Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 37/38

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

RELATOS BREVES

por

Jorge Gustavo Portella

 

Pequeña historia de horror

 

     Se despertó con una ansiedad casi ajena y el corazón corriendo; y la respiración torpemente inconstante. Entre las sombras tanteó toda la cama, ansiosamente acarició las sábanas, hasta llegar a hincar sus uñas como un gato en afán; bajó su pie derecho con el temor de no llegar a nada: tocó piso, y al hacerlo su aliento salió de un sólo golpe, asustado desde el origen de sus pulmones. Se paró, caminó hacia la pared como evitando pisar algo doloroso y, apoyándose en ella, fue hasta el switch. Su dedo rozó con suavidad el plástico, trató de encender la luz, pero no había…

  

Apenas un dedo

 

     Está tan cerca de la mano, tan próxima, tan evidente como un hecho que obsesiona, como un objeto de deseo.

    Es quizás el perfume a pan fresco. La posibilidad de ser restituida sin cuerpo, desde su olor o un olor semejante. Desde ese olor que aún no se olvida de mis telas.

    Es un dedo primero, es un dedo atrevido, de avanzada. Un dedo que dibuja pequeñas curvas leves tan ansiosas.

Es quizás su mirada, en los gritos de luz, en los ojos extraños, como el brillo inocente de los ojos de un animal amado. Son sus ojos tan vivos, en todas partes vivos.

     Las yemas de los dedos. Es el tacto en su forma inicial, primaria, en un principio de descubrimiento, a través de las curvas, tan frías. Son apenas los dedos como primer encuentro.

Es quizás la tortura de sus últimas voces, de sus palabras lejos repetidas. Esta insistencia en su boca que hiere.

     Es la mano que tiembla, que toca controlada, con lentitud de apuro. Es la mano que llega a ser el cuerpo entero, a sentir, a ser el puro tacto.

Es su boca, su grande espesa boca, entreabierta, tan blanda. Es su cuerpo su boca. Cada detalle, cada movimiento, su cuerpo tibio con olor a pan fresco, con sus ojos tan definitivos. Es cada palabra suya. Es ella toda labios.

No puede ser más, no puede…

     Deja de ser entonces. La mano aún junto al cuerpo de metal que va a frío, apenas en un dedo que cae desde un cuerpo donde todo es silencio y una línea de sangre desde el borde de la frente.

  

La sombra de la bomba

 

     La bomba tiene una sombra un poco larga, difusa; tiene una sombra oscura que huye rápidamente cuando cree cerca la explosión. Junto a tu pie escondida tras la papelera parece guardar cierta complicidad con las cosas apagadas de tu estudio. La sombra lo es todo, y apenas resiste la luz. Cuando te paras –un momento de sed o sólo relajarte– la tocas, la golpeas levemente, pisas la sombra y la bomba hace un gesto extraño de enfado. Entonces, la sombra le explica que el maltrato puede ser una forma de convivencia y que vivir es convivir a la espera. La sombra sonríe al zapato con poca tolerancia. Cuando vuelves a tu lugar no tocas la bomba, ni siquiera su sombra, y la bomba vuelve a su humor placido; es conveniente no enojarla, su furia deja sólo sombras. Mientras escribes, la bomba espera su turno: quizás sea ahora y tú lo sufras, quizás jamás te sorprenda.

  

    Thriller de la mesa de Pool

 

     Separo los pies y los inclino un poco abajo hacia delante. Mantenerse en una esfera es muy difícil. Por algunos instantes me dedico a conservarme de pie, y algo parece halarme para un lado y luego lo mismo para el otro. Creo caer en cualquier momento.

     Me ha correspondido la bola ocho. No todo es tan oscuro ni tan breve como el espacio que ocupo. Al ver con más detenimiento, descubro que no estoy sólo en esto. Los menos preocupados intentan dar saltos en una sola pierna, lo cual -en lo impreciso de la escena- se hace grotesco y sus facciones imitan payasos pervertidos, que sonríen a solas y te descubren mirándolos. Otros están pálidos, como si supieran algo que todavía desconozco, no sé si yo lo estoy. Yo intento sostenerme.

     Lo verde del paño de la mesa, dadas las dimensiones, semeja un terreno abandonado, donde una luz fúnebre como de velas sobre el negro más plano afirma el desamparo y no parecería demasiado descabellado que algo aguarde en la espesura: personajes borrosos que de sólo ser oídos y sospechados en sus pasos, como violentos fantasmas, nos persigan. El silencio es inmenso. Los acabados artesanales en la madera oscura dan fe de un extraño mausoleo. Es entonces un gran estruendo, como un golpe seco; duro, como una violenta bala de inmensas dimensiones. A punto de caer, me duelen los oídos, estoy vivo. No he cerrado los ojos. Veo rodar una lisa. Sé donde se dirige. Sobre ella un joven como un desenfrenado títere intenta el equilibrio, para desmoronarse finalmente como un pesado saco en un hoyo en la esquina. Algunos se disgregan. Uno casi me da. Al final regresó lentamente por donde había venido. En cada rostro la sonrisa del pánico, las lagrimas ansiosas. El terror.

     No sabemos del miedo, de lo variable del miedo hasta que lo sentimos. Hasta que descubrimos lo mudable del rostro del terror. La indefensión. Lo inminente.

     Suenan sucesivos golpes, sucesivas rayadas, sucesivas lisas. Lo rápido y furioso de sus desordenados movimientos hacen parecer que vienen todos hacia mí. Y un golpe probablemente significaría caer. Y yo que ya no puedo. Los estruendos, los rostros, el no saber dónde me hallo, las bolas que se acaban. Y yo la bola ocho, esperando mi turno.

Jorge Gustavo Portella nació en Lima, Perú (1973). Poeta y novelista. Licenciado en Ciencias Sociales, Especialidad en Relaciones Industriales, Mención Recursos Humanos por la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas (Venezuela), donde actualmente labora en el área de Diseño Institucional. Ha participado en los talleres: Voces de Fin de Siglo (2002) Fundarte; Taller de Poesía del Celarg Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (2001 - 2002); Talleres de Literatura (Poesía y Narrativa) de la Universidad Católica Andrés Bello (1997-1999 y 2001-2002). También participó en la décima y oncena edición del Festival Internacional de Poesía Ardentísima que se realiza en Murcia, España (2003,2004) y en el Primer Festival de Poesía Cosmopoética (Córdoba, 2004). Ha sido finalista en el Concurso de Novela Teresa de la Parra”, Alcaldía Mayor (2002), con la novela No repitas mi nombre; fue ganador en el Premio Nacional de Poesía “Centenario del Maestro Prieto” (2002) con el poemario Ciudad sur; fue finalista en la IV Bienal de Literatura “Pedro Buznego”, La Victoria, Mención Poesía (Febrero 2001) con el conjunto de poemas denominado: Ciudad; ganó el Premio Nacional de Poesía Tomás Alfaro Calatrava del Conac (1999) con el poemario: Cruel; recibió el Primer premio en el Segundo Concurso Inter-universitario de Poesía de “Vox Novula” (Julio, 1999) con el poemario: Cómplice, del cual había sido finalista en su primera edición (Julio, 1998) con el poemario: Íntimo. Ha publicado: Resquicios, Ucab. Caracas (Mayo, 2002); Ciudad sur, Alcaldía del Municipio Arismendi, Margarita, Caracas (Mayo, 2002);  Sin intensión de oficio, y la Plaquette La espada rota (2000). Ha participado en varias antologías y ha colaborado con distintas publicaciones como Verbigracia (Diario El Universal), Revista Renacimiento, Revista Literaria Baquiana, Revista La casa del poeta, Escena cultural y Cyberanalítica, entre otras.