Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº31/32

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

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Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

JOSÉ OLIVIO JIMÉNEZ: PERMANENCIA

DE SU QUEHACER CRÍTICO

  por

 Yara González Montes


     Dedico el presente ensayo como sentido homenaje a un querido amigo, colega y compatriota sobresaliente, José Olivio Jiménez.  José Olivio nació en Santa Clara, Cuba, el 29 de octubre de 1926 y murió en Madrid el 5 de diciembre del 2003.  Siendo muy joven José Olivio  estudió arduamente y obtuvo dos doctorados  en Filosofía y Letras por las Universidades de La Habana y Madrid.  Desde  que comenzó a ejercer su carrera siguió dos directrices en su vida la enseñanza y  la investigación y crítica literarias. En La Habana comenzó enseñando en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva y desde aquella lejana época en que lo conocí siendo yo todavía una estudiante, ya daba conferencias esporádicas en el Ateneo cuyo Director era entonces José María Chacón y Calvo.  En 1960, José Olivio se traslada a los Estados Unidos y se instala en Nueva York y a mediados de  la década del sesenta comienza a ejercer como Profesor de Lengua y Literatura Españolas en el Hunter College, donde permaneció durante muchos años, llegando a la más alta categoría, la de Full Professor y recibiendo más tarde, el privilegio poco común de ser nombrado Profesor Distinguido, no sólo por su excelente trabajo en la enseñanza en la que se destacó por su magnífica labor en todos los niveles que enseñó, sino por la importancia, penetración y relieve de sus investigaciones en el campo de la poesía en lengua castellana, por la brillantez de su crítica y por la amplia perspectiva humanística que desarrollaba. Al jubilarse, se fue a vivir a España, país que visitaba todos los veranos y por el que siempre había sentido un entrañable cariño.  Allí había conocido desde sus primeros viajes a la Península a los poetas Vicente Aleixandre, José Hierro, Carlos Bousoño y  Francisco Brines.  En 1964 publica su primer libro,  Cinco poetas del tiempo,  que  contiene ensayos dedicados a todos  los poetas mencionados y que incluye también a Luis Cernuda. En este libro, con una nueva  perspectiva  tomando como base el tema unitario del tiempo, analizó la  obra de estos creadores abriendo nuevos caminos de comprensión y valoración en cada caso, rescatándolos  de  encasillamientos críticos que desvirtuaban el verdadero sentido de su lírica.   A este libro siguieron otros que ampliaban la esfera de sus investigaciones:  Estudios sobre poesía cubana contemporánea, (1967); Antología penúltima,(1970) que reunía la obra  poética escrita por Eugenio Florit hasta ese momento y que contiene una excelente introducción sobre la misma, Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (1971), libro que se fue ampliando hasta su octava edición, en el año 2000 y que, por su frecuente uso en los cursos sobre este tema en numerosas universidades, llegó a conocerse, como el José Olivio. Publica después, Diez años decisivos en la poesía española contemporánea (1960-1970) (1972),   La presencia de Antonio Machado en  la poesía española de  posguerra (1975), Vicente Aleixandre: una aventura hacia el conocimiento (1982);  Antología crítica de la poesía modernista hispanoamericana (1985),  La raíz y el ala. Aproximaciones críticas a la obra literaria de José Martí (1993);  y La poesía de Francisco Brines, que fue su último libro publicado (2001).  Fue co-autor con Carlos Javier Morales y con Dionisio Cañas de varios libros que sentaron precedentes críticos importantes en el campo de la poesía.  A todo esto hay que añadir la publicación de numerosos ensayos publicados en prestigiosas revistas literarias de Estados Unidos, España y América, que nunca se han reunido en forma de libro.

     Andrew Debicki afirma que “la obra crítica de Dámaso Alonso, apoyada por la de Rafael Lapesa, Pedro Salinas y otros, estableció, en los 1920,   no sólo la importancia de la  poesía del Renacimiento y del Siglo de Oro, sino también unos métodos que permitieron a generaciones de lectores ver cómo y con qué efectos funcionaba su lenguaje poético [.......] labor parecida, ha desempeñado José Olivio Jiménez con respecto a la poesía española del siglo XX” (74-75). Considerándolo un crítico sobresaliente cuyos estudios han determinado el canon literario de este importante período de la poesía española.

     Para Isaías Lerner, nuestro ensayista desarrolló una labor ejemplar ya que sus investigaciones se caracterizaron por “la presencia  permanente del enfoque hispánico de sus estudios, que abarcan el fenómeno artístico en el territorio sin fronteras de la literatura en una lengua, y no en la geografía parroquial de los nacionalismos” (81) Los paralelismos que establecía José Olivio en muchos de sus ensayos le parecían a Lerner inevitables en el mundo globalizador en que vivimos  comentando que se interesaba, en temas como “las semejanzas y diferencias entre los barrocos de España y América, alrededor de la figura central de Sor Juana Inés de la Cruz.  Sin olvidar que todas estas exploraciones irradian directa e indirectamente desde su interés fundamental por la figura de José Martí, central en el universo literario que Jiménez ha explorado  con agudeza y finura infrecuentes en nuestra crítica y al que dedicará páginas esenciales.” (83).   Considerando este enfoque globalizador ejemplar, digno de tomarse como ejemplo a seguir por los estudiosos de la literatura.

   Ángel Rodríguez Abad considera que “una constante en la vida y la obra de José Olivio Jiménez, ha sido tender puentes entre los dos costados del vasto Atlántico hispánico”, señalando que, “fue la poesía de su isla la primera que degustó y que le atrajo afectiva y críticamente”. (89)   A las palabras de Abad añado, que José Olivio dedicó muchos ensayos,  prólogos y capítulos de libros al estudio de la poesía de Eugenio Florit, Mariano Brull, Emilio Ballagas, Regino Boti, Agustín Acosta, Angel Gaztelu, Gastón Baquero y Dulce María Loynaz.

     En el año 1968 la Revista Insula publica un número titulado Cuba Hoy, dedicado a las letras de la isla.  José Olivio les escribe una apasionada carta de protesta que fue publicada por la revista en el No. 264 de Noviembre de 1968 en la que lamentaba que no se hubiera tomado en cuenta  “el hecho inobjetable”  de que: “Cuba, hoy, es una realidad de dos caras, una moneda de dos rostros”, la interior revolucionaria y la exterior, “la desterrada y dispersa”. Recordando a los editores de dicha revista,  los narradores cubanos Cabrera Infante y Severo Sarduy;  los escritores teatrales, poetas y también narradores Matías Montes Huidobro y Julio Matas, y  los poetas, José Antonio Arcocha, Juan William Bush, Mercedes Cortázar, Mauricio Fernández, Raimundo Fernández Bonilla, Jorge García Gómez, Rita Geada de Prulletti, Dolores Prida, Himilce Novás, Ana Rosa Núñez, Isel Rivero y Orlando Rossardi, todos ellos conocidos en Cuba y fuera de Cuba.  Aclarando que se había limitado a citar los nombres de las más jóvenes generaciones a pesar de que el exilio contaba en ese momento con prestigiosos escritores de la Cuba de ayer.

     La importancia de la ensayística de José Olivio Jiménez, está a la altura de la de algunos ensayistas del momento actual a los que se les da mucha importancia, a veces en detrimento de verdaderos valores críticos como es el caso de José Olivio. “El espíritu crítico, afirma Octavio Paz, es la gran conquista de la edad moderna. Nuestra civilización se ha fundado precisamente sobre la noción crítica: nada hay sagrado o intocable para el pensamiento excepto la libertad de pensar.  Un pensamiento que renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es pensamiento.  Sin crítica, es decir, sin rigor y sin experimentación, no hay ciencia: sin ella tampoco hay arte ni literatura.  […….]  la literatura moderna es ante todo y sobre todo crítica del lenguaje” (61-62).  Estas afirmaciones que son parte del discurso de ingreso de Paz a El Colegio Nacional de México en 1967, nos dan una idea sobre la importancia que tiene en nuestros días la labor crítica. El pedestal en que la crítica literaria se sostiene es el pensamiento, la reflexión, pero como muy sabiamente señala Carlos Javier Morales, amigo y  colaborador cercano de José Olivio,  “la acción de pensar no puede aislarse de las demás acciones y circunstancias vitales del hombre que piensa; por lo que el ensayo literario será no sólo el resultado del pensamiento, de la idea,  sino de todo el proceso existencial por el que el individuo pensante llega a concebir tales verdades”.(28) En todos sus ensayos nos deja José Olivio Jiménez la huella indeleble de su personalísima y documentada contribución en innumerables direcciones, dejando al descubierto la diversidad de intereses que lo conducían a la tarea que con tanta devoción, él se había impuesto.  Señalando afinidades con otros autores  ampliaba el horizonte de sus estudios a otras latitudes y a otras épocas estableciendo nexos que convertían el mundo poético y literario en una sólida unidad. Su crítica caló siempre a las profundidades, nunca  permaneció en superficialidades inconsistentes.

     Existe, como ha señalado Isaías Lerner, una figura cimera, central que se levanta en el centro de su obra irradiando su sabiduría y esplendor a los dos lados del Atlántico, José Martí. Uno de los libros, en mi opinión, fundamentales de José Olivio es La raíz y el ala. Aproximaciones críticas a la obra de José Martí, que reúne una serie de enjundiosos ensayos dedicados a nuestro Apóstol. La tradición crítica martiana a partir de los años 50, según Carlos Javier Morales,   se proyecta en dos direcciones definidas de un lado se le juzgaba con un perfil humanitario y apostólico  y desde el punto de vista estilístico como un antimodernista a pesar de tener puntos de contacto con el movimiento de Rubén Darío.  Sostenían esta postura, Juan Marinello, José Antonio Portuondo, Cintio Vitier y Fina García Marruz.    Pero ya a partir de los 70, nos dice  el ensayista,  esta posición crítica sufrió cambios radicales y se le empezó a juzgar desde el punto de vista político definiéndolo como un precursor de la Revolución castrista, llegando hasta el extremo de considerarlo comprometido con la realidad social de acuerdo con principios de clara filiación marxista  Esta posición tergiversa la obra y la posición filosófica y existencial de José Martí.  Por otro lado, autores, en su mayoría fuera de Cuba, entre los que se cuentan Guillermo Díaz Plaja, Max Henríquez Ureña, Manuel Pedro González, Ivan Schulman y otros, lo sitúan en el modernismo, no como un precursor, sino como un iniciador y uno de sus máximos exponentes. Partiendo de esta posición crítica de Carlos Javier Morales,  he comprobado que José Olivio comienza un análisis nuevo del escritor desde el punto de vista existencial. En un ensayo titulado:  “Una aproximación existencial al “Prólogo al poema del Niágara”, escrito por el venezolano Pérez Bonalde, que Jiménez califica como “magistral pieza martiana”, nos demuestra con lujo de detalles como, además,  de ser dicho Prólogo un manifiesto del modernismo literario como ya había señalado la crítica anteriormente, proclama también, según José Olivio  Jiménez, “el desplome total de los valores del pasado y la ausencia de valores sustitutivos y valederos [...] y es entonces continúa diciéndonos, cuando Martí aventura aquella asombrosa declaración (verdadera alborada del pensamiento existencial en la cultura hispánica,   pues no ha de perderse de vista la fecha:  1882) en que  proclama la general incertidumbre, ontológica y axiológica, que ya iniciaba su dominio sobre el hombre moderno” (41).  Más adelante, señalando las vinculaciones entre  existencia y poesía ya que fue un poema el que lo llevó a meditar sobre la época que  dicho poema representaba,  llega a la conclusión de que es la lírica la armazón que le permite a Martí desarrollar  “toda una teoría estética de sus reflexiones sobre el vivir” (62).

    Todos los ensayos de este libro son partes de un todo que va desarrollando el autor desde diferentes enfoques.  Es un libro invaluable que abre perspectivas insólitas, básicas, a la obra martiana.  En el ensayo titulado “Dos símbolos existenciales en la obra de José Martí:  La máscara y los restos”, sigue demostrándonos José Olivio Jiménez, como el creador cubano, utiliza   una nueva simbología, la de la máscara o disfraz, que emplea  como “un emblema de ocultamiento”,  sin que esta le impida llegar al conocimiento de sí mismo  ni emprender “el vuelo trascendente”.  El otro símbolo es el de los restos, que asocia con pedazos, miembros, jirones, fragmentos,  y que aplica al ser  fragmentado por sufrimientos y dolores  llegando  a  identificar como parte de los restos,  a la ironía.  Al enfrentarse a esta situación  el hombre está en el deber, según Martí, de aunar sus propios restos y levantarlos, para proseguir con la vida. Y comenta José Olivio en relación con nuestro Apóstol: “Supo y practicó conscientemente así lo que sería credo común en los teóricos del existencialismo: que la vida  no es sino autodeterminación, y que la mayor dignidad humana es de hecho esa obligación de edificar cada quien su propia existencia” (115).    En este libro que voy comentando, que no puedo cubrir en toda su extensión por razones obvias, la clasificación modernista y romántica de Martí se dispara hacia latitudes  filosóficas y metafísicas de gran alcance a las que nos guían  las investigaciones de José Olivio Jiménez.

     En la obra de Martí, y esto lo demuestran de lleno  los ensayos de  nuestro crítico, se encuentra el origen de muchas de las corrientes artísticas que se desarrollaron después. En el terreno de la lírica, considera que Martí fue un precursor en la lírica hispánica, de esa poesía de talante existencial que, más tarde, Unamuno y Vallejo escribirían y cuyas pulsaciones fueron sentidas por Machado y aún por poetas posteriores a él.  Martí representa el centro focal de casi toda la  labor investigadora y ensayística, de José Olivio Jiménez, el centro del que parten y hacia el que convergen gran parte de sus investigaciones.

     Existe en España un poeta que tiene puntos de contacto con Martí en el terreno literario, que creó un estilo nuevo, simple, sencillo de expresión y que como Martí bebió en las fuentes de la vida y de su angustia existencial toda su sabiduría.  Esa es la base fundamental de su poética, la vida misma. El hombre frente al misterio de la nada.  Ese poeta es Antonio Machado, que sin proponérselo, tuvo una gran cantidad de seguidores.    Este hombre de buena fe, de mirada profunda, como lo describe Rubén Darío, que comienza siguiendo el camino trazado por los modernistas, pronto tomaría otros derroteros y llegaría a convertirse en el panorama literario español en  “una alta torre de entrañada verdad”, como lo califica José Olivio en uno de los numerosos ensayos que le dedicó. Se creó este poeta una serie de heterónimos o apócrifos: Abel Martín, Juan de Mairena, Jorge Meneses y Pedro de Zúñiga, que no eran más que disfraces de sí mismo con los que dialogaba constantemente. Busca tu complementario/ que marcha siempre contigo/ y suele ser tu contrario, nos decía el poeta en sus Proverbios y Cantares, que es el mismo concepto de la máscara que ya hemos mencionado anteriormente al hablar de nuestro Apóstol.  Deseaba, Machado como Martí,  auto conocerse, y descubrir a través de sus disfraces y sus máscaras su verdadera identidad. “Su palabra poética”, afirma José Olivio, “cada vez más preñada de filosofismo y que pudimos imaginar a punto de quiebra en el momento de engendrar tales apócrifos, alcanzó en éstos nuevas y radiantes resurrecciones.  (La presencia, 13)

     Trabajando en sus investigaciones para su primer libro, Cinco poetas del tiempo, basándose en la lírica de los poetas que incluía en el mismo, observó José Olivio, que el sentimiento del tiempo había tomado en ellos tres direcciones interrelacionadas y paralelas: el tiempo vivido personalmente por el poeta,  el concepto del tiempo histórico social en que estaban viviendo,  y la meditación más objetiva y universal del tiempo mismo.    Rastreando en el pasado para ver de donde partían estos intereses, llega al 98 donde redescubre el tema del tiempo en dicha Generación y coincidiendo con las direcciones de los poetas que analizaba, encuentra esas mismas direcciones en la lírica de Antonio Machado. “Cantó Machado, nos dice, las incidencias del tiempo humano, vivido y soñado, del real y del apócrifo, en equiparación de lo actual y lo mítico que es una de las riquezas mayores de su poesía intimista. En sus primeras Soledades de 1902 y en el definitivo Soledades. Galerías. Otros poemas  de 1907.  Y reaparecerá en numerosos poemas amorosos y elegíacos de la segunda edición de su libro......Campos de Castilla, en “Los sueños dialogados” de Nuevas canciones....en las canciones a Guiomar y en los poemas más intensos, que bajo la máscara de Juan de Mairena escribirá mucho después y casi como el testamento lírico de su intimidad.” (77) Afirmaba Machado, que al poeta no le es dado pensar fuera del tiempo, porque piensa su propia vida que no es, fuera del tiempo, absolutamente nada.  Si al querer rebasar su subjetivismo, primero encuentra una alteridad en lo histórico y social de la España de su época en Campos de Castilla,  más tarde, en De un cancionero apócrifo se centra en la realidad temporal y en la angustia de la nada. Tiempo interior, tiempo histórico y reflexión sobre el tiempo constituyeron sus tres grandes temas.  Y  los mismos, pasarán a caracterizar la poesía española de la posguerra.   José Olivio nos toma de la mano para recorrer este período literario, nos muestra las equivocaciones y encasillamientos llevados a cabo por críticos anteriores, sobre poetas que se consideraban oscuros, nos enseña a trascender conceptos emitidos con ligereza y sin fundamento en muchos casos, y nos conduce al conocimiento de los valores permanentes y esenciales de  los mejores poetas de todo este extenso e importante período.

     Son notables también, sus investigaciones sobre el poeta Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura de 1977.  Sus profundos estudios sobre él establecieron nuevos parámetros en el entendimiento de su lírica.

     Debo también mencionar aquí sus excelentes investigaciones en el campo de la poesía hispanoamericana, su estudio sobre Prosas profanas de Rubén Darío,  y tantas investigaciones que realizó que completan la visión literaria de un mundo de habla española que es, como él  siempre lo visualizó una valiosa e inmensa unidad.

     No podemos dejar de reconocer y agradecer a  José Olivio Jiménez las investigaciones que llevó a cabo en el campo de la crítica.  Sus profundos y bien documentados estudios sobre la poesía del Siglo XX, abrieron caminos de luz y entendimiento en la obra no sólo de muchos poetas, sino de toda una época lírica tanto en España como en Latinoamérica.  Su obra, vista en su totalidad, no representa un fin, sino un  comienzo que nos estimula a seguir explorando ámbitos poéticos nuevos llenos de misterio y de cuestionamientos que resultan verdaderamente subyugantes.

     Por último, adjunto a mi trabajo un excelente poema dedicado a José Olivio Jiménez de Orlando Rossardi, que conoció al crítico en Madrid y con el cual compartió experiencias comunes durante varios años. De esta relación profesional y de amistad surge el poema con el que finalizo este trabajo.

 

 

EN MADRID SE ME HA ESCONDIDO JOSÉ OLIVIO

 

                     José Olivio Jiménez             

(Santa Clara, Cuba, 1926 - Madrid, España, 2003)

 

En Madrid se ha puesto, cara a cara, José Olivio con su muerte.

 

¡Nos lo dice, seca y sostenida, la nota como un golpe!

 

Se ha escurrido para siempre en su silencio. Se ha escapado

 

con su adiós entre los paños este huido luminoso de la vida,

 

uno de esos altos y empinados que se adentran por las cosas,

 

dulcemente serios, sin cuidarse mucho o casi nada de la gente.

 

 

En Madrid, como preludio, se ha volcado a su otra historia

 

quien de suerte fuera una de esas vidas bien vividas: Aquel alzado

 

tan a flor de la medida, aquel acontecido que trazara sobre vidas

 

por líneas como estelas, por cuadernos y cuartillas como espuelas,

 

por páginas en blanco que quedaron como sendas frutecidas,

 

luego, con tanta buena estrella entre las plumas y las tizas,

 

entre tanto verbo dando carne propia por sus manos sueltas.

 

 

 

En Madrid —como una madre— se ha dormido su cuerpo adolorido,

 

se ha metido como dardo en la justeza su sombra iluminada,

 

se ha borrado de un tirón el sueño roto y recobrado el tiempo exacto.

 

 

 

En Madrid, sin voz apenas, ha pasado del traspatio al patio familiar,

 

por el que trinan y silban por sus montes calandrias y palmeras,

 

saltan por sus surcos los arroyos y trepan cuesta arriba cañas y carretas

 

llevando de una a la otra orilla la zafra entera de su propio sueño.

 

En Madrid se me ha escondido como un niño — a plena luz del día—

 

entre fuentes y plazuelas, tristemente,  José Olivio por sus libros.

 

 

OBRAS  CONSULTADAS

 

 

1.       Debicki, Andrew P.  Homenaje a José Olivio Jiménez.  “El  crítico como definidor de épocas”  Revista Hispano Cubana.  Madrid: Num. 8, Otoño. 2000.

 

2.      Jiménez, José Olivio.  La raíz y el ala.  Aproximaciones críticas a la obra literaria de José Martí.  Valencia, España: Diputación de Valencia.  1993.

 

3.      _________ La presencia de Antonio Machado en la poesía española de posguerra.    Lincoln, Nebraska:  Society of Spanish and Spanish- American Studies.  The University of Nebraska-Lincoln. 1983.

 

4.      Lerner, Isaías.  Homenaje a José Olivio Jiménez.  “José Olivio Jiménez,                hispanista”.  Revista Hispano Cubana.  Madrid: Num. 8. Otoño. 2000

 

5.      Morales, Carlos Javier.  “José Martí, creador del ensayo moderno en la literatura hispánica”.  En José Martí.  Estudios en conmemoración del sesquicentenario de su natalicio (1853-2003).  Ed. Luis T. González del Valle.  University of Colorado.  Society of Spanish and Spanish-American Studies.  2003.

 

6.       _________“Un enfoque indispensable”.  Encuentro de la cultura cubana.  Num. 8/9.  primavera/verano. Madrid.  1998.

 

7.       Paz, Octavio.  Pasión crítica.   Barcelona: Seix Barral.  1985.

 

8.       Rodríguez Abad, Ángel.  Homenaje a José Olivio Jiménez. “José Olivio Jiménez, caballero de las letras cubanas.  Revista Hispano Cubana.  Madrid: Num. 8.  Otoño. 2000.

    


Yara González Montes nació en La Habana, Cuba. Ensayista y Profesora Emérita de la Universidad de Hawaii donde desempeñó la cátedra de profesora Titular de Lengua y Literatura Españolas durante muchos años. Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.  Se trasladó a Estados Unidos en 1961.  Más tarde obtuvo un  doctorado en la Universidad de Pittsburgh. Fue Jefa de Redacción de la revista literaria Caribe.  Fue editora del Boletín Teatral Dramaturgos, Presidenta de Editorial Persona y Co-Editora de la revista Anales Literarios.  Ha publicado los siguientes libros:  Pasión y forma en "Cal y canto" de Rafael Alberti y Bibliografía crítica de la poesía cubana.  (Exilio:  1959-1971), del que es co-autora.  De próxima aparición,  José Antonio Ramos:  Itinerario del deseo (co-autora). Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales.  Ha contribuído con ensayos de crítica literaria en varios libros y en numerosas revistas literarias entre las que figuran:  Hispanic ReviewRevista de Estudios Hispánicos, Hispanófila, García Lorca Review, Revista IberoamericanaHispanic Research Journal y Alba de América,entre otras. Ha publicado ensayos de crítica literaria  sobre José Lezama Lima, Rosalía de Castro, Santa Teresa de Jesús, Rafael Alberti, Juan Ruiz de Alarcón y Enrique Jaramillo Levi en los siguientes libros:  Las relaciones literarias entre España e Iberoamérica, Universidad Complutense de Madrid; Rosalía de Castro e o seu tempo, Consello de Cultura Galega y Universidad de Santiago de Compostela;  Santa Teresa y la Cultura Mística Hispánica, Patronato Arcipreste de Hita, Madrid;  La Picaresca:  Orígenes, Textos y Estructura, Madrid:  Fundación Universitaria Española;  A Ricardo Gullón:  sus Discípulos, ALDEEU, Erie, Pennsylvania y   La confabulación creativa de Enrique Jaramillo Levi, Panamá.