LA TIERRA
Siempre cantó
la Tierra...
la Tierra,
ventana al sol,
rebelión de
escamas al asalto de la espuma,
contaba
solsticios y equinoccios
con la la
alegría del iris
retozando en
sus vestidos.
Siempre cantó
la Tierra...
en el surco, en
el arado,
en la carreta,
en la semilla,
en la molienda.
La Tierra era
el canto mismo,
desde cumbres y
bajíos cantó,
desde el hombre
y la mujer,
el libro y la
campana,
el verso y la
sonrisa.
Ya no canta la
Tierra...
el eco apagó
sus espirales
y en las
esquinas y en las gargantas
mutismo
señorea.
En la Tierra,
rebelión de sal
al asalto de la
lágrima,
el suelo está
seco, la raíz hirsuta
y el mar en
tormenta.
VORÁGINE
Delante del
ansia
danza la
niebla,
truena...
y no llueve
luceros la noche.
Estrellas y
soles
estelas
confunden,
y en este lado
absurdo de la tierra
eternizan
nupcias las sombras.
Delante del
ansia,
el tiempo
abanica lienzos injustos
reverberando
peces en tronada.
Esquilmados
cántaros
gotean las
últimas mieles,
risas y lloros
muerden los
filos de la espina
y una voragine
salobre
pone punto
final a la esperanza.
RECUENTO
Me lo han
quitado todo...
desde la sal a
la entraña,
desde la piel a
la médula.
En el recuento
de lo vivido
sólo moran
ausencias revolando mi entorno.
Ciudadano de la
nada
vivo una tierra
sin tierra,
sin rumbo cruzo
los rumbos
navegando el
agua que me ciñe,
persiguiendo el
aire que me roban.
Comensal
desnudo del infausto brindis
cargo un hambre
sin pan,
un vino que no
es mi vino,
una sed que no
se sacia
y sobre el
hombro cansado
el fardo de las
promesas.
Sí, me lo han
quitado todo...
mas, en el
abismo de mis manos
crece libre el
pensamiento
y en la esquina
más tenue del ala
palpitante y
rotunda mi quimera.
AYER, HOY, SIEMPRE
Son las doce...
arde la calle
y el astro
aguijonea las aceras.
Un vaho denso
trepa ladrillos desnudos
sofocando
ventanas, recintos
y vísceras
replegadas por la hambruna.
Son las doce...
en las esquinas
repican las
ideas enquistadas.
Pupilas
indiferentes
se pierden en
afán
de lejanías
y brazos
abatidos
se tienden a lo
largo de la sombra.
Ansias al rojo
vivo
ebullen
esperando el trueno;
silencios a
silencios encadenan,
mientras el
alambre tenso
cierra filas
contorneando la tierra.
A esta hora,
ayer, eran las doce;
y ayer, y hoy,
y siempre,
seremos ese
grito sordo,
que se rompe
contra el
tímpano de la tiniebla.
PARADOJA
De quejas nunca
supe...
ni otro color
vestí
que el blanco y
el azul del firmamento.
Centelleo de
escamas
alumbraba mis
rutas
y un bautizo de
algas y corales
cumplía en mí
su rito
al son de
misteriosas caracolas.
No supe cuando
se alteró mi ritmo
ni la hora
ilegal,
en que se marcó
el reloj
el sórdido
apogeo de la angustia.
Tajantes
bramidos
muerden la
eternidad del canto
y las medusas
acunan
pupilas
insomnes
y sueños
inconclusos.
Paradójico
destino, mi destino,
reja y portada,
sueño y
pesadilla,
tumba y
esperanza.
EN MITAD DE LA
LUZ
En mitad de las
venas me clavaron el odio...
dentellada
insensible
me hirió,
capilar adentro,
escrutando la
célula última,
deteniendo su
ritmo en tránsito.
En mitad de la
sangre me clavaron la furia...
ríos oscuros
saltaron cauces
y del hombre en
ciernes,
a pulso
abierto, crecí
majando sueños,
acostando el canto.
En mitad de la
luz me clavaron la sombra...
y giro, veleta
al vacío,
sin haber
podido vencer la tiniebla.
En mitad del
silencio me clavaron la voz...
enajenados
corceles, mis ecos,
gravitan los
espacios sin romper el mutismo.
Con el odio y
la furia,
la sombra y el
silencio,
afilaré la
espada que me clave
en mitad de la
luz.
HOMBRES
Círculo de
fuego me calcina el oído,
escucho y
siento a los hombres...
al hombre puro
y al hombre bestia.
El hombre puro,
el auténtico,
corazón de polo
a polo, vive en harapos;
sus sandalias,
pardas de
caminar espinas,
emprenden, día
a día,
un viaje al
horizonte.
El hombre puro,
el auténtico,
lleva aterido
el hueso,
carcomida la
entraña,
ardidos los
labios
y un halo
cárdeno coronándole los ojos.
El techo se le
encima
ajustándole
silencios, dolor, abandono;
la tonada se le
ahoga en sangre
y sólo lo
mantiene andando la espera.
El hombre
bestia,
látigo de pelo
a uñas,
camina
satisfecho
alimentándose
con caldo de cizaña.
Contenido en su
materia
no se eleva más
allá de sus zapatos.
Odia, persigue,
arrebata,
somete,
encadena, aplasta.
En la Tierra,
el hombre
bestia vive...
y el hombre
puro, el auténtico,
desencarna y
sueña.
DESHABITADA Y GRIS
Imperturbable,
de pie sobre
mis hombros,
el devenir del
tiempo me sofoca.
!Quién sabe cuántos años todavía
continúe el
apogeo de la bruma!
Atizando sus
iras
se encumbra la
opresión,
el pánico
mutila los intentos
y un mundo
displicente
abanica su
desidia en los balcones.
!Quién sabe cuánto tiempo todavía,
deshabitada y
gris,
hundiendo mis
raíces en la arena
permanezca
ladrándole a la luna,
para alcanzar
de este infausto destino
otro siglo de
espada y cicatrices!
!Quién sabe cuánto tiempo todavía
sin que salten del nido los
cerrojos
y el sinsonte nos cante el aleluya!