Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 37/38

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

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Dra. Lidia Versón

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Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

   

 

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Boletín Informativo

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EL ARQUERO EN LA JAULA

EL CREACIONISMO DE HUIDOBRO EN LA POÉTICA DE GERARDO DIEGO

  por

 Francisco Javier Maldonado Araque


________________________________________________

    Resulta trágico pensar en el momento en que Ariadna vuelve en sí y ve cómo Teseo se aleja en el barco sin poder reaccionar ante sus feroces gritos[1]. Vicente Huidobro gritó, pero nunca perdió la consciencia; Gerardo Diego sí zarpó, como Teseo. Casi es más útil acercarnos al creacionismo por lo que éste rechaza que por lo que propone. El prístino non serviam es un grito de guerra contra la anécdota y la descripción[2]. A pesar de todo es injusto definir en negativo; es cierto que la mímesis de la naturaleza es lo último que entra dentro del concepto de “poesía”, pero no es menos cierto que el requisito indispensable para que un poema pueda ser considerado como “poesía”, según el poeta chileno, es el de contar con algo básico: lo humano, el tamiz personal, la creación del individuo y de su intimidad. Es aquí donde entra en juego el misterio histórico, la ayuda de Ariadna y la muerte del minotauro a manos de Teseo.

    

     Y es que el laberinto de Gerardo Diego está cargado de historia. ¿Para qué sirve la libertad?. En literatura parece asunto de retórica, pero es algo que se nos va rápidamente de las manos, para bien o para mal. Quizás, siguiendo el hilo del modo de versificar de Gerardo Diego, podamos hacernos un par de preguntas. La “modernidad”, las vanguardias, la situación de los poetas en torno 1927, la preguerra, guerra y posguerra van incluidos en el mito de Gerardo Diego. En el principio fue el creacionismo. Desde el momento en que Diego toma contacto con las ideas de Vicente Huidobro establece una división tajante entre lo que es creación y lo que no lo es. Para aclararnos debemos conocer lo que supone este movimiento de vanguardia para el poeta español. En 1919, en la revista de vanguardia Cervantes[3], el joven vate habla de dos fases del creacionismo: la primera consistiría en la labor de Huidobro y la recepción de eso en España, es decir, un período inicial de gestación cerebral y teórica. La segunda, a modo de evolución de las especies, es su ramificación en espléndidos brotes de hermosura vital. Lo positivo de esta cuestión “vital” es que pasa al lado de lo concreto. Es en la ejecución de la teoría creacionista a través de lo “vital” donde encontramos su aspecto más feliz. Sin embargo, aunque esto es importante, también lo son las posibilidades que lo creacionista abre a los jóvenes poetas. Las ideas poéticas de Huidobro son el umbral de un arte nuevo. Al calificarlo como “nuevo” se produce inmediatamente un efecto en el que lo nuevo es lo bueno y lo viejo lo malo cuando se practica a secas, y algo aprovechable si se practica desde lo nuevo.

 

     Gerardo Diego traza el camino que va desde la retórica hasta la imagen múltiple. Conforme la imagen va siendo más múltiple más se va alejando de la literatura tradicional (de la mímesis). Sin esta “imagen” lo escrito es siempre “prosa disfrazada”,es decir, son palabras con forma de versos y rima, pero a las que les falta el elemento fundamental: lo “vital”, que se enuncia como crear por el placer de crear. Con lo “vital” la “imagen” no se convierte en acertijo cerebral de los que hacen naufragar la emoción, sino que consigue la liberación. La libertad se identifica así con la creación, con lo vital y con lo no traducible a cuestiones cerebrales. De este modo la imagen múltiple sirve para vaciar nuestras emociones, es algo que no explica nada y a lo que cada uno pone su letra interior. En conclusión: El creacionismo había dado el paso decisivo purificando y extrayendo de la sucia mezcla retórica la imagen. La retórica por sí misma no sirve, es la imagen lo que hace que la poesía sea poesía.

 

     Con esto, el arte anterior a las ideas creacionistas queda comprometido. Sin embargo no se lo ahoga del todo, sino que se le da la posibilidad de seguir viviendo, una vez que acepte el credo creacionista. Esto lo podemos leer en Intencionario[4], donde también se establece la diferencia de base que existe entre “ultraismo” y “creacionismo”: Ultraísmo es voluntad. Creacionismo, afirmación estética. Además se nos ofrece una historia de evolución poética hasta el creacionismo:

 

     El arquero: El arte antiguo era un arquero que apuntaba y cobraba la pieza. El arte moderno se contentaba con disparar sin importarle el blanco; los más avanzados en vez de flecha acerada colocaban una vara ingenua y hacían del deporte un simulacro. Nosotros no llegamos a disparar; nos contentamos con la intención, con el ademán. Porque toda la estética del arquero está en el gesto.

 

     La flecha supone la mancha, todo aquello que tiene que ver con la prosa disfrazada e interpretable de antes. La intención es la emoción, lo vital.

 

     Diego no abandonará nunca esta postura. Irá contrastando sus ideas, recogidas en el creacionismo, con todo aquello que vaya saliendo a su paso. De hecho, cuando el filósofo José Ortega y Gasset, junto con la llamada Generación del 27, comienza a hablar de lo que se conocerá como “poesía pura”, el mismo Gerardo Diego se pone el traje de faena para reflexionar sobre Retórica y poética[5]. El objetivo es el de dejar claro que a la poética del creacionismo no se le puede reprochar nada, aunque, a veces, las ejecuciones de tal poética no hayan sido muy acertadas. Pero por el camino asistimos al fustigamiento del “simbolismo” y su poética, así como a la aclaración de ese término tan escurridizo como es “lo vital”. De este modo la palabra debe dejar de ser un ornamento abstracto para ser íntegramente la palabra. No se puede atender sólo a la retórica ya que existe el peligro de abandonarse al incentivo estético de las palabras, olvidando sentidos humanos. De esta manera, y sin descuidar ni uno solo de los aspectos retóricos, el poeta debe dar la preferencia al otro, al valor humano y sencillo de la imagen […] Esto es lo que el simbolismo –y este postsimbolismo conceptista- procuran ocultar, paliar, ensordecer.

 

     La imagen como tal es intraducible dentro del español en el sentido de que “x” no puede ser “a + b + c”, pero sí es traducible a otro idioma en tanto en cuanto “x” sigue siendo “x” en todas las lenguas. Esta es la ventaja del uso creacionista de las palabras. El simbolismo, por su parte, se  forja en las calidades materiales -no humanas- del idioma, desde donde irradia sugestiones y significaciones, lo cual no es sólo confundir el instrumento con el fin sino que hace que, además, la poesía simbolista sea intraducible a otras lenguas, frente a la universalidad de la imagen creacionista. Se le hace necesario señalar, dicho lo cual, que la imagen se identifica con lo humano, y que todo lo demás queda despreciado como “material”:

 

     Este es el error fundamental de estas escuelas. Pretender emplear una palabra anulando sus esencias humanas, convirtiéndolo en una ficha de valor ornamental, convencional

 

     Y a continuación:

 

     La Poesía pasa de este modo a ser una creación humana, dejando de ser la imposible, la cercenada creación verbal que pretendía, y se cura de esa metálica frialdad a la que condenaba un empeño de retorizarla olvidando su verdadero y legítimo destino. Y es así como un poema creado llega otra vez a obtener la más profunda y exquisita cordialidad humana, sin sombra alguna de referencia naturalista, con plena independencia y vida propia.

 

     Lo humano, lo espiritual, la esencia, el destino… todas estas cosas pertenecen a la imagen creacionista y tienen que ver con la independencia, con la libertad en definitiva. Pero el elemento clave es lo humano. En un textículo publicado en Favorables París Poema,[6] Gerardo Diego distingue dos tipos de poesía: la impura, interpretable y literaria y la poesía pura, creadora. Ambas han de aspirar a ser humanas, pese a que una sea mejor que la otra. Lo humano es lo que no puede faltar. Lo principal en el poema es el hombre, la libertad, lo puro, la poesía, y después está la retórica, que puede actuar siempre que no afecte a lo primero, que es su esencia[7]. La libertad y lo humano van unidos. Curva y estrofa[8] pretende tomar un lenguaje vanguardista para mostrarnos las bondades de las estrofas. Se compara un viaje en coche con la poesía. Lo primero es lo humano: […] constituyéndose precisamente todo el encanto del viaje, encanto que sería híbrido e irreductible a unidad si no hallase en nosotros mismos un único cauce humano, que funde en una unidad suprema los elementos heterogéneos. Si lo humano se erige como catalizador de la unidad suprema, la forma que debe tomar esta esencia debe: someter a las estrofas al dulce suplicio de todas sus curvas y obtenerlas limpias, exactas, sin derrapar ni una sola sílaba siquiera a la facilidad zozobrante del ripio, al abandono blando de la tensión elástica y firme. La unidad y la estrofa, lo humano y la retórica, así, se convierten en algo más. La imagen del automóvil quedará atrás con el tiempo: Pero quedará el coche de 1920-1930 como supremo modelo de un ideal de civilización. La libertad está en lo humano y no en la estrofa, pero algo hay detrás de esta actitud, algo constructivo. La poesía, con su poética, viene a dejarnos constancia de un supremo modelo de un ideal de civilización. La vanguardia creacionista viene a construir, pero a construir con unos preceptos muy claros, unas leyes indiscutibles que valen tanto para la poesía como para la sociedad. El viaje acaba con una arenga muy clara: Aprendamos a ser ebanistas de nuestras estrofas, entre el ejemplo radiante, insuperable hoy por hoy de la mecánica automovilística.

 

     Recapitulemos. El creacionismo de Gerardo Diego coloca a “lo humano” como elemento indispensable, tamiz único, eje de lo poético. A esto se le une la libertad, intrínseca a lo humano por ser una actividad vital. La retórica viene después, aunque su papel cobre mucha importancia. Siempre que no sea el factor determinante la retórica cumple un papel esencial, ya que sin ella puede que los resultados que da la teoría creacionista vengan a ser un fiasco. Lo humano y la retórica cumplen con una obligación clara, Gerardo Diego parece doblemente consciente: por un lado traza una historia literaria que coloca a su poética en la cumbre, y, por otro, muestra que esto se debe a un cambio de situación, o que se hace para ese cambio de situación que no afecta sólo a lo poético sino que, en su calidad de vanguardia, afecta a todo y a todos. El eje humano-retórica crea (y a la vez es creado por) un modelo ideal de civilización. La construcción está pues en el centro de la teoría. Gerardo Diego está “en obras”, junto con “la sociedad”, obligado por el creacionismo.

 

     Con esta situación es con la que nos encontramos al leer uno de los textos más conocidos de Gerardo Diego: La vuelta a la estrofa[9]. Aquéllos que habían rechazado la estrofa vuelven a la jaula porque no han sabido volar, no han sabido mover las alas fuera de las reglas. Es la vuelta del vencido. Pero también están los que saben ser libres dentro de la jaula; no ven la jaula como un problema sino más bien como una ventaja, como libertad. El problema en realidad está en la estrofa; cuando se habla de ella se viene queriendo decir moldes de estrofas previos, conocidos ya, aunque en un principio una estrofa pueda ser cualquier cosa. Es cuestión de retórica.

 

     Señala Diego que desde el Romanticismo hasta los “ismos” vanguardistas se ha venido atentando contra la inviolabilidad de la estrofa-molde. Llegados casi a la situación actual tres son los caminos que estaban abiertos: el verso libre, inventar nuevos estrofas o cultivar la estrofa vieja. Si los que volaban libremente volaban más torpes que libres, los que creen nuevas estrofas están condenados a no tener éxito, ya que nadie podría cultivar esas nuevas estrofas porque de inmediato sería un plagio. El único camino posible es el de la vieja estrofa. ¿Dónde quedan los poemas escritos en verso libre y  sin puntuación de Huidobro? Parece que dentro de la libertad torpe, sin rumbo, perdida en el vahído y en el grito vano de Ariadna.

 

     La justificación de todo esto no se hace esperar. Gerardo Diego deja constancia de una mirada histórica con consciencia de cambio: los nuevos tiempos impiden abogar por la esclavitud de la estrofa (s. XVIII), o la falta de respeto y la pereza del siglo XIX, o el descontrol de los “ismos”, que buscan la novedad del contenido haciendo imposible que tengan  a la vez el continente. La calma es lo que ha venido después de esto. Lo que ahora se tiene es la estrofa pero con la mirada de un nuevo tiempo, en el que la retórica no es lo determinante sino que está pasada por la “personalidad” del poeta, por el “yo”:

 

     Hoy nos falta toda fe en la eficacia de la retórica y de la métrica por sí mismas, nuestro escrúpulo de personalidad ha aumentado

 

    Considera que este conocimiento de la historia permite la libertad para volar dentro de la jaula. En este sentido el verso libre queda como una irresponsabilidad, ya que supone pereza, falta de  respeto y descontrol. El único verso libre tolerado es el que se hace no con la irresponsabilidad anterior, sino calculando el peso, el motor y la esencia para no ir a la deriva. Lo importante, en definitiva, es que la “modernidad” permite que el poeta use la retórica con libertad, con la libertad de la jaula y del escrúpulo de personalidad, se entiende. Llegados a este punto, “la vuelta a la estrofa” termina tildando a los jóvenes poetas de “prosistas” y haciendo un llamamiento para que se aparten de la vaguería y empiecen de verdad a cultivar estrofas. Este manifiesto de Gerardo Diego se conforma desde una reflexión. Parece como si se hubiera parado a pensar en lo que ha hecho y en lo que tiene que hacer. Es curioso: casi todos los escritos que va publicando después tienen ya un tono de recapitulación, de insistencia en los mismos puntos. Parece como si Gerardo Diego se hubiese acabado de hacer a sí mismo, a su teoría.

 

     En 1928, un año después de estas palabras en Carmen, y con la mirada de los años hacia el creacionismo, Diego analiza lo que fue para él tal corriente creadora[10]. Sobre 1918-1919 él andaba creándose una nueva libertad técnica y un desconocido horizonte espiritual que escrutar, fue en este momento en el que abrazó el creacionismo: El año 1919 señala en mí la disolución de la crisis y el nacimiento de una nueva fe absoluta, independiente de los credos milenarios de las viejas retóricas. Esto es lo que habíamos señalado: la vieja retórica no sirve en cuanto tal y se necesita una salida. La solución pasa por usar esa retórica pero desde una nueva perspectiva, lo nuevo surge en esa búsqueda. Diego deja constancia del cambio: Luego vino la fatiga: la fatiga de tanto caminar, de tanta emoción casi gloriosa, gloriosa de una íntima gloria solitaria o compartida sólo por el mutuo grupo excursionista. Y también una sensación de agotamiento: me había volcado, me sentía vacío de tanta ofrenda salida de mis entrañas. El proyecto de arte nuevo que pretendía el creacionismo había fracasado: Hoy al releerlo veo claramente la serie de inexperiencias, de equivocaciones, de callejones sin salida en que me introdujo ese afán aventurero. Y claro, ante esta situación: la vuelta a la estrofa:

 

     Y releyendo los clásicos, encontré que tenían razón, su razón, y que podía ser compartida, en parte, por la mía que los justificaba totalmente en la consideración de lo histórico.

 

     La poesía creadora no queda a un lado, sino que simplemente comparte su papel ontológico con algo no menos ontológico: el ser, el yo, y con la necesidad de perseguir una meta, de caminar hacia un objetivo común. Diego había estado viviendo nuevas experiencias tras publicar Imagen (1922) y necesitaba desahogarlas en una poesía directa sin otros fines que los de la expresión cantábile de mi intimidad lírica (no olvidemos que Diego siempre fue un músico). Él mismo señala que esto es compatible con su idea de poesía creada y creadora, sin interpretación lógica posible. Lo que pasa es que el fin último se ha difuminado:

 

     Y al aplicar las experiencias de la nueva técnica a la venerable técnica retórica del bien decir, me encontré confortadoramente más consciente […] Otro tanto sucedía si contemplaba los clásicos. Penetraba en ellos de una manera que no hubiera sospechado antes de emprender las rutas aventureras hacia la poesía desconocida

 

     Afinemos. Exactamente no es que la poesía absoluta que se pretendía con la creación haya desaparecido, sino que la aventura de crear no llevaba un rumbo fijo, se desconocía dónde podía terminar, era simplemente un acto de avance, mientras que la nueva visión de Gerardo Diego sí tiene un eje de amarre: la intimidad y la personalidad pero de un modo muy especial: a través del desprecio por la “íntima gloria solitaria” y la búsqueda de ese “supremo ideal de civilización” común. La creación va ligada a una suerte de espiritualismo, la “libertad” que consigue Gerardo Diego con las vanguardias es un punto de inflexión que le servirá para darle una posterior coherencia a sus pensamientos. El antes de la estrofa es crear a través de lo humano, mientras que la retórica-estrofa puede o no ayudar, pero está en la periferia. Con la vuelta a la estrofa la aventura de crear sin rumbo ha terminado, lo humano sigue siendo lo mismo, pero fuera de la estrofa, fuera del sentido que proporciona la estrofa no hay nada válido. Es el arquero enjaulado. Diego, pues, no pierde nunca su norte creacionista, no lo abandona del todo, pero sí lo enjaula y le da un sentido más allá del puro “ismo” de ciego avance vanguardista. De hecho Teseo no abandona a Ariadna, simplemente no puede luchar contra el destino y los designios de los dioses; se casará con su hermana, Fedra, junto a la que gobernará la polis ateniense.

 

     ¿Qué ocurre para que la poética haya de regirse por un sentido global (y a la vez produzca tal sentido), qué ha pasado para que se necesite una coherencia total entre la creación y su armadura?, ¿por qué la libertad consiste en volar en la jaula? Las respuestas las podemos obtener en la historia de la Guerra Civil Española y en los años de la posguerra, pero esto es ya otra historia, otro mito, otras flechas… otra tragedia.

 

Notas y Obras Citadas

 

[1] En otras versiones del mito Ariadna es raptada por Dioniso, con quien se casará luego, o Teseo abandonará a Ariadna por orden de Atenea o Hermes. En la que seguimos aquí Ariadna ha desembarcado a causa de un mareo, Teseo permanece en la nave para velar por su seguridad y un golpe de viento repentino arrastra el barco mar adentro de modo irreversible.

 

[2] CRUCHAGA SANTA MARÍA, Ángel: “Conversando con Vicente Huidobro”, El Mercurio, Santiago, 31 de agosto de 1919, pág. 4. Se puede consultar fácilmente accediendo a la magnífica página de internet que la Universidad de Chile le dedica a uno de sus poetas predilectos: http://www.uchile.cl/cultura/huidobro/  

[3] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “Posibilidades creacionistas”, en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 167-70. Como digo, el texto fue publicado originalmente en la revista Cervantes en octubre de 1919.

 

[4] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “Intencionario”, en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 171-73. El artículo apareció en la revista Grecia en julio de 1920.

 

[5] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “Retórica y poética”, en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 174-80. Se publicó en la Revista de Occidente, en 1924.

 

[6] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “Ante todo el hombre”, en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, pág. 181. Consta apenas de quince líneas y fue publicado en Favorables, París, Poema en su primer número de 1926.

 

[7] Esta diferencia entre Literatura y Poesía es un claro eco de Croce, aunque Diego no lo cite. Sí cita en cambio las imágenes “maquinistas” –la del automóvil- tan queridas por los “Futuristas” italianos –y tan seguidores de Croce-, imágenes que veremos a continuación.

 

[8] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “Curva y Estrofa”, en Obras completas, T. IV, Memoria de un poeta I, Alfaguara, Madrid, 1997, págs. 361-64. Procede de la revista Avance, de octubre de 1926.

 

[9] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “La vuelta a la estrofa”, en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 182-84. Esta proclama tan conocida la publicó Gerardo Diego en su revista Carmen, hermana de Lola, en diciembre de 1927.

 

[10] DIEGO XE "DIEGO", Gerardo: “La vocación poética”, en Obras completas, T. IV, Memoria de un poeta I, Alfaguara, Madrid, 1997, págs. 164-83. Se trata de una conferencia dictada en el Centro Gallego de Montevideo en octubre de 1928.

 


Francisco Javier Maldonado Araque nació en Granada, España (1975). Profesor y ensayista. En la actualidad es profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada.