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Maritza López Lasso
Nació en la provincia Coclé, Panamá (1957). Es ingeniera de
profesión y escritora por vocación. Obtuvo su diploma de
Ingeniera Civil en la Universidad Tecnológica de Panamá donde
trabajó como profesora de Elementos de Mecánica y de Mecánica de
Suelos hasta enero de 1987. En octubre de 1988 recibió su
título de "Máster en Ciencias y Técnicas de Edificios" en la
École des Ponts et Chaussées, en París. Desde 1996 se dedica
exclusivamente a la escritura. Su primera novela, Ajuste de
Cuentas, obra que revela la manera de encarar la vida de dos
hermanas mantenidas por hombres casados, fue publicada en Madrid
por Editorial Verbum (2002). En marzo de 2007 apareció, bajo el
mismo sello editorial, Pasión y Fe, viaje iniciático de una
mujer a la búsqueda de sí misma. Maritza López-Lasso ha escrito
siete novelas, un veintenar de relatos –dos de los cuales han
sido publicados por la revista literaria “Auca de las Letras” en
Alicante (España) y por el “Club del Libro en Español” de la ONU
(Ginebra)– y un gran número de poemas publicados en diversas
revistas literarias de España y América Latina. En 2008 presentó en Ginebra “Le jeu du pourquoi”, su primera pieza de
teatro, escrita en francés. Además de Panamá ha vivido en
Francia y en Italia antes de establecerse en Suiza donde reside
actualmente.
SANGRE AFRICANA, SANGRE INDIA
Me critica
usted
porque cuando
escucho
el tamtán, el
güiro y las maracas
mi cuerpo se
estremece
sacudido por
espíritus ancestrales.
Me critica
usted
por vestir mi
piel oscura
de collares
de conchas
o de corales
encendidos,
rumores de la
tierra y del mar
apacentados
sobre un cuerpo
que les
pertenece.
Me critica
usted
porque a
pesar del tiempo
que he vivido
en este lado del mundo
–dicen que
más civilizado–,
continúo
dejándome abrazar
por el
escándalo de color
de la papaya,
el mamey
y la flor de
la caña de azúcar.
¿No ve usted
que si rindo
los soles que me cubren
me habré
despojado
de las pocas
raíces que aún me quedan?
PARA DOMAR AL EMIGRANTE
Para domar al
emigrante
muéstrale la
frialdad de tu mirada.
Para domar al
emigrante
bórrale la memoria
y que no ocupe la tuya.
Para domar al
emigrante
es importante que
olvide
ese precario
equipaje de sueños con que viaja,
que renuncie a la
claridad de su lengua
y al incendio de
colores con que viste su piel.
Para domar al
emigrante
entorpécele el
paso con un papeleo imposible
y ofrécele sólo
esa labor
en la que viste
envejecer a tus abuelos
pero que ya no
consideras buena para ti.
Para domar al
emigrante
no es bueno que
sacie su hambre de una vez.
Para domar al
emigrante, en fin,
ocúltale tus
temores,
cubre tu rostro
con una máscara
y nunca, nunca, lo
mires a los ojos.
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