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ABSOLUTO
SEÑOR DEL PAISAJE
Transeúnte
de todos los caminos,
experto
nauta de los siete mares,
de
regreso de todas las nieblas
por
las rutas de insólitos viajes.
Aladino
que enciendes la noche
con
la luz de tus lámparas claras.
Astronauta
tenaz por el Cosmos
descubriendo
la estrella lejana.
Jardinero
que el huerto cultivas
con
amor desde el alba al ocaso,
segador
de las mieses maduras
presintiendo
que llega el verano.
Bojeador
de las islas perdidas,
ruiseñor
que estremece el boscaje,
corazón
que se viste de fiestas,
absoluto
señor del paisaje.
TIEMPO
EXACTO
Para todo hay un tiempo determinado.
Eclesiastés
3; Versículo 1
Apenas
queda tiempo de segar las espigas
que
doraron los rayos del último verano;
presurosas
las aves han de seguir las huellas
de
las mieses caídas en surcos desolados.
De
prisa, muy de prisa, surcan las mariposas
con
erráticos giros el viento del jardín,
como
si pretendieran con afán imposible
detener
las agujas del tiempo por venir.
Fugitivas
del alba marchan hacia el ocaso
las
horas que alumbraron radiantes primaveras,
rebosantes
caudales de rosas encendidas
que
dejan en sus fugas perfumadas estelas.
Y
así vivir muriendo en cada hora
vamos
por el sendero siempre detrás del sueño,
el
sueño que fecunda la flor de la esperanza,
el
sueño que es un reto desafiador del tiempo.
Apenas
queda tiempo porque las horas prófugas
veloces
cual la luz viajan contra la aurora,
al
señalado encuentro de insondables ocasos
al
abrazo final del país de las sombras.
HOY,
HERMANA LLUVIA...
Me
acompaña tu canto original
y
acompasado sobre mi ventana.
¡Al
alma mía cuántas cosas dicen
los
retoños que alientas en las ramas!
¡Cuánta
alegría bulle por la tierra
donde
el arado elaboró los surcos
que
guardan las prolíficas semillas,
evolución
de flores y de frutos!
¡Cuánta
esperanza llevas al labriego
arquitecto
de pródigos trigales
que
en la rústica mesa de los pobres
dirán
el alborozo de los panes!
Hoy,
hermana lluvia, al atardecer,
caminaré
contigo por la regia alameda
para
sentirme viva, como cuando
la
vida me decía que era buena.
Hoy
guardaré tu canto original,
tu
brisa perfumada de pasión,
y
tus dulces arrullos en la caja
de
resonancias de mi corazón.
SIEMPRE
LA RONDA
Hay
una rueca hilando siempre
una
madeja gris de silencios:
siempre
nos sigue y nos envuelve
entre
sus hilos que tejen sueños.
Ella
es la ronda que no nos deja
un
solo instante de nuestras vidas;
ronda
de horas, siempre a la vera
de
toda senda, de las furtivas
claras
mañanas de primavera,
del
mar alegre de los veranos,
de
hojas viajeras por las veredas,
ronda
de inviernos como reclamos.
Siempre
al acecho. Infatigable
ronda
de espacio, ronda del tiempo,
trino
armonioso de los nidales,
ronda
de citas y desencuentros.
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