LA OREJA MILITAR
por
Pedro R.
Monge Rafuls

Esta pieza
está inspirada en dos noticias de enero de 1993. Una fue el
secuestro de dos misioneras españolas, que ocurrió el 17 de
enero en una playa de Jolo, capital provincial de la isla de
Sulu, al sur de Manila. El secuestro fue realizado por un
grupo armado escindido del secesionista Frente Moro de
Liberación Nacional. La segunda fue la noticia de la
investigación por parte de Scotland Yard y del ejército
argentino sobre orejas y otras partes del cuerpo que fueron
mutiladas por los ingleses en la, breve, guerra de Las
Malvinas.
Para Iván
Uribe y mis compañeros
de
seminario en Medellín, Colombia:
Isaías
Bartola (Venezuela)
Floreal
Garrido (Panamá)
R.P.
Pascual Martínez (Cuba)
y de
Colombia:
R.P.
Bernardo Echeverrí, Mons. Álvaro Ramírez,
R.P.
Eduardo Toro, R.P. José Jaime Londoño y Gabriel Vélez
y en
Tegucigalpa, Honduras:
Oler
Bautista
R.P. Juan
Ordoñez
R.P.
Romeo Rivas (Cuba)
R.P.
Jesús Valladares (Cuba)
Y las
religiosas Carmelitas del Seminario San José de Tegucigalpa,
en 1963.
PERSONAJES:
Soldado I
Soldado
II
Sor Julia
Hermana
Caridad
La
acción ocurre en cualquier lugar del mundo. Época actual,
porque siempre habrá guerras. El escenario está completamente
vacío. Por el lado derecho
—del
público—
aparece el Soldado I montado en un caballo de
palo. Viste como un soldado de la primera guerra mundial. El
soldado I comienza a cabalgar, en círculo, por él escenario.
SOLDADO
I:
(Cantando.) Mambrú se fue a la guerra montando
en una perra/Mambrú se fue a la guerra montado en una perra/Que
do re mí/ Que do re fá/y no sé cuando vendrá/y no sé cuando
vendrá.
Aparece
el Soldado II montado en otro caballo de palo, --pero los
caballos deben ser completamente diferentes--. Este soldado
viste como un soldado moderno.
SOLDADO
I:
(Cantando.) Si vendrá por la Pascua o por la
Trinidad/Que do re mí/Que do re fá/o Por la Trinidad/Mambrú se
fue a la guerra montado en una perra.
SOLDADO I
Y II:
(Cantan al unísono.) Mambrú se fue a la guerra
montado en una perra/Que do re mí/Que do re fa/y no sé cuando
vendrá/Ay que dolor, que dolor, que pena/y no sé cuando vendrá.
Los dos
soldados comienzan a marchar, siempre con los caballos. Esta
marcha y los caballos debe ser un espectáculo grotesco,
risible, pero profundo.
SOLDADO I
y II:
(Como los militares.) Un, dos, Un dos, Un dos,
Un dos...
El Soldado I
sale del escenario, al galope y casi inmediatamente, el
Soldado II sale del escenario, al galope, por el otro lado. La
escena queda vacía por un máximo de diez segundos. Regresa el
Soldado I en el caballo de palo, al paso.
SOLDADO
I:
(Dialoga con mucha naturalidad, como en una
conversación muy familiar.) Yes, My Lord, hemos destruido los
ejércitos napoleónicos. Yes, My Lord, de acuerdo a nuestros
intereses...
Yes, My Lord. Yes, My Lord.
Nuestro
triunfo en las Falkland Islands fue apoteósico. (Saca unas
orejas enormes de los bolsillos y se las cuelga como si fuera
un escapulario. Las mantendrá colgadas durante toda la obra.)
No entiendo esa mala costumbre argentina de llamarlas las
Malvinas. (Otro tono.) Las Malvinas es un nombre..., ¿cómo
diríamos?...
¡Un
nombre común! ¡Plebeyo! No tiene el caché..., ni la
personalidad que le ofrece el idioma inglés...
Entra el
Soldado II. Viene vestido como Juana de Arco. Viene en
bicicleta. También trae dos enormes orejas colgadas del cuello.
SOLDADO
I:
Oh, mi querida Juana de Arco, adelante,
adelante.
Juana
de Arco se acerca. Se baja de la bicicleta y camina al lado
del Soldado I que está en el caballo.
SOLDADO
I:
(Hablando, con mucha familiaridad.)Le decía a
My Dear My Lord que hemos ganado la guerra a los argentinos.
Ya sabe su santidad lo atrasado que son los latinoamericanos,
sobre todo los que se creen europeos. (Ambos ríen a carcajadas.)
Parece ser mi querida santidad que, al parecer, algunos
suboficiales británicos han cortado las orejas de algunos
soldados argentinos para colgarlas en sus llaveros. (Juana de
Arco se ríe y juega con las orejas que lleva colgando del
uniforme militar.)
Según
el informe de más de 130 soldados británicos, esto se lo
dijeron a Scotland Yard, algunos soldados desfiguraron los
cadáveres de los argentinos. (Hablando a la tercera persona
invisible.) Yes, My Lord, entiendo... I understand pero
podemos tener completa confianza en Juanita... Sí, yes, yes,
es encantadora.
JUANA
DE ARCO. (Cantando.)Adiós Pampa mía/Adiós camino que he
recorrido/Ríos, montes y montañas/Pampera donde he nacido sino
volvemos a vernos. (Transición brusca.) Me voy, tengo que ir a
buscar a las monjas prisioneras. Les llevo un regalo. (Saca un
papel de envolver regalos y envuelve las orejas.)
SOLDADO I:
Are you leaving, dear?
Juana de
Arco no contesta. Se monta en la bicicleta y sale.
SOLDADO
I:
Ay, ay, yaiyai. Esa Juanita, tan coqueta. (Otro
tono. Realmente conmovido.) Y las pobres monjitas españolas...,
(Al borde del llanto.) prisioneras de esos bandidos musulmanes...,
como deben sufrir las pobrecitas. Perdidas en esa isla
meridional. (Otro tono. Docto.) Esos son los eventos
espectaculares que ayudaron a moldear la historia americana en
este siglo y en el otro... y en los siglos venideros. ¿Se
imaginan ustedes que sería América si Colón no nos hubiera
descubierto? Un continente
lleno de
indios y negros salvajes...
Sor
julia asoma la cabeza y medio cuerpo por uno de los lados del
escenario.
SOR
JULIA:
Shiiis, shiis, señor, señor..., aquí de este
lado. Negros no, sólo indios.
Sor
Julia desaparece. El Soldado I no le hace caso.
SOLDADO
I:
Un continente y unas islas llenas de indios y
negros salvajes. Increíble, increíble.
En ese
momento entra el Soldado II vestido de bandido musulmán, trae
a empujones a dos monjas misioneras. Una de las monjas, Sor
Julia tiene 50 años. La otra, la Hermana Caridad tiene 30 años.
Las empuja, las hace caer al suelo, están aterrorizadas, el
Soldado II les da unas patadas. El soldado I se acerca y con
mucha dulzura las abraza, le da una rosa a cada una, las ayuda
a levantarse. Una vez que se paran, las monjas cambian su
actitud. Se llenan de alegría.
MONJAS.
(Cantan y bailan Can-Can.)
Somos las
monjas prisioneras/los musulmanes son responsables de nuestra
desgracia/somos las monjas prisioneras/misioneras capturadas a
punta de pistola por tres hombres fuertes/fuertemente armados
nos han hecho prisioneras/guau, guau, guau... las monjas
secuestradas/¿qué dirá la gente?/ guau, guau, guau/gobierno
está ejerciendo presiones/ guau, guau, guau/para conseguir
nuestra liberación/guau, guau, guau/el obispo está cagado/la
madre superiora no sabe que... guau, guau, guau/el Papa, que
venga el Papa/guau, guau, guau.../el obispo no quiere pagar el
rescate/guau, guau, guau... Vuelven a su actitud de miedo, de
torturadas.
SOLDADO I:
It was the beginning of the war, and it
required astonishing optimism and faith on the dictator
planned cowardy...
Por eso,
queridas hermanas, queridas... (A la Hermana Caridad.) Ay,
mamacita abandona el convento, vamos a gozar. Nos vamos a
Brasil, al carnaval. Ya tú sabe' como es eso. Baile, ron y
sexo.
SOR
JULIA:
(Espantada.) Vade retro, Satanás.
El
Bandido Musulmán se acerca a las Monjas, las examina de arriba
abajo con la mirada; las aprieta por los brazos. Está
valorando las condiciones físicas de las Monjas.
BANDIDO:
(Refiriéndose a Sor Julia.) Por esta puedo
pedir un millón de dólares. Está muy maltratada. No creo que
sirva para nada... Tiene cara de impía. Envejecerá y se va a
morir. ¿Quién la quiere? (Por la Hermana Caridad.) Aaah, esta
es joven todavía. Puede servir para cualquier cosa. Tiene cara
de santa... No obstante si le metemos el diablo en el cuerpo
puede servir hasta para fuáaa.
(Hace un
gesto obsceno. Comienza a sacar cuentas en un papel.)
Podríamos pedir, a ver, a ver...cuatro cincuenta..., pero si
le agregamos los impuestos, son dos pesos más y con el alza
del costo de la vida, cincuenta centavos más; que hacen un
total de siete pesos. A pagar al contado.
SOLDADO
I:
Está bien, está bien..., quietos. No hagan más
ruido. Y no quiero que hagan ningún chiste de mal gusto.
La
Hermana Caridad grita asustada. Se esconde detrás de Sor
Julia. El Bandido corre hacia ella. La abraza con dulzura, la
consuela. Sor Julia también la consuela. El Soldado I se
enfurece por todo esto y tira el caballo al suelo y le da
patadas.
HERMANA
CARIDAD:
Oh, ha sido una experiencia horrible. No sé qué
hacer. (A Sor Julia.) ¿Qué le vamos a decir a la madre
superiora? Nunca nos va a creer lo que estamos sufriendo,
solas e indefensas, en manos de estos bandidos inmisericordes.
Ay, ay, yai, yaiii. La madre superiora va a tener que vender
la corona de las imágenes de todas las santas vírgenes para
poder pagar mi rescate. ¡Siete dólares! ¿Qué van hacer? Estoy
desconsolada porque sé que no van a pagar el rescate..., el
obispo se va a oponer y el Papa, ¿qué dirá el Papa? El rescate
de un millón lo enviarán, pero temo que no envíen el mío.
SOR
JULIA:
Ser monja es muy difícil..., dificilísimo.
HERMANA
CARIDAD:
Con la oración se alcanza eso y más...
SOLDADO
I:
(Angustiado.) Mi caballo, mi caballito lindo.
Pobrecito. Por culpa de estas dos brujas.
Ay, caballito bello, precioso. (Canta la
ranchera mexicana.) “... Era lindo mi caballo/era mi amigo más
fiel/ligerito como el rayo/era de muy buena ley/Nació de una
yegua fina...”([1])
BANDIDO:
(Interrumpiendo la ranchera.) No llores más, me
pones los nervios de punta. Te compraré otro, más bonito, de
color rojo para que se vea en la distancia.
SOLDADO
I:
Prométemelo.
BANDIDO:
Trae una Biblia, lo juraré.
SOLDADO
I:
Tú eres musulmán.
BANDIDO:
So what? Estás poniendo fuertes presiones sobre
mi cabeza. No puedo pensar si continúas llorando. No resisto
el llanto de las mariquitas.
SOLDADO
I:
Lloraré como un hombre.
SOR
JULIA:
Los hombres no lloran.
BANDIDO:
Sin embargo, hasta el momento no nos hemos
responsabilizado del secuestro.
HERMANA
CARIDAD.
¿Todavía no han pedido el rescate?
SOR
JULIA:
Aun no entiendo porque cantó una ranchera
mexicana.
SOLDADO
I:
Es música de macho. Son aguerridas y están
llenas de sentimiento.
SOR
JULIA:
¿Es cierto que Pancho Villa estaba enamorado de
la Emperatriz María Eugenia?
SOLDADO
I:
Eso es una calumnia de la Malinche, que desea
formar un enredo protocolar que comience una guerra entre
Monteczuma y el Presidente de los Estados Unidos.
SOR
JULIA:
Lo leí bien clarito en la guía turística de
Acapulco.
BANDIDO:
Tonterías. Pancho Villa es mi mejor amigo y
nunca me ha dicho que...
HERMANA
CARIDAD:
(Interrumpiendo.) ¿Qué esperan para pedir el
rescate?
SOR
JULIA:
Es increíble. Que burro que son los dos.
SOLDADO
I:
Yo, yo..., yo no sé escribir.
Las dos
monjas miran hacia el bandido, que se hace el disimulado para
que no le pregunten. Las monjas entienden que no sabe escribir
tampoco.
HERMANA
CARIDAD:
¡Qué remedio!
SOR
JULIA:
Debíamos cobrarles una donación por enseñarlo a
leer. En el convento nos enseñaron.
HERMANA
CARIDAD:
Hagámoslo de gratis para acabar de salir de
este embrollo.
SOLDADO
I:
Les dictaré lo que tienen que decir: El 19 de
julio de 1940 Hitler dijo uno de sus discursos más delirantes
y triunfantes, donde hizo su oferta de paz...
([2])
BANDIDO:
¡¿Oferta de paz!? (Con mucha repugnancia.) Paz,
paz, paz, ¿a quién se le ocurre hacer una oferta de paz? El
mundo no puede vivir en paz. Es imposible. ¿Me oíste?
Imposible. Te lo voy a decir en francés para que me entiendas.
(Gritando.) Coño, eso no puede ser, carajo. (Calmado.) Ya no
me vuelvas a hacer hablar más en idiomas extranjeros. Los odio.
SOLDADO
I:
Está bien, está bien. Cálmate. Así no vamos a
ir muy lejos.
Vamos a
organizarnos.
BANDIDO:
(En un aparte. al Soldado I) Tenemos que
planear cuando es que vamos a violar a las monjas. ¿Antes o
después de almuerzo?
SOLDADO
I:
Por la noche.
BANDIDO:
¿Por la noche? (Triste.) Me acuesto muy
temprano. Me entra un sueño que no puedo controlar.
SOR
JULIA:
(Que ha oído.) No permitiré que violen a la
Hermana Caridad. (Resignada.) Yo no opondré resistencia... Es
la voluntad del Todopoderoso, pero nunca, nunca, ¿me oyeron
bien? Nunca permitiré que
le mancillen
el... nunca, nunca lo permitiré. (Excitada.) Corra, Hermana
Caridad, corra, escápese... (Se lanza sobre los dos hombres.
Los derriba, forcejeando los logra dominar y se sienta sobre
ambos que no se pueden mover.) Corra Hermana, escápese
mientras aun se puede. Ya estoy perdiendo las fuerzas.
Escápese y pida auxilio...
La
Hermana Caridad se acerca a Sor Julia y la aparta, de los dos
hombres, logrando dominar la ligera resistencia que hace Sor
Julia.
HERMANA
CARIDAD:
No, Sor Julia, no hay nada que temer. La fe
mueve montañas y yo estoy segura que estos dos hombres no
podrán con nuestra fe. No se preocupe. El Señor es mi pastor.
SOR
JULIA:
Hermana, pero... Los dos hombres se paran.
SOLDADO
I:
Me muero por comerme un pan con bisteck.
BANDIDO:
Con papitas fritas...
SOLDADO
I:
Envuelto en un taquito con mucho chile...
BANDIDO:
...y después un flan al estilo cubano.
SOLDADO
I:
Y un delicioso “bien me sabe” venezolano..., y
un café colombiano.
BANDIDO:
Lo he decidido, no las vamos a violar.
HERMANA
CARIDAD:
Lo dije.
BANDIDO:
Les cortaremos las orejas... igual que hacen
los ingleses.
SOLDADO
I:
Pero no puedes, ¡eres un bárbaro musulmán! (Habla
con gran amaneramiento.) Los ingleses son gente civilizadas,
europeos de antiguas tradiciones, lo hacen en nombre de la
reina... No puedes entender, nunca podrás entender. Allí, en
aquella guerra peleó el príncipe Andrés. Los gringos los
ayudaron porque eran aliados. El mundo entero estuvo al lado
de los ingleses. ¿No te das cuenta que no es lo mismo? ¡Pobre
pagano!, ¡compararse con los ingleses!
LAS DOS
MONJAS. ¡Pobrecito!
SOR
JULIA:
El sol del desierto le ha fundido las pilas de
la cabeza.
SOLDADO
I:
Mambrú se fue a la guerra/montado en una perra/que
do re mí/que do re fá...
BANDIDO:
Un dos, un dos, un dos...
El
Soldado I marcha.
SOR
JULIA:
Tengo una idea.
BANDIDO:
Ahora no. Debemos escribir la carta pidiendo el
rescate.
HERMANA
CARIDAD:
(Con vergüenza.) Ay, que pena, se me había
olvidado. (Busca en su hábito.) No tengo pluma.
SOR
JULIA:
(Irónica.) No decías que la fe lo da todo...
BANDIDO:
Yo me robé una pluma hace poco. (Busca.) La he
perdido.
(Al Soldado
I. Sospechoso.) Todo esto es sospechoso. Yo tenía esa pluma
hace un momento. Te la enseñé. ¿Dónde está?
SOLDADO
I:
¡La pluma! ¿Qué pluma? No sé de qué me hablas...
El Bandido se coloca a las espaldas del Soldado. Le hace una
llave por el cuello que lo deja indefenso. Sor Julia se
apresura hacia ellos y busca en
los
bolsillos del Soldado. Saca la pluma.
SOR
JULIA:
(Triunfante.) ¡La pluma!
HERMANA
CARIDAD:
Ahora falta el papel.
SOLDADO
I:
No tengo papel.
BANDIDO:
¿Qué haremos?
SOR
JULIA:
Debemos pensar algo... rápido.
HERMANA
CARIDAD:
No deseo estar aquí, ni un minuto más.
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
HERMANA
CARIDAD:
¡Ya!
EL
RESTO. ¿Qué?, ¿qué?
HERMANA
CARIDAD:
No, no...
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
SOLDADO
I:
¡Ya sé! (Todos lo atienden.) Bueno si hacemos
que... entonces pensarían que... nosotros podríamos... pero la
cuestión es que entonces... pensarían que... es un asunto muy
delicado.
BANDIDO:
Basta, basta, te dije que no me atormentaras...
Me pones nervioso y comienza a dolerme la cabeza.
HERMANA
CARIDAD:
Pobrecito.
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
El
Soldado I se rasca la cabeza, y ostensiblemente la oreja.
SOLDADO
I:
¡Ya está! ¡Claro!
HERMANA
CARIDAD:
(Dándose cuenta.) La oreja del argentino.
SOR
JULIA:
Eso va contra mis principios religiosos. No
puede ser. La iglesia siempre se ha opuesto a la
homosexualidad.
SOLDADO
I:
Sí, sí... y a todo el progreso.
BANDIDO:
(Enojado.) Siempre robándose el crédito de las
buenas acciones... El comunismo también persiguió a los
dañados y jodió a los pobres... ¿Y qué me dicen del nazismo?
¿Eh?... ¿eh?... ¿eh?
HERMANA
CARIDAD:
(Triunfante.) Pero nosotros lo hicimos primero...
Desde tiempos del Papa Borgia.
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
BANDIDO:
No importa. Yo soy un guerrillero.
SOLDADO
I:
Es cierto.
HERMANA
CARIDAD:
Que fácil se solucionó.
SOLDADO
I:
La vida es sueño y los sueños, sueños son.
BANDIDO:
Ay, que tierno. Me encanta lo que acabas de
decir. Eres un gran pensador...
SOLDADO
I:
También soy poeta. Oye esta poesía que acabo de
componer: Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, /como
las leves briznas al viento y al azar. /Talvez bajo otro cielo
la gloria nos sonríe. / La vida es clara, undívaga y abierta
como el mar.
([3])
BANDIDO:
¡Maravillosa! ¡Maravillosa!
SOR
JULIA:
No está mal.
HERMANA
CARIDAD:
Pero es muy corta.
SOLDADO
I:
Es muy larga, pero no les daré el placer de
oírme.
BANDIDO:
Por favor, mi amor.
SOLDADO
I:
Bueno, mami, pero no la recitaré toda. Solo las
dos estrofas finales.
SOR
JULIA:
Que bonita pareja hacen.
SOLDADO
I:
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan
lúgubres, /como en las noches lúgubres el canto del pinar. /
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,/y acaso ni Dios
mismo nos pueda consolar./Mas hay también, ¡oh Tierra!, un día...
un día... un día/en que levamos anclas para jamás volver.../Un
día en que discurren vientos ineluctables. / ¡Un día en que ya
nadie nos puede retener!([4])
HERMANA
CARIDAD:
¡Bellísima! Nunca pensé...
BANDIDO:
Esas son sensiblerías.
SOR
JULIA:
Que saben los salvajes idólatras de literatura.
SOLDADO
I:
Sería mucho pedir.
HERMANA
CARIDAD:
Yo he viajado por toda Europa... ¡que
civilización! (Al Bandido.) Yo desearía que Ud. me... me... me
ayude a sacar un pasaporte, cualquier documento donde mi edad
aparezca... bueno... Ud. sabe... que aparezca reducida. Sí,
menos años que los que realmente tengo... Yo, la verdad, la
verdad es que nunca tuve novio, uno que fuera más viejo que yo...
ni siquiera uno más joven... bueno, quizás tuve uno... Todo el
mundo cree que yo tengo 28 años... Bueno, er, yo me hice una
cirugía... pero no me la volveré a hacer, cuesta muchísimo y
una se ve tan horrible con toda la cara hinchada... Lo que más
me dolió fue el arreglo de la quijada y Díos mío, achicarme la
nariz... no deseo ni acordarme. (Se da cuenta.) Bueno en
realidad no me hice nada...digo...si me la hubiese hecho. ¿Por
qué no me la hice? Pues porque los sabios no han logrado
explicar nuestra melancolía... No se rían, es verdad... ¿Qué
les parece? (Otro tono.) Ay, me acuerdo de aquel día en
Madrid, el mismo día que profesé de religiosa... yo fui a la
plaza de toros pues desde que vivía en Placetas odiaba a las
vacas... y mi sueño era ir a España a ver matar los toros... ¡Olé!
y al fin se me cumplió. Toreaba el gran matador: ¡El Madrileño!
y hacia allá me fui... ¡Olé! Llegué, había... era como un
sueño, todos los gallegos estaban esperando a que mataran el
toro... miles de personas y casi no consigo un asiento... (Se
ríe picara.) Entré colada. (Otro tono.) Yo con esta pinta de
gallega que tengo, y ni corta ni perezosa me recogí la
mantilla, me puse una flor entre los dientes, se lo pedí a la
Virgen de las Nubes, y fuá... se me hizo el milagro; para
dentro. En primera fila. Allí estaba el torero con su traje
rosado, apretado, pegado al cuerpo dejando ver sus enormes
testículos... que el toro miraba con envidia. Su corbatín rojo
y su capa bordada, con rosas rojas... estaba oscuro y sobre su
figura varonil había un reflector. Agarré la espada y me le
enfrenté al toro... Nunca me había emocionado tanto, desde
aquel día que había visto bailar a Fred Astaire con Ginger
Rogers. Comencé a bailar con el torero, el toro deseándolo
embestir, celoso por el bulto que se le marcaba... Me acordé
de otro momento, en Cuba, cuando el comunista dijo: “La
atmósfera laboral pudiera ser tormentosa”... ay, en ese
momento Meche me dió una postal... ¿Quién es Meche? Volteé la
postal y leí, ¡qué ridícula! Hablaba de bendiciones y
comuniones. Oh Dios... y eso fue en 1907... Oh sueños de
sueños... El torero sabe a gloria pero Mayagüez sabe a mango
maduro (De pronto aparece en algún lugar del escenario una
diapositiva con la imagen de la Virgen, unos mangos y una
vela.) Claro, yo sabía que en algún lugar lo había visto...
Mayagüez, Puerto Rico, tan bello. Allí vive mi primita Alicia
que siempre anda con una muñeca chiquitica, rubia, de ojos
azules que habla inglés nada más...
SOR
JULIA:
(Le tapa la boca, callándola.) Me fastidian las
monjas que hablan mucho. (Irónica.) Se creen grandes
intelectuales. Tienen complejo de Santa Teresa mezclada con
Sor Juana Inés... ¡No las soporto!
BANDIDO:
Lo que pasa es que estás celosa.
SOR
JULIA:
¡¿Yo!? ¡Qué va! Sus intereses no son iguales a
los míos.
(Soñadora.)
Siempre he soñado con ser Tarzán. Ay, Dios mío, hazme el
milagro. Hazme Tarzán de los monos, para ir de liana en liana,
dando gritos gorilescos. (Desanimada.) Por mucho que rezo el
milagro no se me ha concedido. (Esperanzada.) Ahora le estoy
haciendo una novena a San Judas Tadeo, el abogado de lo
imposible. El miedo que me da es que San Judas no me entienda
bien y me convierta en el mono de Tarzán en vez de Tarzán, el
hombre mono...
HERMANA
CARIDAD:
Yo sueño con ser santa. Por eso me metí a monja.
Para alcanzar la perfección.
SOLDADO
I:
¿Y el obispo qué dice?
SOR
JULIA:
El siempre ha deseado ser Cleopatra... El está
perdidamente enamorado de Julio César...
BANDIDO:
Yo era un camello en la otra vida.
HERMANA
CARIDAD:
Nadie parece darse cuenta de la gravedad de la
situación. El rescate... Debemos buscar una solución antes que
se declare la guerra entre el cardenal y el tirano... ¿La
carta? ¿Quién escribirá la carta?
SOLDADO
I:
Conmigo no cuenten.
El
Soldado I se monta en el caballo y comienza a dar vueltas por
el escenario. Se baja y pasea por los pasillos mientras los
demás personajes hablan.
HERMANA
CARIDAD:
(Al Bandido.) ¿Y en qué van a gastar el dinero
del rescate?
BANDIDO:
En preparar la guerra santa.
SOLDADO
I:
(Desde Platea.) ¿Pero y la paz?
BANDIDO:
(Con mucho asco.) Me repugna esa palabra.
(Gritando.)
¿Cuántas veces te lo he dicho? ¡Miles de veces! Haces que me
duela la
cabeza.
SOR
JULIA:
¿Comprarán los mejores bombarderos?
BANDIDO:
Compraremos los mejores cohetes espaciales,
radares cilíndricos, cuadrados, redondos... Todas las armas
poderosas...
SOLDADO
I:
(Subiendo al escenario.) Contrataremos a los
mejores científicos... capaces de crear armas poderosísimas.
SOR
JULIA:
Que destruyan la humanidad.
BANDIDO:
Ay, déjense de mojigaterías... Me da dolor de
cabeza.
SOLDADO
I:
La guerra me excita... Siento un placer sexual.
HERMANA
CARIDAD:
Tengo fe.
BANDIDO:
Me voy a venir.
SOLDADO
I:
No, aquí no. Vamos para allá atrás donde nadie
nos vea.
SOR
JULIA:
Va contra mis principios religiosos. Son unos
pecadores...
BANDIDO:
Está bien, la voy a complacer, pero la guerra
es erótica.
SOLDADO
I:
Es fantástica.
Comienzan a
mencionar guerras y se van excitando mientras lo hacen.
Hermana
Caridad mantiene una actitud pensativa.
HERMANA
CARIDAD:
Caín y Abel.
SOLDADO
I:
Los fenicios.
SOR
JULIA:
La guerra santa contra los moros.
BANDIDO:
Las Malvinas.
SOR
JULIA:
Las guerras mundiales.
SOLDADO
I:
La revolución mexicana.
BANDIDO:
No se olviden de la revolución francesa.
HERMANA
CARIDAD:
(El tono contrasta con el resto.) La lucha de
los partidos políticos. Las guerras civiles, la del Golfo,
Yugoslavia, la inquisición... (Se mencionan las guerras del
momento.)
BANDIDO:
Ui, que placer.
SOLDADO
I:
Dan dinero.
SOR
JULIA:
Destruyen las familias.
SOLDADO
I:
¿Se imaginan que horrible sería si no hubiera
guerras?
HERMANA
CARIDAD:
¿Si los políticos de Israel respetaran a los
árabes?
SOR
JULIA:
¡No te mandes! ¡Que los extremistas palestinos
no son angelitos!
BANDIDO:
No... no... no sigas. Me da dolor de cabeza
pero tú parece que gozas con torturarme. ¿Por qué? ¿Por qué? (Levanta
los brazos como si fueran dos alas. comienza a volar igual que
si fuera un avión de guerra.) Fuuus, fuuus... las bombas caen
sobre los indefensos... (Vuela alrededor de las monjas y del
soldado.) ¿Quién puede temer a dos monjas españolas?
HERMANA
CARIDAD:
Yo no soy española. (Persignándose.) ¡Dios no
lo quiera! (Señalando.) Ella es española... Yo soy caribeña,
¿no se me nota? Yo ando buscando la perfección.
SOR
JULIA:
¡Olé!
BANDIDO:
La carta pidiendo el rescate...
HERMANA
CARIDAD:
(Cogiendo la pluma.) Está bien, está bien. Yo
la escribiré. Uds. no saben escribir y Sor Julia no me
mencionaría en su car... Ay, estoy cansada de tanta basura
otra vez.
SOLDADO
I:
Me niego a entregar mis orejas argentinas para
escribir una carta a la oligarquía.
BANDIDO:
(Sacando el regalo donde había empaquetado las
otras orejas.) No hace falta. Yo tengo orejas de sobra.
SOR
JULIA:
(Se apresura a abrir el paquete. Saltan las
orejas. Grita.) Aaay, una oreja. Mi religión no me permite...
HERMANA
CARIDAD:
(Recoge las orejas con cariño. Las acaricia.)
Pobres orejitas. (Se tira en el piso, boca abajo.) Vamos a
escribir la cartica... ¿Quién me la dictará?
BANDIDO:
El poeta.
SOLDADO
I:
Escribe bien claro, no quiero que cometas
faltas de ortografía. Cuando te diga punto, pones lo que
pones; cuando te diga coma, comes un plátano... Comienzo: El
país está sufriendo una, punto... gran crisis... Punto y
seguido... La cuestión es más delicada de lo que... coma, pero
no coma... Creo que si no actuamos debidamente y no hacemos
caso de la inquietud... punto y aparte... la inquietud...
coma... del pueblo... A ver, repítame lo que ha escrito.
HERMANA
CARIDAD:
¿Se lo leo en inglés?
SOLDADO
I:
Me aburren las cartas políticas. Prefiero la
guerra.
BANDIDO:
(Encarándose al Soldado.) Basta, basta... basta.
No entiendes, no te importa nada. Me cansan tus majaderías...
me dan dolor de cabeza. Me duele en el pene pero a ti no te
importa.
HERMANA
CARIDAD:
Yo creo que el obispo no entregará ni un
centavo.
BANDIDO:
No hemos hecho la revolución, ni las hemos
secuestrado por obtener ningún dinero... Métanse eso en la
cabeza. (Muy serio. Otro tono.) Lo hacemos por amor a la
humanidad. Lo hacemos por un ideal, un ideal grande y
desprendido... Estamos dispuestos a dar la vida si es
necesario.
SOLDADO
I:
¡Siempre junto al pueblo, siempre carne y
sangre del pueblo, siempre con su apoyo y con su cariño,
siempre como leales e inconmovibles servidores de sus
intereses, seguiremos construyendo y salvaguardando la Patria
del mañana! ([5])
BANDIDO:
Bastaaa. Me provocas el dolor de cabeza. Me
duele debajo del brazo, pero tú como si nada...
HERMANA
CARIDAD:
Yo tengo fe.
SOR
JULIA:
Ya la frasecita esa me está cansando... Yo
también soy monja, ¿y qué? Eso no es para estar orgullosa...
Cuando tenía 15 años quería ser cupletista como aquellas
bellezas a principio del siglo XX, pero en fin, hoy nadie sabe
lo que es el cuplé... El mundo está perdío.
BANDIDO:
Me voy. Tengo que reportar al Ayatolah.
El
Bandido sale. La Hermana Caridad se retira a un rincón y
comienza a escribir en la oreja.
SOLDADO
I:
Es muy posible que ustedes nunca hayan
participado en ninguna actividad ilegal, la prostitución o la
droga por ejemplo... Son buenos negocios porque no se paga
impuestos. Es un error reconocer que se ha cometido un error
por eso mismo es que los errores se reconocen cuando no se
reconocen en el momento en que se hacen...
SOR
JULIA:
Esa es una gran verdad. El verano ha sido
calurosísimo y del invierno mejor ni hablar. Imagínese que
sería el mundo si no hubiesen los abusos de los políticos, si
no cortaran los árboles, si el Amazona no sufriera la poda de
los hombres blancos o si la madre superiora usara “blumes”
rojos con cinticas negras. Sería horrible, las ciudades no
tendrían polución y el obispo la excomulgaría.
HERMANA
CARIDAD:
(Sin moverse de su lugar.) ¿Cómo se escribe
cocodrilo?
¿Con h o sin j?
SOR
JULIA:
Fue una noche encantadora. Yo le dije vieja fea
y ella me dijo borracha, y yo le contesté, pero a mi la
borrachera se me quita esta noche... Lo que pasa es que ella
quería..., yo sé que estaba desesperada por montar en los
caballitos de Coney Island... Es parte de las tradiciones que
ella desea conservar en el convento pero yo fui más astuta que
ella y se lo impedí... porque las tradiciones tienen que
desaparecer para podernos adaptar al mundo moderno...
HERMANA
CARIDAD:
(Se para y se dirige hacia la pareja.
Triunfante.) La mejor carta de rescate que jamás se haya
escrito. En ese momento el Soldado II aparece desnudo, solo
cubriéndose el sexo con un abanico de plumas. Entra por el
lado contrario del que salió. Camina despacio hasta volver a
desaparecer. Al mismo tiempo que hace este recorrido va
diciendo su diálogo de una forma falsa, vacía.
SOLDADO
II:
El enemigo, derrotado en el combate directo,
emprende hoy maniobras de rodeo, a largo plazo, con el
ilusorio objetivo de que podrá reblandecer y descomponer algún
día la unidad política e ideológica de nuestra sociedad. El
enemigo trata de presionar a nuestro dictador... (Corrige.)
líder, trata de inducirlo a traicionar sus deberes pacifistas.
¡Nunca traicionaremos nuestros deberes populares, porque ese
día dejaremos de ser lo que somos!([6])
Soldado
II desaparece.
SOR
JULIA:
No puede negarse que le quedó muy bonito. ¿Quién
dijo
eso?
SOLDADO
I:
Le aseguro que no fue Shakespeare.
SOR
JULIA:
¡Bellísimo!
HERMANA
CARIDAD:
Silencio por favor, deseo leerles la carta. (Carraspea.)
Oidor, hay que bajarse de la guagua. Hay que abstraerse del
ambiente que rodea las tiendas de la Avenida Central Número
Uno. No importa que la basura esté sin recoger, ni que hayan
miles de envases de granizado afeando el pavimento y menos
importa que el piso de los portales más elegantes estén
inundados de agua sucia que corre del inodoro de algunas
viviendas. Hay que conocer que el estado lastimoso de la vida
no tiene ninguna relación con la justicia divina...
SOR
JULIA:
(Interrumpiendo.) Ay, que monja tan cansona...
Inesperadamente Soldado I le arrebata la carta a la Hermana
Caridad. Se monta en el caballo de palo y en amena
conversación con el personaje invisible, sale de escena.
SOLDADO I:
Yes, my lord.
Llevaré la
carta del rescate. “Al doblar una esquina, tropecé con cierto
muchachito que voceaba periódicos y a quien llamaban el Inglés.
Y parecía inglés, en verdad, porque era muy blanco, muy rubio
y...”
([7])
El
Soldado I sale. Las Monjas salen detrás de él. Inmediatamente
entra Soldado II vestido con ornamentos episcopales.
OBISPO:
Ora pro me... Orate pro me... ten piedad de mí,
tengan piedad de mí... (Se saca un moco.) Ay que sabroso...
muy sabrosote...
El
Soldado I vuelve a entrar en escena, viene a caballo, y se
encuentra con el Obispo. Saldrán al final de la escena.
SOLDADO
I:
(Tirándose rápido del caballo. Se arrodilla
frente al Obispo y le besa el anillo.) Su excelentísima, su
ilustrísima, su serenísima...
OBISPO:
(Interrumpiéndolo.) Ya... ya, que estoy
cansadísima. ¿Habéis traído la carta?
SOLDADO
I:
Sí, Santísima.
OBISPO:
Dádmela hijo.
El
Soldado I le entrega la oreja al Obispo.
OBISPO:
¡Oh! La oreja de San Tortilio... podría
conocerla con los ojos cerrados. (Se la acerca a los ojos,
mirando adentro.) La reconozco por la cerilla que la
caracteriza... Me habéis entregado una reliquia de inmenso
valor. Podría venderla por 100,000. junto con los “blumes” de
Marilyn Monroe...
([8])
La guardaré en una urna de oro y perlas, en mi
capilla privada.
SOLDADO
I:
Pero esta es una oreja cortada por los ingleses
en la guerra de las Malvinas...
OBISPO:
Esos ingleses tan traviesos... ¿Tú sabes de
dónde los indios de Estados Unidos aprendieron a cortar el
cuero cabelludo?
SOLDADO
I:
En las películas viejas del oeste...
OBISPO.
(Se ríe.) De los ingleses, que los arrancaban, en Canadá, para
probar que habían matado a los canadienses. (Otro tono.) Bueno,
bueno..., no tengo tiempo que perder. Tengo una cita para
comer con el Ayatolah... (Comienza a leer la oreja haciendo
sonidos guturales. La rompe en pedacitos y se los pasa por el
trasero.) Decidles a las religiosas que nuestras oraciones
están con ellas.
SOLDADO
I:
¡¿Y?! ¡¿Dinero?! Todo el mundo necesita dinero.
OBISPO:
Decidles que no debemos poner freno alguno a la
crítica atea de las masas, sino estimularla. No debemos hacer
público nuestros defectos... (Muy sabio.) El no enfrentamiento
a nuestro deber es lo que nos hace débiles y sin dudas,
favorece a nuestros enemigos.
SOLDADO
I:
Después de consultarlo con mis superiores,
hemos decidido hacerle una rebaja de 55 centavos... Eso sí, el
impuesto deben pagarlo sin protestar.
OBISPO:
(Muy compadecido.) Decidles a esas santas
mujeres que las tengo en mi corazón y que aunque ahora mismo
debo salir a comer con el Ayatolah, pues celebramos su
onomástico... decidles que con todo mi corazón...les mando mi
bendición episcopal... Tienen 500 años de indulgencia. Nunca
he podido entender, ¿quién las mandó a ser tan idiotas y
dejarse secuestrar?
SOLDADO
I:
Su mensaje santo será entregado, su
excelentísima, su reverendísima, su serenísima...
OBISPO:
Basta, basta... que me cansas con tanta
adulación. Me das dolor de cabeza... Ay, Dios mío, ¿qué he
hecho para merecer esta prueba a mi bondad?... ¡Qué dolor de
cabeza! Salen por un lado distinto de la escena. Entran las
Monjas.
SOR
JULIA:
Les podemos cantar una canción para que se
duerman, y entonces nos podemos escapar...
HERMANA
CARIDAD:
El Señor es mi pastor, nada me puede pasar.
SOR
JULIA:
Estamos solas. No es necesario fingir.
HERMANA
CARIDAD:
No finjo. El Señor es mi pastor, nada me puede
pasar.
Entra Soldado I, a caballo.
Trae un
pequeño saco lleno de joyas que le va dando a la Hermana
Caridad, que por su lado, las va tirando. Sor Julia las va
recogiendo y colocándoselas con gran alegría y vanidad.
SOR
JULIA:
Vanitas vanitates et omnia vanitas.
HERMANA
CARIDAD:
Nadie vive por siempre. Debemos vivir la vida
con dignidad.
SOLDADO
I:
Las cosas no pintan muy bien para ustedes.
HERMANA
CARIDAD:
¿Nos matarán? (Transportada a otro mundo.)
¡El martirio!
SOR
JULIA:
(Cubierta de joyas.) No deseo convertirme en
una estampita de santa...
Entra
la Madre Superiora. Es Soldado II.
MADRE
SUPERIORA:
(Corriendo
hacia las dos monjas.) Aún estáis vivas, gracias a Dios...
Estábamos horrorizadas por vuestra suerte porque sabemos que
los secuestradores sólo quieren dinero.
SOR
JULIA:
¿Lo van a pagar?
MADRE
SUPERIORA:
Naturalmente
que no. ¿Estás loca? He venido a decirles que no se preocupen...
si mueren les haremos un novenario y las citaremos como
ejemplos de vida religiosa... Deben estar muy orgullosas de
que hayan sido escogidas para el martirio..., ¡qué envidia!
Pronto serán unas imágenes encantadoras...
SOLDADO I:
No se preocupe, Reverenda Madre.
No las
mataremos sin violarlas primero...
MADRE
SUPERIORA:
¡Ay, qué
suerte! ¡Qué santa envidia! Todas las hermanas morirán de
rabia... violadas y torturadas para morir vírgenes... Ahora me
tengo que ir. Miren la hora que es y debo dar una conferencia
de prensa sobre lo que estamos sufriendo por el secuestro de
que ustedes han sido víctimas... Aún debo ir a la peluquería...
Gracias por el tiempo que me han brindado. Bye bye... Chao...
Arrivederci... Adiós, las quiero mucho. Sale tirando besos.
SOR
JULIA:
Es una monja ejemplar.
SOLDADO
I:
Eso no es de mi incumbencia.
HERMANA
CARIDAD:
Todo el mundo cree ser dueño de la verdad...
por eso son las guerras. No podemos continuar así.
SOLDADO
I:
Tranquilícese.
HERMANA
CARIDAD:
La verdad no puede ocultarse.
SOR
JULIA:
Hermana, por favor, déjese de líos.
HERMANA
CARIDAD:
Todos somos cómplices... la envidia y el
desamor imperan y nosotros creemos que sólo somos testigos
infalibles. Nosotros estamos ayudando a que la juventud
carezca de valores morales y
a que la
sociedad se pervierta. Detengámonos. (Otro tono.) Sólo las
piedras viven eternamente... el resto muere... Algunas veces
siento un... algo que no sé explicar, aquí en el pecho, que se
me quiere romper y miro al cielo y comienzo a llorar... ¡Ay,
Dios!, ¡ayúdame! Entra el Bandido Musulmán, vestido de
musulmán tal como lo habíamos visto al principio.
BANDIDO:
(Muy furioso.) Todo lo que les preocupa es el
sexo y la revolución. ¿Y el dinero qué? El obispo se negó a
pagar, el presidente se niega a dar un centavo, los cristianos
y los judíos bailan salsa todo el día y ustedes pensando en ir
a ver películas de Walt Disney. (Suplicando.) Alá...Alá...
SOLDADO
I:
¿A qué viene todo este escándalo? (Herido.) ¿Es
que ya no me quieres? (En una crisis nerviosa.) ¿Por qué? ¿Por
qué? Si yo te he sido fiel...si tú eres todo para mí... Ay, ¿por
qué eres tan cruel? Eres igual a todos los hombres... (Se
tranquiliza súbitamente, como si nada hubiese dicho.)
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
SOLDADO
I:
Vamos a rifar las orejas del argentino.
SOR
JULIA:
Una sola, la otra después... y así sacamos más
dinero.
SOLDADO
I:
No. Hay que rifar las dos juntas.
HERMANA
CARIDAD:
Nadie va a entrar en la rifa de una sola oreja.
BANDIDO:
No. Las rifaremos de una en una. ¿Sabes lo que
significa tener una oreja extra? ¿No se dan cuenta? La puedes
dejar en cualquier lugar... casualmente, como el que no quiere
las cosas... y así te vas a enterar de todo lo malo que tus
amigos dicen de ti...
SOLDADO
I:
Te enterarás que tu mujer te engaña.
SOR
JULIA:
Que tu hijo es bisexual.
BANDIDO:
Que tu hija tiene pecas en el culo.
HERMANA
CARIDAD:
¿Por qué no hacemos una colecta?
BANDIDO:
¿Tú crees que la gente dará algo?
SOR
JULIA:
Niño que no llora...
SOLDADO
I:
No mama. (Comienza a llorar.) A mí no me gusta
mamar.
BANDIDO:
Basta, basta, me mortificas. Haces que me duela
la cabeza, y además estás diciendo mentiras.
SOR
JULIA:
Si lo sabré yo.
HERMANA
CARIDAD:
Pidamos el dinero.
SOLDADO
I:
Que baje Sor Julia.
BANDIDO:
No, puede escaparse...
HERMANA
CARIDAD:
Iré yo.
SOLDADO
I:
No. Iré yo.
BANDIDO:
Hasta que tuviste una buena idea.
HERMANA
CARIDAD:
(Al público.) Por favor, no vayan a decir que
no... Tengan en cuenta lo importante que es que ustedes
cooperen.
El
Soldado I baja y comienza a pedir dinero a los espectadores.
Sin hablar. No debe insistir. Es una acción simbólica más que
real. No importa si los espectadores echan o no dinero.
BANDIDO:
(Enseñando una metralleta al público.) Es muy
fácil, yo soy un hombre de pocas palabras... No dan dinero...
es okey conmigo pero estas dos brujas desaparecen del mapa...
les meteré tantos tiros como pelos tengo entre las piernas...
ustedes saben lo que quiero decir... Todos ustedes me aburren,
me dan dolor de cabeza...den dinero y no me rompan los cojo...
en fin, ya saben lo que les dije.
SOR
JULIA:
Ey, tú... no te hagas el idiota. Echa dinero...
claro, como a ti no te importa. No es la vida tuya, claro...
para ti: ¡que venga la guerra! Ey, el de (A quien le estén
pidiendo.) ¿Diste dinero? ¡Está bien! ¡Que Dios te lo pague!
Así es, así es...
El
Soldado I sube al escenario. Tira el dinero al piso y todos,
de cuclillas, se ponen a contar el dinero.
BANDIDO:
Cuatro cincuenta.
SOLDADO
I:
¡Mierda!
HERMANA
CARIDAD:
No es necesario decir malas palabras.
SOR
JULIA:
No se preocupen... La Sociedad Estatal
Patrimonio I.S.A. se encargará de la venta de participaciones
del grupo bancario y financiero Corporación Bancaria de
España, hasta ahora adscrita a la Dirección General del
Patrimonio del Estado... Estoy segura de que el Ministerio de
Economía pagará mi rescate.
HERMANA
CARIDAD:
Estoy muy cansada.
Se oye
una gritería desde afuera.
BANDIDO:
¿Qué es eso?
SOLDADO I:
(Contento.) ¡La guerra...!
¡La guerra!
(Dando saltos de alegría.) La guerra llegó... ¡llegó la guerra!
¡La guerraaaaa!
BANDIDO:
(Muy contento.) ¡Al fin! ¡La guerra! ¡Vamos! Se
oyen tiros fuera del escenario.
SOLDADO
I:
¡Vamos!
SOR
JULIA:
¡Vayan con Dios!
Ahora
los tiros son seguidos.
BANDIDO:
A la guerra, vamos... No hay tiempo que perder...
Un dos, un dos, un dos...
Bandido sale a pelear.
SOLDADO I:
¡Espérame!
¡A la guerra!
Un dos, un dos, un dos...
Soldado I sale a pelear.
Las
Monjas lo siguen por donde se fue, pero no salen del escenario.
Se oyen muchos tiros y de pronto se hace el silencio.
SOR
JULIA:
Holy Shit! ¡Carajo!
HERMANA
CARIDAD:
Vamonos.
LAS
MONJAS:
(Cantando.) Mambrú se fue a la guerra / montado
en una perra / Que do re mí / Que do re fá / y no sé cuando
vendrá / si vendrá por la Pascua /o por la Trinidad / que do
re mí / que do re fá / no sé cuando vendrá...
Salen.
OSCURO.
[1] El cantador,
ranchera de Nicandro Castillo. Interpretada por Vicente
Fernández, Miguel Aceves Mejías y otros.
[2]
Histórico.
[4].
Ver nota 3.
[8].
Actriz norteamericana. Símbolo sexual mientras vivió y símbolo
de rebeldía después de su suicidio. Sus fotos, autógrafos,
vestuarios, etc. se venden a precios inimaginables a los
coleccionistas de los EE. UU. Este nombre se puede cambiar por
una figura nacional mas conocida.
La Oreja
Militar
fue estrenada en el Teatro Coliseo
por Teatro del Son
Municipalidad de Zárate, Buenos Aires
el 30 de octubre de 2001
Con: Chiqui Avigliano, Natalia Entreolivano,
José Keidel y Carlos Pedemera, bajo la
dirección de Luis Enrique Pacheco.
y
en el Colombo-Peruano, en Lima
en abril 6 de 2005, bajo la dirección
de César De María.
Copyright(c) 1993, Pedro R. Monge Rafuls.
NOTA
Esta es la
primera vez que la obra sale publicada en el idioma español.
Hasta ahora la obra se había mantenido inédita para los
lectores de teatro.
Pedro R. Monge Rafuls
Nació en Placetas, Cuba (1943). Después de
vivir en Tegucigalpa, Honduras, y en Medellín, Colombia, se
radicó en los Estados Unidos. En Chicago, co-fundó el
Círculo Teatral de Chicago, el primer grupo de teatro en
español del medio-oeste norteamericano. En 1977 fundó
OLLANTAY Center for the Arts, y en 1993 OLLANTAY Theater
Magazine, revista bilingue dedicada al estudio y difusión
del teatro latino en los Estados Unidos, como también al
teatro latinoamericano. En 1991 se convirtió en la primera
persona (y hasta el momento, el único latino) en
obtener el Very Special Arts Award, en la categoría "Artist
of New York", otorgado por el Kenneddy Center de Washington,
en colaboración con el entonces alcalde de Nueva York,
Dinkins. Premio que obtuvo por su comedia Noche de ronda,
que fue presentada Off-Broadway en tres producciones
distintas, en menos de un año. Como dramaturgo, ha
incursionado en varios estilos que van desde la comedia, la
comedia de humor negro y el drama. No se ha detenido en un
solo tema sino que tiene una preocupación en la situación
que genera la inmigración de los latinoamericanos y la
situación de los marginales en una urbe fastuosa como Nueva
York. La problematica que genera el exilio cubano es otra
constante en su teatro. Su teatro busca la relación directa
entre las técnicas tradicionales y las nuevas técnicas que
incluyen la imagen y los efectos visuales no-teatrales. Su
obra Nadie se va del todo (1991) ha sido motivo de
diversos estudios críticos. Ha sido publicada, además de en
español, en traducciones en alemán y coreano. En 1994
inauguró el programa "El autor y su obra" en el prestigioso
festival de Cádiz, España. Es texto de estudio en cuatro
universidades de los Estados Unidos y de Valencia, España.
Varias de las obras de Monge Rafuls han sido producidas Off-Broadway
o en teatros regionales. Varias han sido traducidas al
portugués, al alemán. Algunas de sus obras están escritas
originalmente en inglés. Ha sido publicado en varias
antologías latinoamericanas y españolas, y en la segunda
antología de teatro latino de los Estados Unidos, de
TCG, la editorial americana más importante del país. En dos
antologías alemanas, una de autores latinoamericanos
exiliados. Monge Rafuls ha ofrecido talleres de dramaturgia
en Venezuela: en Guanare, Maracaibo, Barcelona y Caracas. En
Cartagena, Colombia y en distintas ciudades de los Estados
Unidos, en inglés o español. Ha sido contratado varias veces
por la ciudad de Nueva York para impartir talleres de
dramaturgia en centros comunales alrededor de dicha ciudad.
Ha sido jurado de importantes concursos
teatrales (también de artes visuales y literatura) en
importantes organizaciones culturales oficiales y privadas
de los Estados Unidos y América Latina. Ha participado en
los más importantes festivales de teatro y ha sido panelista
de innumerables conferencias alrededor del mundo y del
National Endowment for the Arts, la organización del
gobierno de los Estados Unidos que, desde Washington, otorga
ayuda a todas las organizaciones culturales de los Estados
Unidos.
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