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Dedico el presente ensayo como
sentido homenaje a un querido amigo, colega y compatriota
sobresaliente, José Olivio Jiménez. José Olivio nació en
Santa Clara, Cuba, el 29 de octubre de 1926 y murió en
Madrid el 5 de diciembre del 2003. Siendo muy joven José
Olivio estudió arduamente y obtuvo dos doctorados en
Filosofía y Letras por las Universidades de La Habana y
Madrid. Desde que comenzó a ejercer su carrera siguió
dos directrices en su vida la enseñanza y la
investigación y crítica literarias. En La Habana comenzó
enseñando en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva y
desde aquella lejana época en que lo conocí siendo yo
todavía una estudiante, ya daba conferencias esporádicas
en el Ateneo cuyo Director era entonces José María Chacón
y Calvo. En 1960, José Olivio se traslada a los Estados
Unidos y se instala en Nueva York y a mediados de la
década del sesenta comienza a ejercer como Profesor de
Lengua y Literatura Españolas en el Hunter College, donde
permaneció durante muchos años, llegando a la más alta
categoría, la de Full Professor y recibiendo más tarde, el
privilegio poco común de ser nombrado Profesor
Distinguido, no sólo por su excelente trabajo en la
enseñanza en la que se destacó por su magnífica labor en
todos los niveles que enseñó, sino por la importancia,
penetración y relieve de sus investigaciones en el campo
de la poesía en lengua castellana, por la brillantez de su
crítica y por la amplia perspectiva humanística que
desarrollaba. Al jubilarse, se fue a vivir a España, país
que visitaba todos los veranos y por el que siempre había
sentido un entrañable cariño. Allí había conocido desde
sus primeros viajes a la Península a los poetas Vicente
Aleixandre, José Hierro, Carlos Bousoño y Francisco
Brines. En 1964 publica su primer libro, Cinco poetas
del tiempo, que contiene ensayos dedicados a
todos los poetas mencionados y que incluye también a Luis Cernuda. En este libro, con una nueva perspectiva
tomando como base el tema unitario del tiempo, analizó la
obra de estos creadores abriendo nuevos caminos de
comprensión y valoración en cada caso, rescatándolos de
encasillamientos críticos que desvirtuaban el verdadero
sentido de su lírica. A este libro siguieron otros que
ampliaban la esfera de sus investigaciones: Estudios
sobre poesía cubana contemporánea, (1967);
Antología penúltima,(1970) que reunía la obra
poética escrita por Eugenio Florit hasta ese momento y
que contiene una excelente introducción sobre la misma,
Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea
(1971), libro que se fue ampliando hasta su octava
edición, en el año 2000 y que, por su frecuente uso en los
cursos sobre este tema en numerosas universidades, llegó a
conocerse, como el José Olivio. Publica después, Diez
años decisivos en la poesía española contemporánea
(1960-1970) (1972), La presencia de Antonio
Machado en la poesía española de posguerra (1975), Vicente Aleixandre: una aventura hacia el conocimiento (1982); Antología crítica de la poesía modernista
hispanoamericana (1985), La raíz y el ala.
Aproximaciones críticas a la obra literaria de José
Martí (1993); y La poesía de Francisco Brines,
que fue su último libro publicado (2001). Fue co-autor
con Carlos Javier Morales y con Dionisio Cañas de varios
libros que sentaron precedentes críticos importantes en el
campo de la poesía. A todo esto hay que añadir la
publicación de numerosos ensayos publicados en
prestigiosas revistas literarias de Estados Unidos, España
y América, que nunca se han reunido en forma de libro.
Andrew
Debicki afirma que “la obra crítica de Dámaso Alonso,
apoyada por la de Rafael Lapesa, Pedro Salinas y otros,
estableció, en los 1920, no sólo la importancia de la
poesía del Renacimiento y del Siglo de Oro, sino también
unos métodos que permitieron a generaciones de lectores
ver cómo y con qué efectos funcionaba su lenguaje poético
[.......] labor parecida, ha desempeñado José Olivio
Jiménez con respecto a la poesía española del siglo XX” (74-75). Considerándolo un crítico sobresaliente cuyos
estudios han determinado el canon literario de este
importante período de la poesía española.
Para
Isaías Lerner, nuestro ensayista desarrolló una labor
ejemplar ya que sus investigaciones se caracterizaron por
“la presencia permanente del enfoque hispánico de sus
estudios, que abarcan el fenómeno artístico en el
territorio sin fronteras de la literatura en una lengua, y
no en la geografía parroquial de los nacionalismos” (81)
Los paralelismos que establecía José Olivio en muchos de
sus ensayos le parecían a Lerner inevitables en el mundo
globalizador en que vivimos comentando que se interesaba,
en temas como “las semejanzas y diferencias entre los
barrocos de España y América, alrededor de la figura
central de Sor Juana Inés de la Cruz. Sin olvidar que
todas estas exploraciones irradian directa e
indirectamente desde su interés fundamental por la figura
de José Martí, central en el universo literario que
Jiménez ha explorado con agudeza y finura infrecuentes en
nuestra crítica y al que dedicará páginas esenciales.”
(83). Considerando este enfoque globalizador ejemplar,
digno de tomarse como ejemplo a seguir por los estudiosos
de la literatura.
Ángel
Rodríguez Abad considera que “una constante en la vida y
la obra de José Olivio Jiménez, ha sido tender puentes
entre los dos costados del vasto Atlántico hispánico”,
señalando que, “fue la poesía de su isla la primera que
degustó y que le atrajo afectiva y críticamente”. (89) A
las palabras de Abad añado, que José Olivio dedicó muchos
ensayos, prólogos y capítulos de libros al estudio de la
poesía de Eugenio Florit, Mariano Brull, Emilio Ballagas,
Regino Boti, Agustín Acosta, Angel Gaztelu, Gastón Baquero
y Dulce María Loynaz.
En el año
1968 la Revista Insula publica un número titulado Cuba
Hoy, dedicado a las letras de la isla. José Olivio
les escribe una apasionada carta de protesta que fue
publicada por la revista en el No. 264 de Noviembre de
1968 en la que lamentaba que no se hubiera tomado en
cuenta “el hecho inobjetable” de que: “Cuba, hoy, es una
realidad de dos caras, una moneda de dos rostros”, la
interior revolucionaria y la exterior, “la desterrada y
dispersa”. Recordando a los editores de dicha revista,
los narradores cubanos Cabrera Infante y Severo Sarduy;
los escritores teatrales, poetas y también narradores
Matías Montes Huidobro y Julio Matas, y los poetas, José
Antonio Arcocha, Juan William Bush, Mercedes Cortázar,
Mauricio Fernández, Raimundo Fernández Bonilla, Jorge
García Gómez, Rita Geada de Prulletti, Dolores Prida,
Himilce Novás, Ana Rosa Núñez, Isel Rivero y Orlando
Rossardi, todos ellos conocidos en Cuba y fuera de Cuba.
Aclarando que se había limitado a citar los nombres de las
más jóvenes generaciones a pesar de que el exilio contaba
en ese momento con prestigiosos escritores de la Cuba de
ayer.
La
importancia de la ensayística de José Olivio Jiménez, está
a la altura de la de algunos ensayistas del momento actual
a los que se les da mucha importancia, a veces en
detrimento de verdaderos valores críticos como es el caso
de José Olivio. “El espíritu crítico, afirma Octavio Paz,
es la gran conquista de la edad moderna. Nuestra
civilización se ha fundado precisamente sobre la noción
crítica: nada hay sagrado o intocable para el pensamiento
excepto la libertad de pensar. Un pensamiento que
renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí
mismo, no es pensamiento. Sin crítica, es decir, sin
rigor y sin experimentación, no hay ciencia: sin ella
tampoco hay arte ni literatura. […….] la literatura
moderna es ante todo y sobre todo crítica del lenguaje”
(61-62). Estas afirmaciones que son parte del discurso de
ingreso de Paz a El Colegio Nacional de México en 1967,
nos dan una idea sobre la importancia que tiene en
nuestros días la labor crítica. El pedestal en que la
crítica literaria se sostiene es el pensamiento, la
reflexión, pero como muy sabiamente señala Carlos Javier
Morales, amigo y colaborador cercano de José Olivio,
“la acción de pensar no puede aislarse de las demás
acciones y circunstancias vitales del hombre que piensa;
por lo que el ensayo literario será no sólo el resultado
del pensamiento, de la idea, sino de todo el proceso
existencial por el que el individuo pensante llega a
concebir tales verdades”.(28) En todos sus ensayos nos
deja José Olivio Jiménez la huella indeleble de su
personalísima y documentada contribución en innumerables
direcciones, dejando al descubierto la diversidad de
intereses que lo conducían a la tarea que con tanta
devoción, él se había impuesto. Señalando afinidades con
otros autores ampliaba el horizonte de sus estudios a
otras latitudes y a otras épocas estableciendo nexos que
convertían el mundo poético y literario en una sólida
unidad. Su crítica caló siempre a las profundidades,
nunca permaneció en superficialidades inconsistentes.
Existe,
como ha señalado Isaías Lerner, una figura cimera, central
que se levanta en el centro de su obra irradiando su
sabiduría y esplendor a los dos lados del Atlántico, José
Martí. Uno de los libros, en mi opinión, fundamentales de
José Olivio es La raíz y el ala. Aproximaciones
críticas a la obra de José Martí, que reúne una serie
de enjundiosos ensayos dedicados a nuestro Apóstol. La
tradición crítica martiana a partir de los años 50, según
Carlos Javier Morales, se proyecta en dos direcciones
definidas de un lado se le juzgaba con un perfil
humanitario y apostólico y desde el punto de vista
estilístico como un antimodernista a pesar de tener puntos
de contacto con el movimiento de Rubén Darío. Sostenían
esta postura, Juan Marinello, José Antonio Portuondo,
Cintio Vitier y Fina García Marruz. Pero ya a partir de
los 70, nos dice el ensayista, esta posición crítica
sufrió cambios radicales y se le empezó a juzgar desde el
punto de vista político definiéndolo como un precursor de
la Revolución castrista, llegando hasta el extremo de
considerarlo comprometido con la realidad social de
acuerdo con principios de clara filiación marxista Esta
posición tergiversa la obra y la posición filosófica y
existencial de José Martí. Por otro lado, autores, en su
mayoría fuera de Cuba, entre los que se cuentan Guillermo
Díaz Plaja, Max Henríquez Ureña, Manuel Pedro González,
Ivan Schulman y otros, lo sitúan en el modernismo, no como
un precursor, sino como un iniciador y uno de sus máximos
exponentes. Partiendo de esta posición crítica de Carlos
Javier Morales, he comprobado que José Olivio comienza un
análisis nuevo del escritor desde el punto de vista
existencial. En un ensayo titulado: “Una aproximación
existencial al “Prólogo al poema del Niágara”, escrito por
el venezolano Pérez Bonalde, que Jiménez califica como
“magistral pieza martiana”, nos demuestra con lujo de
detalles como, además, de ser dicho Prólogo un manifiesto
del modernismo literario como ya había señalado la crítica
anteriormente, proclama también, según José Olivio
Jiménez, “el desplome total de los valores del pasado y la
ausencia de valores sustitutivos y valederos [...] y es
entonces continúa diciéndonos, cuando Martí aventura
aquella asombrosa declaración (verdadera alborada del
pensamiento existencial en la cultura hispánica, pues no
ha de perderse de vista la fecha: 1882) en que proclama
la general incertidumbre, ontológica y axiológica, que ya
iniciaba su dominio sobre el hombre moderno” (41). Más
adelante, señalando las vinculaciones entre existencia y
poesía ya que fue un poema el que lo llevó a meditar sobre
la época que dicho poema representaba, llega a la
conclusión de que es la lírica la armazón que le permite a
Martí desarrollar “toda una teoría estética de sus
reflexiones sobre el vivir” (62).
Todos los
ensayos de este libro son partes de un todo que va
desarrollando el autor desde diferentes enfoques. Es un
libro invaluable que abre perspectivas insólitas, básicas,
a la obra martiana. En el ensayo titulado “Dos símbolos
existenciales en la obra de José Martí: La máscara y los
restos”, sigue demostrándonos José Olivio Jiménez, como el
creador cubano, utiliza una nueva simbología, la de la
máscara o disfraz, que emplea como “un emblema de
ocultamiento”, sin que esta le impida llegar al
conocimiento de sí mismo ni emprender “el vuelo
trascendente”. El otro símbolo es el de los restos, que
asocia con pedazos, miembros, jirones, fragmentos, y que
aplica al ser fragmentado por sufrimientos y dolores
llegando a identificar como parte de los restos, a la
ironía. Al enfrentarse a esta situación el hombre está
en el deber, según Martí, de aunar sus propios restos y
levantarlos, para proseguir con la vida. Y comenta José
Olivio en relación con nuestro Apóstol: “Supo y practicó
conscientemente así lo que sería credo común en los
teóricos del existencialismo: que la vida no es sino
autodeterminación, y que la mayor dignidad humana es de
hecho esa obligación de edificar cada quien su propia
existencia” (115). En este libro que voy comentando,
que no puedo cubrir en toda su extensión por razones
obvias, la clasificación modernista y romántica de Martí
se dispara hacia latitudes filosóficas y metafísicas de
gran alcance a las que nos guían las investigaciones de
José Olivio Jiménez.
En la
obra de Martí, y esto lo demuestran de lleno los ensayos
de nuestro crítico, se encuentra el origen de muchas de
las corrientes artísticas que se desarrollaron después. En
el terreno de la lírica, considera que Martí fue un
precursor en la lírica hispánica, de esa poesía de talante
existencial que, más tarde, Unamuno y Vallejo escribirían
y cuyas pulsaciones fueron sentidas por Machado y aún por
poetas posteriores a él. Martí representa el centro focal
de casi toda la labor investigadora y ensayística, de
José Olivio Jiménez, el centro del que parten y hacia el
que convergen gran parte de sus investigaciones.
Existe
en España un poeta que tiene puntos de contacto con Martí
en el terreno literario, que creó un estilo nuevo, simple,
sencillo de expresión y que como Martí bebió en las
fuentes de la vida y de su angustia existencial toda su
sabiduría. Esa es la base fundamental de su poética, la
vida misma. El hombre frente al misterio de la nada. Ese
poeta es Antonio Machado, que sin proponérselo, tuvo una
gran cantidad de seguidores. Este hombre de buena fe,
de mirada profunda, como lo describe Rubén Darío, que
comienza siguiendo el camino trazado por los modernistas,
pronto tomaría otros derroteros y llegaría a convertirse
en el panorama literario español en “una alta torre de
entrañada verdad”, como lo califica José Olivio en uno de
los numerosos ensayos que le dedicó. Se creó este poeta
una serie de heterónimos o apócrifos: Abel Martín, Juan de Mairena, Jorge Meneses y Pedro de Zúñiga, que no eran más
que disfraces de sí mismo con los que dialogaba
constantemente. Busca tu complementario/ que marcha
siempre contigo/ y suele ser tu contrario, nos
decía el poeta en sus Proverbios y Cantares, que es
el mismo concepto de la máscara que ya hemos mencionado
anteriormente al hablar de nuestro Apóstol. Deseaba,
Machado como Martí, auto conocerse, y descubrir a través
de sus disfraces y sus máscaras su verdadera identidad.
“Su palabra poética”, afirma José Olivio, “cada vez más
preñada de filosofismo y que pudimos imaginar a punto de
quiebra en el momento de engendrar tales apócrifos,
alcanzó en éstos nuevas y radiantes resurrecciones. (La
presencia, 13)
Trabajando en sus investigaciones para su primer libro,
Cinco poetas del tiempo, basándose en la lírica de los
poetas que incluía en el mismo, observó José Olivio, que
el sentimiento del tiempo había tomado en ellos tres
direcciones interrelacionadas y paralelas: el tiempo
vivido personalmente por el poeta, el concepto del tiempo
histórico social en que estaban viviendo, y la meditación
más objetiva y universal del tiempo mismo. Rastreando
en el pasado para ver de donde partían estos intereses,
llega al 98 donde redescubre el tema del tiempo en dicha
Generación y coincidiendo con las direcciones de los
poetas que analizaba, encuentra esas mismas direcciones en
la lírica de Antonio Machado. “Cantó Machado, nos dice,
las incidencias del tiempo humano, vivido y soñado, del
real y del apócrifo, en equiparación de lo actual y lo
mítico que es una de las riquezas mayores de su poesía
intimista. En sus primeras Soledades de 1902 y en
el definitivo Soledades. Galerías. Otros poemas de
1907. Y reaparecerá en numerosos poemas amorosos y
elegíacos de la segunda edición de su libro......Campos
de Castilla, en “Los sueños dialogados” de Nuevas
canciones....en las canciones a Guiomar y en los
poemas más intensos, que bajo la máscara de Juan de
Mairena escribirá mucho después y casi como el testamento
lírico de su intimidad.” (77) Afirmaba Machado, que al
poeta no le es dado pensar fuera del tiempo, porque piensa
su propia vida que no es, fuera del tiempo, absolutamente
nada. Si al querer rebasar su subjetivismo, primero
encuentra una alteridad en lo histórico y social de la
España de su época en Campos de Castilla, más
tarde, en De un cancionero apócrifo se centra en la
realidad temporal y en la angustia de la nada. Tiempo
interior, tiempo histórico y reflexión sobre el tiempo
constituyeron sus tres grandes temas. Y los mismos,
pasarán a caracterizar la poesía española de la
posguerra. José Olivio nos toma de la mano para recorrer
este período literario, nos muestra las equivocaciones y
encasillamientos llevados a cabo por críticos anteriores,
sobre poetas que se consideraban oscuros, nos enseña a
trascender conceptos emitidos con ligereza y sin
fundamento en muchos casos, y nos conduce al conocimiento
de los valores permanentes y esenciales de los mejores
poetas de todo este extenso e importante período.
Son
notables también, sus investigaciones sobre el poeta
Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura de 1977.
Sus profundos estudios sobre él establecieron nuevos
parámetros en el entendimiento de su lírica.
Debo
también mencionar aquí sus excelentes investigaciones en
el campo de la poesía hispanoamericana, su estudio sobre Prosas profanas de Rubén Darío, y tantas
investigaciones que realizó que completan la visión
literaria de un mundo de habla española que es, como él
siempre lo visualizó una valiosa e inmensa unidad.
No
podemos dejar de reconocer y agradecer a José Olivio
Jiménez las investigaciones que llevó a cabo en el campo
de la crítica. Sus profundos y
bien documentados estudios sobre la poesía del Siglo XX,
abrieron caminos de luz y entendimiento en la obra no sólo
de muchos poetas, sino de toda una época lírica tanto en
España como en Latinoamérica.
Su obra, vista en su totalidad, no representa un fin, sino
un comienzo que nos estimula a seguir explorando ámbitos
poéticos nuevos llenos de misterio y de cuestionamientos
que resultan verdaderamente subyugantes.
Por
último, adjunto a mi trabajo un excelente poema dedicado a
José Olivio Jiménez de Orlando Rossardi, que conoció al
crítico en Madrid y con el cual compartió experiencias
comunes durante varios años. De esta relación profesional
y de amistad surge el poema con el que finalizo este
trabajo.
EN
MADRID SE ME HA ESCONDIDO JOSÉ OLIVIO
José
Olivio Jiménez
(Santa Clara, Cuba, 1926 - Madrid, España,
2003)
En
Madrid se ha puesto, cara a cara, José Olivio con su
muerte.
¡Nos lo
dice, seca y sostenida, la nota como un golpe!
Se ha
escurrido para siempre en su silencio. Se ha escapado
con su
adiós entre los paños este huido luminoso de la vida,
uno de
esos altos y empinados que se adentran por las cosas,
dulcemente serios, sin cuidarse mucho o casi nada de la
gente.
En
Madrid, como preludio, se ha volcado a su otra historia
quien
de suerte fuera una de esas vidas bien vividas: Aquel
alzado
tan a
flor de la medida, aquel acontecido que trazara sobre
vidas
por
líneas como estelas, por cuadernos y cuartillas como
espuelas,
por
páginas en blanco que quedaron como sendas frutecidas,
luego,
con tanta buena estrella entre las plumas y las tizas,
entre
tanto verbo dando carne propia por sus manos sueltas.
En
Madrid —como una madre— se ha dormido su cuerpo
adolorido,
se ha
metido como dardo en la justeza su sombra iluminada,
se ha
borrado de un tirón el sueño roto y recobrado el tiempo
exacto.
En
Madrid, sin voz apenas, ha pasado del traspatio al patio
familiar,
por el
que trinan y silban por sus montes calandrias y palmeras,
saltan
por sus surcos los arroyos y trepan cuesta arriba cañas y
carretas
llevando de una a la otra orilla la zafra entera de su
propio sueño.
En Madrid se me ha escondido como un niño — a plena luz del día—
entre fuentes y
plazuelas, tristemente, José Olivio por sus libros.
OBRAS
CONSULTADAS
1. Debicki,
Andrew P. Homenaje a José
Olivio Jiménez. “El crítico como definidor de épocas”
Revista Hispano Cubana. Madrid: Num. 8, Otoño. 2000.
2.
Jiménez, José Olivio. La raíz y el ala. Aproximaciones
críticas a la obra literaria de José Martí. Valencia,
España: Diputación de Valencia. 1993.
3. _________
La presencia de Antonio Machado en la poesía española de
posguerra. Lincoln, Nebraska:
Society of Spanish and Spanish- American Studies. The
University of Nebraska-Lincoln. 1983.
4. Lerner, Isaías. Homenaje a José Olivio Jiménez. “José
Olivio Jiménez, hispanista”. Revista
Hispano Cubana. Madrid: Num. 8. Otoño. 2000
5.
Morales, Carlos Javier. “José Martí, creador del ensayo
moderno en la literatura hispánica”. En José Martí.
Estudios en conmemoración del sesquicentenario de su
natalicio (1853-2003). Ed. Luis T. González del Valle.
University of Colorado. Society
of Spanish and Spanish-American Studies.
2003.
6.
_________“Un enfoque indispensable”. Encuentro de
la cultura cubana. Num. 8/9. primavera/verano.
Madrid. 1998.
7.
Paz, Octavio. Pasión crítica. Barcelona: Seix Barral.
1985.
8.
Rodríguez Abad, Ángel. Homenaje a José Olivio Jiménez.
“José Olivio Jiménez, caballero de las letras cubanas.”
Revista Hispano Cubana. Madrid: Num. 8. Otoño. 2000.
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