Miami
Estados Unidos
Año VII 

Nº 39/40

Escríbanos    

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

   

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 

 

 

 

LA OREJA MILITAR

 

por

 

Pedro R. Monge Rafuls

 

     Esta pieza está inspirada en dos noticias de enero de 1993. Una fue el secuestro de dos misioneras españolas, que ocurrió el 17 de enero en una playa de Jolo, capital provincial de la isla de Sulu, al sur de Manila. El secuestro fue realizado por un grupo armado escindido del secesionista Frente Moro de Liberación Nacional. La segunda fue la noticia de la investigación por parte de Scotland Yard y del ejército argentino sobre orejas y otras partes del cuerpo que fueron mutiladas por los ingleses en la, breve, guerra de Las Malvinas.

 

Para Iván Uribe y mis compañeros

de seminario en Medellín, Colombia:

Isaías Bartola (Venezuela)

Floreal Garrido (Panamá)

R.P. Pascual Martínez (Cuba)

y de Colombia:

R.P. Bernardo Echeverrí, Mons. Álvaro Ramírez,

R.P. Eduardo Toro, R.P. José Jaime Londoño y Gabriel Vélez

y en Tegucigalpa, Honduras:

Oler Bautista

R.P. Juan Ordoñez

R.P. Romeo Rivas (Cuba)

R.P. Jesús Valladares (Cuba)

Y las religiosas Carmelitas del Seminario San José de Tegucigalpa, en 1963.

 

PERSONAJES:

Soldado I

Soldado II

Sor Julia

Hermana Caridad

 

La acción ocurre en cualquier lugar del mundo. Época actual, porque siempre habrá guerras. El escenario está completamente vacío. Por el lado derecho del público aparece el Soldado I montado en un caballo de palo. Viste como un soldado de la primera guerra mundial. El soldado I comienza a cabalgar, en círculo, por él escenario.

 

SOLDADO I: (Cantando.) Mambrú se fue a la guerra montando en una perra/Mambrú se fue a la guerra montado en una perra/Que do re mí/ Que do re fá/y no sé cuando vendrá/y no sé cuando vendrá.

     Aparece el Soldado II montado en otro caballo de palo, --pero los caballos deben ser completamente diferentes--. Este soldado viste como un soldado moderno.

 

SOLDADO I: (Cantando.) Si vendrá por la Pascua o por la Trinidad/Que do re mí/Que do re fá/o Por la Trinidad/Mambrú se fue a la guerra montado en una perra.

 

SOLDADO I Y II: (Cantan al unísono.) Mambrú se fue a la guerra montado en una perra/Que do re mí/Que do re fa/y no sé cuando vendrá/Ay que dolor, que dolor, que pena/y no sé cuando vendrá.

     Los dos soldados comienzan a marchar, siempre con los caballos. Esta marcha y los caballos debe ser un espectáculo grotesco, risible, pero profundo.

 

SOLDADO I y II: (Como los militares.) Un, dos, Un dos, Un dos, Un dos...

El Soldado I sale del escenario, al galope y casi inmediatamente, el Soldado II sale del escenario, al galope, por el otro lado. La escena queda vacía por un máximo de diez segundos. Regresa el Soldado I en el caballo de palo, al paso.

 

SOLDADO I: (Dialoga con mucha naturalidad, como en una conversación muy familiar.) Yes, My Lord, hemos destruido los ejércitos napoleónicos. Yes, My Lord, de acuerdo a nuestros intereses... Yes, My Lord. Yes, My Lord. Nuestro triunfo en las Falkland Islands fue apoteósico. (Saca unas orejas enormes de los bolsillos y se las cuelga como si fuera un escapulario. Las mantendrá colgadas durante toda la obra.) No entiendo esa mala costumbre argentina de llamarlas las Malvinas. (Otro tono.) Las Malvinas es un nombre..., ¿cómo diríamos?...

     ¡Un nombre común! ¡Plebeyo! No tiene el caché..., ni la personalidad que le ofrece el idioma inglés...

Entra el Soldado II. Viene vestido como Juana de Arco. Viene en bicicleta. También trae dos enormes orejas colgadas del cuello.

 

SOLDADO I: Oh, mi querida Juana de Arco, adelante, adelante.

     Juana de Arco se acerca. Se baja de la bicicleta y camina al lado del Soldado I que está en el caballo.

 

SOLDADO I: (Hablando, con mucha familiaridad.)Le decía a My Dear My Lord que hemos ganado la guerra a los argentinos. Ya sabe su santidad lo atrasado que son los latinoamericanos, sobre todo los que se creen europeos. (Ambos ríen a carcajadas.) Parece ser mi querida santidad que, al parecer, algunos suboficiales británicos han cortado las orejas de algunos soldados argentinos para colgarlas en sus llaveros. (Juana de Arco se ríe y juega con las orejas que lleva colgando del uniforme militar.)

     Según el informe de más de 130 soldados británicos, esto se lo dijeron a Scotland Yard, algunos soldados desfiguraron los cadáveres de los argentinos. (Hablando a la tercera persona invisible.) Yes, My Lord, entiendo... I understand pero podemos tener completa confianza en Juanita... Sí, yes, yes, es encantadora.

     JUANA DE ARCO. (Cantando.)Adiós Pampa mía/Adiós camino que he recorrido/Ríos, montes y montañas/Pampera donde he nacido sino volvemos a vernos. (Transición brusca.) Me voy, tengo que ir a buscar a las monjas prisioneras. Les llevo un regalo. (Saca un papel de envolver regalos y envuelve las orejas.)

 

SOLDADO I: Are you leaving, dear?

     Juana de Arco no contesta. Se monta en la bicicleta y sale.

 

SOLDADO I: Ay, ay, yaiyai. Esa Juanita, tan coqueta. (Otro tono. Realmente conmovido.) Y las pobres monjitas españolas..., (Al borde del llanto.) prisioneras de esos bandidos musulmanes..., como deben sufrir las pobrecitas. Perdidas en esa isla meridional. (Otro tono. Docto.) Esos son los eventos espectaculares que ayudaron a moldear la historia americana en este siglo y en el otro... y en los siglos venideros. ¿Se imaginan ustedes que sería América si Colón no nos hubiera descubierto? Un continente

lleno de indios y negros salvajes...

     Sor julia asoma la cabeza y medio cuerpo por uno de los lados del escenario.

 

SOR JULIA: Shiiis, shiis, señor, señor..., aquí de este lado. Negros no, sólo indios.

     Sor Julia desaparece. El Soldado I no le hace caso.

 

SOLDADO I: Un continente y unas islas llenas de indios y negros salvajes. Increíble, increíble.

     En ese momento entra el Soldado II vestido de bandido musulmán, trae a empujones a dos monjas misioneras. Una de las monjas, Sor Julia tiene 50 años. La otra, la Hermana Caridad tiene 30 años. Las empuja, las hace caer al suelo, están aterrorizadas, el Soldado II les da unas patadas. El soldado I se acerca y con mucha dulzura las abraza, le da una rosa a cada una, las ayuda a levantarse. Una vez que se paran, las monjas cambian su actitud. Se llenan de alegría.

     MONJAS. (Cantan y bailan Can-Can.) Somos las monjas prisioneras/los musulmanes son responsables de nuestra desgracia/somos las monjas prisioneras/misioneras capturadas a punta de pistola por tres hombres fuertes/fuertemente armados nos han hecho prisioneras/guau, guau, guau... las monjas secuestradas/¿qué dirá la gente?/ guau, guau, guau/gobierno está ejerciendo presiones/ guau, guau, guau/para conseguir nuestra liberación/guau, guau, guau/el obispo está cagado/la madre superiora no sabe que... guau, guau, guau/el Papa, que venga el Papa/guau, guau, guau.../el obispo no quiere pagar el rescate/guau, guau, guau... Vuelven a su actitud de miedo, de torturadas.

 

SOLDADO I: It was the beginning of the war, and it required astonishing optimism and faith on the dictator planned cowardy... Por eso, queridas hermanas, queridas... (A la Hermana Caridad.) Ay, mamacita abandona el convento, vamos a gozar. Nos vamos a Brasil, al carnaval. Ya tú sabe' como es eso. Baile, ron y sexo.

 

SOR JULIA: (Espantada.) Vade retro, Satanás.

     El Bandido Musulmán se acerca a las Monjas, las examina de arriba abajo con la mirada; las aprieta por los brazos. Está valorando las condiciones físicas de las Monjas.

 

BANDIDO: (Refiriéndose a Sor Julia.) Por esta puedo pedir un millón de dólares. Está muy maltratada. No creo que sirva para nada... Tiene cara de impía. Envejecerá y se va a morir. ¿Quién la quiere? (Por la Hermana Caridad.) Aaah, esta es joven todavía. Puede servir para cualquier cosa. Tiene cara de santa... No obstante si le metemos el diablo en el cuerpo puede servir hasta para fuáaa.

(Hace un gesto obsceno. Comienza a sacar cuentas en un papel.)

     Podríamos pedir, a ver, a ver...cuatro cincuenta..., pero si le agregamos los impuestos, son dos pesos más y con el alza del costo de la vida, cincuenta centavos más; que hacen un total de siete pesos. A pagar al contado.

 

SOLDADO I: Está bien, está bien..., quietos. No hagan más ruido. Y no quiero que hagan ningún chiste de mal gusto.

     La Hermana Caridad grita asustada. Se esconde detrás de Sor Julia. El Bandido corre hacia ella. La abraza con dulzura, la consuela. Sor Julia también la consuela. El Soldado I se enfurece por todo esto y tira el caballo al suelo y le da patadas.

 

HERMANA CARIDAD: Oh, ha sido una experiencia horrible. No sé qué hacer. (A Sor Julia.) ¿Qué le vamos a decir a la madre superiora? Nunca nos va a creer lo que estamos sufriendo, solas e indefensas, en manos de estos bandidos inmisericordes. Ay, ay, yai, yaiii. La madre superiora va a tener que vender la corona de las imágenes de todas las santas vírgenes para poder pagar mi rescate. ¡Siete dólares! ¿Qué van hacer? Estoy desconsolada porque sé que no van a pagar el rescate..., el obispo se va a oponer y el Papa, ¿qué dirá el Papa? El rescate de un millón lo enviarán, pero temo que no envíen el mío.

 

SOR JULIA: Ser monja es muy difícil..., dificilísimo.

 

HERMANA CARIDAD: Con la oración se alcanza eso y más...

 

SOLDADO I: (Angustiado.) Mi caballo, mi caballito lindo. Pobrecito. Por culpa de estas dos brujas. Ay, caballito bello, precioso. (Canta la ranchera mexicana.) “... Era lindo mi caballo/era mi amigo más fiel/ligerito como el rayo/era de muy buena ley/Nació de una yegua fina...”([1])

 

BANDIDO: (Interrumpiendo la ranchera.) No llores más, me pones los nervios de punta. Te compraré otro, más bonito, de color rojo para que se vea en la distancia.

 

SOLDADO I: Prométemelo.

 

BANDIDO: Trae una Biblia, lo juraré.

 

SOLDADO I: Tú eres musulmán.

 

BANDIDO: So what? Estás poniendo fuertes presiones sobre mi cabeza. No puedo pensar si continúas llorando. No resisto el llanto de las mariquitas.

 

SOLDADO I: Lloraré como un hombre.

 

SOR JULIA: Los hombres no lloran.

 

BANDIDO: Sin embargo, hasta el momento no nos hemos responsabilizado del secuestro.

 

HERMANA CARIDAD. ¿Todavía no han pedido el rescate?

 

SOR JULIA: Aun no entiendo porque cantó una ranchera mexicana.

 

SOLDADO I: Es música de macho. Son aguerridas y están llenas de sentimiento.

 

SOR JULIA: ¿Es cierto que Pancho Villa estaba enamorado de la Emperatriz María Eugenia?

 

SOLDADO I: Eso es una calumnia de la Malinche, que desea formar un enredo protocolar que comience una guerra entre Monteczuma y el Presidente de los Estados Unidos.

 

SOR JULIA: Lo leí bien clarito en la guía turística de Acapulco.

 

BANDIDO: Tonterías. Pancho Villa es mi mejor amigo y nunca me ha dicho que...

 

HERMANA CARIDAD: (Interrumpiendo.) ¿Qué esperan para pedir el rescate?

 

SOR JULIA: Es increíble. Que burro que son los dos.

 

SOLDADO I: Yo, yo..., yo no sé escribir.

     Las dos monjas miran hacia el bandido, que se hace el disimulado para que no le pregunten. Las monjas entienden que no sabe escribir tampoco.

 

HERMANA CARIDAD: ¡Qué remedio!

 

SOR JULIA: Debíamos cobrarles una donación por enseñarlo a leer. En el convento nos enseñaron.

 

HERMANA CARIDAD: Hagámoslo de gratis para acabar de salir de este embrollo.

 

SOLDADO I: Les dictaré lo que tienen que decir: El 19 de julio de 1940 Hitler dijo uno de sus discursos más delirantes y triunfantes, donde hizo su oferta de paz... ([2])

 

BANDIDO: ¡¿Oferta de paz!? (Con mucha repugnancia.) Paz, paz, paz, ¿a quién se le ocurre hacer una oferta de paz? El mundo no puede vivir en paz. Es imposible. ¿Me oíste? Imposible. Te lo voy a decir en francés para que me entiendas. (Gritando.) Coño, eso no puede ser, carajo. (Calmado.)  Ya no me vuelvas a hacer hablar más en idiomas extranjeros. Los odio.

 

SOLDADO I: Está bien, está bien. Cálmate. Así no vamos a ir muy lejos.

Vamos a organizarnos.

 

BANDIDO: (En un aparte. al Soldado I) Tenemos que planear cuando es que vamos a violar a las monjas. ¿Antes o después de almuerzo?

 

SOLDADO I: Por la noche.

 

BANDIDO: ¿Por la noche? (Triste.) Me acuesto muy temprano. Me entra un sueño que no puedo controlar.

 

SOR JULIA: (Que ha oído.) No permitiré que violen a la Hermana Caridad. (Resignada.) Yo no opondré resistencia... Es la voluntad del Todopoderoso, pero nunca, nunca, ¿me oyeron bien? Nunca permitiré que

le mancillen el... nunca, nunca lo permitiré. (Excitada.) Corra, Hermana Caridad, corra, escápese... (Se lanza sobre los dos hombres. Los derriba, forcejeando los logra dominar y se sienta sobre ambos que no se pueden mover.) Corra Hermana, escápese mientras aun se puede. Ya estoy perdiendo las fuerzas. Escápese y pida auxilio...

     La Hermana Caridad se acerca a Sor Julia y la aparta, de los dos hombres, logrando dominar la ligera resistencia que hace Sor Julia.

 

HERMANA CARIDAD: No, Sor Julia, no hay nada que temer. La fe mueve montañas y yo estoy segura que estos dos hombres no podrán con nuestra fe. No se preocupe. El Señor es mi pastor.

 

SOR JULIA: Hermana, pero... Los dos hombres se paran.

 

SOLDADO I: Me muero por comerme un pan con bisteck.

 

BANDIDO: Con papitas fritas...

 

SOLDADO I: Envuelto en un taquito con mucho chile...

 

BANDIDO: ...y después un flan al estilo cubano.

 

SOLDADO I: Y un delicioso “bien me sabe” venezolano..., y un café colombiano.

 

BANDIDO: Lo he decidido, no las vamos a violar.

 

HERMANA CARIDAD: Lo dije.

 

BANDIDO: Les cortaremos las orejas... igual que hacen los ingleses.

 

SOLDADO I: Pero no puedes, ¡eres un bárbaro musulmán! (Habla con gran amaneramiento.) Los ingleses son gente civilizadas, europeos de antiguas tradiciones, lo hacen en nombre de la reina... No puedes entender, nunca podrás entender. Allí, en aquella guerra peleó el príncipe Andrés. Los gringos los ayudaron porque eran aliados. El mundo entero estuvo al lado de los ingleses. ¿No te das cuenta que no es lo mismo? ¡Pobre pagano!, ¡compararse con los ingleses!

     LAS DOS MONJAS. ¡Pobrecito!

 

SOR JULIA: El sol del desierto le ha fundido las pilas de la cabeza.

 

SOLDADO I: Mambrú se fue a la guerra/montado en una perra/que do re mí/que do re fá...

 

BANDIDO: Un dos, un dos, un dos...

     El Soldado I marcha.

 

SOR JULIA: Tengo una idea.

 

BANDIDO: Ahora no. Debemos escribir la carta pidiendo el rescate.

 

HERMANA CARIDAD: (Con vergüenza.) Ay, que pena, se me había olvidado. (Busca en su hábito.) No tengo pluma.

 

SOR JULIA: (Irónica.) No decías que la fe lo da todo...

 

BANDIDO: Yo me robé una pluma hace poco. (Busca.) La he perdido.

(Al Soldado I. Sospechoso.) Todo esto es sospechoso. Yo tenía esa pluma hace un momento. Te la enseñé. ¿Dónde está?

 

SOLDADO I: ¡La pluma! ¿Qué pluma? No sé de qué me hablas... El Bandido se coloca a las espaldas del Soldado. Le hace una llave por el cuello que lo deja indefenso. Sor Julia se apresura hacia ellos y busca en

los bolsillos del Soldado. Saca la pluma.

 

SOR JULIA: (Triunfante.) ¡La pluma!

 

HERMANA CARIDAD: Ahora falta el papel.

 

SOLDADO I: No tengo papel.

 

BANDIDO: ¿Qué haremos?

 

SOR JULIA: Debemos pensar algo... rápido.

 

HERMANA CARIDAD: No deseo estar aquí, ni un minuto más.

 

SOR JULIA: Pensemos, pensemos.

 

HERMANA CARIDAD: ¡Ya!

     EL RESTO. ¿Qué?, ¿qué?

 

HERMANA CARIDAD: No, no...

 

SOR JULIA: Pensemos, pensemos.

 

SOLDADO I: ¡Ya sé! (Todos lo atienden.) Bueno si hacemos que... entonces pensarían que... nosotros podríamos... pero la cuestión es que entonces... pensarían que... es un asunto muy delicado.

 

BANDIDO: Basta, basta, te dije que no me atormentaras... Me pones nervioso y comienza a dolerme la cabeza.

 

HERMANA CARIDAD: Pobrecito.

 

SOR JULIA: Pensemos, pensemos.

     El Soldado I se rasca la cabeza, y ostensiblemente la oreja.

 

SOLDADO I: ¡Ya está! ¡Claro!

 

HERMANA CARIDAD: (Dándose cuenta.) La oreja del argentino.

 

SOR JULIA: Eso va contra mis principios religiosos. No puede ser. La iglesia siempre se ha opuesto a la homosexualidad.

 

SOLDADO I: Sí, sí... y a todo el progreso.

 

BANDIDO: (Enojado.) Siempre robándose el crédito de las buenas acciones... El comunismo también persiguió a los dañados y jodió a los pobres... ¿Y qué me dicen del nazismo? ¿Eh?... ¿eh?... ¿eh?

 

HERMANA CARIDAD: (Triunfante.) Pero nosotros lo hicimos primero... Desde tiempos del Papa Borgia.

 

SOR JULIA: Pensemos, pensemos.

 

BANDIDO: No importa. Yo soy un guerrillero.

 

SOLDADO I: Es cierto.

 

HERMANA CARIDAD: Que fácil se solucionó.

 

SOLDADO I: La vida es sueño y los sueños, sueños son.

 

BANDIDO: Ay, que tierno. Me encanta lo que acabas de decir. Eres un gran pensador...

 

SOLDADO I: También soy poeta. Oye esta poesía que acabo de componer: Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, /como las leves briznas al viento y al azar. /Talvez bajo otro cielo la gloria nos sonríe. / La vida es clara, undívaga y abierta como el mar. ([3])

 

BANDIDO: ¡Maravillosa! ¡Maravillosa!

 

SOR JULIA: No está mal.

 

HERMANA CARIDAD: Pero es muy corta.

 

SOLDADO I: Es muy larga, pero no les daré el placer de oírme.

 

BANDIDO: Por favor, mi amor.

 

SOLDADO I: Bueno, mami, pero no la recitaré toda. Solo las dos estrofas finales.

 

SOR JULIA: Que bonita pareja hacen.

 

SOLDADO I: Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres, /como en las noches lúgubres el canto del pinar. / El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,/y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar./Mas hay también, ¡oh Tierra!, un día... un día... un día/en que levamos anclas para jamás volver.../Un día en que discurren vientos ineluctables. / ¡Un día en que ya nadie nos puede retener!([4])

 

HERMANA CARIDAD: ¡Bellísima! Nunca pensé...

 

BANDIDO: Esas son sensiblerías.

 

SOR JULIA: Que saben los salvajes idólatras de literatura.

 

SOLDADO I: Sería mucho pedir.

 

HERMANA CARIDAD: Yo he viajado por toda Europa... ¡que civilización! (Al Bandido.) Yo desearía que Ud. me... me... me ayude a sacar un pasaporte, cualquier documento donde mi edad aparezca... bueno... Ud. sabe... que aparezca reducida. Sí, menos años que los que realmente tengo... Yo, la verdad, la verdad es que nunca tuve novio, uno que fuera más viejo que yo... ni siquiera uno más joven... bueno, quizás tuve uno... Todo el mundo cree que yo tengo 28 años... Bueno, er, yo me hice una cirugía... pero no me la volveré a hacer, cuesta muchísimo y una se ve tan horrible con toda la cara hinchada... Lo que más me dolió fue el arreglo de la quijada y Díos mío, achicarme la nariz... no deseo ni acordarme. (Se da cuenta.) Bueno en realidad no me hice nada...digo...si me la hubiese hecho. ¿Por qué no me la hice? Pues porque los sabios no han logrado explicar nuestra melancolía... No se rían, es verdad... ¿Qué les parece? (Otro tono.) Ay, me acuerdo de aquel día en Madrid, el mismo día que profesé de religiosa... yo fui a la plaza de toros pues desde que vivía en Placetas odiaba a las vacas... y mi sueño era ir a España a ver matar los toros... ¡Olé! y al fin se me cumplió. Toreaba el gran matador: ¡El Madrileño! y hacia allá me fui... ¡Olé! Llegué, había... era como un sueño, todos los gallegos estaban esperando a que mataran el toro... miles de personas y casi no consigo un asiento... (Se ríe picara.) Entré colada. (Otro tono.) Yo con esta pinta de gallega que tengo, y ni corta ni perezosa me recogí la mantilla, me puse una flor entre los dientes, se lo pedí a la Virgen de las Nubes, y fuá... se me hizo el milagro; para dentro. En primera fila. Allí estaba el torero con su traje rosado, apretado, pegado al cuerpo dejando ver sus enormes testículos... que el toro miraba con envidia. Su corbatín rojo y su capa bordada, con rosas rojas... estaba oscuro y sobre su figura varonil había un reflector. Agarré la espada y me le enfrenté al toro... Nunca me había emocionado tanto, desde aquel día que había visto bailar a Fred Astaire con Ginger Rogers. Comencé a bailar con el torero, el toro deseándolo embestir, celoso por el bulto que se le marcaba... Me acordé de otro momento, en Cuba, cuando el comunista dijo: “La atmósfera laboral pudiera ser tormentosa”... ay, en ese momento Meche me dió una postal... ¿Quién es Meche? Volteé la postal y leí, ¡qué ridícula! Hablaba de bendiciones y comuniones. Oh Dios... y eso fue en 1907... Oh sueños de sueños... El torero sabe a gloria pero Mayagüez sabe a mango maduro (De pronto aparece en algún lugar del escenario una diapositiva con la imagen de la Virgen, unos mangos y una vela.) Claro, yo sabía que en algún lugar lo había visto... Mayagüez, Puerto Rico, tan bello. Allí vive mi primita Alicia que siempre anda con una muñeca chiquitica, rubia, de ojos azules que habla inglés nada más...

 

SOR JULIA: (Le tapa la boca, callándola.) Me fastidian las monjas que hablan mucho. (Irónica.) Se creen grandes intelectuales. Tienen complejo de Santa Teresa mezclada con Sor Juana Inés... ¡No las soporto!

 

BANDIDO: Lo que pasa es que estás celosa.

 

SOR JULIA: ¡¿Yo!? ¡Qué va! Sus intereses no son iguales a los míos.

     (Soñadora.) Siempre he soñado con ser Tarzán. Ay, Dios mío, hazme el milagro. Hazme Tarzán de los monos, para ir de liana en liana, dando gritos gorilescos. (Desanimada.) Por mucho que rezo el milagro no se me ha concedido. (Esperanzada.) Ahora le estoy haciendo una novena a San Judas Tadeo, el abogado de lo imposible. El miedo que me da es que San Judas no me entienda bien y me convierta en el mono de Tarzán en vez de Tarzán, el hombre mono...

 

HERMANA CARIDAD: Yo sueño con ser santa. Por eso me metí a monja. Para alcanzar la perfección.

 

SOLDADO I: ¿Y el obispo qué dice?

 

SOR JULIA: El siempre ha deseado ser Cleopatra... El está perdidamente enamorado de Julio César...

 

BANDIDO: Yo era un camello en la otra vida.

 

HERMANA CARIDAD: Nadie parece darse cuenta de la gravedad de la situación. El rescate... Debemos buscar una solución antes que se declare la guerra entre el cardenal y el tirano... ¿La carta? ¿Quién escribirá la carta?

 

SOLDADO I: Conmigo no cuenten.

     El Soldado I se monta en el caballo y comienza a dar vueltas por el escenario. Se baja y pasea por los pasillos mientras los demás personajes hablan.

 

HERMANA CARIDAD: (Al Bandido.) ¿Y en qué van a gastar el dinero del rescate?

 

BANDIDO: En preparar la guerra santa.

 

SOLDADO I: (Desde Platea.) ¿Pero y la paz?

 

BANDIDO: (Con mucho asco.) Me repugna esa palabra.

     (Gritando.) ¿Cuántas veces te lo he dicho? ¡Miles de veces! Haces que me

duela la cabeza.

 

SOR JULIA: ¿Comprarán los mejores bombarderos?

 

BANDIDO: Compraremos los mejores cohetes espaciales, radares cilíndricos, cuadrados, redondos... Todas las armas poderosas...

 

SOLDADO I: