LA OREJA MILITAR
por
Pedro R.
Monge Rafuls

Esta pieza
está inspirada en dos noticias de enero de 1993. Una fue el
secuestro de dos misioneras españolas, que ocurrió el 17 de
enero en una playa de Jolo, capital provincial de la isla de
Sulu, al sur de Manila. El secuestro fue realizado por un
grupo armado escindido del secesionista Frente Moro de
Liberación Nacional. La segunda fue la noticia de la
investigación por parte de Scotland Yard y del ejército
argentino sobre orejas y otras partes del cuerpo que fueron
mutiladas por los ingleses en la, breve, guerra de Las
Malvinas.
Para Iván
Uribe y mis compañeros
de
seminario en Medellín, Colombia:
Isaías
Bartola (Venezuela)
Floreal
Garrido (Panamá)
R.P.
Pascual Martínez (Cuba)
y de
Colombia:
R.P.
Bernardo Echeverrí, Mons. Álvaro Ramírez,
R.P.
Eduardo Toro, R.P. José Jaime Londoño y Gabriel Vélez
y en
Tegucigalpa, Honduras:
Oler
Bautista
R.P. Juan
Ordoñez
R.P.
Romeo Rivas (Cuba)
R.P.
Jesús Valladares (Cuba)
Y las
religiosas Carmelitas del Seminario San José de Tegucigalpa,
en 1963.
PERSONAJES:
Soldado I
Soldado
II
Sor Julia
Hermana
Caridad
La
acción ocurre en cualquier lugar del mundo. Época actual,
porque siempre habrá guerras. El escenario está completamente
vacío. Por el lado derecho
—del
público—
aparece el Soldado I montado en un caballo de
palo. Viste como un soldado de la primera guerra mundial. El
soldado I comienza a cabalgar, en círculo, por él escenario.
SOLDADO
I:
(Cantando.) Mambrú se fue a la guerra montando
en una perra/Mambrú se fue a la guerra montado en una perra/Que
do re mí/ Que do re fá/y no sé cuando vendrá/y no sé cuando
vendrá.
Aparece
el Soldado II montado en otro caballo de palo, --pero los
caballos deben ser completamente diferentes--. Este soldado
viste como un soldado moderno.
SOLDADO
I:
(Cantando.) Si vendrá por la Pascua o por la
Trinidad/Que do re mí/Que do re fá/o Por la Trinidad/Mambrú se
fue a la guerra montado en una perra.
SOLDADO I
Y II:
(Cantan al unísono.) Mambrú se fue a la guerra
montado en una perra/Que do re mí/Que do re fa/y no sé cuando
vendrá/Ay que dolor, que dolor, que pena/y no sé cuando vendrá.
Los dos
soldados comienzan a marchar, siempre con los caballos. Esta
marcha y los caballos debe ser un espectáculo grotesco,
risible, pero profundo.
SOLDADO I
y II:
(Como los militares.) Un, dos, Un dos, Un dos,
Un dos...
El Soldado I
sale del escenario, al galope y casi inmediatamente, el
Soldado II sale del escenario, al galope, por el otro lado. La
escena queda vacía por un máximo de diez segundos. Regresa el
Soldado I en el caballo de palo, al paso.
SOLDADO
I:
(Dialoga con mucha naturalidad, como en una
conversación muy familiar.) Yes, My Lord, hemos destruido los
ejércitos napoleónicos. Yes, My Lord, de acuerdo a nuestros
intereses...
Yes, My Lord. Yes, My Lord.
Nuestro
triunfo en las Falkland Islands fue apoteósico. (Saca unas
orejas enormes de los bolsillos y se las cuelga como si fuera
un escapulario. Las mantendrá colgadas durante toda la obra.)
No entiendo esa mala costumbre argentina de llamarlas las
Malvinas. (Otro tono.) Las Malvinas es un nombre..., ¿cómo
diríamos?...
¡Un
nombre común! ¡Plebeyo! No tiene el caché..., ni la
personalidad que le ofrece el idioma inglés...
Entra el
Soldado II. Viene vestido como Juana de Arco. Viene en
bicicleta. También trae dos enormes orejas colgadas del cuello.
SOLDADO
I:
Oh, mi querida Juana de Arco, adelante,
adelante.
Juana
de Arco se acerca. Se baja de la bicicleta y camina al lado
del Soldado I que está en el caballo.
SOLDADO
I:
(Hablando, con mucha familiaridad.)Le decía a
My Dear My Lord que hemos ganado la guerra a los argentinos.
Ya sabe su santidad lo atrasado que son los latinoamericanos,
sobre todo los que se creen europeos. (Ambos ríen a carcajadas.)
Parece ser mi querida santidad que, al parecer, algunos
suboficiales británicos han cortado las orejas de algunos
soldados argentinos para colgarlas en sus llaveros. (Juana de
Arco se ríe y juega con las orejas que lleva colgando del
uniforme militar.)
Según
el informe de más de 130 soldados británicos, esto se lo
dijeron a Scotland Yard, algunos soldados desfiguraron los
cadáveres de los argentinos. (Hablando a la tercera persona
invisible.) Yes, My Lord, entiendo... I understand pero
podemos tener completa confianza en Juanita... Sí, yes, yes,
es encantadora.
JUANA
DE ARCO. (Cantando.)Adiós Pampa mía/Adiós camino que he
recorrido/Ríos, montes y montañas/Pampera donde he nacido sino
volvemos a vernos. (Transición brusca.) Me voy, tengo que ir a
buscar a las monjas prisioneras. Les llevo un regalo. (Saca un
papel de envolver regalos y envuelve las orejas.)
SOLDADO I:
Are you leaving, dear?
Juana de
Arco no contesta. Se monta en la bicicleta y sale.
SOLDADO
I:
Ay, ay, yaiyai. Esa Juanita, tan coqueta. (Otro
tono. Realmente conmovido.) Y las pobres monjitas españolas...,
(Al borde del llanto.) prisioneras de esos bandidos musulmanes...,
como deben sufrir las pobrecitas. Perdidas en esa isla
meridional. (Otro tono. Docto.) Esos son los eventos
espectaculares que ayudaron a moldear la historia americana en
este siglo y en el otro... y en los siglos venideros. ¿Se
imaginan ustedes que sería América si Colón no nos hubiera
descubierto? Un continente
lleno de
indios y negros salvajes...
Sor
julia asoma la cabeza y medio cuerpo por uno de los lados del
escenario.
SOR
JULIA:
Shiiis, shiis, señor, señor..., aquí de este
lado. Negros no, sólo indios.
Sor
Julia desaparece. El Soldado I no le hace caso.
SOLDADO
I:
Un continente y unas islas llenas de indios y
negros salvajes. Increíble, increíble.
En ese
momento entra el Soldado II vestido de bandido musulmán, trae
a empujones a dos monjas misioneras. Una de las monjas, Sor
Julia tiene 50 años. La otra, la Hermana Caridad tiene 30 años.
Las empuja, las hace caer al suelo, están aterrorizadas, el
Soldado II les da unas patadas. El soldado I se acerca y con
mucha dulzura las abraza, le da una rosa a cada una, las ayuda
a levantarse. Una vez que se paran, las monjas cambian su
actitud. Se llenan de alegría.
MONJAS.
(Cantan y bailan Can-Can.)
Somos las
monjas prisioneras/los musulmanes son responsables de nuestra
desgracia/somos las monjas prisioneras/misioneras capturadas a
punta de pistola por tres hombres fuertes/fuertemente armados
nos han hecho prisioneras/guau, guau, guau... las monjas
secuestradas/¿qué dirá la gente?/ guau, guau, guau/gobierno
está ejerciendo presiones/ guau, guau, guau/para conseguir
nuestra liberación/guau, guau, guau/el obispo está cagado/la
madre superiora no sabe que... guau, guau, guau/el Papa, que
venga el Papa/guau, guau, guau.../el obispo no quiere pagar el
rescate/guau, guau, guau... Vuelven a su actitud de miedo, de
torturadas.
SOLDADO I:
It was the beginning of the war, and it
required astonishing optimism and faith on the dictator
planned cowardy...
Por eso,
queridas hermanas, queridas... (A la Hermana Caridad.) Ay,
mamacita abandona el convento, vamos a gozar. Nos vamos a
Brasil, al carnaval. Ya tú sabe' como es eso. Baile, ron y
sexo.
SOR
JULIA:
(Espantada.) Vade retro, Satanás.
El
Bandido Musulmán se acerca a las Monjas, las examina de arriba
abajo con la mirada; las aprieta por los brazos. Está
valorando las condiciones físicas de las Monjas.
BANDIDO:
(Refiriéndose a Sor Julia.) Por esta puedo
pedir un millón de dólares. Está muy maltratada. No creo que
sirva para nada... Tiene cara de impía. Envejecerá y se va a
morir. ¿Quién la quiere? (Por la Hermana Caridad.) Aaah, esta
es joven todavía. Puede servir para cualquier cosa. Tiene cara
de santa... No obstante si le metemos el diablo en el cuerpo
puede servir hasta para fuáaa.
(Hace un
gesto obsceno. Comienza a sacar cuentas en un papel.)
Podríamos pedir, a ver, a ver...cuatro cincuenta..., pero si
le agregamos los impuestos, son dos pesos más y con el alza
del costo de la vida, cincuenta centavos más; que hacen un
total de siete pesos. A pagar al contado.
SOLDADO
I:
Está bien, está bien..., quietos. No hagan más
ruido. Y no quiero que hagan ningún chiste de mal gusto.
La
Hermana Caridad grita asustada. Se esconde detrás de Sor
Julia. El Bandido corre hacia ella. La abraza con dulzura, la
consuela. Sor Julia también la consuela. El Soldado I se
enfurece por todo esto y tira el caballo al suelo y le da
patadas.
HERMANA
CARIDAD:
Oh, ha sido una experiencia horrible. No sé qué
hacer. (A Sor Julia.) ¿Qué le vamos a decir a la madre
superiora? Nunca nos va a creer lo que estamos sufriendo,
solas e indefensas, en manos de estos bandidos inmisericordes.
Ay, ay, yai, yaiii. La madre superiora va a tener que vender
la corona de las imágenes de todas las santas vírgenes para
poder pagar mi rescate. ¡Siete dólares! ¿Qué van hacer? Estoy
desconsolada porque sé que no van a pagar el rescate..., el
obispo se va a oponer y el Papa, ¿qué dirá el Papa? El rescate
de un millón lo enviarán, pero temo que no envíen el mío.
SOR
JULIA:
Ser monja es muy difícil..., dificilísimo.
HERMANA
CARIDAD:
Con la oración se alcanza eso y más...
SOLDADO
I:
(Angustiado.) Mi caballo, mi caballito lindo.
Pobrecito. Por culpa de estas dos brujas.
Ay, caballito bello, precioso. (Canta la
ranchera mexicana.) “... Era lindo mi caballo/era mi amigo más
fiel/ligerito como el rayo/era de muy buena ley/Nació de una
yegua fina...”([1])
BANDIDO:
(Interrumpiendo la ranchera.) No llores más, me
pones los nervios de punta. Te compraré otro, más bonito, de
color rojo para que se vea en la distancia.
SOLDADO
I:
Prométemelo.
BANDIDO:
Trae una Biblia, lo juraré.
SOLDADO
I:
Tú eres musulmán.
BANDIDO:
So what? Estás poniendo fuertes presiones sobre
mi cabeza. No puedo pensar si continúas llorando. No resisto
el llanto de las mariquitas.
SOLDADO
I:
Lloraré como un hombre.
SOR
JULIA:
Los hombres no lloran.
BANDIDO:
Sin embargo, hasta el momento no nos hemos
responsabilizado del secuestro.
HERMANA
CARIDAD.
¿Todavía no han pedido el rescate?
SOR
JULIA:
Aun no entiendo porque cantó una ranchera
mexicana.
SOLDADO
I:
Es música de macho. Son aguerridas y están
llenas de sentimiento.
SOR
JULIA:
¿Es cierto que Pancho Villa estaba enamorado de
la Emperatriz María Eugenia?
SOLDADO
I:
Eso es una calumnia de la Malinche, que desea
formar un enredo protocolar que comience una guerra entre
Monteczuma y el Presidente de los Estados Unidos.
SOR
JULIA:
Lo leí bien clarito en la guía turística de
Acapulco.
BANDIDO:
Tonterías. Pancho Villa es mi mejor amigo y
nunca me ha dicho que...
HERMANA
CARIDAD:
(Interrumpiendo.) ¿Qué esperan para pedir el
rescate?
SOR
JULIA:
Es increíble. Que burro que son los dos.
SOLDADO
I:
Yo, yo..., yo no sé escribir.
Las dos
monjas miran hacia el bandido, que se hace el disimulado para
que no le pregunten. Las monjas entienden que no sabe escribir
tampoco.
HERMANA
CARIDAD:
¡Qué remedio!
SOR
JULIA:
Debíamos cobrarles una donación por enseñarlo a
leer. En el convento nos enseñaron.
HERMANA
CARIDAD:
Hagámoslo de gratis para acabar de salir de
este embrollo.
SOLDADO
I:
Les dictaré lo que tienen que decir: El 19 de
julio de 1940 Hitler dijo uno de sus discursos más delirantes
y triunfantes, donde hizo su oferta de paz...
([2])
BANDIDO:
¡¿Oferta de paz!? (Con mucha repugnancia.) Paz,
paz, paz, ¿a quién se le ocurre hacer una oferta de paz? El
mundo no puede vivir en paz. Es imposible. ¿Me oíste?
Imposible. Te lo voy a decir en francés para que me entiendas.
(Gritando.) Coño, eso no puede ser, carajo. (Calmado.) Ya no
me vuelvas a hacer hablar más en idiomas extranjeros. Los odio.
SOLDADO
I:
Está bien, está bien. Cálmate. Así no vamos a
ir muy lejos.
Vamos a
organizarnos.
BANDIDO:
(En un aparte. al Soldado I) Tenemos que
planear cuando es que vamos a violar a las monjas. ¿Antes o
después de almuerzo?
SOLDADO
I:
Por la noche.
BANDIDO:
¿Por la noche? (Triste.) Me acuesto muy
temprano. Me entra un sueño que no puedo controlar.
SOR
JULIA:
(Que ha oído.) No permitiré que violen a la
Hermana Caridad. (Resignada.) Yo no opondré resistencia... Es
la voluntad del Todopoderoso, pero nunca, nunca, ¿me oyeron
bien? Nunca permitiré que
le mancillen
el... nunca, nunca lo permitiré. (Excitada.) Corra, Hermana
Caridad, corra, escápese... (Se lanza sobre los dos hombres.
Los derriba, forcejeando los logra dominar y se sienta sobre
ambos que no se pueden mover.) Corra Hermana, escápese
mientras aun se puede. Ya estoy perdiendo las fuerzas.
Escápese y pida auxilio...
La
Hermana Caridad se acerca a Sor Julia y la aparta, de los dos
hombres, logrando dominar la ligera resistencia que hace Sor
Julia.
HERMANA
CARIDAD:
No, Sor Julia, no hay nada que temer. La fe
mueve montañas y yo estoy segura que estos dos hombres no
podrán con nuestra fe. No se preocupe. El Señor es mi pastor.
SOR
JULIA:
Hermana, pero... Los dos hombres se paran.
SOLDADO
I:
Me muero por comerme un pan con bisteck.
BANDIDO:
Con papitas fritas...
SOLDADO
I:
Envuelto en un taquito con mucho chile...
BANDIDO:
...y después un flan al estilo cubano.
SOLDADO
I:
Y un delicioso “bien me sabe” venezolano..., y
un café colombiano.
BANDIDO:
Lo he decidido, no las vamos a violar.
HERMANA
CARIDAD:
Lo dije.
BANDIDO:
Les cortaremos las orejas... igual que hacen
los ingleses.
SOLDADO
I:
Pero no puedes, ¡eres un bárbaro musulmán! (Habla
con gran amaneramiento.) Los ingleses son gente civilizadas,
europeos de antiguas tradiciones, lo hacen en nombre de la
reina... No puedes entender, nunca podrás entender. Allí, en
aquella guerra peleó el príncipe Andrés. Los gringos los
ayudaron porque eran aliados. El mundo entero estuvo al lado
de los ingleses. ¿No te das cuenta que no es lo mismo? ¡Pobre
pagano!, ¡compararse con los ingleses!
LAS DOS
MONJAS. ¡Pobrecito!
SOR
JULIA:
El sol del desierto le ha fundido las pilas de
la cabeza.
SOLDADO
I:
Mambrú se fue a la guerra/montado en una perra/que
do re mí/que do re fá...
BANDIDO:
Un dos, un dos, un dos...
El
Soldado I marcha.
SOR
JULIA:
Tengo una idea.
BANDIDO:
Ahora no. Debemos escribir la carta pidiendo el
rescate.
HERMANA
CARIDAD:
(Con vergüenza.) Ay, que pena, se me había
olvidado. (Busca en su hábito.) No tengo pluma.
SOR
JULIA:
(Irónica.) No decías que la fe lo da todo...
BANDIDO:
Yo me robé una pluma hace poco. (Busca.) La he
perdido.
(Al Soldado
I. Sospechoso.) Todo esto es sospechoso. Yo tenía esa pluma
hace un momento. Te la enseñé. ¿Dónde está?
SOLDADO
I:
¡La pluma! ¿Qué pluma? No sé de qué me hablas...
El Bandido se coloca a las espaldas del Soldado. Le hace una
llave por el cuello que lo deja indefenso. Sor Julia se
apresura hacia ellos y busca en
los
bolsillos del Soldado. Saca la pluma.
SOR
JULIA:
(Triunfante.) ¡La pluma!
HERMANA
CARIDAD:
Ahora falta el papel.
SOLDADO
I:
No tengo papel.
BANDIDO:
¿Qué haremos?
SOR
JULIA:
Debemos pensar algo... rápido.
HERMANA
CARIDAD:
No deseo estar aquí, ni un minuto más.
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
HERMANA
CARIDAD:
¡Ya!
EL
RESTO. ¿Qué?, ¿qué?
HERMANA
CARIDAD:
No, no...
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
SOLDADO
I:
¡Ya sé! (Todos lo atienden.) Bueno si hacemos
que... entonces pensarían que... nosotros podríamos... pero la
cuestión es que entonces... pensarían que... es un asunto muy
delicado.
BANDIDO:
Basta, basta, te dije que no me atormentaras...
Me pones nervioso y comienza a dolerme la cabeza.
HERMANA
CARIDAD:
Pobrecito.
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
El
Soldado I se rasca la cabeza, y ostensiblemente la oreja.
SOLDADO
I:
¡Ya está! ¡Claro!
HERMANA
CARIDAD:
(Dándose cuenta.) La oreja del argentino.
SOR
JULIA:
Eso va contra mis principios religiosos. No
puede ser. La iglesia siempre se ha opuesto a la
homosexualidad.
SOLDADO
I:
Sí, sí... y a todo el progreso.
BANDIDO:
(Enojado.) Siempre robándose el crédito de las
buenas acciones... El comunismo también persiguió a los
dañados y jodió a los pobres... ¿Y qué me dicen del nazismo?
¿Eh?... ¿eh?... ¿eh?
HERMANA
CARIDAD:
(Triunfante.) Pero nosotros lo hicimos primero...
Desde tiempos del Papa Borgia.
SOR
JULIA:
Pensemos, pensemos.
BANDIDO:
No importa. Yo soy un guerrillero.
SOLDADO
I:
Es cierto.
HERMANA
CARIDAD:
Que fácil se solucionó.
SOLDADO
I:
La vida es sueño y los sueños, sueños son.
BANDIDO:
Ay, que tierno. Me encanta lo que acabas de
decir. Eres un gran pensador...
SOLDADO
I:
También soy poeta. Oye esta poesía que acabo de
componer: Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, /como
las leves briznas al viento y al azar. /Talvez bajo otro cielo
la gloria nos sonríe. / La vida es clara, undívaga y abierta
como el mar.
([3])
BANDIDO:
¡Maravillosa! ¡Maravillosa!
SOR
JULIA:
No está mal.
HERMANA
CARIDAD:
Pero es muy corta.
SOLDADO
I:
Es muy larga, pero no les daré el placer de
oírme.
BANDIDO:
Por favor, mi amor.
SOLDADO
I:
Bueno, mami, pero no la recitaré toda. Solo las
dos estrofas finales.
SOR
JULIA:
Que bonita pareja hacen.
SOLDADO
I:
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan
lúgubres, /como en las noches lúgubres el canto del pinar. /
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,/y acaso ni Dios
mismo nos pueda consolar./Mas hay también, ¡oh Tierra!, un día...
un día... un día/en que levamos anclas para jamás volver.../Un
día en que discurren vientos ineluctables. / ¡Un día en que ya
nadie nos puede retener!([4])
HERMANA
CARIDAD:
¡Bellísima! Nunca pensé...
BANDIDO:
Esas son sensiblerías.
SOR
JULIA:
Que saben los salvajes idólatras de literatura.
SOLDADO
I:
Sería mucho pedir.
HERMANA
CARIDAD:
Yo he viajado por toda Europa... ¡que
civilización! (Al Bandido.) Yo desearía que Ud. me... me... me
ayude a sacar un pasaporte, cualquier documento donde mi edad
aparezca... bueno... Ud. sabe... que aparezca reducida. Sí,
menos años que los que realmente tengo... Yo, la verdad, la
verdad es que nunca tuve novio, uno que fuera más viejo que yo...
ni siquiera uno más joven... bueno, quizás tuve uno... Todo el
mundo cree que yo tengo 28 años... Bueno, er, yo me hice una
cirugía... pero no me la volveré a hacer, cuesta muchísimo y
una se ve tan horrible con toda la cara hinchada... Lo que más
me dolió fue el arreglo de la quijada y Díos mío, achicarme la
nariz... no deseo ni acordarme. (Se da cuenta.) Bueno en
realidad no me hice nada...digo...si me la hubiese hecho. ¿Por
qué no me la hice? Pues porque los sabios no han logrado
explicar nuestra melancolía... No se rían, es verdad... ¿Qué
les parece? (Otro tono.) Ay, me acuerdo de aquel día en
Madrid, el mismo día que profesé de religiosa... yo fui a la
plaza de toros pues desde que vivía en Placetas odiaba a las
vacas... y mi sueño era ir a España a ver matar los toros... ¡Olé!
y al fin se me cumplió. Toreaba el gran matador: ¡El Madrileño!
y hacia allá me fui... ¡Olé! Llegué, había... era como un
sueño, todos los gallegos estaban esperando a que mataran el
toro... miles de personas y casi no consigo un asiento... (Se
ríe picara.) Entré colada. (Otro tono.) Yo con esta pinta de
gallega que tengo, y ni corta ni perezosa me recogí la
mantilla, me puse una flor entre los dientes, se lo pedí a la
Virgen de las Nubes, y fuá... se me hizo el milagro; para
dentro. En primera fila. Allí estaba el torero con su traje
rosado, apretado, pegado al cuerpo dejando ver sus enormes
testículos... que el toro miraba con envidia. Su corbatín rojo
y su capa bordada, con rosas rojas... estaba oscuro y sobre su
figura varonil había un reflector. Agarré la espada y me le
enfrenté al toro... Nunca me había emocionado tanto, desde
aquel día que había visto bailar a Fred Astaire con Ginger
Rogers. Comencé a bailar con el torero, el toro deseándolo
embestir, celoso por el bulto que se le marcaba... Me acordé
de otro momento, en Cuba, cuando el comunista dijo: “La
atmósfera laboral pudiera ser tormentosa”... ay, en ese
momento Meche me dió una postal... ¿Quién es Meche? Volteé la
postal y leí, ¡qué ridícula! Hablaba de bendiciones y
comuniones. Oh Dios... y eso fue en 1907... Oh sueños de
sueños... El torero sabe a gloria pero Mayagüez sabe a mango
maduro (De pronto aparece en algún lugar del escenario una
diapositiva con la imagen de la Virgen, unos mangos y una
vela.) Claro, yo sabía que en algún lugar lo había visto...
Mayagüez, Puerto Rico, tan bello. Allí vive mi primita Alicia
que siempre anda con una muñeca chiquitica, rubia, de ojos
azules que habla inglés nada más...
SOR
JULIA:
(Le tapa la boca, callándola.) Me fastidian las
monjas que hablan mucho. (Irónica.) Se creen grandes
intelectuales. Tienen complejo de Santa Teresa mezclada con
Sor Juana Inés... ¡No las soporto!
BANDIDO:
Lo que pasa es que estás celosa.
SOR
JULIA:
¡¿Yo!? ¡Qué va! Sus intereses no son iguales a
los míos.
(Soñadora.)
Siempre he soñado con ser Tarzán. Ay, Dios mío, hazme el
milagro. Hazme Tarzán de los monos, para ir de liana en liana,
dando gritos gorilescos. (Desanimada.) Por mucho que rezo el
milagro no se me ha concedido. (Esperanzada.) Ahora le estoy
haciendo una novena a San Judas Tadeo, el abogado de lo
imposible. El miedo que me da es que San Judas no me entienda
bien y me convierta en el mono de Tarzán en vez de Tarzán, el
hombre mono...
HERMANA
CARIDAD:
Yo sueño con ser santa. Por eso me metí a monja.
Para alcanzar la perfección.
SOLDADO
I:
¿Y el obispo qué dice?
SOR
JULIA:
El siempre ha deseado ser Cleopatra... El está
perdidamente enamorado de Julio César...
BANDIDO:
Yo era un camello en la otra vida.
HERMANA
CARIDAD:
Nadie parece darse cuenta de la gravedad de la
situación. El rescate... Debemos buscar una solución antes que
se declare la guerra entre el cardenal y el tirano... ¿La
carta? ¿Quién escribirá la carta?
SOLDADO
I:
Conmigo no cuenten.
El
Soldado I se monta en el caballo y comienza a dar vueltas por
el escenario. Se baja y pasea por los pasillos mientras los
demás personajes hablan.
HERMANA
CARIDAD:
(Al Bandido.) ¿Y en qué van a gastar el dinero
del rescate?
BANDIDO:
En preparar la guerra santa.
SOLDADO
I:
(Desde Platea.) ¿Pero y la paz?
BANDIDO:
(Con mucho asco.) Me repugna esa palabra.
(Gritando.)
¿Cuántas veces te lo he dicho? ¡Miles de veces! Haces que me
duela la
cabeza.
SOR
JULIA:
¿Comprarán los mejores bombarderos?
BANDIDO:
Compraremos los mejores cohetes espaciales,
radares cilíndricos, cuadrados, redondos... Todas las armas
poderosas...
SOLDADO
I: |