Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº 15/16

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRÍPTICO DE LA LEJANÍA. METÁFORAS DE LA DIÁSPORA EN LA POESÍA ESCRITA POR MUJERES CUBANAS.

 por

 Madeline Cámara


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(Este texto fue leído por la autora en el I Encuentro Internacional sobre Creación y Exilio “Con Cuba en la distancia”, congreso organizado por la Promotora Andaluza de Comunicación y Cultura (PROMACC) y celebrado en la Universidad de Cádiz, España, del 6 al 9 de noviembre de 2001.)

     La identidad de nuestros contemporáneos pareciera definirse en los límites cada día más confluyentes de lo erótico y lo político. Como si en estos espacios se estuviera decidiendo el necesario salto hacia una nueva condición de sujeto para la que todos debemos prepararnos al inicio de otro milenio. La literatura cubana escrita por mujeres registra con vehemencia estos sacudimientos.  He querido con esta presentación informar de algunas de sus voces, aquellas que me alcanzan en mi otro destierro en California donde el arco fugaz del e-mail me mantiene unida a la que fuera en Cuba mi generación literaria. Me referiré aquí a  Odette Alonso Yodú, Damaris Calderón, y Elena Tamargo,1 poetas de una generación de escritores nacidos después del año 1950, con libros publicados a partir de la década de los ‘80s.

     Una característica que reúne esta muestra en particular es haber sido creada dentro de ese espacio que en la crítica cubana posterior a los ‘90s, 2   se ha llamado diáspora.  Hablo de ese lugar de difícil definición donde política y cultura parecen haber pactado una tregua difícil pero creativa, generando el difuso paisaje de los “terceros países”, mapa que trata de eludir la hostil confrontación Cuba-Estados Unidos destinada al discurso del exilio, por su naturaleza la zona más solitaria de creación para el artista. 3 Por este motivo creo que aún ayuda a interpretar mejor la postura de estas escritoras si usamos el concepto del “intelectual nómada” retomando el concepto  de “nómada” de Deleuze y Guatari:

The nomad distributes himself in a smooth space; he occupies, inhabits, holds that space; that is his territorial principle...If the nomad can be called the Desterritorialized par excellence, it is precisely because is no reterritorialization afterward as with the migrant...it is deterritorialization that constitutes the relation with the earth ...( 197: 381)

(El nómada se esparce en un espacio uniforme: ocupa, habita, guarda ese espacio; ese es su principio territorial...Si el nómada puede ser llamado el Desterritorializado por excelencia, es precisamente porque no hay para él una posterior territorialización como sucede con el emigrante...su desterritorialización constituye su relación con la tierra...). 4

     Varios críticos cubanos, algunos de ellos residentes en EU, otros en la Isla, parte ellos mismos de esa generación como Rafael Rojas, Emilio Ichikawa, Víctor Fowler e Iván de la Nuez parecen intersados en retomar el concepto de “literatura de la diáspora” para definir la producción de ese grupo, cada vez más nutrido de artistas cubanos que crean en los políticamente ambiguos márgenes del fuera/dentro de Cuba. Para de la Nuez ellos pueden calificarse como  “descontextualizados”, al tiempo que opina que “...los componentes de la diáspora artística cubana expresan un fuerte síntoma de disolución del discurso de la nación y de la propia idea de la nación cubana.” (142)  Pero lo que aquí más nos interesa es comprender, a nivel metáforico, cómo se produce en estas escritoras mencionadas la ruptura con el “discurso de la nación.” Para responder esta pregunta, debe decirse que también leemos sus poemas desde una perspectiva feminista postestructuralista, o posicionista, 5 según el concepto de “textualidad femenina” de Nelly Richard que cito: 

Es en esta tensión entre literatura (como marco de referencia-valores y sistema clasificatorio que reparte el texto en géneros) y escritura (como productividad y gasto; energía significante); es entre lo femenino como diferencia previa al texto (de ser mujer-autora) y lo femenino como estrategia de diferenciación simbólico-textual desplegada a través de un juego de códigos, donde se resuelven las alternativas de la pregunta sobre la especificidad de la estética femenina. (Richard 1987:40)

     A mi juicio algo en común une al intelectual desterritorializado y a la escritora feminista. Quienes abandonan el “país real” por los llamados “terceros países” tienen como divisa no atar su sentido de nacionalidad a los límites geográfico-políticos de un territorio o un estado, sino que lo asocian a un discurso sobre la identidad que se nutre de valores culturales vivos, hijos de la circunstancia más que de la tradición.  Las feministas también han decidido romper con los vínculos esencialistas que atan el género al sexo, y consideran el primero como una instancia cultural y no meramente biológica, construida por el sujeto antes que otorgada por la naturaleza. Ambos, por lo tanto, actúan deconstructivamente frente a los mitos que los patriarcas elaboran sobre la Nación  y  la Mujer, excluyendo a aquellos que se comportan de modo diferente o marginal.

     Veamos entonces cómo se proyecta en tres poemarios esta “poética nómada,” este nuevo modo de decir la lejanía, poética emancipadora del sexo y del verbo, ríspida y lírica, cotidiana y  trascendente, donde la memoria afectiva registra lo histórico y lo transforma, violentando las fronteras entre lo íntimo y lo doméstico. Escuchemos el diálogo de estos versos a través de un análisis que hemos dispuesto en una suerte de tríptico.

 

I Viajera con violín y arpa

 

     El  libro Insomnios en la noche del espejo de Odette Alonso ha sido definido por el poeta Agustín Labrada como “un peregrinaje”. Pero en éste como en otros textos clásicos se trata también de un viaje interior, marcado con la angustia de la introspección. Creo que incluso Ulises se buscaba a sí mismo en aquellos mares infestados de sirenas que le devolvieron a Itaca. El transitar de Odette se realiza a través de espacios creados por la palabra. A veces mediante la recuperación o reescritura de otras voces femeninas como sucede con los poemas dedicados a Dido, Penélope, o Helena, que retoman temas de resonancia contemporánea y universal. Un texto minimalista me servirá de muestra:

“Dido o la idea del deber”

Nada justificaba    Eneas    Tu partida.

No hay Patria ni deber más sacro que el Amor (30)

                        .........

Estas breves líneas poseen una fuerte condensación de intertextualidades si recordamos no sólo la tragedia del personaje griego, sino también las palabras de Virginia Wolf, señalando que la patria  no tiene Patria, en momentos de un furioso nacionalismo en la Europa nazi; o la correspondencia de la cubana Juana Borrero, donde amenaza a su novio, devenido mambí en la guerra contra España: “Elige tu Patria o tu Juana.”6 

      Pero también encontramos que el poema se puebla de espacios físicos, vividos, soñados o temidos como pesadillas. Por ejemplo, aparecen esas ciudades cuyos recubrimientos metafóricos no impiden que sean atravesadas por la Historia y lo autobiográfico.  ¿Será México esa “ciudad neutral” que la poeta describe como “un banco de arena indiferente,” (21) la capital donde una generación de escritores y pintores a finales de la década de los ‘80s aprendió las artes del nomadismo y el enmascaramiento, estrategias de exilio que también se han llamado “la tercera opción”?

     No caben dudas de que el lugar natal es aquel que se deja cuando “Atrás se queda el mar con sus olores”, y duele, porque “Esta ciudad se cae y a nadie le interesa.” (59) ¿Pero será La Habana también “mi ciudad dormida” (24) a la espera de “qué corriente vendrá de nuevo a tus orillas? ”

Más adelante el libro se abre a paisajes ilocalizables, fantasmagóricos, cuyo simbolismo sugiere que exploremos los referentes del subconsciente. ¿Única forma accesible de la compañía? No casualmente el verso que cierra el libro reza: “Queda sólo el silencio de un arpa en el desierto.”

     Pero antes de llegar a este final de viaje, Odette nos ha obligado a hacer un largo y tortuoso recorrido, por ejemplo, detengámonos en su poema “Vivimos en el desierto” (65) donde ni siquiera encontramos espejismos, u observemos que poco es el espacio dejado a la utopía o las transformaciones: “Cambiar no es esperanza florida y sonriente.” (43) “El mañana no existe/ y tampoco el ayer”. Camino entre mi espera/y la nada.” (44)

     Tanto dolor parece condensarse aún en uno de los textos más ríspidos sobre la condición de exilio que haya leído recientemente. Me refiero a “Candela como al macao” caracterización cruel y realista de un modus vivendi que muchos hemos conocido o practicado:

 

Para siempre el pie en la escalerilla

el pie  el escalofrío   el duro pasaporte

donde dice cubano y no raza maldita

peste del universo

cierra la puerta antes de que entre. (62)

     El dejo apocalíptico con que continúa el libro  no da tragua al lector: se continua con los poemas  “Vampiros” y “La noche del jaguar”, cuyos bestiarios confirman el tono desesperado escogido por la poeta. Como clausura “Canción antigua” que evoca “el olor de la ciudad podrida”. El viaje concluye así con el recuerdo donde confluyen el Yo y el País Natal, ambos difuminados, perdidos más que encontrados en el peregrinaje. La poeta sabe que es “Vida provisional la que vivimos” y que sólo posee una “casa de aire.” Declaración clave en la renovación del repertorio metafórico, con la que Odette se sitúa fuera del linaje que lega Dulce María Loynaz, para quien la Casa es la Patria y viceversa.  En la poética de la joven autora, la casa no anidará sino que tendrá alas ella misma: “sobre esta tierra levanté mi casa de aire/y la dejé volar.” Ligereza y desacimiento que no auguran el encuentro de la Tierra Prometida, sino la disposición a viajar por senderos que se bifurcan.

 

II Paisaje interior desde el Sur

 

     La geografía puede devenir para el poeta un estado de espíritu. O viceversa. Recuérdese a Julián del Casal rodeado de japonerías, viviendo dentro del biombo que le ayudaba a evadir la vida del trópico. Todo esto viene a mi mente leyendo el nuevo poemario de la cubana Damaris Calderón, concebido en Chile, donde el continente se extingue y el paisaje parece negar todo lo que ha venido siendo. Los ríspidos accidentes naturales del Cono Sur, con sus soledades, parecen desencadenar la metáfora.

     Del libro que comentamos, Sílabas.Ecce homo, el también poeta y crítico chileno Gonzalo Rojas ha señalado en su prólogo la influencia de Marina Tsvietaieva “en cuanto a contención y humor cifrado.” Añadamos sin embargo que Tsvietaeva elabora un texto abierto, que busca comunicar, conmover al Otro, usando toda una gama de recursos de la gramática, así como de la fonética e incluso la grafía misma. No es éste el escenario en los textos de la poeta cubana. El Verbo en Tsvietaieva está transido de angustia y acude a los recursos semánticos a disposición del escritor para quejarse de su impotencia. La poesía de Calderón, por el contrario, se contrae sobre sí misma, se reduce a la mínima expresión de la palabra, un puñado de sílabas desconfiadas, ceñidas a su núcleo irreductible en su desafiante materialidad, prueba única de su significado enajenado éste del lector. Significante que no aspira a encontrar significado alguno. Signo mudo aparentemente, a no ser que estas sílabas, como las que forman los poderosos mantras, tengan un significado Otro, escondido en la estrucutura cifrada del texto como totalidad, en sus referencias intertextuales al vasto mundo de la cultura universal, en las experiencias privadas de la autora, o en un sentido de la escritura nuevo. En cualquier caso, la autora padece por esta intransigencia a entregarse de la palabra, así lo entreveo en el poema:

“La zona”

Entre las palabras y las cosas

hay una zona que se interpone

como un hijo deforme

.......

Toda la noche trato

de cruzar la frontera

de dinamitar

la zona. (28)

Los poemas que cito de inmediato se han relacionado entre sí siguiendo una lógica que sólo Michel Rifaterre podía revelarnos: “The text funtions like a neurosis as the matrix is repressed, the displacement produces variants all trough the text, just as suppressed symptoms break out somewhere else in the body.”(19) ( El texto se comporta de manera neurótica cuando la matriz es reprimida, el desplazamiento produce variantes a través de todo el texto, del mismo modo que los síntomas que se contienen terminan estallando en cualquier parte del cuerpo) Si como afirma el teórico francés cada poema consta de una matriz la cual a veces se destaca en forma de una palabra que se repite como un ritornello, mientras o que otras veces se reprime y esconde en un significado sólo aprensible en la lectura total, pienso que la matriz omitida de estos poemas es el concepto “origen” que se hace presente en la palabra “madre” presente en ambos textos:

“Distancias”

La lejanía

es un estado del alma

......

Inmoviliza los objetos

-los sujetos-

los dora de una bondad

que nunca tuvieron.

....

“No reconoces a tu madre

de un animal de tiro?” (58)

“Astillas”

                       A mi madre

.........

Cuando salgo a la calle

como otro artista anónimo del hambre

más de algún cuerpo ha roto la fingida simetría

con un salto mortal

Yo me sentaba a tus rodillas.

No me daba verguenza, Sulamita,

......

Extranjeros ridículos

colgando sobre árboles inexistentes

 

Si me siento a la mesa

el vacío es demasiado inmenso para poder rasparlo con una uña. (52)

Obsérvese como caen bajo la tachadura de la lejanía un lugar que identificamos con el país perdido y una madre ausente, por lo que la poeta experimenta, conjuntamente con la pena del exiliado, la desgarradura del cordón umbical, la separación física del “cuerpo a cuerpo con la madre” (Irigaray 10-11)  En su lugar entonces aparece la palabra artística que, negada a obedecer la “Ley del Padre,” se articula a modo de sonidos, no de significados impuestos. Calderón ha convertido la lejanía que le es impuesta en una poética rebelbe que renombra los lugares, las relaciones interpersonales, y que se niega a reproducir la nostalgia y la espera que a veces lastran cierta poesía del exilio. Cuando lo único que se desea es “...ser un extranjero/que no busca otra cosa/sino un lugar donde poner los pies” (92) es posible afirmar “yo me saqué a mi país de una costilla”. En sus versos parece cumplirse lo que adviritieran Deleuze y Guatari “los nómadas no tienen historia...” (...the nomads have no history..) (393)

 

III. Entre el poema y una ciudad perdida

 

     Para Elena Tamargo, volver a la ciudad natal es el único sentido del viaje. En Habana tú, su más reciente poemario, la escritora confiesa esa necesidad de dialogar con la tierra que quedó atrás y hace de esa conversación una estética. La ciudad es un pasado que da sentido, que orienta:

Cómo te llamas mar de esta memoria

Dime tu nombre exacto, por el que tú respondes

para que yo te pueda vocear desde otros puertos. (14)

     No es ésta una estética de nostalgia helada, herencia romántica, sino la evocación de una ciudad viva, con la cual la comunicación es posible, obsérvese sino el familiar tuteo en el uso del vocativo que también da título a un poema “Habana tú.” Aquí la ciudad es imprecada y a la vez provocadora  “Oyeme estos lamentos que me salen ardiendo/ yo sólo te deseo.” (7) Este verso nos orienta hacia otra de las claves importantes de la poesía de Tamargo: el erotismo. Su presencia trasvasa las metáforas Patria/Casa/Ciudad/Niñez. Sólo en un poema la Historia es un tema dominante, pero bajo el lenguaje surrealista que recuerda al Lorca de Poeta en New York

Todos los días se matan en La Habana

dos millones de gatos y quinientos caballos

Quinientas yeguas solas sostienen el rencor de su dureza

se abrazan

en la pila arrogante del león babilónico

Los ciudadanos temblando se repliegan

a construir el escenario de la nada... (9)

     Sin embargo, cuando Tamargo pulsa el registro erótico no hay duda que su sistema metafórico se inscribe dentro del “feminismo de la diferencia” en lo que se ha llamado écriture femenine,7 mediante la cual la poeta habla a través de la memoria de su cuerpo vivido: de sus fluidos, sus orificios, sus deseos, como se aprecia en este título, “Un diluvio, mi boca”, o en los siguientes versos:

Soy el agua y el vino y el aceite

una llaga tal vez que debe al fuego

y me andan buscando...(10)

     De inmediato pensará el lector avisado en Gastón Bachelard, ya que a él debe también recurrirse para encontrar el sentido de esta poética. Según el ensayista francés “le feu suggere le desir de changer, de brusquer le temps, de porter toute al vie a son term, a son au-dela.” (..el fuego sugiere el deseo de cambio, de alterar el tiempo, de llevar la vida a su término, a su más allá.) Esa intensidad, esta latencia, está presente en los versos de Tamargo, en los que ella misma, como sujeto lírico, encarna en el sufrimiento de la llaga, pero a la vez en la potencia destructora de la llama. Sin embargo, aunque nos internamos con Bachelard y La poética del espacio en los senderos que conducen al símbolo de la Casa en Tamargo, no debemos correr el riesgo de perder el disfrute del sabor autobiográfico de un poema que no deja dudas de sus coordenadas exactas, viboreñas: “Lacret 659.” Homenaje a lo simple, lo cotidiano: “Tal vez ya nadie habite nuestra casa/ pero su lento palpitar perdura.”(11) De inmediato la poeta procede, a través del hilo de sus recuerdos, a despiezar la casa por estancias que devienen metonimias: la reja, el portal, la aldaba, la cocina. Cada espacio, cada atributo de su arquitectura, recordando hábitos, visitas, compañías, un modo de vivir esa habanidad que se busca y se reconstruye con palabras.

En el lugar de las conclusiones

     Si de algo nos previenen Feminismo y Posmodernismo es de la autoridad de las conclusiones.  Por lo tanto pretendemos sólo haber desgranado una serie de relaciones poéticas entre los temas Patria/Casa/Escritura/Origen /Sexualidad que nos permita apreciar la subversidad de las poéticas de estas autoras y la práctica del “nomadismo” y el “feminismo” frente a los Poderes de la Nación y el Sexo. Veremos como se cumple en estas poéticas  esa línea de fuga que Deleuze y Guattari definen como la suma de tres componentes: “ libertad de movimiento, (en Alonso) libertad de enunciado (en Calderón) y libertad de deseo (en Tamargo)” (Deleuze y Guatari, 1978: 95)

     Obsérvese como todas estas autoras reaccionan contra el romanticismo nostálgico frente a la Patria perdida, aquel que hizo arrancar agudas quejas a Heredia, y contra el cual se rebeló pioneramente La Avellaneda, quien ya no echaba de menos las palmas, a sabiendas de que “el dulce nombre” de Cuba siempre podía acompañarla.8  Nótese como la mejor opción parece ser el permanente viaje espiritual que practica Alonso-Yodú, como la memoria dicta nuevas  capacidade a la escritura para registrar sus difusas referencias en Calderón, y como todo el pasado se cifra no en la Historia sino en la experiencia vivida por la autora en la poética erótica de Tamargo. El nomadismo poético vivencial deviene entonces una metáfora universal y cultural de nuestras búsquedas existenciales, no sólo un cambio de territorio. Viaje sin intención de conquista posesiva, el sujeto que lo practica deviene un solitario sin raíces pero también alguien más flexible y poroso a los cambios, mejor preparado para los tiempos que el nuevo milenio nos depara.

                                        Notas

1- Odette Alonso-Yodú: (Santiago de Cuba, 1964) Autora de: Enigma de la sed (1989); Historias para el desayuno (1989); Palabra del que vuelve (1996). Con el libro que comentamos ganó el II Premio Internacional de poesía “Nicolás Guillén” (México, 1999).

Damaris Calderón: (La Habana, 1967) Autora de: Con el terror del equilibrista (1987); Duras aguas del trópico (1992); Guijarros (1994); Duro de roer (1999) y Se adivina un país (1999).

Elena Tamargo: (Pinar del Río, 1958) Autora de: Lluvia de rocío (1984); Sobre un papel mis trenos (1987) Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, Cuba.

2-El término diáspora comienza a aparecer sistemáticamente en la crítica artístico-literaria así como en estudios de ciencias políticas sobre Cuba en la década de los ‘90s, para calificar un tipo de emigración, que puede o no incluir al exilio pero que, sobre todo entre los intelectuales cubanos, se caracteriza porque estos pasan a trabajar o residir por largas temporadas en otros países con permiso de las autoridades cubanas. En general, no establecen un discurso de oposición política directa frente al régimen de La Habana y suelen regresar frecuentemente de visita. Textos que abordan este tema son: María de los Angeles Torres. “Encuentros y Encontronazos: Homeland in the Politics and Identity of the Cuban Diaspora”. Diaspora . (4).2 (1995): 211-234; Iván de la Nuez. “El destierro de Calibán”. Encuentro 4/5 (1997): 137 -144; Rafael Rojas “Diáspora y literatura”. Encuentro 12/13 (1999): 136-146, Víctor Fowler “La sensación del viajero”. Apuntes Postmodernos/ Potsmodern Notes. (8)1.2 (2000) y Madeline Cámara. “Third Option: Beyond the Borders”. Michigan Quartely Review. (33).4 (1994) 723-730.

Por supuesto el término tiene un uso internacional previo y paralelo al antes mencionado aplicado a los estudios sobre emigración y exilio en diferentes comunidades internacionales. Una excelente antología sobre el tema es Borders, Exiles, Diasporas. Stanford: Stanford UP, 1997. Como una definición general del término diáspora, remito a la siguiente de James Clifford: “...a history of dispersal, myth/memories of the homeland, alienation in the host (bad host?) country, desire for the eventual return, ongoing support for the homeland, and a collective identity importantly defined by this relationship” (“Diasporas”. Cultural Anthropology.August 1994: 305)

3-Precisa este texto una nota al pie generada a partir de la lectura de este trabajo en una mesa del Primer Encuentro de Literatura Cubana en el Exilio, celebrado en Cadiz, del 5 al 10 de noviembre del 2001. Comencé entonces mi presentación, dirigida a un público español, aclarando que yo no usaba indistintamente el término diáspora en lugar de exilio, sino que establecía entre ambos una clara diferencia: el exiliado recibe su nombre del hecho político de que se convierte o se le convierte en un desterrado dada la prohibición del gobierno cubano de que regresemos, incluso de visita a nuestro país. Los que no sufren esta prohibición, en mi opinión, pueden ser llamados: diaspóricos, nómadas, transterrados, “viajeros”, “exilio de terciopelo, “quedaditos”, “tercera opción”, etc, pero no veo necesidad de identificar ambos términos, lo cual trata de hacer el gobierno cubano deslegitimando el factor político en todo el exilio posterior a la toma de poder de Fidel Castro en 1959.  Se me reprochó por algunas personas que asistieron a la presentación tanto el excluir al exilio del término más amplio diáspora como usar dicho término para referirme a los “viajeros”, ya que en la opinión de un oyente sólo puede usarse en su original sentido bíblico, como pueblo arrojado. Discrepo de ambas opiniones, y remito a la abundante bibliografía internacional que ha reactualizado el término diáspora convirtiéndolo sobre todo en sinónimo de dispersión. Me reservo el derecho de no usarlo para los exiliados por las razones políticas antes explicadas.

4-Todas las traducciones que aparecen en este texto son mías.

5-El feminismo posicionista, llamado indistintamente postestructuralista, comienza a estructurarse teóricamente a partir de los planteamientos de Julia Kristeva sobre la imposibilidad de representar a la mujer (Ver: New French Feminism: 1981: 137) lo cual cuestiona los planteamientos esencialistas implícitos en el "feminismo de la diferencia". Rebasado este punto, algunas teóricas, fundamentalmente provenientes de países periféricos como Gayatri Spivak y Nelly Richard, han comenzado a elaborar nuevas propuestas sobre cómo definir la posición de sujeto de la mujer, así como su discurso, de manera más contextualizada, integrando variantes como género, raza, etnia, clase social, preferencia sexual u otras. Este tipo de nuevo pensamiento feminista ha sido analizado por Linda Alcoff en "Cultural Feminism versus Post-Structuralism: The Identity Crisis in Feminist Theory". Signs. 13.3 (1988): 405-436. Es evidente la interinfluencia del pensamiento posmoderno y esta llamada “tercera ola” del feminismo contemporáneo.

6-Borrero, Juana. Epistolario II. La Habana: Instituto de Literatura y Lingüística, 1967:257. Para completar mi argumento sobre el apasionado reto amoroso de Borrero al patriotismo de su época que amenazaba con arrebatarle a su novio, véase este otro fragmento de una carta posterior a aquella escrita con su propia sangre: "Voy a decirte de que rival te hablaba en mi carta roja: de la patria. Demasiado lo sabes. Demasiado comprendes que yo no puedo abrigar dudas ni sufrir desconfianzas culpables sobre tu amor. . .Pero hay algo más temible para mí que todo: el contagio del ejemplo, la atmósfera que te rodea. ¿Será mi amor suficiente a ocupar por entero tu alma y a colocarte fuera del medio?"(257).

7-El nuevo feminismo francés, también llamado de "la diferencia" se define teóricamente por centrar su concepto de la feminidad como fuerza inherente a  la constitución sicobiológica de la mujer, en especial su sexualidad. Dos categorías fundamentales de estas teorías son "parle-femme" y "ecriture feminine" que encontramos respectivamente en Ce sexe qui n’est pas une de Irigaray, y "The Laugh of the Medusa" de Cixous. Ambos tipos aluden a la posibilidad de una escritura que revele la energía libidinal femenina. Entre sus principales exponentes, además de las obras ya citadas, deben considerarse Speculum de l’autre femme de Irigaray, Les guerrilleres de Monique Wittig, Parole de femme de Annie Leclerc, Le jeune nee de Helene Cixous en colaboración con Catherine Clement y La venue a l’ecriture también de Cixous en colaboración con Lecler y Madeleine Gagnon.

 8-La poesía cubana en los siglos XVIII y XIX estuvo influida por los movimientos neoclásico, romántico y modernista. Para la estética literaria del neoclasicismo el afán de nombrar las cosas era parte de toda una visión taxonómica del mundo, afanada por clarificar y representar a través de la palabra. Con el romanticismo, la pujanza de la subjetividad autoral introduce otras preocupaciones, la palabra comienza a "animarse" sirviendo de expresión a realidades tanto objetivas como subjetivas. No es hasta el modernismo que la palabra comienza a bregar por su automonía validando al lenguaje mismo como referente autosuficiente. En cualquiera de los tres movimientos, encontramos ejemplos de poetas hombres en los que "lo cubano" se transmite a través de percepciones sensibles de la naturaleza del país: "la piña" de Manuel de Zequeira; las faldas de "El pan" de Matanzas en Heredia,"la palma" en Zambrana, la "flor de caña" de Plácido, una larga lista de elementos atribuibles a la poesía "siboneísta", los tonos crepusculares que cantó como nadie José Martí, e incluso en Casal la sustitución de elementos naturales por elementos exóticos, captados sensorialmente. Anoto estos precedentes para apreciar mejor la novedad introducida por la Avellaneda que sustituye esas "visiones" de la Patria, por la etérea materialidad del sonido que la significa: su nombre, ‘Cuba’, desprendimiento sumo de la territorialidad en su ya clásico poema “Al partir”:

Adiós, patria feliz, edén querido! / !Doquier que el hado en su furor me impela, / Tu dulce nombre halagará mi oido!

Obras citadas

Alonso-Yodú, Odette. Insomnios en la noche del espejo. Quintana Roo, México: Instituto para la Cultura y las Artes de Quintana Roo, 2000.

Bachelard, Gastón. La psychanalyse du feu. Paris: Editions Folio 25, 1998.

--------------------- The Poetics of Space. Boston; Bacon Press, 1994.

Calderón Damaris. Sílabas. Ecce Homo. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1999.

De la Nuez, Iván. “El destierro de Calibán”. Encuentro de la Cultura Cubana. 4/5 (1997) :137-45.

Deleuze, Gilles y Felix Guatari. A Thousand Plateaus. Capitalism and Schizophrenia.

Minneapolis: Minnesota University Press, 1987.

-------------------. Kafka: por una literatura menor. México DF: Ediciones Era, 1978.

Irigaray, Luce. El cuerpo a cuerpo con la madre. Barcelona: Ediciones La Sal, 1985.

Rifaterre, Michel. Semiotics of Poetry. Bloomington and London: Indiana UP, 1978.

Tamargo, Elena. Habana tú. México DF: Ediciones Dos Aguas, 2000.

 


Madeline Cámara (La Habana, 1957). Ensayista, investigadora, crítica literaria y profesora de literatura hispanoamericana en San Diego State University. Realizó estudios en la Universidad de la Habana, el Colegio de México y obtuvo su doctorado en SUNY at Stony Brook, Nueva York, E.U.A., en donde reside desde 1992. Escribe una columna semanal en El nuevo Herald. Ha editado las antologías : Cuentos cubanos contemporáneos (Xalapa, 1989) Cuentos de amor de Dostoyevsky (La Habana 1987), Por una nueva crítica (La Habana 1987) y ha coeditado Cuba: the Elusive Nation (Florida, 2000). Es autora de los libros Diálogos al pie de la letra (La Habana 1989) y Vocación de Casandra (N.Y., 2001). Proximamente saldrá su colección de ensayos La letra rebelde , por Ediciones Universal. Su investigación actual es sobre las imágenes de la mulata en la cultura cubana.