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Neftalí Ricardo Reyes Basoalto –más tarde, Pablo Neruda- nació en
Parral (Chile) el 12 de Julio de 1904 y murió en Santiago el 23 de
Setiembre de 1973.
Muerta su madre al mes de su nacimiento, su padre cuidó de él hasta
que en 1906, se trasladó a Temuco, donde se casó con Trinidad Candía
Marverde, a quien el poeta identificaría como su madre. Su residencia
en Temuco se prolongó hasta 1920 y fue en Octubre de ese año cuando
adoptó definitivamente el seudónimo que llevó siempre con él de, Pablo
Neruda.
Sin duda Pablo Neruda ocupa un lugar excepcional entre los poetas del
siglo XX. Su influencia está vigente aún en la lengua española y es
poeta celebrado y reconocido mundialmente. En Temuco cursó todos sus
estudios hasta terminar 6º año de Humanidades. Ya en “la mañana”
publicó un artículo titulado “Entusiasmo y perseverancia”
significativo de la voluntad y la actitud que más tarde expresaría en
toda su obra. En 1918 publicó el poema “Mis ojos”, nombre utilizado
en la obra Nerudiana, como los elementos: piedras, vegetales, líquidos,
sustancias terrestres, especialidad ésta desde el interior del poeta
y la realidad del mundo. En 1920 obtiene el primer premio en la Fiesta
de la Primavera de Temuco. Preparó dos libros: “Las ínsulas extrañas”
y “Los cansancios inútiles” que más tarde se integrarían en el famoso
“Crepusculario”.
En 1921 se traslada a Santiago para cursar el profesorado de francés
en el Instituto Pedagógico. Ese mismo año, obtuvo el primer premio en
el Concurso de la Federación de Estudiantes de Chile, por su poema:
“La canción de la fiesta”. En 1924 aparece la edición original de
“Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, publicada por la
Editorial Nascimiento. Esta obra tuvo un destino excepcional:
verbalizó los contenidos de una emoción amorosa de forma diferente, se
diría, a las rimas de Bécquer, por lo que se acogió como algo novedoso.
Desde 1927, inicia su vida de viajero. Cónsul honorario en Rangoo (Birmania)
visita Lisboa, Madrid, París. Su obra se publica en diversos
periódicos y revistas europeos y en 1928 es Cónsul en Colombo (Ceilán),
participando después en el Congreso Pan-Hindú en Calcuta. En 1930 es
designado Cónsul en Batavia (Java) y el 6 de Diciembre se casa por
primera vez con María Antonia Haagenar, reincidiendo más tarde en
posteriores matrimonios. A partir de 1934 se radica en España, donde
fue designado de nuevo Cónsul en Barcelona. Da un recital poético en
la Universidad de Madrid, presentado por Federico García Lorca. De
esta fecha data su relación con los poetas y escritores españoles de
la generación del 27, por lo que en 1935, las Ediciones Plutarco
publican un homenaje a Neruda de los poetas españoles. En octubre de
dicho año asume la dirección de la revista “Caballo verde para la
poesía”.
Después de la guerra civil, es destituido de sus puestos diplomáticos
y se radica en París, donde funda con César Vallejo el Grupo
Hispanoamericano de Ayuda a España, regresando a Chile, en 1937 donde
funda y preside “Alianza de intelectuales en Chile para la defensa de
la cultura” En Noviembre de ese año se edita “España en el corazón”,
se separa de su primera esposa y se casa con Delia del Carril. En
1938 muere su padre y también su madrastra. Desde este momento, su
actividad política es constante. Su obra se traduce a doce idiomas.
Varias revistas literarias publican en el 42, “América, no invoco tu
nombre en vano”, que más tarde integraría parte de su obra
fundamental: ”Canto general”. Muere en Europa Malva Marina, hija de
su primer matrimonio. En 1943 viaja a Estados Unidos. De regreso pasa
por Lima y Cuzco y el 4 de Marzo del 45 es elegido Senador por las
provincias de Tarapacá y Antofagasta. Recibe el premio Nacional de
Literatura de Chile y el 8 de julio de ese mismo año hace pública su
afiliación al partido Comunista de Chile. El 28 de Diciembre de 1946,
una sentencia judicial declara que su nombre legal es Pablo Neruda y
el 3 de Febrero de 1948, la Corte Suprema aprueba su desafuero como
Senador y los Tribunales ordenan su detención.
Permanece oculto en Chile, escribiendo el “Canto general”. Desde 1949
en adelante la vida y los viajes de Neruda se suceden
ininterrumpidamente. Su obra sigue apareciendo en diversos y múltiples
idiomas. En Noviembre de 1950, recibe junto con Pablo Picasso, el
Premio Internacional de la Paz. En 1955 concluye la construcción de su
casa “La Chascona” donde se traslada a vivir con su nueva esposa
Matilde Urrutia. Viajes y retorno a la tierra natal abarcan amistades,
lugares y sobre todo, libros: poesía ininterrumpida, que culmina en
1971 en que la Fundación Nobel le concede el Premio Nobel de
Literatura. El 4 de Julio de 1973, fue sometido a una delicada
intervención quirúrgica en Santiago, donde encontró sus últimos días.
El universo Nerudiano se comprende desde la infancia, desde la
experiencia infantil. En una conferencia que dio en la Universidad de
Chile decía que él entendía poca cosa de la materia, es decir de la
poesía. Nostalgia reminiscente que afirmaba a sus 50 años que fue su
infancia la fuente de su poesía. Presencia tal vez imaginaria, a otro
que estaba allí, tal vez a una ausencia. ¿al doble de sí mismo? Estas
anotaciones sin embargo, nos pueden parecer extrañas en virtud de la
reiterada insistencia de considerar a Neruda un poeta de la
racionalidad. El fluir de lo inconsciente está presente en la mayor
parte de su obra poética, sobre todo en el primer período, que abarca
de La Canción de la fiesta (1921) hasta El Canto General (1950). No
obstante el lenguaje surge en Neruda, acompañado de una voluntad
consciente, de un optimismo histórico y vital que crea una apariencia
de realidad o lo que llamaríamos “reflejo de lo real”. Entre los
recuerdos infantiles de Neruda, hay uno que, por repetitivo nos llama
la atención: ... “Pero lo peor eran los incendios”... en el año 1906 o
quizás 7, no recuerdo bien, fue el gran incendio de Temuco. Las casas
ardían como cajitas de fósforos, se quemaron 22 manzanas. No quedó
nada, pero si los sureños saben hacer algo deprisa, son las casas...
Tal vez el recuerdo más remoto de mi propia persona es verme sentado
sobre unas mantas frente a nuestra casa que ardía por segunda o
tercera vez...” y aún después, sigue evocando más fuegos. En cuanto
al amor, Neruda nombra lo perecedero: “Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más,
juntos hicimos? y un recodo en la ruta donde el amor pasó..
Asimismo, la incertidumbre del ser, la separación o el retorno a sí
mismo desde la experiencia del otro: “Yo me voy, estoy triste, pero
siempre estoy triste/ vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy...”
Pero será en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, donde
la experiencia del amor enlazará con el mundo. Neruda habla del amor
encarnado: “Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos/ te
pareces al mundo en tu actitud de entrega/ Mi cuerpo de labriego
salvaje te socava/ y hace saltar el hijo del fondo de la tierra...”
Al mismo tiempo que el sentimiento amoroso surge un nuevo lenguaje
poético: la angustia dolorosa y reminiscente de las características
del romanticismo, es ahora angustia existencial: “Ansiedad que
partiste mi pecho a cuchilladas/ es hora de seguir otro camino/ donde
ella no sonría/ Ay, seguir el camino que se aleja del todo/ donde no
esté atajada la angustia, la muerte, el /invierno con sus ojos
abiertos entre el rocío...” Y con la angustia existencial, la
reivindicación de la sexualidad como lo básico del amor: “Oh la boca
mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes/ oh los
cuerpos trenzados/ oh la cópula loca de esperanza y de esfuerzo/ en
que nos anudamos y nos desesperamos.”
En “Tentativa del hombre infinito” se torna más hermético y su
lenguaje se apoya en esas reminiscencias que según hemos dicho,
emanan del inconsciente: “Hogueras pálidas revolviéndose al borde de
las noches/ corren himnos difuntos polvaredas invisibles/ fraguan
negras durmiendo detrás de las cerros anochecidos/ la tristeza del
hombre traidor entre los brazos del sueño...”
Una perspectiva que
durante mucho tiempo permaneció oculta y que, como siempre, estaba en
su lugar originario y la unidad sintética de la experiencia residía en
los lejanos días de la infancia: “Pero quiero pisar más allá de esa
huella/ pero quiero voltear esos astros de fuego: / lo que es una vida
y es más allá de mi vida... “ Un lenguaje abusivo que sabe y calla,
más allá de lo que dice: “Oyeme estas palabras que me salen ardiendo,/
y que nadie diría si yo no las dijera.”
Y el lenguaje que un día nos capturó con la seducción de las palabras
eternas: “El alma está incendiada de estas brasas que te aman. / El
cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo. / De sed. Sed
infinita. Sed que busca su sed./ Y en ella se aniquila como el agua en
el fuego...”
Simbolismo,
reminiscencias, asociación libre, tensión entre la vigilia y el sueño,
prosa de cataclismos signan la mayoría de los poemas de “Residencia
en la tierra (1925-31), obra que produjo una enorme admiración en Luis
Rosales, Gómez de la Serna, Luis Cernuda, etc. La simpatía del poeta
y el reconocimiento a su obra en Madrid, hizo que gran parte de los
escritores del 27 la acogiesen y difundieran en el medio intelectual
español. En su segunda casa en Madrid (Pablo sentía predilección por
las casas) y mucho más si eran amplias, con patios, ésta, decimos se
convirtió en lugar de Tertulias, donde asistían Alberti, Hernández,
Cernuda, Altolaguirre, García Lorca, Bergamín, etc. Aquí hospedó
también a Miguel Hernández y a León Felipe. Biblioteca y recuerdos
curiosos adquiridos en diferentes partes del mundo, sabido es que era
coleccionista de caracolas y otros muchos objetos. Muchos de estos
amigos españoles, serían nombrados en sus poemas, como: “Oda a
Federico García Lorca” y otros literatos que compartían poesía y
amistad. En plena guerra civil, Manuel Altolaguirre y varios soldados
deciden editar la obra de Neruda “España en el corazón”, considerada
como otra arma más de combate. De esta edición sólo se conservan dos
ejemplares, uno en la Biblioteca del Congreso de Washington y el otro
en la Biblioteca Nacional de Chile. El texto lleva veintitrés poemas
que reflejan la realidad de España y su tragedia, su compromiso y
cambio poético. Narra a través de la poesía, la sociedad en la que
vive, lo que sucede a su alrededor: “ Mi casa era llamada/ la casa de
las flores, porque por todas partes/ estallaban geranios: era/ una
bella casa/ con perros y chiquillos/ ¿Raúl, te acuerdas ¿Te acuerdas
Rafael?/ ¿Federico, te acuerdas?/ Debajo de la tierra/ te acuerdas de
mi casa con balcones en donde/ la luz de junio ahogaba flores en tu
boca?”
Por tanto, a Neruda no lo podemos catalogar como un poeta surrealista,
su obra está escrita para multitudes. Su poesía fue imitada, a la vez
que la de Bécquer por los jóvenes de su tiempo y éstos aún lo suelen
hacer. Su obra lleva señales identificables. La concepción
política-revolucionaria de “Tercera residencia”, que en 1936 expresa
en “España en el corazón” culmina más tarde en “Canto General” Aquí
las analogías son claras; los poemas surgen de una experiencia vivida.
Neruda recorrió las casas de los desamparados, compartió con los
perseguidos, vivió el impacto de los paisajes, fue deslumbrado por
las Minas de Machu Pichu. Todos estos componentes se fundieron con su
experiencia poética del lenguaje hasta crear el más significativo
poemario de la épica latinoamericana. Hay en el “Canto general”, como
una dimensión metafísica, una hendidura del lenguaje que quizá solo un
latinoamericano podría reconocer. El poder terapéutico de la palabra,
restituyéndonos la unidad, recomponiéndonos con la misma intensidad
que sólo la poesía, el delirio y la pasión poseen: “El ser como en el
maíz se desgranaba en el inacabable/ granero de los hechos perdidos,
de los acontecimientos/ miserables, del uno al siete, al ocho/, y no
más muerte, sino muchas muertes llegaba a cada uno.. Y la pregunta
fundamental: “Piedra en la piedra. el hombre, dónde estuvo?. Aire en
el aire, el hombre, ¿dónde estuvo? Tiempo en el tiempo, el hombre, ¿dónde
estuvo?.
Al expresar las vivencias de la intemperie latinoamericana, surge la
claridad. Y así sucede en los poemas de “América, no invoco tu nombre
en vano”. Hay como un crescendo de la claridad que continúa en “Canto
general de Chile” y que se hace ya transparencia en “Que despierte el
leñador”, quizás uno de los más violentos panfletos poéticos o el más
poético de los panfletos del siglo XX, no en balde el poema data de
1948 y contiene la adhesión del poeta al comunismo, la aceptación de
la política de Stalin, pero es también una reivindicación de la
voluntad civil del poeta que aspira a un mundo sin autoritarismo, sin
guerras, cuando dice: “Yo no vengo a resolver nada./ Yo vine aquí
para cantar/ y para que cantes conmigo...”. Vemos ciertas
contradicciones en la poesía de Neruda, las mismas contradicciones del
poeta y las mismas de otros creadores condicionados por la práctica
comunista, a la que permanece leal. Vemos también una catarsis en
“Canto general”: “Por fin soy libre adentro de los seres”, como todo
poeta que se precie ¿qué poeta no habla de sí mismo? ¿no hace alguna
vez, muchas o todas las veces catarsis de su vida, de sus ideas, de lo
que le preocupa, como poeta que es la que este artículo suscribe, todo
poeta “escribe por necesidad”, por imposición, ya sea consciente o
inconscientemente.
A partir de entonces, como decimos, sigue el lenguaje nerudiano con su
transparencia expresiva que ya señalábamos en “Que despierte el
leñador”. Aunque también lo deslumbrante en Neruda sería el mundo:
“Parecían los hombres/ enemigos/ pero la misma noche/ los cubría/ y
era una sola claridad/ la que los despertaba/ la claridad del mundo...”,
los pequeños detalles, la mirada, el amor, la mujer. Por ejemplo “Los
versos del capitán”, tienen en Neruda un aliento veinteañero, expresan
un sentimiento de rebelión, pero a la vez se distancian de “Veinte
poemas de amor... Aquí Neruda se aparta de Neruda y a pesar de
ello se agita y se revuelve contra sí mismo, como una tempestad, como
el poeta que no ha sido abandonado por sus voces internas y que, de
tiempo en tiempo las redescubre. En “ Cien sonetos de amor, dedicado
a su esposa Matilde Urrutia, destacamos, además de su forma peculiar
de hacer sonetos diferentes a los clásicos, o como él llamaba
“sonetos de madera de opaca y oscura sustancia”, despojamiento según
dice, voluntario, para dejar expedita la más soberana libertad en la
visión: la conquista de una breve y poderosa cohesión, la de una
palabra tierra, agua, aire, y llama, una voz que es el metal y el
elemento y oye el latido del mundo en el latido del cuerpo amado.
Transcribimos dicha dedicatoria, hecha a Matilde Urrutia:
Señora mía muy amada, gran padecimiento tuve al escribirte estos mal
llamados sonetos y harto me dolieron y costaron, pero la alegría de
ofrecértelos es mayor que una pradera. Al proponérmelo, bien sabía que
al costado de
cada uno, por afición electiva y elegancia, los poetas de todo tiempo
dispusieron rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo. Yo,
con mucha humildad, hice estos sonetos de madera, les di el sonido de
esta opaca y pura sustancia, y así deben llegar a tus oídos. Tú y yo
caminando por bosques y arenales, por lagos perdidos, por cenicientas
latitudes, recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al
vaivén del agua y la intemperie. De tales suavizadísimos vestigios
construí, con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y
edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus
ojos que adoro y canto. Así establecidas mis razones de amor te
entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque
tú les diste la vida.
(Octubre de 1959)
La sencillez,
la ternura manifestarán su confianza en la vida, en la naturaleza, en
los hombres. ¿Poesía de la madurez tal vez? o expreso deseo de ser
poesía para el hombre, abierta, accesible, popular, íntimamente
entrelazada con su concepción política, pero también poesía panteísta,
materialista que recupera en niveles racionales los viejos símbolos
de la infancia. Si Neruda no pudo escapar al universo nerudiano es
obvio que su poesía que cubre una época, comienza y termina en el miso
Neruda. La poesía de Neruda, testimonio de creatividad y de vida es
también un límite, un encierro.
Por tanto, sólo nos cabe decir, que junto a César Vallejo, Huidobro,
y Octavio Paz, (después vendrían otros más) un universo poético,
que nos regala la América Latina.
TEXTOS CONSULTADOS
Obra
póstuma: “La rosa separada”, “Jardín de invierno”, “Libro de las
preguntas”, “Elegía”, “Confieso que he vivido (memorias)”, “Para
nacer he nacido” y “Río invisible”.
“Selección de poemas” Círculo de lectores, S.A.
“Cien
sonetos de amor”: Seix Barral.S.A. Barcelona.
También es de interés releer la entrevista que Maricel Mayor Marsán,
directora de Baquiana, adelantándose al centenario del poeta, hizo a
Darío Oses Moya, Director de la Biblioteca y Archivos de la Fundación
Pablo Neruda, al lado de la
Chascona, la que fuese casa de Pablo Neruda en Santiago. Anuario
IV, 2002-2003.
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