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El
pequeño Jinsun observó al maestro Confucio desde el umbral de la
puerta del templo, sin atreverse a entrar. El maestro permaneció
sentado a nivel del suelo, con las piernas recogidas. Frente a él,
una pequeña criatura, similar a un león dorado, ocupaba el sillón
destinado a los grandes sabios del templo. Mientras conversaban,
saboreaban un trozo de bacalao fresco, el mejor de los alrededores.
Pasada una hora, el maestro Confucio se levantó y dirigió una
reverencia a la pequeña criatura, quien, de un salto, descendió del
sillón y abandono el templo.
Ya en el sendero, Jinsun caminaba junto al
viejo maestro, su tarea era acompañarlo hasta el cercano pueblo de
Qufu. En cuanto oscureció, pararon en una pequeña aldea para
descansar y pasar la noche, no era muy seguro caminar en medio de
las tinieblas del bosque. Durante la cena, Jinsun, estuvo muy
callado, y Confucio quiso saber el porqué de su silencio. El pequeño,
empleando un tono respetuoso, preguntó: “¿Maestro, cual es la razón
para que un hombre, tan sabio como tú, tenga que inclinarse en el
templo ante un simple animal?”. Confucio, retirando la taza de agua
de su boca, contestó: “lo que tú llamas simple y pequeño, yo lo
considero majestuoso. Sólo aquellos hombres que ven en la simpleza,
hallarán la verdad”, sentenció. El pequeño siguió sin entender las
palabras del viejo maestro, a lo que Confucio replicó diciendo:
“¿conoces la historia de Qu Yun, el príncipe de los leones? “No”,
contestó Jinsun. “Entonces escucha y aprende”, señaló Confucio.
Antes, mucho antes de que el hombre ocupase la
tierra, existió un gran reino gobernado por fieras y por bestias.
Wang Qi, era su señor, el rey de los leones. Durante siglos, el
reino prosperó en paz, debido a que las bestias, respetaban el pacto
y no se mezclaban entre razas. Pero la tragedia se desencadenó
cuando Qu Yun, el príncipe de los leones, confesó su amor por Ma
Yin, la princesa del reino de los monos. Liu Da, señor de los monos,
al enterarse de la infamia cometida en contra de su hija, no dudó y
declaró la guerra a Wang Qi, señor del reino. Para evitar la
catástrofe, ambos reyes se reunieron en tierra neutral y buscaron
una solución definitiva al contratiempo que sufrían sus reinos. Así,
llegaron a la conclusión de que lo mejor sería entregar a Ma Yin al
dios mago Hai Ho y desterrar a Qu Yun para toda la eternidad. Una
vez cumplida la voluntad de los dos reyes, el príncipe Qu Yun fue
desterrado del reino y obligado a vagar durante mil años en busca de
su amada. Cuando ya estuvo viejo y cansado, y la era de su padre
había llegado a su fin, para dar paso a la era del hombre, el dios
mago, Hai Ho, descendió a la tierra y encontró a Qu Yun, a punto de
morir. Se acercó a él y le dijo: “te ofrezco nuevamente la juventud
a cambio de que abandones el amor que sientes por tu venerada Ma
Yin”. El príncipe Qu Yun, aún a punto de la muerte, se levanto y
rugió el nombre de su amada, tan fuerte que su corazón ya débil no
aguantó y sucumbió, llevándolo a la oscuridad. Al ver esto, el dios
mago Hai Ho comprendió que el paso del tiempo no desvanece el amor,
al contrario, lo fortalece. “Príncipe maldito”, dijo el dios, “tras
mil años de sufrimiento, por fin te has ganado el derecho a
permanecer junto al ser que amas. Te concedo desposar a Ma Yin, y te
libero de tu carga, si estás dispuesto a sacrificar tu fuerza y tu
tamaño”. Así, el príncipe Qu Yun se convirtió en un pequeño león
dorado, valiente y orgulloso y ahora libre para estar junto a su
querida Ma Yin[1].
Cuando Confucio terminó el relato, vio los ojos
del pequeño Jinsun, brillar. “Al fin has comprendido”, señaló el
viejo maestro, con una sonrisa en su boca. “Porque quien es capaz de
vagar durante mil años y morir por amor, es digno de toda reverencia”.
Parte del desenlace de la historia que cuenta las
aventuras del príncipe de los leones Qu Yun, el origen del perro
Pekinés. Texto encontrado en el 551 A.c., perteneciente a
Las Crónicas de Qu Yun, el pequeño león dorado y sus
innumerables viajes.
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Jorge Luis Cáceres
nació
en Quito,
Ecuador
(1982).
Narrador.
Es graduado en Leyes
por la Universidad Internacional del Ecuador y tiene una Maestría en
Criminología y Ejecución Penal por la Universidad Autónoma de
Barcelona. Ha escrito los libros de cuentos Desde las sombras
(2007) y La flor del frío (2009). Varios de sus cuentos han
sido publicados en revistas y suplementos impresos y virtuales de
México, Perú, Venezuela y Chile. Colaboro como conductor del
segmento cultural El Círculo Imperfecto de radio La Luna y obtuvo la
beca MAEC – AECID (2009 – 2010) otorgada por la Agencia Española de
Cooperación Internacional para el Desarrollo. También estudio
escritura creativa en el Laboratorio de Escritura de la
ciudad de Barcelona.

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