Miami
Estados Unidos
Año XI

 Nº 65/66

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pennsylvania

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


COLOMBIA

 

Sergio Esteban Vélez


Nació en Medellín, Colombia, (1983). Escritor, poeta y periodista colombiano. Comunicador de la Universidad de Antioquia. Especializado en Lenguas Modernas en la Universidad de Sherbrooke (Canadá). Ha desarrollado estudios complementarios de Humanidades, en la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de Santiago de Chile. Ha realizado estudios avanzados de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Ha sido Director de Cultura del Colegio Altos Estudios Quirama - Instituto de Integración Cultural; Director Ejecutivo (1997 – 2004) de la Academia Antioqueña de Letras y Vicepresidente (1996 – 97) de la Corporación Cultural “La Casa del Poeta”, en su ciudad. Es miembro de una docena de academias e instituciones culturales de su país. Ha desarrollado intensa actividad periodística en prensa, radio e internet. Actualmente, es corresponsal en Canadá y columnista semanal del periódico "El Mundo", de Medellín; colaborador mensual del suplemento literario "Palabra y Obra" y colaborador eventual de otras publicaciones. Su labor lo ha llevado a hacer más de setenta presentaciones poéticas y literarias, en importantes auditorios de su país y de ciudades como Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima, Quito y Quebec. Publicaciones en Colombia, España, México y Suecia.  Entrevistas para prestigiosos medios de Colombia, Estados Unidos, Canadá, Perú y televisión latinoamericana.


 

 

EL ALMA PESA VEINTIÚN GRAMOS

                        

El alma pesa veintiún gramos,

afirman los filósofos

esotéricos.

La energía suprema

encadenada a un cuerpo

y sólo dos postigos

trémulos

le muestran un rincón

desierto

del universo.

 

La pseudovida

sometida al tiempo;

los sueños,

a unos huesos,

y el amor,

a unos átomos de humo.

 

Todo en un cenicero.

 

Son sólo veintiún gramos

eternos.

 

 

MADAME BUTTERFLY

(A Yukio Mishima)

 

Las simas

submarinas

de los ojos azules

de Pinkerton

eran tus únicos confines,

en ellas

naufragaba tu espíritu,

y en cada noche negra,

cuando te acariciaban

los vientos oceánicos,

te quedabas dormida

recordando esa única

fruición de pensamientos

en que entregaste el nimbo de tu pecho

a aquel capitán gélido.

 

Y soñabas la hora

sublime

en que el furtivo amado

subiría corriendo

por la colina verde,

llamándote agitado,

implorando tu abrazo

indisoluble.

 

Ya lo veías.

Ya podías sentir

su beso entre tus labios

y el gozo de tu sueño

sobre su torso tibio.

 

Preparabas la casa

que albergaría

su delicia

por novecientos noventa y nueve años,

olvidabas la gloria

de tus ancestros,

y renunciabas a tu propia esencia,

ante la dicha eterna

de aquel

anatema.

 

Y llegó el día:

en el paisaje gris

se percibía

la silueta de un par de enamorados

que ascendían veleidosos

hacia su nuevo hogar,

y cuando estaban próximos

a tu morada

pudiste ver

la intemperancia

del que tanto esperabas,

posesionarse de tu estancia

con su “auténtica esposa americana”,

y te ignoraba frío,

como un desconocido.

 

¡Ah! Butterfly,

tu corazón ingenuo

ya no podrá latir jamás;

ningún elíxir milenario,

ninguna planta extraña

del Japón

alcanzará la estación

de florescencia,

para cicatrizar

el loto de tu entraña desgarrada.

 

Con una banda blanca

le cubriste los ojos

al hijo que lloraba,

invocaste tus genes

en samuráis guerreros,

y con la misma fuerza

de su grito

empuñaste el puñal contra tu vientre,

cumpliste el hara-kiri

y descendiste al suelo

para siempre.

 

 

WILDE

 

Por aquella osadía

de amar a tu manera,

te maldijeron,

condenaron tu cuerpo,

te escupieron,

creyendo que podrían

hacer girar tu esencia,

pero nada alcanzó

a vencer tu genio:

ni el frío

que enrojeció tu piel

y lastimó tus huesos;

ni las jornadas sobrehumanas

que rindieron tus párpados

y sellaron tu aliento;

ni la deshonra

que punzó tu ego;

ni la soledad,

que te causaba abatimiento;

los pseudoespirituales anatemas

tampoco lo pudieron,

ni el desprecio de aquellos que gustaron

de la supraexcelencia

de tu verbo.

 

Ahora ni siquiera,

temiendo el sacrilegio,

podía pronunciarse

tu nombre,

ni repetir tus versos.

 

Tu mente conocía la verdad

y era más libre

que las conciencias atrofiadas,

de enmascarada corrupción

de los sordos borregos,

y los ilógicos ingenuos,

que estaban

afuera.

 

Y floreció

con más impulso

tu grandeza,

y tu alma creció

hacia la inmarcesible

dimensión

eterna.