Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 39/40

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

   

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


POETAS CUBANOS

 

ENRIQUE AGRAMONTE ROBLES


Nació en Camagüey, Cuba (1948). Poeta, pintor y humorista. Reside en Puerto Rico desde 1983. Fue miembro de la UNEAC en la Habana. Ha trabajado en diversos medios de comunicaciones. Publicó en 1992 el libro sobre teoría de la caricatura llamado Solución y Caricaturas de Agramonte y en 1999 el libro de cuento La Ciudad Sorpresa y la Antología de la revista The Big Times en 2003. Sus poemas, cuentos, pinturas y caricaturas han aparecido publicados de los Estados Unidos, Europa y América Latina.


 

 

BOSTON Y LAS MIL REINAS

 

Un coche con ocho caballos de fuego

debió llevarme a Boston

y no este avión enorme

que marca el infinito

como cualquier transeúnte estelar.

 

Será necesario

traer los recuerdos,

mil reinas

sin que haya entre ellas

una estéril,

el tiempo como surtidor de adivinanzas,

la sabia animada de todos los sentidos,

un campo con robles,

el tren a Lawrence,

regocijos,

palabras,

así como un despertar alrededor de mí

en otro idioma.

 

Porque es aquí donde abro mi mano

me sirvo la risa

y como

hospedado en la alegría familiar.

 

 

ERES ÁNIMO

 

No tienes el corazón inmóvil

tu alma es un arpa

para perderse en la sombras

 

Te encuentras en ese pan

que da a los amores la vida

 

Cuando navegas

enamorado en tus melodías

el océano gira

se hacen ecuánimes olas

amanecen muy azules

como una voz

que transita

hacia el infinito

 

Eso que nace

del árbol

y es incorporal

se llama ánimo

como tú.

 

 

LADY GODIVA

 

Abandonas el castillo

para quedarte sola

en la noche

cuando la brisa

es levemente azul

 

Cabalgas desnuda

antes de que salga el sol

por el campo libre

distinto

 

Ante ti

todo brilla

la obscuridad

desminuye a tus pies

 

Afortunado

tu corcel

cuando se ve sobre

la montaña de flores

como cambia el paisaje

 

El riachuelo

corre limpio

al verte pasar

 

Nadie te toca

eres la mujer

que trae el Sol

y eso es lo único

que los hombres

respetan.

 

 

VOLÁTIL

 

A la mujer desnuda

de una foto antigua

le puse alas de mariposa

la monté en una bicicleta

y comenzó a volar.

 

Vuela en mí

aparece y desaparece

se siente su polen

que pasa entre

una rueda grande

y otra diminuta.

 

Pedalea

mueve las alas

me mira

saca la lengua

sonríe

sube

baja

y se esfuma de mi mente.

 

 

COSAS SOBRE UN TREN

 

Mi tren

corre sobre

el eco.

Es dorado.

Le gusta

el arco iris...

Y se mueve

por dentro

al verte

pasar.

 

 

POEMA A ESCONDIDAS

 

Esconde este poema

es de amor

y palpita.

 

Se discreta,

pero deja

que te robe

el alma.

 

Sentirás

por ese cauce

la ternura

de ser amada.

 

 

 

DAMARIS CALDERÓN CAMPOS


Nació en La Habana, Cuba (1967). Es Poeta, narradora y filóloga, licenciada por la Universidad de La Habana. Egresada de magíster en lenguas y Culturas clásicas por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, (UMCE), Santiago de Chile, Chile. Ha publicado los poemarios: Con el terror del equilibrista, (Cuba, 1987); Duras aguas del trópico,( Cuba, 1992), Guijarros (1ra. Edición: La Habana, 1994, 2d. Edición: Santiago de Chile, 1997); Babosas: dejando mi propio rastro, ediciones Las Dos Fridas, Santiago de Chile, 1998,Duro de roer, (Santiago de Chile, 1999 2da edición, Ediciones Unión, La Habana, Cuba, 2005); Se adivina un país, (La Habana, Cuba, 1999); Sílabas. Ecce Homo,   (Santiago de Chile, 2000, 2da. Edición, Letras Cubanas, Cuba, 2001) y Parloteo de Sombra, Ediciones Vigía, Matanzas, Cuba, 2004). Autora de la antología de poesía cubana, “Cercados por las aguas”, Aérea, Santiago de Chile. Aparece incluida en antologías de poesía cubana contemporánea publicadas en países como Cuba, Puerto Rico, España, Chile, Santo Domingo, Colombia, México, Venezuela, Argentina y Estados Unidos, entre otros. Ha obtenido, entre otros, los premios: “El Joven Poeta”, Cuba, 1987 (compartido), UNEAC (de escritores y artistas de Cuba) (1998), Revolución y Cultura, (Cuba, 1994); en Chile obtiene con su libro Sílabas. Ecce Homo el premio de la Revista de Libros de El Mercurio, en 1999. Obtuvo en el 2000 en Chile una beca del Fondo del Libro y la Lectura por su proyecto: “El mito clásico: la fuente viva: su presencia en poetas chilenos contemporáneos”. En 2003, participa en la Bienal Internacional de poesía de Mal de Varne, París, Francia. Lee en Centro Internacional del Libro, Montpellier, en Marsella y en la Casa de América Latina en París. En 2005 obtiene una beca de creación del fondo y la lectura en Santiago de Chile. Ejerce como profesora  en la Universidad Finis Terrae y realiza talleres de creación literaria. Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile y de la Sociedad de Estudios Clásicos de Chile. Poemas suyos aparecen traducidos al inglés, al portugués, al holandés, al francés y al servo-croata. Reside desde 1995 en Chile.


 

 

JOSÉ

 

¿Entonces se creyeron que estoy muerto?

¿Gordo tonel   orejas gordas gordas

adiposas palabras?

 

Donde puse espíritu

llénense de “conceptos”,

hínchense de literatura.

Hagan correr por el poema

aplanadoras, vacas, puercos

a ver si comen sílabas.

Yo perpetré una cosmogonía :

Animales fabulosos

empezaron a poblar la tierra.

Mulo, tigre, pelícano,

halcón,

sostengo

El Árbol

(Boj de los olivos  la palma

sola).

Yo, José

Lezama Lima,

el gran embaucador,

el provinciano,

hice nevar en el país sin estaciones,

alcancé el tokonoma

sin otro ácido que la poesía.

 

 

LA MÁSCARA JAPONESA

 

Yo, Ito Toshitsugo

saqué mi cabeza de un agujero durante la noche

para comerme el cristal de un establecimiento comercial

en la Venecia japonesa.

Atraído por los cebos lumínicos

y los tubos de plástico.

Dos meses

como una anguila

ante el pabellón dorado del bazar

permanecí extático.
Largo y delgado

estilizado por el hambre

una anguila de agua dulce

en el gran puerto marítimo.

Sesenta millones de personas

pasaron por mi lado

no me vieron.

                      Sesenta millones

ocupadas en las compras navideñas

cegadas por la luz artificial

por las ramas (falsas)

del árbol donde recosté mi cuerpo.

Yo, Ito Toshitsugo

me convertí en el cadáver de un hombre de sesenta años

sin domicilio conocido

en uno de los barrios más populosos de Osaka.

Que alguien toque para mí la flauta de hierro.

 

 

GERARD GERICAULT

 

                                 La balsa de la Medusa

 

He apostado a caballos

como he apostado a mi genealogía

jinetes que compiten

corren

hacia una línea que no se discierne

el Derby de Epson

la Capilla Sixtina

la cabeza loca de esa mujer

Caravaggio

Un monstruo que será una balsa

que será un manojo  de larvas   de hombres

Multiplico el horror en un autorretrato

-soy ese cuerpo que nunca acaba de caer-

La bestia eterna frente a la bestia efímera.

 

 

SANTIAGO HUMBERSTONE

 

Yo, Humberstone,

hijo de un modesto empleado de correos

y nieto del Director de la Banda de Guardias Escoceses,

llegué a aquí a hacer la América.

Yo, un oscuro químico

lustrado ahora por la sal,

inventé esa ficción: el pampino:

cruce de animal soñador necesitado con nativas de la zona.

Inventé el futuro, el futurismo, Marinetti.

Me cagué en le Corbusier,

la Torre Eiffel,

esa ciudad amanerada:

París.

Aprendí palabras ásperas:

caliche, charqui, camanchaca

(yo que jugaba delicadamente al tenis,

yo, cuya vida era un campo de golf),

copié y apliqué el sistema Shanks

(que nadie conocía por aquí).
Tuve mano férrea,

tuve mano de obra

(barata).

Comencé por conquistar Agua Santa

y ahora me pudro en las Aguas del Tiempo.

Yo, que me horroricé

cuando escuché que estos indios llamaban chanchos

a las relucientes máquinas metálicas, trituradoras,

porque les recordaban el ruido de los puercos al comer.

Establecí un Orden,

una jerarquía en el Caos:

de un lado los ingleses y administradores,

del otro, los hombres y las bestias.

Yo, que puse un toque de delicadeza,

de civilización en estos páramos:

Al espejismo de los oasis de Pica y Matilla

opuse una piscina (metálica),

construí una plaza (pública),

una iglesia,

el tendido eléctrico,

un orfeón para que estos bárbaros

escucharan música

–ópera-

no el rumor sempiterno, monótono

de las arenas.

Yo, me la creí completa

y se la hice creer a medio mundo:

“El salitre chileno el mejor del orbe”:

nitrato de sodio: la pólvora más eficaz

 para las guerras intestinas y extranjeras.

(Así de cosmopolita):

“El salitre chileno entra a Francia,

a Suecia,

llega a la antigua Hélade”

(hasta que los alemanes inventen el sintético

en la Segunda Guerra Mundial).

Yo, que me convertí en Santiago,

Santiago Humberstone,

tuve en mis manos el Oro,

el Oro Blanco,

el Monopolio.

Que me hice viejo, me hice venerable,

Padre

-del salitre-.

(La Compañía me obsequió una medalla de oro,

el Rey de Inglaterra me confirió

la Orden Oficial del Imperio Británico).

Yo, James T.,

cuyo nombre desaparece

bajo la formidable leyenda y las casas huachas,

extiendo mis raíces dieciséis metros bajo tierra

y no encuentro agua.

El desierto y la muerte recobran su señorío.

 

 

VENDRÁN DÍAS PEORES

                              

para Sigfredo Ariel

 

El camino de subida

y el de bajada

no es el mismo.

No es el mismo

el hombre que sube

baja el camino

se dispara

un tiro hipotético

habla

de una tierra perdida.

El mar arroja sus presas muertas

como si hubieran sido fáciles

estos días.
Como si hubiesen

quedado intactos

abrazo o rama.

No han sido fáciles

estos días.

Vendrán

otros peores.

(La mano que se aleja no va a volver).

 

                Cómo volver allí, cómo volver.

Ánimas

Trocadero

Zanja

Amargura

entran

como plomo en la sangre.

 

La ciudad es un gran pústula

-hilachas-.

El lenguaje que se vocea

de una esquina a otra esquina

una gran pústula

-hilachas-.

 

Un caballo entra

pisotea el estiércol.

Pero

¿nos vemos en el Two Brothers?

 

Puerto de las alucinaciones,

barrio chino de utilería,

falso dragón.

Ánimas

Trocadero

Zanja

Amargura.

El sol rompe en migajas el país natal.

 

 

DOS GIRASOLES SOBRE EL ASFALTO

 

En el terminal de ferrocarriles

sentada con mi madre

dos girasoles sobre el asfalto.

Su mano borra todo sucio paisaje.
Nunca he comido sino de esa mano

nunca

sino de ese fruto macerado.

Me enseñabas un sendero

para que no me extraviara.

Y siempre regreso, pequeño afluente,

buscando un poco de sosiego

como se le da al enfermo

una cucharada de sopa.

Y la cuchara hace frías,

metálicas promesas

hasta que la cabeza se queda

recostada contra el velador.

Una oruga cantándole a un gusano

-la canción de la morfina-

la cabeza roída por dentro

el tallo esplendente conectado al tubo de oxígeno.
El mar, como un patrullero,

pisándome los talones.

Thalassa  thalassa

he intentado vivir siete veces

  

 

    

JOSÉ PÉREZ OLIVARES


Nació en Santiago de Cuba (1949). Poeta y pintor. Profesor de artes plásticas. Graduado de Pintura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Cubanacán (ENA) en 1972, y licenciado en Artes Plásticas por el Instituto Superior de Arte (ISA), en 1987.  Su obra literaria comprende una docena de títulos, entre ellos tres premios nacionales de poesía: Papeles personales (Premio “David” para escritores noveles, UNEAC, 1982)), A imagen y semejanza (Premio “13 de Marzo”, Universidad de La Habana, 1985), y El rostro y la máscara (Premio de la Crítica, La Habana, 2001). Y tres premios internacionales de poesía: Exámen del guerrero (Premio de Poesía “Jaime Gil de Biedma”, Segovia, España, 1991, Editorial Visor, 1992); Cristo entrando en Bruselas (Premio “Rafael Alberti”, El Puerto de Santa María, España, 1993, Editorial renacimiento 1994); y Háblame de las ciudades perdidas (Premio “Renacimiento”, Sevilla, 1998, Editorial Renacimiento, 1999). Como pintor, Pérez Olivares ha realizado más de una docena de exposiciones personales de dibujo y pintura en Colombia, Cuba y España.


 

  

UN PEZ EN LAS AGUAS DEL MUNDO

 

Dicen que La Habana no está en las Antillas.

Que tampoco la baña, como de costumbre,

la dura espuma del Caribe.

Dicen que salió, con rumbo norte, hacia el Atlántico,

y una parte de ella

                             se fue al África,

la otra, en pos de Europa.

De ahora en adelante

no será necesario buscarla en los mapas,

bastará con cerrar los ojos

y señalar hacia cualquiera de los puntos cardinales.

La Habana estará aleteando, como un pez

     en las aguas del mundo.

Hablaremos de Londres o París,

soñaremos con Ámsterdam o Bruselas

y nuestros pasos

tendrán el reflejo de otras calles,

aquellas que mueren al contacto con la brisa.

No tendremos que recordar a Lezama

para que el viento nos traiga la noche.

Ni habrá que vociferar frente a la bahía

para que irrumpa sediento

el fantasma de Casal.

Dicen que los cadáveres de mi ciudad

andan revueltos,

que es imposible encontrarlos

entre piedras invisibles.

Pero dígase La Habana

y un relámpago iluminará el perfil de una diosa.

Háblese de ella con un venablo en la mano.

¿Es que La Habana no es La Habana?

¿Será que sólo existe una ciudad

codiciada por todos los ejércitos?

 

Si preguntan por ella, responde: “no sé,

     creo que anda de viaje”.

Y deja que se devanen los sesos

tratando de imaginar ese aire

entre bárbaro y gentil,

esa melodía ciega, ese gesto

como de paso de liebre

que salta en la sonrisa de todos los habaneros.

 

 

CÁNTICO

                          

                                  para Elsa

 

1

Señora mía,

lejos están los años

en que aprendimos a nombrar las cosas,

distante el ruido de la lluvia,

la oscura osamenta del rencor

y la armoniosa fragancia del verano.

 

2

Hemos fatigado todos los rincones de la luz

     en busca de respuestas,

aquellas que el viento dibujaba en los rostros.

Y así, como inocentes viajeros,

arribamos a la edad

en que la piel despliega su velamen

recorrida por un dulce

                                    y estremecido misterio.

Mire usted

cuánta nobleza necesitábamos,

cuántas mañanas

                             para poder entrar al reino.

 

3

Ahora, los frutos comienzan a despedir

su vasto y delicado aroma.

Y la hierba es más frágil y húmeda

     entre los dedos.

 

4

Señora mía,

no es la duda lo que importa.

Tampoco la verdad,

                                sino el gesto más simple.

Aquí en mi mano está la llave

con la que abro y cierro el arca mortal.

Para sentirme seguro

                                    necesito su sonrisa

con la que a veces dibujo

                                          las gráciles figuras

     de un remoto poder.

Hay días en que quisiera borrar lo vivido,

retornar al último esplendor

que nos brinda la noche.

Pero es mejor que todo resulte fugaz,

que todo se aleje, rodando,

hacia alguna parte.

 

5

Sálveme usted de lejanas orillas

y juntos recorramos los tranquilos jardines

y las ciegas tardes

                               que nos esperan.

 

 

JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

        

Hieronymus Bosch

 

Camino del Gólgota va el Hijo del Hombre.

avanza rodeado por la plebe

que no hace otra cosa que blasfemar,

que no puede hacer algo mejor que gritar anatemas.

Bosch ha pintado a Cristo cabizbajo,

los ojos cerrados en medio del sufrimiento.

Su cara está en el mismo centro del cuadro

rodeada de otras más hostiles,

expresiones desmesuradas por el odio

y el goce de ver el sufrimiento ajeno.

Bocas abiertas y desdentadas,

gestos llenos de crueldad

donde arde, implacable, la llama del horror.

Dónde estará el rostro serenísimo de María.

En qué lugar el de Verónica y Simón.

En alguna parte

debe vagar la mirada febril de Barrabás

y la desconsolada de José de Arimatea.