ejerce como profesora en la Universidad Finis Terrae
y realiza talleres de creación literaria. Es miembro de la
Sociedad de Escritores de Chile y de la Sociedad de Estudios
Clásicos de Chile. Poemas suyos aparecen traducidos al inglés,
al portugués, al holandés, al francés y al servo-croata. Reside
desde 1995 en Chile.
JOSÉ
¿Entonces se
creyeron que estoy muerto?
¿Gordo
tonel orejas gordas gordas
adiposas
palabras?
Donde puse
espíritu
llénense de
“conceptos”,
hínchense de
literatura.
Hagan correr
por el poema
aplanadoras,
vacas, puercos
a ver si
comen sílabas.
Yo perpetré
una cosmogonía :
Animales
fabulosos
empezaron a
poblar la tierra.
Mulo, tigre,
pelícano,
halcón,
sostengo
El Árbol
(Boj de los
olivos la palma
sola).
Yo, José
Lezama Lima,
el gran
embaucador,
el
provinciano,
hice nevar en
el país sin estaciones,
alcancé el
tokonoma
sin otro
ácido que la poesía.
LA MÁSCARA
JAPONESA
Yo, Ito
Toshitsugo
saqué mi
cabeza de un agujero durante la noche
para comerme
el cristal de un establecimiento comercial
en la Venecia
japonesa.
Atraído por
los cebos lumínicos
y los tubos
de plástico.
Dos meses
como una
anguila
ante el
pabellón dorado del bazar
permanecí
extático.
Largo y delgado
estilizado
por el hambre
una anguila
de agua dulce
en el gran
puerto marítimo.
Sesenta
millones de personas
pasaron por
mi lado
no me vieron.
Sesenta millones
ocupadas en
las compras navideñas
cegadas por
la luz artificial
por las ramas
(falsas)
del árbol
donde recosté mi cuerpo.
Yo, Ito
Toshitsugo
me convertí
en el cadáver de un hombre de sesenta años
sin domicilio
conocido
en uno de los
barrios más populosos de Osaka.
Que alguien
toque para mí la flauta de hierro.
GERARD GERICAULT
La balsa de la Medusa
He apostado a
caballos
como he
apostado a mi genealogía
jinetes que
compiten
corren
hacia una
línea que no se discierne
el Derby de
Epson
la Capilla
Sixtina
la cabeza
loca de esa mujer
Caravaggio
Un monstruo
que será una balsa
que será un
manojo de larvas de hombres
Multiplico el
horror en un autorretrato
-soy ese
cuerpo que nunca acaba de caer-
La bestia
eterna frente a la bestia efímera.
SANTIAGO HUMBERSTONE
Yo,
Humberstone,
hijo de un
modesto empleado de correos
y nieto del
Director de la Banda de Guardias Escoceses,
llegué a aquí
a hacer la América.
Yo, un oscuro
químico
lustrado
ahora por la sal,
inventé esa
ficción: el pampino:
cruce de
animal soñador necesitado con nativas de la zona.
Inventé el
futuro, el futurismo, Marinetti.
Me cagué en le
Corbusier,
la
Torre Eiffel,
esa ciudad
amanerada:
París.
Aprendí
palabras ásperas:
caliche,
charqui, camanchaca
(yo que
jugaba delicadamente al tenis,
yo, cuya vida
era un campo de golf),
copié y
apliqué el sistema Shanks
(que nadie
conocía por aquí).
Tuve mano férrea,
tuve mano de
obra
(barata).
Comencé por
conquistar Agua Santa
y ahora me
pudro en las Aguas del Tiempo.
Yo, que me
horroricé
cuando
escuché que estos indios llamaban chanchos
a las
relucientes máquinas metálicas, trituradoras,
porque les
recordaban el ruido de los puercos al comer.
Establecí un
Orden,
una jerarquía
en el Caos:
de un lado
los ingleses y administradores,
del otro, los
hombres y las bestias.
Yo, que puse
un toque de delicadeza,
de
civilización en estos páramos:
Al espejismo
de los oasis de Pica y Matilla
opuse una
piscina (metálica),
construí una
plaza (pública),
una iglesia,
el tendido
eléctrico,
un orfeón
para que estos bárbaros
escucharan
música
–ópera-
no el rumor
sempiterno, monótono
de las
arenas.
Yo, me la
creí completa
y se la hice
creer a medio mundo:
“El salitre
chileno el mejor del orbe”:
nitrato de
sodio: la pólvora más eficaz
para las
guerras intestinas y extranjeras.
(Así de
cosmopolita):
“El salitre
chileno entra a Francia,
a Suecia,
llega a la
antigua Hélade”
(hasta que
los alemanes inventen el sintético
en la Segunda
Guerra Mundial).
Yo, que me
convertí en Santiago,
Santiago
Humberstone,
tuve en mis
manos el Oro,
el Oro
Blanco,
el Monopolio.
Que me hice
viejo, me hice venerable,
Padre
-del
salitre-.
(La Compañía
me obsequió una medalla de oro,
el Rey de
Inglaterra me confirió
la Orden
Oficial del Imperio Británico).
Yo, James T.,
cuyo nombre
desaparece
bajo la
formidable leyenda y las casas huachas,
extiendo mis
raíces dieciséis metros bajo tierra
y no
encuentro agua.
El desierto y
la muerte recobran su señorío.
VENDRÁN DÍAS PEORES
para
Sigfredo Ariel
El camino de
subida
y el de
bajada
no es el
mismo.
No es el
mismo
el hombre que
sube
baja el
camino
se dispara
un tiro
hipotético
habla
de una tierra
perdida.
El mar arroja
sus presas muertas
como si
hubieran sido fáciles
estos días.
Como si hubiesen
quedado
intactos
abrazo o
rama.
No han sido
fáciles
estos días.
Vendrán
otros peores.
(La mano que
se aleja no va a volver).
Cómo volver allí, cómo volver.
Ánimas
Trocadero
Zanja
Amargura
entran
como plomo en
la sangre.
La ciudad es
un gran pústula
-hilachas-.
El lenguaje
que se vocea
de una
esquina a otra esquina
una gran
pústula
-hilachas-.
Un caballo
entra
pisotea el
estiércol.
Pero
¿nos vemos en
el Two Brothers?
Puerto de las
alucinaciones,
barrio chino
de utilería,
falso dragón.
Ánimas
Trocadero
Zanja
Amargura.
El sol rompe
en migajas el país natal.
DOS GIRASOLES SOBRE EL ASFALTO
En el
terminal de ferrocarriles
sentada con
mi madre
dos girasoles
sobre el asfalto.
Su mano borra
todo sucio paisaje.
Nunca he comido sino de esa mano
nunca
sino de ese
fruto macerado.
Me enseñabas
un sendero
para que no
me extraviara.
Y siempre
regreso, pequeño afluente,
buscando un
poco de sosiego
como se le da
al enfermo
una cucharada
de sopa.
Y la cuchara
hace frías,
metálicas
promesas
hasta que la
cabeza se queda
recostada
contra el velador.
Una oruga
cantándole a un gusano
-la canción
de la morfina-
la cabeza
roída por dentro
el tallo
esplendente conectado al tubo de oxígeno.
El mar, como un patrullero,
pisándome los
talones.
Thalassa
thalassa
he intentado vivir siete veces
JOSÉ PÉREZ
OLIVARES
Nació en Santiago de Cuba (1949). Poeta y pintor.
Profesor de artes plásticas. Graduado de Pintura en la Escuela
Nacional de Artes Plásticas de Cubanacán (ENA) en 1972, y
licenciado en Artes Plásticas por el Instituto Superior de Arte
(ISA), en 1987. Su obra literaria comprende una docena de
títulos, entre ellos tres premios nacionales de poesía:
Papeles personales (Premio “David” para escritores noveles,
UNEAC, 1982)), A imagen y semejanza (Premio “13 de
Marzo”, Universidad de La Habana, 1985), y El rostro y la
máscara (Premio de la Crítica, La Habana, 2001). Y tres
premios internacionales de poesía: Exámen del guerrero
(Premio de Poesía “Jaime Gil de Biedma”, Segovia, España, 1991,
Editorial Visor, 1992); Cristo entrando en Bruselas
(Premio “Rafael Alberti”, El Puerto de Santa María, España,
1993, Editorial renacimiento 1994); y Háblame de las ciudades
perdidas (Premio “Renacimiento”, Sevilla, 1998, Editorial
Renacimiento, 1999). Como pintor, Pérez Olivares ha realizado
más de una docena de exposiciones personales de dibujo y pintura
en Colombia, Cuba y España.
UN PEZ EN LAS
AGUAS DEL MUNDO
Dicen que La Habana no está en las
Antillas.
Que tampoco la baña, como de
costumbre,
la dura espuma del Caribe.
Dicen que salió, con rumbo norte,
hacia el Atlántico,
y una parte de ella
se
fue al África,
la otra, en pos de Europa.
De ahora en adelante
no será necesario buscarla en los
mapas,
bastará con cerrar los ojos
y señalar hacia cualquiera de los
puntos cardinales.
La Habana estará aleteando, como
un pez
en las aguas del mundo.
Hablaremos de Londres o París,
soñaremos con Ámsterdam o Bruselas
y nuestros pasos
tendrán el reflejo de otras
calles,
aquellas que mueren al contacto
con la brisa.
No tendremos que recordar a Lezama
para que el viento nos traiga la
noche.
Ni habrá que vociferar frente a la
bahía
para que irrumpa sediento
el fantasma de Casal.
Dicen que los cadáveres de mi
ciudad
andan revueltos,
que es imposible encontrarlos
entre piedras invisibles.
Pero dígase La Habana
y un relámpago iluminará el perfil
de una diosa.
Háblese de ella con un venablo en
la mano.
¿Es que La Habana no es La Habana?
¿Será que sólo existe una ciudad
codiciada por todos los ejércitos?
Si preguntan por ella, responde:
“no sé,
creo que anda de viaje”.
Y deja que se devanen los sesos
tratando de imaginar ese aire
entre bárbaro y gentil,
esa melodía ciega, ese gesto
como de paso de liebre
que salta en la sonrisa de todos
los habaneros.
CÁNTICO
para Elsa
1
Señora mía,
lejos están
los años
en que
aprendimos a nombrar las cosas,
distante el
ruido de la lluvia,
la oscura
osamenta del rencor
y la
armoniosa fragancia del verano.
2
Hemos
fatigado todos los rincones de la luz
en busca
de respuestas,
aquellas que
el viento dibujaba en los rostros.
Y así, como
inocentes viajeros,
arribamos a
la edad
en que la
piel despliega su velamen
recorrida por
un dulce
y estremecido misterio.
Mire usted
cuánta
nobleza necesitábamos,
cuántas
mañanas
para poder entrar al reino.
3
Ahora, los
frutos comienzan a despedir
su vasto y
delicado aroma.
Y la hierba
es más frágil y húmeda
entre
los dedos.
4
Señora mía,
no es la duda
lo que importa.
Tampoco la
verdad,
sino el gesto más simple.
Aquí en mi
mano está la llave
con la que
abro y cierro el arca mortal.
Para sentirme
seguro
necesito su sonrisa
con la que a
veces dibujo
las gráciles figuras
de un
remoto poder.
Hay días en
que quisiera borrar lo vivido,
retornar al
último esplendor
que nos
brinda la noche.
Pero es mejor
que todo resulte fugaz,
que todo se
aleje, rodando,
hacia alguna
parte.
5
Sálveme usted
de lejanas orillas
y juntos
recorramos los tranquilos jardines
y las ciegas
tardes
que nos esperan.
JESÚS CON LA CRUZ
A CUESTAS
Hieronymus Bosch
Camino del Gólgota va el Hijo del
Hombre.
avanza rodeado por la plebe
que no hace otra cosa que
blasfemar,
que no puede hacer algo mejor que
gritar anatemas.
Bosch ha pintado a Cristo
cabizbajo,
los ojos cerrados en medio del
sufrimiento.
Su cara está en el mismo centro
del cuadro
rodeada de otras más hostiles,
expresiones desmesuradas por el
odio
y el goce de ver el sufrimiento
ajeno.
Bocas abiertas y desdentadas,
gestos llenos de crueldad
donde arde, implacable, la llama
del horror.
Dónde estará el rostro serenísimo
de María.
En qué lugar el de Verónica y
Simón.
En alguna parte
debe vagar la mirada febril de
Barrabás
y la desconsolada de José de
Arimatea.
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