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Para dar inicio a este
análisis, en primer lugar, vale la pena definir la palabra laberinto.
De acuerdo a la definición del Diccionario de la Real Academia de la
Lengua Española (2001), un laberinto es un “Lugar
formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a
quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.”
La obra de Octavio Paz titulada El laberinto de la soledad
comienza con el autor de la misma relatando una encrucijada o
peregrinación de tipo mental que vive él solo en su habitación. Luego
narra tres experiencias de su juventud que impactaron su vida. En base
a estas experiencias, Paz desarrolla un monólogo a través del cual
externaliza su recorrido mental, pero lo exterioriza de tal manera que
su búsqueda personal se generaliza al pueblo mexicano. Paz ve en sí
mismo el reflejo y la idiosincrasia del pueblo mexicano y viceversa.
En otras palabras, Paz encarna a México y habla por todos los
mexicanos al realizar este análisis introspectivo. La obra es su
interpretación personal de la sociedad que lo rodea, el pueblo
mexicano, y de la cual él forma parte y así lo expresa al decir, “El
análisis parte de unos cuantos rasgos característicos para en seguida
transformarse en una interpretación” (p. 15). En este breve análisis
que intento realizar, la intención es capturar solamente uno de los
arquetipos creados por Paz en el contenido de la obra El laberinto
de la soledad. Por lo tanto, el enfoque del mismo será cómo se
visualiza a la mujer desde el punto de vista de Paz y, por ende, el
hombre mexicano.
Empleando una contraposición de ideas en las que se conjugan lo
virtuoso y lo perverso, surge la mujer a quien, para empezar, se le
caracteriza como un instrumento de los hombres. Un instrumento
no es un ser humano. Es un medio que se utiliza para lograr un
objetivo “…ya de los deseos del hombre” (Paz, p. 57). Este instrumento
que la mujer simboliza debe permanecer inerte y servir para satisfacer
los impulsos varoniles. Su condición de instrumento le impide a la
mujer manifestar sus emociones o deseos.
Aunque Paz hace mención de la cultura hispanoárabe
para contrastar el concepto mexicano ante la mujer, sólo elabora con
ejemplos de la cultura española. No obstante, su visión misógina ante
la mujer adquiere una similitud a la de los árabes, para quienes la
mujer es un ser de segunda categoría, reprimida de los derechos que
gozan los hombres. Aunque sin la indumentaria que la cubre de pie a
cabeza, la imagen que Paz proyecta sobre la mujer es aún más radical y
se asemeja a las sociedades islámicas extremas. La mujer simboliza una
paradoja ya que debe ser una mera sombra ante la luz del sol… una
imagen que se idolatra o se repudia ante la sociedad ya que encarna el
honor de la familia… un símbolo que carece de deseos propios y está
condenada por su constitución anatómica.
La mujer, entonces, es un ser cuya existencia es difícil de
interpretar. “Por naturaleza es un ser “rajado,” abierto” (Paz, p.
60). A través de esta imperfección anatómica, la mujer puede traer al
mundo a otros seres, incluyendo a los “machos”. De aquí surgen los
hijos de La Malinche…
los hijos de la chingada de acuerdo a Paz. Cada una de estas
expresiones se posa en extremos opuestos, caracterizando a la mujer
que se da y la que se coge. La Malinche es la que se da y la chingada
es la que se coge. No obstante, ninguna de estas configuraciones
redime a la mujer de su condena. La Malinche tiene sus consecuencias
negativas infundadas en la Conquista por los españoles. La Malinche
representa el deslustre de la mujer que se entrega a las pasiones
carnales. En diferentes circunstancias, simboliza a la Eva mexicana en
sus ínfimas condiciones porque se da no simplemente a un hombre, sino
a un extranjero, acción que abre paso a la destrucción de una cultura
y su imperio. Comenzando con el Antiguo Testamento, la cultura
judeo-cristiana engendra la desvalorización de la mujer, culpándola de
la destrucción del paraíso terrenal. Azeem (1995) explica que al
enfrentarse Adán y Eva ante Dios por haber comido de la fruta
prohibida, Adán culpa a Eva de haberlo persuadido a pecar. Por lo
tanto, Dios – siempre representado como un ser masculino – castiga a
Eva y la condena a ser dominada por el hombre. La Virgen, no
obstante, escapa de todo asedio porque es virgen. Es madre, pero fue “sin
pecado concebida.” La mujer que se da pierde su característica de
instrumento pasivo al rendirse ya sea a la pasión, el deseo o
el amor. Al igual, tal y como su definición explica, la palabra
chingar significa importunar o molestar (Diccionario
de la Real Academia de la Lengua Española, 2001). La chingada es un
ejemplo vivo que surge de la violencia del macho por su fuerza física
unida a sus instintos bestiales con los que subyuga a la mujer,
robándole su dignidad, explotando sus sentimientos y abusando de ella
mental y físicamente. De cualquier manera que se interprete, la mujer
se difama si se ofrece o es tomada a la fuerza.
La obra de Paz es indudablemente un análisis impactante sobre la
sociedad mexicana. Exterioriza su alma al mundo y se arranca de ella
aquello tan íntimo y posiblemente exasperante que lo trastorna. Al
tratar el lector de encaminarse por el laberinto solitario de Paz, se
encuentran encrucijadas que confunden. La imagen de la mujer en El
laberinto de la soledad deja confusiones, cuestionamientos, y
humillaciones.
¿Expresaba
Octavio Paz sólo sus sentimientos o en realidad reflejaba a través de
ellos la voz del hombre mexicano?
¿Qué
significa la mujer para el hombre mexicano?
¿Cuál es
el sentir de la mujer mexicana ante este ataque que desprestigia su
ser? Sin desvalorizar el enorme aporte de Paz a las letras y el
pensamiento hispánico, es hora de otro laberinto o mejor aun de
un jardín que trate la temática de la mujer desde la
perspectiva femenina mexicana - donde no existan encrucijadas ni
confusiones - y que el mismo sea escrito por una mujer mexicana. Es
posible que a ése también se le confiera el premio Nóbel de
Literatura.
Bibliografía:
Azeem, S. A.
(1995). Women in Islam versus women in the Judaeo-Christian tradition:
The myth & the reality. 15 de agosto del 2008,
de:
http://islamworld.net/docs/compwomen.html
Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
(2001). 15 de agosto del 2008, de:
http://buscon.rae.es/draeI/
Paz, Octavio (1997). El laberinto de la soledad y
otras obras. Middlesex, England. Penguin Books.
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