|
Acto primero
Una sala en penumbra,
débilmente alumbrada. Vacía. En el extremo izquierdo del escenario,
una pared con una puerta cerrada. Dos hombres vestidos de legionarios
romanos la custodian a ambos extremos. Es importante acentuar la
soledad y el abandono de la escena. Después de transcurrido un minuto
en perfecto silencio, se escucha un murmullo parecido a un sollozo
prolongado. Unos segundos después, aparece un hombre vestido con frac
elegante y una flor en el ojal. Avanza hacia el centro del escenario,
contempla la puerta y los guardianes y se frota las manos. Después,
acercándose más a la puerta, exclama:
EL HOMBRE: ¡Despertad! ¡Despertad! ¡Yo os lo
ruego!
Los guardias parecen reaccionar. El de la derecha le
dice a su compañero:
GUARDIA 1º: ¿Has oído eso?
GUARDIA 2º: Lo tienes delante. Es otro que se
ha perdido. Habrá que explicárselo.
GUARDIA 1º: Explícaselo tú.
GUARDIA 2º: Estaba a punto de dormirme. Bien,
parece que hay trabajo. Esta te la guardaré.
GUARDIA 1º: Como quieras. Despacha.
Ninguno de los dos hace ademán de iniciar conversación
con el recién llegado. Este se impacienta. Mira hacia atrás y hacia
los lados. Parece desorientado.
EL HOMBRE (monólogo consigo mismo): Sí... Este
es el sitio... No cabe duda... Yo nunca he estado aquí antes...
GUARDIA 2º (alzando la voz): ¿Quién va?
EL HOMBRE (reaccionando): ¡Yo! ¡Yo! ¿Tengo el
honor de ser el primero?
El guardia 1º, al escuchar la pregunta del hombre,
reprime una carcajada breve. Después vuelve a su impasibilidad.
GUARDIA 2º (mirando a su interlocutor): ¿Qué se
le ofrece?
EL HOMBRE (se arrodilla a los pies del guardia
2º y le besa los pies): Bendito sea su nombre, fuego que calienta y no
abrasa. Dichoso yo que os he mirado.
GUARDIA 2º (quejándose): Déjese de cumplidos
inútiles, hágame el favor. Levántese y hábleme a la cara. Si me adula
demasiado, entenderé que quiere sobornarme, y eso no puedo
permitírselo. Tal vez espera que yo le proporcione algún beneficio.
Todos piensan lo mismo cuando llegan aquí. Como si en nuestras manos
estuviese incumplir nuestras obligaciones.
EL HOMBRE (reparando en el otro guardia,
pretende practicar el mismo protocolo con él, pero este lo rechaza con
un gesto. Después contempla la puerta y la toca con las manos
entreabriendo la boca): Esta es la entrada, la entrada... ¡Cuántas
veces la he soñado, pero entonces no podía tocarla! Ahora la veo y la
toco, y sé que no es un sueño. Yo la imaginaba de oro, como todo lo
que es bello, pero no es sino de madera, como todas las puertas. Vale
más que así sea... Amén. (El hombre permanece unos segundos palpando
la superficie de la puerta. Después se retira y finge llorar,
cubriendo el rostro con las manos. Con voz cavernosa, lúgubre, dice:)
Animal que te llamas hombre... Esta es tu herencia. Sí. Esta es tu
única herencia: una puerta cerrada. Naciste para recorrer el mundo,
para establecer tu ley en el universo. ¿Te acuerdas cuando caminabas
sobre las cuatro extremidades y desconocías tu voz? Entonces no amabas
ni aborrecías. Vivías en la Edad de Oro. Sí. Eras un conjunto de
células que interactuaba con otros conjuntos, pero no te conformabas,
no, con ser apariencia entre apariencias, querías llegar a ser.
Querías ascender, evolucionar y superar toda forma, toda limitación.
Agresivo, luchaste por la supremacía entre tus semejantes, dijiste que
tus células tenían un linaje distinto a las demás que demostraban tu
superioridad. Y fundaste la Historia. Porque, ¿qué es la Historia más
que un cuento bien contado? Te creíste el cuento, tu Constitución.
Pero esa constitución no está escrita de una vez y para siempre, no.
Hay que escribirla cada día, hay que aplicarla a nuevas situaciones
que contradicen a las primeras, y llegará un día en que la narración
será incoherente y absurda. ¿Y ese día, será el Fin del Mundo? ¿Qué
será de nosotros? Pues el suelo que pisamos no es estable, sino móvil
como el agua. Un día alguien dice: ¡He descubierto algo!. Y todos lo
siguen como borregos. Pasado un tiempo, nadie se acuerda del invento
porque ya no es actual. Otro embeleco lo suplanta. Un conocido mía
afirmaba que el hombre es un simio. Bien sé que es una sátira, pero
¡qué sátira! Llega uno a asimilarla. “La selección natural” decía
“opera así”. Y muchos se convencieron, e incluso lo corroboraron
después (riendo) No puede uno dejar de reírse hasta en los momentos
más serios. Perdónenme ustedes (dirigiéndose a los guardias) y también
ustedes, espíritus del tiempo (haciendo una reverencia al supuesto
público) Todo se termina aprendiendo, porque todas las cosas son
iguales. Somos nosotros los que nos creemos distintos.
GUARDIA 2º (dando un paso hacia él): ¿Ha
terminado ya?
EL HOMBRE (bajando de su encumbramiento): Sí,
sí, excelso señor... La verdad es que pensaba que esta escena sería
más bonita. Es cierto que figuran los querubines vestidos a la moda
del Imperio y la puerta está en su sitio, como cabía esperar, pero
siento que falta algo...
GUARDIA 2º (suspirando con resignación): No
falta sino su reconocimiento del hecho. Es habitual fabricarse
castillos en el aire, con embajadas, recepciones, proyecciones, última
tecnología... Fantasmas... Fantasmas... A todos les ocurre igual. La
imaginación no se cansa de diseñar nubes.
EL HOMBRE (sorprendiéndose): ¿A todos, dice?
¿Luego hubo otros que llegaron aquí antes que yo?
El guardia 1º vuelve a ahogar una carcajada.
GUARDIA 1º (Al guardia 2º): Enséñale el
abecedario.
EL HOMBRE (reparando en el guardia 1º): ¿Pero
ese ángel habla? Yo creí que era mudo.
GUARDIA 2º: No. Solo es mudo cuando quiere.
EL HOMBRE (volviendo el rostro al guardia 1º):
En fin, a pesar de la decepción, estoy orgulloso de haber llegado
hasta aquí. Al fin podré conocer el tabernáculo, la quinta habitación,
como le llaman. ¡Oh!. Dicen que es infinita, que la vista no tropieza
nunca en ella, porque sus paredes son de luz purísima, eterna. ¡Si
hemos pasado la vida mirando sombras, qué experimentaremos cuando
percibamos el efecto transfigurador de la luz! La sensación ya se
puede apreciar mientras se piensa. Aquí, en este órgano (señala el
corazón) parece que se enciende algo. Es necesario creer. Por mucho
que nos opongamos, es necesario creer. ¿Quién no tiene esperanza?
Hasta el suelo tiene esperanza de ser pisado, cuanto más el mortal que
ha pasado la vida anhelando. Esa ilusión prorrogada no puede morir
cuando todas las cosas que nos rodean mueren, por lo menos quedará una
semilla para empezar la vida de nuevo.
GUARDIA 2º (encogiéndose de hombros y mirando
al techo del escenario): Está usted a punto de volar. Me imagino que
es un pájaro que revolotea por encima de nuestras cabezas... Discurso
admirable, el suyo... Pero además de retórica, ¿qué contiene?
EL HOMBRE (mirando al guardia 2º fijamente): Un
sentimiento. Un sentimiento tan verdadero como usted.
GUARDIA 2º (dirigiendo la vista al guardia 1º):
Otro como los demás. (volviendo el rostro al hombre) A ver si acierto:
¿usted quiere entrar, me equivoco?
EL HOMBRE (con la mirada radiante): Usted lo ha
dicho.
GUARDIA 2º (sonriendo malignamente): Le invito
a que haga la siguiente deducción. ¿Cuál considera que es nuestro
papel en esta representación? Porque representación es, ¿verdad? (el
hombre asiente) Vamos a probar su perspicacia... Si la puerta
permaneciese abierta a todo el mundo... ¿qué sentido tendría nuestro
trabajo?
EL HOMBRE (resuelto): No tendría ningún
sentido.
GUARDIA 2º (sin dejar de sonreír): Por lo
tanto, usted mismo puede considerar que, puesto que estamos aquí yo y
mi compañero, la puerta va a permanecer cerrada.
EL HOMBRE (mirando primero a la puerta y
después a los guardias. Comprendiendo): ¡Oh, déjenme al menos! ¡Aunque
solo sea un segundo, una milésima de segundo...!
GUARDIA 2º (con la mano en el hombro de su
interlocutor): Imposible, amigo.
EL HOMBRE (braceando): ¿Saben cuánto me ha
costado llegar hasta esta puerta? Han sido años de estudio, de
privaciones, olvidando los placeres de la naturaleza: la conversación,
el sexo, el descanso... No sé lo que es reposar... He invertido todo
mi patrimonio humano en esta empresa. No me digan que lo he perdido
todo. No, porque sería falso. Ya sé que ustedes son de otra raza, que
no se mueve al soplo del viento. Ustedes ya estaban aquí antes del
principio de los tiempos. Son mandatarios del Todopoderoso, ese que
actúa por su propia cuenta porque su sustancia es el movimiento. Pero
no me digan ahora (haciendo ademán de limpiarse las lágrimas) no me
digan ahora que no puedo, después de mi pasado, que no puedo... ser
recibido en la Corte, en la Sala Infinita.
GUARDIA 2º (tratando de convencerlo): Es una
habitación como las demás. Usted ha estado en cuatro habitaciones
(mientras esto dice el guardia, el hombre niega rotundamente con la
cabeza) Ya no es un niño. Sabrá de lo que le estoy hablando.
EL HOMBRE (rotundo): ¡Oh! ¡Usted no ha estado
allí!
GUARDIA 2º (impasible): Ni usted tampoco.
EL HOMBRE (manteniendo la pausa de unos
segundos): Entonces... ¿He de morir sin ver...?
GUARDIA 2º (con aplomo): Ya lo ha visto todo.
EL HOMBRE (a punto de replicar, parece
convencerse): Es decir, ¿que no hay nada más?
GUARDIA 2º (haciendo un mohín de contrariedad):
Nada o todo, según se mire.
El hombre mira al suelo. No se mueve. El guardia
1º tose. El hombre avanza hacia la derecha del escenario, sin quitar
la vista del suelo, en ademán de querer marcharse por donde ha venido.
El guardia 2º lo mira con lástima condoliéndose de él.
GUARDIA 2º (levantando el brazo): Oiga...
EL HOMBRE (sin volver la vista): Me voy. No
tengo nada que hacer aquí. (Sale del escenario).
El guardia 2º regresa a la puerta y guardia su
posición inicial. Mantiene silencio durante unos segundos.
GUARDIA 1º (observándolo y compadeciéndolo): No
te preocupes por él. Aprenderá.
GUARDIA 2º (no contesta).
GUARDIA 1º: ¿Te ocurre algo?
GUARDIA 2º (después de un tiempo, cuando el
guardia 1º está a punto de repetir la pregunta): No. No... Solo que...
En parte tenía razón... Pobre hombre...
GUARDIA 1º: Se habrá llevado un chasco, como
todos... ¿Y quién no se lo lleva?
GUARDIA 2º: Pensaba que hablábamos en verso.
GUARDIA 1º: Bueno, ¿y qué? Tal vez hablemos en
verso sin saberlo. Todo es opinión.
GUARDIA 2º (mirando al guardia 1º, repitiendo):
Todo es opinión.
El escenario se ilumina. Entra una joven vestida de
maja acompañada de un individuo con chándal deportivo que consulta
continuamente su reloj de pulsera. Ve a los guardias. Los saluda
agitando la mano.
GUARDIA 1º Y GUARDIA 2º (saludando):
Bienvenida, Libertad.
LIBERTAD (dando una vuelta a modo de sevillana
y haciendo que la falda revolotee un poco): Bendice, alma, a quien te
saluda por tu nombre. Donde estés tú, estará la alegría. ¡Ay de los
que te aborrecen! ¿Qué sería del hombre sin la mujer? Un niño
abandonado. Tal vez un despojo.
GUARDIA 1º: ¿Siempre te manifiestas del mismo
modo?
LIBERTAD: Soy deseo, ¿cómo habría de
manifestarme?
GUARDIA 1º: Hace poco estuvo aquí alguien a
quien podrías haber ayudado. Llegó aquí guiado por una estrella, pero
es posible que hubiese confundido un astro lejano con algún foco de
estos que nos ilumina (dirige la vista hacia el techo).
LIBERTAD (bromeando): ¡Oh! ¡Sí! En la vida unas
cosas se parecen a otras, pero no lo son. (Filosófica). Yo pensaba que
el mundo estaba ahí, como una montaña, y tardé en comprender que el
mundo somos nosotros. El tiempo nace cuando empezamos a hablar. Es
inevitable.
GUARDIA 1º: ¿Y ese que te acompaña, es otro de
tus amantes?
LIBERTAD (colocando el dedo sobre la boca, a
modo de advertencia): Es el Héroe, el Redentor. Se llama Hércules.
GUARDIA 2º (sorprendido): ¿Se llama Hércules?
EL ACOMPAÑANTE (adelantándose, con timidez): Me
llamo Hércules.
LIBERTAD (disculpándolo): Habla poco todavía.
Dice que hay que hacer las cosas cuando es el momento de hacerlas. De
otro modo, se pierden. Pero es muy simpático si le da por serlo...
Siempre está mirando el reloj, con mucha atención. Asegura que el
Todopoderoso le comunica las noticias a través de él. Viste ropa
deportiva porque está en toda ocasión vigilante, preparado para la
acción. Actúa muy bien.
EL ACOMPAÑANTE (adelantándose otra vez con la
misma voz de antes): A veces soy simpático.
GUARDIA 2º (con la mano en el mentón mirando al
guardia 1º): Ese nombre lo he oído alguna vez, ¿tú no?
GUARDIA 1º (haciendo memoria): Tal vez...
Alguno de los que pasaron debía llamarse así.
EL ACOMPAÑANTE (avanzando unos pasos delante de
Libertad. Señalando con el dedo) Esa es la puerta... (volviéndose al
público) Ese es el Todopoderoso...
LIBERTAD (adoctrinándolo): Solo es un ojo en la
noche. No hace daño. Te mira, únicamente. Te acabas acostumbrando.
EL ACOMPAÑANTE (repitiendo ensimismado): Te
acabas acostumbrando...
GUARDIA 1º (A Libertad): ¿Cuál es su función?
LIBERTAD (dubidativa): Pues... dicen que conoce
todos los idiomas... y que puede curar enfermos... Tiene una
obsesión con la puntualidad... Si le quitaran el reloj, yo creo que se
volvería loco... (mientras Libertad habla, el acompañante comienza a
recorrer el escenario buscando algo) ¿Qué ocurre, Hércules? ¿Perdiste
la hora?
EL ACOMPAÑANTE (con la vista en el suelo):
Huellas...Huellas de hombre...
LIBERTAD (mirando al suelo también): Serán las
tuyas...
EL ACOMPAÑANTE (con voz más fuerte): No...
Huellas de otro hombre... Aquí ha venido uno, vestido de frac, hace
nueve minutos... Buscaba la puerta... Quería entrar... No le
dejaron...
Los dos guardias se miran.
GUARDIA 2º: Todo lo que ha dicho es verdad. Yo
mismo asistí a ese individuo. Es el hombre del que te hablamos antes.
Mi compañero puede corroborarlo.
GUARDIA 1º: Es cierto.
LIBERTAD (con un gesto de entereza): Ya veis
que no me equivoco al afirmar que mi acompañante tiene poderes
sobrenaturales. Para él ningún fenómeno está oculto. Es un excelente
detective. Por algo lo he educado en un pupilaje sobrio. Lo amo como
si fuera un hijo. ¿No es así, Hércules mío?
EL ACOMPAÑANTE (señalando la puerta): El
Paraíso... Del otro lado de la puerta... Lo siento... Un campo
magnético irresistible... Atrae y destruye... Todos lo esperan... Es
la conciencia... Nadie lo alcanzará... Solo se deduce... Pero al Final
de los Tiempos... cuando ninguno exista... cuando el reloj se pare...
se abrirá la puerta.... Hasta entonces, sangre será nuestra bebida...
GUARDIA 1º (risueño): Habla como un libro.
LIBERTAD (disculpándolo): A veces es difícil de
comprender, pero nunca miente. A mí me gusta escucharlo. Te aclara
muchas cosas. Incluso profetiza sobre mí como si no me conociera.
Parece que no pisa el suelo, da la impresión de que no está entre
nosotros. Yo lo quiero mucho, porque es como un niño. Si no lo beso
delante de la gente, es porque me da vergüenza hacerlo.
EL ACOMPAÑANTE (señalando el reloj): Los
turistas...
LIBERTAD (dando una palmada): ¡Por Dios! ¡Se me
olvidaba! ¡Qué tonta soy! Deprisa, cambiaos el traje. Están a punto de
llegar.
GUARDIA 1º Y GUARDIA 2º: ¿Quiénes?
LIBERTAD (en voz alta): ¿Quiénes van a ser?
¡Los turistas! ¡Los turistas! Rápido, tenemos que poner esto como una
patena.
GUARDIA 2º: ¿Pero cómo? (sin saber qué hacer)
¿Cómo no nos avisaste antes?
LIBERTAD (dando vueltas de un lado para otro):
Se me pasó... Se me pasó... ¡Oh! ¿Cómo puedo ser tan distraída?
Rápido, que venga Braulio con los trajes... (caminando hacia la
derecha del escenario y llamando fuertemente) ¡Braulio! ¡Braulio!
¡Braulio!
Entra un individuo con peluca blanca del siglo XVIII.
Es corto de vista y no muy perspicaz. Lleva una maleta roja en la mano
que no sabe muy bien qué hacer con ella. Mientras mira estúpidamente
al público, Libertad le arrebata la maleta de las manos.
LIBERTAD (con ira): ¡Oh! ¿No te dije que me
avisaras cuando llegaran? ¿Qué clase de bedel eres tú? ¡Pero trae los
decorados, hombre!
BRAULIO (duda un instante, mira al público y
después a Libertad, al acompañante y a los guardias. Mientras tanto,
Libertad abre la maleta e indica a los guardias que se desvistan y se
pongan los vestidos de ángel que hay en la maleta. Los vestidos de
ángel son túnicas blancas con alas de pluma o de otro material. Los
guardias se desvisten con celeridad sus atuendos romanos y los
introducen en la maleta. Libertad entrega la maleta a Braulio)
LIBERTAD (palmoteando, a Braulio): ¡Pero
espabila, hombre! ¡Trae los decorados! (Braulio avanza corriendo a
punto de salir) ¿Y el humorista? ¿Dónde está el humorista? (Braulio
regresa corriendo a donde está Libertad) ¡Trae al humorista! ¡Trae los
decorados! (Braulio sale corriendo del escenario).
Braulio vuelve a entrar con una bolsa negra en la mano
y acompañado de un hombre de unos treinta años con el pelo engominado
y gafas de sol. Viste camisa blanca y pantalón de traje y se sonríe
continuamente. Braulio entrega la bolsa a Libertad, y ella extrae de
ella unas figuras de porispán o de cartón que simbolizan flores,
fuentes, árboles que dan al escenario una apariencia campestre,
bucólica y pintoresca. De todos modos, ha de notarse que es una
decoración improvisada, puesta a prisa, sin cuidado.
LIBERTAD (a su acompañante Hércules, mientras
coloca los decorados): Tú también puedes ayudar.
EL ACOMPAÑANTE (excusándose): Alguien tiene que
observar mientras.
Libertad termina su trabajo. Comprueba con una mirada
que los guardias están vestidos. Extrae de la bolsa negra una
guirnalda de flores y la coloca en la cabeza. Después avanza hacia el
hombre del pelo engominado, que es el humorista, y le dice:
LIBERTAD: Tú conmigo siempre. Es importante que
te vean conmigo (y lo coloca a su lado).
EL HUMORISTA: ¿Empiezo ya?
LIBERTAD: No, no... Espera a que lleguen (al
acompañante) Y tú, Hércules, a mi lado también (lo coge de un brazo y
lo coloca a su lado) Qué hermosa trinidad. Así estamos bien (mirando a
los guardias) ¿Estáis listos? (Ellos asienten) Bueno (A Braulio, que
mira al público con ojos de estúpido) Venga, tráelos ya (Braulio,
caminando como un pato asustado, sale)
Transcurren pocos segundos. Se escucha un murmullo de
gente que se acerca. Entra Braulio acompañado de cinco personas, dos
mujeres y tres hombres. Van vestidos, los hombres, con pantalón blanco
y camisa hawaiana. Las mujeres, con pareos y faldas cortas. Están
permanentemente comentando y admirándolo todo. Levan cámaras de foto
colgadas del cuello. Cuando entran, Braulio conecta el tocadiscos y se
oye durante unos segundos una pequeña parte de “Música Acuática” de
Häendel. La música termina.
LIBERTAD (improvisando): Ejem... Buenos días,
señores... Yo soy Libertad, y tengo por misión enseñarles la entrada
de la Quinta Habitación. ¿Podrían prestarme un minuto de atención?
¿Solo un minuto? ¿Sí? (los turistas guardan silencio) Este es el
vestíbulo, ¿ven? Está decorado así en homenaje a la cuarta égloga de
Virgilio... Ustedes habrán oído hablar de la cuarta égloga de
Virgilio, ¿no es así? (murmullos de aprobación) Aquella que empieza...
(Libertad busca en su memoria, intentando encontrar el verso).
EL ACOMPAÑANTE: Sicelides Musae, paulo maiora
canamus.
LIBERTAD (dando una palmada en la cabeza):
Exacto, exacto. Muchas gracias a mi acompañante. Siempre dice todo a
tiempo.
Los turistas aplauden a Hércules.
LIBERTAD: No, no es necesario que aplaudan. Eso
resérvenlo para el final... Pero miren (señalando la puerta) Ese es el
famoso templo cerrado y los dos ángeles custodios. Ahí estuvieron Adán
y Eva, y ahí dicen que regresaremos todos. Nadie lo ha visto por
dentro todavía, pero dicen que es bellísimo (Libertad, al decir esto,
levanta la cabeza al cielo. Los turistas fotografían la puerta. Uno de
los turistas se acerca al guardia 1º y le toca la orla de su túnica
para comprobar que es verdadera) Sí, queridos presentes, son reales...
son reales. Pueden hablar, ¿no es así, angelitos?
GUARDIAS 1º Y 2º A LA VEZ: Sí.
Los turistas retroceden asustados. Una mujer da un
grito corto.
LIBERTAD: No se asusten, no hacen daño.
HUMORISTA (iniciando su intervención): Son de
cera, pero muy educados.
Los turistas miran al humorista y se ríen.
HUMORISTA (disculpándose): Es verdad.
Los turistas siguen riendo.
HUMORISTA (aparte): Nunca pensé que esta
profesión fuera tan fácil.
TURISTA 1º (preguntando): ¿Se puede entrar?
LIBERTAD (reaccionando): Ah, no, no,
está prohibido. Esta habitación es sagrada.
TURISTA 2º (una mujer sacando un fajo de
billetes): Podemos pagar.
LIBERTAD (intolerante): De ninguna manera,
señora. Es un delito, ¿sabe? Esto es una cosa espiritual, que no está
en el comercio de los hombres. Aquí solo entran los elegidos. Es
decir, hasta ahora no ha entrado nadie, ¿no es así, angelitos?
GUARDIAS 1º Y 2º A LA VEZ: Sí.
Los turistas vuelven a asustarse.
LIBERTAD (tratando de convencerlos):
Conténtense con mirar. Pero oigan (acordándose de algo) Esta
habitación tiene su leyenda... Se cuenta- al menos, así me lo contaron
a mí cuando era pequeña- que dentro de la habitación hay una
gigantesca pantalla, de más de mil pulgadas, y que en ella se
representa sucesivamente el nacimiento del mundo. Es hermoso, ¿verdad?
Esto lo contaba un poeta que asegura que lo vio con sus propios ojos.
TURISTA FEMENINA (protestando): ¡Qué aburrido!
TURISTA MASCULINO: ¿Y esa pantalla, es en
color?
LIBERTAD: Creo que sí.
TURISTA MASCULINO 2: ¿Y es de alta definición?
HUMORISTA (sarcástico): Depende de la vista que
usted tenga.
TURISTA FEMENINA 2: A mí me gustan mucho las
películas de amor, los largometrajes lentos, y los cortometrajes
cómicos de Charlie Chaplin... ¿En esa pantalla se proyecta alguna
película de Charlie Chaplin?
LIBERTAD (dudando): Pues...
HUMORISTA: Ya lo creo. Los ratones hacen de
todo.
Los turistas no parecen comprender.
HUMORISTA (en un aprieto): O las ratas...
Los turistas ríen.
HUMORISTA: Estoy a punto de reírme yo.
LIBERTAD (levantando los brazos): ¿Y bien, que
les parece este acogedor vestíbulo? Esta arquitectura es colosal,
grandiosa, revela el talento del Creador, que tal vez nos escuche...
HUMORISTA: ¿Eh?
Los acompañantes siguen mirando a la puerta,
hipnotizados.
EL ACOMPAÑANTE (sentencioso): Todo mortal...
Sin remedio... Seducido por esa puerta.
HUMORISTA: Y eso que no saben lo que hay
detrás.
LIBERTAD (filosófica): Vamos, señores, pero
qué sería del mundo si ese misterio se resolviese... Caerían una a una
nuestras ilusiones... Es mejor que así sea...
EL ACOMPAÑANTE: Amén.
En este momento, se produce un hecho inesperado. De
entre la turba de turistas avanza uno con una pistola en la mano. Se
puede reconocer al hombre de la primera escena, a quienes los guardias
le impidieron el paso a la Quinta Habitación. Avanza hacia la puerta y
se coloca delante de los turistas, que retroceden aterrados.
EL ACOMPAÑANTE (con un susurro): El...
maligno.
EL HOMBRE ARMADO (con sorna): Bien, ahora no
dudo que me escucharán... Así lo he aprendido: “Cuando no te valga
pedir, ordena” (gira la vista hacia atrás). Estos dos señores
disfrazados de ángeles me negaron la entrada a la Sala Infinita...
Ahora he venido aquí para entrar, y aquel que se me oponga, lo
mataré.
EL HUMORISTA (sin perder la sonrisa): ¿Ha
comprobado que la pistola está cargada?
Una turista se desmaya. Otra grita. Los dos turistas
masculinos se arrodillan y rezan.
LIBERTAD (clamando, con nervios): ¡Ay! ¡Ay!
¿Pero qué es esto?
EL HOMBRE ARMADO: Esto es una orden.
HUMORISTA: ¿Podemos pactar un aplazamiento?
EL HOMBRE ARMADO: Desde luego. Puede morir
primero, si lo desea, para hacer tiempo.
HUMORISTA (aparte): Ahora el chiste lo ha hecho
él.
GUARDIA 1º (quejándose): Si al menos tuviéramos
nuestras armas...
EL HOMBRE ARMADO (gritando): ¡Deprisa! ¡Los
turistas pueden marcharse!
Los turistas salen del escenario corriendo.
EL HUMORISTA: Recuerdo que dejé afuera el
pañuelo... ¿Podría...?
EL HOMBRE ARMADO (gritando): ¡He dicho los
turistas!
EL ACOMPAÑANTE (declamando): Hasta que se abra
la puerta, sangre será nuestra bebida.
EL HOMBRE ARMADO (apuntando a los guardias):
Abran la puerta.
Los guardias vacilan. Libertad grita “¡No!”. Los
gritan a la vez: “¡Tirano!”. El acompañante Hércules avanza hacia el
hombre armado y trata de sujetarlo cuando este se encuentra de
espaldas a él. Ambos forcejean.
EL HOMBRE ARMADO (gritando): ¡Esto acabará en
tragedia!
EL ACOMPAÑANTE: ¡Cobarde! Dependes de un
arma...
LIBERTAD (gritando a pleno pulmón): ¡Aprisa!
¡Aprisa! ¡Bajad el telón! ¡Bajad el telón!
Los guardias abandonan la puerta y obedecen. Cae el
telón.
Acto segundo
La misma sala en
penumbra del primer acto. Prácticamente la misma escena. Los guardias,
vestidos de romanos, vigilan la puerta. No hay rastros del decorado
campestre. El escenario debe transmitir tristeza, soledad. Un pájaro,
símbolo de la nostalgia, se oye cantar en la lejanía. Después del
canto del pájaro, comienza el diálogo.
GUARDIA 1º: Nos han dejado como al principio.
GUARDIA 2º (meditabundo): Parece mentira que
hubiese sucedido aquello... El pasado desaparece, y queda lo mismo, lo
que no se puede llevar el tiempo.
GUARDIA 1º (ensimismado): ¿Qué es lo que no se
puede llevar el tiempo?
GUARDIA 2º: La conciencia.
Unos segundos de silencio.
GUARDIA 2º: Aún así, no lo comprendo.
GUARDIA 1º: ¿Qué no comprendes?
GUARDIA 2º: No comprendo nada... Yo bien sé (se
frota la frente) que aquí hay alguien más entre nosotros.
GUARDIA 1º: Eso es ridículo... (señalando al
público). Ellos no participan... Ahí hay una pared incorpórea...
Pertenecen a otro mundo.
GUARDIA 2º (sentencioso): Hay un solo mundo
para todos.
GUARDIA 1º: Pues entonces serán los
recuerdos... Las estatuas de los Antiguos. El Senado de los
Antepasados. Las cosas que suceden vienen a parar ahí más tarde o más
temprano.
Otros segundos de silencio.
GUARDIA 1º (aproximándose al guardia 2º): Oye.
GUARDIA 2º: Qué.
GUARDIA 1º: ¿Tú nunca has sentido curiosidad
por...?
GUARDIA 2º: Eso es imposible. Nosotros estamos
aquí para impedir que eso suceda.
GUARDIA 1º: Es verdad. Pero... Nosotros
también...
GUARDIA 2º: No, no somos como ellos.
El guardia 1º hace ademán de hablar, pero luego
opta por callarse. Se escucha el ladrido de un perro.
GUARDIA 1º: La llamada...
GUARDIA 2º: Es solo un fenómeno natural. No
significa nada.
Unos segundos de silencio.
GUARDIA 2º (riendo solo): Ese pícaro...
GUARDIA 1º: ¿Quién?
GUARDIA 2º: El advenedizo ese... el de la
pistola...
GUARDIA 1º: Ah.
GUARDIA 2º: No estuvo mal el simulacro,
¿verdad?
GUARDIA 1º: Por un momento me lo creí, pero
después me dije: “el poder somos nosotros. Nosotros somos la
divinidad. Nadie puede conculcar esa norma, porque si no, ¿qué sentido
tendríamos?”. Lo que ocurrió fue que nos pilló desprevenidos,
representando y no actuando, para engatusar a esos turistas. Ellos
quieren verlo todo premeditado, para sentirse seguros y organizar la
sociedad en base a sus apreciaciones. No pueden ver las cosas cara a
cara...
GUARDIA 2º: Necesitan olvidar la puerta.
GUARDIA 1º: Es que pensar que el quinto
elemento está ahí dentro, el éter...
GUARDIA 2º: El éter... vapor de agua...
nuestras ilusiones.
GUARDIA 1º: Pero yo he perdido la fe.
GUARDIA 2º (enfurecido): ¡Cállate!
Unos segundos de silencio.
GUARDIA 1º: ¿y Libertad? ¿Actúa o representa?
GUARDIA 2º: Representa, como los demás. Ella
conduce al pueblo, a la asamblea, hasta la puerta, acompañada del
humor y del entusiasmo, del sacerdote y del Mesías. Los turistas de
este mundo, que forman el pueblo, no pueden dejar de seguirla (pausa).
Y así es la Historia, siempre igual para los que no nos movemos del
sitio.
GUARDIA 1º: ¿Y el de la pistola,
qué pretendía?
GUARDIA 2º: Interrumpir la representación. Pero
nunca podrá conseguirlo.
GUARDIA 1º: ¿Por qué?
GUARDIA 2º: Porque es incapaz de matar una
mosca. Es el Mal, el peor actor de esta pieza.
GUARDIA 1º: Consiguió que se bajase el
telón...
GUARDIA 2º: Sí... Para volver a subirlo más
tarde. ¿De qué sirve tener una pistola si no se puede apretar el
gatillo? Si se abriese la puerta, todo se desvanecería. Ese hombre
estaba loco, así que no puede representar con nosotros.
GUARDIA 1º: A ti te daba lástima al principio.
GUARDIA 2º: Sí, y me la sigue dando. En el
fondo, en el fondo, yo sé que no es del todo malo...
Breve pausa.
GUARDIA 1º: Oye.
GUARDIA 2º: Qué.
GUARDIA 1º: ¿Y nosotros... actuamos o
representamos?
GUARDIA 2º (tras una pausa): ¿Por qué me
preguntas eso? ¿No sabes la respuesta?
GUARDIA 1º: Sí... pero... a veces... a veces...
(el guardia 2º suspira). No sé si hay... algo más... que esto.
GUARDIA 2º: Por supuesto que hay algo más
(mirando a la sala). ¿Este escenario pobre te parece suficiente?
GUARDIA 1º: También están las cuatro
habitaciones de arriba... Los dormitorios de los turistas...
GUARDIA 2º (enfurecido): ¡Pero no es
suficiente! Cuatro habitaciones no llegan a formar el mundo que
pensamos. Solo hay una posibilidad racional: adjudicar a la Quinta
Habitación lo que no podemos ver.
GUARDIA 1º: Pero eso no prueba nada.
GUARDIA 2º (golpeando el suelo con el pie): ¿Y
qué? ¿Acaso puedes tú demostrar que no es verdad?
GUARDIA 1º (tímido): Pero la carga de la
prueba... en todo caso... incumbe al que afirma...
GUARDIA 2º (gritando): ¡Pues yo no afirmo nada,
niego que tengas razón!
GUARDIA 1º (afable): Te has puesto nervioso.
GUARDIA 2º (protestando): ¡Me pongo como me da
la gana!
GUARDIA 1º (en voz baja): Yo... perdona...
GUARDIA 2º (enfurecido): ¡Me estás contagiando
tu falta de fe!
GUARDIA 2º (disculpándose): Es que yo... quiero
creer... pero a veces... siento una falta...
GUARDIA 2º: ¡Te estás volviendo cobarde, como
el loco ese que vino aquí con la pistola!
GUARDIA 1º (prosiguiendo): El otro día soñé...
que entraba en la habitación... Tú no estabas... Y cuando entré...
cuando entré vi todo oscuro... y el interior olía a cerrado, un poco a
humedad, como un abismo... Y yo grité, pero nadie me contestó, porque
no había nadie dentro... Estaba solo... Allí...
GUARDIA 2º (despreciándolo): Eso son
imaginaciones... Tu falta de fe te engaña.
GUARDIA 1º: Yo quiero pensar que es así... Pero
si me dieran una prueba, aunque fuera como un átomo...
GUARDIA 2º: ¡Y dale con la obsesión! Si hubiera
pruebas, no estaríamos aquí.
GUARDIA 1º: Puede ser... o... es... Ambas cosas
son lo mismo... Pero lo que sí sé, es que en esta situación no
podré seguir por más tiempo.
GUARDIA 2º (revolviéndose): ¿Vas a abandonar?
GUARDIA 1º (firme): No... Voy a entrar.
GUARDIA 2º (asustado): ¡Estás loco!
GUARDIA 1º (firme): Ahora sé que no puedo hacer
otra cosa. Es mi destino...
GUARDIA 2º (encarándose con él): ¡Por encima de
mi cadáver!
GUARDIA 1º (mirando a la puerta): Lo siento...
Somos compañeros de oficio, y el continuo trato nos ha hecho amigos...
Pero en este preciso instante mi paciencia se termina... y debo entrar
o morir. No hay término medio.
GUARDIA 2º (tratando de relajarlo): Intenta
tranquilizarte... Tal vez estés pasando por un mal momento...
Recapacita. Lo que pretendes es imposible.
GUARDIA 1º (firme): Te equivocas. Es posible.
Lo imposible es que tú lo aceptes.
GUARDIA 2º (resuelto): Pues entonces, vence o
muere (y lo golpea con el puño en la sien. El guardia 1º cae. Mientras
está en el suelo, el guardia 2º extrae un puñal del cinto y finge
apuñalarlo)
El guardia 1º no se mueve del suelo. Transcurren unos
segundos. El guardia 2º está inquieto y comienza a dar vueltas
alrededor del escenario. Se acerca a la puerta. Hace ademán de asir el
pomo y desiste, durante tres veces. Después mira al fallecido con
profunda preocupación y se muerde las uñas. Vuelve a dar una vuelta
alrededor del escenario. Se sienta en el suelo. Se levanta. Va hacia
la puerta y ase el pomo. Lo suelta como si ardiese. Vuelve a mirar al
fallecido, después al público, y desesperado por el remordimiento,
vuelve a extraer el puñal con el que mató al guardia 1º, y se hiere
con él en el pecho. Cae al suelo. Se escucha el ladrido de un perro y
después el canto de un pájaro. Transcurre medio minuto, pasado el cual
la puerta se abre y entra al escenario un niño de unos cinco años con
un cubito de playa en la mano. El niño parece desorientado, mira a los
cadáveres que están al lado de la puerta y mira al público, sin
comprender. Asustado, vuelve a entrar en la habitación y cierra la
puerta.
FIN
|