Miami
Estados Unidos
Año XII

 Nº 69/70

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

ENTREVISTA CON REINALDO GARCÍA RAMOS

 

(RECORDANDO LA ÉPOCA DE EDICIONES EL PUENTE Y OTROS TEMAS)

   

  por

 

Maricel Mayor Marsán

 


 

    Nació en Cienfuegos, Cuba (1944).  Su familia se trasladó a La Habana cuando él tenía 3 años, donde cursó estudios de primaria y secundaria (bachillerato en ciencias y letras, diplomado en 1961).  Ingresó en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana en 1962 y en ese centro concluyó en 1967 sus estudios de Licenciatura en Lengua y Literatura Francesas.

    A los 17 años de edad empezó a escribir poesía y un poco después se puso en contacto con las Ediciones El Puente, un grupo editorial independiente de jóvenes escritores que dirigía el poeta y dramaturgo José Mario, con quien trabó amistad.  Con esa editorial publicó en 1962 Acta, su primer poemario (a los 18 años de edad).  Ese mismo año y con la misma editorial, apareció la antología Novísima poesía cubana, que él y Ana María Simo habían preparado y que recogía las obras poéticas de los miembros del grupo El Puente.  En 1964 el grupo comenzó a recibir fuertes ataques de la prensa gubernamental; esos ataques fueron en aumento y se hicieron más extremos, hasta que la editorial fue clausurada en 1965.  A partir de ese momento, y debido en parte a que mantuvo una actitud escéptica y reservada ante las instituciones culturales de la isla, que estaban controladas estrechamente por las autoridades políticas, García Ramos no hizo nuevos esfuerzos por publicar obra propia en su país.  Desde 1965 hasta 1980, año en que salió del país, García Ramos siguió escribiendo poesía, pero no volvió a publicar ni sus poemas ni ningún otro texto independiente en Cuba.

    Trabajó en el Departamento de Selección y Adquisición de Libros de la Biblioteca Nacional entre 1962 y 1964; renunció a ese puesto para concentrarse en sus estudios universitarios.  Después de concluir sus estudios trabajó un tiempo en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, bajo la supervisión del difunto escritor uruguayo Mario Benedetti; se le encargó compilar una colección de textos sobre Juan Carlos Onetti (Valoración múltiple de J.C.O.) que fue revisada y editada por Benedetti y publicada en 1969.  Ese mismo año, García Ramos pasó a integrar uno de los equipos que el Consejo Nacional de Cultura organizó entonces para realizar actividades de divulgación literaria en zonas apartadas del país; junto con otros dos recién graduados de la Escuela de Letras, fue enviado a Trinidad, en la provincia de Las Villas, donde permaneció un año. A su regreso a La Habana, ingresó como redactor y revisor de traducciones en la Editorial Arte y Literatura del Instituto Cubano del Libro, donde permaneció hasta que salió de Cuba.  Como parte de su trabajo en la Editorial Arte y Literatura, preparó ediciones en español de autores reconocidos o clásicos, en particular de habla francesa, como Guy de Maupassant, Alphonse de Lamartine, Alain-Fournier, Louis Aragon, entre muchos otros, así como una edición completa en dos volúmenes de Gargantúa y Pantagruel de Rabelais y una edición bilingüe de Fedra, de Jean Racine.  También preparó ediciones de algunos autores norteamericanos anteriores a la segunda guerra mundial, como Sherwood Anderson, y tradujo del francés una selección de cuentos de Ryunosuke Akutagawa. En ninguna de esas ediciones se permitió que apareciera un texto de valoración o interpretación escrito y/o firmado por García Ramos (hubo un par de excepciones, entre ellas la edición de Racine, que llevó un prólogo especializado escrito por él y firmado, pero que tuvo una tirada muy reducida, destinada a las escuelas de idiomas; no se distribuyó al gran público).

    El 20 de mayo de 1980, García Ramos abandonó la isla a bordo de uno de los barcos del éxodo marítimo de Mariel. Entre 1980 y 2001 residió en Nueva York, donde trabajó como editor en varios órganos de prensa, entre ellos en el servicio de noticias para América Latina de la agencia The Associated Press,  y durante doce años fue traductor de la Secretaría de las Naciones Unidas.  El puesto en Naciones Unidas lo obtuvo al pasar airosamente un examen internacional de dos días realizado en 1985 en todos los países de habla hispana; fue contratado en 1989 y se jubiló de esa organización en 2001. También durante su estadía en Nueva York perteneció al Consejo de Dirección de la revista de arte y literatura Mariel (1983-1985), en compañía de Reinaldo Arenas y Juan Abreu.

    Tras salir de Cuba, García Ramos ha publicado los poemarios El buen peligro (Madrid, 1987), Caverna fiel  (Madrid 1993), En la llanura (Coral Gables, Florida, 2001), Únicas ofrendas, cinco poemas (Madrid, 2004) y El ánimo animal (Coral Gables, 2008).  Recibió en 2006 el XI Premio Internacional de Poesía "Luys Santamarina-Ciudad de Cieza" con su libro Obra del fugitivo, publicado ese año en Madrid.  Su obra poética ha sido incluida en numerosas antologías; entre ellas, Poesía cubana de la revolución, selección de Ernesto Cardenal (México, 1976); La isla en su tinta, selección de Francisco Morán (Madrid, 2000); Las palabras son islas, panorama de la poesía cubana, siglo XX, selección de Jorge Luis Arcos (La Habana, 1999); Poesía cubana del siglo XX, selección de Jesús J. Barquet y Norberto Codina (México, 2002) y Antología de la poesía cubana, selección de Ángel Esteban y Álvaro Salvador (Madrid, 2002).

    Desde 2001 vive en Miami Beach, donde en 2002 fundó la revista digital de poesía Decir del Agua, que se publicó trimestralmente hasta octubre de 2008 y de la cual fue editor y diseñador.  Acaba de publicar en 2010 una novela testimonial sobre su salida de Cuba por Mariel, Cuerpos al borde de una isla.  Además, es autor de numerosos artículos, reseñas y ensayos sobre literatura y artes visuales que tiene la intención de recoger en libro próximamente.      


     

“García Ramos ha escrito, pues, un testimonio donde relata sus vivencias en aquellos días. El hecho de que volviese sobre éstos tres décadas después ha obrado a su favor. Le ha permitido enfrentarlos desde otra perspectiva, tanto en lo que se refiere a la visión que hoy tiene de ellos como en la manera como los ha plasmado. En el primer aspecto, la distancia aportada por el paso del tiempo le permite reflexionar y rememorarlos con más objetividad, puesto que las heridas están más o menos cicatrizadas.”

 

Carlos Espinosa Domínguez

Cubaencuentro.com (Diario virtual)

Sección de Cultura

Madrid, España

(12 de noviembre de 2010)

 

“En una época en que la poesía, al igual que otros géneros literarios, se ha impregnado para bien o mal de un incurable exhibicionismo, de una avidez febril por trazar nuevas pautas, resultaría injusto que pasara inadvertido un libro como Caverna fiel, de Reinaldo García Ramos, cuya virtud esencial parece ser el decoro.”

 

Carlos Victoria

La Habana Elegante

Sección La azotea de Reina

Artículo “La aceptación de los límites”

Miami, Florida, EE.UU.

(Abril de 1994)

    


 

Maricel Mayor Marsán: ¿Cuándo descubriste tu instinto poético y tu inclinación por las letras?

 

Reinaldo García Ramos: Fue una necesidad emotiva, que me surgió a los 17 años, cuando al salir del bachillerato me pusieron en un “cursillo de nivelación” para entrar en la Facultad de Tecnología.  La propaganda del gobierno en esos días impulsaba a los jóvenes a estudiar tecnología, para “ayudar” al país, aunque la vocación del individuo fuera otra.  Durante ese cursillo, el choque contra el álgebra y la trigonometría me sumió en muchas introspecciones y me forzó a escribir cada día decenas de poemas.  Era una manera de escapar de las cifras, que me resultaban tan incomprensibles. De esos textos caóticos, incluso desesperados, surgió mi primer libro, Acta, que en 1962 salió publicado por las Ediciones El Puente.

 

 

MMM: ¿Cómo te vinculaste al grupo de escritores El Puente? ¿Fue algo espontáneo o algo que buscaste de manera determinada?

 

RGR: Fue en cierto modo accidental, pero al mismo tiempo algo que yo busqué instintivamente. Creo que los hechos importantes de nuestra vida siempre son una mezcla de búsqueda instintiva y de destino predeterminado (una combinación del azar y la necesidad, para usar los términos del biólogo francés Jacques Monod).  Fue en el verano de 1961.  Yo había terminado el bachillerato, asistía por inercia al horrible cursillo de tecnología que ya mencioné, pero por las tardes estudiaba francés en la Escuela de Idiomas que estaba en el Capitolio, donde conocí a  Nancy Morejón, que también estudiaba allí esa lengua.  Una tarde, a la salida de los cursos, fui con ella al cine Payret y allí ella estaba José Mario; ella me lo presentó.  Ese encuentro cambió mi vida.

 

     Él  estaba sumido de lleno en los esfuerzos por llevar adelante el proyecto de las Ediciones El Puente, en medio de aquel panorama socio-cultural tan agresivo que imperaba en La Habana de los años 60.  En esa tarea lo ayudaba Ana María Simo, codirectora de las Ediciones, a quien conocí poco después.  Pero los dos estaban rodeados por un grupo fascinante de jóvenes escritores con mentalidad independiente,  nada convencionales (entre ellos, la misma Nancy), que se sentían ansiosos de publicar y escapar así al dogmatismo que ya se perfilaba en los medios culturales.  Recordemos que era el momento en que Edith García Buchaca, al frente del Consejo Nacional de Cultura, y con ella los anquilosados figurones del antiguo Partido Socialista Popular, se atribuían el derecho de programar la creación artística en el país y por tanto el deber de intimidar y sojuzgar cualquier manifestación independiente que surgiera dentro de ese campo.  En el grupo de El Puente reinaba un ambiente muy distinto, y para mí fue un enorme estímulo descubrir que había jóvenes inteligentes y sensibles que no entraban en esa vetusta camisa de fuerza que el PSP quería aplicar a la cultura nacional.  Pero la influencia fundamental que recibí en esos años, repito, fue la de José Mario, a quien conocí en un momento capital de mi formación. 

 

MMM:  ¿Por qué cesan tus publicaciones por un período de más de dos décadas?

 

RGR: He pensado mucho en eso durante años; todavía no tengo una respuesta clara ni definitiva.  A partir de 1964, El Puente comenzó a recibir fuertes ataques de algunos dirigentes y de la prensa gubernamental.  Esos ataques se fueron haciendo cada vez más intensos, hasta que las Ediciones fueron clausuradas en 1965.  Al mismo tiempo, la represión social arreció, se desencadenó la persecución contra los homosexuales y contra todo tipo de disidentes y se abrieron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), a las cuales mandaron a varios de mis amigos (entre ellos al propio José Mario).  A partir de ese momento mantuve una actitud escéptica y reservada ante las instituciones culturales de la isla, que ya estaban controladas por las autoridades políticas.  Tal vez esa apatía facilitó que los dirigentes de esas instituciones empezaran a recelar de mí, a verme como un tipo del cual había que desconfiar, no por lo que yo hacía, sino precisamente por lo que no hacía.  En los años subsiguientes nadie de esas instituciones se interesó de veras por conocer lo que yo escribía y yo no hice esfuerzos por volver a publicar mi poesía ni otros textos literarios en mi país.

 

     Pero hay otras cosas que decir al respecto.  La clausura de las Ediciones en 1965 fue para mí un golpe demoledor, porque con ellas se desmoronaba el marco en que yo había formulado mis expectativas juveniles como escritor y como ser humano.  Al ver que todo aquello desaparecía de repente, perdí las esperanzas de volver a existir como creador de manera normal o sistemática en mi país.  Retrospectivamente, a veces me reprocho haber actuado así: pienso que debí luchar más, ripostar el ataque y seguir manifestándome como elemento activo dentro del entorno cultural; pero también a veces creo que hice bien, porque estaba convencido de que todos los que habíamos participado directa o indirectamente en la experiencia editorial y espiritual de El Puente íbamos a ser mirados siempre con desconfianza, con sorna y hasta con abierta hostilidad, o nos veríamos obligados a hacer demasiadas concesiones para poder sobrevivir en aquel medio tan contaminado por la ideología excluyente de los gobernantes. Tal vez me dominó una justificada cautela, al ver cerradas tantas puertas, no sé. Porque hay que decir que muchas puertas se me cerraron.  Pero también es posible que mi postura haya sido demasiado dramática o tímida.  Lo cierto es que me mantuve alejado de los círculos literarios y decidí concentrarme en terminar mis estudios en la Universidad, cosa que logré en 1967, aunque a los miembros de mi promoción no nos dieron los títulos hasta once años después.

 

 

MMM: Acabas de publicar un libro sobre la experiencia de tu salida de Cuba a través del éxodo del Mariel, pero me gustaría saber ¿cómo llegaste a formar parte del Consejo de Dirección de la revista Mariel? ¿Conocías a Reinaldo Arenas desde Cuba o lo conociste a tu llegada a los Estados Unidos?

 

RGR: El libro se titula Cuerpos al borde de una isla; mi salida de Cuba por Mariel y en él presento un testimonio novelado de mis experiencias en ese éxodo masivo, desde que recibo las primeras noticias sobre lo ocurrido en la embajada de Perú en La Habana a principios de abril de 1980 hasta que, ya a bordo del barco que me sacó del país, veo que las costas de la isla desaparecen en el horizonte.  Es un exorcismo, para desactivar en mi mente los componentes traumáticos de aquellos hechos, al cabo de 30 años.  Y traté de hacer un relato ameno, sorpresivo, que reflejara el dramatismo y la violencia de aquellos días, pero también los incidentes grotescos o incluso jocosos que entonces me ocurrieron o que presencié.  Por suerte para mí, el libro salió muy bien editado, gracias al esmero y el buen gusto de la Editorial Silueta, en particular de su director, Rodolfo Martínez Sotomayor, y de su esposa Eva Vergara, que se ocupó del diseño.  En la portada usamos un cuadro del pintor cubano Cepp Selgas, que vino por Mariel.

 

     La historia de Reinaldo Arenas y de la revista Mariel es otra, aunque se desarrolla paralelamente a mi salida del país. A Reinaldo yo lo había conocido en Cuba; fue el propio José Mario quien me lo presentó.  Él ya había publicado Celestino antes del alba, su primera novela, y esa noche de fines de los años 60 llevaba un ejemplar de la misma bajo el brazo.  Pero durante años Arenas y yo no tuvimos mucho intercambio, la verdad.  Sólo empezamos a vernos con cierta frecuencia a mediados de los años 70, y mayormente a partir de 1976, después de su salida de la prisión; creo que fue el poeta Delfín Prats quien más hizo por acercarnos en esos años: nos reuníamos a veces los tres con otros amigos en algún parque de La Habana a leernos nuestras cosas.  Reinaldo siempre nos hacía reír mucho con sus cuentos (tanto escritos como improvisados).  Era un individuo dotado de una extraordinaria imaginación y de un afilado sentido del humor.

 

     Después nos reencontramos en Nueva York y comenzó la aventura de la revista Mariel, que se fundó en abril de 1983 y siguió saliendo trimestralmente durante dos años; publicamos en total ocho números.  Fue Arenas quien primero comprendió la necesidad de fundar una publicación periódica en que los escritores y artistas de Mariel nos pudiéramos expresar.  Su combatividad nos entusiasmó y nos aglutinó en ese proyecto, y a través de él fue que conocí a los demás integrantes del Consejo de Editores (Juan Abreu, Roberto Valero, Carlos Victoria, René Cifuentes y Luis de la Paz).  También fue el propio Arenas quien me propuso ser uno de los tres miembros del Consejo de Dirección, junto con él y Juan Abreu.

 

 

MMM: Tu libro de poemas El buen peligro es un buen ejemplo de la poesía como rescate existencial. ¿Me podrías hablar del mismo?

 

RGR: El buen peligro fue el primer libro que publiqué en el exilio: salió en 1987 por la Editorial Playor, de Madrid, que dirigía Carlos Alberto Montaner.  Creo que con ese libro tuve dos propósitos fundamentales: primero, demostrar que durante los 15 años que había pasado como autor silenciado en Cuba (1965-1980) nunca dejé de escribir poesía; y segundo, que en los primeros tiempos en el exilio (1980-1986) tampoco había dejado de hacerlo. Fue, sin duda alguna, una labor de rescate en lo que respecta a lo escrito en la isla, pues contiene poemas de tres libros que compuse en Cuba y sólo logré sacar parcialmente del país: Los viajeros (escrito entre 1969 y 1974), Personajes que pasan (compuesto entre 1972 y 1974) y Lugar sitiado (un poemario de 1976).  La última parte de El buen peligro contiene poemas de un cuaderno escrito en Nueva York, Espacio a prueba.  No veo este último grupo de textos como un rescate, puesto que ya me había librado de las restricciones impuestas por el castrismo en la isla, sino más bien como una reafirmación de mi libertad de expresión.

 

   

                                                                                           Continúa...