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Ediciones Baquiana
Miami, Florida
(2009)
ISBN:
978-0-9823917-2-3
280
pp.

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El año 2009 nos deja una novela diferente, que será
clásica en muy breve tiempo. Me refiero a Del
infierno al paraíso con escala (junio, 2009)
primera publicación de Ernesto Clavelo (La Habana,
1963) en los Estados Unidos. En ella, el autor
explora un tema no muy trabajado en la narrativa del
exilio: el éxodo de los balseros en 1994 y el período
de retención de muchos de ellos en la Base de
Guantánamo.
Por ser Clavelo uno de los cubanos que
se lanzó al mar en busca de una vida mejor, su
experiencia propia junto a la de sus compañeros de
viaje sirve de plataforma a la narración en primera
persona de esta aventura; aventura más que
sorprendente en el ámbito político y personal, ya que
en ella muchos cubanos fueron exiliados bajo una
bandera extranjera en la propia isla que los vio
nacer.
Clavelo narra esta fascinante historia
a partir de tres personajes: Ricky, Roly y Cheo,
quienes pueden ser tres variantes de un solo modelo de
cubano. Así mismo trabaja dos escenarios básicos: Cuba
y Guantánamo; y un tercero, los Estados Unidos, el
cual como visión del futuro permanece más en la
esperanza que en la misma realidad narrativa.
Estos jóvenes representan la curiosa
generación de final de siglo. La generación que
alcanza la juventud durante el “período especial”. Han
sido educados según los patrones del llamado “hombre
nuevo”, para servir a la sociedad donde viven. Sin
embargo, el mismo proceso diario de la vida, los ha
ido induciendo en dirección contraria, y aunque en
ellos prevalecen principios morales, el entorno los
contagia, los deforma y los lleva a la evasión como
solución existencial, y no, al lógico enfrentamiento
al sistema político establecido. Porque ya no
consideran a la revolución como el ideal por el cual
sacrificarse, ya no caben en la estructura de la misma
y necesitan huir, buscar nuevas vías para tener otro
tipo de vida.
Para narrar esta realidad
desconcertante Clavelo utiliza diferentes estrategias
constructivas a lo largo de su obra. Primeramente, el
espacio de La Habana, como en otros muchos textos,
representa a Cuba. El autor la describe de forma
realista, no a la manera tradicional del estilo sino
siguiendo el realismo sucio que ha caracterizado la
obra de Pedro Juan Gutiérrez y Ángel Santiesteban.
Rastrea los barrios donde predomina la violencia, la
suciedad y el sexo; donde aparecen diferentes grupos
de personajes, todos con un denominador común: la
marginalidad. Esta característica les da un discurso
propio, contestatario al oficial, donde el lenguaje
vulgar, cargado de malas palabras y portador de un
machismo cultural intenso acompaña a una lucha
interminable por sobrevivir. En este nauseabundo
ambiente el sexo es el único acto de libertad, de ahí
la importancia que tiene para aquéllos que lo
practican desaforadamente.
Esta población marginal es la
vanguardia del Maleconazo, donde la violencia
llega a su máxima expresión en las calles. En la
medida que se conoce el suceso, una avalancha de
jóvenes y población diversa se prepara, una vez más, a
buscar en el mar el camino del porvenir.
Desgraciadamente, en esta ocasión la ruta del norte se
desvía hacia el sur y para muchos balseros es
Guantánamo su próxima parada.
Clavelo brevemente describe la
travesía de una manera más virtual que narrativa. Su
experiencia de cineasta le permite lograr imágenes
fuertes que hablan por sí mismas, y que hacen al
lector compartir el miedo de los navegantes, el
peligro, la ferocidad del mar y de sus habitantes, la
impotencia ante una naturaleza que a veces está a
favor y otras en contra, la alegría ante el barco que
los viene a salvar y la decepción del regreso a la
Isla.
El uso de la imagen está acompañado de
una segunda técnica cinematográfica: el movimiento
rápido de una supuesta cámara que produce un brusco
corte en la secuencia narrativa. De esta manera el
texto pasa de un escenario a otro, salta del detalle y
del regodeo del paisaje a los espacios interiores,
donde habita el alma, donde abunda la meditación, la
añoranza, los recuerdos familiares y los temores y
propósitos para la diferente vida que se avecina.
Guantánamo no es la tierra prometida
pero allí desaparece el hambre. No sólo hay comida
sino un catre para dormir, un techo, agua abundante,
un televisor con cable para ver la novela, un café y
un cigarro para disfrutar con otro cubano que tiene su
propio cuento, su propia historia. También hay un
teléfono para hablar con la familia de Miami y pedirle
alguna ayuda o compartir con los parientes planes
futuros.
Guantánamo es un espacio de
aprendizaje y cambio donde prevalece todo el horror
del pasado (robos, peleas, intentos de violación) y a
su vez se desarrollan nuevos modos de vida. Como las
preocupaciones primarias han desaparecido, ahora el
tiempo se emplea en hacer pequeños trabajos que ayuden
a organizar una vida comunitaria, aprender un poquito
de inglés, poner en juego el instinto creador para
inventar negocios originales y, por supuesto,
disfrutar el sexo. También hay que inventar
enfermedades para adelantar el viaje para los Estados
Unidos.
La vida al pie del mar y el disfrute
del aire caribeño sin grandes preocupaciones provocan
la libido en los habitantes de las carpas. Clavelo no
pasa por alto el sentimiento consecuente para
describir fuertes escenas de sexo, donde éste, aun en
medio de los cambios de vida acaecidos, no ha dejado
de ser una necesidad emancipadora. Aparecen entonces
relatos cargados de erotismo, en los que el autor
destaca la ferocidad, la temporalidad y el lenguaje
que caracterizan dicha actividad, siguiendo los
patrones de la escritura posmoderna.
En fin, con sus pros y sus contras,
con sus horrores y errores, Guantánamo es un espacio
de metamorfosis y de preparación.
Es curioso que un autor que tan bien
ha presentado un principio, como claro origen de los
acontecimientos que conforman su narración, deje a sus
personajes en el avión, próximos a salir o recién
llegados a la Yuma. Creo que este final abierto
pide una breve continuación. ¿Qué fue de Roly, Ricky y
Cheo? ¿Cómo han asimilado los cambios? y ¿qué han
hecho con sus vidas? Quizá la idea de presentar
nuevamente a sus amigos, unos años después, ya esté en
la mente de Clavelo. Me gustaría que así fuera, me
brindo para hacerle la reseña de esa próxima novela.
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Alicia E. Vadillo
nació en Cárdenas, Cuba (1946). Ensayista,
conferencista y profesora. Graduada de la Universidad de La
Habana y de Syracuse University.
En la actualidad es catedrática en la Universidad
Estatal de Nueva York en
Oswego. Es especialista
en Literatura Caribeña Contemporánea. Ha publicado numerosos
ensayos en diversas publicaciones de prestigio internacional,
entre los que se destacan
“Excilia Saldaña y su texto Kele Kele”
(Revista Folklore Americano, Universidad San Carlos de
Guatemala, Febrero 2002), “La escritura homoerótica cubana
contemporánea” (Antología del Ambiente, Alfaguara, Febrero 2002),
“La
metáfora de Cuba en Maitreya”
(Boletín Circa. Universidad de Costa Rica, Enero-Marzo 2000),
“Una lectura metafórica entre comida y poder en la
literatura neobarroca cubana” (Boletín Circa. Universidad de Costa
Rica, Enero-Marzo 2000), “Una lectura homoerótica: La balada del Güije de Nicolás Guillén”
(Signos, Cuba, Enero 2000), “La Santería como base epistemológica de personajes homoeróticos
en Paradiso” (Umbral, Universidad Central de las Villas,
Cuba, Diciembre 1999), “La metamorfosis del signo lingüístico: artificio creativo de Severo Sarduy en el texto artístico
Maitreya” (Symposium, Vol. 52, State University of
New York) y “Una posible re-escritura del “amor”
en la voz poética
de una mujer del tercer mundo: Soledad Cruz” (Aleph 8.2,
Penn State University, Pennsylvania).
Fue profesora de la Universidad de Syracuse y Le Moyne College en el
Estado
de Nueva York. Ha sido
editora asistente de
la revista universitaria Point of Contact de la
Universidad de Syracuse. Su libro Santería y Vodú;
sexualidad y homoerotismo
(Caminos
que se cruzan en la
literatura cubana contemporárea)
fue publicado
por la editorial Biblioteca Nueva
en Madrid, España
(2002).
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