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Ediciones del Azar
Chihuahua, México (2011)
ISBN: 968-7409-07-9
630 pp.

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Ediciones El Puente en La Habana de los años 60
pone a disposición de los
interesados en las letras caribeñas un corpus de
poemarios prácticamente inexistentes y desconocidos
hasta hoy día. En términos de circulación, estamos
frente a un arduo trabajo de arqueología literaria en
el que confluye casi toda la poesía publicada por
Ediciones El Puente en La Habana. Se acompañan los
poemarios con un conjunto de paratextos originales
–prólogos, notas de contracubiertas y solapas– de gran
utilidad para la historiografía literaria.
Merece un elogio particular la cuidada
reedición de los poemarios hecha por Jesús J. Barquet
quien, además, cotejó las distintas ediciones de los
escasos textos que contaban con alguna reimpresión, y
consultó a los autores. No se debe olvidar el hercúleo
trabajo de consenso que requiere una obra tan compleja
pues se precisan derechos y permisos de publicación
que involucran a más de una veintena de autores. Se
trata evidentemente del resultado de muchos años de
investigación y trabajo.
Como se anuncia en la portada, el
volumen consta de dos secciones fundamentales: las
lecturas críticas y los libros de poesía. En la
primera, hay varios aciertos dignos de señalar.
Barquet retoma, actualiza y pone a dialogar un enorme
caudal de obra crítica existente tanto dentro como
fuera de Cuba. Como editor, invitó
a colaborar a dos investigadoras que llevaban lustros
trabajando estos temas:
Sílvia Cezar Miskulin y Maria
Isabel Alfonso.
En tanto que historiadora cultural,
Miskulin reconstruye analíticamente la historia de las
Ediciones El Puente usando las herramientas
científicas y metodológicas pertinentes. Su ensayo
“Las Ediciones El Puente y la nueva promoción de
poetas cubanos” es el resultado de su exhaustiva
investigación sobre las publicaciones seriadas de Cuba
en los años sesenta y setenta, la cual ha resultado en
los libros Cultura ilhada: imprensa e Revolução
Cubana 1959-1961 (São
Paulo, 2003), sobre el semanario Lunes de
Revolución, y Os intelectuais cubanos e a política
cultural da Revolução 1961-1975 (São Paulo, 2009),
sobre Ediciones El Puente y El
Caimán
Barbudo. De
su segundo
libro,
elaboró Miskulin el ensayo que recoge Barquet. Sin
discriminar por el lugar de publicación de un texto,
el carácter central o periférico de una información,
el lugar de residencia o la
ideología de un autor, Miskulin
maneja certeramente la documentación escrita sobre El
Puente y la enriquece con su levantamiento y rescate
de testimonios orales de inestimable valor. Con
Miskulin, Barquet ha mantenido vínculos académicos por
más de 10 años.
Del ensayo de Miskulin deriva Barquet
siete atinadas “Glosas” (la
más breve, de 2 pp.; la más
extensa, de 35 pp.) en las cuales aborda tópicos
pertinentes al grupo y Ediciones El Puente, tales como
su vínculo con la política y la realidad de la
Revolución, el tema racial, el homosexualismo, el
problema historiográfico de las generaciones, sus
vínculos con la cultura sesentera cubana e
internacional, el debate ideológico durante el primer
lustro posrevolucionario, la recepción crítica que
tuvo El Puente en su momento, los enfrentamientos con
la cultura estatizada y la figura imantada y generosa
del director del grupo: el poeta y dramaturgo José
Mario, a cuya persona y proyecto editorial utópico
Barquet dedica su compilación crítica.
Estas glosas admiten una lectura
independiente, pero el conocimiento del texto de
Miskulin que las precede ayuda a su mejor comprensión,
pues Barquet evitó incurrir en repeticiones
innecesarias dentro del libro. Las glosas se titulan:
“El problema generacional y el concepto de
Revolución”, “Referencias a El Puente en las
publicaciones de la época”, “Sobre el prólogo a la
Novísima poesía cubana I”, “José Mario como editor
y poeta revolucionario: a propósito de El grito
y La conquista”, “Pobrecitos poetas que
eran… muchos de ellos”, “De las identidades eternas
(raza, sexualidad y religiosidad) y el sujeto poético
puentero: ser urbano y ser joven” y “Florito
Volandero, poeta apócrifo de El Puente”. Entre ellas
debemos destacar las dedicadas a un concepto más
inclusivo de Revolución, al rescate de José Mario como
intelectual verdaderamente revolucionario, y a los
asuntos de raza, sexualidad y religiosidad tal como
son vividos y concebidos en la década de El Puente. La
Glosa 2 tiene un particular interés pues aporta datos
concretos acerca de la creciente visibilidad que los
puenteros logran tener en la escena literaria
cubana desde 1961 hasta 1965, cuando la editorial es
clausurada por decisión gubernamental.
Como Miskulin, Alfonso elaboró su
tesis doctoral (Dinámicas culturales de los años 60
en Cuba. El Puente y otras zonas creativas de
conflicto) sobre dicho periodo y, específicamente,
sobre El Puente. Igual que la Miskulin, logra un
suficiente y desprejuiciado registro bibliográfico,
enriquecido con entrevistas personales a los
protagonistas de los sucesos dentro y fuera de Cuba.
Familiarizado con dicha tesis, Barquet le pidió a
Alfonso un ensayo específico sobre la poética de El
Puente, lo cual realizó Alfonso reelaborando algunas
ideas de su tesis y aplicándolas a los poemarios en
concreto. Dividió su valioso ensayo en cinco acápites:
“El Puente y las dinámicas sesentistas”, “Críticas a
El Puente”, “Pluralismo estético de El Puente:
existencialismo revolucionario, compromiso e
imaginario afrocubano”, “Un aparte necesario:
dinámicas raciales y El Puente” e “Invocación a
Osain”. Entre los tópicos más relevantes
propuestos y elaborados
por Alfonso están el existencialismo revolucionario y
el sentido del compromiso del artista, según se
presentan en los poemas, así como los vínculos de El
Puente con las dinámicas sesentistas y la problemática
racial.
En su libro, Barquet supo articular
una escritura cruzada entre sus glosas y los ensayos
de Miskulin y Alfonso. No se aprecian graves
contradicciones entre ellos; por el contrario, hay
coherencia en la terminología, en las fechas, en las
referencias. En consecuencia, se puede realizar una
lectura cruzada de un tema específico pasando de uno a
otro texto crítico sin que por ello el lector se
pierda o aburra, pues cada autor acaba siempre
enfocando en algún matiz o ejemplo diferente. A veces,
sin embargo, salta alguna que otra repetición, pues
también cada ensayo busca garantizar su
autonomía
dentro del conjunto.
El libro no quiere limitarse a El
Puente, por ello aborda
algunos de sus temas con una perspectiva
más abarcadora de la compleja y aun
confusa historia cultural cubana de la década. Tampoco
pretende agotar lo referente a la poesía de El Puente,
sino que, por
lo contrario, pone a disposición del
siglo XXI, de forma práctica en un volumen,
los
poemarios para que nuevos
lectores puedan escribir sobre ellos desde sus nuevas
valoraciones e intereses, sin
las excusas que justificaron
su desconocimeinto u olvido
en el siglo XX. A su vez, la propia
compilación estimula desafiantes lecturas de dichos
poemarios al ofrecernos documentados análisis de
ellos, como vemos en la Glosa 4 de Barquet dedicada a
El grito y La conquista, de José Mario,
el segmento final de su Glosa 6 sobre el sujeto
poético puentero, y el acápite C del ensayo de
Alfonso sobre el pluralismo estético de El Puente.
Al final de esta primera sección del
libro, Barquet condensó en una sola bibliografía toda
la documentación correspondiente tanto a las lecturas
críticas como a los libros de poesía.
En la segunda sección, se compilan
íntegros los siguientes poemarios: La marcha de los
hurones, de Isel Rivero; El largo canto, de
Mercedes Cortázar;
27 pulgadas de vacío,
de Silvia Barros; Algo en la nada,
de Gerardo Fulleda León; Silencio..., de
Ana Justina Cabrera; Acta, de Reinaldo Felipe
García Ramos; El orden presentido, de Manolo
Granados; Poemas en Santiago, de Joaquín
González Santana; GH, de Georgina Herrera;
Tiempos de sol, de Belkis Cuza Malé; Isla de
güijes, de Miguel Barnet; y Osain de un pie,
de Ana Garbinski. De José Mario se recogen en su
totalidad La conquista y La torcida raíz de
tanto daño. De sus restantes poemarios (De la
espera y el silencio, Clamor agudo, A
través y Muerte del amor por la soledad),
Barquet realizó una selección. Nancy Morejón hizo
una
selección de sus libros Mutismos y Amor,
ciudad atribuida.
Además de poemarios individuales, se
recogen las antologías poéticas del grupo. De Rogelio
Martínez Furé se incluye el prefacio y la
bibliografía
de su compilación Poesía yoruba, que constituyó
un éxito rotundo de ventas. Aparece también la
antología Novísima poesía cubana I, preparada
por García Ramos y Ana María
Simo, pero indudablemente el plato fuerte desde el
punto de vista documental lo ocupa la hasta ahora
inédita Segunda novísima de poesía cubana, la
cual José Mario dejó
terminada para publicar en 1964. Algunas figuras
esenciales del futuro grupo de El Caimán Barbudo
aparecen ya en este último proyecto editorial de José
Mario, lo cual habla de su afán
ecuménico. Por no haberse publicado
esta antología en su momento, algunos
que iban a ser puenteros, como Guillermo
Rodríguez Rivera y Lina de Feria,
acabaron siendo conocidos como
caimanes.
En más de un sentido, entonces, los caimanes
son una continuación o una consecuencia de El Puente.
Como revela esta Segunda novísima,
Ediciones El Puente no quería enclaustrarse en una
estética sino abrirse hacia lo otro,
novedoso,
que irrumpiera indicando el futuro: incluir en vez de
excluir. Esa era su mayor utopía, entrevista a inicios
de los años 60
por José Mario. Seguramente por ello
Barquet dedica su libro a los “cincuenta años” de
aquella utopía parcialmente
malograda
o
irrealizada. En dicho
aniversario, el mejor homenaje
es, para Barquet,
contribuir con este cuidadoso rescate
arqueológico no solo
a la divulgación de
los logros
de las Ediciones El Puente,
sino también a
la reflexión documentada sobre
nuestra poesía del primer
lustro posrevolucionario, en toda su
saludable
diversidad.
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Amauri Francisco Gutiérrez Coto
nació en La Habana, Cuba (1974).
Poeta y ensayista.
Es profesor asistente en la
Universidad Estatal de Nuevo México en Las Cruces, EE.UU.
Ha publicado los
ensayos:
Acerca de lo negro y la africanía en la lengua literaria de
“Motivos de Son” (Pinar del Río, 2002)
y Polémica
literaria entre Gastón Baquero y Juan Marinello (Sevilla, 2005);
y el poemario:
Diario de un intruso (Pinar del Río, 2002). Realizó las
compilaciones: Verdad y razón y otros ensayos de José
Ferrater Mora (Sevilla, 2007), El Padre Las Casas y los cubanos
(en coautoría con Ana Cairo, Puerto Rico, 2008), Clavileño,
revista de poesía (Sevilla, 2010) y La amistad que se
prueba (Santiago de Cuba, 2010).
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