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Agradeciendo a Carlos Eduardo
su
Rapsoda Ellas y la muerte
Escenario sencillo, pero mecánico. En el techo, dos bocinas por
las cuales se escuchan indistintamente dos voces, una femenina y
otra masculina, ambas off stage. También en la parte
superior el foco de una luz se proyectará, de cuando en vez, en
una pantalla localizada hacia el fondo. La actriz es libre de
todos sus movimientos; pero se le sugiere dejar ladeada la
cabeza por momentos para recordar una de las posiciones típicas
de Virginia. El vestuario es, igualmente, libre; pero se
sugiere un vestido largo, entre blanco y gris o azul y gris que
pueda haber sido usado en la década del 20, del 30, del 40, o
aún en los ochenta.
Se escuchan los acordes de “heavy rock”, bombardeos, chillidos
de mujeres y niños, cadenas rodadas por el piso.
Voz 1
(off stage): Acuario…
Aire… Asma
Barbitúricos…
Celdas… Barrotes…
Voz 2
(off stage):
Llene la planilla. Escriba el nombre.
Virginia:
¿Cómo le decía? ¿Ofelia? Espere, no, no era así.
¿Alejandra? Creo que no. ¿Tal vez Dulcinea? Perdone, qué
tontería…. Uhm, Adeline. A ver, a ver, me han dicho que hay un
estado en América del Norte con mi nombre. ¿Se imaginan? Yo de
conquistadora. ¿Quién me ayuda a tener un nombre? ¿Carolina?
¿Cómo dice Ud.? Ah, ya, Adeline Virginia, eso es. Un momento,
escriba sólo uno: Virginia.
Voz 2
(off stage): No
olvide el apellido.
Virginia:
Agostini… Pizarnik… Stephen… Woolf… ¿Cuál vale aquí,
el del padre o el del marido? ¿Quiere ver el pasaporte, la
residencia o el carné de identidad? Y así van las cosas en
Britania, y en otros sitios fuera de Britania. Hasta el apellido
es movible. Se mueve, sí, pero con fijeza, siempre dependiendo
del padre o del marido…
Voz 2
(off stage): ¿Desde cuándo data su padecimiento?
Virginia: ¿Cuál
de ellos, niño?
Voz 2
(off stage):
Mala memoria, depresión constante,
disfuncionalidad social, arrugas y exceso de pecas a destiempo.
Voz 1
(off stage): Una frente lisa
denota insensibilidad.
Virginia: Brecht,
¿cierto? ¿Mala memoria yo? ¿Sólo porque no recuerdo cómo me
nombraron mis padres? Hágame una prueba y verá que le recito uno
por uno todos los sonetos de Shakespeare, los mejores poemas de
los románticos ingleses, trozos de clásicos y hasta de autores
latinoamericanos contemporáneos…
Voz 2
(off stage):
¿Ha
sido feliz durante los últimos años?
Virginia: Habría
que estar loco. Y yo no lo estoy, al menos todavía no. ¿Quién
puede decir que ha sido feliz durante mucho tiempo?
(Se dirige al público):
Pero
me quieren volver loca por exceso de cordura.
(Canta a ritmo de feeling): Adiós felicidad, nunca te
conocí y aún así, he estado alegre alguna que otra vez. Y,
¿qué otra cosa es la felicidad que ese instante que no se puede
tocar pero que parece que ha llegado?
Se vuelven a escuchar los bombardeos.
Virginia:
¿Los escuchan? Y aun éste quiere que no tenga dificultad para
dormir, ni para pensar y menos para reír. Pongamos clara la
situación. ¿Quién es el loco, el que se duerme indiferente bajo
un bombardeo o el que permanece atento? Ellos se duermen y son
normales. Felices, ellos, los normales. ¿Saben? Ayer tuve un
sueño.
(Canta a ritmo de la Nueva Trova): Yo soñé con aviones que
nublaban el día, justo cuando la gente más amaba y reía, más
amaba y reía.
(Se dirige al público):
Las
bombas caían sobre Bloomsbury; destruían nuestro grupo, nuestra
pequeña editorial Hogarth, nuestros puentes; es decir, morían
los artistas y los amigos… La hora veinticinco había llegado, y
Leonard y yo nos decidimos por la muerte si las SS
llegaban a Britania.
Voz 1
(off stage): Narrar es falsear la realidad.
Virginia:
Por más que los oigamos, dice la prensa que hoy no hubo
bombardeos. Leonard me hizo ver que estoy muy pálida y debo
olvidarme de la guerra. Pero yo no pienso en la guerra, ni en
los que mueren, ni en los vivos. Tampoco pienso en mí. Acabemos
de aclarar las cosas. Todo empezó con la mutación de amanecer
pájaro y anochecer cochino. Ese es el problema. Ser dos o tres
personas a la vez y sentir por dos o por tres y, claro,
enamorarte por dos o tres y acabar necesitando la palabra,
dentro de lo sucio y de lo oscuro. Más allá de lo que pasa
afuera, estamos aquí adentro, vivos, deseantes, con ganas de
seducir y ser seducidos… Pero todo se vuelve palabra…
Voz 1
(off stage): Acertijo: “Palabras, palabras… “ ¿Hamlet o
Yorick?
Voz 2
(off stage): No deje vacía la casilla de género.
Virginia:
Singular y múltiple, por supuesto. No lo van a creer; pero a los
tres años yo era sólo Ginia, era bella y sonreía. Nada que ver
con esa representación de Nicole Kidman… Esa no soy yo… No sé
por qué siendo hermosa se hizo tan fea para representarme…
Leonard me encontraba siempre bella y atractiva tanto como yo a
Nicole Kidman… Como les iba diciendo, faltaba ya poco para que
mi madre se fuera para siempre y mi hermano mayor me baboseara.
Aceptar es no tener opciones y accedía… Pero de todas las
cosas sólo se descubren unas cuantas posibles razones, y de los
hechos, algunas anécdotas, y del resto, ¿qué hay del resto que
no se recuerda? E igual, de todas maneras insistimos en escribir
eso que algunos llaman la historia de las gentes y hasta
trazamos novelas paralelas… Del baboseo me iba al río y fregaba
mi cuerpo, pero no mi mente. No sé si fue en esa época que
comencé a volverme neurótica. Pero vivíamos en Hyde Park Gate
con un séquito de sirvientas y un número no menor de
hermanastros. No me quejo: tuvimos lo que se dice una fina y
aristocrática infancia. Vanessa y yo estábamos siempre juntas y
las dos ofrecíamos fuentes de pasteles a jóvenes, preguntándoles
no simple y directamente por sus poesías y novelas. ¿Cómo
hacer eso dentro de una sociedad tan victoriana? Sólo
repetíamos: Y con el té, ¿qué quiere, crema o azúcar?
¿Cómo no se iba a transmutar el té en aguarrás bajo una
pincelada de Vanessa y una garra de hierba en pura tinta china
dentro de mis manos? ¿Le respondí su pregunta? Conténtese con
saber que tanto Vanessa como yo éramos, por naturaleza,
reformadoras y nuestro círculo estaba, por lo menos, con 50 años
de retraso con respecto a nuestro tiempo. ¿Quién me dice
cuál es nuestro tiempo? ¿Acaso este tiempo es el nuestro o no
ha llegado todavía?
Voz 2
(off stage): No olvide escribir el nombre de su madre.
Virginia:
Julia Dukworth.
Voz 2
(off stage): No olvide escribir el nombre de su padre.
Virginia:
(Se dirige al público): ¿Y estos datos le
importan al seguro médico? ¡Cómo ha cambiado el mundo! Todo se
ha vuelto papeles con palabras que nada significan… En realidad,
antes era igual; pero menos evidente…Después de la muerte de
mi madre, mi padre se convirtió en un ser irreal e inhibido
llamado Leslie Stephen, no Stephen Dedalus, ese vino algo
antes o algo después, que es lo mismo… ¿Uds. se acuerdan de
Dedalus, cierto? Dedalus inventando alas para volar… ¿Cuánto le
debe el avión moderno a la imaginación de Dedalus? ¿Y cuánto le
debe Stephen Dedalus a Virginia Woolf? Porque aquí Virginia fue
primero que Joyce… En fin, espero que todos sepan que la
soberana del monólogo soy yo… Sí, creo que ya todos lo saben…
Espero…
Voz 1
(off stage):
Todo lo que una persona puede imaginar,
otras pueden hacerlo
realidad.
Virginia:Cuando
conocí a Julio Verne, perdón, a Leonard en Bloomsbury ya había
muchas marcas en mi cuerpo. La muerte de mi padre fue tan sólo
una costura más. Pero Leonard amaba las marcas porque éstas
siempre lo han llevado a alguna parte. No hay un antropólogo ni
historiador que se respete que no lea las pistas para llegar a
algún lugar inexistente. Por eso se quedó conmigo. Yo era el
más preciado hallazgo arqueológico que él debía descifrar, su
mayor misterio. Y el agua seguía limpiando mi cuerpo tanto como
el silencio; pero no mi mente. La sexualidad lo empapaba todo;
me hacía perversa y se volvía escritura. El sexo sólo lo
encontraba en la escritura. ¿Saben la diferencia entre uno y
otro, verdad? La sexualidad es siempre pensar en el acto mismo.
La cabeza se repleta de imágenes, pero no se ejecuta.
(Se dirige al público):
Me han dicho que el número de películas
XXX va en aumento. ¿Se
imaginaban Uds. que había tanto gente pensando en el placer sin
encontrarlo? El sexo es diferente. El sexo es hacerlo,
estremecerte, gozarlo. Yo encontré mi goce en la escritura donde
todo es seducción y sexo. Ahora bien, ¿hay un sólo género sexual
determinado por quien escribe? Y yo, ¿habré pensado tanto sobre
el tema que por exceso de sexualidad y falta de sexo el cuerpo
se me fue helando y la frigidez me fue alcanzando los pezones y
el clítoris? Yo lo hablaba todo antes de ejecutarlo. Y claro,
salí literalmente ejecutada. Y la palabra sodomita nunca
estaba lejos de mis labios. Comencé a discutir sobre el acto de
copular con la misma excitación y franqueza con que había
discutido sobre la naturaleza del bien y del mal. Y supe de
una vez por todas que no hay nadie hetero ni homo, ni bi. Todos
somos un poco, o mucho, heteros, homos y bis. Me encanta el
hallazgo, un bis a bis. Pero, a estas alturas, ¿quién no sabe
esto? Todos, claro, salvo esos grises señores a los que les es
más fácil clasificar, ordenar; controlar para suprimir, condenar
y hacernos creer que somos perversos.
Al fondo se
escucha el estribillo de una canción de los Beatles, la
actriz
también canta la letra, pero en español: It’s easy/All you need
is love/ All you need is love/All you need is love/Love is all
you need/All you need is love/ (All together, now)/All you need
is love/ (Everybody).
Virginia:
¿A ustedes no les gustan los chicos de Liverpool? ¿Es
que todo lo que se necesita es eso.. Y como les decía, el sexo
no es perverso y es mejor descontrolarse dentro de la energía de
mayor vitalidad. Que no te la roben, niño. Que no te hagan lo
que hicieron conmigo. Y temblé, cómo qué no, cuando la escritora
Vita Sackville-West se me acercó. Fue una convulsión
adolescente. La había esperado mucho tiempo, tanto como a
Leonard…La primera noche que nos acostamos juntas no dormí… Sólo
veía su cuerpo al resplandor de la luna y su espalda bajando
hasta su cintura y mis manos se quedaban ahí, agarrándola,
virando su cuerpo para besarla en la noche, morder sus labios y
sentir un estremecimiento y un grito de ardor. Ella sobre mí y
yo sobre ella. Papeles alternos y naturales, como corresponde.
¿De verdad que se te había olvidado esto? Pero, chico, ¿me vas a
decir que no estás enterado de que la posición biológica por
excelencia es la mujer arriba y el hombre abajo? Cuando el
hombre está abajo su eyaculación se demora y da placer a la
mujer. Si está arriba, él se precipita, la deja sin orgasmos y
la humilla. De manera que dos mujeres se alternan en sus roles y
así corrigen los desaciertos del macho ignorante… El espíritu
sopla donde quiere y el mío bufaba por Vita. Sí bufaba,
resoplaba como un animal. Espontáneamente, fluyendo en energía,
encontrándose cada célula de nuestros cuerpos. Por un segundo
quise que Leonard nos mirara, que disfrutara también él de ese
instante orgasmático. Pero eso, ya se los dije, es sexualidad y
la sexualidad nos aleja del sexo. Luego ya no, luego la quise
sólo para mí. Y la felicidad estuvo cerca en esos días.
Voz 1 (off stage):
Acuario…
Aire… La mente
Determinación… persistencia…
Signo positivo… masculino
Colores: Azul eléctrico
Planeta: Urano… Impulso… Libertad
Cambios radicales
Voz 2
(off stage): Pero ahogada en el río.
Somníferos… Sobredosis
Asfixia… Gas domiciliario.
Barbitúricos… Ahogada… Asfixia
Somníferos… Río…. Sobredosis… Gas… Ahogo… Claustro
Virginia:
No hagan caso. Nunca hubo un manantial, mucho menos
un río. Además, nunca tomé ni un barbitúrico… Pero los médicos,
convencieron a Leonard de que moriría de parto, como si no me
hubiese muerto antes muchas veces y, claro, como siempre,
resucitando como el Ave Fénix.
Voz 2
(off stage):
La maternidad acentuará su inestabilidad
psíquica, dijeron los científicos con gravedad.
Virginia:
Para serles sincera, mis libros me habían
preocupado mucho más que ser madre. Ahora bien, lo que jode es
que dispongan por ti y ellos me predestinaron a ser sólo una
cosa, escritora, a diferencia de Nessa, mi hermana, mi madre, mi
amante… Ella fue ambas cosas, pintora y madre. Ahora sigo
escribiendo, me macero dentro de estas palabras que me alivian.
Se escucha el sonido de metales y música “heavy rock”.
Voz 2
(off)
La felicidad es un pistoletazo caliente.
Virginia:
He estado con Lucy en el cielo y he
comenzado a oír voces que por primera vez no puedo convertir en
personajes. No me puedo concentrar. He caminado el río cuesta
arriba y cuesta abajo, o rampa arriba y rampa abajo. Las
mujeres vendían sus favores; pero ninguna me llamó la atención.
No he logrado pensar en nada. Estoy tan dispersa que parece una
enfermedad… No puedo escribir, no puedo leer, ni tan siquiera
puedo lanzar un chiste, uno de esos bien negros. Parece que
estoy muerta.
Canta junto
con los Beatles de fondo la canción “She said, she said”: She
said, I know what’s like to be dead/ I know what is to be sad/ I
know what is like to be dead.
Voz 2
(off stage): ¿Algún
pedido especial? ¿Qué tipo de madera? ¿Pino o cedro?
Virginia:
(Avanza hacia el público) No sé si me queden
energías para volver a transmutarme y metamorfosearme en la
andrógina figura de Orlando, o rehacer los lugares de Ofelia o
Alejandra. Si no puedo ser otra dentro de mi mente, dejaré parte
de mi cuerpo en el horno como bocado para los hambrientos.
Adobaré mi pelo y mi rostro y mis manos para que otros se lleven
a la boca el sabor de Bloomsbury en una memorable fineza. ¡Ay!
¡Las finezas de Dios! Saciarle a alguien el hambre es aun una
dádiva sacrificial. ¿Y a Uds. quién los invitó a este banquete?
Voz 1
(off stage): Las horas van de 1881 a 1941
Simples, sencillas horas, minuteros
Un reloj de arena.
Voz 2
(off stage): Señora, diga su nombre.
Virginia:
Ya lo dije, Alfonsina, William, Ofelia, Oscar,
María, Federico, Antígona, Edipo.
Voz 1
(off stage): Una inmersión lingüística.
Espejismos… Visiones
Electroshock… Celdas
Voz 2
(off stage): Está olvidando escribir su apellido.
Virginia:
Storni, Shakespeare, Hamlet, Wilde, Zambrano,
Lorca… Oiga, y, ¿a quién llamar en caso de emergencia?
Voz 2
(off stage): Al 911.
Voz 1
(off stage): Quienquiera que
sea el que ella llame o no llame (y tal vez no es
nadie o es alguien cuyo número no está
en las Páginas Amarillas de Inglaterra ni en la máquina
contestadora de un número de emergencia.
Voz 2
(off stage):
¡Contesta tú al teléfono!
Se escuchan golpes de cadenas en la puerta.
Voz 1
(off stage): El montaje de un set
cinematográfico: 1881-1941.
Virginia:
Vivir más de 60 años es ridículo. Escribir durante más de 60
años es decadencia. Tener sexualidad por sexo por más de 60 años
es pura demencia. Hasta ahora no he podido ni he querido ser
otra cosa que esto que soy: una mujer de alta sociedad, una
escritora de lengua filosa, una intelectual de extremos, un ser
civilizado y tolerante. Sólo en una cosa me he esforzado: en
romper todos los moldes. En breve, según una nota forense, unos
niños me encontrarán en el río, que no es lo mismo decir que yo
me río. No, ya no me río. Hace años que no me río. Pero no voy
siguiendo las voces de la locura, como dicen. Voy sensatamente a
morir para no dejarles un vegetal a mis amantes: Vanessa,
Leonard y Vita. Esta es la última puesta en escena de una fría
cabra y una loba feroz que no buscaba el conocimiento sino la
unión.
Voz 2
(off stage): No olvide escribir su parentesco.
Virginia:
(Avanza
hacia el público) ¿Me da su mano, señora? ¿Y Ud., señor, me
da un abrazo? ¿Y Uds., chicos, apretarán las páginas de mis
libros como si fuera yo misma? Lo mío fue unir palabras en un
orden nuevo y crear belleza para decir la verdad, o al menos
algo parecido, tal vez cercano a la verdad. ¿Saben? Un día un
judío que no era Leonard, ¿cómo se llamaba? Ah, sí, Freud. Como
les decía, un día ese austríaco me entregó una rosa como un
pacto. Y cómo soñaba el maldito, casi más que yo. ¿Saben? Con
cierto placer descubro que son las siete y que debo hacer la
cena: bacalao y salchichas. No cabe duda de que se consigue
cierto ascendente sobre el bacalao y las salchichas cuando se
las describe. Mantenerse ocupado es esencial. Yo tenía una
sola ocupación y ya no puedo con ella. No puedo seguir
prorrogándola porque es como suspender mi vida. El nivel del
agua va subiendo. Y yo sólo arreglo un agujero por donde entra
la lluvia e impide que mi mente viaje.
(Canta con los
Beatles al fondo): I’m fixing a hole where the rain gets in and
stops my mind from wandering…
Voz 1
(off stage): Sé fiel, joven
de Atenas, a ti mismo y al misterio. Lo demás es
perjurio.
Virginia:
¿Emily Dickinson? ¿1768? ¿No se los dije? Mi
memoria es perfecta.
Virginia:
¿Ya se habla del “significant other”?
Se escuchan golpes similares a las puertas de hierro de las
cárceles.
Voz 1
(off stage): Bolsillos…
Piedras
Cabra… Loba… Desfiladero
Aire… Escritura
Barrotes… Claustro
Virginia:
Ya es tarde, demasiado tarde; pero ella, sí, ella, me
reconcilia con la vida.
Voz 1
(off stage): Londres, enero de 1881…
Lewes, Sussex, marzo de 1941…
Se escuchan sonidos diferentes: remos dando en el agua, metales,
bombas, música “heavy rock” que alterna con el tema musical de
los Beatles “You know my name”.
Virginia:
El lenguaje sigue siendo insuficiente…, la guerra sigue por
carencia de un lenguaje nuevo, inteligente. En Irak mueren
civiles y soldados cada día. Antes fue igual. Mañana será lo
mismo. Ahora tener un cuarto propio es tan poco como tres
guineas… En lo personal, propongo mayores mutaciones.
Voz 2
(off stage): Para el entierro los precios son a partir
de $5000.00. Para la incineración, $800.00.
Voz 1
(off stage): $800 soluciona el problema de la peste.
Virginia:(Se
dirige al público): ¿Qué dice Ud.? No, señor, no, señora, no
tengan pena ante el precio de esta eutanasia… ni de los
cementerios. Todo es una sencilla ecuación matemática, una
simple transacción de economía. ¿Cómo iba a dejarles a ellos
una carga más pesada que estas piedras que abultan mis
bolsillos? ¿Lo entienden bien? No es la muerte quien me
arrastra. Oiga, ¿Ud. me escucha? Aun tengo un último deseo.
Fíjese bien, si esta vez logro morir del todo, es decir, si
nadie logra rescatarme dándome un boca a boca, entonces no me
pongan flores, flores no me pongan, pónganme no flores. Y tú,
niño, aprieta en tus manos muy, pero muy fuerte el instante de
Las olas mientras tengan vida.
DA CAPO
Rita Martin
nació en La Habana, Cuba (1963). Poeta y
narradora, ejerce también la crítica y la investigación
literaria. Licenciada en Filología por la Universidad de La
Habana, recibió su doctorado en la Universidad de Carolina del
Norte, en Chapel Hill. En la actualidad se desempeña como
profesora de lengua española, cultura y literatura
latinoamericanas en la Universidad de Radford, en Virginia.
Poemas y cuentos suyos han sido incluidos en diferentes
antologías literarias entre las que se destacan, en narrativa,
Los últimos serán los primeros (1992), Doce nudos en
el pañuelo (1994), Bridges to Cuba (1994),
Narrativa y libertad (1996) y, en poesía, Un grupo
avanza silencioso (1990), Jugando a jugar juegos
prohibidos (1992), Reunión de ausentes (1998),
La isla en su tinta (2000) y Las cuatro puntas
del pañuelo. Poetas cubanos de la diáspora, de próxima
aparición. Ha publicado los poemarios: El cuerpo de su
ausencia (Letras Cubanas, 1991), Estación en el mar
(Ediciones Extramuros, 1992) y Tocada por el astro (La
Torre de Papel, 2006). Algunos de sus poemas han sido
traducidos al inglés y han sido publicados en revistas tales
como RainTiger y Volution Magazine. En el 2003
publicó su libro de cuentos Sin perro y sin Penélope
(Ediciones Universal). Como editora --junto a Ana Rosa Núñez y
Lesbia Varona-- publicó la Edición Homenaje a Eugenio
Florit (Ediciones Universal, 2000). Dentro de su labor
académica aparecerán, en breve, la edición crítica de
Emilio Ballagas (ensayos) y Virgilio Piñera o la
poética de las destrucciones.
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