Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 31/32

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

 

 

HOMENAJE A PABLO NERUDA

 por

Isabel Díez Serrano

 

 

 


     Neftalí Ricardo Reyes Basoalto –más tarde, Pablo Neruda- nació en  Parral (Chile) el 12 de Julio de 1904 y murió en Santiago el 23 de Setiembre de 1973.

     Muerta su madre al mes de su nacimiento, su padre cuidó de él hasta que en 1906, se trasladó a Temuco, donde se casó con Trinidad  Candía Marverde, a quien el poeta identificaría como su madre. Su residencia en Temuco se prolongó hasta 1920 y fue en Octubre de ese año cuando adoptó definitivamente el seudónimo que llevó siempre con él de, Pablo Neruda.

     Sin duda Pablo Neruda ocupa un lugar excepcional entre los poetas del siglo XX. Su influencia está vigente aún en la lengua española y es poeta celebrado y reconocido mundialmente.  En Temuco cursó todos sus estudios hasta terminar 6º año de Humanidades.  Ya en “la mañana” publicó un artículo titulado “Entusiasmo y perseverancia”  significativo de la voluntad y la actitud que más tarde expresaría en toda su obra.  En 1918 publicó el poema “Mis ojos”, nombre utilizado en la obra Nerudiana, como los elementos: piedras, vegetales, líquidos, sustancias terrestres,  especialidad ésta desde el interior del poeta y la realidad del mundo. En 1920 obtiene el primer premio en la Fiesta de la Primavera de Temuco. Preparó dos libros:  “Las ínsulas extrañas” y “Los cansancios inútiles” que más tarde se integrarían en el famoso “Crepusculario”.

     En 1921 se traslada a Santiago para cursar el profesorado de francés en el Instituto Pedagógico. Ese mismo año, obtuvo el primer premio en el Concurso de la Federación de Estudiantes de Chile, por su poema:  “La canción de la fiesta”.  En 1924 aparece la edición original de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, publicada por la Editorial Nascimiento. Esta obra tuvo un destino excepcional:  verbalizó los contenidos de una emoción amorosa de forma diferente, se diría, a las rimas de Bécquer, por lo que se acogió como algo novedoso.

     Desde 1927, inicia su vida de viajero. Cónsul honorario en Rangoo  (Birmania) visita Lisboa, Madrid, París. Su obra se publica en diversos periódicos y revistas europeos y en 1928 es Cónsul en Colombo (Ceilán), participando después en el Congreso Pan-Hindú en Calcuta. En 1930 es designado Cónsul en Batavia (Java) y el 6 de Diciembre se casa por primera vez con María Antonia Haagenar, reincidiendo más tarde en posteriores matrimonios. A partir de 1934 se radica en España,  donde fue designado de nuevo Cónsul en Barcelona.  Da un recital poético en la Universidad de Madrid, presentado por Federico García Lorca. De esta fecha data su relación con los poetas y escritores españoles de la generación del 27, por lo que en 1935, las Ediciones  Plutarco publican un homenaje a Neruda de los poetas españoles.  En octubre de dicho año asume la dirección de la revista “Caballo verde para la poesía”.

     Después de la guerra civil, es destituido de sus puestos diplomáticos y se radica en París, donde funda con César Vallejo el Grupo Hispanoamericano de Ayuda a España, regresando a Chile, en 1937 donde funda y preside  “Alianza de intelectuales en Chile para la defensa de la cultura”  En Noviembre de ese año se edita “España en el corazón”, se separa de su primera esposa  y se casa con Delia del Carril.  En 1938 muere su padre y también su madrastra. Desde este momento, su actividad política es constante. Su obra se traduce a doce idiomas. Varias revistas literarias publican en el 42, “América, no invoco tu nombre en vano”, que más tarde integraría parte de su obra fundamental: ”Canto general”.  Muere en Europa Malva Marina, hija de su primer matrimonio. En 1943 viaja a Estados Unidos. De regreso pasa por Lima y Cuzco y el 4 de Marzo del 45 es elegido Senador por las provincias de Tarapacá y Antofagasta. Recibe el premio Nacional de Literatura de Chile y el 8 de julio de ese mismo año hace pública su afiliación al partido Comunista de Chile. El 28 de Diciembre de 1946, una sentencia judicial declara que su nombre legal es Pablo Neruda y el 3 de Febrero de 1948, la Corte Suprema aprueba su desafuero como Senador y los Tribunales ordenan su detención.

     Permanece oculto en Chile, escribiendo el “Canto general”.  Desde 1949 en adelante la vida y los viajes de Neruda se suceden ininterrumpidamente. Su obra sigue apareciendo en diversos y múltiples idiomas. En Noviembre de 1950, recibe junto con Pablo Picasso, el Premio Internacional de la Paz. En 1955 concluye la construcción de su casa “La Chascona” donde se traslada a vivir con su nueva esposa Matilde Urrutia.  Viajes y retorno a la tierra natal abarcan amistades, lugares y sobre todo, libros: poesía ininterrumpida, que culmina en 1971 en que la Fundación Nobel le concede el Premio Nobel de Literatura. El 4 de Julio de 1973, fue sometido a una delicada intervención quirúrgica en Santiago, donde encontró sus últimos días.

     El universo Nerudiano se comprende desde la infancia, desde la experiencia infantil.  En una conferencia que dio en la Universidad de Chile decía que él entendía poca cosa de la materia, es decir de la poesía. Nostalgia reminiscente que afirmaba a sus 50 años que fue su infancia la fuente de su poesía.  Presencia tal vez imaginaria, a otro que estaba allí, tal vez a una ausencia. ¿al doble de sí mismo?  Estas anotaciones sin embargo, nos pueden parecer extrañas en virtud de la reiterada insistencia de considerar a Neruda un poeta de la racionalidad.  El fluir de lo inconsciente está presente en la mayor parte de su obra poética, sobre todo en el primer período, que abarca de La Canción de la fiesta (1921) hasta El Canto General (1950). No obstante el lenguaje surge en Neruda, acompañado de una voluntad consciente, de un optimismo histórico y vital que crea una apariencia de realidad o lo que llamaríamos “reflejo de lo real”.  Entre los recuerdos infantiles de Neruda, hay uno que, por repetitivo nos llama la atención: ... “Pero lo peor eran los incendios”... en el año 1906 o quizás 7, no recuerdo bien, fue el gran incendio de Temuco. Las casas ardían como cajitas de fósforos, se quemaron 22 manzanas. No quedó nada,  pero si los sureños saben  hacer algo deprisa, son las casas... Tal vez el recuerdo más remoto de mi propia persona es verme sentado sobre unas mantas frente a nuestra casa que ardía por segunda o tercera vez...”  y aún después, sigue evocando más fuegos.  En cuanto al amor, Neruda nombra lo perecedero: “Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más, juntos hicimos?  y un  recodo en la ruta donde el amor pasó..  Asimismo, la incertidumbre del ser, la separación o el retorno a sí mismo desde la experiencia del otro:  “Yo me voy, estoy triste, pero siempre estoy triste/ vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy...”   Pero será en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, donde la experiencia del amor enlazará con el mundo.  Neruda habla del amor encarnado:  “Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos/ te pareces al mundo en tu actitud de entrega/ Mi cuerpo de labriego salvaje te socava/ y hace saltar el hijo del fondo de la tierra...”  Al mismo tiempo que el sentimiento amoroso surge un nuevo lenguaje poético: la angustia dolorosa y reminiscente de las características del romanticismo, es ahora angustia existencial: “Ansiedad que partiste mi pecho a cuchilladas/ es hora de seguir otro camino/ donde ella no sonría/ Ay, seguir el camino que se aleja del todo/ donde no esté atajada la angustia, la muerte, el /invierno con sus ojos abiertos entre el rocío...”   Y con la angustia existencial, la reivindicación de la sexualidad como lo básico del amor: “Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes/ oh los cuerpos trenzados/ oh la cópula loca de esperanza y de esfuerzo/ en que nos anudamos y nos desesperamos.”

     En “Tentativa del hombre infinito” se torna más hermético y su lenguaje se apoya en esas reminiscencias  que según hemos dicho, emanan del inconsciente:  “Hogueras pálidas revolviéndose al borde de las noches/ corren himnos difuntos polvaredas invisibles/ fraguan negras durmiendo detrás de las cerros anochecidos/ la tristeza del hombre traidor entre los brazos del sueño...”

Una perspectiva que durante mucho tiempo permaneció oculta y que, como siempre, estaba en su lugar originario y la unidad sintética de la experiencia residía en los lejanos días de la infancia: “Pero quiero pisar más allá de esa huella/ pero quiero voltear esos astros de fuego: / lo que es una vida  y es más allá de mi vida... “ Un lenguaje abusivo que sabe y calla, más allá de lo que dice:  “Oyeme estas palabras que me salen ardiendo,/ y que nadie diría si yo no las dijera.”

     Y el lenguaje que un día nos capturó con la seducción de las palabras eternas: “El alma está incendiada de estas brasas que te aman. / El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo. / De sed. Sed infinita. Sed que busca su sed./ Y en ella se aniquila como el agua en el fuego...”

Simbolismo, reminiscencias, asociación libre, tensión entre la vigilia y el sueño, prosa de cataclismos signan la mayoría de los poemas de  “Residencia en la tierra (1925-31), obra que produjo una enorme admiración en Luis Rosales, Gómez de la Serna, Luis Cernuda, etc.  La simpatía del poeta y el reconocimiento a su obra en Madrid, hizo que gran parte de los escritores del 27 la acogiesen y difundieran en el medio intelectual español. En su segunda casa en Madrid (Pablo sentía predilección por las casas) y mucho más si eran amplias, con patios,  ésta, decimos se convirtió en lugar de Tertulias, donde asistían Alberti, Hernández, Cernuda, Altolaguirre, García Lorca, Bergamín, etc.  Aquí hospedó también a Miguel Hernández y a León Felipe. Biblioteca y recuerdos curiosos adquiridos en diferentes partes del mundo, sabido es que era coleccionista de caracolas y otros muchos objetos.  Muchos de estos amigos españoles, serían nombrados en sus poemas, como:  “Oda a Federico García Lorca” y otros literatos que compartían poesía y amistad.  En plena guerra civil, Manuel Altolaguirre y varios soldados deciden editar la obra de Neruda “España en el corazón”, considerada como otra arma más de combate. De esta edición sólo se conservan dos ejemplares, uno en la Biblioteca del Congreso de Washington y el otro en la Biblioteca Nacional de Chile. El texto lleva veintitrés poemas que reflejan la realidad de España y su tragedia, su compromiso y cambio poético. Narra  a través de la poesía, la sociedad en la que vive, lo que sucede a su alrededor:  “ Mi casa era llamada/ la casa de las flores, porque por todas partes/ estallaban geranios: era/ una bella casa/ con perros y chiquillos/ ¿Raúl, te acuerdas ¿Te acuerdas Rafael?/ ¿Federico, te acuerdas?/ Debajo de la tierra/ te acuerdas de mi casa con balcones en donde/ la luz de junio ahogaba flores en tu boca?”

     Por tanto, a Neruda no lo podemos catalogar como un poeta surrealista, su obra está escrita para multitudes.  Su poesía fue imitada, a la vez que la de Bécquer por los jóvenes de su tiempo y éstos aún lo suelen hacer. Su obra lleva señales identificables. La concepción política-revolucionaria de “Tercera residencia”, que en 1936 expresa en  “España en el corazón” culmina más tarde en “Canto General”  Aquí las analogías son  claras; los poemas surgen de una experiencia vivida.  Neruda recorrió las casas de los desamparados, compartió con los perseguidos, vivió el impacto de los paisajes, fue deslumbrado por  las Minas de Machu Pichu. Todos estos componentes se fundieron con su experiencia poética del lenguaje hasta crear el más significativo poemario de la épica latinoamericana. Hay en el “Canto general”,  como una dimensión metafísica, una hendidura del lenguaje que quizá solo un latinoamericano podría reconocer. El poder terapéutico de la palabra, restituyéndonos la unidad, recomponiéndonos con la misma intensidad que sólo la poesía, el delirio y la  pasión poseen: “El ser como en el maíz se desgranaba en el inacabable/ granero de los hechos perdidos, de los acontecimientos/ miserables, del uno al siete, al ocho/, y no más muerte, sino muchas muertes llegaba a cada uno..   Y la pregunta fundamental:  “Piedra en la piedra. el hombre, dónde estuvo?. Aire en el aire, el hombre, ¿dónde estuvo? Tiempo en el tiempo, el hombre, ¿dónde estuvo?.

     Al expresar las vivencias de la intemperie latinoamericana, surge la claridad. Y así sucede en los poemas de “América, no invoco tu nombre en vano”.  Hay como un crescendo de la claridad que continúa en “Canto general de Chile”  y que se hace ya transparencia en “Que despierte el leñador”, quizás uno de los más violentos panfletos poéticos o el más poético de los panfletos del siglo XX, no en balde el poema data de 1948 y contiene la adhesión del poeta al comunismo, la aceptación de la política de Stalin, pero es también una reivindicación de la voluntad civil del poeta que aspira a un mundo sin autoritarismo, sin guerras, cuando dice:  “Yo no vengo a resolver nada./ Yo vine aquí para cantar/ y para que cantes conmigo...”.  Vemos ciertas contradicciones en la poesía de Neruda, las mismas contradicciones del poeta y las mismas de otros creadores condicionados por la práctica comunista, a la que permanece leal. Vemos también una catarsis en “Canto general”:  “Por fin soy libre adentro de los seres”, como todo poeta que se precie ¿qué poeta no habla de sí mismo? ¿no hace alguna vez, muchas o todas las veces catarsis de su vida, de sus ideas, de lo que le preocupa, como poeta que es la que este artículo suscribe, todo poeta “escribe por necesidad”, por imposición, ya sea consciente o inconscientemente.

     A partir de entonces, como decimos, sigue el lenguaje nerudiano con su transparencia expresiva que ya señalábamos en “Que despierte el leñador”. Aunque también lo deslumbrante en Neruda sería el mundo: “Parecían los hombres/ enemigos/ pero la misma noche/ los cubría/ y era una sola claridad/ la que los despertaba/ la claridad del mundo...”, los pequeños detalles, la mirada, el amor, la mujer. Por ejemplo “Los versos del capitán”, tienen en Neruda un aliento veinteañero, expresan un sentimiento de rebelión, pero a la vez se distancian de “Veinte poemas de amor...  Aquí Neruda  se aparta de   Neruda y a pesar de ello se agita y se revuelve contra sí mismo, como una tempestad, como el poeta que no ha sido abandonado por sus voces internas y que, de tiempo en tiempo las redescubre.   En “ Cien sonetos de amor, dedicado a su esposa Matilde Urrutia, destacamos, además de su forma peculiar de hacer sonetos diferentes  a los clásicos, o  como él llamaba “sonetos de madera de opaca y oscura sustancia”, despojamiento según dice, voluntario, para dejar expedita la más soberana libertad en la visión: la conquista de una breve y poderosa cohesión, la de  una palabra tierra, agua, aire, y llama, una voz que es el metal y el elemento y oye el latido del mundo en el latido del cuerpo  amado.  Transcribimos dicha dedicatoria, hecha a Matilde Urrutia: 

 

     Señora mía muy amada, gran padecimiento tuve al escribirte estos mal llamados sonetos y harto me dolieron y costaron, pero la alegría de ofrecértelos es mayor que una pradera. Al proponérmelo, bien sabía que

al costado de cada uno, por afición electiva y elegancia, los poetas de todo tiempo dispusieron rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo. Yo, con mucha humildad, hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura sustancia, y así deben llegar a tus oídos. Tú y yo caminando por bosques y arenales, por lagos perdidos, por cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie. De tales suavizadísimos vestigios construí, con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto. Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste la vida. 

(Octubre de 1959)

 

     La sencillez, la ternura manifestarán su confianza en la vida, en la naturaleza, en los hombres.  ¿Poesía de la madurez tal vez?  o expreso deseo de ser poesía para el hombre, abierta, accesible, popular, íntimamente entrelazada con su concepción política, pero también poesía panteísta, materialista que  recupera en niveles racionales los viejos símbolos de la  infancia.   Si Neruda no pudo escapar al universo nerudiano es obvio que su poesía que cubre una época, comienza y termina en el miso Neruda. La poesía de Neruda, testimonio de creatividad y de vida es también un límite, un encierro.

     Por tanto,  sólo nos cabe decir, que junto a César Vallejo,  Huidobro,  y Octavio Paz,  (después vendrían otros más)  un universo poético, que nos regala la América Latina.

 

 

                                     TEXTOS CONSULTADOS

 

Obra póstuma: “La rosa separada”, “Jardín de invierno”, “Libro de las preguntas”,  “Elegía”, “Confieso que he vivido (memorias)”,  “Para nacer he nacido” y Río invisible”.

 

 “Selección de poemas”  Círculo de lectores, S.A.

 

“Cien sonetos de amor”:   Seix Barral.S.A.  Barcelona.

 

También es de interés releer la entrevista que Maricel Mayor Marsán, directora de Baquiana, adelantándose al centenario del poeta, hizo a Darío Oses Moya, Director de la Biblioteca y Archivos de la Fundación Pablo Neruda, al lado de la Chascona,  la que fuese casa de Pablo Neruda en Santiago.   Anuario IV, 2002-2003.

 


Isabel Díez Serrano nació en Sevilla (1940). Reside en Madrid. Estudió idiomas, psicología y reflexoterapia, en la cual ejerce actualmente. Ha publicado los siguientes libros de poesía y uno de pensamientos: El último espejo (Altazor, 1987); En el principio de la carne (Altazor, 1988); Alimentando lluvias (Nueva Imagen, 1990); De mis noches con Juan (Ariadna, 1991); Y el sueño se hizo voz (Rio Aulencia, 1994); Marcada por tres fuegos (Ediciones Cardeñoso, 1995); Ecos de Prensa I y II (1996); La palabra es la sombra de las cosas (pensamientos), (Ediciones Cardeñoso, 1997); Vía Crucis (Poesía Nueva, 1998); Las horas detenidas (I Accésit Fernando Rielo de Poesía Mística), (Ediciones Cardeñoso, 1998); Réquiem por una madre (Ediciones Calíope, 2001); Testigos del amor y la locura (Ediciones Cardeñoso, 2002), Te esperamos (AIP Valparaíso-Chile, 2003), Desnudo de palabras (Ediciones Cardeñoso, 2004), entre otros. Ha recibido premios y distinciones, tales como Alhoja de plata, Sánchez Brun, Peliart, Placa Antonio Machado, Flor natural de poesía breve, Mención de honor "Premio Prometeo de Poesía", Llave de plata, Pluma de plata y el Trofeo Reina Amalia. Aparece en una veintena de antologías. Colabora y publica en diversas revistas de España y América. Algunos de sus poemas han sido musicalizados. Es la actual Directora de la Tertulia Literaria Príncipe de Asturias en Madrid y de la Revista de creación literaria ORIFLAMA. Es miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE), de la Asociación Prometeo de Poesía (APP), de la Academia Iberoamericana de Poesía (AIP) y de la Asociación Colegial de Escritores (ACE).