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Resulta
trágico pensar en el momento en que Ariadna vuelve en sí y
ve cómo Teseo se aleja en el barco sin poder reaccionar
ante sus feroces gritos[1].
Vicente Huidobro gritó, pero nunca perdió la consciencia;
Gerardo Diego sí zarpó, como Teseo. Casi es más útil
acercarnos al
creacionismo
por lo que éste rechaza que por lo que propone. El
prístino non serviam
es un
grito de guerra contra la anécdota y la descripción[2].
A pesar de todo es injusto definir en negativo; es cierto
que la
mímesis
de la naturaleza es lo último que entra dentro del
concepto de “poesía”, pero no es menos cierto que el
requisito indispensable para que un poema pueda ser
considerado como “poesía”, según el poeta chileno, es el
de contar con algo básico: lo humano, el tamiz personal,
la creación del individuo y de su intimidad. Es aquí donde
entra en juego el misterio histórico, la ayuda de Ariadna
y la muerte del minotauro a manos de Teseo.
Y es que el laberinto de Gerardo Diego está
cargado de historia. ¿Para qué sirve la libertad?. En
literatura parece asunto de retórica, pero es algo que se
nos va rápidamente de las manos, para bien o para mal.
Quizás, siguiendo el hilo del modo de versificar de
Gerardo Diego, podamos hacernos un par de preguntas. La “modernidad”,
las vanguardias, la situación de los poetas en torno 1927,
la preguerra, guerra y posguerra van incluidos en el mito
de Gerardo Diego. En el principio fue el
creacionismo.
Desde el momento en que Diego toma contacto con las ideas
de Vicente Huidobro establece una división tajante entre
lo que es creación y lo que no lo es. Para aclararnos
debemos conocer lo que supone este movimiento de
vanguardia para el poeta español. En 1919, en la revista
de vanguardia
Cervantes[3],
el joven vate habla de dos fases del creacionismo: la
primera consistiría en la labor de Huidobro y la recepción
de eso en España, es decir, un
período inicial de gestación cerebral
y teórica.
La segunda, a modo de evolución de las especies, es su
ramificación en espléndidos
brotes de hermosura vital.
Lo positivo de esta cuestión “vital” es que pasa al lado
de lo concreto. Es en la ejecución de la teoría
creacionista a través de lo “vital” donde encontramos su
aspecto más feliz. Sin embargo, aunque esto es importante,
también lo son las posibilidades que lo creacionista abre
a los jóvenes poetas. Las ideas poéticas de Huidobro son
el umbral de un arte nuevo. Al calificarlo como “nuevo” se
produce inmediatamente un efecto en el que lo nuevo es lo
bueno y lo viejo lo malo cuando se practica a secas, y
algo aprovechable si se practica desde lo nuevo.
Gerardo Diego traza el camino que va desde
la retórica hasta la imagen múltiple. Conforme la imagen
va siendo más múltiple más se va alejando de la literatura
tradicional (de la mímesis).
Sin esta “imagen” lo escrito es siempre “prosa
disfrazada”,es
decir, son palabras con forma de versos y rima, pero a las
que les falta el elemento fundamental: lo “vital”, que se
enuncia como crear por el
placer de crear.
Con lo “vital” la “imagen” no se convierte en
acertijo cerebral
de los que hacen naufragar la emoción, sino que consigue
la liberación. La libertad se identifica así con la
creación, con lo vital y con lo no traducible a cuestiones
cerebrales. De este modo la
imagen múltiple
sirve para vaciar nuestras
emociones,
es algo que no explica nada
y a lo que cada uno pone su
letra interior.
En conclusión: El creacionismo
había dado el paso decisivo purificando y extrayendo de la
sucia mezcla retórica la imagen.
La retórica por sí misma no sirve, es la imagen lo que
hace que la poesía sea poesía.
Con esto, el arte anterior a las ideas
creacionistas queda comprometido. Sin embargo no se lo
ahoga del todo, sino que se le da la posibilidad de seguir
viviendo, una vez que acepte el credo creacionista. Esto
lo podemos leer en
Intencionario[4],
donde también se establece la diferencia de base que
existe entre “ultraismo” y “creacionismo”:
Ultraísmo
es voluntad. Creacionismo, afirmación estética.
Además se nos ofrece una historia de evolución poética
hasta el creacionismo:
El arquero: El arte antiguo era un
arquero que apuntaba y cobraba la pieza. El arte moderno
se contentaba con disparar sin importarle el blanco; los
más avanzados en vez de flecha acerada colocaban una vara
ingenua y hacían del deporte un simulacro. Nosotros no
llegamos a disparar; nos contentamos con la intención, con
el ademán. Porque toda la estética del arquero está en el
gesto.
La
flecha supone la mancha, todo aquello que tiene que ver
con la prosa disfrazada e interpretable de antes. La
intención es la emoción, lo vital.
Diego no abandonará nunca esta postura. Irá
contrastando sus ideas, recogidas en el creacionismo, con
todo aquello que vaya saliendo a su paso. De hecho, cuando
el filósofo José Ortega y Gasset, junto con la llamada
Generación del 27,
comienza a hablar de lo que se conocerá como “poesía
pura”, el mismo Gerardo Diego se pone el traje de faena
para reflexionar sobre
Retórica y poética[5].
El objetivo es el de dejar claro que a la poética del
creacionismo no se le puede reprochar nada, aunque, a
veces, las ejecuciones de tal poética no hayan sido muy
acertadas. Pero por el camino asistimos al fustigamiento
del “simbolismo” y su poética, así como a la aclaración de
ese término tan escurridizo como es “lo vital”. De este
modo la palabra debe dejar de ser un
ornamento abstracto
para ser íntegramente la
palabra.
No se puede atender sólo a la retórica ya que existe
el peligro de abandonarse al
incentivo estético de las palabras, olvidando sentidos
humanos.
De esta manera, y sin
descuidar ni uno solo de los aspectos retóricos, el poeta
debe dar la preferencia al otro, al valor humano y
sencillo de la imagen
[…] Esto es lo que el
simbolismo –y este postsimbolismo conceptista- procuran
ocultar, paliar, ensordecer.
La imagen como tal es intraducible dentro
del español en el sentido de que “x” no puede ser “a + b +
c”, pero sí es traducible a otro idioma en tanto en cuanto
“x” sigue siendo “x” en todas las lenguas. Esta es la
ventaja del uso creacionista de las palabras. El
simbolismo, por su parte, se forja en las calidades
materiales -no humanas- del idioma, desde donde irradia
sugestiones y significaciones, lo cual no es sólo
confundir
el
instrumento con el fin sino que hace que, además, la
poesía simbolista sea intraducible a otras lenguas, frente
a la universalidad de la imagen creacionista. Se le hace
necesario señalar, dicho lo cual, que la imagen se
identifica con lo humano, y que todo lo demás queda
despreciado como “material”:
Este es el error fundamental de estas
escuelas. Pretender emplear una palabra anulando sus
esencias humanas, convirtiéndolo en una ficha de valor
ornamental, convencional
Y a
continuación:
La Poesía pasa de este modo a ser una
creación humana, dejando de ser la imposible, la cercenada
creación verbal que pretendía, y se cura de esa metálica
frialdad a la que condenaba un empeño de retorizarla
olvidando su verdadero y legítimo destino. Y es así como
un poema creado llega otra vez a obtener la más profunda y
exquisita cordialidad humana, sin sombra alguna de
referencia naturalista, con plena independencia y vida
propia.
Lo humano, lo espiritual, la esencia, el destino… todas
estas cosas pertenecen a la imagen creacionista y tienen
que ver con la independencia, con la libertad en
definitiva. Pero el elemento clave es lo humano. En un
textículo publicado en Favorables París Poema,[6]
Gerardo Diego distingue dos tipos de poesía: la impura,
interpretable y literaria y la poesía pura, creadora.
Ambas han de aspirar a ser humanas, pese a que una sea
mejor que la otra. Lo humano es lo que no puede faltar. Lo
principal en el poema es el hombre, la libertad, lo puro,
la poesía, y después está la retórica, que puede actuar
siempre que no afecte a lo primero, que es su esencia[7].
La libertad y lo humano van unidos. Curva y estrofa[8]
pretende tomar un lenguaje vanguardista para mostrarnos
las bondades de las estrofas. Se compara un viaje en coche
con la poesía. Lo primero es lo humano: […]
constituyéndose precisamente todo el encanto del viaje,
encanto que sería híbrido e irreductible a unidad si no
hallase en nosotros mismos un único cauce humano, que
funde en una unidad suprema los elementos heterogéneos.
Si lo humano se erige como catalizador de la unidad
suprema, la forma que debe tomar esta esencia debe:
someter a las estrofas al dulce suplicio de todas sus
curvas y obtenerlas limpias, exactas, sin derrapar ni una
sola sílaba siquiera a la facilidad zozobrante del ripio,
al abandono blando de la tensión elástica y firme. La
unidad y la estrofa, lo humano y la retórica, así, se
convierten en algo más. La imagen del automóvil quedará
atrás con el tiempo: Pero quedará el coche de 1920-1930
como supremo modelo de un ideal de civilización. La
libertad está en lo humano y no en la estrofa, pero algo
hay detrás de esta actitud, algo constructivo. La poesía,
con su
poética,
viene a dejarnos constancia de un
supremo modelo de un ideal de
civilización.
La vanguardia creacionista viene a construir, pero a
construir con unos preceptos muy claros, unas leyes
indiscutibles que valen tanto para la poesía como para la
sociedad. El viaje acaba con una arenga muy clara:
Aprendamos a ser ebanistas de
nuestras estrofas, entre el ejemplo radiante, insuperable
hoy por hoy de la mecánica automovilística.
Recapitulemos. El creacionismo de Gerardo Diego coloca a
“lo humano” como elemento indispensable, tamiz único, eje
de lo poético. A esto se le une la libertad, intrínseca a
lo humano por ser una actividad vital. La retórica viene
después, aunque su papel cobre mucha importancia. Siempre
que no sea el factor determinante la retórica cumple un
papel esencial, ya que sin ella puede que los resultados
que da la teoría creacionista vengan a ser un fiasco. Lo
humano y la retórica cumplen con una obligación clara,
Gerardo Diego parece doblemente consciente: por un lado
traza una historia literaria que coloca a su poética en la
cumbre, y, por otro, muestra que esto se debe a un cambio
de situación, o que se hace para ese cambio de situación
que no afecta sólo a lo poético sino que, en su calidad de
vanguardia, afecta a todo y a todos. El eje
humano-retórica crea (y a la vez es creado por) un modelo
ideal de civilización. La construcción está pues en el
centro de la teoría. Gerardo Diego está “en obras”, junto
con “la sociedad”, obligado por el creacionismo.
Con esta
situación es con la que nos encontramos al leer uno de los
textos más conocidos de Gerardo Diego:
La vuelta a la
estrofa[9].
Aquéllos que habían rechazado la estrofa vuelven a la
jaula porque no han sabido volar, no han sabido mover las
alas fuera de las reglas. Es la vuelta del vencido. Pero
también están los que saben ser libres dentro de la jaula;
no ven la jaula como un problema sino más bien como una
ventaja, como libertad. El problema en realidad está en la
estrofa; cuando se habla de ella se viene queriendo decir
moldes de estrofas previos, conocidos
ya,
aunque en un principio una estrofa pueda ser cualquier
cosa. Es cuestión de retórica.
Señala Diego que desde el Romanticismo hasta los “ismos”
vanguardistas se ha venido atentando contra la
inviolabilidad de la estrofa-molde. Llegados casi a la
situación actual tres son los caminos que estaban
abiertos: el verso libre, inventar nuevos estrofas o
cultivar la estrofa vieja. Si los que volaban libremente
volaban más torpes que libres, los que creen nuevas
estrofas están condenados a no tener éxito, ya que nadie
podría cultivar esas nuevas estrofas porque de inmediato
sería un plagio. El único camino posible es el de la vieja
estrofa. ¿Dónde quedan los poemas escritos en verso libre
y sin puntuación de Huidobro? Parece que dentro de la
libertad torpe, sin rumbo, perdida en el vahído y en el
grito vano de Ariadna.
La
justificación de todo esto no se hace esperar. Gerardo
Diego deja constancia de una mirada histórica con
consciencia de cambio: los nuevos tiempos impiden abogar
por la esclavitud de la estrofa (s. XVIII), o la falta de
respeto y la pereza del siglo XIX, o el descontrol de los
“ismos”, que buscan la novedad del contenido haciendo
imposible que tengan a la vez el continente. La calma es
lo que ha venido después de esto. Lo que ahora se tiene es
la estrofa pero con la mirada de un nuevo tiempo, en el
que la retórica no es lo determinante sino que está pasada
por la “personalidad” del poeta, por el “yo”:
Hoy nos
falta toda fe en la eficacia de la retórica y de la
métrica por sí mismas, nuestro escrúpulo de personalidad
ha aumentado
Considera
que este conocimiento de la historia permite la libertad
para volar dentro de la jaula. En este sentido el verso
libre queda como una irresponsabilidad, ya que supone
pereza, falta de respeto y descontrol. El único verso
libre tolerado es el que se hace no con la
irresponsabilidad anterior, sino calculando el peso, el
motor y la esencia para no ir a la deriva. Lo importante,
en definitiva, es que la “modernidad” permite que el poeta
use la retórica con libertad, con la libertad de la jaula
y del escrúpulo de personalidad, se entiende. Llegados a
este punto, “la vuelta a la estrofa” termina tildando a
los jóvenes poetas de “prosistas” y haciendo un
llamamiento para que se aparten de la vaguería y empiecen
de verdad a cultivar estrofas. Este manifiesto de Gerardo
Diego se conforma desde una reflexión. Parece como si se
hubiera parado a pensar en lo que ha hecho y en lo que
tiene que hacer. Es curioso: casi todos los escritos que
va publicando después tienen ya un tono de recapitulación,
de insistencia en los mismos puntos. Parece como si
Gerardo Diego se hubiese acabado de hacer a sí mismo, a su
teoría.
En 1928, un año después de estas palabras
en
Carmen,
y con la mirada de los años hacia el creacionismo, Diego
analiza lo que fue para él tal corriente creadora[10].
Sobre 1918-1919 él andaba creándose
una nueva libertad técnica y un
desconocido horizonte espiritual que escrutar,
fue en este momento en el que abrazó el creacionismo:
El año 1919 señala en mí la
disolución de la crisis y el nacimiento de una nueva fe
absoluta, independiente de los credos milenarios de las
viejas retóricas.
Esto es lo que habíamos señalado: la vieja retórica no
sirve en cuanto tal y se necesita una salida. La solución
pasa por usar esa retórica pero desde una nueva
perspectiva, lo nuevo surge en esa búsqueda. Diego deja
constancia del cambio:
Luego vino la fatiga: la fatiga de tanto caminar, de tanta
emoción casi gloriosa, gloriosa de una íntima gloria
solitaria o compartida sólo por el mutuo grupo
excursionista. Y también una sensación de agotamiento: me
había volcado, me sentía vacío de tanta ofrenda salida de
mis entrañas. El proyecto de arte nuevo que pretendía el creacionismo había
fracasado: Hoy al releerlo
veo claramente la serie de inexperiencias, de
equivocaciones, de callejones sin salida en que me
introdujo ese afán aventurero.
Y claro, ante esta situación: la vuelta a la estrofa:
Y releyendo los clásicos, encontré
que tenían razón, su razón, y que podía ser compartida, en
parte, por la mía que los justificaba totalmente en la
consideración de lo histórico.
La poesía creadora no queda a un lado, sino
que simplemente comparte su papel ontológico con algo no
menos ontológico: el ser, el yo, y con la necesidad de
perseguir una meta, de caminar hacia un objetivo común.
Diego había estado viviendo nuevas experiencias tras
publicar Imagen (1922) y necesitaba desahogarlas
en una poesía directa sin otros fines que los de la
expresión cantábile de mi intimidad lírica (no
olvidemos que Diego siempre fue un músico). Él mismo
señala que esto es compatible con su idea de poesía creada
y creadora, sin interpretación lógica posible. Lo que pasa
es que el fin último se ha difuminado:
Y
al aplicar las experiencias de la nueva técnica a la
venerable técnica retórica del bien decir, me encontré
confortadoramente más consciente
[…]
Otro tanto sucedía si contemplaba
los clásicos. Penetraba en ellos de una manera que no
hubiera sospechado antes de emprender las rutas
aventureras hacia la poesía desconocida
Afinemos. Exactamente no es que la poesía absoluta que se
pretendía con la creación haya desaparecido, sino que la
aventura de crear no llevaba un rumbo fijo, se desconocía
dónde podía terminar, era simplemente un acto de avance,
mientras que la nueva visión de Gerardo Diego sí tiene un
eje de amarre: la intimidad y la personalidad pero de un
modo muy especial: a través del desprecio por la “íntima
gloria solitaria” y la búsqueda de ese “supremo ideal de
civilización” común. La creación va ligada a una suerte de
espiritualismo, la “libertad” que consigue Gerardo Diego
con las vanguardias es un punto de inflexión que le
servirá para darle una posterior coherencia a sus
pensamientos. El antes de la estrofa es crear a través de
lo humano, mientras que la retórica-estrofa puede o no
ayudar, pero está en la periferia. Con la vuelta a la
estrofa la aventura de crear sin rumbo ha terminado, lo
humano sigue siendo lo mismo, pero fuera de la estrofa,
fuera del sentido que proporciona la estrofa no hay nada
válido. Es el arquero enjaulado. Diego, pues, no pierde
nunca su norte creacionista, no lo abandona del todo, pero
sí lo enjaula y le da un sentido más allá del puro “ismo”
de ciego avance vanguardista. De hecho Teseo no abandona a
Ariadna, simplemente no puede luchar contra el destino y
los designios de los dioses; se casará con su hermana,
Fedra, junto a la que gobernará la polis ateniense.
¿Qué ocurre para que la poética haya de regirse por un
sentido global (y a la vez produzca tal sentido), qué ha
pasado para que se necesite una coherencia total entre la
creación y su armadura?, ¿por qué la libertad consiste en
volar en la jaula? Las respuestas las podemos obtener en
la historia de la Guerra Civil Española y en los años de
la posguerra, pero esto es ya otra historia, otro mito,
otras flechas… otra tragedia.
Notas y Obras Citadas
En otras versiones del mito Ariadna es raptada por Dioniso,
con quien se casará luego, o Teseo abandonará a Ariadna
por orden de Atenea o Hermes. En la que seguimos aquí
Ariadna ha desembarcado a causa de un mareo, Teseo
permanece en la nave para velar por su seguridad y un
golpe de viento repentino arrastra el barco mar adentro de
modo irreversible.
CRUCHAGA SANTA MARÍA, Ángel: “Conversando con Vicente
Huidobro”, El Mercurio, Santiago, 31 de agosto
de 1919, pág. 4. Se puede consultar fácilmente accediendo
a la magnífica página de internet que la Universidad de
Chile le dedica a uno de sus poetas predilectos:
http://www.uchile.cl/cultura/huidobro/
DIEGO XE
"DIEGO", Gerardo: “Posibilidades
creacionistas”, en Obras completas, T. VI,
Prosa literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, págs.
167-70. Como digo, el texto fue publicado originalmente
en la revista Cervantes en octubre de 1919.
DIEGO XE
"DIEGO",
Gerardo: “Intencionario”, en
Obras completas, T. VI, Prosa literaria I,
Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 171-73. El artículo
apareció en la revista Grecia en julio de 1920.
DIEGO XE
"DIEGO",
Gerardo: “Retórica y poética”,
en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I,
Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 174-80. Se publicó en la
Revista de Occidente, en 1924.
DIEGO XE
"DIEGO",
Gerardo: “Ante todo el hombre”,
en Obras completas, T. VI, Prosa literaria I,
Alfaguara, Madrid, 2000, pág. 181. Consta apenas de quince
líneas y fue publicado en Favorables, París, Poema
en su primer número de 1926.
Esta diferencia entre Literatura y Poesía es un claro eco
de Croce, aunque Diego no lo cite. Sí cita en cambio las
imágenes “maquinistas” –la del automóvil- tan queridas por
los “Futuristas” italianos –y tan seguidores de Croce-,
imágenes que veremos a continuación.
DIEGO XE
"DIEGO",
Gerardo: “Curva y Estrofa”,
en Obras completas, T. IV, Memoria de un poeta I,
Alfaguara, Madrid, 1997, págs. 361-64. Procede de la
revista Avance, de octubre de 1926.
DIEGO XE
"DIEGO",
Gerardo: “La vuelta a la
estrofa”, en Obras completas, T. VI, Prosa
literaria I, Alfaguara, Madrid, 2000, págs. 182-84. Esta proclama tan conocida la publicó Gerardo Diego en su
revista Carmen, hermana de Lola, en
diciembre de 1927.
DIEGO XE
"DIEGO",
Gerardo: “La vocación poética”,
en Obras completas, T. IV, Memoria de un poeta I,
Alfaguara, Madrid, 1997, págs. 164-83. Se trata de una
conferencia dictada en el Centro Gallego de Montevideo en
octubre de 1928.
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