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PRESENTACIÓN DEL LIBRO

VIENTOS DEL SENTIMIENTO

(DE MI HUERTO A MIGUEL HERNÁNDEZ)

de

Manuel Roberto Leonís Ruiz

 

 Ediciones Baquiana, 2005, 48 págs.

(Colección Caminos de la poesía)

 I.S.B.N. 0-9752716-3-6

 

Manuel Roberto Leonís Ruiz, Rosario Salinas y Aitor L. Larrabide durante la presentación del libro en la Sala

Ámbito Cultural de El Corte Inglés en Alicante.

(Viernes, 18 de Marzo de 2005)

 

PALABRAS DE AITOR L. LARRABIDE

(TEXTO COMPLETO)

 

     Cuando el amigo Manuel Roberto Leonís me pidió que le presentara el libro que hoy celebramos, no pude negarme, por admiración y, sobre todo, por amistad, ese valor que, aunque, por fortuna, no cotiza en bolsa, sigue siendo el activo más seguro en tiempos de zozobra, por encima del amor o, si se quiere, el tipo de amor más fiel y perdurable. En una época como la que vivimos, llena de inseguridades y alternancias de modas, la pasión de Leonís por la vida es la razón de que yo esté aquí presente esta noche con todos ustedes. 

     Presentamos hoy el segundo poemario (después del reciente Vengo pastoreando lunas, editado también por Baquiana) de nuestro amigo, dedicado al universal poeta, en fechas cercanas al aniversario de la muerte en trágicas circunstancias de Miguel Hernández. Hace una semana fue fallado el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández, que ganó un joven catalán. Esta mañana ha sido fallado el Premio Internacional de Periodismo y el próximo 5 de abril celebraremos al nuevo ganador/a del Premio Internacional de Poesía, uno de los mejores dotados económicamente del país. Desde el principio de la gestión del actual director, Juan José Sánchez Balaguer, prologuista del poemario de Leonís, la Fundación Cultural Miguel Hernández  pretendió aunar esfuerzos en torno al poeta; quien ha querido sumarse a este proyecto ilusionante y variado ha tenido las puertas abiertas. Y esta misma tarde, a pocos metros de donde nos encontramos, en la Sede de la Universidad de Alicante, tiene lugar un acto de homenaje a Miguel Hernández, con una conferencia de Félix Grande. La primavera ha venido, como todos los años, con poemas de Miguel Hernández. Pero hoy cantamos alborozados el nacimiento del libro Vientos del sentimiento (De mi huerto a Miguel Hernández), editado por Baquiana, en Miami, que dirige con tino y entrega Maricel Mayor Marsán, responsable de la revista homónima. Maricel quiere tender puentes entre América y España como, en su día, Miguel Hernández con sus amigos poetas argentinos (Miguel Ángel Gómez, Raúl González Tuñón, etc.), lo cual concierta admiración y el apoyo más entusiasta. Lo mismo hace Leonís con su importante aportación en los grupos literarios Costa Literaria y en el Grupo Poético- Literario del Instituto Miguel Hernández, de esta ciudad: unir voces distanciadas geográficamente pero unidas en un fervor común. En días tan tempestuosos espiritualmente como los que vivimos resulta esperanzador que existan personas como Leonís, conciliadoras y creyentes de su trabajo y misión.   

     Rosario Salinas ya ha presentado a Leonís, así que voy a comentar el libro, no sin antes adelantar que el autor ha sabido esperar a publicar estos poemas. Cuando escribimos de aquello que llevamos en las entrañas, cuando respiramos por la herida, el canto no puede dejar indiferente a nadie. Esto mismo decía Leopoldo de Luis de la poesía de Miguel. Son ya numerosos los trabajos hernandianos de nuestro amigo, pero sobre todo el cariño que pone en todo lo que emprende. 

     Compuesto de 20 poemas, están datados desde el 28 de marzo de 1996 hasta octubre del pasado año. Un arco temporal de nueve años en los que la admiración y entusiasmo por la vida y obra de su poeta paisano no ha dejado de crecer. Este poemario viene sugerido en su cobertura externa por la cubierta, realizada por la hija de Leonís, en la que un hombre desnudo se nos presenta en su mitad izquierda, y es que, como dijo Walt Whitman, esto que parece un libro es un hombre, desprovisto de nada que no sea sinceridad y limpieza de corazón. El color violeta, símbolo del recuerdo por las personas que nos han dejado, preside la cubierta en un suave tono que envuelve el libro y estas fechas tan proclives a la remembranza de los ausentes. Aunque a continuación me detenga en algunos rasgos que me han llamado la atención, quisiera decir que, a propósito de hora tan propicia para la comparación, los ingredientes de una receta no son la receta suculenta que el cariño metamorfosea esos componentes individuales en un plato delicioso. De la misma manera, lo que voy a decir NO es el libro, al contrario, las emociones y sentimientos no pueden ser examinados. Antonio Buero Vallejo gustaba de afirmar que no necesitaba leer estudios profundos de la poesía de su amigo Miguel Hernández porque en ellos no estaba la emoción que sentía cuando leía sus últimos poemas. Pero voy a intentar desgranar algunos rasgos llamativos de este libro. 

     El huerto idílico de Leonís es el lugar desde donde escribe cartas- poemas a Miguel, símbolo, al igual que en su día para el universal Miguel, de tranquilidad y serenidad, refugio seguro en días tormentosos. 

     Leonís diviniza la figura de Miguel Hernández cuando lo identifica con el “martirio” de Jesús (“Recuerdo de… “Ausencias” ”, pp.13-15): “Viernes de dolores. / “La Pasión”, ¡escucha!, / “…y le dieron a beber / vino mezclado con hiel…”, y “Fuertes cefaleas padecías constantemente, / mas sufridor esa cruz soportaste” (Parte II de “Tu obra: trasunto poético de tu vida (Elegía- retrato)”, p.35). 

     Tampoco se olvida de la defensa de valores eternos, como la solidaridad, justicia, igualdad, coherencia ideológica, la paz, etc. Por ejemplo, la paz es una constante en las etopeyas que Leonís traza de Miguel Hernández. Por una parte nos describe al poeta que alcanza el magisterio de la literatura y, por otra, su profunda calidez humana, una inconmensurable valía personal. Un ejemplo de etopeya es la que aparece en el ya citado poema “Tu obra: trasunto poético de tu vida (Elegía- retrato)” (p.33): “Fuiste de dulce trato amable, excelencia moral, / grandes y limpios ojos, adalid de la sinceridad, / brazos caídos -para acunar a quienes te ninguneaban-, / amplia espalda -para cargar rencor de ideas equivocadas-, / amplia frente y grandes manos -que el lápiz domeñaban- / para decir la clara verdad. Tus prominentes labios / atesoraban cuanto tus gestos ardientes sin dilación / descubrían”. 

     El soto del río Segura donde Miguel disfrutaba de las tardes serenas es motivo de canto en varios poemas, como en “A Miguel Hernández (El poeta hechizado)” (pp.18-20), pero también en el poema “Visión nostálgica al soto nº14, “Miguel Hernández” ” (pp.27-28), donde Leonís escribe un original poema en el que, aparte de criticar “el desarraigo de sus propios coterráneos” por la rotura de varios azulejos en los que estaban grabados versos de Miguel Hernández, se sirve de aquellas palabras destrozadas por los gamberros para seleccionar de los poemas hernandianos versos con dichas palabras. En “Cual misterio esotérico…” (p.40) también se acuerda del soto. 

     La miel o las abejas aparecen con cierta frecuencia en el libro: “su dulce miel sabes transformar ” (“Los trece versos de un sino (Trece encarcelamientos)”, p.22), “pues esos “…hombres de miel”, (“Tu obra: trasunto poético de tu vida (Elegía- retrato)”, p.34), “¡Una miel que jamás endulzó tu boca seca!” (ibid., pp.35 y 36) y “Tu mente cual abeja incesante y hacendosa” (ibid., p.36). 

     Leonís gusta de los dípticos y trípticos: “(Díptico de una misma idea poética)” (pp.23-24) y “Tu obra: trasunto poético de tu vida (Elegía- retrato)”, pp.33-37). Cuando le gusta una estructura, la repite, como en los poemas “Lozanía y poesía” (pp.25-26) y “Pastor con onda, sin perro guía” (pp.31-32), los cuales, compuestos de 31 versos, ensalzan, verso a verso, los años que vivió Miguel Hernández sobre la tierra. Incluso aparecen dialectismos como “y la estimuladora / olor a pan recién hecho” (p.26), que refuerzan el origen terruñero de los versos del amigo Leonís. 

     Nuestro autor tiene muy claras las referencias espacio- temporales de su perimundo. No es extraño que aparezcan lugares y acontecimientos comunes a Leonís, como el ya citado soto del río Segura, la triste situación del río o la Vigilia Poética que todos los años celebramos en la Casa Museo del poeta cuando llega la fecha de aniversario de su muerte. Con ello Manuel Roberto Leonís nos demuestra que esta época es la suya, aunque su mensaje poético permanecerá intemporal, como las cosas buenas. ¿Para qué cambiar aquello que persiste? Para terminar mi modesta presentación quisiera recordar, ahora que hablamos de una amistad compartida, dedicar un recuerdo entrañable a mi amigo Gregorio, verdadero amigo y lector voraz, siempre presente en horas de asechanzas y guía intelectual de este alevín de filólogo. Como le gusta decir a Leonís: “Soy una abierta ventana que escucha, / por donde ver tenebrosa la vida. / Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida”.

 

Muchas gracias,

 

Aitor L. Larrabide   

 

 

Manuel Roberto Leonís Ruiz y Juan José Sánchez Balaguer,

Director de la Fundación Miguel Hernández.

 

Manuel Roberto Leonís Ruiz y Juan José Sánchez Balaguer,

Director de la Fundación Miguel Hernández.

 

Manuel Roberto Leonís Ruiz mostrando su libro al público.

 

Manuel Roberto Leonís Ruiz, Rosario Salinas y Aitor L. Larrabide a la salida de la Sala Ámbito Cultural de

El Corte Inglés de Alicante.

 

Roberto Leonís Terol, Manuel Roberto Leonís Ruiz, Ana Terol, Rosario Salinas y Aitor L. Larrabide.