Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 37/38

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

   
 

 


 

UNA FICCIÓN TOTALIZADORA DE SANDINO

 por

Jorge Eduardo Arellano

 HUBO UNA VEZ UN GENERAL

 Managua, Nicaragua, Editorial PAVSA, 2005, 421 págs. (Novela)

ISBN 99924-59-50-6 

 

     Entre los ciclos temáticos de la novela histórica en Nicaragua, los tres más recurrentes han sido el Colonial, el de la Guerra Centroamericana contra el filibusterismo y el de Sandino y su resistencia a la intervención armada de los Estados Unidos. El primero, que inició Gustavo Adolfo Prado a principios del siglo XX, ha tenido en los últimos años interesantes incursiones totalizadoras como La niña y los pájaros sin pies (1992), de Rosario Aguilar; Réquiem en Castilla del Oro (1998), de Julio Valle-Castillo y tres obras de Ricardo Pasos M., de cuyos títulos no quiero acordarme.

   De la Guerra Nacional, más explotada ficcionalmente por autores estadounidenses, vale la pena citar las obras del venezolano Nicomedes Zuloaga Pocaterra: Epitafio para un filibustero (1988) y de nuestro prolífico narrador Clemente Guido (1930-2003): El sueño del tío Billy (1999).

     En cuanto al ciclo de Sandino, se ha enriquecido con la obra del cubano Eliseo Alberto —quien compartió el Premio Alfaguara con Sergio Ramírez— y Hubo una vez un General, de Róger Mendieta Alfaro. La primera fue escrita y publicada en los años ochenta; la de Mendieta Alfaro acaba de aparecer. Si la de Eliseo Alberto se explica en el contexto del proceso revolucionario, la de Róger se inscribe en un proceso literario: el de su madurez narrativa. Se trata, pues, de una escritura culminante y, por qué no decirlo, maestra.

     Mendieta Alfaro recurre a un narrador omnisciente para trazar una imagen totalizadora del protagonista, cuyo apellido nunca se cita en las 421 páginas; pero queda más que perfilada. Totalización no sólo de Sandino y sus circunstancias, sino de una época y de sus antagonistas: los estadounidenses interventores y sus aliados, “hijos” nicaragüenses, sobre todo los miembros de la emergente y luego decisoria de la realidad política: la G. N.

    En este sentido, la historia se ha ficcionalizado al máximo pero sin distorsión alguna. Los hechos se respetan, lo que supone un proceso de admirable documentación en Róger, quien ha dejado un novelón, para mí casi insuperable. Debería decir, superior a los esfuerzos predecesores, entre otros, los del colombiano Alfonso Alexander: Sandino (1937), del panameño Alfredo Cantón: A sangre y fuego (1935) y estos de autores nacionales: Tormenta en el norte (1942), de Madame Fleure (1942), seudónimo de Carmen Mantilla de Talavera; La vida del capitán Rebrujo (1970), de José Simón Delgado y El Chipote (1979), también de Clemente Guido.

     El novelista Mendieta Alfaro no mitifica a Sandino, como algunos de los citados: ni épica ni recurriendo a la teogonía precolombina. Más bien, sin proponérselo, lo desmitifica. Veamos uno de sus párrafos:

“El General no transmitía la imagen que todos esperaban tener frente a sí, si llegasen a conocerlo: 1.65 de estatura y una aparente timidez que dibujaba en el rostro con el parpadeo de sus ojos negros, pequeños, en que parecía ausente el balcón sensorial de las pupilas, en que difumina la bravura del gladiador de espíritu terrible, el valeroso hostigador de los temibles marines de que hacen alusión los versátiles y truculentos reportajes de los diarios del mundo...”. Mendieta Alfaro incursiona en la histórica-gesta anti- interventora de Sandino, ha ido del brazo de una ficción que se refunde en la realidad.

     Su novela se inicia con el recuadro novelesco del primer encuentro del guerrillero con el presidente del Gobierno (no detentor del poder) Juan B. Sacasa; entra de repente y se mantiene girando entre las sincrónicas motivaciones que pudo haber tenido Sandino, sólo nombrado con el sustantivo de General; y describe al protagonista, dentro de una concepción ficticia, como un fenómeno histórico que arranca desde profundas desesperanzas maltrechas hasta la cúspide de los fantástico de un indiscutible poder guerrillero con autoconvencimiento de ser un predestinado.

     Hubo una vez un General tiene la importancia de reinventar a Sandino. No desde su propia autoestima —aunque muchos de quienes intervienen en esos procesos se atrincheran bajo un ambiguo patriotismo marcado por oscuros intereses— sino como la respuesta al oleaje intervencionista que, como un huracán, ha venido invadiendo territorios, de manera especial en algunos países de la cuenca del Caribe. Y es aquí donde el escritor recurre a las verdades históricas y sus motivaciones: orígenes, logros o errores, falta de sentido común que tuvieron los protagonistas de los sucesos para verterlos en la historia novelada en realidad vuelta ficción.

    En Hubo una vez un General se da una movilidad de situaciones y personajes que vienen y van desde los motivos de la intervención —los mismos en todas las épocas— hasta los pleitos de sacristías domésticas que, según Mendieta Alfaro, jamás han dejado de generarse por motivos pueriles y condiciones generalmente de incultura política y escasa visión de lo que significa la esencia del estado y su gente. El punto de vista del novelista es radicalmente distinto del tradicional. Desde ahí, panegiristas o adversarios han hecho sus propios juicios del General. Pero aquí no hay juicio, condena o panegírico. Sólo gozosa recreación, arte de contar. El juicio se lo deja al lector, o sea, al narratario.

Jorge Eduardo Arellano nació en Granada, Nicaragua (1946). Ensayista, investigador y profesor.  Graduado con una Licenciatura en Humanidades en la Universidad Centroamericana de Managua en 1972 y con un Doctorado en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid en 1986. Miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua desde 1971. Premio Nacional de Ensayo “Rubén Darío” 1976. Fue Director del Archivo Nacional de la Nación en 1979. Premio de tesis doctorales para Iberoamérica y Filipinas del Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid, en 1986. Miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua desde 1989 y actual Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Ha publicado numerosos libros, entre los que se destacan:   Las culturas indígenas en Nicaragua  (1979),  La Conquista de Nicaragua y su proceso (1977), Pintura y escultura en Nicaragua (1978), Timbucos y Calandracas (1982) y El español en Nicaragua (1980).