Miami
Estados Unidos
Año X 

Nº 55/56

Escríbanos    

TEATRO

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pensilvania

 

 Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah, Nueva Jersey

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor  Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

FLORES NO ME PONGAN

(Monólogo)

 

por

 

Rita Martin

 

Agradeciendo a Carlos Eduardo

su Rapsoda Ellas y la muerte

 

 

Escenario sencillo, pero mecánico.  En el techo, dos bocinas por las cuales se escuchan indistintamente dos voces, una femenina y otra masculina, ambas off stage.  También en la parte superior el foco de una luz se proyectará, de cuando en vez, en una pantalla localizada hacia el fondo.  La actriz es libre de todos sus movimientos; pero se le sugiere dejar ladeada la cabeza por momentos para recordar una de las posiciones típicas de Virginia.  El vestuario es, igualmente, libre; pero se sugiere un vestido largo, entre blanco y gris o azul y gris que pueda haber sido usado en la década del 20, del 30, del 40, o aún en los ochenta.

 

Se escuchan los acordes de “heavy rock”, bombardeos, chillidos de mujeres y niños, cadenas rodadas por el piso.

 

Voz 1 (off stage):  Acuario…  Aire… Asma

                 Barbitúricos…

                 Celdas… Barrotes…

 

Voz 2 (off stage):  Llene la planilla. Escriba el nombre.

 

Virginia:              ¿Cómo le decía? ¿Ofelia? Espere, no, no  era así. ¿Alejandra? Creo que no.  ¿Tal vez Dulcinea? Perdone, qué tontería…. Uhm, Adeline. A ver, a ver, me han dicho que hay un estado en América del Norte con mi nombre. ¿Se imaginan? Yo de conquistadora. ¿Quién me ayuda a tener un nombre? ¿Carolina? ¿Cómo dice Ud.? Ah, ya, Adeline Virginia, eso es. Un momento, escriba sólo uno: Virginia.

 

Voz 2 (off stage):   No olvide el apellido.

 

Virginia:             Agostini… Pizarnik… Stephen… Woolf… ¿Cuál vale aquí, el del padre o el del marido? ¿Quiere ver el pasaporte, la residencia o el carné de identidad? Y así van las cosas en Britania, y en otros sitios fuera de Britania. Hasta el apellido es movible. Se mueve, sí, pero con fijeza, siempre dependiendo del padre o del marido…

 

Voz 2 (off stage):  ¿Desde cuándo data su padecimiento?

 

Virginia:                   ¿Cuál de ellos, niño?

 

Voz 2 (off stage): Mala memoria, depresión constante, disfuncionalidad social, arrugas y exceso de pecas a destiempo.

 

Voz 1 (off stage):    Una frente lisa denota insensibilidad.

 

Virginia:                  Brecht, ¿cierto? ¿Mala memoria yo? ¿Sólo porque no recuerdo cómo me nombraron mis padres? Hágame una prueba y verá que le recito uno por uno todos los sonetos de Shakespeare, los mejores poemas de los románticos ingleses, trozos de clásicos y hasta de autores latinoamericanos contemporáneos…

 

Voz 2 (off stage):      ¿Ha sido feliz durante los últimos años?

 

Virginia:                   Habría que estar loco. Y yo no lo estoy, al menos todavía no. ¿Quién puede decir que ha sido feliz durante mucho tiempo?

                         (Se dirige al público): Pero me quieren volver loca por exceso de cordura.

                         (Canta a  ritmo de feeling): Adiós felicidad, nunca te conocí y aún así, he estado alegre alguna que otra vez. Y, ¿qué otra cosa es la felicidad que ese instante que no se puede tocar pero que parece que ha llegado?

 

Se vuelven a escuchar los bombardeos.

 

Virginia:                ¿Los escuchan? Y aun éste quiere que no tenga dificultad para dormir, ni para pensar y menos para reír. Pongamos clara la situación. ¿Quién es el loco, el que se duerme indiferente bajo un bombardeo o el que permanece atento? Ellos se duermen y son normales. Felices, ellos, los normales. ¿Saben? Ayer tuve un sueño.

                            (Canta a ritmo de la Nueva Trova): Yo soñé con aviones que nublaban el día, justo cuando la gente más amaba y reía, más amaba y reía.

                            (Se dirige al público): Las bombas caían sobre Bloomsbury; destruían nuestro grupo, nuestra pequeña editorial Hogarth, nuestros puentes; es decir, morían los artistas y los amigos… La hora veinticinco había llegado, y Leonard y yo nos decidimos por la muerte si las SS llegaban a Britania.

 

Voz 1 (off stage):   Narrar es falsear la realidad.

 

Virginia:                Por más que los oigamos, dice la prensa que hoy no hubo bombardeos. Leonard me hizo ver que estoy muy pálida y debo olvidarme de la guerra. Pero yo no pienso en la guerra, ni en los que mueren, ni en los vivos.  Tampoco pienso en mí. Acabemos de aclarar las cosas. Todo empezó con la mutación de amanecer pájaro y anochecer cochino. Ese es el problema. Ser dos o tres personas a la vez y sentir por dos o por tres y, claro, enamorarte por dos o tres y acabar necesitando la palabra, dentro de lo sucio y de lo oscuro. Más allá de lo que pasa afuera, estamos aquí adentro, vivos, deseantes, con ganas de seducir y ser seducidos… Pero todo se vuelve palabra…

 

Voz 1 (off stage): Acertijo: “Palabras, palabras… “ ¿Hamlet o Yorick?

  

Voz 2 (off stage):     No deje vacía la casilla de género.

 

Virginia:                 Singular y múltiple, por supuesto. No lo van a creer; pero a los tres años yo era sólo Ginia, era bella y sonreía. Nada que ver con esa representación de Nicole Kidman… Esa no soy yo… No sé por qué siendo hermosa se hizo tan fea para representarme… Leonard me encontraba siempre bella y atractiva tanto como yo a Nicole Kidman…  Como les iba diciendo, faltaba ya poco para que  mi madre se fuera para siempre y mi hermano mayor me baboseara. Aceptar es no tener opciones y accedía… Pero de todas las cosas sólo se descubren unas cuantas posibles razones, y de los hechos, algunas anécdotas, y del resto, ¿qué hay del resto que no se recuerda? E igual, de todas maneras insistimos en escribir eso que algunos llaman la historia de las gentes y hasta trazamos novelas paralelas… Del baboseo me iba al río y fregaba mi cuerpo, pero no mi mente. No sé si fue en esa época que comencé a volverme neurótica. Pero vivíamos en Hyde Park Gate con un séquito de sirvientas y un número no menor de hermanastros. No me quejo: tuvimos lo que se dice una fina y aristocrática infancia. Vanessa y yo estábamos siempre juntas y las dos ofrecíamos fuentes de pasteles a jóvenes, preguntándoles no simple y directamente por sus poesías y novelas. ¿Cómo hacer eso dentro de una sociedad tan victoriana? Sólo repetíamos: Y con el té, ¿qué quiere, crema o azúcar? ¿Cómo no se iba a transmutar el té en aguarrás bajo una pincelada de Vanessa y una garra de hierba en pura tinta china dentro de mis manos? ¿Le respondí su pregunta? Conténtese con saber que tanto Vanessa como yo éramos, por naturaleza, reformadoras y nuestro círculo estaba, por lo menos, con 50 años de retraso con respecto a nuestro tiempo. ¿Quién me dice cuál es nuestro tiempo? ¿Acaso este tiempo es el nuestro o no  ha llegado todavía?

 

Voz 2 (off stage):    No olvide escribir el nombre de su madre.

 

Virginia:                Julia Dukworth.

 

Voz 2 (off stage):    No olvide escribir el nombre de su padre.

 

Virginia:               (Se dirige al público): ¿Y estos datos le importan al seguro médico?  ¡Cómo ha cambiado el mundo! Todo se ha vuelto papeles con palabras que nada significan… En realidad, antes era igual; pero menos evidente…Después de la muerte de mi madre, mi padre se convirtió en un ser irreal e inhibido llamado Leslie Stephen, no Stephen Dedalus, ese vino algo antes o algo después, que es lo mismo… ¿Uds. se acuerdan de Dedalus, cierto? Dedalus inventando alas para volar… ¿Cuánto le debe el avión moderno a la imaginación de Dedalus?  ¿Y cuánto le debe Stephen Dedalus a Virginia Woolf? Porque aquí Virginia fue primero que Joyce… En fin, espero que todos sepan que la soberana del monólogo soy yo… Sí, creo que ya todos lo saben… Espero…

 

Voz 1 (off stage):  Todo lo que una persona puede imaginar, otras pueden hacerlo realidad.

 

Virginia:Cuando conocí a Julio Verne, perdón, a Leonard en Bloomsbury ya había muchas marcas en mi cuerpo.  La muerte de mi padre fue tan sólo una costura más.  Pero Leonard amaba las marcas porque éstas siempre lo han llevado a alguna parte.  No hay un antropólogo ni historiador que se respete que no lea las pistas para llegar a algún lugar inexistente. Por eso se quedó conmigo.  Yo era el más preciado hallazgo arqueológico que él debía descifrar, su mayor misterio.  Y el agua seguía limpiando mi cuerpo tanto como el silencio; pero no mi mente.  La sexualidad lo empapaba todo; me hacía perversa y se volvía escritura.  El sexo sólo lo encontraba en la escritura. ¿Saben la diferencia entre uno y otro, verdad?  La sexualidad es siempre pensar en el acto mismo. La cabeza se repleta de imágenes, pero no se ejecuta.

                            (Se dirige al público): Me han dicho que el número de películas XXX va en aumento. ¿Se imaginaban Uds. que había tanto gente pensando en el placer sin encontrarlo? El sexo es diferente. El sexo es hacerlo, estremecerte, gozarlo. Yo encontré mi goce en la escritura donde todo es seducción y sexo. Ahora bien, ¿hay un sólo género sexual determinado por quien escribe? Y yo, ¿habré pensado tanto sobre el tema que por exceso de sexualidad y falta de sexo el cuerpo se me fue helando y la frigidez me fue alcanzando los pezones y el clítoris? Yo lo hablaba todo antes de ejecutarlo. Y claro, salí literalmente ejecutada. Y la palabra sodomita nunca estaba lejos de mis labios. Comencé a discutir sobre el acto de copular con la misma excitación y franqueza con que había discutido sobre la naturaleza del bien y del mal. Y supe de una vez por todas que no hay nadie hetero ni homo, ni bi.  Todos somos un poco, o mucho, heteros, homos y bis.  Me encanta el hallazgo, un bis a bis. Pero, a estas alturas, ¿quién no sabe esto? Todos, claro, salvo esos grises señores a los que les es más fácil clasificar, ordenar; controlar para suprimir, condenar y hacernos creer que somos perversos.

 

Al fondo se escucha el estribillo de una canción de los Beatles, la actriz también canta la letra, pero en español: It’s easy/All you need is love/ All you need is love/All you need is love/Love is all you need/All you need is love/ (All together, now)/All you need is love/ (Everybody).

 

Virginia:                ¿A ustedes no les gustan los chicos de Liverpool? ¿Es que todo lo que se necesita es eso.. Y como les decía, el sexo no es perverso y es mejor descontrolarse dentro de la energía de mayor vitalidad.  Que no te la roben, niño.  Que no te hagan lo que hicieron conmigo. Y temblé, cómo qué no, cuando la escritora Vita Sackville-West se me acercó. Fue una convulsión adolescente. La había esperado mucho tiempo, tanto como a Leonard…La primera noche que nos acostamos juntas no dormí… Sólo veía su cuerpo al resplandor de la luna y su espalda bajando hasta su cintura y mis manos se quedaban ahí, agarrándola, virando su cuerpo para besarla en la noche, morder sus labios y sentir un estremecimiento y un grito de ardor. Ella sobre mí y yo sobre ella. Papeles alternos y naturales, como corresponde. ¿De verdad que se te había olvidado esto? Pero, chico, ¿me vas a decir que no estás enterado de que la posición biológica por excelencia es la mujer arriba y el hombre abajo? Cuando el hombre está abajo su eyaculación se demora y da placer a la mujer. Si está arriba, él se precipita, la deja sin orgasmos y la humilla. De manera que dos mujeres se alternan en sus roles y así corrigen los desaciertos del macho ignorante… El espíritu sopla donde quiere y el mío bufaba por Vita. Sí bufaba, resoplaba como un animal. Espontáneamente, fluyendo en energía, encontrándose cada célula de nuestros cuerpos. Por un segundo quise que Leonard nos mirara, que disfrutara también él de ese instante orgasmático. Pero eso, ya se los dije, es sexualidad y la sexualidad nos aleja del sexo. Luego ya no, luego la quise sólo para mí. Y la felicidad estuvo cerca en esos días.

 

Voz 1 (off stage):   Acuario… Aire… La mente

                  Determinación… persistencia…

                  Signo positivo… masculino

                  Colores: Azul eléctrico

                  Planeta: Urano… Impulso… Libertad

                  Cambios radicales

 

Voz 2 (off stage):   Pero ahogada en el río.

                  Somníferos… Sobredosis

                  Asfixia… Gas domiciliario.

                  Barbitúricos… Ahogada… Asfixia

                 Somníferos… Río…. Sobredosis… Gas… Ahogo… Claustro

 

Virginia:              No hagan caso. Nunca hubo un manantial, mucho menos un río. Además, nunca tomé ni un barbitúrico… Pero los médicos, convencieron a Leonard de que moriría de parto, como si no me hubiese muerto antes muchas veces y, claro, como siempre, resucitando como el Ave Fénix.

 

Voz 2 (off stage): La maternidad acentuará su inestabilidad psíquica, dijeron los científicos con gravedad.

 

Virginia:                 Para serles sincera, mis libros me habían preocupado mucho más que ser madre. Ahora bien, lo que jode es que dispongan por ti y ellos me predestinaron a ser sólo una cosa, escritora, a diferencia de Nessa, mi hermana, mi madre, mi amante… Ella  fue ambas cosas, pintora y madre.  Ahora sigo escribiendo, me macero dentro de estas palabras que me alivian.

 

Se escucha el sonido de metales y música “heavy rock”.

 

Voz 2 (off)             La felicidad es un pistoletazo caliente.

 

Virginia:               He estado con Lucy en el cielo y he comenzado a oír voces que por primera vez no puedo convertir en personajes. No me puedo concentrar. He caminado el río cuesta arriba y cuesta abajo, o rampa arriba y rampa abajo. Las mujeres vendían sus favores; pero ninguna me llamó la atención. No he logrado pensar en nada. Estoy tan dispersa que parece una enfermedad…  No puedo  escribir, no puedo leer, ni tan siquiera puedo lanzar un chiste, uno de esos bien negros. Parece que estoy muerta. 

 

Canta junto con los Beatles de fondo la canción “She said, she said”: She said, I know what’s like to be dead/ I know what is to be sad/ I know what is like to be dead.

 

Voz 2 (off stage):  ¿Algún pedido especial? ¿Qué tipo de madera? ¿Pino o cedro?

 

Virginia:                  (Avanza hacia el público) No sé si me queden energías para volver a transmutarme y metamorfosearme en la andrógina figura de Orlando, o rehacer los lugares de Ofelia o Alejandra. Si no puedo ser otra dentro de mi mente, dejaré parte de mi cuerpo en el horno como bocado para los hambrientos.  Adobaré mi pelo y mi rostro y mis manos para que otros se lleven a la boca el sabor de Bloomsbury en una memorable fineza. ¡Ay! ¡Las finezas de Dios! Saciarle a alguien el hambre es aun una dádiva sacrificial. ¿Y a Uds. quién los invitó a este banquete?

 

Voz 1 (off stage):     Las horas van de 1881 a 1941

                             Simples, sencillas horas, minuteros

                             Un reloj de arena.

 

Voz 2 (off stage):    Señora, diga su nombre.

 

Virginia:                Ya lo dije, Alfonsina, William, Ofelia, Oscar, María, Federico, Antígona, Edipo.

 

Voz 1 (off stage):    Una inmersión lingüística.

                             Espejismos…  Visiones

                             Electroshock…  Celdas

           

Voz 2 (off stage):     Está olvidando escribir su apellido.

 

Virginia:               Storni, Shakespeare, Hamlet, Wilde, Zambrano, Lorca… Oiga, y,  ¿a quién llamar en caso de emergencia?

 

Voz 2 (off stage):     Al 911.

  

Voz 1 (off stage):     Quienquiera que sea el que ella llame o no llame (y tal vez no es nadie o es alguien cuyo número no está en las Páginas Amarillas de Inglaterra ni en la máquina contestadora de un número de emergencia.

 

Voz 2 (off stage):     ¡Contesta tú al teléfono!

 

Se escuchan golpes de cadenas en la puerta.

 

Voz 1 (off stage):     El montaje de un set cinematográfico: 1881-1941.

 

Virginia:                      Vivir más de 60 años es ridículo. Escribir durante más de 60 años es decadencia. Tener sexualidad por sexo por más de 60 años es pura demencia. Hasta ahora no he podido ni he querido ser otra cosa que esto que soy: una mujer de alta sociedad, una escritora de lengua filosa, una intelectual de extremos, un ser civilizado y tolerante. Sólo en una cosa me he esforzado: en romper todos los moldes. En breve, según una nota forense, unos niños me encontrarán en el río, que no es lo mismo decir que yo me río. No, ya no me río. Hace años que no me río. Pero no voy siguiendo las voces de la locura, como dicen. Voy sensatamente a morir para no dejarles un vegetal a mis amantes: Vanessa, Leonard y Vita. Esta es la última puesta en escena de una fría cabra y una loba feroz que no buscaba el conocimiento sino la unión.

 

Voz 2 (off stage):     No olvide escribir su parentesco.

 

Virginia:                   (Avanza hacia el público) ¿Me da su mano, señora? ¿Y Ud., señor, me da un abrazo? ¿Y Uds., chicos, apretarán las páginas de mis libros como si fuera yo misma? Lo mío fue unir palabras en un orden nuevo y crear belleza para decir la verdad, o al menos algo parecido, tal vez cercano a la verdad. ¿Saben? Un día un judío que no era Leonard, ¿cómo se llamaba?  Ah, sí, Freud. Como les decía, un día ese austríaco me entregó una rosa como un pacto. Y cómo soñaba el maldito, casi más que yo.  ¿Saben?  Con cierto placer descubro que son las siete y que debo hacer la cena: bacalao y salchichas.  No cabe duda de que se consigue cierto ascendente sobre el bacalao y las salchichas cuando se las describe.  Mantenerse ocupado es esencial.  Yo tenía una sola ocupación y ya no puedo con ella.  No puedo seguir prorrogándola porque es como suspender mi vida.  El nivel del agua va subiendo.  Y yo sólo arreglo un agujero por donde entra la lluvia e impide que mi mente viaje. (Canta con los Beatles al fondo): I’m fixing a hole where the rain gets in and stops my mind from wandering…

 

Voz 1 (off stage):     Sé fiel, joven de Atenas, a ti mismo y al misterio. Lo demás es perjurio.

 

Virginia:                 ¿Emily Dickinson? ¿1768? ¿No se los dije? Mi memoria es perfecta.

 

Virginia:                  ¿Ya se habla del “significant other”?

 

Se escuchan golpes similares a las puertas de hierro de las cárceles.

 

Voz 1 (off stage):      Bolsillos… Piedras

                     Cabra… Loba… Desfiladero

                     Aire… Escritura

                     Barrotes… Claustro

 

Virginia:                 Ya es tarde, demasiado tarde; pero ella, sí, ella, me reconcilia con la vida.

 

Voz 1 (off stage):      Londres, enero de 1881… 

                     Lewes, Sussex, marzo de 1941…

Se escuchan sonidos diferentes: remos dando en el agua, metales, bombas, música “heavy rock” que alterna con el tema musical de los Beatles “You know my name”.

 

Virginia:                 El lenguaje sigue siendo insuficiente…, la guerra sigue por carencia de un lenguaje nuevo, inteligente. En Irak mueren civiles y soldados cada día. Antes fue igual.  Mañana será lo mismo.  Ahora tener un cuarto propio es tan poco como tres guineas… En lo personal, propongo mayores mutaciones.

 

Voz 2 (off stage):   Para el entierro los precios son a partir de $5000.00.  Para la incineración, $800.00.

 

Voz 1 (off stage):      $800 soluciona el problema de la peste.

 

Virginia:(Se dirige al público): ¿Qué dice Ud.? No, señor, no, señora, no tengan pena ante el precio de esta eutanasia… ni de los cementerios.  Todo es una sencilla ecuación matemática, una simple transacción de economía.  ¿Cómo iba a dejarles a ellos una carga más pesada que estas piedras que abultan mis bolsillos? ¿Lo entienden bien?  No es la muerte quien me arrastra.  Oiga, ¿Ud. me escucha?  Aun tengo un último deseo.  Fíjese bien, si esta vez logro morir del todo, es decir, si nadie logra rescatarme dándome un boca a boca, entonces no me pongan flores, flores no me pongan, pónganme no flores.  Y tú, niño, aprieta en tus manos muy, pero muy fuerte el instante de Las olas mientras tengan vida.

 

DA CAPO

  


Rita Martin nació en La Habana, Cuba (1963).  Poeta y narradora, ejerce también la crítica y la investigación literaria.  Licenciada en Filología por la Universidad de La Habana, recibió su doctorado en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. En la actualidad se desempeña como profesora de lengua española, cultura y literatura latinoamericanas en la Universidad de Radford, en Virginia. Poemas y cuentos suyos han sido incluidos en diferentes antologías literarias entre las que se destacan, en narrativa, Los últimos serán los primeros (1992), Doce nudos en el pañuelo (1994), Bridges to Cuba (1994), Narrativa y libertad (1996) y, en poesía, Un grupo avanza silencioso (1990), Jugando a jugar juegos prohibidos (1992), Reunión de ausentes (1998), La isla en su tinta (2000) y Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos de la diáspora, de próxima aparición. Ha publicado los poemarios: El cuerpo de su ausencia (Letras Cubanas, 1991), Estación en el mar (Ediciones Extramuros, 1992) y Tocada por el astro (La Torre de Papel, 2006). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés y han sido publicados en revistas tales como RainTiger y Volution Magazine. En el 2003 publicó su libro de cuentos Sin perro y sin Penélope (Ediciones Universal). Como editora --junto a Ana Rosa Núñez y Lesbia Varona-- publicó la Edición Homenaje a Eugenio Florit (Ediciones Universal, 2000). Dentro de su labor académica aparecerán, en breve, la edición crítica de Emilio Ballagas (ensayos) y Virgilio Piñera o la poética de las destrucciones.