Miami
Estados Unidos
Año XII

Nº 71/72

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

EL PEQUEÑO LEÓN DORADO

por

Jorge Luis Cáceres

 

     El pequeño Jinsun observó al maestro Confucio desde el umbral de la puerta del templo, sin atreverse a entrar. El maestro permaneció sentado a nivel del suelo, con las piernas recogidas. Frente a él, una pequeña criatura, similar a un león dorado, ocupaba el sillón destinado a los grandes sabios del templo. Mientras conversaban, saboreaban un trozo de bacalao fresco, el mejor de los alrededores. Pasada una hora, el maestro Confucio se levantó y dirigió una reverencia a la pequeña criatura, quien, de un salto, descendió del sillón y abandono el templo.

     

     Ya en el sendero, Jinsun caminaba junto al viejo maestro, su tarea era acompañarlo hasta el cercano pueblo de Qufu. En cuanto oscureció, pararon en una pequeña aldea para descansar y pasar la noche, no era muy seguro caminar en medio de las tinieblas del bosque. Durante la cena, Jinsun, estuvo muy callado, y Confucio quiso saber el porqué de su silencio. El pequeño, empleando un tono respetuoso, preguntó: “¿Maestro, cual es la razón para que un hombre, tan sabio como tú, tenga que inclinarse en el templo ante un simple animal?”. Confucio, retirando la taza de agua de su boca, contestó: “lo que tú llamas simple y pequeño, yo lo considero majestuoso. Sólo aquellos hombres que ven en la simpleza, hallarán la verdad”, sentenció. El pequeño siguió sin entender las palabras del viejo maestro, a lo que Confucio replicó diciendo: “¿conoces la historia de Qu Yun, el príncipe de los leones? “No”, contestó Jinsun. “Entonces escucha y aprende”, señaló Confucio.

     

     Antes, mucho antes de que el hombre ocupase la tierra, existió un gran reino gobernado por fieras y por bestias. Wang Qi, era su señor, el rey de los leones. Durante siglos, el reino prosperó en paz, debido a que las bestias, respetaban el pacto y no se mezclaban entre razas. Pero la tragedia se desencadenó cuando Qu Yun, el príncipe de los leones, confesó su amor por Ma Yin, la princesa del reino de los monos. Liu Da, señor de los monos, al enterarse de la infamia cometida en contra de su hija, no dudó y declaró la guerra a Wang Qi, señor del reino. Para evitar la catástrofe, ambos reyes se reunieron en tierra neutral y buscaron una solución definitiva al contratiempo que sufrían sus reinos. Así, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería entregar a Ma Yin al dios mago Hai Ho y desterrar a Qu Yun para toda la eternidad. Una vez cumplida la voluntad de los dos reyes, el príncipe Qu Yun fue desterrado del reino y obligado a vagar durante mil años en busca de su amada. Cuando ya estuvo viejo y cansado, y la era de su padre había llegado a su fin, para dar paso a la era del hombre, el dios mago, Hai Ho, descendió a la tierra y encontró a Qu Yun, a punto de morir. Se acercó a él y le dijo: “te ofrezco nuevamente la juventud a cambio de que abandones el amor que sientes por tu venerada Ma Yin”. El príncipe Qu Yun, aún a punto de la muerte, se levanto y rugió el nombre de su amada, tan fuerte que su corazón ya débil no aguantó y sucumbió, llevándolo a la oscuridad. Al ver esto, el dios mago Hai Ho comprendió que el paso del tiempo no desvanece el amor, al contrario, lo fortalece. “Príncipe maldito”, dijo el dios, “tras mil años de sufrimiento, por fin te has ganado el derecho a permanecer junto al ser que amas. Te concedo desposar a Ma Yin, y te libero de tu carga, si estás dispuesto a sacrificar tu fuerza y tu tamaño”. Así, el príncipe Qu Yun se convirtió en un pequeño león dorado, valiente y orgulloso y ahora libre para estar junto a su querida Ma Yin[1].

     

     Cuando Confucio terminó el relato, vio los ojos del pequeño Jinsun, brillar. “Al fin has comprendido”, señaló el viejo maestro, con una sonrisa en su boca. “Porque quien es capaz de vagar durante mil años y morir por amor, es digno de toda reverencia”.

 

 


 

[1] Parte del desenlace de la historia que cuenta las aventuras del príncipe de los leones Qu Yun, el origen del perro Pekinés. Texto encontrado en el 551 A.c., perteneciente a Las Crónicas de Qu Yun, el pequeño león dorado y sus innumerables viajes.

     

Jorge Luis Cáceres nació en Quito, Ecuador (1982). Narrador. Es graduado en Leyes por la Universidad Internacional del Ecuador y tiene una Maestría en Criminología y Ejecución Penal por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha escrito los libros de cuentos Desde las sombras (2007) y La flor del frío (2009). Varios de sus cuentos han sido publicados en revistas y suplementos impresos y virtuales de México, Perú, Venezuela y Chile. Colaboro como conductor del segmento cultural El Círculo Imperfecto de radio La Luna y obtuvo la beca MAEC – AECID (2009 – 2010) otorgada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. También estudio escritura creativa en el Laboratorio de Escritura de la ciudad de Barcelona.