ARMANDO
ÁLVAREZ BRAVO
Nació en La
Habana, Cuba (1938). Poeta, crítico, ensayista y narrador. Miembro
de número de la Academia Cubana de la Lengua; correspondiente de
la Real Academia Española y la Academia Norteamericana de la
Lengua Española. Fundador y vicepresidente del PEN de Escritores
Cubanos en el Exilio. Obra: Poesía: El azoro, Relaciones, Para
domar un animal (Primer Premio Internacional de Poesía
“José Luis Gallego/1981”, Madrid, España), Juicio de
residencia, Las lejanías, El prisma de la razón, Naufragios y
comentarios, Trenos, Cabos sueltos, Poesía en tres paisajes
y La belleza del físico mundo. Ensayo: Orbita de Lezama
Lima, Al curioso lector y Autorretrato a trancos.
Cuento: Las traiciones del recuerdo y
El día más
memorable.
DEL PAISAJE Y LA
PRESENCIA
Ya no es la avidez de ver mundo,
sino de poseer como en un sueño
ciertos paisajes
entrevistos o pendientes,
tan especiales en su intimidad.
Pero es difícil arrancarse
del sitio en que se está
parece que desde siempre.
El sitio donde los recuerdos
van convirtiéndose en ficciones
y reinventan esa historia nuestra
que ya es la de nuestros nuevos
recuerdos.
Cuándo llegamos aquí
¿cuánto de nosotros quedó allá?
¿Quién ese uno mismo
que distinto se recuerda a sí mismo?
¿Cuál es su rostro ya enfilando la
eternidad?
Quedan algunos viajes por hacer.
Son regresos a lo entrañable.
Son un reencuentro y una despedida.
Son también ir en secreta busca
de algo desconocido que sabemos nos
falta.
Son quedarnos tranquilamente donde
estamos.
Ya nuestras huellas
no necesitan el polvo del camino.
PEQUEÑA ORACIÓN
Señor,
déjame
seguir recorriendo puntualmente
las mismas calles
porque si tuviese que alterar
mis cotidianos pasos
me perdería.
Alegra ese camino
con la presencia más frecuente
de mis hijas, que has querido
para su bien hagan
su vida en otra parte
que es para mí todas las distancias.
Mitiga mi sufrimiento
por los que debían estar aquí
y no pueden hacerlo,
y por aquellos que se fueron para
siempre.
Procura que los amigos
que quiero no pierdan la senda
hacia casa y cuando lleguen
y cuando se marchen
se sientan mejor por la andadura
y la compañía y ya piensen en volver.
Bendice en la luz y en la
sombra,
en la alegría y el dolor,
en la costumbre y la incertidumbre,
mi techo y el paisaje de mis
recorridos
para que mis pasos y mi presencia
sepan de entrañable abrigo.
No hace falta más para saber
del paraíso.
SON LOS DÍAS DE
MÁS CALOR
Estos son los días de más calor.
ya los días de siempre.
Este es otro de esos paisajes
de puerto de escala,
pero he quedado atrapado
para siempre en sus invisibles
fronteras.
Estas son las horas
en que me imagino otro, distinto,
como dije en un poema de juventud
que ahora me pasa la cuenta,
asegurándome que sigo siendo el
mismo
y que la única diferencia
con aquel entonces
es el peso tremendo de los años y la
vida.
Esta es la declaración de mi
suerte.
La hora en que lo pendiente me echa
en cara
que es demasiado tarde. Y es también
la tan natural y extraña hora del
recuento
y la ardua reconciliación conmigo
mismo
y de dar gracias por lo mucho
precioso que recibí.
No es otra cosa la criatura que este
cúmulo de altibajos.
Estos versos los pude escribir
en cualquier sitio.
A estas alturas eso es, finalmente,
un detalle
que carece de importancia.
CONFORME A LA
SENTENCIA DE UN
GRANDE Y VIEJO
SOLDADO
Ni hablemos
¿para qué atormentarse?
de como pasa el tiempo,
minucioso e implacable,
y nos va desvaneciendo
(conforme a la sentencia
de despedida de un grande
y viejo soldado).
Palabras oponiéndose
al incesante embate del blanco
que puede ser lo negro
(sus idénticos abismos),
el destilado qué de qué,
o, quizás mejor, pueriles,
estériles comentarios
en torno a lo inevitable
¡absolutamente nada
contra el acabamiento!
Memoria, plenitud,
deseo y posibilidad
que, sí, ya bien se sabe─
es tan natural─,
decrecen vertiginosos,
que nos van reduciendo,
que nos disminuyen
con su puntual marea,
cuando ya sólo se desea
más y más de menos y menos.
La eternidad
con su imprescindible,
preciosa y sagrada iluminación,
tan desesperada
y tan desesperadamente frágil,
desde todas las certidumbres
y la copiosa historia
de las nombrables
y las secretas glorias,
de los imposibles,
las derrotas, los sueños
y de las pisadas en el corazón
y el cuánto de lo que falta.
Palabras─
¿quién puede garantizar
lo contrario?
¿tiene sentido empeñarse
en aspirar a perpetuar
las efímeras ficciones
de haber vivido tanto
entre el delirio y la lucidez?─
que también se desvanecen.
Hablemos de otra cosa.
Es lo mejor.
Sólo Dios sabe
la historia completa.
Nació
en
Santiago de Cuba
(1957). Poeta y profesor de Español y Literatura. Se licenció en
Educación en las especialidades de Español y Literatura en la
Universidad de Oriente (Santiago de Cuba, 1982). Ejerce la
docencia como profesor de preuniversitario y universitario hasta
1992, año en que emigra a los Estados Unidos y establece su
residencia en la ciudad de Miami. Desde 1993 trabaja como profesor
de Español y Literatura a nivel preuniversitario. En 1997 culmina
una maestría en la Universidad Internacional de la Florida donde
actualmente completa los cursos para su Doctorado en Filosofía y
Letras. En Cuba obtuvo varios premios en concursos provinciales y
nacionales de literatura para niños con los libros, aún inéditos:
Un arcoiris del tiempo (poesía, 1987), Los sueños de
Nino (poesía, 1988), El libro de Mónica (poesía, 1989)
y La araña y la libélula (cuento, 1989). Tiene en proceso
de publicación los poemarios Otro gallo cantaría (1992),
Meditando a la orilla de los tamales (1999) y Sombras Sacras
(2004). Su libro de poesía País de agua (1992) salió
publicado por Editorial Betania en Enero del 2004. Es también
trovador y ha incursionado en varios géneros de la música cubana.
PERFIL DE SANTIAGO
"Siempre he
dicho que yo iré a Santiago
en un coche de agua
negra."
Federico García Lorca
Por la escalera de Padre Pico
el tiempo sube
como una rosa cuajada de estrellas
escalones que respiran serenatas,
escaleras que se visten de pregones
Una cerveza se bebe
a una mulata,
y la mulata se bebe a
una trompeta,
una trompeta se bebe
a una carroza,
y la carroza arrolla con un solo
pié,
con un solo pié
viene arrollando el carnaval.
Berbena, berbena,
Padre Pico invita
con la luna llena
Por la escalera de Padre Pico
la vida baja,
mujer hecha de sueños y danzones,
escalones que resisten las arrugas
y se maquillan de encajes y
promesas.
Una muchacha se asoma
a su ventana
y Pepe Sánchez la besa
en Sol Mayor,
el sol dobla temprano
por la esquina
y en la ciudad de esta mujer
está naciendo un trovador.
Berbena, berbena,
Padre Pico invita
con la luna llena.
OTRO
GALLO CANTARÍA
"los
gallos cantan
por la mañana
su dulce canto…"
Canción popular
Si Santiago fuera de neón
y el metro estremeciera su esqueleto
mitigando la prisa del hombre
para llegar puntual al crimen.
Si el concreto se empinara
más cerca del azul
en su misión de rascacielos
cercenando el vuelo de la luz.
Si no estuviera mi ciudad
poblada de gorriones
y palomas donde anidan
su cielo y su virtud.
Si un mar de tejas y balcones
no fueran su paisaje natural
atravesada de norte a corazón
por el Caribe.
Si no fuera Santiago
un patio de begonias
de arecas y de helechos y de menta
con la humedad del tiempo en los
jazmines.
Si perdiera Santiago el tibio
aliento
que envuelve sus callejones
ese verano familiar que la derrite
cuando el látigo del sol dobla sus
rejas
entonces otro gallo cantaría.
EL MEDIODÍA
Los rayos se hunden
perpendicularmente
sobre las tejas de la ciudad
y extienden sus tentáculos de fuego
-con toda irreverencia-
entre las piernas de los
transeúntes.
El aire se mece lento,
aparatoso,
como un anciano de vidrio.
Las calles sudan y se quejan
del látigo indecente de las ruedas
que van y vienen sin piedad
por todo su esqueleto,
dejando en el rostro de los de a pié
el zarpazo de la combustión.
La ciudad se asoma a los balcones
con el torso desnudo.
Una guitarra endulza el mediodía
“…con su trova fascinante
que me la quiero aprender.”
Las torres de la catedral
bostezan campanadas
para llamar a siesta
y mi madre se duerme religiosamente.
Después hará el café
a las cuatro de la tarde.
LA NOCHE
Es clandestina.
Tiene los ojos pardos
y el cuero terso.
Es caliente en sus contornos,
resbaladiza
un poco desobediente a los silencios
y al orden público.
Le gusta la parranda, el bailoteo,
el guateque, el barullo, la
serenata,
y hasta el brete envuelto en papel
de cartucho.
Es hembra la noche de Santiago
y le gusta asomarse a las guitarras
y a los timbales para el jolgorio.
Es hembra y tiene sed de varones
rebeldes que se fuguen de las
sombras
y la violen soberanamente.
A veces es tan oscura
que corre el peligro de confundirse
con el enemigo,
de que le disparen a mansalva
y le quiebren la cintura
o el equilibrio de la danza…
DEL OTRO LADO
De una ciudad a otra
la vida se demora un siglo.
Mi corazón está del otro lado
y he de cruzar el río
y he de vencer a las montañas.
Debo soñar un largo amanecer
que pasa por lo días,
como los años pasan por la lluvia,
sin detenerse.
Estoy viajando a su encuentro.
El camino se demora entre las
siestas
y entre los colibríes,
se entretiene debajo de los nísperos
y se bifurca como las astas del
antílope.
A veces pierdo el rumbo
y me detengo en las cortinas de un
jazz,
o el traqueteo de un calipso.
Entre una ciudad y otra hay muchos
nombres
y me aturdo, a veces, con los
gritos.
Trato de seguir el rumbo,
de orientarme en el pulso del mar,
en el instinto de mi raza.
Cuando llego alguna vez a esa ciudad
voy directo al ventanal de los
suspiros
y allí me baño de la luz sin llagas.
Mi equipaje es cada vez más ligero.
Ya cruzo el río .
Miro hacia atrás
y veo que el mundo se oscurece.
Ante mi se erige la montaña.
Es verde y azul y equidistante.
Tiene el tamaño de un sueño.
y repite siempre la misma palabra,
hasta el infinito.
Del otro lado me espera el corazón.
FRONDAS SACRAS
El agua,
desesperada en las llagas
se rompe en el triángulo de la
congoja.
Viene sin frutas
y arrastra cuerpos inertes,
apagada en sus trinos.
Viene harapienta de polvos bélicos,
roedores de la memoria
y la huella infinita
del amanecer del hombre.
¡Ay agua! ¿dónde te has ido
con tu canasta de flores,
con tus efluvios?
Embalsamada en la ecuación ruinosa,
acuchillada en su blando pergamino,
oscurece los horizontes azules
y las frondas sacras.
¡Ay agua de mi bendición,
regresa por el cauce limpio de las
amapolas,
desnúdate de nuevo en tu magnífica
heredad
o revienta en huracanes
que sacudan el planeta
de tanta pestilencia mecánica,
de tanta podredumbre
Nació en Cienfuegos, Cuba
(1944) y emigró a los Estados Unidos
en 1980, con el éxodo del Mariel. Perteneció al grupo literario
El Puente (1962-1964). En 1978 se graduó de Licenciado en Letras
en la Universidad de La Habana. Miembro del Consejo de Dirección
de la revista Mariel (Nueva York, 1983-85). En
la actualidad es el Editor de la
revista digital de poesía Decir del Agua, fundada en 2002 (www.decirdelagua.com).
Ha publicado los libros de poesía:
Caverna fiel (1993) y En la llanura (2001).
Reside en Miami Beach, Florida.
LEGADO
Para Amando Fernández
Un día,
esperanzado, se encontró por azar
el extraño
cofre de la historia de su escasa familia,
en el que se
guardaban piedras refulgentes,
artefactos serenos del pasado,
brazaletes de asombrosos tamaños,
marcos
de plata antigua,
papeles y cenizas,
y sin poder
salir de su perplejidad o su cansancio
lo fue dejando
todo lentamente en su viejo lugar,
con la
premonición de que no volvería
a
abrir aquel espacio nunca más.
Muchos años más
tarde, en la impuesta vigilia,
quiso observar
de cerca el tesoro tranquilo de su leve nación,
que
era mostrado a los viajeros bajo enorme custodia
en un
salón de mármoles oscuros y brillantes.
En el tesoro
había reliquias portentosas,
restos
de una batalla inverosímil,
espadas milenarias,
nobles
declaraciones de principios.
Estuvo horas
contemplando los laberintos polvorientos;
pero
no pudo ver el grave sello
que salvaba a
los fantasmas suficientes;
no le fue dado
descubrir el aire establecido
que
envolvía a tantas desapariciones necesarias;
no pudo
contemplar el ávido contorno
que
iniciaban esas cerradas eminencias.
Así, sin nada
más entre las manos, despojado de sombras,
salió a aspirar
despacio el aire de la noche.
OTRO DISCURSO AL ODIADOR
A la memoria de R. A.
Estos, mi
amigo, siguen siendo tus días;
no te molestes
en contarlos,
son
poquísimos:
esta es la
sombra y el resplandor de tu presencia,
aquí se
aquietan y enardecen tu salvaje parodia
y tu
retiro de las cosas;
esta, no cabe
duda, es la precaria
y
sucia mano del abismo
apresando tu
sangre.
(Si miras con
fijeza desde ahora,
podrás
ir descubriendo
desordenados
filamentos que naufragan sin ruido,
en esa lluvia
fría y gris dentro del cuerpo)
Enormes y
escasos son tus días.
Y es
comprensible, digamos, y hasta justo,
que una
imprecisa ira te ennegrezca las horas
(tanta
inmundicia y pequeñez
se
expanden y te ahogan);
Pero esos
aullidos temporales no convierten a nadie
en un
demonio, bien lo sabes.
Son escasos tus
días,
y sin
la menor duda suficientes
para dejar en
claro que gastando los huesos,
dando
en limpio la cara
al brutal
incendio de las ruinas,
manoteando serenos en la piedra sin fondo,
respirando en
la masa siniestra,
sin consuelo de
árboles perdidos ni flores exclusivas
ni
almas devoradas ni venganzas,
hemos sabido
disfrutar esta visita
con
paciencia y coraje.
ÁRBOLES DE SANGRE
Para
Enrique Arrué,
el 20 de diciembre de 1999
Estos hermosos
árboles bañados por la sangre
también tendrán
sentido:
desaparecerán,
quemarán en su
perfecto viaje
esas sagradas
hojas que el viento hace vibrar;
su líquido
esencial regresará a la tierra,
se sumirá en la
añorada confusión.
Contémplalos;
se queman en sí mismos,
en sus ramas se
agita una pasión espléndida.
Sus raíces
devoran con la misma impaciencia
el
vigor y la espera.
Míralos bien,
no temas; acércate despacio:
bajo la corteza
reverbera el calcinante elixir.
Tócalos con
fuerza, aspira bien su aroma humedecido.
La misma
llamarada que los exalta y embellece
regresa luego
enrarecida y los disuelve.
LA MIRADA DE ÁMBAR
(Harar, 1891)
Nadie supo
hasta mucho después
que aquel
hermoso comerciante había sido en su tierra
el hechicero de
los verbos azules,
el ebrio
regidor que sepultaba
las
vocales sordas como el mar;
no sospechamos
nunca que llevaba en los labios
el aullido de
humo y la codicia
de su
fornicación con los fantasmas.
Lo veíamos
mezclar monedas y deseos
en las tabernas
alejadas, entre viajeros indecisos,
y luego el
viento tibio lo llevaba a las calles del puerto,
a que abrazara
proyectiles con nombres olvidados
y ofrendara la
pólvora a las nubes.
Pero cuando
sellaba al aire libre
los
cargamentos de explosivos,
en sus manos
ardía el silencio del sol;
en su mirada se
quedaban inmóviles
los últimos
fragmentos de un augurio cerrado
y en sus ojos
de ámbar se perdían las cifras armoniosas
con
que se estaban preparando los asaltos.
AVES SORPRENDIDAS EN EL SUEÑO
“...to
the birds in the white of the air...”
W. B. Yeats
Para Vicente Echerri
Arremolinadas
se han alzado de los sitios
en que pensaban
perpetuarse
Se levantan de
los entornos comprendidos
con esfuerzo y
contemplan desde cierta altura
toda la
vastedad de su alimento y su descanso,
cubierta por
las llamas
Aletean con
fuerza en el ocaso transformado,
teñido de
repente de un resplandor furioso
Y suben, suben
en círculos muy rápidos
sobre la
repentina claridad;
y sienten el
crujido de los insectos calcinados
y de la hierba
que se entrega a la devoración,
al humo que la
anula
Pero no parten
enseguida,
no se atreven
tan pronto
a sepultar las
dimensiones de su mundo;
giran y giran
durante largas horas
con sus alas
perfectas
sobre los
laberintos conocidos,
que la noche
disuelve
No saben
escapar, al nacer no tuvieron
ninguna
indicación para alejarse
de esta súbita
fuerza;
cuando
iniciaron su aventura en la inmensa pradera
nunca
sospecharon este despojamiento
No encuentran
en sus instintos heredados
ninguna
explicación para este incendio
que ya devora
con premura
todas sus
fantasías.