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Personaje:
UN HOMBRE
VIEJO (de unos 80 años)
La acción se
desarrolla en el malecón de un puerto de mar. El HOMBRE VIEJO
está sentado, pensativo, mirando al cielo. Viste ropa sencilla y
cubren la cabeza con un viejo sombrero. A lo lejos se dejan oír
el ruido del oleaje y la sirena de algún barco. Está solo, pero
al hablar se dirige a un imaginario interlocutor que suponemos
sentado junto a él.
UN HOMBRE
VIEJO.- (Con una sonrisa de añoranza. Al imaginario
interlocutor) No, no insistas; por mucho que me digas que cada
día me encuentras mejor, yo sé que los años no han pasado en
balde. Eso lo dices... por los buenos ojos con que me miras,
pero yo noto que el tiempo cargó mi espalda de días, de horas y
de instantes, hasta encorvarla. Primero fue levemente y ahora
está como la quilla de un barco. A diario me siento aquí con el
único deseo de buscar algunas gotas de esperanza, como esas que
saltan desde las rocas al salpicar las olas. Frente a la mar,
apoyado en esta piedra del malecón, con la mirada perdida bajo
este sombrero gris, marcado de sudor y casi roto por soles y
lluvias, me siento aún vivo... aunque en soledad. (Pausa.
Sonriendo)¡Ya! Ya sé que te tengo a ti pero...
A veces uso gafas de sol, redondas y
oscuras, para presentir la mar, el abismo negro de sus aguas, el
verdiazul de la superficie y los colores de las sombrillas que
llenan de lunares la playa. (Insistente, al imaginario
interlocutor) Mira... si supieras escuchar te llagaría al oído
el ruido monorrítmico, como una amenaza, como un lamento, del
oleaje que salta en la playa inundando la arena. Hoy ha
destrozado el castillo arenoso que, en un alarde de fantasía,
construyeron unos chiquillos... ¡ha sido una pena!
Era un castillo muy hermoso pero... estaba
como... abandonado: por el puente levadizo no cabalgaban los
corceles, ni el rastrillo franqueaba la entrada a supuestos
caballeros de coraza reluciente y capa carmesí, como en los
cuentos de hadas. (Son una sonrisa cariñosa) La princesa de ese
castillo no pudo esperar, ni soñar, tras las arcadas, con un
príncipe azul. Los guardias no vigilaban desde las almenas. (Al
imaginario interlocutor) Todo eso lo verías si tuvieras
imaginación, incluso el foso que sí tiene agua, la que la mar
soltó momentos antes arrasándolo casi todo. Y es que hoy sopla
viento de Poniente. Está bramando desde el amanecer,
enloqueciendo las aguas, salpicando la arena, restallando en las
rocas su látigo invisible.
Al fondo, ¡mira! por el horizonte, (Señalando
a lo lejos) por allí, casi perdido en la bruma, va un barco con
rumbo a otros mares; por allí, por donde la costa se pierde y el
cielo se confunde con el agua en una sinfonía de azules, los
barcos sugieren lejanía, un mundo grande, esperanza... ¡Qué
hermoso debe ser aquel barco! inmenso frente a esa (Señala muy
cerca) embarcación solitaria que va y viene sobre las olas. ¿La
ves? está ahí, es como un juguete. La oigo moverse; siento la
mecida de esas maderas, de colores chillones, con olor a brea,
que en su proa lucen el nombre de “Santa María”... (Riendo) ¡Qué
presuntuoso el marino que le puso tal nombre! ¡Pero si es una
barca chiquita! y casi tan vieja como yo. Ella también tiene
curvada, ¡cómo no!, la línea de su quilla pero... ¡por eso
mantiene a flote! Es una barca que, pese a lo pequeña, debe
saber mucho de horas de pesca, de tormentas y de sinsabores. Ya
es solamente un artilugio flotante, pero testigo de muchas
noches opacas, negras como la tristeza, en las que trabajó con
la esperanza de llenar las redes.
Observa, (Al interlocutor) mira ahí, detrás
de mí. Desde los bares se están acercando unos turistas, de esos
que llevan pantalón corto, de color chillón, y camisa de flores;
de los que comen los boquerones con tenedor y cuchillo. (Ríe)
Vienen para hacerse una fotografía ante la barca. Oigo sus pasos,
las risas y hasta el “clic” de la cámara. Esto me hace sonreír
porque pienso que, a pesar de la vejez, esa barca, y quizá yo,
lleguemos a otros mundos, a otras naciones, gracias a la
fotografía. Sería una forma de viajar, de llegar más allá de las
lindes de este pueblo marinero, de percibir el mundo, redondo y
grande, del que tantas veces oí hablar.
Ahora el sol ya no está arriba del todo ¿verdad?
Se inclina casi velado por el humo de una neblina. Durante años
he aprendido a entender el lenguaje de la naturaleza, los ruidos,
los olores, el tacto de las rocas y la suavidad de la arena. El
viento de Poniente está amontonando unas nubes que presagian
tormenta, (El hombre se estremece) Vámonos (Se levanta) Se
acerca la tempestad.
Saca del bolsillo de la
chaqueta un bastón plegable de ciego y sale guiándose por él.
Arrecia el ruido de la mar. Se oye ladrar a un perro y
lentamente baja la luz hasta hacerse un
OSCURO
FIN
Salvador Enríquez
nació
en Granada, España (1942). Desde 1964 reside en Madrid.
Actor, director teatral y dramaturgo. Como
autor teatral ha estrenado: Julio César
–Parodia – (Teatro Isabel la Católica de Granada)
1960; El Puente (Centro Artístico
de Granada) 1975; Mirándose detrás de un
espejo (Casa de Granada en Madrid) 1975; El vertedero
(Sala Fernando de Rojas en La Puebla de Montalbán, Toledo)
1984; El ascensor (Sala Marqués de Comares en Lucena,
Córdoba) 1986; la obra infantil Un periódico en blanco
(Teatro del Museo del Ferrocarril, Madrid) 2000; La
próxima, Prosperidad (Paso de los Libres, Argentina)
2000; Un billete de diez mil (Jerez de la Frontera,
Cádiz) 2001; Yo, pecador (Teatro “mínimo”, Baja
California, México) 2001; La cuchara (Salta,
Argentina) 2002; Reality show (Jalisco, México) 2003;
y Cuando den las tres (Ocotlán, Jalisco, México)
2004. Con una de sus primeras obras obtuvo Medalla de Plata
en el Liceo Artístico de Granada en 1962, con El ascensor
el Premio Barahona de Soto en Lucena (Córdoba) en 1985; con
La cuchara el Premio del II Certamen de Textos
Teatrales en Torreperogil (Jaén) en 1999; y fue ganador del
Premio Andaluz de Teatro Breve en Málaga, España en 2001,
entre otras premiaciones y distinciones. Ha escrito más de
veinte obras teatrales; algunas están inéditas y otras han
sido publicadas como: El Puente (Azur), Mirándose
detrás de un espejo (Azur y Asociación de Autores de
Teatro), Una agenda llena de grasa (Teatro
Independiente Alcalaíno con el patrocinio de la Fundación
Colegio del Rey de Alcalá de Henares), Bajo un pubis
primerizo (Revista Alhucema) y La cara oculta de la
humanidad (Asociación de Autores de Teatro y la
Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid). Ha
publicado los libros de cuentos y narrativa: Octógono
(1973), Garnatha y otras cosas del homo erectus
(1977) y El último día (Premio de Narrativa Ciudad de
Baza, 1983). Es colaborador habitual en varios medios de
prensa española e hispanoamericana, tanto impresos somo
digitales, sobre la actualidad teatral en Madrid. Dirige en
el Internet el sitio Noticias Teatrales desde Madrid.
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